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Holi Colors Festival: Edición Lluvia

Summary:

Yuu Nishinoya no era un cobarde.
Odiaba la lluvia.
Y aún así, no se había atrevido a formular la pregunta que le ardía en el pecho cada vez que Asahi lo miraba como si el antiguo líbero hubiese colgado la Luna.

Noya quiere pedirle matrimonio a Asahi en su viaje por Europa. Lo tenía todo planeado a la perfección (o tan perfecto como un plan suyo podía ser) y sin embargo, el Universo parece que no está por la labor.

Notes:

Aquí está mi segundo One-Shot para el Softober 2021.
El prompt era "Lluvia" y no sé porqué nada más leerlo me vino la escena a la cabeza.

Estoy bastante nerviosa con este porque jamás he escrito Asanoya y aunque me parecen adorables, me daba algo de pánico hacerles muy OCC o estancarme mucho en la dinámica bonachón/dinamita ^^
Aún así estoy muy contenta con el resultado lol

¡Espero que os guste y gracias por leer! ^^

Work Text:

Yuu Nishinoya no era un cobarde.
Era muchas otras cosas: extremadamente extrovertido, madrugador (porque ya habrá tiempo para dormir cuando esté criando malvas), bastante insolente para las pocas hostias que se ha llevado en sus 26 años de vida, el alma de cualquier fiesta y un explorador nato.

De hecho, Noya se consideraba una persona suficientemente valiente como para recorrer el mundo. Todos quienes le conocían agasajaban su coraje.
Y sin embargo, lo único que podía pensar encerrado en el baño de su hotel de Ámsterdam era lo muy cobarde que era.

Ámsterdam.
La última parada de su viaje por Europa con la persona que Noya adoraba por encima de cualquier cosa. El hombre por el que había arrastrado a Ryu por cinco joyerías distintas buscando el anillo perfecto. El mismo anillo que llevaba 3 semanas escondido en el doble forro de su mochila. La misma de la que no se había separado apenas en todo el viaje ganándose varias miradas de sospecha por parte de su novio.

Su novio: Asahi Azumane, diseñador de moda, tranquilamente calmado, entusiasta de los chistes absurdos (cosa que Noya adoraba por la cantidad de veces que Asahi se reía antes de terminar de contarlos, orgulloso de su propio humor), más educado que un Canadiense y un Británico fusionados; y pese a la discrepancia de muchos otros, una de las personas más valientes que jamás había conocido.

Para esto último, Noya tenía una prueba irrefutable de valentía:
¿Quién decide apoyar a su pareja cuando ésta decide recorrer el Mundo, condenando a ambos a una relación a distancias múltiples?
Pues Asahi Azumane, al parecer.

El tiempo, una carrera que iba viento en popa y la madurez que aporta el independizarse habían cambiado a Asahi. En esencia seguía siendo un bonachón, Noya tenía la certeza de que la pureza del corazón del mayor no iba a cambiar nunca. Sin embargo, las nuevas experiencias y la edad habían conseguido que el antiguo As del Karasuno se sintiera más cómodo consigo mismo.
No se trataba de confianza sino de armonía con su forma de ser. Y Noya se sentía extremadamente feliz y honrado de haber tenido el placer de observar la constante evolución. Y sobre todo, de poder disfrutar del resultado, porque el auge en la confianza de Asahi también se había notado en su relación; y Noya se aseguraba de agradecer a los cielos cada vez que su novio le dejaba el cuerpo cual blandiblú después de un buen revolcón.

Lo cual nos devuelve al punto de partida: Noya no era un cobarde.
Y aún así, no se había atrevido a formular la pregunta que le ardía en el pecho cada vez que Asahi lo miraba como si el antiguo líbero hubiese colgado la Luna.
El trotamundos lo había planeado todo a la perfección: su primera parada era París (cliché allá donde los hubiera pero Noya era un romanticón de armario, ¿vale?). En su último día allí, llevaría a Asahi al Palais Galliera y escucharía atentamente mientras su novio hablaba apasionadamente de cada pieza en la exposición. Luego darían un paseo por el Sena, cenarían cerca de la Torre Eiffel y, allí frente a ella con las luces de ambiente y con suerte algún saxofonista de fondo, Noya se dejaría caer sobre su rodilla y empezarían la nueva etapa de sus vidas entrando por la puerta grande.

Ese había sido el plan inicial, claro.

