Work Text:
Las estrellas estaban más brillantes de lo normal, o al menos eso le parecía a Jon, que después de un fin de semana bastante ajetreado por fin podía tumbarse en el tejado de la casa de sus abuelos en Smallville. Uno de sus lugares favoritos.
Mañana sería lunes y lo había estado esperado con ganas después del viernes pasado, después de su primer beso con Jay, algo que no vio venir ni sabía cómo reaccionar ante eso, es consciente de que entre Jay y él había una sensación de que podría haber algo más, no se sentía como una amistad entre dos chicos, había tensión y atracción y todo eso fue más palpable en el momento que se tocaron sus labios.
Le había costado analizar en detalle qué es lo que quería con él a partir de ahora, si el beso había sido solo un acto fortuito de compañerismo excesivo, de su bajo ánimo y cansancio extremo haciendo de Superman en un mundo acostumbrado a su padre, o si era algo que había estado esperando con ganas y si Jay lo veía de la misma forma, si podían ser más que amigos.
No le fue difícil darse cuenta de que si sentía atracción por Jay eso significa que era bisexual, y que básicamente él sería su primera relación con un chico. Había tenido experiencias besando a una chica, pero eso se quedó en el siglo 31 con sus viajes espacio-temporales; todo eso no evitaba que el volver a pensar en besar a Jay le pusiera nervioso, solo pensar en sus carias, sus ojos y sus labios le dejaban rojo como un tomate.
Por eso, después de un fin de semana de meditar y escuchar a sus verdaderos sentimientos, tomó la decisión de que mañana lunes, en cuanto las clases de la universidad le dieran tiempo, iría a buscar a Jay y le pediría una cita, si esta relación tenía una posibilidad en convertirse en algo romántico, no lo iba a dejar escapar, iba a darlo todo porque se volviera realidad. Solo esperaba que Jay sintiera lo mismo que él.
Así es que, al día siguiente, a pesar de estar tan decidido, sus nervios eran visibles, se veía a sí mismo torpe y lento. Cuando llegó a la universidad echó un rápido vistazo son su visión de rayos X, pero no vio rastro de Jay, puede que sus clases empezaran luego, eso le daba más tiempo para meditar en sus palabras.
Dos horas después, tocaba cambio de clase, Jon aún ensimismado fue a su taquilla a dejar algunos libros y recoger su cuaderno de apuntes, entre que sacaba y metía todo ese material de la mochila no pudo evitar ver cómo se caían de sus manos para revotar en el frío y liso suelo del pasillo. Soltó un fuerte suspiro de decepción consigo mismo y se agachó a recogerlos.
—Vaya, ¿desde tan temprano ya en el suelo, Jonathan?
Esa suave voz automáticamente le congeló, hasta creyó sentir que sudaba, y lo haría de poder hacerlo; empezó a agradecer a sus genes kryptonianos.
—¡Eh!...Jay, buenos días— dijo torpemente mientras se levantaba del suelo con todos sus libros en sus brazos.
Ambos se miraron mientras un evidente silencio se asentó. Jay se acomodó un poco las gafas con su mochila colgando de un brazo.
—Veo que vas cargadito a tu próxima clase— dibujó una sonrisa algo incómoda en sus labios.
—Sí— Jon se estaba poniendo más nervioso porque no sabía cómo continuar con la conversación de modo que acabe como él quería—. Tengo clase en el otro edificio y bueno, tengo que llevar un poco de todo.
Como parecía que ambos estaban tratando de esquivar la bala del “beso fortuito” del otro día, Jon pensó que lo mejor era ser directos.
—Jay, hay algo que quería preguntarte y…no hace falta que te sientas comprometido a aceptarlo porque…*Ring Ring Ring*
El sonido de la campana eléctrica le robó toda su valentía.
—Ese es el timbre de cambio de clase, será mejor que vayas de prisa si no quieres llegar tarde— le dijo Jay mientras retrocedía un poco.
—Ya, será mejor que me vaya— respondió Jon cerrando su taquilla.
—Corre, Super, corre o no llegas— le dijo con un guiño mientras se despedía agitando su mano.
Sin duda Jay le parecía la persona más adorable que había conocido, cada vez era más consciente de cuánto le gustaba cada gesto de este chico periodista.
Otro timbre más hizo eco y le sacó de sus pensamientos, aprovecho su supervelocidad y fue a toda prisa a su próxima clase.
