Work Text:
Cuando Francis trajo las semillas a casa lo hizo en broma. Un compañero de trabajo se las había regalado y pensó que Antonio se mondaría de risa y no sería más que una anécdota.
Para su sorpresa, la idea de plantar claveles pronto emocionó a su pareja y compró todo lo que hacía falta. Hasta se había metido en foros y páginas de jardinería para enterarse de los cuidados que tenía que darle. Le sorprendió tanto su dedicación que no pudo más que asistirlo cuando le pedía alguna cosa.
A partir de algún momento, a Francis le había empezado a encantar esos instantes en los que Antonio se dedicaba a la planta. A veces le hablaba en susurros confidentes y a veces cantaba mientras la arreglaba. La miraba con una inocencia tan pura que él no podía más que derretirse.
Así que cuando se ponía a cuidar sus brotes, Francis se abrazaba a su cintura, besaba su cuello un par de veces y se acomodaba contra su hombro, intoxicándose con su dulce aroma, empapándose en su calor y amándole más de lo que nunca había amado a nadie.
— ¿Qué vas a querer cenar? —preguntó Antonio, acostumbrado a su cercanía.
— ¿Estás en el menú?
