Work Text:
En la mazmorra de cierto castillo de los Alpes, el aprendiz de cazatesoros Atsushi sabía que tenía muy difícil salir airoso del peligro actual: estar prisionero de un demonio al que había cabreado, y mucho, Dazai.
Un demonio que deseaba usar su corazón como ofrenda a Satanás.
Atsushi intentó que el terror que sentía, al ver al demonio pintar con una tiza roja un pentagrama en el suelo de piedra gris, no le impidiese pensar qué estrategia seguir para sobrevivir de esta también.
Se dio ánimos recordándose todas las situaciones extremas de las que se había salvado: huyendo por una ventana, venciendo a sus rivales con sus puños o confesando con franqueza a la acreedora de Dazai,cuando esta intentaba seducirlo para cobrarse la deuda en carne: „ lo siento, señora, pero tengo otras apetencias“.
No es que Atsushi supiese mucho de Demonología, ni de invocaciones ni de ofrendas, pero lo que sabía es que su tiempo para buscar una solución se acababa, así que hizo lo primero que se le pasó por la cabeza: entretener al demonio para que no siguiese con su plan de matarle.
—¡ Akutagawa !
Este perdió el equilibrio y el trazo que estaba haciendo con tiza salió torcido.
—¡ Maldita sea, llorica cazatesoros ! — el grito del demonio resonó como un trueno en la estancia mientras se daba la vuelta y todo su perfil se iluminaba con un halo potente rojo.
Atsushi no pudo evitar que su cuerpo temblase de miedo porque Akutagawa daba realmente terror por la expresión furiosa de su rostro, sus ojos rojos y los dientes afilados que mostraba al gruñirle.
Sus labios se estiraron formando un bosquejo de sonrisa mientras una carcajada, seca como una tos, salía de su garganta.
—¿ Te aburres esperando y quieres participar ya en la función ? — siseó con diversión maniática mientras la punta de la capa que le envolvía tomaba la forma de unas garras y las dirigía hacia el pecho de Atsushi, quien inútilmente trató de echarse atrás.
Estaba atado de pies y manos contra el pilar de la mazmorra y sus intentos de evitar la garra de Akutagawa solo fueron movimientos espasmódicos y sollozos que divertían mucho al demonio, quien emitió un sonido de reconocimiento cuando la ropa que cubría el pecho de Atsushi fue desgarrada.
— Está bien que seas tan cobarde, eso hace que pueda comprobar, por los potentes latidos de tu corazón, que eres una buena ofrenda.
Las puntas de las garras presionaron de forma muy ligera la piel del pecho de Atsushi y este soltó un alarido de pánico porque no podía ser que fuera a morir de una forma tan estúpida.
—¿ Estúpida consideras ser ofrendado a ese tal Satańas? — se volvió a burlar el demonio, quien satisfecho de haber espantado a tal extremo a Atsushi, retiró al fin las garras.
Atsushi intentó recuperar el resuello sintiendo un gran alivio al saber que por el momento se había librado de morir.
El demonio reanudó su tarea de pintar en pentagrama con la tiza roja que portaba en la mano.
Atsushi, intentando volver a pensar en una salida, se dio cuenta de la tranquilidad con que el demonio había borrado con la mano derecha la línea torcida y seguía dibujando.
¡ Ese era el motivo de porque seguía vivo ! Hasta que el pentagrama no estuviese acabado de nada servía su corazón. Tenía que volver a detenerle.
—¡ Akutagawa !
El otro rugió y le miró con más furia si cabía más.
— ¡Si no te callas, te arrancaré el corazón produciéndote el mayor dolor posible!
Aunque Atsushi sabía el riesgo que corría enfadándole tanto, no tenía mucho más que perder, pues su vida estaba en juego.
—Para ser un demonio es sorprendente que hubieras pensado en la forma menos dolorosa.
—¡ Eres estúpido, Atsushi!