La hora de descanso para comer no era precisamente un momento para descansar, no al menos si eres Superman. Esta vez Jon decidió ir a buscar a Jay para comer juntos y aprovechar el momento que pudiera tener con él a solas. Claro, esa era una buena idea en su cabeza, pero no tuvo en cuenta que quizá Jay ya tenía gente con la que pasar la hora de comida. Cuando le vio sentado en una de esas mesas del patio del campus con otras 4 personas, pensó que era otra oportunidad perdida, agachó la cabeza y estando a punto de girarse para volver por donde vino, empuñó las manos y se preguntó a sí mismo: «cómo es que es valiente para enfrentarse a delincuentes desde que es un niño, pero no para ir a hablar con Jay aunque esté con otras personas».
Fue a paso firme, sin mostrar titubeo, llegó a la altura de la mesa que estaba repleta de cuadernos, dos portátiles y platos con bocadillos a medio comer.
—Hola, Jay— dijo con un tono de lo más normal aunque débil para el momento. Se giraron todos a verle antes que el propio Jay lo hiciera.
Lo miraron de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, escudriñando cada centímetro de él, tratando de averiguar quién era esa persona que les interrumpía antes de que él, aunque no tardaron mucho en darse cuenta.
—Eh, hola Jon, se me hace raro verte por aquí— le dijo con mucha sorpresa reflejado en su rostro de color blanco como la nieve.
—Sí bueno, perdona que os interrumpa…— echó un vistazo a los otros cuatro, eran dos chicas que le miraban de manera sonriente y amable, algo que mitigaba sus nervios, había otro chico con gorro que estaba bebiendo su refresco con una pajita y al lado de este había un chico bastante robusto, con una perilla en la zona del mentón y unas gafas pequeñas, éste último le miraba con el ceño algo fruncido—. Quería saber si podíamos hablar un momento a solas— señaló otra mesa que estaba vacía a unos 5 metros de donde estaban.
—No puede— respondió el chico de la perilla, sin quitarle la vista a Jon.
Jay se giró a su derecha, que es donde estaba sentado, y le dijo frunciendo el entrecejo:
—¿Por qué no? Si es solo un momento no pasa nada.
—Lo siento, pero no puede abandonar la mesa— interrumpió una de las chicas, que era más bajita y llevaba una coleta—. Tenemos un trabajo que entregar en una hora y apenas hemos hecho la mitad por culpa de un pelirosado.
—Ya, pero solo será un momento ¿verdad Jon?— dijo Jay buscando su apoyo en esta discusión.
Jon asintió soltando un leve «Hmp».
—Lo mismo dijiste el viernes pasado cuando quedamos para acabar el trabajo, y nunca volviste a aparecer— el chico de su lado parecía enfadarse más.
—Sin olvidar que apagaste el teléfono y no había forma de contactar contigo, y aún no nos has explicado qué te paso— la chica se cruzaba de brazos.
El carraspeo de Jay hizo eco y Jon prefirió mirar para otro lado, no le gustaría estar en la situación de tener que decir nada al respeto, era malo fingiendo y no sabía mentir.
—Lo siento, Jonathan, parece que mis compañeros de clase se han puesto de acuerdo por una vez en la vida— dijo encogiéndose de hombros.
—Lo entiendo, no pasa nada— dijo mientras miraba nerviosamente a Jay— lo dejamos para otro momento.
—¿Estás seguro?— le pregunto con algo de preocupación.
—No, en serio, puedo esperar— miró a los otros cuatro—. Que vaya muy bien el trabajo— levantó un poco la mano como gesto de despedida—. Me marcho.
—Espera, Jon— dijo Jay aun sentado— mi última clase acaba a las cuatro, si quieres podemos vernos a esa hora, si no tienes algo más que hacer, claro— a Jon le reconfortaba que Jay siempre tuviera en cuenta que además de estudiante, él era algo más, así no tenía que buscar escusas en caso de que algo no saliera como planeaban.
—Sí, por supuesto, te esperaré— le regaló una gran sonrisa, estaba realmente feliz, aunque también se sentía triste, ya era medio día y no había avanzado en sus planes ¿en serio era tan difícil conseguir 10 minutos a solas?
Ya que Jon acababa antes las clases, decidió hacer cosas de superhéroes mientras esperaba que fueran las cuatro de la tarde, podía aprovechar para hacer lo más que pudiera, y así evitar que su segundo trabajo les interrumpa.
