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Mientras observaba a los que ahora consideraba amigos reír y divertirse, Tony no pudo evitar desear que lo que veía durará para siempre.
Detrás de la barra, se sirvió un trago de whisky, un gran cariño se extendía hacia los compañeros que en la habitación disfrutaban del alcohol y comida que Tony había ofrecido como merecido premio tras deshacerse de un peligro más contra el mundo.
Observó como Natasha coqueteaba con Bruce en uno de los sofás, a Clint riendo a carcajadas extravagantes a lado de Thor y Rhodey cerca de la cocina, María, Helen y Pepper charlando en las escaleras, y al final, se centró en Steve, quién estaba apartado en el balcón, con una mirada distante, seguramente perdido en recuerdos, pero pudo notar había una suave sonrisa en sus labios.
Muy pocas veces tenía la oportunidad de verlo con una expresión tan relajada.
Apartando la mirada, regresó la vista al vaso, Tony tendía a mirar fijamente a Steve sin querer, tratando descubrir y admirar detalles en él, como su actitud y comportamiento frente a cualquier situación fuera de las misiones, la forma en que trataba de desenvolverse sin lograrlo y sus diferentes tipos de sonrisas, que últimamente estaban más presentes cuando cierta espía rubia rondaba cerca.
Tony se alegraba por él, Steve merecía encontrar el amor.
Hacia tiempo que Tony había admitido para si mismo que sentía una extraña y profunda fascinación hacia el rubio, no lo revelaba, no por vergüenza, remordimiento o falta de confianza, él quería solo ser un espectador.
De todas las personas de las cuales Tony podría haberse interesado de esa manera, su corazón había elegido al Capitán América.
Tony estaba acostumbrado a no exteriorizar sus verdaderas emociones y sobre todo a protegerse de todo como diera lugar, razón por la que había decidido jamás buscar algo más con el rubio.
Relleno su copa, el whisky a veces era su mejor analgésico para el dolor, por las noches mitigaba su soledad y más.
Minutos después al mirar alrededor notó que la mayoría ya se había ido, quedando únicamente Thor y Steve en el sofá.
—Ricitos, ¿aún tienes de esa bebida tuya?
Ambos rubios fueron hacia él, ya de cerca Tony se percató del ligero color en las mejillas de Steve.
—Cap, ¿acaso estás ebrio?—bromeó, con gran diversión.
Thor soltó una carcajada para darle una fuerte palmada a Steve en la espalda.
—Steve creyó que estaría a salvo, pero un mortal no puede permanecer de pie mucho tiempo después de tomar el hidromiel de asgard, aunque él sorprendentemente sigue aquí.
—Solo fueron unos tragos, el alcohol no puede afectarme. —Steve se mostró a la defensiva.
—Tonterías. Dame eso. —Estiró la mano esperando el pequeño recipiente dorado.
—Creo que ya has tomado suficiente, Stark —declaró Steve con seriedad.
—No es el mejor momento para que tu critiques mi consumo de alcohol.
Steve ofreció su clásica mirada de desaprobación que ciertamente no tuvo el mismo efecto al verse ebrio con sus mejillas sonrojadas.
Ambos dirigieron la mirada hacia Thor cuando este se llevo la botella a los labios e inclino su cabeza hacia atrás para terminar de un solo golpe el licor, después limpió su boca con el dorso de su mano y mostró una sonrisa enorme con suficiencia casi infantil.
—¡Ahora ya no pueden discutir por esto! —exclamó feliz.
El aesir giró sobre sus pies para marcharse, sin embargo, a medio camino cayó sobre un amplio sofá, segundos después se escucharon fuertes ronquidos.
Soltando una risa, Tony salió detrás de la barra para acercarse y mirar su cuerpo sobre el sillón.
—Centímetros más y podría haber terminado en el suelo —comentó Steve, arrastrando la voz.
