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Entonces, se dio cuenta

Summary:

Steve se encontró respondiendo, relajó su cuerpo, lo envolvió en sus brazos y liberó su aroma esperando calmarlo. Escuchó al omega respirar hondo otra vez, luego se hundió aún más contra él, su cuerpo laxo. 

Permanecieron así durante lo que parecieron ser horas, Steve con su nariz en el cabello de Tony, Tony con la nariz pegada a su cuello. Era como si hubieran ido a su propio mundo, envueltos en un capullo de comodidad y paz alejado de toda realidad. 

Notes:

Día 15: Almas gemelas

Para NikkiSheridan06

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La fiesta había sido organizada en uno de los más famosos museos de Nueva York, el MET. Steve había podido visitar el museo con anterioridad tras recién despertar y se había convertido en uno de sus lugares favoritos. El MET tenía una exhibición bastante fascinante, había descubierto estar dentro del imponente edificio lo tranquilizaba, pero ahora en ese preciso momento, preferiría estar en cualquier otro lugar. 

Mantuvo una falsa sonrisa cordial hacia las decenas de personas que lo buscaban para estrechar su mano o tomarse una fotografía. Nadie le había mencionado lo presentarían en la fiesta para buscar fondos, pero varias charlas alrededor le hicieron comprender eso era básicamente lo que ocurría. 

Al menos no lo habían hecho ponerse su traje y portar su escudo acompañado de un grupo de bailarinas, no, eso habría sido demasiado obvio y ahora era claro no querían que él se enterará lo usarían como un tipo de atracción. 

Al menos todo era por una buena causa o eso esperaba. Debería aliviarlo el saber no era el único ahí siendo perseguido y bombardeado con miles de preguntas, el resto del equipo trataba con algo parecido, pero realmente eso no lo hacía sentir mejor. Que estuviera acostumbrado a la atención no significaba le gustara. 

Toda la situación era molesta por tantas y diferentes razones. Soportar ser medido por otros alfas, recibir admiración excesiva de omegas y betas, no poder dar un paso sin que un fotógrafo siguiéndole y haciendo todo lo posible por entrar a su espacio personal, no hablar de las miradas de lastima o de sospecha. Había perdido la cuenta de cuantas veces le habían dicho podía dejar la actuación atrás para escuchar quejas sobre el gobierno y sus fraudes. Eso no era mejor que la actitud ilustrativa que tomaban muchos para hablarle sobre como era ahora el mundo. Un omega le había preguntado si sabía lo que era un auto por Dios santo. 

Necesitaba espacio, así que se deshizo del grupo de personas que lo seguía con la excusa de ir al sanitario. Subió las primeras escaleras que encontró en lugar de buscar un baño, recorrió pasillos hasta entrar a una oficina vacía, dentro suspiro mientras se quitaba el saco, se dejó caer en uno de los sofás tocando su frente. 

Apunto de aflojar su corbata escuchó una serie de ruidos, específicamente gruñidos, segundos después respiró hondo y captó el olor de la ira. No solo eso, captó el olor de un alfa y también el de un omega. No cualquier omega. 

Se levantó y acercó a la puerta en la pared derecha, abriéndola descubrió que conectaba a la oficina con una sala de juntas, también descubrió una desagradable situación ocurriendo. 

Tony Stark, su compañero de equipo, un omega, estaba siendo intimidado. 

—Vamos, Stark. Sigue tu naturaleza, sométete. Hazlo omega, ahora —ordenó un alfa de traje. 

Sintió ira solo de escucharlo, frunció su nariz por el olor fuerte del otro, le resultaba repulsivo, había una clara intención de dominio por parte de ese alfa, era algo sumamente vil lo que ese hombre intentaba hacer, imponerse así a un omega. 

Estaba apunto de entrar para poner en su lugar a ese alfa y ayudar a Tony, cuando lo sintió, lo olió. 

Fue como una oleada que sacudió su cuerpo. El olor de un omega de primer nivel, un olor seductor, pero al mismo tiempo opresivo. 