Pero una desafortunada caída al Sena, provocada de forma totalmente involuntaria por Noya y su emoción, dejó a Asahi calado hasta los huesos. Lo que les obligó a saltarse su reserva para la cena y terminaron pidiendo la cena al servicio de habitaciones.

Noya pensó que lo podría arreglar en su visita a Roma. Después de todo, la Provenza Italiana es famosa por su ambiente romántico, ¿no?

Y romántico fue.
Tan romántico que fueron testigos de tres propuestas de matrimonio distintas en tres restaurantes distintos.
“¿Quién ha agotado la originalidad en el Mundo?” comentó Asahi bromeando después de la tercera vez y Noya sonrió tragando sus raviolis con fuerza.

Al parecer la mala suerte había decidido acompañarles durante todo el recorrido.

¿El Castillo de Schwerin en Alemania?
Un grupo de turistas interrumpió el momento para pedirle a Asahi que les sacase una foto con la preciosa vista de fondo.
¿Mientras tomaban un romántico baño en el jacuzzi en su habitación de Santorini con unas vistas que quitaban el aliento?
El agua del jacuzzi empezó a volverse marrón cuando Noya se disponía a empezar su gran declaración de amor (el hotel les regaló una noche gratis como compensación pero ni eso consiguió alegrar el humor del más bajo).
¿En el Puente de Carlos en Praga?
Noya estaba tan nervioso que terminó vomitando la Musaca que tan ricamente se había comido para cenar.
¿En la Plaza de España en Sevilla?
Un grupo de palomas decidieron que ese era el momento idóneo para atacarles.
Y cuando su picnic a orillas del, jodida y apropiadamente nombrado, Lago del Amor en Bruselas fue invadido por hormigas de fuego; Noya tuvo claro que los Dioses no estaban de su parte.

Y ahora se encontraban en su último día en Ámsterdam con el plan menos romántico que pudiese existir: el Holi Festival of Colours.
Esa tarde-noche había sido planeada como su apoteósico final Europeo: música electrónica, alcohol, polvos de colores y ellos dos entre un mar de desconocidos bailando y saltando como locos mientras se comían la boca con desenfreno.
Incluso Asahi que solía preferir los planes más relajados estaba entusiasmado con este.

Yuu Nishinoya no era un cobarde pero hasta él sabía que Asahi se merecía algo más romántico que una propuesta en un mar de cuerpos sudados, coloridos y embriagados.
Y además, los nubarrones grises que podía vislumbrar desde la pequeña ventana del baño le recordaron algo más: Yuu Nishinoya odiaba la lluvia.

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—Yuu, ¿todo bien?—preguntó Asahi dando un par de golpecitos a la puerta del baño e intentando mantener la preocupación a raya.—Llevas ahí un buen rato.
Asahi escuchó lo que sonaba como la cortina de la ducha siendo bruscamente abierta, un golpe seco acompañado de un “joder” y el agua de la ducha.
—¡Salgo en un momento!
La voz de Noya quedó algo ahogada por el sonido del agua saliendo a presión y Asahi soltó un pequeño suspiro mientras apoyaba la cabeza en la puerta del baño.
—Vale pero no tardes que tenemos que recoger los pases en la taquilla antes de las seis.
Todo lo que obtuvo como respuesta fue un cantarín “uhum” pero fue suficiente para que Asahi sonriera.

Dejándose caer sobre la cama deshecha, Asahi dirigió la vista hacia la ventana y suspiró de nuevo.
Era su última noche en Europa, el final de su magnífico viaje, y si los nubarrones grises que se vislumbraban sobre la ciudad no desaparecían pronto; sería un final pasado por agua.

Una carga que se había ido volviendo más pesada conforme su viaje avanzaba se posó en su estómago y Asahi frunció el entrecejo.
La lluvia era lo último que le faltaba en el viajecito.

Asahi giró la cabeza y se concentró en el descolorido blanco del techo. Había estado meses esperando el viaje y, en general, había sido algo maravilloso. Aunque cada momento que conseguía pasar con Noya era algo que atesoraba como oro en paño.
Sin embargo, el alto no podía negar que su corazón se contraía cada vez que el final de la aventura se acercaba más y la maldita caja de terciopelo seguía burlándose de él escondida en aquel doble forro de la mochila de su novio.