—Vaya, sabes mi nombre.
Akutagawa volvió a ponerse frente a él y le agarró del cabello tirando de él, con tanta fuerza, que dos lagrimones salieron de sus ojos.
—¡ Sé todo sobre ti !
Antes de que Atsushi le preguntase cómo, el otro le respondió con cierta soberbia:
— Los demonios leemos las emociones de los humanos y tú eres tan obvio que me aburres.
—¿ Obvio en que sentido ?
—Deseas el reconocimiento de ese patético de Dazai. Odio a la gente como tú, que no se valora a sí mismo.
—¡ Tú también buscas el reconocimiento de Satanás! — le acusó Atsushi un tanto ofendido por las palabras del demonio, aunque no iba errado.
Akutagawa soltó una carcajada que pareció un ladrido seco.
—¿ Te has creído esa mentira de Dazai ?
—¡ Él te conoce !
—Muchos me conocen, soy un demonio de rango tercero A mayúscula y mi nombre sale mucho a colación entre vuestros tristes asuntos terrenales.
—¡ No he entendido nada ! ¿ Que tú eres un rango qué…?
—No voy a perder ni un instante culturizándote.
Dicho esto, soltó a Atsushi.
—Si vuelves a abrir esa bocaza te hago tragar esta tiza y acabo de pintar el pentagrama con tu sangre.
Pero Atsushi tenía una debilidad más grande que el miedo y era la curiosidad. Cuando quería saber algo, nada le podía detener.
—Hablas de Satanás como algo ajeno a ti, incluso con un poquito de desprecio. Sino quieres mi corazón para ofrendárselo al rey de los demonios, ¿para quién entonces?
Akutagawa pareció meditar en lo que acaba de preguntarle Atsushi y, sorprendéntemente, respondió:
— Estimo justo que sepas para qué vas a morir.
— ¡ Qué considerado ! — replicó con ironía Atsushi. Akutagawa solo se rió mordaz.
Tosió dos veces antes de empezar a explicar con cierto, inesperado, apuro:
— Está esa bruja, Higuchi…
—Hay mujeres muy malas — se solidarizó Atsushi con Akutagawa recordando la que casi le toma su virginidad.
— Higuchi es una bruja, literal — le aclaró Akutagawa.
—¡ Oh !
— Ella, esto, me invocó…
—¡¿ Te invocó?!
—Me invoco.
—¿ Tan poderosa es ?
Akutagawa fue a responder, pero se lo pensó mejor.
— Está chiflada — dijo al fin—. Me invocó para pedirme ayuda para sanar a su hermana…
—¿ Puedes curar a la gente ?
—¡ Deja de interrumpirme ! Y sí, puedo hacerlo. De hecho puedo hacer muchas cosas que para vosotros son milagros, para mí son apaños sin más. Sanar de su enfermedad pulmonar a su hermana fue nada más que un chasquido de dedos para mí.
Atsushi tuvo en su mente un par de deseos que podía pedir a Akutagawa, como tener mucho dinero, ser más atractivo o más inteligente. Aunque lo más urgente era que le perdonase la vida.
—¿ Quieres mi corazón para ella ?
—¡ Para librarme de ella ! Higuchi es, es, es….. insoportable. ¡ Pero me invocó y hasta que no me deje ir, debo quedarme a su completa disposición!
—¿ Te utiliza ?
El demonio parecía sentir cierto apuro al hablar de su relación con la bruja.
— Digamos que está muy obsesionada conmigo.
Akutagawa parecía muy triste y Atsushi no pudo evitar sentir empatía.
—¿ Echas de menos tu hogar ?
Akutagawa asintió.
— A mi hermana sobretodo.
—¿ Tu hermana?
—¡ Por eso quiero abrir un portal, mandar a Higuchi a los infiernos y traer a mi hermana aquí !
—¿ Quieres hacer un trueque ? — se sorprendió Atsushí.
