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Linternas

Summary:

Enkidu realmente amaba la vista que tiene frente a él.

Realmente es una hermosa vista.

En verdad su rey es tan…

Notes:

Para Ro con amor 💖😇

Work Text:

 

 

Enkidu realmente amaba la vista que tiene frente a él. La luna en cuarto creciente siendo resguardada por la bóveda estrellada que esa noche formaba el cielo, los vientos soltando la suave brisa fresca que choca contra su pecho desnudo. Desde lo alto del Zigurat podía ver el nuevo canal que brindaba una separación del edificio con el resto del pueblo, esta noche en particular, el canal estaba bañado en linternas, regalando una vista hermosa a sus ojos. Si Enkidu se concentraba podía distinguir a las familias que dejaban sus lámparas a sus orillas.

 

Realmente es una hermosa vista.

 

Estaba tan perdido en esa vista que por un segundo se pierde la cabeza que se apoya sobre su hombro sin presión. Puede ver los cabellos rubios desde el reojo de sus ojos.

 

“¿Te gusta la vista Enkidu?”, Gilgamesh habla seriamente, pero a juzgar por la manera en la que el cuerpo detrás de él está ligeramente tenso, entiende que el rubio está ansioso por la respuesta que busca.

 

“Es preciosa Gil”.

 

“Me alegro que te guste”.

 

Enkidu se toma un momento para ordenar las palabras que dirá.

 

“Un Rey no debe de abusar de su poder y utilizar a su pueblo para sus pequeños planes”.

 

Gilgamesh, aunque no él no lo pueda ver, pone los ojos en blanco.

 

“La gente de Uruk estaba más que encantada por contribuir con el pequeño plan, una celebración digna de celebrar por el pueblo. Mi gente te admira Enkidu y no tenemos tantas festividades, así que porque no también brindarles alegría con tu celebración”.

 

“Mi cumpleaños no debería ser algo tan llamativo”.

 

“Tonterías”, replica el rubio. “Además si no te gusta todo lo que tienes que hacer es dejar de ver la vista frente a ti”.

 

El calor detrás de él se aleja. Enkidu se da la vuelta para ver como Gil se ha ido a su cama y se ha recostado dándole la espalda, en su interior él no puede evitar reírse un poco, ahh su Rey puede llegar a ser tan infantil.

 

No le toma mucho llegar a la cama y deslizarse sobre la cama y tener lugar detrás del otro.

 

“Me gustó mi regalo Gil”.

 

“Claro”, claro que gotea en sarcasmo. “Puedo notar lo mucho que te disgusta la vista”.

 

En verdad Gilgamesh es…

 

Enkidu pasa uno de sus brazos sobre él otro, cuando llega al final solo tiene que ejercer algo de fuerza para girarlo y que quede mirando al techo,  le toma un minuto más quedar encima del otro, teniendo una visión del magnífico cuerpo debajo de él. Los ojos rojos lo miran divertido.

 

“Ohh así que este siempre fue tu plan, un Rey chantajista, ¿Qué diría tu pueblo si supiera que ha sido parte de un plan macabro de su Rey?”.

 

Debajo de él puede sentir los músculos apretarse antes de que los labios del rubio se abran para dejar salir la risa que ama escuchar.

 

“¿Ahora es un macabro plan? Además te equivocas en algo Enkidu”. Gilgamesh sujeta su cintura. “Es nuestro pueblo”.

 

Lo siguiente que sucede es el cambio de posición, esta vez es él quien este sobre las sabanas de lino, solo que Gilgamesh tiene sus piernas a sus costados.

 

“Nuestro”, Enkidu saborea la palabra en sus labios.

 

“Nuestro”, Gilgamesh se inclina sobre él para besar sus labios, en un beso profundo, un beso al que responde sin problemas con la misma intensidad, una lucha de voluntades como siempre lo ha sido su relación.

 

El rubio abandona sus labios para hacerse cargo de su cuello, besando y mordiendo a voluntad, obteniendo los ligeros jadeos de su parte. Enkidu estira una de sus manos para alcanzar los cabellos rubios y jugar con ellos, tirando de los mechones rubios de vez en cuando. Cosa que sabe que Gil también disfruta.

 

Los besos bajan hasta su pecho, la boca de Gilgamesh hace suyos sus pezones, lame y muerde, Enkidu arquea la espalda y gime, mientras siente su cadera chocar contra el abdomen de Gilgamesh. Enviando electricidad a ambos cuerpos.

 

“Quiero darte otro regalo”, susurra Gil, mientras toca el borde de sus pantalones.

