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Estoy bien

Summary:

Lan XiChen resulta herido y Jiang Cheng se apresura para llegar hasta él.

One-shot XiCheng donde ambos se cuidan entre sí.

Work Text:

Al Líder de Secta Jiang iba a darle un desvío de qi en cualquier momento.

Iba volando a toda velocidad en Sandu, camino hacia los Recesos de la Nube, con la preocupación a flor de piel y lo peor de todo es que llevaba ya varios días así.

La noticia del aparatoso accidente de Lan XiChen le había pillado a miles de chis de distancia de la sede de la secta de la nube, encargándose de un ente lleno de energía resentida tremendamente agresivo que le había provocado alguna que otra herida leve (o lo que el cabezota de Sandu ShengShou consideraba algo leve, al menos) y herido de gravedad a varios discípulos que traía consigo.

El mensaje le fue entregado en mano dos días después del ataque a su marido, el tiempo que el mensajero había tardado en llevarlo de un sitio a otro, cuando Jiang Cheng junto con sus discípulos, los junios y los veteranos, habían conseguido crear una barrera y encerrarse con esa criatura, impidiendo así que esa bestia repugnante de 18 patas similares a las de una araña y un cuerpo gigante cubierto de pelo negro y empapado en una sustancia viscosa verde, escapara y ocasionara daño en el pueblo cercano.

La primera reacción del Líder de Secta Jiang al leer las líneas escritas en ese pergamino fue comenzar su viaje hacia el Hanshi inmediatamente, pero era consciente de que no podía hacerlo por mucho que quisiera. No podía simplemente marcharse y dejar ese enorme problema a sus discípulos, a la gente que debía proteger. Nunca se perdonaría hacer algo así, es más, nunca podría llegar a hacerlo porque su sentido de la lealtad se lo impedía.

Pero todavía más fuerte era su sentido de protección cuando veía a sus juniors, esos que todavía eran aprendices, niños de 14 años que apenas comenzaban a comprender cómo funcionaba todo en el mundo del cultivo. Qué mala su suerte al toparse en una de sus primeras cacerías nocturnas con una criatura cuya energía resentida era tan fuerte y que sin duda portaba a sus espaldas siglos de antigüedad.

Así que no, no podía irse y abandonarlos a su suerte por mucho que la preocupación por el estado de su esposo le oprimiera dolorosamente el corazón.

Aunque, se reconfortaba algo al saber que seguía con vida, que los médicos habían conseguido salvarle y que actualmente se estaba recuperando, lentamente, pero lo hacía. También le ayudaba en su lucha interna el ser consciente de que él no podría hacer nada porque no tenía conocimientos médicos con los que poder ayudar. Pero, sobre todo, lo que le dio fuerzas para no ir volando hacia él, fue que no podría ver la decepción en los ojos de Lan Huan cuando finalmente despertase (porque sabía que lo haría) y supiera que había abandonado a su gente por ir a su lado, ver esos ojos caramelo con ese sentimiento dirigidos hacia su persona, eso sí que era algo que no podría soportar.

Estuvieron dentro de esa matriz un día entero, después de perseguir y luchar contra la criatura durante dos días, por lo que estuvieron un total de tres haciéndole frente sin descanso.

Todos terminaron exhaustos cuando la criatura respiró por fin su último aliento y la energía resentida a su alrededor se disipó como si nunca hubiera existido, aunque solo por asegurarse ordenó a sus discípulos purificar la zona a conciencia.

Mientras daba las órdenes, su médica personal, Li Meiling, le curaba los cortes superficiales que había recibido aquí y allá, aunque de forma rápida, porque el Líder de Secta Jiang no le permitió hacer más ni le hizo caso cuando le recomendó descansar un poco antes de comenzar su viaje en espada de dos días. Porque era cierto que del Muelle del Loto a los Recesos de la Nube había un día en espada, pero ellos se encontraban ahora muy lejos de la sede de su secta, en la frontera de Yunmeng más alejada posible de hecho, donde habían ido a parar persiguiendo a esa cosa repugnante.

No obstante, la joven médica sabía que sus súplicas serían en vano, conocía demasiado bien a Jiang Cheng, no solo como líder sino también como amigo y sabía lo testarudo que era cuando algo se le metía entre ceja y ceja, más aún cuando ese algo implicaba a algún ser querido. Así que no pudo hacer más que verlo marchar, con sus túnicas violetas manchadas de sangre, roja y verde, el brillo lila blanquecino de Sandu perdiéndose en la lejanía.

En cuanto puso un pie en los recesos, el par de discípulos que custodiaban la entrada se inclinaron en una reverencia, pero no se ofrecieron a acompañarlo ni lo anunciaron porque, al fin y al cabo, él tenía un pase de jade, además de vía libre para merodear, entrar y salir del lugar tanto como le plaza, no por nada era el compañero de cultivo de su líder.

Hoy especialmente su semblante daba más miedo que de costumbre, con Zidian soltando chipas violetas, su ceño más fruncido que nunca, así como la línea de su boca más pronuncia y unos pasos fuertes que anunciaban por donde pisaba.

Andando a paso rápido, pero sin llegar a correr, se encaminó hacia el Hanshi.  No obstante, en su ruta se interpusieron dos intrusos cuando apenas le faltaba unos pocos metros para alcanzar su destino. Los estorbos no eran ni más ni menos que su hermano y la estatua de piedra que era su esposo, pero los pasó de largo sin siquiera dedicarles una de sus miradas heladas.

-¡Ey! – exclamó el idiota número 1 – ¡Jiang Cheng! – llamó, pero viendo que hacía oídos sordos comenzó a correr detrás de él y le dio alcance, cogiéndole de la muñeca.

-No estoy de humor para tus juegos hoy, Wei Wuxian – dijo, apenas girándose a mirarlo, con un brillo peligroso en los ojos – necesito verlo ahora mismo, suéltame si no quieres quedarte sin brazo.

-Él está bien – dijo mientras obedecía y le soltaba – pero no puedes entrar ahí así, tienes que calmarte ¿vale?, sabes que su qi se ha alterado y no es bueno que tenga emociones fuertes ahora mismo.

-No me digas lo que tengo que hacer – le replicó, cada vez más enfadado, la ansiedad que había dejado de lado esos días arribando en su cuerpo de forma brusca. Diablos, era su marido quien casi muere, tiene todo el derecho del mundo a sentirse así de afectado.

-No vas a entrar así a ver a mi hermano – dijo el idiota número 2.

"El que faltaba", pensó Jiang Cheng.

-¿Ah, no? – replicó con una risa amarga, girándose completamente para mirar a los ojos al Segundo Jade de Lan – ¿y quién me lo va a impedir? ¿tú?

Al acabar la frase, Zidian finalmente se había convertido en látigo, haciendo que Wei Wuxian se llevara una mano a la cara. Nada, que no había forma de que su hermano y su marido se llevaran bien, esta no era la primera ni sería la última vez que ambos se ensalzaban en una pelea.

-Otra vez no – dijo cansado el cultivador demoníaco, negando con la cabeza cuando vio a su Lan Zhan desenfundar a Bichen.

Sin embargo, ninguno llegó a dar el primer golpe, porque en ese instante una figura blanca apareció en el pasillo.

-¿Qué está pasando? – preguntó con un hilo de voz ZeWu-Jun, que se había asomado fuera de su habitación al escuchar alboroto, apoyado en una de las vigas de madera y encorvado ligeramente hacia delante porque aún no era capaz de ponerse recto. No le sorprendió para nada ver que, una vez más, las dos personas más importantes de su vida estaban a puntito de comenzar a luchar.

