Chapter Text
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–... a pesar de que estos requisitos los pueden cumplir muchas personas en ciertas circunstancias, la diosa luna sólo les da este regalo a los que más lo necesitan, así que no lo olviden, puede que pase o puede que diosa luna tenga otro plan para ustedes queridos míos.
Los dos niños sentados expectantes por la historia recién contadas, resplandecían antes esta, a sus ojos, hermosa historia, se miraron entre sí y se sonrieron tímidamente, la mujer mayor los observaba con ternura ante la inocencia infantil, sólo un niño puede sacar lo mejor de diferentes situaciones que se les interponen, una virtud que con los años se va perdiendo, pero por ahora ella los iba a dejar disfrutar su niñez.
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Su abuela siempre le contaba esa historia cuando era pequeño, que en ese entonces lo emocionaba y soñaba con tener una vida igual de fantasiosa como esa. Tonto para la mayoría, porque ¿qué persona quisiera estar atada a otra? Bueno, para un Jimin de no más de cinco años era emocionante, romántico y excitante.
Su mejor amigo en ese entonces, un chico llamado Jeon Jungkook muy tierno, juguetón y cariñoso, siempre que escuchaban juntos ese cuento él declaraba y exigía que Jimin no tuviera a nadie en su vida hasta los 26 para así ellos estar conectados por el hilo rojo y así nunca separarse, un tierno pensamiento acorde a su edad y mentalidad.
Sólo que las cosas son mucho mas difíciles de las que ellos pensaban.
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El pequeño Jimin vivía junto con su madre y padre, su mamá era la que trabajaba y mantenía la casa, su padre era sólo un alcohólico que por desgracia llevaba su sangre. Su casa era solitaria, su padre no hacia nada más que tomar y su mamá trabajaba la mayoría del tiempo, eran muy pocas las veces que tenían tiempo juntos, pero esos pequeños momentos los atesoraban y pasaban al máximo, como todo el tiempo estaba solo, se iba a la casa de su abuelita que vivía a unas cuadras mas abajo y así también podía jugar con su amigo que vivía al lado de su abuela.
A pesar de no tener una vida de las mejores, Jimin no pediría otra, era feliz tal y como estaba... O eso era lo que pensaba.
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Al regresar de la casa de su abuela fue a su cuarto, se puso su pijama y se metió a la cama dispuesto a dormir y descansar, su mami no llegaba hasta pasadas las dos de la mañana así que ya no se esmeraba en esperarla.
Eran como la una y media de la mañana cuando se escucho el porrazo de la puerta contra la pared y las risas embriagadas de unos hombres, Jimin se despertó asustado por el estrépito, luego de calmarse decidió volver a dormir, dándole poca importancia.
Su puerta se abrió bruscamente y dio paso al hombre que se hace llamar su padre, borracho y hasta, tal vez, drogado, y tras él dos hombres de igual condición reían y peleaban.
-¡Oye, mocoso! Despierta - arrastraba las palabras, tratando de darse a entender - ¿Sabes? Perdí una apuesta y como la inútil de tu madre no hace nada mas que holgazanear y no trae dinero a la casa, no tuve mas opción que darte a ti como premio... A que soy un genio ¿no?.
Jimin no comprendía a lo que se refería, su mente infantil e inocente no entendía las atrocidades que su padre estaba hablando.
-Vayan chicos, yo me voy a ir a dormir - sin decir ni una palabra más se fue y cerro la puerta tras suyo, dejando al pequeño y tierno niño en manos de asquerosos y retorcidos demonios.
Sin ninguna vacilación se acercaron, uno tomo las manos del pequeño y las mantuvo fuertemente agarradas mientras él otro bajaba los pantalones junto con los calzoncillos de el azabache, este gritaba y suplicaba que pararan mientras estos solo reían y seguían corrompiendo al pequeño.
Estos lo tocaron y acariciaron por cada parte de su pequeño cuerpo, Jimin solo podía gritar el nombre de su madre esperando que esta llegara luego, el hombre que sostenía sus manos, bajo él cierre de su pantalón y saco su miembro, abriendo las piernas del pequeño, poniendo la punta de su pene en la virginal entrada, Jimin se movía bruscamente tratando que de ninguna manera esos hombres profanaran su cuerpo, este rindiéndose le dijo a su compañero que le agarrara las piernas, sujeto tanto de pies como de manos, Jimin no podía hacer nada, solo era un niño, el hombre estaba listo para entrar cuando la puerta de la habitación se habré y una mujer de baja estatura, con mejillas pronunciadas y labios rechonchitos entra con una pistola en mano.
-No permitiré que le hagan algo mas a mi bebé - y sin miedo ni remordimiento alguno le disparo al primer hombre en las dos piernas y al segundo en el hombro y estomago, agarro unos trapos y los amarró, su esposo estába tan borracho y drogado que no despertó en ningún momento. Luego de asegurarse de que los hombres no se iban a escapar llamo a la policía mientras iba por su hijo que se encontraba temblando, con los ojos hinchados y lágrimas todavía saliendo de estos, su mirada estaba perdida en el espacio, sólo fue hasta que su mamá trató de abrazarlo que este reacciono.
-¡No, No me toques! - decía histérico, su respiración era errática y él simplemente se desvaneció.
La mujer lloraba, lloraba por no haberlo protegido como se debe, por haber llegado tarde, por no darse cuenta de la basura de marido que tenia, que de lo único que sirvió fue para sacarle él arma que sabia que tenia escondida e ir tras los gritos de su pequeño bebé.
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Desde ese día Jimin dejó de creer en el amor y en las personas.