Cuando era la hora indicada, Jon recibió un mensaje de Jay diciéndole que le veía en el parking de la zona oeste de la universidad, él nunca había ido a esa zona así que estaba un poco perdido. Por lo que tenía entendido, esa zona daba a la carretera principal y estaba bastante alejada de los edificios principales. A pesar de eso, no le fue difícil encontrar a Jay, solo tenía que seguir sus latidos de corazón.
—¿Qué tal?— le saludó Jay— perdona que te dijera de quedar aquí.
—No me he perdido, así que no ha sido ningún problema— rieron un poco.
—Pues me alegro de que estés aquí sano y salvo— se miraron unos segundos, Jon sabía que no lo decía solo por seguirle la conversación, lo decía porque al ser Jay quien es, sabía perfectamente lo que Jon estaba haciendo todo este tiempo antes de reunirse. Seguramente ya sabía contra quiénes había estado luchando Jon antes de que siquiera él lo sugiriera. El corazón se le comprimía un poco de solo pensar que Jay podía haber estado preocupado por él todo ese tiempo.
—Yo…—inspiró profundamente y luego lo exhaló suavemente por la nariz— llevo queriendo decirte algo todo el día, y aún no sé cómo…
—Espera— Jay le interrumpió inmediatamente—. Perdona, pero me estoy muriendo de hambre, necesito algo de azúcar o caeré redondo al suelo— dijo riendo— ¿te importa que vayamos allí a comer algo mientras hablamos?— Jay había señalado lo que parecía ser una cafetería que Jon no sabía que hubiera.
—Eh, sí, claro— Jon no negará que eso le cortó completamente el discurso que tenía, pero también podía aprovechar que estarían sentados en esa cafetería para hablar de forma más íntima, y no de pie en medio de la calle.
Entraron y el lugar no estaba lleno de gente como seguramente lo estaría en horas punta, había una mesa con unas 5 personas, algunos que no parecían estudiantes y otros ensimismados en sus portátiles, era perfecto para los planes de Jon. Se sentaron en una mesa para dos que había en el fondo del local, la camarera les tomó nota y regresó en seguida con un café con leche y tarta red velvet para Jay y un zumo de naranja para Jon. Con el hambre que Jay tenía, la tarta no duró mucho. Una vez que se enfocó en su café, Jay miró fijamente a Jon y con una sonrisa le dio ánimos a continuar con lo que decía hace un momento.
—Ahora con la barriga llena, soy todo oídos, Jon.
Jon aprovechó esto y le agarró de la mano que tenía libre, lo puso entre sus dos manos como si quiera protegerla, como si lo atesorara con todas sus fuerzas. La acercó un poco a él y siguió acariciándole, se miraron un poco y Jon empezó a teñirse de rojo otra vez.
—Lo que quería decirte todo este tiempo es que no dejo de pensar en…
—*Ahh* ¡Un ladrón!— una chica de la mesa de 5 gritó del susto.
Cuando Jon levantó la mirada, vio a un chico apuntando con un arma a la cajera, la señora de no más de 40 años estaba abriendo la caja registradora con dedos temblorosos.
—¡De prisa, no pierdas tiempo!— el arma se acercaba más a la cien de la señora.
Todos parecían asustados y sorprendidos, y otros seguían con los cascos de música en los oídos sin darse cuenta. Jay se giró inmediatamente a Jon y éste le asintió con los ojos estrechados, no perdía de vista lo que el ladrón estaba haciendo. Soltó la mano de Jay y con su supervelocidad le quitó el revolver y lo derribó, dejándole retenido boca abajo.
Todos estaban ojipláticos, apenas percibieron una sombra y lo siguiente fue ver a Jon con la rodilla encima del ladrón inmovilizándole.
Al momento todos ya sabían quién era, era Jon Kent, el hijo de Superman. Desde hace un par de años la identidad de su padre era de información común, por lo tanto, saber quién era su hijo y que había entrado a esa universidad a estudiar era la comidilla de los estudiantes, profesores y programas de chismes.
Una de las camareras salió corriendo a la calle gritando que llamaría a los de seguridad del recinto. Jon echó un vistazo a su alrededor para ver si todo estaba en orden y solo se encontró con la mirada curiosa de los de la calle, los clientes y de la cajera que seguía temblando del susto.
—Está bien, no pasa nada. No lo voy a soltar hasta que vengan los de seguridad— dijo Jon para tranquilizar un poco a la gente.
