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La gran invasión

Summary:

Cuando los cerdos se vuelven demasiado ruidosos, es cuestión de lógica buscar un nuevo hogar ¿no?

Notes:

Holi~s! Aquí con un nuevo fic de 86, que está inspirado en un tweet de Shirabii-sensei (la persona que ilustra la novela) sobre los disfraces que usarían cada uno en Halloween (lo gracioso es que después nos bendijo con una ilustarción de Shin, Raiden y Theo con sus disfraces XD). Y si, un día tarde, pero es que la vida de adulto que tiene trabajo esta fea :'v

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Era un día pacífico en el palacio blanco, la reina plateada se encontraba tomando un descanso de sus labores reales para dedicarse a actividades más mundanas como… aprender los secretos de la costura.

— ¡Auch! – como de costumbre, tales tareas se le daban muy mal, pues acababa de pincharse el dedo y una gota de sangre cayó sobre su inmaculado vestido blanco, sobresaliendo como una rosa en medio de la nieve.

— Quisiera saber qué dirían nuestros enemigos si supieran que la razón por la que te llaman "la reina manchada de sangre" es esta, Lena. – dijo la científica residente al entrar a la sala.

— A-a ti tampoco se te da bien esto, Annette. – protestó la reina mientras miraba con angustia su vestido. Su ayudante de cámara iba a regañarla de nuevo.

— Por eso yo ni lo intento. – se encogió de hombros – Pero dejando eso de lado, al parecer tenemos un visitante. Cámbiate rápido y ven a atenderlo.

— ¿Un visitante? – repitió la reina aturdida.

Pero antes de que pudiera siquiera levantarse, la puerta se abrió de golpe y un rubio bufón entró a la habitación haciendo piruetas.

— ¡Ja ja ja! ¡Me temo que no tienes nada de tiempo, reina plateada! – dijo el bufón deteniéndose frente a la reina y haciendo una ridícula reverencia.

— ¿¡Eh!? ¿¡Porqué entras tan tranquilamente a mi habitación, Theo!? – la reina protestó mientras trataba de esconder la mancha de sangre tras un abanico.

— Es de muy mala educación. – señaló la científica mientras se ponía sus lentes y le dedicaba una mirada de reproche.

— Solo estoy haciendo lo que me pidieron. – dijo el bufón con disgusto, aunque su semblante se tornó un poco pálido de repente y habló elevando la voz como si tratara de que alguien fuera de ahí lo escuchara – Además, esta es la ANTESALA de tu habitación, Lena. NO ES LA HABITACIÓN EN SI.

La reina y la científica loca lo miraron desconcertadas, así que el bufón se aclaró la garganta.

— En fin, estoy aquí para informarte que tomaremos este castillo. – dijo con tono aburrido, abandonando por completo sus deberes como bufón.

— ¿Eh? ¿Una declaración de guerra? Pensé que teníamos un acuerdo. – la reina frunció sus cejas plateadas.

— Si, bueno. La verdad es que no tenemos problemas viviendo fuera, pero los chillidos de tus cerdos blancos cada vez que nos ven cerca son demasiado molestos – el bufón hizo una mueca de disgusto – y pensamos que aquí adentro no se escucharían.

— Pero si se trata de eso, podían enviarme una queja formal, así yo revisaría la situación y podríamos llegar a otro acuerdo…

— Para nuestro líder es demasiado molesto lidiar con el papeleo – interrumpió el bufón mientras cruzaba los brazos tras su cabeza – así que simplemente dijo "El palacio se ve cómodo, podemos solo dormir ahí". Por eso hemos venido a tomarlo.

La reina soltó un suspiro exasperado.

— En serio, con un poco de papeleo podríamos… – de repente se dio cuenta de algo – ¿Dijiste "hemos venido"? ¿Te refieres a que está pasando en este momento?

El bufón mostró una sonrisa que recordaba a un zorro burlón.

— Exacto. A mi solo me pidieron adelantarme un poco para anunciártelo.

Como si hubiese estado esperando una señal, el palacio entero tembló al tiempo que se escuchaba un espantoso estruendo que indicaba que las pesadas puertas de la entrada habían sido abiertas bruscamente.