-¡XiChen-ge! – Exclamó Wei Ying yendo hacia él – sabes que no puedes salir de la cama – le regañó, ayudándole a que abandonara el marco de la puerta y se apoyara en él para conducirle de nuevo dentro del Hanshi. Pero no dio ni un paso cuando otra figura lo desplazó con cuidado (para no dañar a la persona que sostenía, vayamos a pensar que era por la seguridad del que una vez fue su hermano) y tomó su lugar.

-Yo me encargo – dijo sin mirarle, pues sus ojos no podían apartase de Lan XiChen, quien le sonreía débilmente y aceptaba de buen grado su ayuda.

Cerró la puerta tras ellos y condujo de nuevo al Lan hacia su cama.

-No deberías haberte levantado – le amonestó al tiempo que le ayudaba a sentarse y recostarse contra los almohadones para después arroparle con la sábana.

-Bueno, reconocería la voz de mi marido en cualquier parte, no podía quedarme aquí y esperar hasta que te cansaras de luchar a muerte contra mi hermano – dijo sonriendo.

Lan XiChen esperó una de sus típicas burlas a su hermano pequeño, pero en lugar de eso solo bufó, se sentó en el borde de la cama y le observó atentamente.

Se veía muy débil, pálido y cansado. Aunque supuso que estaría mejor que días atrás y que estuviese al fin despierto era una señal de que así era, Jiang Cheng no podía dejar de verle con angustia, porque podría haberlo perdido.

Ligeramente temblando, llevó las manos a su túnica de dormir y la abrió, revelando el vendaje que rodeaba su torso, con una expresión llena de preocupación.

-Estoy bien – dijo Lan XiChen al ver su gesto mientras acariciaba su mejilla. Podía sentir toda su desesperación, miedo e inquietud solo con la forma en la que apretaba los labios tan fuertemente que se volvieron blancos. Y por nada del mundo quería verle así de mal, lo último que querría rea provocar esas emociones en su amado

– A-Cheng, mírame – le pidió cuando se dio cuenta de que no había despegado la vista de la venda, pero aun así no lo hizo, parecía perdido en sus propios pensamientos, seguramente atrapado en los recuerdos dolorosos de cuando perdió a su familia.

-Cariño, mírame – volvió a pedir, ahora cogiéndole de la barbilla y obligándolo a girar la cara para que lo mirase a los ojos – estoy bien.

-Pero podrías haber muerto – respondió Jiang WanYin con la voz rota y sus ojos aguándose, temblándole el labio inferior en el proceso.

-Pero no ha pasado, estoy aquí contigo ¿vale? – dijo acariciando con el pulgar su mejilla y sonriendo – y estoy bien.

Jiang Cheng no pudo seguir resistiendo nada más y se apoyó con cuidado en el pecho del jade, escondiendo su rostro en el hueco de su cuello y dejando salir las lágrimas que llevaba tragándose todos esos días desde que se enteró de que su marido había sido herido de gravedad en la parte baja del estómago por unos cuantos desgraciados que le habían atacado a él y al par de discípulos que le acompañaban en una de sus visitas oficiales al Líder de la Secta Nie.

Apenas habían dejado la barrera protectora de los Recesos de la Nube, cuando una banda de unas diez personas los atacaron. Obviamente, para alguien como ZeWu-Jun con un nivel de cultivo tan alto, no deberían haber sido un problema y no lo fueron realmente, pero digamos que en la batalla siempre pueden pasar incidentes y podía notar en los movimientos de esos hombres que eran asesinos expertos, contratados expresamente para matar a gente poderosa. Podía notarlo al repeler sus ataques, al observar su forma tan ruda de pelear. Eran personas muy peligrosas.

La lucha fue larga y difícil, y para cuando solo quedó uno de ellos, este jugó su última carta. Logró capturar a un discípulo, uno de sus queridos juniors, que había luchado increíblemente bien y que la falta de experiencia le estaba pasando factura, encontrándose agotado después de haber defendido a su líder con su propia vida. Puso la espada en su cuello, mirándole con una sonrisa llena de sangre, asquerosa en su locura, en su falta de escrúpulos necesarios para dedicarse a lo que se dedicaba para ganarse la vida. Lan XiChen fue rápido, siendo consciente que mataría al muchacho se rindiera él o no, porque esa gente solo sabe hacer eso, y usó su velocidad para apartar esa espada y mandarla a volar, pero no contó con la propia velocidad del otro y aunque logró terminar con la vida de su adversario y salvar al chico, cuando el cuerpo sin vida cayó al suelo, un puñal se encontraba clavado profundamente en la parte baja de su vientre.

Una herida grave, sí, pero no tanto para un cultivador de su nivel, una que le habría hecho más lento, pero que desde luego no le habría nublado la visión, hecho temblar, ni dejado inconsciente en apenas segundos. O no lo habría hecho al menos si la hoja del puñal no hubiera estado cubierta con un potente veneno que atacaba a las vías espirituales, llenándolas de energía resentida.

Los jóvenes discípulos fueron rápidos y mientras uno volaba a toda velocidad hacia su hogar, el otro se quedó junto a ZeWu-Jun, pasándole energía espiritual pura, evitando que la resentida llegara a su núcleo y lo contaminara.

De eso habían pasado cinco días y se había llegado a temer por la vida del Líder de Secta Lan, ya que había perdido mucha sangre y la contaminación restante en sus caminos espirituales tardaría un tiempo en desvanecerse, lo que impedía que sanara su herida más rápido, obligando a terceras personas a pasarle energía limpia constantemente, obstaculizando que algún resto de oscuridad, por pequeño que fuera, llegara a su núcleo.

Lan XiChen estuvo inconsciente 4 días en los que sufrió fiebre y temblores, permanentemente acompañado de un médico.

Lo bueno de todo es que justo la noche anterior a la llegada de Jiang Cheng despertó, cuando la última partícula de energía resentida abandonó su cuerpo y la suya limpia pudo volver a circular libremente, dando vueltas por todo su ser, volviéndole a darle fuerzas poco a poco, sanándole poco a poco.

La información que habían conseguido sacar al único superviviente del ataque (aunque había quedado bastante mal porque solo había conseguido sobrevivir por puro milagro) fue que eran gente contratada por un rico mercader cuya hija había sido asesinada por un cadáver feroz realmente fuerte a cuya exterminación había acudido el propio Líder de Secta Lan. Y ojalá hubiera podido salvar la vida de esa joven, pero cuando él y sus discípulos llegaron, ella ya estaba muerta, la sangre saliendo de su cuerpo por varios cortes profundos. Esas eran cosas que pasaban y a las que cualquier cultivador estaba acostumbrado a ver por muy doloroso que fuera, pero no algo que un padre pudiera superar. En el fondo, Lan Huan lo entendía y aunque no estaba de acuerdo con su venganza, comprendía muy bien la falta de cordura que el perder a un ser querido dejaba.

Lan Huan rodeó la espalda de su marido con un brazo mientras que con el otro le acariciaba la cabeza, diciendo sobre ella palabras tranquilizadoras.

Le rompía en mil pedazos ver a Sandu ShengShou así, tan vulnerable y lleno de miedo, llorando. Lo cierto es que esta era la tercera vez que lloraba delante suya y puede asegurar que es el llanto más desgarrador de todos ellos.

