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Todo comenzaba con un buen café y una sonrisa suave.
Eso fue lo que hizo Duan Yihan con un hombre joven que tomaba asiento en la misma mesa desde hace ya algunos meses.
Era un sábado por la mañana y parecía particularmente decaído, con el diluvio exterior como único acompañante; así que eligió ese momento para devolver una buena acción que este mismo hombre había hecho con ella.
Nunca podría olvidarlo. Y mucho menos agradecerle lo suficiente.
Había sido una noche larga y agotadora; solo quería volver a casa y cuidar de su Ran-er. Pero como todos los días, al salir de aquel club nocturno siempre había algún individuo queriendo sobrepasarse con una simple bailarina de pole dance.
La situación se estaba tornando peligrosa, y Duan Yihan ya no sabía cómo actuar entre la confusión del miedo.
Por fortuna, una persona había aparecido en escena; era un hombre alto y se veía con un buen porte.
Aquel hombre ahora con el labio roto, esa noche la persuadió para que se fuera a casa en un taxi y pudo regresar a salvo.
Cuando Duan Yihan volvió a su otro trabajo el lunes por la mañana, se sorprendió gratamente al volver a verlo, ahora en el pequeño café.
No conocía su nombre, pero iba todas las mañanas de semana por un desayuno liviano, sentándose en el mismo lugar.
Pero hoy era un día de fin de semana, ¿Por qué estaba aquí?
« ¿Por qué sus ojos brillaban con una vasta melancolía? »
Incluso el hombre pareció haberse olvidado de ordenar, porque cuando entró al establecimiento, solo se sentó y contempló las gotas de lluvia en la ventana.
Duan Yihan preparó el café de siempre y el pastel que solía pedir.
Se acercó con sigilo y con cuidado colocó la comida en la mesa. —Cortesía de la casa. —Eso fue lo que declaró Duan Yihan con una sonrisa serena.
Xue Zhengyong pestañeó ante lo que se puso en la mesa y dirigió los ojos hacia la persona que lo hizo. Algo en su pecho pareció apretarse con fuerza.
Xue Zhengyong estaba a punto de abrir la boca para rechazar la amabilidad, pero Duan Yihan se le adelantó: —En agradecimiento, por favor acéptelo. Tal vez no lo recuerde, pero le estoy eternamente agradecida por lo que hizo por mí aquella noche.
Xue Zhengyong suspiró y devolvió la sonrisa. —No lo olvidé, es algo que debía hacerse. —Hizo una pausa y luego continuó: —Pero ¿Le importaría acompañarme? —Extendió una mano señalando el otro lado de la mesa.
Duan Yihan dudó un momento. No había nadie más en el café y con el clima seguramente sería un día tranquilo. Además, era el único personal por la mañana.
—Vuelvo enseguida —pronunció Duan Yihan. Se preparó un té y agarró dos galletas con chispas de chocolate.
Después de colocar su propio desayuno en la mesa, Duan Yihan tomó asiento frente al otro hombre y finalmente se presentaron.
El hombre extendió su mano con gracia. —Soy Xue Zhengyong. Un placer.
Duan Yihan agarró esa mano suavemente y devolvió el saludo: —Soy Duan Yihan. El placer es todo mío.
Hombre y mujer se sonrieron con mucha alegría relajada y sinceridad.
Entre los tintineos de los cubiertos y tazas, la conversación entre ambos recorrió los distintos cursos del agua.
Xue Zhengyong podía sacar tantos temas banales como importantes, y también era un oyente maravilloso.
Las risas viajaban de un lado a otro, y en sus corazones, las dos personas ya eran un charco de agua. Después de tanto tiempo tenían a alguien con quien compartir una charla así de casual.
Duan Yihan le enseñó a Xue Zhengyong algunas fotos de su pequeño Ran-er, y a cambio, el hombre le enseñó las propias fotos que tenía de su Meng-er. Ambos estaban orgullosos de sus retoños e inmensamente felices.
Xue Zhengyong también le contó, entre su vida, sobre los papeles del divorcio; se notaba en su voz y expresiones faciales el corazón partido. Duan Yihan trató de alentarlo, podría no ser demasiado tarde. Pero el joven hombre solo sacudió la cabeza. « Es lo mejor » había dicho.
Entonces, Duan Yihan le relató su propia historia. Podría ser joven y haberlo perdido todo, pero su hijo era todo el pilar que necesitaba.
De repente, en la conversación que está llegando a su fin, Xue Zhengyong preguntó con curiosidad: — Madam Duan, ¿Qué piensa del amor?
Duan Yihan se sorprendió un poco ante la pregunta, pero no dudó en responder con la mayor franqueza posible.
Xue Zhengyong elevó las comisuras de su boca ante su respuesta.
Dos años más tarde, las cosas seguían como el primer día.
Xue Zhengyong iba todos los días de semana por su desayuno al trabajo de Duan Yihan y compartían pequeñas palabras antes de volver cada uno a sus obligaciones.
El atardecer estaba por ocultar el sol primaveral, y Xue Zhengyong se encontraba con las manos detrás de su espalda esperando a alguien.
Cuando Duan Yihan salió del café, casi se estrelló con el hombre más admirable a sus ojos.
—¿Xue Zhengyong? —Duan Yihan inclinó un poco la cabeza, divertida por lo nerviosa que se veía la otra persona.
Xue Zhengyong se armó de valor y sacó el ramo de flores que tenía escondido.