— ¡Su majestad, he venido a jugar! ¡Aunque me temo que a partir de hoy nos la pasaremos de pijamada!

La voz de la cíclope resonó por todo el lugar y la sonrisa del bufón se ensanchó.

No obstante, la reina no mostró señales de preocupación más allá de fruncir el ceño.

— Annette. – dijo simplemente.

— Si, si... – la científica sacó un control remoto de su bata y tras oprimir un botón se escuchó otro estruendo seguido de la voz de la cíclope.

— ¡Waahh! ¡Eso dolió, su majestad! ¿¡No estas siendo demasiado agresiva!? – protestaba.

— Theo, por favor transmítele mis disculpas a Shiden luego. No pretendía ser agresiva con ella, pero no se me ocurrió una mejor contramedida. – suspiró la reina.

— Tengo un poco de miedo de preguntar que le hiciste. – dijo el bufón, empezando a sudar – Espera, ¿¡desde cuando soy tu mensajero!?

— Por favor envíame tus quejas por los medios pertinentes después. Ahora tengo que lidiar con una invasión.

— ¿Eh?

Tras cruzar otra mirada con la científica loca, esta presionó otro botón y una trampilla se abrió a los pies del bufón.

— ¡Esto es injusto, Lenaaa! – el grito del bufón se perdió a medida que se deslizaba por el túnel al que había caído.

La reina finalmente se levantó de su silla real y se encaminó junto a la científica fuera de su habitación.

— Veamos, los guardias deberían ganar un poco de tiempo mientra… – antes de que pudiese terminar su frase, se escuchó un aullido demasiado cercano para su gusto.

— Oh no... – suspiró la científica loca mientras se preparaba para presionar otro botón.

No obstante, a solo un segundo de conseguirlo, el artefacto desapareció de su mano.

— Lo siento, Lena, pero tus cerdos blancos no sirvieron ni para eso. – el hombre lobo les sonrió de manera confiada mientras destruía el control con sus enormes garras.

— De hecho fue más interesante lidiar con tus trampas. – la suave voz de la bruja de nieve resonó en el pasillo, precediendo su llegada junto con la escarcha que se expandía por las paredes – Pero lo siento, nosotros ya ganamos.

— Ahora se buena chica y solo decreta que esta es nuestra casa. – añadió el hombre lobo. El movimiento de su cola delataba su buen humor.

Mientras la científica miraba con un tic cómo los restos de su control caían esparcidos por el suelo, Lena se llevaba una mano al entrecejo para combatir el dolor de cabeza que le producía la inutilidad de sus guardias. No obstante, solo le tomó un momento reponerse.

— Gracias, supongo. – suspiró – Como recompensa, Raiden, por favor acepta esto.

La reina miró una vez más a la científica, quien salió de su shock y de inmediato lanzó algo en dirección al hombre lobo.

— Por favor, no creas que podrás engañarme como a cualquier pe… – al percibir el olor del sazonador especial que había preparado la científica, el hombre lobo se encontró corriendo tras el trozo de carne sin siquiera darse cuenta, yendo directamente a una espaciosa jaula de plata que lo esperaba al final del largo pasillo.

— Me alegra que sirviera de algo llevar ese pedazo de carne a todos lados. – refunfuñó la científica.

— El orgullo de Raiden-kun va a estar muy dañado cuando termine de comer. – comentó la bruja con diversión mientras observaba al hombre lobo devorar con entusiasmo su comida – Pero ¿Qué hará ahora, su majestad? Tus ingeniosas trampas no funcionarán más a causa de mi hielo y aun queda Shin-kun.

La reina correspondió la sonrisa de la bruja.

— No te preocupes, Anju, la planeación estratégica es el núcleo de mi trabajo. – dijo.

— ¡DUSTIIIN! ¡LA CALEFACCIÓÓÓN! – gritó la científica rodeando su boca con las dos manos para asegurarse de que su voz llegara a la persona que quería.

— ¿Calefacción? – preguntó la bruja, confundida. Luego notó como la escarcha que antes adornaba las paredes empezaba a derretirse – ¿¡Eeeh!? ¿¡Estas calentando todo el palacio!?