Los anteriores habían sido cuando le habló por primera vez sobre su hermana y la segunda cuando se enteró de la verdad de su núcleo dorado. Pero esos llantos fueron muy diferentes a este, el primero de ellos se trató de lágrimas silenciosas de tristeza y el segundo de frustración pura al no saber cómo hacer frente a los muchos sentimientos contradictorios que pasaban por su mente. Estas, en cambio, eran lágrimas abundantes de desesperación, un llanto sonoro y devastador que salía acompañado de gruñidos desgarradores de dolor provenientes desde el fondo de su garganta, provocados por el más absoluto miedo de volver a perder algo demasiado preciado y querido.

ZeWu-Jun no se quiere ni imaginar por lo que ha tenido que pasar su A-Cheng esos días, alejado de él, sin poder verle y con el temor de que perdiera la vida en cualquier momento. Pero lo que el líder de la nube no sabía es que Jiang WanYin no sólo hubo de hacer frente a todo eso, también mantener su mente serena para que sus ataques dirigidos a la criatura que se enfrentaba surtieran efecto.

Desde luego, si hubiera sido él quien hubiera estado en su lugar, si eso le hubiera pasado a su A-Cheng, se habría vuelto loco de dolor.

Cuando finalmente el Líder de Secta Jiang se calmó, se alejó del pecho contrario y se secó las lágrimas.

-Lo siento – se disculpó mirando hacia otro lado, avergonzado de llorarle encima cuando no ha sido él quien ha estado a punto de morir, sino la persona que lo ha estado consolando. Era tan patético y débil.

Lan XiChen no dijo nada, pues era consciente de que Jiang Cheng solo se disculpaba cuando su orgullo se encontraba herido, mentalmente agotado. Y justo por eso odiaba que lo hiciera, así que solo sonrió enternecido y se llevó sus manos entrelazadas a los labios, depositando un beso en sus nudillos.

Solo entonces, Sandu ShengShou se atrevió a volver a mirar al hombre de la cama, que le devolvía la mirada con todo el amor del mundo, como si él fuese la cosa más preciada que tenía. Y eso justamente es lo que era, pero sus inseguridades y falta de confianza en sí mismo le impedían verlo.

-¿Cómo te encuentras? – preguntó Jiang Cheng cuando se tranquilizó del llanto.

-Mucho mejor ahora que estás conmigo – respondió con un brillo especial en los ojos, uno que solo aparecía cuando un rayo púrpura los iluminaba.

La risa cristalina de Lan Huan no tardó en inundar las paredes del Hanshi ante el bufidito molesto de su pareja y el leve y adorable rubor que decoró sus pómulos al escuchar su declaración.

-¿Y tú? – preguntó, una nota de preocupación siendo perceptible en su voz.

-No soy yo quien casi muere – respondió Jiang Cheng con el ceño fruncido ante la pregunta.

-No, pero veo que has estado luchando contra algo – dijo mientras fruncía ligeramente el ceño, sin poder apartar la mirada de varios cortes que salpicaban su cuerpo – y por tu aspecto también sé que llevas días sin comer ni dormir – le amonestó, ahora completamente serio, acariciando con la mano que no sujetaba la ajena, las profundas ojeras bajo sus ojos.

Lan XiChen odiaba que Jiang Cheng hiciera eso, que se descuidara hasta ese extremo. En realidad, no es que lo hiciera a propósito, simplemente la preocupación le habría hecho olvidar cosas mundanas como comer o dormir en esos días que él había estado inconsciente, sumado al cansancio provocado por lo que sea contra lo que haya luchado.

Además, esta no era la primera vez que algo así le sucedía, Lan Huan ya había tenido que intervenir antes en ese asunto, cuando Jiang Cheng se desmayó entrenando y los médicos le dijeron que presentaba síntomas de desnutrición y un cuadro severo de anemia. Recuerda que eso sucedió cuando Jin RuLan comenzó a estudiar en los Recesos de la Nube y su esposo cargó con el enorme peso de dirigir él solo dos grandes sectas, obsesionándose de tal forma que terminó por poner en serio peligro su salud.

En aquella ocasión se enfadó muchísimo, al igual que el joven Jin y Wei WuXian, y quiso pensar que las tres severas charlas que recibió de ellos había servido para algo, pero ahora veía que no, aunque tampoco quiere regañarle porque era consciente de que esta era una circunstancia muy diferente a aquella y que realmente él mismo hubiera hecho exactamente lo mismo.

Está molesto con su A-Cheng por no cuidarse, pero tampoco es como si él tuviera derecho a recriminárselo porque, al fin y al cabo, él mejor que nadie sabe lo que se siente al ser consumido por tus propios pensamientos. De no haber sido por la insistencia de su familia y del propio Líder de Secta Jiang, Lan XiChen habría muerto más de una vez de hambre cuando se encontraba en reclusión. Así que la experiencia, tanto personal como ajena, le había enseñado que en estos casos era mejor no imponer dormir o comer, sino atraer a la otra persona hacia donde tú quieres de forma que no lo parezca.

-¿Te duele? ¿Necesitas algo? – preguntó Jiang Cheng después de unos minutos de silencio, intentando desviar la atención de él y dirigirla hacia el Lan.

-Sí, necesito algo – respondió Lan Huan, permitiéndole al contrario que la conversación tomara otro rumbo. Al menos por ahora.

-Voy a avisar a los médicos – dijo, pero ni siquiera se levantó de la cama cuando una mano en su hombro le impidió hacerlo.

-Necesito que te tumbes a mi lado – terminó la frase que empezó antes, sonriendo.

Jiang Cheng se quedó observando el brillo "inocente" de los ojos cobre fundido que tenía enfrente, sabiendo que sus intenciones, de inocentes, no tenían nada. Llevaba mucho tiempo ya conviviendo con ese hombre y había aprendido varias cosas de su persona, una de ellas era que, aunque Lan XiChen sonriera y su expresión pareciera dulce, ese brillo travieso en sus ojos delataba todo lo contrario, que estaba tramando algo para salirse con la suya.

-Sé lo que estás tramando, Lan Huan – fue su respuesta, con su ceño fruncido y mirando fijamente ese brillo en sus ojos, porque sabía que quería meterlo en la cama para hacerle dormir.

-No estoy tramando nada, solo quiero que mi marido me abrace porque lo he echado mucho de menos – rebatió sin perder nunca la sonrisa de la cara.

-Creía que mentir estaba prohibido en los Recesos de la Nube – dijo Jiang Cheng, cada vez más cauto.

-Si es para ayudar a alguien que lo necesita no pasa nada.

"Vaya, no sabía que las reglas se pudieran romper así de fácil", pensó el de vestimentas violetas mientras bufaba.

-No he visto eso escrito en vuestro bonito muro de disciplina – contestó entornando los ojos, haciéndole saber que no era tonto y que se conocía muy bien sus truquitos.

-Vamos, A-Cheng ¿no vas a complacer a este pobre hombre herido? – dijo haciendo un puchero, ese que le sacaba un hoyuelo en la parte izquierda de la boca y que, sabía, era la debilidad de su marido.

Sabiendo su derrota, Jiang WanYin se deshizo de sus túnicas llenas de barro y sangre, y se quedó solamente en pantalones, acomodándose en el hueco de la cama que le había hecho Lan XiChen mientas tanto.