—Sí. Esa bruja va a servir de entretenimiento a muchos allá.
Aquello le parecía terrible, pero, en fin, no se iba a meter a defender a la tal Higuchi. La sonrisa de Akutagawa al imaginar sin duda lo que le aguardaba a la bruja, le dio escalofríos a Atsushi.
— ¿ No sería más fácil volver tú?
—Quiero quedarme más por estos lares. Los infiernos ya los tengo muy vistos y esto es estimulante, además he hecho amigos.
No le sorprendió en demasía a Atsushi. Ahora que Akutagawa estaba abriéndose, hasta le caía un poquito bien.
—Oye, Akutagawa, entiendo tu problema y me gustaría ayudarte, pero podrías dejar de lado mi corazón.
— El guardián del portal requiere de un pago — le explicó con naturalidad lo obvio, no tan obvio para Atsushi.
—¿ Y no puedes darle otra cosa? — preguntó Atsushi con una risita nerviosa.
Akutagawa negó con la cabeza y entonces se escuchó una voz de mujer:
—¡Akutagawa- sama!
Akutagawa se puso rígido.
—¡ Maldición ! Ella ya ha llegado y aún no he terminado el pentagrama !
¿ Ella?
Akutagawa volvió a dibujar en el suelo a toda prisa, mientras la voz de la mujer se acercaba.
Sonrió satisfecho cuando acabó el pentagrama y justo entonces ella apareció por la puerta de la mazmorra.
Debía ser la tal Higuchi porque llevaba un gorro puntiagudo de bruja y ropas negras que parecían trapos. Aún así la chica era muy guapa, con buen tipo y un largo pelo rubio.
—Akutagawa- sama. He venido con mi escoba volando lo más rápido que he podido tras recibir tu mensaje — dijo ella apresurándose a acercarse a él y Atsushi pudo ver entonces que en su mano derecha sostenía una escoba—. ¿ Te encuentras bien? Yo puedo darte lo que más te gusta — añadió coqueta, mientras se abría ligeramente el escote.
Atsushi no daba crédito a lo que veía. ¿Akutagawa y Higuchi? ¿ Ellos dos ? ¿Estaban liados? ¿ No había dicho que no la soportaba? ¿ No quería mandarla al infierno?
La respuesta a la provocación de Higuchi fue girar la cabeza con incomodidad hacia Atsushi. Su mirada significaba: „ a esto me refería yo „
Entonces Higuchi le descubrió y sus ojos dulces y pícaros se volvieron agrios y amenazadores.
—¿ Quién es este?
Higuchi fue donde Atsushi y le agarró con sus uñas largas negras por la barbilla.
—¿ Por qué está medio desnudo ?
Atsushi estaba completamente vestido, solo su pecho estaba al descubierto.
— Es alimento para Chuuya.
Aquella explicación pareció contentar a Higuchi.
El cerebro de Atsushi estalló.
Chuuya.
Ese era el nombre de un antiguo compañero de aventuras de Dazai, alguien a quien su sensei tildaba de insoportable, malhablado y cascarrabias. Aún así, cuando bebía de más, Dazai utilizaba un tono nostálgico al referirse a él, como si le extrañara muchísimo.
—¿ Chuuya está aquí ? — acabó preguntándole a Akutagawa, lo que hizo que Higuchi levantase recelosa una de sus cejas.
— Akutagawa, tú me ocultas algo. Este conoce a Chuuya de antes, es algo más que un donante de sangre.
¿ Donante de sangre? ¿ Qué porras era Chuuya?
Aquello pintaba cada vez peor.
— Se llama Atsushi — le explicó con impostada tranquilidad Akutagawa —, es el aprendiz del antiguo amante de Chuuya.
Le costó un poquito a Atsushi el asociar lo de „antiguo amante de Chuuya“ con Dazai, pero tras esto todo tomó otro sentido.
Higuchi rió traviesa.