 

“¿Quieres follarme?”, pregunta ante la acción.

 

Esta vez sí puede ver los ojos en blanco de su Rey.

 

“Eso no es un regalo idiota”.

 

“No necesito nada Gil, ame mis linternas, no quiero nada más”.

 

“Aún así quiero darte un regalo”, después de eso Gil pasa una de sus manos sobre el bulto en sus pantalones, obteniendo la respuesta inmediata del gemido que sale de sus labios. “Pero eso puede esperar ¿no crees? Mi querido héroe necesita toda mi atención, ¿Qué clase de esposo sería si no puedo complacer a su consorte?”.

 

Gilgamesh se apresura a trabajar en sus pantalones y en los de él, Enkidu alza las caderas para ayudar.  Sin embargo la mente confundida de Enkidu aún tiene algo de problemas en alcanzar lo anterior dicho por él rubio.

 

“¿Esposo?”. Enkidu mira al rostro serio de Gil, antes de que una sonrisa arrogante se ponga en su rostro.

 

“Esposo Enkidu”, la mano del Rey baja hasta que sujeta entre sus dedos su miembro, apretando la base, él gime y lleva una de sus manos a su boca. “¿O prefieres otro título? ¿Esposa? ¿Amante? ¿Reina? ¿Consorte?”, Gilgamesh se acerca lo suficiente para que su aliente caliente golpee contra su miembro, enviando electricidad por su columna.

 

Enkidu se acomoda en la cama para quedar sobre sus codos.

 

“I-Idiota”, es lo único que puede decir, antes de ver como el otro toma su miembro y pasa la lengua sobre él,  antes de metérselo por completo a la boca. “¡Gil!”, grita, mientras su mano viaja a los cabellos rubios.

 

Los ojos rojos lo ven antes de continuar con su trabajo, siente la lengua de Gil, la humedad de su boca y el calor en sus nervios. Ojos rojos que hacen un movimiento hacia su mano, y Enkidu no pierde un segundo antes de comenzar a marcar el ritmo, moviendo las caderas. Siente su pene crecer ante cada movimiento, el placer llenándolo. Tira de la cabeza del rubio, viendo la saliva unir su miembro y los labios de Gilgamesh.

 

“Es suficiente, sigue”.

 

Gilgamesh lo hace, una mano empuja su pecho sobre la cama. Desde ahí puede ver el dorado brillar y después siente él frio del aceite entre sus muslos. Dos dedos están dentro de él, gime sin vergüenza, alza la cintura y deja que él otro lo prepare, dos se convierten en tres, Gilgamesh mueve sus dedos presionando y moviéndose, llegando más allá hasta que choca contra su próstata.

 

“Basta de juegos”, dice mientras su respiración se acelera. “Me correré si sigues así”.

 

“Esa era la idea”, Enkidu solo bufa.

 

Los dedos salen de su interior, obteniendo otro gemido de sus labios debido a la perdida, Gilgamesh se acerca a él, para volver a besarlo, solo para después sentir la punta de la polla de Gil en su entrada, Enkidu se alza un poco y después el otro lo penetra, el gemido se ahoga en el beso, siente el pene del otro llegar hasta el fondo, y siente lágrimas en el borde de sus ojos, Gil deja sus labios y deja besos sobre su rostro, su frente y sus parpados, aún sin moverse, esperando hasta que él se acostumbre.

 

Enkidu mueve sus caderas cuando siente que se ha acostumbrado a la sensación en su interior. Gil no pierde el tiempo comienza con las estocadas, rápidas, saliendo y entrando de su interior, mientras vuelve a besar su cuello y una de sus manos ayuda a sus caderas a sostenerse y la otra va por sus pezones, Enkidu siente todo, y se ahoga en el placer que Gilgamesh le da. Siente su cuerpo ardiendo y sudando.

 

“Voy a venirme”, dice.

 

“Lo sé”, es lo que obtiene de respuesta.

 

Gil apresura su ritmo, presionando más fuerte y golpeando con mayor intensidad, chocando contra su próstata, y por un segundo Enkidu cree que puede ver las estrellas sobre el cielo de nuevo.

 

Puede sentir el miembro de Gil, endurecido tenso contra sus músculos, su cuerpo responde tensándose, apretando, ambos están demasiado cerca. Enkidu se corre, arqueando la espalda y gimiendo cuando siente su orgasmo, manchando su vientre y él abdomen de Gil, quien al igual que él se corre al sentir sus paredes apretándose, derramando su semen en su interior, llenándolo de calor.