No obstante, cuando fue a abrazarlo, petición que el mismo Jade había hecho, este cambió de postura y la cabeza de Jiang Cheng terminó en su pecho, asegundase de no dejar caer más que la cabeza en el lugar, para que su abdomen no fuera tocado.

-¿XiChen? – preguntó, aún tratando de entender qué diablos había pasado, pues en un segundo se había visto semirecostado en el pecho de Lan XiChen, que a su vez apoyaba la cabeza y la espalda en unos almohadones, haciendo que su posición no estuviera sentada pero tampoco tumbada, quedando rodeado por brazos fuertes y sábanas suaves de prístino blanco.

-Shhh – dijo Lan Huan, soltando el pelo de su moño y dejándolo caer suelto.

-¿¡Cómo que "shhh"!? – espetó Jiang Cheng.

Quería levantarse, apartarse, golpearlo incluso, pero... no podía, no podía arriesgarse a hacerle daño sin querer por alguno movimiento desafortunado, porque sin duda aún estaba muy débil y dolorido. No podía revolverse de su abrazo y alejarlo con uno de sus manotazos.

Que uno de los brazos Lan estuviera en su cintura y el otro acariciándole el pelo que caía por su espalda no ayudaba a buscar una fuga, menos todavía cuando el Primer Jade aprovechó su estado de shock para acercar el cuerpo ligeramente tostado por el sol aún más, obligando a Jiang Cheng a poner una mano en su pectoral izquierdo, pues no podía rodearlo de la cintura como solía hacer siempre.

Había caído en la trampa. Otra vez. Y lo peor de todo es que era consciente de ello y ha ido a meterse en la boca del lobo igualmente. ¿Pero quién diablos podría decirle que no a ese lindo puchero?

No le dio tiempo a seguir protestando con sus palabras cuando Lan Huan comenzó a tararear una melodía, esa que su hermana le cantaba cuando era pequeño. Maldito el día en el que se la enseñó a su diabólico marido.

No tardó mucho en sentir los ojos pesados, cosa que era normal si tenemos en cuenta los tres días que había pasado luchando contra esa criatura más los otros dos que se pasó volando en espada sin tomarse ni un pequeño descanso. Ahora que olía la fragancia a jazmín de su esposo rodeándolo, apretado en su pecho por unos fuertes brazos, recibiendo sus caricias y escuchando su agradable tarareo, sintiéndose a salvo y protegido, apenas tardó un minuto en quedarse dormido.

Lan XiChen lo miró con infinito amor, sintiendo cómo una oleada de calor atravesaba su pecho. Ese sentimiento de felicidad a veces le abrumaba, ver que tenía a una persona tan importante en su vida, que le amaba como él lo hacía...

Pero esta vez no pudo perderse en sus pensamientos, en si se merecía dicha felicidad o no, porque él también estaba tremendamente cansado, así que se acurrucó un poco más cerca de Jiang Cheng con cuidado de no rozar su herida vendada y cerró los ojos.

 

.....

 

Jiang Cheng despertó con unas caricias en su cabeza y escuchando una suave voz que le llamaba.

-¿Mm? – preguntó de mala gana, adormilado.

-A-Cheng cariño, es la hora de cenar – respondió Lan XiChen mientras seguía acariciándole el pelo.

-No tengo hambre – refunfuñó haciéndose una bolita y tapándose más con las sábanas.

De verdad que no tenía nada de hambre, es cierto que sus nervios habían disminuido notablemente, pero la angustia y el malestar de saber que podría haber perdido a su esposo aún le pesaban en el estómago. Ahora mismo lo único que quería era seguir durmiendo.

Pero Lan Huan ya se esperaba esa respuesta y tenía preparado un contraataque.

-Si tú no comes, entonces yo tampoco lo haré – dijo con su característica sonrisa, un matiz de desafío presente en su tono.

Esa frase pronto caló en la mente aún nublada por el sueño del Líder de Secta Jiang, haciéndole abrir los ojos de mala gana y mirar a la persona que sonreía como estúpida a su lado. Sabe que lo ha hecho a propósito, porque Jiang Cheng nunca permitiría que se quedara sin comer por él, mucho menos en esta circunstancia donde era fundamental que lo hiciera para recuperar fuerzas. A veces, en ocasiones como esta, se percataba de que se había casado con un auténtico hijo de puta.

-Eres un grandísimo manipulador – le acusó incorporándose, frotándose los ojos con la intención de alejar el sueño y despejarse.

Lan XiChen por su parte no dijo nada, solo se dedicó a observarlo con una sonrisa, ni negando sus acusaciones ni afirmándolas.

-¿Quién ha traído la comida? – preguntó Jiang Cheng con el ceño fruncido cuando logró aclarar un poco la neblina que rodeaba su mente, fijándose en la bandeja de comida que reposaba en la mesita baja de la habitación, ya que no podía haberla traído Lan Huan, no sin despertarle a él por la posición en la que estaban.

-Oh, fue WangJi – dijo como si nada, esperando el bufido contrario que no tardó en hacerse oír.

Lan WangJi y Jiang Wanyin nunca se han llevado, y nunca se llevarían, bien. Había demasiado rencor en ambas direcciones, su hermano nunca le perdonaría al Líder de Secta Jiang haber liderado el asedio a los túmulos funerarios y su marido no le perdonaría a Hanguang-Jun el haberse ido con Wei WuXian de "luna de miel" varios meses y, según Jiang Cheng, haberlo abandonado a él.

Sinceramente, por una parte entiende el odio de ambos, pero también cree que esos rencores están injustificados porque aunque Jiang Cheng no hubiera liderado el ataque, el Patriarca YiLing habría muerto igualmente y que su hermano se diera unas merecidas vacaciones con la persona que amaba después de creer haberla perdido para siempre no era algo horrible.

En el fondo sabe que ambos son conscientes de eso, pero es más fácil dirigir esa frustración hacia otra persona que hacia ti mismo. Además, el hecho de que su hermano estuviera ausente después de lo del templo Guanyin hizo que ambos se acercaran, siendo amigos y después algo más, y aunque nunca se lo ha dicho ni lo haría, Jiang Cheng le agradece a WangJi que cuide de su hermano, porque es una persona que nunca podrá dejar de querer, aun si lo intenta con todas sus fuerzas.

A pesar de todo, debe admitir que ha habido una mejora en su relación tirante, que ha pasado de pelear cada vez que se veían a tolerarse mutuamente. Más o menos.

-Genial – fue la respuesta sarcástica del Jiang, poniendo los ojos en blanco.

Ya era malo que alguien los hubiera visto en una situación tan íntima, pero que lo hiciera su cuñado era aún peor. Saber que ese idiota le había visto dormir abrazado a Lan XiChen le cabreaba, porque él nunca se mostraba vulnerable ante nadie, solo con su esposo se permitía ser así y le ha costado mucho esfuerzo poder hacerlo, más que nada por sus propias inseguridades, por eso no le gusta las muestras de amor en público. Para todo el resto del mundo era el temible Sandu ShengShou, pero solo con Lan Huan podía ser Jiang Cheng. Y eso no tenía nada que ver con su orgullo por una vez, sino con un pedacito suyo que solo estaba reservado para una persona y que otro ajeno a ella lo hubiera visto le molestaba.

Aunque, ciertamente, esa imagen era mucho mejor que la que vio hace ya un par de años... Cada vez que piensa en eso un escalofrío le recorre la espalda, sin duda un trauma para los tres que estuvieron presentes en esos escasos segundos en los que el tonto de su cuñado abrió sin llamar a la puerta del Hanshi y los vio en un momento de pasión.