— Ahora entiendo lo de los gemidos que he escuchado en el dormitorio de Chuuya mientras venía hacía aquí. Debe estar ajustando cuentas.
¿ Qué ? Mientras Atsushi luchaba porque su corazón no se convirtiese en ofrenda para el guardián de un portal interdimensional con los infiernos, Dazai estaba follando con el tal Chuuya.
Tampoco es que le sorprendiese mucho. Era típico de Dazai.
Higuchi pareció dejar de estar interesada en Atsushi y volvió a acercarse a Akutagawa con ciertos contoneos que no dejaban lugar a ninguna duda de lo que quería ella.
— Nosotros también podríamos ajustar cuentas, Akutagawa-sama.
A Atsushi ese acoso sexual por parte de la bruja le estaba resultando deleznable. Comprendía el porqué Akutagawa no la soportaba y quería mandarla a los infiernos.
Iba a intervenir para parar aquello, justo cuando la bruja empezaba a levantarse las faldas y Akutagawa retrocedía, Higuchi descubrió algo que le quitó la libido de pronto.
—¿ Por qué hay un pentagrama aquí ? — exigió con muy malas pulgas.
—¿ Tú qué crees ? — se burló Akutagawa dejando su papel de demonio esclavo condescendiente.
Akutagawa invocó del aire una larga serpiente negra que rodeó el cuerpo de Higuchi apresándola. Se oyó un golpe seco, el producido por la escoba al caer y ese ruido fue como el detonante para que Higuchi saliese de su estupor ante la rebelión de su demonio y empezase a dar alaridos:
—¡ Suéltame ! ¡ Ni se te ocurra, Akutagawa, ni lo pienses! ¡Yo te invoqué, me sirves!
—Contra una bruja en celo que no entiende que no tengo ningún interés en ella. Higuchi, lo siento, pero tengo otras apetencias.
El corazón de Atsushi se detuvo. Eran las mismas palabras que él mismo había usado para librarse aquella vez de aquella acreedora de Dazai. ¿Significaba que a Akutagawa también le gustaban los hombres?
Sus dudas se esfumaron cuando el demonio le guiñó un ojo y el rostro de Atsushi ardió de vergüenza, aunque su pecho se inflamó de complacencia.
—¡ Si ya sabía yo que algo pasaba cuando siempre me rechazabas ! — gritaba Higuchi mientras intentaba no ser arrastrada hacia el centro del pentagrama por la fuerza de atracción que había creado Akutagawa.
Las sujeciones de Atsushi se soltaron y este recuperó la movilidad con cierto dolor en sus articulaciones.
— ¿ No temes que huya ? — le preguntó a Akutagawa mientras se frotaba las endoloridas muñecas.
Este le respondió en mitad del griterío de Higuchi:
— Sé que no lo vas a hacer.
Ambos compartieron una sonrisa sincera que no se le escapó a Higuchi, quien al debilitarse dejó de resistirse unos instantes y acabó en mitad del pentágrama.
Akutagawa tenía un puñal en su mano y en un principio Atsushi pensó, con cierto desazón, que lo iba a emplear contra la bruja.
La hoja del puñal abrió la piel de la muñeca derecha de Akutagawa y empezó a verter su sangre en el pentagrama.
Higuchi pasó del enfado a la histeria.
—¡ Para, nooooo, por favor, Akutagawa- sama, no lo hagas!
El demonio murmuraba algo en un idioma que Atsushi no entendía.
—¡ Akutagawa- sama, por favor, no abras el portal !
¿ Abrir el portal ?
La habitación empezó a brillar con una luz rojiza y ese brillo se centró en la pared de la izquierda, dispersándose formando dibujos que semejaban kanjis incomprensibles.
Akutagawa dejó de enunciar su encantamiento y observó con mucha seriedad como en mitad de esos kanjis se empezaba a abrir una ventana hacia un paisaje extenso seco lleno de fuego con montañas áridas al fondo.