Miró a Jay que desde su mesa no le quitaba los ojos de encima, observando todo, sonriéndole ligeramente para demostrarle que todo estaba bien, porque a veces, Superman también necesita que le reconfortaran.
En seguida vinieron los de seguridad, dos hombres altos con esposas y porras, el ladrón al saber que Jon, es decir, Superman le había atrapado asaltando el local no se resistió lo más mínimo. Mantenía la mirada baja como si le diera vergüenza toda la situación, como si quisiera evitar la mirada reprochadora de su captor. Por lo que pudo deducir, ese chico tenía que estar muy necesitado para llegar al extremo de atracar una cafetería de estudiantes, y tenía pinta de ser un adicto a algún tipo de droga, Jon no pudo evitar sentir compasión por el delincuente, después de todo, todos tenían una historia detrás.
Se lo llevaron agradeciendo la intervención del superhombre. El resto de clientes ya estaban más tranquilos, pero Jon empezó a sentir que el ambiente había cambiado por completo. Agudizó un poco sus oídos para saber qué estaba pasando y… se arrepintió de haberlo hecho.
Se sentó en la mesa con ambas manos frotando como si tuviera frío.
—Jon, ¿pasa algo?— pregunto al momento Jay, percibiendo su inquietud, no eran los nervios como antes, ahora se le veía incómodo.
—¿Te importa que nos vayamos?— Jon empezó a ver a la gente de soslayo, como si estuviera vigilando cómo reaccionaban con cada movimiento suyo.
—Claro, vamos— no sabía el motivo de que de pronto su acompañante quisiera irse de ahí, pero sintió que debía ser por algo importante.
Una vez fuera, Jon relajó los hombros que tenía tensionados desde que atrapó al ladrón, Jay pensó que el hecho de que le reconocieran podría haberle molestado.
—¿Me quieres contar qué es lo que ha pasado ahí dentro?— pregunto con suavidad, no quería presionarle en decir algo que quizá no quería.
—No es nada, olvídalo.
—Jon, sabes que yo siempre te apoyaré y ahí dentro has salvado personas, sea lo que fuere, que no te afecte ¿vale?
—Es solo que me han tomado con la guardia baja…
—¿Qué quieres decir?— sus pasos fueron reduciendo ritmo.
—Siempre trato de tener el control de mis sentidos, para no ver u oír cosas que no debo— metió sus manos en los bolsillos de su chaqueta jean—, «centrarme en lo importante», es lo que me suelo decir.
Miró a Jay que se detuvo de andar por completo. Su mirada reflejaba extrañeza.
—Vi a la gente tan rara que decidí escuchar lo que decían después de saber quién era yo, y… creo que no fue buena idea.
—¿Qué dijeron?— el tono de voz de Jay era serio y profundo. Todo lo contrario a lo que de normalidad es con Jon.
—Nada importante, tonterías que supongo me han afectado porque no esperaba oírlas.
—Jon, ¿qué dijeron ahí dentro?— estaba claro que esto sí era importante para Jon, y Jay no iba a dar su brazo a torcer en este tema.
Varios minutos después, mientras la normalidad volvía a la cafetería, unos pasos firmes atravesaron el umbral de la puerta, la persona giró varias veces la cabeza hasta que encontró la mesa de 5 donde había 3 chicas sentadas lado a lado.
—¡Os parecerá bonito!— les interrumpió a las chicas que no paraban de hablar previamente—. Sexualizar así a un chico de diecisiete años, al que seguramente le sacáis 5 o 6 años, ¿qué? ¿Es eso lo que os va, meteros con menores de edad?
Las chicas que antes sonreían tranquilamente ahora tenían las caras largas y pálidas, sin entender lo que estaba pasando.
—¡Jay!— entró Jon al local y se dirigió a donde él estaba—. Ya está, déjalo, vámonos—. Trató de agarrar el brazo de su amigo para sacarlo de ahí.
—No, no hasta que estas personas aprendan que acosar sexualmente a otras personas, aunque sea verbalmente, está mal. Nadie se merece que le hagan eso ¿por qué debería ser diferente contigo?
—Espera, no sé de qué diablos estás hablado— una de las chicas trató de defenderse.
—¿Ah, no? ¿Literalmente no dijisteis, y corregidme si me equivoco, «ojalá tocar ese culo», «debe tener la polla como una catedral» o «le empotraría ahora mismo en el suelo»?