Decide cortar ahí sus pensamientos y salir finalmente de la cama, acomodando a Lan XiChen, ahuecando los almohadones y haciendo que se incorporara en ellos para quedar sentado y poder comer. Una vez en la posición adecuada, le volvió a arropar con la sábana y le dio un beso en la cabeza para después ir a por los tazones de sopa que reposaban en la mesa.

Al menos ese estúpido había sido considerado y le había dejado una túnica blanca y simple al lado de la comida, que se puso en cuanto dejó el tazón con sopa en las manos de su marido, junto con el agua en la mesita de noche. Después él se sentó en la mesa baja que había en el centro de la habitación y comió allí, ambos en un silencio agradable.

Lo cierto es que ninguno de los dos tenía hambre, pero sabían que tenían que comer, ya no únicamente para reponer fuerzas, también porque era una sopa medicinal y ayudaría a sus cuerpos débiles y agotados a recuperarse.

Cuando terminaron, Jiang Cheng puso los recipientes sucios en la bandeja, pero antes de sacarlos de la habitación para dárselos a algún discípulo y que los llevara a la cocina (ya que él no podía entrar en ella), se le pasó una idea por la cabeza.

-¿Quieres darte un baño? – preguntó.

Sabe que los miembros de Gusu Lan están obsesionados con la limpieza y está segurísimo de que Lan XiChen se muere de ganas por bañarse ahora que ha recuperado algo de fuerzas.

-Sí, por favor – fue la respuesta del Lan, agradeciendo enormemente el ofrecimiento – ¿podrías también llamar al doctor Xu? – pidió, con una idea en mente que, estaba seguro, no iba a hacerle ninguna gracia a su pareja, pero que era necesaria.

-Está bien, ahora vengo – dijo encaminándose a la puerta con la bandeja en la mano.

-Gracias – fue la respuesta de un sonriente Lan XiChen, rezando a Dianxia porque su marido no le rompiera las piernas después de la emboscada que le va a tender.

Dice eso, pero en realidad, Sandu ShengShou era una gran persona, una que tenía un corazón tan grande que apenas le cabía en el pecho, queriendo a muerte a sus seres queridos, capaz de hacer lo que fuera por ellos.

Mientras le ve alejarse solo puede pensar en lo cierto que es ese pensamiento y en lo ciego que había estado con respeto a ello, cuando era uno más de aquellos que solo podían ver en Jiang WanYin agresividad. Pero cuando traspasó esa fachada, cuando vio a través de la falsa amabilidad de Jin Guangyao y poco después más allá de la ira de Jiang Cheng, comprendió que esas no eran más que sus formas de protegerse del mundo, como él hacía con sus sonrisas. Maneras distintas de luchar diariamente contra todo el daño que otras personas les habían hecho e incluso del mismo que ellos se habían autoinflingido.

En el caso de Jiang Cheng, ver a través de ese permanente ceño fruncido, le abrió los ojos de una forma que jamás pensó, creando algo entre ambos que como líder de secta jamás creyó poder alcanzar: una pareja que amara de verdad, con todo el amor que cabía en el corazón de un Lan (que no era poco).

Aún recuerda cómo le salvó la vida aquel día. Era invierno, poco después de todo lo sucedido en el templo Guanyin y él era solo un cascarón vacío, un cuerpo que se marchitaba más cada día que pasaba, porque su mente ya estaba muerta. Era el último día de una conferencia que tenía lugar en Gusu y él, como era lógico, no podía asistir en representación de líder, así que no había visto a ninguno de los invitados con el pretexto de su reclusión.

No sabe cómo ni por qué, pero esa noche salió al pequeño claro que hay frente a su Hanshi, ese pedacito de naturaleza donde no había árboles hasta dentro de unos cuantos metros, creando un espacio muy agradable para sentarse sobre la hierba y contemplar el cielo.

En todo ese tiempo (que él calculaba como unos tres meses pero que podrían haber sido el doble porque el tiempo se volvió extraño durante su encierro) nunca salió al exterior, su vida consistía en ir de la cama al baño y poco más. Siendo sincero, a día de hoy sigue sin saber qué le llevó a salir esa fría noche de invierno, pero si le preguntas, te responderá que fue el destino, que alguien allá arriba estaba cuidando de él. Y no solo de él, cómo descubriría más tarde.

Tampoco sabe por qué Jiang Cheng estaba allí, ese lugar siempre esteba solitario porque se encontraba justo frente a su habitación, la del líder de secta, por lo que además de estar alejada del centro de la casa principal, todo el mundo dejaba ese espacio privado libre.

Quizá salió para morir, porque cuando estaba allí, sintiéndose cansado de todo ya, algo pasó con su qi. Todo lo que ocurrió después está borroso en su mente, pero recuerda que dejó salir todo el dolor que llevaba guardando todo ese tiempo, lloró como nunca en su vida y se arañó el pecho, como queriendo sacarse el corazón para así dejar de sufrir. Lo siguiente que supo es que estaba sangrando por la nariz, la boca y los oídos, su energía espiritual como loca corriendo por todo su cuerpo. Se sentía débil, mareado, pero estaba feliz porque por primera vez en mucho tiempo pudo sentir algo más que no fuera dolor, porque había cierta paz en aquello.

Más tarde, Jiang WanYin le dijo que estaba hasta las narices del consejo Jin y que salió para no pegarle una patada en sus partes a esos viejos. Caminó maldiciendo y cuando se quiso dar cuenta de donde estaba lo vio a él sangrando, a puntito de sufrir una desviación de qi.

Lo último que él vio fue la cara del Líder de Secta Jiang muy asustada, gritándole. Cuando volvió a abrir los ojos ya se encontraba en la enfermería y los médicos le dijeron que de no haber sido por la rapidez de Sandu ShengShou en llevarlo hasta allí, habría muerto.

A Jiang Cheng no le gusta hablar de eso y ciertamente, a él tampoco, pero sabe que nunca podrá agradecerle suficiente por eso. Y no habla de salvar su cuerpo, sino su mente, por la charla que le dio poco después, gritándole que cómo podía hacerle eso a su familia, cómo podía irse y dejarlos por puro egoísmo. Su tío, hermano y sobrino, personas que habían luchado por él y viceversa, que se habían protegido mutuamente, personas que lo querían de verdad y a los que él estuvo a punto de abandonar.

Y lo dijo con una expresión dolida en el rostro, de alguien que perdió a demasiada gente amada justo frente a sus narices y sin poder hacer nada para evitarlo. Eran las palabras de una persona que había pasado por eso, cuyo dolor se reflejaba en sus ojos, la primera vez que se fijó en ellos el tiempo suficiente como para notar las motas amatistas esparcidas como pequeños puntitos por todo el iris azul tormenta.

Ahí fue cuando comenzó su rara amistad y el momento exacto en que comenzaron a sanar juntos.

Porque sí, él había estado a punto de que un desvío de qi se lo llevara por delante y muy probablemente habría sufrido más de ellos si no hubiera sido por la ayuda recibida, pero el qi de Jiang Cheng no estaba en mejores condiciones. Lo descubrió poco después de esa conversación agitada, cuando tocó superficialmente su muñeca y notó lo inestable que circulaba la energía espiritual por sus meridianos, una alteración provocada por el lío confuso de emociones que se agolpaban en su mente al recibir la noticia de que el núcleo que portaba en realidad no era suyo, una información que le estaba afectando más de lo que se atrevía a admitir. Fue entonces su turno de echarle el sermón a Sandu ShengShou.