Atsushi se tuvo que frotar los ojos para estar seguro que no alucinaba.
— ¿ Eso es el infierno ? — preguntó embobado por su asombro.
— Sí, mi hogar — respondió Akutagawa con una emoción tierna en su voz.
Higuchi era un mar de llanto desesperado.
— Akutagawa- sama, por favor.
Su ruego fue silenciado cuando un demonio vestido completamente de amarillo, con gafas protectoras, salió del portal. Debía ser el guardian. No parecía especialmente peligroso.
— ¡ Akutagawa- kun! ¿ Quieres volver? — su voz era muy alegre.
—¡ Kajii- san ! Aún no.
—¡ Oh ! ¿ Entonces para qué has abierto el portal ?
— Quiero hacer un trueque, te doy esta bruja en lugar de mi hermana.
Kajii pareció interesado y se aproximó a Higuchi que intentó huir, pero estaba atrapada por las líneas del pentagrama.
—¿ Sabes hornear tarta de limón, cariño?
Higuchi, a pesar de su terror, puso los ojos como platos, antes de gritar indignada:
—¡ Soy una bruja, no una repostera! En mi horno solo he cocinado niños, niños tiernos y sabrosos !
El demonio Kajii puso cara de asco.
—Con lo buenos que están los limones.
De sus manos sacó un limón y se lo metió en la boca a Higuchi para que se callase.
— Ahora entiendo el porqué quieres librarte de ella, Akutagawa- kun. Bueno, me puede interesar. Si sabe usar un horno, puede aprender a hacer pasteles de limón. Tengo justo los limoneros de mi huerto llenos.
¿ En serio había campos de cultivo en el infierno?
Quizá las dos dimensiones no eran tan distintas.
— Bueno, Akutagawa- kun — continuó Kajii de buen humor —, cerremos el trato. ¿Cuál es la ofrenda ?
Atsushi se colocó la mano derecha sobre su pecho, protegiendo su corazón, mientras Kajii le miraba a través de sus gafas de protección.
—Es muy raro que una ofrenda esté en libertad — comentó con diversión Kajii.
— Él no es la ofrenda — aclaró con firmeza Akutagawa. Luego se tapó la boca con el puño acallando una tos y Atsushi sintió que se derretía al ver cierto sonrojo en las mejillas de Akutagawa.
Kajii empezó a reírse con ganas y eran tan potentes sus carcajadas que Atsushi se tapó las orejas.
—Entiendo —dijo Kajii de buen humor—. De todas formas los corazones a la parrilla no son de mi agrado. Aún así, Akutagawa-kun debes pagar por usar el portal.
Akutagawa señaló a Higuchi.
— Ella es parte del trueque, debe ser otra cosa.
Akutagawa se encogió de hombros.
—No tengo nada más.
Kajii pareció reflexionar unos instantes. De pronto levantó los brazos entusiasmado.
—¡ Ya lo sé, os utilizaré para hacer pruebas de mis bebés !
A Atsushi no le gustó nada la cara de desagradable sorpresa que puso Akuuagawa.
Kajii tiró con una docena de limones al suelo y al chocar, explotaron y entre un humo amarillo se convirtieron en una mezcla de avispas, pájaros, lagartos y armadillos.
—¡ Atsushi ! — le gritó Akutagawa que se preparase a luchar y es que esas cosas se lanzaron contra ellos intentando picar y morder mientras volaban con rapidez a su alrededor.
Atsushi empezó a darles patadas y puñetazos, Akutagawa les atacaba formando su capa la forma de garras. Estaban en clara desventaja.
Kajii estaba disfrutando el espectáculo a fondo.
— ¡ Vamos a morir ! — gritó Atsushi juntándose con Akutagawa.
— Yo no puedo morir, pero tú sí si te pica uno de ellos — declaró Akutagawa.
