Work Text:
Jay observaba la pequeña caja de suave terciopelo negro que tenía en el velador. No pudo evitar sonreír al recordar que dentro de ella estaba el anillo que había comprado para pedirle matrimonio a Cole.
Se habían conocido hace unos años ya, en un café. Jay trabajaba ahí en ese entonces y dejó su número de teléfono junto al nombre de Cole en el vaso. Luego empezaron a hablar, hasta que luego de unos meses se coordinaron para verse otra vez en una plaza.
A partir de ahí las cosas solo fueron mejorando, eventualmente empezaron una relación, que se mantuvo bien por años. Jay estaba listo para dar el paso y pedirle matrimonio, estaba seguro que era Cole la persona que quería a su lado el resto de su vida.
Si volviera donde ese chico barista que tuvo la valentía de poner su número en el vaso del chico lindo y le dijera que sería su futuro esposo, no se lo creería.
Jay suspiró luego de acabar con su fantasía y se puso de pie para arreglarse. Había acordado una cita con Cole ese día con el propósito de pedirle matrimonio. Irían a un café a comer primero e intentaría consumir el tiempo suficiente para llegar a la playa en la puesta de sol, donde se arrodillaría y le mostraría el anillo, pidiéndole que lo acompañara por el resto de su vida.
El colorín ya estaba sonriendo ante su imaginación, estaba totalmente convencido de que saldría como lo planeó. Finalmente se movió a su closet para buscar ropa. Lo más lindo que tuviera, sin verse tan formal, se supone que era una cita normal.
Luego de revolver su ropa, escogió vestirse con una crop top blanca, jeans de mezclilla azules de tiro alto, botas blancas y una chaqueta de mezclilla que combinaba con los pantalones. Se observó al espejo ya vestido, sonrió y se arregló el pelo con los dedos.
-Que guapo -habla en voz alta.
Escuchó el timbre de su casa y supo en seguida que Cole había llegado por él. Se apresuró y buscó un bolso pequeño, donde guardó su billetera, su celular y la caja del anillo.
Miró a todos los lados de su desordenada habitación, viendo si olvidaba algo, y luego salió de ahí.
Llegando a la puerta recordó las llaves, las sacó de donde las tenía colgadas y salió de la casa. Cerró con llave y luego volteó a la reja, Cole estaba ahí afuera esperando.
Jay sonrió y fue hasta la reja, salió, cerró tras de sí y se quedó observando a su novio.
Cole vestía jeans negros, botines del mismo color, una polera gris, con una camisa a cuadros negra y naranja, y una chaqueta de cuero negra.
-Es tu camisa favorita -dice Jay aun sonriendo.
-Sí, siempre me pongo lo mejor para salir con el mejor -Cole sonríe.
Jay se ríe avergonzado, sonrojándose un poco, -Ay, ya.
-Es verdad -ríe Cole.
-Bien -Jay inhala para recuperar la compostura, -mejor vamos, no almorcé.
Jay empieza a caminar. Cole se quedó un momento en su lugar y luego volteó a Jay molesto.
-¿Cómo que no almorzaste?
-¡Vamos!
-Jay Tristán, no me ignores así.
Jay le daba el último sorbo a su milkshake de chocolate, mientras Cole se comía el último pedazo de su pastel de chocolate.
Comieran antes o no, ambos tenían un gran apetito. Cole realmente amaba salir con Jay y gastarse tres horas solo comiendo, ambos no se llenaban fácil.
Jay dejó el vaso vacío en la mesa y suspiró, -Me encanta la comida de este lugar -dice.
-A mi igual -dice Cole con la boca llena y luego traga.
Jay le da un puntapié por debajo de la mesa.
-¡Ay!
-No hables con la boca llena.
-¿Y acaso tú no lo haces?
-No hablamos de mi.
Cole ríe y Jay sonríe al verlo.
-¿Vas a querer algo más? -pregunta el pelinegro.
-Creo que ya quedé bien.
Cole mira los tres platos vacíos de Jay, -Me parece.
-¿Y tú?
-Literal me comí todo el pastel de chocolate, yo también quedé bien.
Jay ríe, -Bien, yo pago.
-¿Tú?
-Sí, no te preocupes, ahorré para esto.
-¿Seguro?
-Siempre pagas tú, Cole, yo también quiero pagarle cosas a mi novio.
Cole ríe, -Bien, te dejo pagar entonces.
Jay buscó la billetera en su bolso mientras Cole llamaba al camarero para que les trajera la cuenta. El colorín revisó la boleta apenas la trajeron y sacó el dinero justo para pagar.
Mientras el camarero retiraba el dinero y las cosas, Jay dio su siguiente paso:
-La playa está cerca de aquí, ¿vamos a caminar un rato?
-¿En la playa?
-Sí, siempre vamos a la plaza, hay que cambiar de escenario un poco.
Cole sonríe, -Bien.
Ambos salieron del café y caminaron hasta la playa, tomados de la mano. Iban hablando, pero muy en su interior Jay sentía los nervios acumularse. Estaba buscando el momento y lugar indicado para proponerse.
Recorrieron la playa unos 15 minutos, conversando, mirando a su alrededor. Jay luego observó hacia el mar y vio que el sol ya estaba por ocultarse.
Mejor hacerlo antes de quedar a oscuras.
Se detuvo y eso hizo a Cole frenarse. El pelinegro observó a su novio mirar hacia el horizonte y supo que estaba pensando.
Jay estaba tan sumido en su mente, dándose los ánimos y el valor de hacer la proposición, que no notó que Cole soltó su mano.
-Jay -oyó el colorín y volteó, notando que Cole estaba ahora del otro lado.
El corazón de Jay se aceleró al ver a Cole ponerse sobre una de sus rodillas mientras sacaba una caja de su bolsillo.
Cole inhaló y abrió la caja, mostrando el anillo, -Jay, esperé por semanas poder tener este momento -empezó, -hace años, cuando vi tu número en el vaso, no creí que me llevaría hasta donde estoy ahora... Realmente agradezco haberme cruzado contigo y sentí que era momento de llevarlo más allá-
-¡NO!
Cole alzó la cabeza a Jay, confundido y levemente angustiado, -¿No?
-¡Digo! ¡No, digo! -Jay buscó en su bolso con desesperación y tomó la caja, abriéndola para mostrarle el anillo a Cole, -Estaba por hacer lo mismo que tú, por eso te traje aquí.
Cole se quedó en silencio y helado por unos instantes, para luego suspirar con alivio, con los ojos llorosos -Me asustaste -dice él aún algo angustiado, podía jurar que se había sonrojado de la vergüenza, además de que el corazón se le aceleró aun más.
Jay ríe y también sintió como se le acumulaban las lágrimas, -Pero sí, sí quiero llevarlo más allá.
Cole ríe y se restriega los ojos, -Que bueno, estaba muy nervioso.
-Puedo imaginarlo, yo igual.
Cole se pone de pie y toma el anillo que tenía en la caja. Jay extiende su mano para que le pusiera el anillo en el dedo y luego él hace lo mismo con Cole.
Ambos se quedan contemplando sus anillos con felicidad, Jay llorando ya. Luego se miran el uno al otro y se abrazan con fuerza. Estuvieron así por un minuto y luego se apartaron, para quedarse apegados el uno al otro mirando la puesta de sol.
-Te amo, Cole.
-Yo te amo más.
