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Empezó todo con una simple pregunta. De Mikey, como siempre.
-¿Y ustedes para cuándo? -inquirió, mientras veían a Emma y Draken cortar el pastel en pleno festejo nupcial.
-¿Cómo?
-Llevan la misma cantidad de tiempo en relación. Digo, no se harán más jóvenes.
Chifuyu y Baji se miraron, intercambiando una mirada, simple y sencilla. Los años les dieron esa complicidad que excedía las palabras aún más del entendimiento que tenían desde el principio de su relación con el otro.
-Mikey, nosotros no podemos -Baji sonrió y quizás hubo cierta amargura en ese gesto. El rubio ladeó su cabeza, dejando que su cabellera lo acompañara en el gesto.
-¿Cómo?
-No es legal -Chifuyu se encogió de hombros, casi divertido por esas reacciones tan infantiles.
Mikey frunció el ceño, y se llevó las manos a la cintura.
-¿Y cómo habría que hacer? Para que fuese legal -inquirió Mikey
Baji rió, por toda respuesta. Podía leerlo muy bien y le daba risa esa resolución. Aunque no creía que pudiese organizar algo al respecto.
-Marchas, generar debate público… -Chifuyu se encogió de hombros-. Hay mucho consenso en la gente y se puede anotar en los registros de algunas prefecturas para recibir ayudas económicas, pero…
-Ya, ya -Mikey hizo un gesto con la mano, mientras volvía la vista a la pareja recién casada que estaban en un momento bobo entre ellos frente a todos los invitados. Emma se veía tan feliz-. Así que juntar gente ¿Eh?
-Conozco esa sonrisa -Baji rió, mientras abrazaba a Chifuyu por la cintura, buscando su cercanía-. Ya quisiera ver lo que hacés.
-Solo déjamelo a mí -su amigo de la infancia sonrió con la seguridad que lo caracterizaba.
Conforme pasaron las semanas y los meses, hubo pequeñas escenas aquí y allá. Que Baji incluyera en su Koseki a Chifuyu para los asuntos legales. Que en Shibuya hay certificados que sirven para asuntos hospitalarios y esto y aquello. Que una vez mencionó que entre sus amistades nuevas, Mikey tenía a una legisladora que se "casó" con su novia y que es abiertamente lesbiana desde hacía unos años.
Baji solo miraba divertido y seguía en lo suyo. Con Chifuyu vivían ya desde hacía varios meses juntos y todavía él se estaba adaptando a la vida universitaria, en la que iba bien, pero a un ritmo muy lento. En el entretanto, veía a Chifuyu conseguir la propiedad de la tienda de mascotas en la que trabajó desde la secundaria alta. Su vida tenía sus matices alegres y hogareños. Vivían en paz y tranquilidad, compartiendo cada aspecto de su día a día de una manera similar a la que cualquier otra pareja haría.
Salían con Emma y Draken ocasionalmente, iban a un lado o a otro juntos: compraban en el mercado dividiéndose la lista y la búsqueda de ofertas. Salían juntos por un café o al cine y mandaban regalos de navidad o cumpleaños a nombre de los dos.
Los pedidos de Manjiro fueron coherentes para ellos y tuvieron varias conversaciones dónde terminaron accediendo a hacer ese tramiterío aunque se sintiesen raro estar legalmente "adoptado" en caso de Chifuyu o ser el adoptante de su pareja, en caso de Baji. Pero estaban ahí por los beneficios legales.
Y un día, pasó.
Chifuyu estaba atendiendo la tienda con Kazutora como cualquier día cuando, en un silencio, el televisor se hizo oír. Pronunciando el nombre de Mikey, Manjiro Sano, atrajo la atención de ambos como moscas a la miel. Y las imágenes hicieron que ambos se estremecieran.
El teléfono de Baji sonó y lo obligó a salir de la clase, atendió en un gruñido, aunque con preocupación cuando vio que era el número de su amado.
-¡Mira las noticias! ¡Míralas!
Que manotear un celular, que poner YouTube y el vivo del primer canal de noticias que se le vino a la mente.
Sus ojos se humedecieron al instante y se llevó una mano a la boca.
-Ese hijo de puta… -pronunció.
Las pantallas lo mostraban a él, Mikey, con su ropa de pandillero, a los viejos miembros de la Toman y a lo que parecía un millar de pandilleros viejos y jóvenes frente a él mezclados entre activistas LGBT+. En el escenario, la Toman vieja y los activistas políticos estaban presidiendo el acto y Manjiro, con su descaro usual, señaló las cámaras y retó al sistema a tratar la ley.
De lo contrario repetirían la concentración de gente hasta que pusieran una fecha para tratar el tema.
Cinco días duró antes de que cedieran frente a la presión. En su mayoría, por el impacto que hubo internacionalmente y porque tener a pandilleros, tipos que parecían salidos de alguna pelea, en la calle, a plena luz del día hablaba del poder que ese enano rubio desteñido tenía.
Todo lo demás pasó con demasiada rapidez. Y tres meses después, el pueblo estaba en las calles respirando los resultados del debate.
Chifuyu y Baji estaban allí. Tomados de las manos, incrédulos y gritaron y se abrazaron, y lloraron cuando se hizo legal. Tantos años de invisibilización y políticas parche para eso. Tantos años y solo se necesito que Mikey hiciera una estúpida pregunta.
La ceremonia de graduación de Baji obligó a que, además de la toga para los graduados, todos los invitados estuvieran de traje. Los ramos de flores, las fotos y la Toman no fue una excepción. Mikey aún se regodeaba por lo conseguido y de vez en cuando les insistía sobre el tema.
Pero esas semanas estuvo muy callado. Hasta que, en la puerta del restaurante de los Kawata, Baji detuvo a Chifuyu tomándolo del brazo. Y el borrego inocente se giró a verlo, cargando él los ramos de flores que le habían dado a su pareja porque hacía unos metros se quejó de una alergia que sabía que no tenía, pero lo consintió porque era su día.
Lo vio a Baji con una rodilla en el piso y ofreciéndole una pequeña caja negra con un anillo simple, pero delicado.
-¿Crees que es el momento? -preguntó, muy a su estilo y con su voz grave, mientras Chifuyu no salía de la sorpresa y se giraba a ver a sus amigos, solo para encontrarlos sonriendo con complicidad.
-Ah, pero serán… -musitó con voz quebrada y una sonrisa traicionera. Mikey sonreía de oreja a oreja
-Ahora si no tienen excusa.
Chifuyu tiró del brazo de Baji para que se pusiera de pie, marcando la diferencia de altura entre ambos el traje oscuro contrastaba con el blanco puro de él y maldita sea Mitsuya por regalarle los trajes a medida.
-Si, siempre sí -le respondió a los labios de su amado.