El otro alfa gruñó y entonces cayó de rodillas. Un sonido confundido y lamentable salió de su garganta, como si se sofocara, miraba a Tony con incredulidad. 

—Quédate abajo —dijo Tony. Dando un paso al frente. 

Su camisa roja estaba abierta, mostrando parte de su pecho junto al reactor, estaba despeinado, respirando con fuerza, sus ojos llenos de desprecio e ira. Miraba al alfa como si fuera suciedad en su zapato. 

Claramente Tony no necesitaba su ayuda. El hombre, ahora reconocía, era un alfa de nivel bajo, más cerca de ser un beta, intentaba levantarse, expandir su dominio por medio de su olor, no funcionaba. Tony permanecía imponente sobre él. 

Nunca había visto nada como eso, nunca había conocido un omega de alto nivel tampoco, sabía que Tony Stark lo era, pero realmente nunca había pensado el olor sería así cuando no hubiera ninguna restricción, tan intenso y envolvente. Casi dominante. 

Steve se encontró conteniendo un gruñido, se vio en la necesidad de mantener bajo raya la respuesta de su cuerpo. De demostrar quien era el dominante allí, esa no era la respuesta adecuada a un omega, menos hacia uno que trabajaría y lucharía junto a él en el futuro. Y simplemente Steve no era ese tipo de alfa. 

Si saber que le ocurría se alejó de la puerta, aflojando su corbata y caminando hacia una de las ventanas al otro lado de la habitación, la abrió respirando aire limpio.

Segundos después olió a Tony antes de siquiera verlo. 

Tomó una bocanada de aire antes de girar y mirarlo. Los ojos dorados estaban nublados. Había algo mal en él, dio un paso al frente, tambaleante, antes de gruñir. 

—Ese hijo de… 

—¿Stark? ¿Tony? 

El omega alzó la mirada de golpe, enderezando su cuerpo, al localizarlo lo miró intensamente, parecía no reconocerlo. 

—¿Estas bien? 

El omega no dijo nada, solo frunció el ceño y gruñó una advertencia clara, liberando su olor. 

Dio un paso atrás, era totalmente diferente a antes, aún más intenso e implacable. Olía aún mejor. Sin poder evitarlo se encontró gruñendo y liberando su propio aroma en respuesta. Steve era un alfa de primer nivel, poseía una necesidad por dominar mayor que la de los alfas normales, simplemente había aprendido a sobrellevarlo. 

Para su sorpresa Tony no volvió gruñir, no lucho o huyo, no hizo nada más que estudiarlo con intensidad. 

Entonces, un ronroneo bajo y placentero salió del omega, trastocándolo. Tragó saliva cuando el olor de Tony se volvió suave, pero no menos intenso, ahora había una dulzura atrayente. Se había convertido en un aroma por completo seductor, Steve respiró hondo, queriendo llevar ese aroma hasta lo profundo de su ser. 

El omega avanzó hacia él hasta entrar a su espacio personal y llevó su nariz al cuello de Steve para respirar hondo y volver a ronronear. 

El omega lo jalo y empujó hacia el sofá, después se subió a su regazo. 

Se sentía muy desconcertado, se quedo completamente quieto, sin saber ahora donde poner sus manos, no sabía como proceder, solo podía respirar el embriagante aroma del omega recostado en su pecho. 

Tony estaba mal. Apostaba ese no era un comportamiento usual en él. El hombre era un omega extravagante, arrogante y coqueto, pero no al extremo de lanzarse al regazo de un alfa. No, sospechaba que generalmente ocurría lo contrario y los alfas se lanzaban a los pies de Tony. 

Detectó entonces una pizca de angustia en el olor del omega, estaba en medio de todo lo demás. 

Se encontró respondiendo, relajó su cuerpo, lo envolvió en sus brazos y liberó su aroma esperando calmarlo. Escuchó al omega respirar hondo otra vez, luego se hundió aún más contra él, su cuerpo laxo. 