No fue un camino fácil, pero salieron adelante, apoyándose el uno en el otro, haciéndose compañía en los momentos difíciles, ayudándose a levantarse tras cada caída dolorosa, sabiendo que ya no estaban solos en su dolor. Salvándose mutuamente sin ni siquiera darse cuenta.

Poco después unos golpes suaves en la puerta le sacaron de sus recuerdos.

-Adelante – dijo, pues sabía que ese no era Jiang Cheng. Él nunca tocaba suavemente.

-Líder – saludó el doctor Xu Mao, su esposo detrás de él – ¿Cómo se encuentra? – preguntó una vez se adentró en la habitación, dispuesto a examinar a su paciente.

-Mucho mejor, gracias – respondió sonriendo.

El médico asintió y se aproximó a él, quitando los vendajes con cuidado y examinando la herida cicatrizante que decoraba la piel cercana al hueso de su cadera derecha.

-Parece que se está curando bien, sin duda la eliminación de toda la energía resentida de sus vías espirituales está haciendo que cicatrice más rápido y sin problemas. Seguramente dentro de par de días estará completamente curada, siempre y cuando descanse adecuadamente – explicó el médico mientras sacaba varios frasquitos de su bolsa – el Líder de Secta Jiang me ha comunicado qua va a tomar un baño ahora, así que sólo le limpiaré la herida y cuando salga aplíquese este ungüento y véndela de nuevo o pida que me llamen y lo haré yo mismo. También le recomiendo que antes de meterse en el agua se aplique este otro para evitar que la piel aún en proceso de sanar se irrite, ya que funciona como un bloqueador ante cualquier sustancia líquida.

-No se preocupe, mi esposo me puede ayudar a vendarme luego – dijo, mientras dirigía una mirada divertida hacia el mencionado – ¿Podría pedirle una cosa más, doctor Xu? – preguntó a continuación, haciendo que Jiang Cheng frunciera el ceño, oliéndose por donde iría su petición y no gustándole nada.

-Por supuesto, líder – respondió, agachando ligeramente la cabeza después de terminar de limpiar la herida.

-¿Le importaría examinar al Líder de Secta Jiang? – preguntó inocentemente.

-Yo estoy bien – fue la respuesta que recibió antes incluso de terminar de hablar.

-Verá, ha recibido varios cortes y me preocupa que no se estén curando de forma adecuada debido a la falta de descanso que ha tenido estos días – continúo hablando con el doctor, haciendo oídos sordos a las quejas de su esposo.

-Por favor, desvístase Líder de Secta Jiang, sólo será un momento – dijo amablemente el médico personal del Primer Jade de Lan, acostumbrado a tratar con él, pues no es la primera y está seguro de que no será la última vez que lo examine por petición de su líder.

Jiang Cheng se limitó a observar de uno a otro con las cejas tan fruncidas que incluso parecía doloroso, pero al final terminó por suspirar fuertemente y rendirse, porque la sonrisa gemela de ambos hombres le aseguraban que no iba a poder escapar de esa consulta.

Primero, Xu Mao le examinó los cortes que decoraban mayoritariamnete sus brazos y alguno que otro esparcido por su abdomen.

-Uhm, los cortes aún están abiertos, sin duda porque no han sido tratados correctamente y porque su qi no circula adecuadamente debido al constante uso sin descanso. No obstante, no es grave y se cerrarán bien el día de mañana si, como le he dicho a ZeWu-Jun, descansa y permite que su energía espiritual se reponga para hacerle frente – explicó mientras los limpiaba.

Jiang Cheng solo asintió distraídamente ante sus palabras, pensando que ya se curarán ellas solas. De verdad que no entiende por qué tanto alboroto por unos simples cortes superficiales (aunque eso último era debatible y algo que el cabezota del Líder de Secta Jiang nunca admitía porque eso de preocuparse por su propio bienestar no lo llevaba muy bien que digamos).

-Lo que me preocupa, en cambio, es otra cosa – prosiguió, usando un tono de voz más serio – y es que el fuerte golpe que se ha dado en la cabeza podría ser peligroso. ¿Ha experimentado mareos, náuseas o pérdida de conocimiento desde que se lo hizo? – preguntó.

Al oírlo, el entrecejo de Lan XiChen se crispó ligeramente, no habiéndose percatado de que Jiang Cheng tuviera ningún hematoma en la piel que delatara un golpe.

-Sólo me desmayé unos instantes cuando me golpeé, pero después no he sentido nada más.

-De acuerdo – dijo Xu Mao pensativo – en ese caso parece que solo se trata de una contusión y no de una conmoción cerebral. Sin embargo, me gustaría que acudiera mañana cuando despierte a mi consulta, solo para asegurarnos de que no sea esto último o algo más grave que haya podido afectar al funcionamiento normal del cerebro.

Otra frase del doctor más y el semblante del Primer Jade se oscureció.

-Aplique en los cortes del mismo ungüento que he dado al Líder de Secta Lan y este otro en el hematoma de su sien para ayudar a bajar la hinchazón.

-Gracias – respondió, vistiéndose en cuanto le dieron la oportunidad.

-Muchas gracias, doctor Xu – dijo Lan XiChen – que pase una buena noche.

-Igualmente – respondió, dirigiéndose a la puerta y haciendo una reverencia allí – si necesitan cualquier cosa, no duden en llamarme.

Cuando se fue, el discípulo que estaba esperando fuera con la tina llena de agua pasó y la depositó en el suelo del Hanshi, marchándose y dejando a la pareja sola de nuevo.

-Lo siento, A-Cheng – Lan Huan fue el primero en romper el silencio – sé lo mucho que te incomoda mostrar el pecho desnudo delante de los demás, pero estaba realmente preocupado.

Y a pesar de que lo había medio engañado por su bien para recibir una consulta, a pesar de que Xu Mao ya le había examinado más veces antes, era verdad que lo sentía muchísimo, porque era consciente de que Jiang Cheng odiaba sus cicatrices, que tiene mucho complejo con ellas. Incluso cuando comenzaron a salir y pasaron a tener relaciones íntimas, él siempre trataba de cubrirlas de su vista, pese a que sabía que no iba a ser juzgado por la persona que tenía delante. Pero así funcionan las inseguridades, están tan interiorizadas en ti que cuesta ver más allá de ellas.

Por eso, cada vez que tenía la oportunidad de verlas, ya fuera haciendo el amor, ayudándolo a vestirse por las mañanas o a desvestirse por las noches, él siempre se encargaba de decirle lo precioso que era, porque esa era simple y llanamente, la verdad. Que tuviera esas cicatrices no lo hacían feo cómo él pensaba o una decepción por su significado, sino todo lo contrario, esas son las marcas de un superviviente, que demuestran la tremenda fuerza de alguien que no se atrevió a rendirse y siguió adelante a pesar de haber perdido tanto. Y si tenía que decirle todo eso todos los días por el resto de su vida, lo haría con gusto, le recordaría diariamente lo que es con gusto.

La respuesta que recibió a su disculpa fue un gruñido, lo único parecido a un "te perdono" que iba a conseguir de su parte.

-¿Me dejas verte, por favor? – preguntó.