— ¡ Perfecto ! — gimió Atsushi mientras arreaba varios golpes a los bichos aquellos, a los que no parecía afectarles.
Akutagawa se acercó a Higuchi, que no estaba siendo atacada por encontrarse dentro del pentagrama.
— Si nos ayudas, cancelo el trueque.
Higuchi miró a Atsushi como pensando. Asintió.
Akutagawa le quitó el limón de la boca y la serpiente que la ataba desapareció.
— Atsushi, métete en el pentagrama — le gritó Akutagawa. Así lo hizo y con los tres dentro los bichos limoneros no podían atacarles. Higuchi empezó a soltar rayos de poder desde sus manos y tumbó, tras varios intentos, a uno.
—¡ Higuchi, eres increíble ! — la alabó con sinceridad Atsushi. Higuchi rió complacida.
— Vaya, vaya. La bruja es buena — aplaudió Kajii—. Habrá que subir el nivel.
Los once bichos limoneros se posaron sobre su compañero caído y una luz amarilla les envolvió. Cuando se extinguió Atsushi supo que estaban bien jodidos. Los doce se habían juntado creando uno solo enorme.
— Voy a morir — se lamentó.
— ¡ No lo permitiré ! —le aseguró Akutagawa.
Atsushi sintió de nuevo esa calidez en su pecho, a pesar de su miedo.
Higuchi levantó los brazos preparada para atacar a esa bestia limonera, mientras Kajii se reía con todas sus ganas, cuando algo salió del portal abierto.
Era un demonio pequeño, delgado, vestido de negro, con el largo cabello negro atado en una cola alta y su rostro medio cubierto por una máscara.
Dio tres volteretas en el aire para elevarse, llegar a la altura de la cabeza de la bestia y, de un tajo preciso, rebanársela.
Toda la forma de la bestia limonera se esfumó en un pluff y una docena de limones cayeron al suelo.
Kajii se quedó con la boca abierta de par en par, Atsushi aún no podía creer que aquel demonio que parecía un ninja les había salvado, Higuchi empezó a gritar entusiasmada, mientras sus ojos formaban dos corazones.
Akutagawa se había quedado como congelado.
El demonio ninja envainó su espada y solo entonces Kajii reaccionó.
— ¡ Demos la bienvenida al Exterminador ! — y empezó a aplaudir.
Higuchi abandonó el pentagrama y corrió hacia el Exterminador.
— Eso ha sido tan épico, lo has derrotado de un golpe, sin dudar. Me declaro tu más grande admiradora, Exterminador. Me llamo Higuchi y soy una bruja de primera clase. Yo…
— ¡ Gin ! — gritó Akutagawa saliendo al fin de su estupor y corrió hacia el Exterminador, quien fue a su encuentro y le abrazó.
— Onichan — le saludó el Exterminador con una dulce voz femenina.
Atsushi e Higuchi estaban estupefactos. ¿ Aquella era la hermana de Akutagawa ?
Cuando los dos hermanos dejaron de darse muestras de cariño, Akutagawa les aclaró lo evidente.
— Esta es mi hermana pequeña, Gin, más conocida como el Exterminador, la más mortífera cazadora de monstruos de los infiernos.
Las mejillas de Gin se tiñeron de rosa.
— Onichan, no me halagues así, es incómodo.
— Eres una heroína, allá — confirmó Kajii mientras recogía sus limones — y ahora lo serás aquí. Ya que veo que el trueque se ha cancelado, os dejaré a toda la familia junta, así podré entrenar a mis bebés sin el peligro de que tú les cortes el cuello.
En un abrir y cerrar de ojos, Kanjii, los limones y el portal desaparecieron.
Gin corrió hacia la pared. Tarde.
Se dio la vuelta y, con frustración , se quitó la máscara.
—¡ Es preciosa ! — gritó Higuchi con dos corazones en sus ojos aún más grandes.