Permanecieron así durante lo que parecieron ser horas, Steve con su nariz en el cabello de Tony, Tony con la nariz pegada a su cuello. Era como si hubieran ido a su propio mundo, envueltos en un capullo de comodidad y paz alejado de toda realidad. 

Abrió los ojos cuando el aroma se atenuó y sintió al omega removerse. Aflojó sus brazos y movió su cabeza intentando obtener un vistazo de su rostro. 

—¿Tony? ¿Estas mejor? 

—Hmm… —suspiró contra su pecho. 

—¿Qué paso? 

—Puso algo en mi bebida. 

Steve sintió su ira resurgir, se había olvidado de ese alfa. 

—¿Necesitas algo? ¿Quieres que busque un médico? 

—No. Esta no es la primera vez, estaré bien. 

Sin pensar volvió a tensar su agarre alrededor del omega, Tony no dijo nada, pero su aroma reveló todo. Un ronroneo retumbó en su pecho debido a la seguridad y comodidad que olía. Haber sido capaz de traerle eso lo hacía sentir profundamente satisfecho como alfa. 

—¿Dónde está ese hombre? 

—Inconsciente en la otra habitación. 

Se relajó y cerró sus ojos, disfrutando de lo bien que se sentía ese momento. Tony tampoco se movió ni dijo nada, segundos después sintió los dedos del omega recorrer su pecho con lentitud. 

—Un alfa de alto nivel… que raro. 

—Es aun más raro encontrar a un omega de alto nivel. 

—Mmm —suspiró relajado, acomodándose contra Steve—, ambos somos raros entonces… ¿no crees? 

Bajó su nariz, pegándola al cabello oscuro.

—Si… —respondió, distraídamente. 

—Eres un excelente abrazador por cierto. 

—¿Gracias?

Tony soltó una risa un poco perezosa. 

—Me gustaría averiguar en que más eres excelente… pero algo me dice no eres de ese tipo —dijo y se sentó enderezando su espalda, paso una mano a través de su cabello, luego miró su pecho e hizo una mueca, procedió a cerrar su camisa. 

Steve solo podía mirar todo el proceso sin saber que decir, quería estirar sus brazos y volver a atraer a Tony hacia sí, pero sabía eso no tenía sentido. 

El omega entonces lo miró, su olor y mirada suaves. 

—Gracias, Cap. 

Steve solo lo contempló, un poco fascinado. 

—No hice nada. 

—Oh, hiciste mucho, créeme. No recuerdo la última vez que… —Tony mordió su labio y luego suspiró mirándolo como si realmente lamentara alguna cosa— Me pregunto cuanto te tomará… —murmuró desviando la mirada. 

De repente había un toque picante en su aroma, no tardó en identificarlo como lujuria. Solo pudo apretar sus manos en puños a los lados y mirar al hermoso omega en su regazo. 

El omega entonces se puso de pie, miró a Steve desde arriba. Pareció tomar una decisión de último minuto cuando se inclinó y pegó su nariz a la mejilla de Steve, luego besó de forma superficial la esquina de su boca. 

—Te veré por ahí. 

Steve aún apretaba sus manos en puños, veía a Tony caminar hacia la puerta mientras el sentimiento de que no debería dejarlo ir se presentaba con fuerza. 

Y solo no comprendía porqué, pero sin meditarlo, hizo caso a eso al detener al omega al sostener su mano. 

Sobre el hombro, Tony lo miró con suave diversión. 

—¿Ya te diste cuenta? 

Lo estudió sin comprender, girando, Tony puso los ojos en blanco y suspiró acercándose a él para volver a entrar en su espacio personal. 

Al tener su aroma tan cerca una vez más, la misma calidez y paz se apoderó de Steve, haciendo a la sensación de perdida desaparecer. Lo rodeo y estrecho contra si, y fue como si todo se estabilizara en su mundo, al igual que antes. 

Entonces, Steve se dio cuenta. 

Notes:

Muchas gracias por leer.

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