Duan Yihan dio un pequeño saltito ante eso y se mordió los labios. No estaba segura de si tomar aquel ramo o esperar a que el hombre dijera algo.
—Son para usted. —Xue Zhengyong tragó saliva y siguió: —Me preguntaba si le gustaría cenar juntos mañana por la noche.
Mientras el hombre la invitaba a salir, Duan Yihan tomó el ramo de flores y preguntó: —¿Es una cita?
—Es una cita —afirmó Xue Zhengyong con expresión solemne, pero sus ojos delataban sus nervios y esperanza.
—Entonces mañana será —confirmó Duan Yihan con una sonrisa radiante.
Después de aquello, Xue Zhengyong se prestó a llevar a casa a Duan Yihan.
Por supuesto, la dama aceptó.
Como todo un caballero, Xue Zhengyong abrió la puerta para Duan Yihan, y ella depositó un rápido beso en la mejilla del hombre.
Duan Yihan entró al edificio sin mirar atrás, perdiéndose la cara aturdida de Xue Zhengyong y cómo llevaba una mano a su propio cachete, para luego proceder a sonreír como un tonto enamorado.
Unos meses después, Duan Yihan se encontraba peinando el cabello de su hijo sentado en su regazo.
—A-niang está tarareando mucho últimamente —dijo un pequeño Mo Ran de ocho años.
Duan Yihan pausó un segundo sus movimientos y luego volvió a reanudarlo. —Es porque mamá es feliz. —Acto seguido, se inclinó y besó ruidosamente la mejilla de su Ran-er.
—¡Mamá! —Mo Ran infló sus cachetes enrojecidos, totalmente avergonzado.
Duan Yihan se limitó a sonreír y seguir tarareando.
Mo Ran fue el primero en conocer a la pareja de su, en este caso, madre.
Cuando Xue Zhengyong se despidió de los dos luego de una cena agradable, Mo Ran corrió hacia el hombre y se aferró a sus piernas.
Los dos adultos se quedaron un poco conmocionados, y casi se desmayaron con las siguientes palabras del niño:
—Gracias por hacer feliz a A-niang.
Mo Ran sintió que era levantado del suelo y abrazado correctamente por el buen hombre, quien lo despeinó antes de volver a bajarlo.
Cuando madre e hijo estuvieron solos, Duan Yihan comenzó a llorar de puro alborozo y llevó a Mo Ran a sus brazos. —Ran-er es el mejor niño del mundo. —Después de decir aquello, llenó de besos la cara de su hijo.
Cuando llegó el día de conocer al hijo de Xue Zhengyong, las cosas se complicaron un poco.
La carita enojada del Xue Meng de siete años, hizo que la tensión en el aire fuera demasiado incómoda para los demás presentes.
Cuando Xue Zhengyong y Duan Yihan fueron a la cocina para lavar los platos, los niños se quedaron en la sala.
Mo Ran se balanceaba en sus propias piernas de un lado a otro con las manos unidas en la espalda. Quería llevarse bien con el hijo del buen hombre, pero no sabía qué hacer.
De repente, un foco brilló en la mente del pequeño Mo Ran y soltó: —Mí A-niang es feliz, ¿Tu bàbà no es feliz?
El pequeño Xue Meng vaciló un segundo antes de asentir con la cabeza dos veces.
—¿No es eso bueno? —Mo Ran volvió a preguntar, ladeando la cabeza.
Xue Meng volvió a asentir. —Es muy bonita… —murmuró con la cabeza gacha.
Mo Ran enseñó sus hoyuelos ante esas palabras. —Mi A-niang es un ángel. —Luego, preguntó con cautela: —¿Amigos?
—Bien… —contestó el otro niño.
—De todos modos, en un tiempo más, tendrás que llamarme como se debe. Seré tu gege. —Mo Ran quería molestar un poco más a aquel niño mimado.
Xue Meng, con su carita roja por el enojo, agarró una almohada del sofá y se la arrojó al otro niño. Así, iniciaron algún juego tonto, y cuando la pareja salió de la cocina, solo negaron con sus cabezas, riendo y adentrándose también en aquella guerra de almohadas.
Muchos años más tarde, cuando Mo Ran llevó a casa a su novio Chu Wanning, no fue una sorpresa para nadie.
Todos conocían al joven cinco años mayor que sus hijos, a quien le habían pedido una cantidad considerable de veces que ayudara, con el pasar de los años, a esos chicos en sus tareas.
Xue Meng se había encargado de persuadir a Chu Wanning de conseguir algo mejor y que si le hacía algo, se los dijera para darle una merecida lección.
Mo Ran solo exhaló por sus fosas nasales con fingida molestia cuando incluso su madre estuvo de acuerdo.
Chu Wanning tenía las orejas espolvoreadas de rosa, pero la calidez y amor de esa familia nunca dejaba de sorprenderlo positivamente y solo asintió en respuesta, un poco avergonzado para abrir la boca. En el fondo de su corazón, sabía muy bien que Mo Ran era alguien magnífico y que nunca le haría daño.
Mo Ran besó la sien de Chu Wanning y se alejó para ayudar a su madre.
Durante la cena, Mo Ran dio un vistazo a su A-niang y padre.
Las manos de esas dos personas tan importantes para él seguían resplandeciendo con el amor del primer día, reflejados en esos anillos a juego.
El día de mañana, es lo que estaba indudablemente seguro que tendría con su propio amor, Chu Wanning. Con eso en mente, y con un corazón y alma bailando al compás de los sentimientos queridos, volvió la cabeza hacia su novio y sonrió.
