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La relación de los hermanos Black no fue perfecta, al menos no siempre. Cuando eran chicos lo hermanos compartían todo, pasaban cada segundo dentro de Grimmauld Place juntos. Regulus incluso dormía más en la habitación de Sirius que en la suya, se quedaban hasta tarde hablando de cualquier tema de conversación que encontraran, lo cual no les resultaba difícil. Algunas noches, Sirius le leía historias pertenecientes a libros muggles que recibía por parte de su prima Andrómeda.
Esa noche, hablaron sobre criaturas mágicas que les gustaría poder ver un día, Regulus mencionó que sentía un gran interés por los hipogrifos y que le encantaría poder tener uno, Sirius le recordó que seguramente estudiaría sobre ellos en Cuidado de las Criaturas Mágicas, una materia de la cual estuvo leyendo semanas antes ya que en unos meses partiría para ir a Hogwarts y así comenzar su primer año.
Esos meses pasaron volando, Sirius se despidió de su hermano la noche antes de tener que ir a la estación King Cross porque sabría con certeza que sus padres no les dejarían despedirse como se debería. Le prometió a Regulus que todo estaría bien, que le escribiría tan seguido como pudiera y que el verano llegaría pronto para que él dejase de estar solo en esa casa. Le consuela un poco saber que el año entrante lo tendrá en Hogwarts pero siente una presión en el pecho al imaginarse cómo se darán las cosas si no salen como sus padres lo planearon. Sirius Black estaba decidido a no seguir la historia de su familia e ir a Slytherin pero le aterraba pensar en lo que podrían llegar a hacerle si quedara en Gryffindor.
– Eres mi hermano y te amo, no lo olvides. Sin importar que pase, siempre me tendrás.– dijo Sirius, al mismo tiempo que rodeaba a su hermano menor en un último abrazo protector.
Sirius jamás olvidará los nervios que recorrían su cuerpo cuando le colocaron el sombrero seleccionador, sus manos sudaban y le costaba respirar.
– ¡Gryffindor!– exclamó el sombrero y el joven Black de once años se levantó y caminó, tratando de no tropezar, hasta su mesa correspondiente dónde aquel chico llamado James Potter lo recibió con alegría. Se contuvo en todo momento de mirar para la mesa de Slytherin pero podía sentir las miradas de sus primas, Bellatrix y Narcissa, juzgándolo.
El año había pasado con gran rapidez para el gusto de Sirius, habían vuelto a la Sala Común junto con James, Peter y Remus luego de hacer su última broma del año. Se detuvo un momento en el marco de la puerta de la habitación que compartía junto con los demás y los observó; recordando todos los momentos maravillosos que había pasado junto a ellos desde que comenzó la escuela. Sirius nunca se había sentido tan feliz en su vida, pero el sentimiento fue efímero cuando Peter le recordó que debería de ir haciendo las maletas. El solo hecho de pensar en volver a ver a sus padres lo paralizaba. Había recibido muchas cartas vociferadoras por parte de su madre donde le recordaba la gran decepción que era para su familia. Y además de todo eso, lo mortificaba pensar en cómo estaría su hermano. Sirius le había estado escribiendo como le había prometido pero simplemente no obtuvo respuestas.
En cuanto Sirius pisó su casa en Grimmauld Place, sintió como si un dementor estuviese absorbiendo toda su alegría. Todos esos meses que había pasado riendo y haciendo bromas con sus amigos habían quedado opacados por la oscuridad de ese lugar que jamás pudo llamar hogar.
No habló mucho con Regulus los primeros días. Una noche, Sirius se adentró en la habitación de su hermano buscando respuestas. Le dolería saber si su hermano pensaba igual que sus padres pero ya no aguantaba la ley del hielo que el más chico le estaba haciendo.
–¿Tú también estás decepcionado de mi por no haber quedado en Slytherin?– fue lo primero que salió de su boca una vez que cerró la puerta detrás de él.
Regulus lo observó por unos segundos, en silencio. Sirius lo notaba distinto a como era un año atrás. –¿Eso piensas?– preguntó el menor.
–Eso parece, no me has dirigido la palabra en días.
–No termino de entender cómo has sido tan valiente o idiota como para desafiar a nuestros padres de esa manera, aunque no me sorprende… pero no, esa no es la razón por la que decido no hablarte, Sirius. Me has mentido.
–¿Te he mentido? ¿A que te refieres?– preguntó el chico tratando de entender.
–Me has dicho que me escribirías constantemente. Me levantaba todos los días esperando una carta tuya hasta que un día simplemente dejé de hacerlo, sabía que no llegarían. Sentía que era lo único que podía evitar que me sienta tan solo en esta maldita casa.
–Reggie, yo… las he escrito. Te he estado enviando cartas prácticamente todos los días. Pensé que estabas decepcionado de mí porque jamás respondías… y luego de un tiempo dejé de escribirte.
Regulus lo miró sin comprender lo que estaba pasando. –Pero… jamás las he visto.
–Madre.– fue lo único que respondió Sirius y se acercó a Regulus para sentarse a su lado en la cama.
–¿Crees que ella las estuvo recibiendo y me las ha ocultado?– preguntó el menor, sabiendo a lo que se refería su hermano.
–No lo creo, sé que lo ha hecho. No me sorprende viniendo de ella.
A la mañana siguiente, Sirius no pudo quedarse callado. Sentía el enojo corriendo por sus venas. Enfrentó a su madre en el desayuno, le echó en cara que estuvo interceptando las cartas que le enviaba a su hermano durante meses. Walburga no mostró la menor culpa ante eso.
–Eres una vergüenza para esta familia, no dejaré que le llenes la cabeza a tu hermano.– dijo la mujer con tono frío.