Noya era muchas cosas, la mayoría de ellas magníficas, pero la discreción no era su fuerte y Asahi había adivinado lo que ocurría cuando a su novio casi le saltaron las lágrimas con el fiasco del Sena. Además de lo receloso que estaba de su mochila, algo totalmente fuera de lugar. Normalmente era Asahi quien debía hacer de “adulto más responsable”.

Desde ese momento, cada vez que visitaban uno de los puntos turísticos de cualquiera de las ciudades que habían explorado, el corazón de Asahi se aceleraba y luego la decepción le oprimía el pecho. Y aunque los primeros días solo era eso, decepción por el ansia que tenía de gritar “Sí”, con el pasar de los días esa opresión se volvió temor.

¿Había cambiado de idea Noya?
Después de todo llevaban meses en los que si conseguían verse era solo una semana a lo mucho.
Quizás tantos días juntos habían hecho a Noya reconsiderar las cosas. Si alguien llevaba la etiqueta de impulsivo en la relación era, sin lugar a dudas, su pequeño novio.
¿Era su falta de impulsividad lo que estaba haciendo a Noya pensárselo de nuevo?
El sonido de la puerta del baño abriéndose obligó a Asahi a salir de su propia cabeza. Centró su mirada en el hombre que salía con la toalla enrollada a la cadera y el pelo mojado.
¡Madre de Dios qué afortunado era el gigante de tener a semejante hombre para él!
—Deberías compartir tus pensamientos con la clase —dijo Noya acercándose con una sonrisa picarona—, porque con lo colorado que te has puesto al verme creo que me van a gustar —terminó colocándose a horcajadas sobre él.
Asahi sonrió pero apartó la vista del pecho desnudo que lo tentaba a arrastrarlo a la cama y no salir hasta la mañana siguiente.
—Hacerme el misterioso es parte de mi plan para ser más atractivo —respondió Asahi.
Noya chasqueó la lengua mientras rodaba los ojos.
—No creo que sea posible superar el sumum de lo atractivo —dijo Noya llevando una mano a su barbilla y obligándolo a mirarle—, pero si lo consigues, tendré que empezar a partir piernas y ninguno de los dos queremos que termine en la cárcel, ¿verdad?
Asahi se rió apartando la mano de Noya de su cara y entrelazando sus dedos.
—No amor —concedió el alto y depositó un suave beso en el dorso de la pequeña mano izquierda, haciendo que las mejillas del bajo se tiñeran de rojo.— Aunque entre tú y yo —añadió con tono jocoso—, estoy seguro que te volverías el rey del tinglado en un par de días.
Noya dejó escapar una carcajada que llenó a Asahi de calor y cuando se calmó dejó caer su cabeza hasta que sus frentes se tocaron.
—Eso ni lo dudes —susurró Noya.
Se quedaron un momento allí, recostados uno sobre el otro. En silencio pero con sus corazones gritando a pleno pulmón aquello que ambos sabían.
—No es por ser aguafiestas —dijo Asahi en un tono casi inaudible—, pero si no nos damos prisa llegaremos tarde.
—Te sirvo mi escultural cuerpo en bandeja, ¿y eso es lo que te preocupa? —preguntó Noya con fingida indignación.— ¡Ya te vale Azumane!
Asahi volvió a reír, sacudiendo su cabeza en asumida resignación ante la actitud de su novio.
—Odias tirar el dinero, Yuu —respondió.— Y esta cama no se irá a ninguna parte mientras estamos fuera.
—Ugh —dijo Noya mientras dejó caer todo su peso sobre Asahi haciendo que este soltara una exhalación de sorpresa.— Si total —continuó con un hilo de voz—, nos lloverá nada más llegar y se cancelará ugh, ¡odio la lluvia!
Asahi suspiró y pasó los brazos por la espalda de su novio, apretándole más hacia él.
—Hola Operadora —respondió Asahi con tono inocente—, me gustaría que me devolvieran al optimista de mi novio que este modelo nuevo que me han enviado no me acaba.
—Ja, ja —rió sarcásticamente Noya.
Asahi soltó un gemido de dolor cuando el pequeño le golpeó con dos dedos el lado derecho del cuerpo y luego suspiró de nuevo.
—Venga va —dijo Asahi intentando sonar más animado.—Que hoy será nuestra noche, ya verás.
Noya soltó un sonido entre suspiro y lamento mientras se incorporaba.
—¡Ahora sí que nos has gafado!

