Chapter Text
¿¡Por qué nadie quería llevárselo!? Jack miró nervioso a su alrededor. Ya habían pasado horas en el mercado y todos los objetos que ofrecía ya estaban en manos de sus nuevos dueños.
Todos excepto uno.
¡Era un baúl exquisito! Era imposible que alguien no se sintiera atraído por el objeto. El más grande problema sería abrirlo, aquella mañana eso fue algo imposible de conseguir, y para colmo, no sabría qué responder en el caso que alguien le consultara sobre ello o si la venta incluía el contenido. Probablemente terminaría en la cárcel. Si no era por vender objetos robados, sería por asesinato.
Porque seguro que adentro había un cadáver o algo, ¿qué más si no? No esperaba menos cuando se trataba de un regalo de "él".
Por la mañana se había despertado cubierto de sudor por una pesadilla. O eso quería creer, de eso se convencía todos los días cuando nada más abrir los ojos se veía invadido de fugaces imágenes: sus manos ensangrentadas, cadáveres descuartizados y destripados, agudos gritos que le hacían zumbar los oídos. Todo debía ser producto de su estrés o algún recuerdo de una infancia infeliz que mantenía bloqueada en su subconsciente.
Pero no, eran visiones de "él", de sus escapadas nocturnas, recuerdos de lo que hacía mientras su mente permanecía dormida por las noches y cuando sus rutinas diarias de pintura no eran suficientes para apaciguarlo y callar la voz que susurraba en su oído a cada hora, a cada momento que pasaba consciente. Por ello no eran extraños los permanentes círculos negros bajo sus ojos, prueba viviente de su insomnio y del constante miedo con el que vivía, con la incertidumbre de no saber con lo que se encontraría al salir el sol.
Y es que" él" gozaba de jugar y aprovecharse de su situación, cuanto más pudiera atormentarle, mejor. Por eso apenas vio el enorme baúl en su habitación con un extraño olor decidió deshacerse de él como hacía con todos los otros "regalos": reduciéndolos en el mercado negro lo antes posible. ¿Hasta qué punto podría fingir demencia si el baúl resultaba tener algo ilegal dentro? Mercado negro o no, nadie querría verse involucrado con algo así, cualquiera le apuntaría con el dedo de inmediato con tal de salvarse. Y lanzarlo a un río tampoco era una opción, el trayecto era muy largo y podrían verle. Ni hablar.
"Anda, tienes herramientas, ¿por qué no lo abres?"
Se contuvo de gritarle que se callara al estar en medio de un lugar público, sólo conseguiría llamar la atención, algo completamente indeseable en ese tipo de mercado.
Al final del día," él" había ganado. Nadie se vio interesado en el arcón y tuvo que llevárselo consigo de regreso a casa, a rastras. Se sentó en la cama, agarrándose la cabeza en desesperación. No podía dejarlo así, si realmente había un cadáver allí dentro, eventualmente el olor alertaría a los vecinos y sería su fin.
—¡Esto no es justo! –dio una fuerte pisoteada, aún más fuerte al escuchar "sus" carcajadas- ¡Esto es tu culpa! ¿Por qué no lo dejaste como estaba, donde estaba?
"¿Y perderme esto? Ni hablar. Parece que te gustó la tarjeta que te dejé"
—Lindo detalle, "Carne fresca, ¿quieres probarla?" –comentó con sorna rodando los ojos y finalmente bajando la mirada al piso.
Donde había una extraña llave. Una llave con el mismo patrón de la enorme y blindada cerradura que mantenía cerrada la caja de Pandora en frente de él.
Pasó saliva con dificultad. ¿Debía hacerlo? ¿Sería que sólo estaba complicándose la vida por algo de lo que no estaba seguro? De cualquier manera, no tenía otra opción realmente. Tenía que saber lo que había dentro para buscar la mejor manera de lidiar con ello. Con una mano temblorosa cogió la llave, que era más pesada de lo que creía pero digna de tal cerradura. Al girarla en su agujero ésta soltó un chirrido. Debía de llevar un buen tiempo sin usarse.
Momento, ¡entonces "él" tampoco sabía lo que había dentro!
Escuchó sus carcajadas al tiempo que el candado caía a sus pies después de abrir la tapa del baúl... y descubrir que adentro había un cuerpo.
¡Mierda! ¡Ahora sí iría a parar a la cárcel!
Pero, si era un cadáver, era uno muy bien preservado. Cuando lo observó mejor, notó unas extrañas articulaciones, no muy diferentes de las de una muñeca. ¿Era una muñeca de tamaño real? Como pudo intentó maniobrarle desde su posición de lado hasta sentarle. Cualquiera que le viera pensaría que era un joven dormido. Y uno bastante apuesto, con dorados rizos que enmarcaban su rostro, casi a juego con sus ropas de claro estilo griego y de material que parecía lujoso, ¿sería una efigie dedicada al dios Apolo? Su piel estaba fría pero no se sentía como porcelana.
"Eres un degenerado. Nunca había visto ese lado tuyo". Aún sin verle, podía imaginar su burlona sonrisa. Carraspeó un tanto avergonzado, sólo estaba examinándolo, no era como si tuviera segundos pensamientos con un muñeco, ¿quién llegaría a esos extremos?
Y con un clang, otra pequeña llave cayó en el fondo del baúl, pero parecía de esas que servían para darle cuerda a un reloj antiguo. ¿Tendría el muñeco un agujero?
—¡P-para darle cuerda, no te hagas ideas extrañas! –exclamó adelantándose a cualquier comentario del otro. Esa pequeña pieza debía de servir de algo, de lo contrario, no tendría razón de estar allí dentro del baúl.
Giró la llave una, dos, tres veces tras Introducirla en un agujero que encontró en su espalda.
¡CRACK!
Al escuchar el estruendoso crujido, dejó caer al muñeco que empezó a convulsionar, si es que se le podía llamar de esa manera... Hasta que abrió los ojos, de un intenso color ámbar dorado. La "temática" del muñeco era perfecta entonces, era como si estuviera mirando el sol al atardecer y...
No fue hasta que su cara le empezó a arder que registró que algo le había golpeado en la cara. Alguien más bien. El muñeco frente a él que estaba con la mano aún levantada. De pie. Frente a él. De pie.
—Esto es por manosearme de forma indebida, insolente –declaró el joven rubio con voz suave pero con elegancia.
Definitivamente el grito que lanzó iba a alertar a más de un vecino.