–¡No tenías derecho a hacerlo! ¡Es mi hermano! ¡Tengo derecho a comunicarme con él!– Sirius estaba elevando la voz, sabría que esto tendría sus consecuencias pero el enojo era mayor.
–¡No me grites que sigo siendo tu madre!
–¡Ojalá no lo fueras!
Walburga fulminó a Sirius con la mirada. –¿Te crees tan valiente ahora que perteneces a Gryffindor?– dijo con desprecio. –Ven aquí.
Una ola de frío recorrió su espira dorsal, Sirius sabía lo que se le venía.
–¡He dicho que vengas aquí!– gritó Walburga y Sirius se sobresaltó.
–Madre…– susurró Regulus pero el mayor le dirigió una mirada para que se calle. Sirius seguiría protegiendo a su hermano.
La mañana continuó con maldiciones. Sirius pasó la mayor parte de la tarde acostado en su cama, con el cuerpo adolorido por los hechizos. Regulus fue a visitarlo en la noche, una vez que sus padres se habían dormido.
El verano fue un infierno para Sirius, más que otro años, pero por fin había terminado. Se encontraba de vuelta en Hogwarts, en la ceremonia de selección. Regulus se encontraba entre los estudiantes de primer año que estaban delante de Mcgonagall, esperando su turno para que el sombrero les seleccionara su casa. Sirius no podía evitar sentirse nervioso, James intentó calmarlo pero nada funcionaba. El turno de Regulus llegó y lo que el chico tanto temía terminó pasando.
–¡Slytherin!– exclamó el sombrero, Regulus miró instantáneamente para dónde estaba sentado su hermano. Sirius notó culpa en el rostro del menor, “Está bien” dijo moviendo los labios, con la esperanza de que su hermano llegara a leerlos. Sin embargo, no pudo evitar sentir una presión en el pecho al verlo sentarse junto con sus primas, quienes lo recibieron con orgullo.
Esa noche, Sirius salió de su Sala Común con la ayuda de la manta de invisibilidad de James y se encontró con Regulus en las mazmorras.
–Sirius yo…– comenzó a decir el menor pero su hermano lo detuvo.
–Está bien, Reggie… no dejaremos que esto cambie algo entre nosotros. Sigues siendo mi hermano y te amo.– afirmó Sirius.
Regulus lo abrazó como solían hacerlo y luego se despidieron.
Nada fue igual después de eso. Ambos intentaron que nada cambiase pero, a medida que el tiempo pasaba, Sirius podía notar cómo sus padres y sus primas le lavaban el cerebro a Regulus poco a poco. Luego de un tiempo, dejaron de dirigirse la palabra en la escuela. Cuando se cruzaban por los pasillos solo se dirigían miradas fugaces, si es que lo hacían. En los veranos hablaban poco y nada, Regulus ya no pasaba las noches en la habitación de Sirius. Ya no compartían historias ni se contaban las cosas. Ya nada era como antes y no volvería a serlo, Sirius lo sabía y le dolía cada parte del cuerpo al admitir que estaba perdiendo a su hermano con cada segundo que pasaba.
Una lluvia torrencial caía la noche en la que Sirius Black dejó Grimmauld Place. Hizo todo lo que pudo por llevarse a Regulus con él pero el menor se negó rotundamente.
–Reggie... puedes venir conmigo, podemos librarnos de ellos de una vez por todas. Por favor, ven conmigo.– le rogó el mayor, con lágrimas en los ojos.
–Sabes que no puedo hacerlo, Sirius. Me quedaré aquí, asumiré mi destino pero tú vete. Consigue una nueva familia.– dijo Regulus con firmeza.
–No quiero dejarte solo con ellos...– susurró Sirius.
–No es como si no fuese la primera vez que me dejas solo...– murmuró.
Sirius sintió como si un cuchillo lo atravesara. –Lo siento, no puedo quedarme... ya no aguanto. Te amo, Reggie.
Regulus no respondió, Sirius salió de la habitación de su hermano esa noche y regresó a la suya para buscar todas las cosas que llegó a empacar. Luego, más tarde, se presentó en casa de James.
–No pude sacarlo de allí, no pude traerlo conmigo...– fue lo primero que Sirius balbuceó entre lágrimas delante de su mejor amigo.
El día en que Regulus recibió la marca tenebrosa fue el día en que Sirius supo que ya no había salida, ya no podría recuperar a su hermano. Se pasó horas llorando, sintiéndose culpable porque no lo había protegido lo suficiente, odiándose porque creía que podría haber hecho más. No importaba cuántas palabras de consuelo pudiera decirle Remus, nada ni nadie le quitaría ese horrible sentimiento de que no hizo lo suficiente.
La noche que Regulus murió, Sirius creyó que también moriría. Comenzó a temblar y sintió su pecho cerrarse cuando Mcgonagall le dio la noticia. No recuerda mucho de ese día pero sí recuerda no haber sentido la suficiente fuerza en su cuerpo como para mantenerse de pie. Se recuerda cayendo al suelo de rodillas mientras las lágrimas caían sin parar. Recuerda los brazos de Remus rodeándolo y acurrucándolo junto a él. Todo lo demás se torna borroso en su mente.
Lo último que Sirius vio antes de morir fue a Harry y a Remus reteniéndolo. Quiso sacar fuerzas para poder dedicarle a su amor unas últimas palabras, decirle que lo amaba pero ya era demasiado tarde. Sin embargo, en esa fracción de segundo que le tomó caer por el velo, Sirius confirmó eso que suelen decir sobre que ves tu vida pasar ante tus ojos. Entre tantos pensamientos y recuerdos, pudo ver a su hermano. Lo vio cuando eran chicos, antes de que Sirius se fuera a Hogwarts, y una parte de él sintió paz al saber que volvería a verlo pronto.