Jiang Cheng volvió a suspirar fuertemente y se acercó a la cama, agachándose para quedar a su altura, aceptando en silencio el escrutinio de su marido, esos ojos de color oro viejo examinando cada centímetro de su cara.

Cuando él mismo se apartó el flequillo izquierdo que ocultaba un feo moratón, oyó la exclamación de horror muy cerca de su oído.

-Oh, cariño – dijo con voz tremendamente preocupada, examinando la piel de color violeta sin tocarla – ¿me vas a contar qué ha pasado? – preguntó lleno de ansiedad, preguntándose qué o quién le atacó para dejar a alguien tan fuerte como Sandu ShengShou así.

-Es una larga historia, te la contaré mañana – respondió, cogiendo su mano y apretándola, no queriendo preocuparle – y también quiero saber más sobre los desgraciados que se atrevieron a tocarte – añadió con una voz helada, sus ojos volviéndose fríos. 

Pobre del desgraciado superviviente cuando vaya mañana a hacerle una visita con Zidian porque descubrirá la famosa crueldad que todo el mundo achacaba a Sandu ShengShou, le dará el gusto de comprobar que las habladurías que circulan sobre él son muy ciertas.

-De acuerdo – dijo el Lan – pero antes, déjame aplicarte el ungüento, así lo habrá absorbido tu piel antes de irnos a dormir.

Con diligencia y con mucho cuidado, uno que conociendo la tremenda fuerza de los brazos de un Lan parecía imposible que tuviera, esparció suavemente la sustancia de color crema por la zona afectada, sintiéndose útil y queriendo devolver todos los cuidados que ha tenido con él su pareja y que, sabe, seguiría teniendo los días venideros hasta que se haya recuperado completamente.

Cuando terminó, se aseguró de dejar un beso entre sus cejas todavía fruncidas, alejando la tensión de ellas. Sonrió al ver que estaban completamente lisas una vez se separó.

Después, Jiang Cheng deslizó la fina túnica de los hombros de Lan XiChen que este mismo se había echado luego de las atenciones del doctor, quedando su torso completamente desnudo ahora, la herida aún en proceso de cicatrización resaltando en su piel suave y blanca.

Al verla, sintió que su sangre hervía, tanto de rabia por quienes le hicieron daño como de miedo por la posibilidad de haberlo perdido para siempre. Solo de pensarlo su corazón dolía y sus ojos picaban.

-A-Cheng – llamó Lan XiChen al percatarse de su estado, cogiendo con las dos manos su cara y levantándola para que lo mirase a los ojos – estoy bien.

-Eso ya lo has dicho varias veces – refunfuñó, luchando por no llorar de nuevo. Malditos momentos de debilidad traidores.

-Porque es verdad – respondió el Lan riendo, queriendo aligerar el ambiente.

Siempre que veía esos preciosos ojos, espejos del alma aún más preciosa de su amado, aguados por lágrimas de tristeza, sentía que una parte de él mismo se rompía, así que ver la ligera inclinación de sus labios en un amago de sonrisa hizo que la suya propia se elevara más.

Una vez tranquilizado, Jiang Cheng fue a buscar el ungüento que les dejó el médico y lo aplicó suavemente sobre la línea ligeramente rojiza. Después de eso, le ayudó a ponerse de pie y procedió a desatar el nudo que mantenía los pantalones blancos en su sitio. O, al menos, eso era lo que él pretendía hacer, porque apenas pudo deshacerlo cuando unas grandes manos le detuvieron.

Al alzar el rostro, con una ceja alzada que hacía de interrogante, se topó con un leve sonrojo en las mejillas del Lan, tan adorable que podría besarlo allí mismo como si no hubiera un mañana.

-Y-yo – tartamudeó, tan absurdamente lindo que debería estar prohibido – puedo hacerlo yo – logró decir finalmente después de carraspear.

Jiang Cheng se limitó a asentir, con una mirada pícara que observaba cada uno de sus movimientos detenidamente.

Pero el empeño de Lan Huan pronto se vio frustrado, porque al dejar caer los pantalones junto a su ropa interior al suelo y dar un paso adelante para sacárselos de los pies, se vio incapaz de agacharse para recogerlos y depositarlos en un rincón para posteriormente llevarlos a la habitación de la colada.

Así que se quedó en una situación aún más vergonzosa que la que Jiang Cheng había comenzado porque ahora se encontraba desnudo en mitad del Hanshi intentando agacharse patéticamente sin conseguirlo.

A la tercera mueca de dolor y preocupado porque el terco de su esposo se acuclillara finalmente ignorando su dolor y terminara haciéndose daño de verdad, decidió recoger la ropa él mismo.

Para entonces, el leve sonrojo de Lan XiChen se había convertido en un rojo brillante que sacó una carcajada a Jiang WanYin.

La cierto es que ni él ni ese tonto que tenía delante lograban entender ese tipo de reacciones. Es decir, cuando mantenían relaciones a ninguno le importaba ser lo más desvergonzado posible, pero en cambio, en momentos como estos en los que estaban desnudos frente al otro sin connotaciones sexuales, la vergüenza aparecía en su máximo esplendor. Jiang Cheng supone que es por la sensación de vulnerabilidad que deja, de sentirte expuesto no solo físicamente.

Por una vez fue bueno y no hizo ningún comentario burlesco, limitándose a ayudarlo a meterse en la tina con mucho cuidado, no pudiendo evitar el dolor producido al arrodillarse, como comprobó al escuchar el quejido que salió de sus labios.

Aunque mereció la pena solo por sentir el agua caliente acariciar su piel. Soltó un suspiro de satisfacción mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por la sensación de relajación que el agua ejercía sobre sus músculos.

Sin embargo, los abrió poco después al notar cómo un paño acariciaba su pecho delicadamente, encontrándose con la vista de un acuclillado Jiang Cheng en el suelo y no dentro de la tina como él había pensado.

-¿No vas a meterte conmigo? – preguntó decepcionado.

-Obvio que no – respondió.

Es cierto que la tina era lo suficientemente grande para los dos, ya lo habían comprobado, pero prefería dejarle su espacio y bañarlo desde fuera porque sabe que si entra con él querrá hacer lo mismo y desde luego que no pensaba permitir que hoy lo bañase a él. De eso nada.

Mientras lavaba su torso, no podía evitar mirar la herida, miles de pensamientos destructivos arribando a su mente, pensamientos llenos de odio hacia sí mismo, de reproches hacia su persona que consistían en llamarse de todo por no haberle acompañado, por no haber estado con él cuando lo necesitaba.

Y aunque sabía que culparse de eso era absurdo, no podía evitar castigarse con sus propias palabras crueles, de sentirse insuficiente para su pareja, de odiarse por su propia debilidad.

-A-Cheng – llamó Lan Huan, tan perspicaz como siempre, conocedor de los pensamientos horribles de menosprecio con los que se atormentaba siempre que pasaba algo malo que él no podría haber evitado por mucho que quisiera – sabes que te quiero ¿verdad? Muchísimo.

-¿A qué viene eso? – preguntó, frunciendo el ceño – por supuesto que lo sé, idiota. Yo también te quiero – dijo, lo último bajito, pero todavía mirándole a los ojos.

-Entonces... – dijo Lan XiChen, sonriendo – ¿Qué tal si me das un beso?

Y ahí estaba, la coquetería intrínseca del Primer Jade de Lan, la misma que complementaba su ya perfecto físico y aún más perfecta personalidad.