— Tranquila, Gin — le aseguró Akutagawa —. Aquí te lo vas a pasar bien y encontraremos la forma de volver. Hay más guardianes, es pillar cuando Kajii no esté de turno, seguro que Tachihara te deja pasar sin ofrenda.
Aquello hizo sonreír a Gin.
—¿ Quién es Tachihara ? — preguntó Higuchi sin ocultar sus celos.
Akutagawa era consciente del comportamiento significativo de Higuchi hacia su hermana y aprovechó las circunstancias.
—Higuchi, ¿ me liberas de tu invocación?
Higuchi se mordió el labio inferior reflexionando.
Miró a Atsushi con desprecio, luego a Gin y sus ojos brillaron.
— De acuerdo — aceptó.
— Bien, favor con favor. Gin — llamó a su hermana que estaba observándoles en silencio. Se acercó — Esta es Higuchi, está deseosa de enseñarte todo sobre esta dimensión.
Atsushi no daba crédito a todo lo que acababa de suceder.
¿ De verdad estaba haciendo de celestino entre su hermana e Higuchi ? Aunque lo cierto es que ambas sonreían mientras charlaban.
— Bueno, pequeño aprendiz de cazador de tesoros — le habló Akutagawa poniéndose frente a él. Atsushi notó el tono juguetón inconfundible de un flirteo. Una sonrisa de satisfacción bailó en los labios de Atsushi— Parece que hemos ganado y tu corazón sigue intacto.
— No diría yo que mi corazón siga igual de intacto — replicó coqueto Atsushi.
Aquello gustó a Akutagawa.
— Pronto amanecerá, tiempo para retirarme a mi alcoba. Es un lecho grande y espacioso para dos. Dime, Atsushi, ¿querrías que te enseñe mis secretos?
La respiración de Atsushi se alteró, la sangre empezó a circular más rápido y notó un tirante calor en su entrepierna.
Con cierta timidez asintió con la cabeza.
Akutagawa se aproximó más a él hasta que su aliento se mezcló con el suyo.
— Atsushi, ¿ eres virgen, verdad?
Atsushi dio un paso atrás por la inesperada pregunta. Seguro que por su instinto demoníaco Akutagawa ya lo sabía y,,, era muy incómodo responder a eso.
Akutagawa soltó una risita llena de satisfacción. Le volvió a alcanzar, le rodeó el cuello con el brazo derecho y mientras se inclinaba, antes de besarle en los labios, le vaticinó: — Mañana ya no lo serás.
Dos noches más tarde, dos figuras vestidas de negro aparecieron delante de Fyodor y Gogol.
— Somos el Doble Negro, preparaos a morir.
Luego una bruja y un ninja aparecieron tras ellos. Por último un demonio rodeado de un halo rojo apareció flotando sobre ellos y un valiente y enamorado aprendiz de cazatesoros estaba dispuesto a acabar con los rusos con sus puños.
Sobre una colina, una preciosa niña vampiro rubia observaba el inicio de la batalla.
—¡ Rintaro! ¿ Quién crees que va a ganar?
El jefe del clan de los vampiros se acercó amoroso a la niña.
—¿ Quién quieres que gane, mi preciosa, Elise-chan?
—Yo estoy con Chuuya.
— Yo también.
Elise aplaudió.
Mori miró hacia su compañero que estaba a su lado.
— ¿ Qué opinas tú, lobo plateado?
Fukuzawa gruñó.
— No me llames así.
— Si eres un hombre lobo.
— Por eso mismo. Además tú ya sabes quién va a ganar. Todo esto lo organizaste tú al darle la clave para encontrar el grimorio a Chuuya.
Mori se rió divertido.
— Me conoces demasiado.
— Por desgracia.
—¡ Callad! — le pidió Elise— ¡ Ya empieza !
Y la noche se llenó de sangre, dolor y venganza cumplida.
Tras la pelea, un gato maulló a la luna satisfecho.