Todas permanecieron callas ante tal situación vergonzosa.
Pero Jay no había acabado. Se giró para el otro lado y se enfocó en una mesa donde había dos hombres bastante mayores a diferencia del resto de clientes.
—Y vosotros, no sois más que unos intolerantes— les señaló con el dedo— ¡qué os importa si me agarra o no la mano! Malditos cavernícolas— los hombres empezaron a reírse y eso a Jay le cabreó más—. Venid cobardes, este «maricón» como nos llamáis os va a enseñar a cerrar el hocico.
—Vale, ya— Jon agarró a Jay y tiró de él como pudo para sacarle de ahí, esos hombres se estaban viniendo arriba y si Jay se enfrentaba a ellos, no quería ni imaginar cómo acabaría la cosa, sabe perfectamente que la situación no haría más que empeorar.
Una vez alejados lo suficiente de ese lugar, Jay se tranquilizó un poco.
—Debiste haberme dejado darles una paliza, porque lo habría hecho.
—No dudo que lo hubieras hecho, pero no quería que te metieras en más problemas por mi culpa, suficiente te afecto ya en tu día a día como para que ahora tengas una marca negativa en tu expediente escolar.
—Pues esta marca negativa sería de la que más orgulloso me habría sentido.
Se quedaron callados, se miraron, y soltaron una risa al unísono.
—Ahhh…—Jon se rascó compulsivamente la cabeza— estaba deseando que llegara este día y al final no podré decirte lo que tanto quería.
Su cara de decepción era evidente.
—Perdona, he obviado por completo lo importante que era para ti que quedásemos para hablar.
—Bueno, ya no importa, hay momentos para todo y hoy no parece ser el día.
—Puede que no sea el día, pero puede ser la noche— Jay le sonrió mientras le frotaba el hombro—. Aún hay tiempo para nosotros, si quieres que vayamos a otro lugar, siempre podemos ir «volando».
Jon recuperó el buen humor, se quedó pensativo un rato y dijo:
—Creo que ya sé a dónde podemos ir.
Y así fue que Jon se llevó en brazos a Jay, se dirigió al centro de Metrópolis que ahora mismo estaba bañando en una luz anaranjada rojiza, el sol se ponía lentamente mientras ellos volaban por los aires.
Cuando llegaron a un edificio bastante antiguo del centro de la ciudad, que hacía de museo y centro de bellas artes, se sentaron en el alero y desde ahí se podía ver la gran distancia que había entre el tejado y el suelo, algo que marearía a cualquiera que tuviera vértigo.
Estuvieron un buen rato contemplando la belleza del anochecer y, por parte de Jay, podía empezar a sentir cómo el frío crispaba su piel, sólo iba con una sudadera y el frío aire empezaba a hacer de las suyas.
—Me encanta estas vistas— suspiró Jay—, gracias por traerme aquí.
—A mi me encantaría compartir estas vistas contigo siempre— las comisuras de sus labios reflejaban la timidez de Jon.
La mira de su compañero se profundizó a través de sus gafas, sonrió mostrando sus amplios dientes y volvió su mirada al frente, ahora era él el que se sentía algo tímido.
—Me gustaría que hiciéramos una foto— Jay se acomodó recogiendo sus piernas en la posición de flor de loto—, ¿me dejas tu teléfono? El mío está en la mochila y la he dejado allí— señaló lo alto del tejado.
—Sí, claro— Jon estaba decidido a aprovechar el momento para pedirle una cita, ahora nada podía interrumpirles—. Además, quería saber si…
Tiró más fuerte del teléfono que estaba atrapado en el pequeño bolsillo de su chaqueta jean, y el último tirón hizo que el teléfono de grandes dimensiones se resbalara de sus torpes manos.
—¿Eso que acaba de caer unos 50 metros es tu teléfono?— Jay no dejó de mirar abajo.
—Lo era…
Jon se levantó si apoyarse en el alero del tejado, estaba completamente atónito a lo que le acababa de pasar, y sus nervios terminaron explotando mientras su cuerpo se elevaba por los aires, sin alejarse demasiado de Jay.
—¡No me lo puedo creer!— dijo agitando las manos con rabia— ¿En serio me tiene que pasar todo lo patéticamente posible hoy? ¿o es que la suerte y el destino no están de mi lado? ¿Qué más puede pasar para arruinar cada momento en el que quiero confesarme? Parce que todo el mundo está en mi contra.