 

Enkidu respira laboriosamente, su mente recuperándose de las sensaciones, puede escuchar el ruido de la noche. Escuchar la brisa del aire, el aceite quemándose en las lámparas, la respiración de su Rey, quien sale de su interior, es ahí que la parte incomoda después del sexo aparece cuando puede sentir el líquido blanco salir de su interior. Gil se levanta y lo carga entre sus brazos, Enkidu deja caer su cabeza en el pecho de su amante.

 

Gil los lleva hasta él baño en la habitación de al lado, camina hasta llegar a la bañera y ambos son rodeados por el agua tibia. Enkidu se separa y comienza a asearse. Cuando los dos están limpios regresan de nuevo a la comodidad de las su habitación, esta vez sentándose en el balcón, rodeado de almohadas y sabanas, la vista desde ahí sigue siendo igual de hermosa, Enkidu puede apreciar el canal iluminado, se acurruca contra el calor de Gilgamesh quien pasa sus manos sobre su cabello desenredándolo.

 

“Amo la vista”, le vuelve a decir al rubio.

 

“Yo también”, esta vez Gil pasa un peine recién convocado sobre sus cabellos. “Deberíamos hacerlo una tradición”.

 

“Eso sería arrogante de tú parte Gil”, le recuerda.

 

“Nuestro pueblo lo disfruta, no le veo el problema”.

 

“De acuerdo”.

 

Enkidu decide dejar el tema, mañana junto con Siduri podría convencer a su querido Rey de lo mala idea que es. Mantienen un silencio que solo dura unos segundos antes de que el rubio vuelva a hablar.

 

“Tu otro regalo…”, comienza Gil.

 

“No necesito cosas Gil”, interrumpe.

 

“Está aquí”, dice para pasarle una caja.

 

Enkidu suspira antes de abrirla. Solo para después sentir que la respiración se le entre cortara.

 

En el interior hay ropa, ropa que puede intuir son dos conjuntos a juego, puede ver el collar destinado para el rey decorado con grabados, ve los dos pares de aretes diseñados a juego, ve los brazaletes de oro para los brazos trazados decorados más sutilmente.  Enkidu siente un nudo en la garganta.

 

“¿En verdad quieres que seamos esposos?”, susurra para girarse y ver a los ojos rojos de frente, ojos que se ven completamente seguros.

 

Gilgamesh toma la caja entre sus manos y la deja a un lado.

 

“Todas las riquezas en este mundo me pertenecen, Enkidu”, dice para poner una de sus manos sobre su mejilla. “Tú eres mi mayor tesoro, quiero que seas mío, así como yo quiero ser tuyo, y quiero que todos lo sepan”.

 

Enkidu se queda sin palabras, y sabe que de alguna manera debe de decir algo ante esa declaración. Pero su mente se queda en blanco, puede sentir sus ojos arder y está seguro que si se sigue quedándose quieto, llorará.

 

Abre los brazos y se lanza sobre Gilgamesh, pasa sus brazos sobre su cuello y lo atrae hacia él, se deja embriagar por él olor de su rey, y lo aprieta antes de separarse.

 

“Fui hecho para ti”, dice mientras ahora él sujeta entre sus manos el rostro del rubio. “Quiero ser tuyo y quiero que tú seas mío”.

 

Los ojos rojos brillan en respuesta y esta vez es Gilgamesh quien lo acerca hacia su cuerpo, y esconde su rostro en su cuello.

 

“Casémonos de una vez”.

 

Enkidu siente la sangre subir a su rostro.

 

“¿¡Qué!?”.

 

“Puedo despertar a Siduri, ella puede buscar a los sacerdotes, a la sacerdotisa, podemos hacerlo ahora”, la voz de Gil suena como la de un niño a la que le acaban de regalar el cielo. “Cámbiate”, dice para pararse junto al balcón.

 

Él se queda estático.

 

“No podemos casarnos ahora”.

 

“¿Por qué no?”.

 

“No molestaremos a todos, solo porque nuestro idiota Rey quiere celebrar una boda sin preparaciones”.

 

“Pero…”.

 

“Nos casaremos mañana”, dice mientras toma una de las manos del rubio y lo jala hacia el balcón de nuevo. “Y quiero pedir linternas de nuevo”, le sonríe al otro, quien lo mira incrédulo antes de reír.

 

“Sabía que amarías las linternas”.

 

“Por supuesto que sí Gil, es mi precioso regalo y lo quiero mañana en nuestra boda”.

 

Gil acerca su rostro a su mano y besa sus nudillos.

 

“Por supuesto Enkidu”.