Work Text:
Odiaba su vida.
Tendría que haberse quedado. Habían puesto la última temporada de The Crown y debería haberse quedado a hacer maratón. Pero no. Antonio tuvo que venir y mandarle ochocientos mensajes (a lo mejor casi cien solo… SOLO) para que se viniera a una estúpida fiesta.
A estas alturas ya debería haber aprendido que Antonio y él eran muy opuestos en muchas cosas. Mientras que Arthur se mantenía normalmente tranquilo y reservado, Antonio era como un puto tifón. Venía con toda su energía y dejaba un rastro de destrucción a su paso. A diferencia de él, no le importaba que el rubio que estaba tirándole los tejos no hablará ni su idioma: Antonio se mostraba abierto y hablaba por los codos.
Lo peor es que le había dejado solo a su suerte y el muy cabrón aún no había vuelto. A por una cerveza, le había dicho… Le pareció verlo y se fue para él, regañándole. Su sorpresa fue encontrar a una persona que aunque se parecía, definitivamente no era Antonio.
— Lo siento. Te he confundido con un amigo mío. Te pareces un montón. Me ha dejado tirado.
— ¿A ti también te ha dejado tirado el capullo de tu amigo? Siéntate. Mi nombre es Carlos.
— Arthur. Encantado.
La oportunidad se prestaba a hablar pero no se le ocurría un tema.
— ¿Cómo se llama tu amigo? —acabó preguntando. Se dio una colleja mental.
— Francis —respondió Carlos—. ¿Lo conoces?
— No. Creo.
Otro silencio incómodo llenado por la música unos decibelios más alta de lo que debería a esas horas de la noche.
— Lo siento, no se me da bien hablar. Disfruto más de los silencios.
Carlos sonrió de una manera que le hizo estremecerse.
— Puede que acabes de ganar puntos sin darte ni cuenta, Arthur.