Todas sus quejas iban dirigidas al cielo, como si esperara una explicación divina a todo lo ocurrido ese día.
Jay se acomodó mirando a su derecha, con su mano daba palmadas al alero.
—Jonathan, ven y siéntate aquí— su voz era tranquila y se notaba el cariño mientras lo decía.
El medio kryptoniano se relajó un poco al oírle y le hizo caso. Se sentó a su lado mirándole de frente, soltando un fuerte suspiro.
—Hoy has hecho todo lo que has podido y no debes culparte por todos los inconvenientes, a veces estas cosas pasan— encogió los hombros, como una forma de quitarle importancia—, pero quiero que sepas que valoro mucho que lo intentaras tantas veces y con todo tu corazón. Y ya veras que con los años esto te parecerá una anécdota muy divertida.
Eso no le quitaba el cabreo a Jon, pero al menos le había hecho sonreír.
—Aunque el mundo estuviera en tu contra, yo seguiría de tu lado. Y porque quiero compartir más momentos contigo y conocernos más, si me dejas, me gustaría tener contigo algo más que amistad— le agarró una de las manos a Jon, que siempre mantenían la temperatura adecuada hiciera frío o no— por eso Jonathan, ¿quieres ser mi novio?
Jon se quedó en silencio unos segundos, se llevó la mano que tenía libre a la cara y empezó a reír y agitarse tímidamente. Miró de reojo a Jay que estaba esperando su respuesta tranquilamente.
—Eres increíble— le dijo Jon aun con la mano en la cara—. Llevo todo el día planeando hacer esto y vas tú y lo consigues hacer en dos minutos.
—Bueno, supongo que eso es lo que hacen las personas que se aprecian, si uno no puede hacer algo, el otro puede hacerlo por ambos— le frotó la mano con sus pequeños y finos dedos— Qué me dices ¿sí o no?
—Sí, por supuesto, ósea…— pegó un bocado de aire profundo hinchando su pecho para luego desinflarse lentamente— me gustaría ser tu novio y que tú seas el mío.
Acercaron sus frentes y lentamente Jon encogió un poco el cuello de modo que llegaba a la altura de los labios de Jay y depositó un cálido beso, tan corto como inocente.
—¿Cómo sabías qué es lo que quería preguntarte?— dijo Jon aún apoyando su frente en la de Jay, con el pequeño beso sintió que los labios de su ahora novio estaban fríos, así que quería compartir su calor con él.
—No fue difícil deducirlo cuando me dijiste en el pasillo de la universidad: «no hace falta que te sientas comprometido a aceptarlo», así que deduje que sería una pregunta entre sí o no, por la forma que te ponías nervioso y te sonrojabas supuse que era algo personal, pero lo que más ayudó fue cuando gritaste: «qué más pasará para arruinar cada momento en que quiero confesarme» …ajá, creo que eso fue clave.
Ambos se rieron sonoramente.
—Para ser sinceros, no quería sonar desesperado después de nuestro primer beso del viernes, así que solo quería invitarte a una cita.
—Oh, cariño, esta tarde-noche ya ha sido nuestra primera cita— no pudo evitar pasar la mano por la mejilla del rostro sorprendido de Jon.
—Incluso eso— dijo el pelinegro—. Incluso eso ha sido idea tuya— le dio un abrazo acogedor de los que le calientan la piel a Jay con solo el contacto—, has salvado el día.
Los nervios de Jon se habían desvanecido, todo había ido bien y no podía estar más feliz de que Jay cogiera el problema y lo resolviera en cuestión de minutos, le había salvado la vida y su novio no lo sabía.
Se alejó un poco bajando el rostro en busca una vez más de la boca dulce de Jay, y éste le estaba esperando con los labios medio abiertos. A diferencia del anterior, este se parecía más al primero que se dieron, sus labios chupaban y jugaban entre sí, tratando de controlar su respiración.
Se separaron por un momento bastante agitados, las manos de Jay habían agarrado las solapas de la chaqueta de Jon atrayéndole más hacia a él, y Jon tenía las manos a ambos lados de la cara de Jay, acariciándole suavemente sus pequeñas orejas enrojecidas.
—Me gustas mucho, Jay— la suave y entrecortada voz de Jon calentó más las mejillas de su novio.
—Y tú a mí, Jonathan— no dudó ni un segundo en responderle lo que él también sentía.
Esa noche iba a ser fría, pero eso no les incomodaba si estaban juntos.