Ambos se rieron pero finalmente se incorporaron y terminaron de colocarse la ropa blanca y vieja que habían preparado para la ocasión.

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Sus cuerpos se movían juntos dentro de la marea de gente que los envolvía. Sus bocas se buscaban de forma juguetona entre canciones y gritos de emoción.

Noya se alegraba de no haberse quedado en el hotel porque el ambiente era simplemente hechizante.
La música sonaba tan fuerte que era casi imposible escucharse uno al otro sin tener que gritarse al oído, sus cuerpos estaban llenos de polvo de pintura, el alcohol que recorría sus venas lo convertía en todo tres veces más divertido y los ojos de Asahi brillaban sin parar, divertidos y llenos de amor.

Asahi no sabía cuántas horas llevaban allí pero la noche había caído y estaba casi seguro que su cuerpo seguía moviéndose por pura adrenalina. Sus caderas se abrazaban al ritmo de canciones que ninguno conocía, de vez en cuando algún sobre de pintura en polvo aparecía en sus manos y entonces la guerra volvía a empezar. La risa extasiada de Noya lo llenaba todo y la felicidad que invadía a Asahi era tal que temía que su cuerpo fuese a evaporarse.

—¿Nos he gafado, eh? —Le gritó a Noya al oído con un tono de burla y este lo miró rodando los ojos divertido.— ¡Qué poca fé tienes en mí, amor!

Y justo en ese momento, el cielo pareció partirse en dos y el diluvio universal empezó a caer sobre ellos.

Los ojos de Noya se abrieron como platos y sus manos se agarraron fuertemente a la camiseta manchada de púrpura y verde de su novio. Asahi miró hacia arriba y se mordió el labio tratando de contener una carcajada.
—¿Oopsie?
Y en cuestión de segundos, ni siquiera llegó al minuto, estaban calados hasta los huesos.
—¡No me lo puedo creer! —Gritó Noya mirando hacia al cielo como si tuviese alguna rencilla con alguien allí arriba.

Y sin embargo, la gente a su alrededor siguió bailando, gritando y saltando. La música pareció aumentar su volumen, si es que eso era posible, y ellos se miraron y estallaron en carcajadas.
Las manos de Noya se apretaron agarradas al pecho de Asahi y este llevó sus propias manos a las caderas del menor. Sus cuerpos chorreaban agua de varios colores, su cabello se pegaba de forma cómica a sus caras y sus bocas se buscaron en uno de esos besos que marcan para siempre.

Cuando se separaron para tomar aire, la sonrisa de Asahi se ensanchó aún más y Noya lo miró divertido pero curioso.
—Pídemelo —le gritó Asahi al oído.
Quizás deberían compartir el título de impulsivo después de esa noche.
Los ojos de Noya se abrieron tanto que Asahi temía que se le fuesen a salir de la cara.
—Pero, pero, ¿aquí?, yo —tartamudeó tontamente Noya.
Asahi lo besó de nuevo hasta dejarles sin aliento. La lluvia convirtió su beso en algo más húmedo de lo acostumbrado y al separarse juntó sus frentes.
—Nunca he necesitado grandes gestos ni declaraciones Yuu —le susurró al oído.— Solo a ti.
Noya seguía quieto en el sitio (una hazaña que Asahi le recordaría por el resto de sus días) y el alto no tenía muy claro si era lluvia o lágrimas lo que le corría por las mejillas. Pero lo que tenía muy claro era que amaba a ese ser con toda su alma y que si, de vez en cuando, le tocaba a él ser el más valiente de los dos; no tenía ningún problema en ello.
—Eres la persona más valiente que conozco Asahi Azumane —le respondió Noya al oído.— Y me gustaría seguir bailando bajo la lluvia contigo por el resto de mis días.
Las últimas palabras le salieron entrecortadas y sus miradas se encontraron de nuevo cuando echó la cabeza hacia atrás.
—¡NO HAY NADIE MÁS EN ESTE MUNDO CON QUIÉN BAILARÍA BAJO LA LLUVIA!
El grito de Asahi atrajo la atención de algunas personas a su alrededor, pero antes de que pudiese siquiera pensar en disculparse, Noya saltó a sus brazos y calló su disculpa con sus propios labios.
—¿Sigues odiando la lluvia?—le preguntó Asahi al separarse.
Noya soltó una carcajada y lo besó de nuevo.

Años después, cada vez que un día de lluvia les pillaba en casa salían al jardín y volvían a bailar.