—En su estado poco le hubiera importado. —Pinchó la mejilla del rubio, apartándose, observó la sala—. Hora de dormir, supongo.
Tony estiró su cuerpo escuchando el sonido de los huesos de su espalda. Mirando sobre su hombro encontró la mirada azul centrada en su trasero.
—¿Disfrutando de la vista? —Logró preguntar al digerir la sorpresa.
Steve levantó la mirada y el sonrojo en sus mejillas aumento debido a la vergüenza.
—Tranquilo, no te culpo —dijo Tony, girando y luego encogiéndose de hombros. Sabía que era atractivo, y tampoco sería la primera vez llamaba la atención de un heterosexual ebrio. Aunque que Steve Rogers fuera dicho heterosexual ebrio seguía siendo una sorpresa.
Ambos se miraron durante largos segundos, sin decir nada más.
Tony entonces notó cierta tensión en el aire, conocía esa sensación, aclaró su garganta e ignoró ese cosquilleo expectante que se presento en su vientre.
—Tony, tu eres tan... —comenzó Steve de la nada. La intensa mirada lo trastoco, permaneció quieto cuando el otro avanzó unos pasos, quedando justo frente a él.
—¿Tan…? ¿Irresistible? ¿Inteligente? ¿Increíble?
—Todas comenzaron con i —rió torpemente Steve.
También rió ante su comportamiento. Un segundo después se sorprendió cuando Steve dio un paso más cerca, esta vez entrando en su espacio personal. Sus pechos casi se tocaban, bajó su rostro y sintió su aliento alcoholizado sobre los labios.
—Steve… estas ebrio —dijo, trago saliva, mirándolo directamente a los ojos.
—Si… ¿tu también?
Nervioso, dio un paso atrás y buscó en su mente una respuesta casual que logrará sacarlos a ambos del incomodo y tenso momento.
—Si, pero yo no me embriague con alcohol mágico.
—¿No? —susurró, escuchándose muy confundido. Con la mirada fija en los labios de Tony.
De repente el espacio entre ambos desapareció y un segundo después sintió la presión de los labios de Steve sobre los suyos.
Un cálido toque fugaz, el rubio procedió a mirarlo entre asustado y complacido.
—Ah… bien, hora de dormir —dijo y retrocedió varios pasos, Steve lo siguió como si quisiera perseguirlo.
—¿Por qué? —se quejó.
Lo vio tropezar sobre sus propios pies y se apresuró a atraparlo.
—Wow —jadeo, el hombre era todo músculos y por supuesto era pesado. Colocó el brazo de Steve sobre su hombro y con su brazo derecho le rodeo la cintura buscando el mayor equilibrio posible—, Jarvis, ascensor.
—Si, señor. ¿Necesita que llame a alguien del equipo?
—No, déjalos descansar.
Miró a Steve solo para descubrir este lo miraba fijamente. Ojos nublados y sonrisa tonta.
—Eres tan guapo… ¿por qué eres tan guapo?
—Dios me debía un favor. Ahora camina.
Steve rió como si esa fuera la mejor broma que hubiera escuchado nunca. Gruñó cuando Steve se apoyó aún más en él.
—Steve, ayúdame un poco, ¿si? Pesas mucho, cariño.
Apunto de entrar al elevador, Steve detuvo sus pasos, entonces atrajo a Tony a un brazo casi asfixiante. Tony golpeó su espalda hasta que fue liberado y pudo respirar libremente.
—No soy un oso de peluche, Cap. —Volvió a apoyarlo como antes.
—Nooo… —se quejó, escuchándose tan triste.
—¿Qué? —susurró preocupado.
—Llámame cariño… Quiero ser tu cariño.
Tony rió divertido.
—Jarvis, asegúrate de que todo esto quede grabado.
—¿Incluido el beso, señor?
La sonrisa en sus labios desapareció.
—Sabelotodo.