Jiang Cheng puso los ojos en blanco, más que acostumbrado a ella, pero se mentiría a sí mismo si negara que no se moría de ganas él también de unir sus labios, de comprobar con ellos que Lan Huan seguía ahí, con él.

Así que no puso muchas pegas (ninguna, en realidad) a la hora de cumplir su petición. Tenía medio cuerpo pasando por encima de la tina, pero no podía importarle menos la posición incómoda, no cuando la lengua del Líder de Secta Lan invadió su boca y acarició la suya propia con una lentitud y suavidad, con un amor, que quitaría el aliento a cualquiera.

Era un beso sin ningún ápice de lujuria en él, que transmitía todo el amor que se tenían, un movimiento a través del cual comprobar con sus labios que su ser amado no lo había abandonado.

Cuando finalmente se rompió y Jiang Cheng se alejó con la intención de proseguir en su tarea de bañarlo, una mano en su nuca le impidió llevar a cabo sus planes, obligando a su cara a quedar a centímetros de la de Lan Huan, que se inclinó un poco hacia adelante, quedando prácticamente igual de cerca que estaban segundos atrás. Cuando habló, rozó sus labios.

-No podrías haberlo evitado, cariño – dijo suavemente – no puedes evitar todas las cosas malas todo el tiempo y, desde luego, esto no ha sido culpa tuya.

Lan Xichen se aseguró de que le mirase a los ojos, de que se metiera su mensaje en esa cabeza tan dura suya, porque él estaba muy versado en ese tipo de pensamientos que atormentaban a su amado y por nada del mundo pensaba permitir que se echara la culpa de lo que le había sucedido. Eso sí que no.

Un destello de tristeza bañó fugazmente sus iris azul tormenta, momentos antes de que una fina capa cristalina los cubriese.

Jiang Cheng asintió, apartando la mirada, para nada de acuerdo con sus palabras.

-A-Cheng – llamó, obligándolo a volver a mirarlo a los ojos – no ha sido culpa tuya – volvió a asegurarle, con una expresión de total seriedad que rara vez aparecía en sus rasgos generalmente amables – no permitas que esas personas nos arrebaten también este momento, porque es sólo nuestro.

Ahí, sin embargo, tuvo que darle la razón. Lo último que quería era que esos malnacidos se metieran en su cabeza y estropearan ese ahora que sólo era de ellos dos. Eso sí que no pensaba permitirlo porque bastante les habían quitado ya.

Decidió dejar sus pensamientos autodestructivos a un lado y centrarse, como Lan XiChen había dicho, en atesorar ese momento íntimo, así que asintió imperceptiblemente y le dio un último pico en los labios antes de seguir bañándole, esta vez acompañado de una conversación graciosa narrada por Lan XiChen sobre la última cacería nocturna de sus hermanos acompañados por los juniors. Resumiendo, dejaron a los niños traumatizados una vez más por su sinvergonzonería y, como venganza y para hacer que dejaran de compartir saliva en mitad de un ritual de purificación, Jin Ling llamó a Hada para que persiguiera al Patriarca YiLing.

Muy a su pesar, Jiang Cheng tuvo que reírse al imaginarse a Wei WuXian corriendo delante del perro y a Lan WangJi corriendo también detrás de ellos. Era una imagen que ya había tenido la inmensa suerte de presenciar antes que y siempre era divertido recordar e imaginar.

La conversación trivial y relajada creó un ambiente agradable en el que se mezclaban risas, miradas coquetas y besos repartidos por aquí y por allá.

Cuando terminó de lavarle el pelo, satisfecho de escuchar sus ronroneos contentos producidos por el masaje en su cuero cabelludo, depositó un último beso en su sitio especial, justo debajo del lóbulo de su oreja derecha, el punto sensible que le erizaba el bello de los brazos. Y para doble placer lo acompañó con una succión que le dejó una marca amoratada.

-WanYin – le recriminó con voz entrecortada.

-¿Qué? – preguntó haciéndose el inocente, aunque esa sonrisa torcida le delataba.

-Eres cruel – dijo, de nuevo poniendo ese adorable puchero acompañado del lindo hoyuelito en la comisura izquierda del labio.

-Lo soy – coincidió, no sin antes haber besado su hoyuelo.

Después le ayudó a ponerse de pie y aunque Lan Huan insistió en que podía secarse y vestirse él solo (cosa que ya habían comprobado ambos hace apenas unos instantes que era mentira) Jiang Cheng acabó haciéndolo por él de todas formas.

Le puso la ropa interior y los pantalones, pero no las túnicas superiores porque tenía que aplicar el ungüento que el doctor Xu les había dejado y después vendar bien. No fue difícil (más que acostumbrado a tratar heridas en tiempos de guerra) y terminó rápido.

Una vez provisto de la túnica para dormir, lo depositó con todo el cuidado del que poseía en la cama y le arropó con la fina sábana. Pero cuando se alejó, una mano se enroscó entorno a su muñeca y le impidió ir más lejos que los escasos centímetros que había avanzado.

-Voy a darme un baño rápido – dijo, deshaciendo con delicadeza su agarre – en seguido vuelvo.

Cuando lo hizo, sin embargo, Lan Huan se había quedado dormido y ocupaba toda la cama (incluso le había quitado su almohada, que ahora era abrazada por ese hombre dulce).

Sonrió ante la vista, siguiendo el ritmo de su pecho bajando y subiendo tranquilamente, con esa expresión de relajación total. Por si el espectáculo fuera poco, los débiles rayos de la luna que entraban por la ventana y que daban un color azulado a su figura, creaban la imagen perfecta. Una que le calentaba el corazón y que no cambiaría por nada.

Dejó un beso superficial en su cabeza y se puso en pie, decidido a buscar una manta gruesa para poner en el suelo y dormir ahí, porque ni de coña se iba a ir a otra habitación y dejarle solo, o despertarlo cuando era obvio que estaba muy a gusto durmiendo, por no hablar de lo muchísimo que necesitaba ese descanso.

No obstante, como antes, apenas consiguió moverse un paso cuando su muñeca fue aprisionada de nuevo. Al levantar la vista, unos ojos miel le observaban fijamente, como si no se acabara de despertar.

-Creí que habías dicho que volvías en seguida – le recrimina, todavía sin soltarle.

-Estabas ocupando toda la cama – le reprocha ahora él – hasta me has quitado la almohada.

Lan XiChen se ríe al darse cuenta y la suelta con reticencia.

-La he llamado WanYina – explica mientras se mueve con cuidado para hacerle espacio a su esposo.

-¿WanYina? – repite Jiang Cheng metiéndose en la cama.

-Si, ¿te gusta? – pregunta con un tono juguetón en la voz mientras abraza ahora al cuerpo de su compañero de cultivo, siempre apoyándose en el costado contrario a su herida.

-¿Debería tener celos de una almohada? – pregunta sin contestarle, entrecerrándole los ojos.

Lan Huan vuelve a reír, esta vez con una auténtica carcajada.

-Claro que no, yo a mi querido WanYin no lo cambio por nada – argumenta, demostrando su punto con un beso dulce en los labios.

-Más te vale – gruñe contra su boca el mencionado, sintiéndose tan amado que incluso tiene ganas de llorar, esta vez de felicidad.

Poco tarda Lan XiChen en volver a dormirse de nuevo, seguido de cerca por Jiang Cheng, cuyo último pensamiento del día va dirigido a las dos palabras que había repetido varias veces su marido y creyendo firmemente en ellas, en que juntos, estarán bien.