Entraron al elevador y en seguida las puertas se cerraron y comenzaron a bajar. Buscando un descanso apoyó a Steve contra la pared y se alejó para mover su hombro.
Sin embargo, Steve dejó salir un sonido inconforme y volvió a tirar de él a un abrazo.
—No huyas… Llámame cariño.
—Oh dios —dijo con una sonrisa. Ignorando lo caliente de sus mejillas y lo rápido que latía su corazón.
Sintió la nariz de Steve en su cabello, como un cachorrito curioso.
—Hueles tan bien… ¿por qué hueles tan bien?
—Me baño a diario.
—… ¿Puedo bañarme contigo algún día?
Tony tosió sin saber porque se sentía tan avergonzado, vamos, él había estado en piscinas con atractivos hombres y mujeres en diminutos trajes de baño.
—No creo que sea una buena idea.
Steve lo alejó para darle unos ojos se cachorrito apaleado.
—¿Por qué?
—Estas saliendo con la agente Sharon.
Steve rió.
—No, ella está saliendo con alguien más, solo somos amigos.
«Oh… ». Aún así, eso no tenía importancia para él, no debería.
—Si bueno… los amigos no se dan duchas juntos.
Las puertas del elevador se abrieron y volvió a tomar a Steve para apoyarlo y salir al pasillo.
Steve permaneció en silencio el resto de camino a su habitación, después de pedirle a Jarvis abrir la puerta del rubio, Tony intentó ayudarlo a entrar, pero Steve permaneció con los pies fijos al piso.
—¿Steve? Vamos… cariño —dijo en un intento de persuadirlo—, necesitas dormir.
Steve lo miró fijamente, aún mirándose bastante atontado, sin embargo, había una pizca de seriedad borracha en sus ojos.
—Entonces, seamos algo más que amigos…
Tony sintió un sentimiento agridulce surgir en el centro de su pecho.
—¿Realmente quieres darte una ducha conmigo, eh? —bromeó con poco humor.
Steve asintió, luego negó rápidamente. Haciéndolo reír de verdad.
—Quiero estar contigo.
Tony negó con la cabeza, lo instó a entrar en la habitación. Él no iba a tomar en serio sus palabras, estaba borracho, peor aún, borracho con un licor de otro mundo, reino, lo que sea. Quien sabe lo que podría estar haciéndole a su mente.
—Necesitas dormir, Steve. Así que entra a tu habitación.
Steve asintió y tras entrar, lo ayudó a llegar a la cama, después de que se recostara y le quitara los zapatos, Tony se movió para marcharse, pero Steve atrapó su mano, deteniéndolo.
—Quiero estar contigo porque te amo.
Tony hizo una mueca, intentó zafarse del agarre, pero Steve no lo permitió, en su lugar tiró de él hasta que lo hizo caer en la cama y lo rodeo fuertemente entre sus brazos.
Steve besó su mejilla, provocando que su corazón comenzará un ritmo acelerado por segunda vez.
—Te amo, Tony…
Tras esa lenta y confusa declaración Steve se quedo dormido y entonces comenzó a roncar en su oído.
—Ahg —se quejó, aún pretendiendo no había escuchado lo dicho por el rubio.
Intentó liberarse pero fue inútil, Steve entonces se movió llevándolo y sosteniéndolo sobre su pecho, Tony apoyó su mejilla en el pecho de Steve escuchando su corazón latir.
—¿Necesita ayuda, señor?
Levantó su cabeza para contemplarlo mientras dormía.
—No… esta bien.
Regresó su mejilla al pecho de Steve, concentrándose en el suave latido de su corazón, luego de varios segundos cerró sus ojos y se permitió decir:
—También te amo, Steve.
Minutos después, mientras Tony dormía profundamente, un mucho más sobrio Steve lo movió para estrecharlo con cuidado entre sus brazos.
—Lo sé, cariño —susurró, depositando un beso sobre el cabello castaño.