— Es un sistema nuevo que estábamos esperando probar el próximo invierno. – explicó la científica – Me alegra que la instalación se haya hecho correctamente.

— Por supuesto, consume una cantidad importante de recursos, así que aun estoy tratando de idear una distribución adecuada. – agregó Lena mientras presionaba un botón escondido en la base de su abanico y otra jaula de plata caía sobre la aturdida bruja.

— Majestad, ¿esta temperatura está bien? ¡A-Anju! – un erudito salió de una de las salas, al ver a la bruja de hielo en la jaula, su rostro mostró un sonrojo bastante visible.

— Dustin… ¿podemos hablar después?

La bruja le sonrió al erudito de manera dulce… mientras un aura oscura la rodeaba, causando que el muchacho palideciera, pese a asentir frenéticamente.

La reina y la científica observaron la escena con un cierto sentimiento de culpa, no obstante, decidieron no intervenir.

— Con esto ya solo debería quedar…

En ese momento, una pequeña colonia de murciélagos entró volando por la chimenea, y antes de que alguien pudiese reaccionar, se había reunido tras la reina, dando lugar a un joven de elegantes orejas puntiagudas y ojos tan rojos como la sangre que de inmediato tomó la mano con que la reina sostenía su abanico para evitar que pudiese presionar más botones ocultos mientras los dedos de su mano libre rodeaban su cuello.

— No esperaba que en verdad tuvieras una contramedida para todos. – dijo al oído de la reina, el cual casi rozaba con los colmillos que sobresalían de su boca.

— Shin… – suspiró la reina, con su rostro aun más sonrojado de lo que había estado el del erudito.

— Lo siento, Lena, pero este es el final – declaró – dile a todos que…

El vampiro se interrumpió a si mismo al notar la única mancha de sangre en el vestido inmaculado de la reina. Sus ojos, ya sangrientos, adquirieron un brillo particular y sus colmillos parecieron sobresalir aun más.

— Rita, libera a todos y explica a los otros que a partir de ahora compartirán su palacio con nosotros. – le pidió a la científica al tiempo que cargaba a la reina en sus brazos como si fuese lo más natural del mundo.

— ¿¡EH!?

Todos en el pasillo estaban sorprendidos más por las acciones del vampiro que por sus palabras. La reina, en particular, daba la impresión de que empezaría a echar humo por la violencia de su sonrojo, el cual no hizo más que aumentar cuando el vampiro dio media vuelta para adentrarse en sus aposentos.

— ¡E-espera, Shin! – intentó protestar.

— Yo estaré acordando la distribución con Lena, así que será mejor que no nos molesten hasta mañana.

La sonrisa hambrienta del vampiro, que solo la reina pudo ver en ese momento, fue lo que la dejó indefensa y sin palabras mientras este cerraba la puerta...


— ¡Espera, no te la comas!

Kurena y Frederica se despertaron gritando al unísono, para sorpresa de los demás.

— ¿Qué sucede, Kurena-chan, Frederica-chan? – preguntó Anju.

— Seguro tuvieron una pesadilla donde les robaban sus dulces. – dijo Theo.

— Y eso que ya comieron demasiados. – resopló Raiden.

— Pero da la impresión de que era la misma pesadilla, están demasiado bien sincronizadas. – observó Annette.

— Eso si que es inusual. – comentó Lena.

— Ya que despertaron, deberían irse a su habitación. – fue la orden de Shin.

Las dos chicas observaron a su alrededor mientras rememoraban la fiesta de disfraces que habían tenido esa tarde, a insistencia de la menor. Ambas habían disfrutado demasiado de los dulces, por lo que habían estado llenas de energía por un tiempo, pero en algún momento habían caído presas del sueño. No habían sido las únicas víctimas, muchos otros dormían en el suelo o sobre las mesas, por lo que los demás habían decidido empezar a limpiar antes de despertar o ayudar a los caídos a llegar a sus habitaciones.

Ninguno había ido a cambiarse aun, pero ya habían empezado a quitarse algunos accesorios de sus disfraces, lo cual le confirmó a las chicas que se encontraban en el mundo real, no en ese extraño sueño.

— ¿Qué pasa, Kurena, Frederica? – preguntó Shin, ya que se habían quedado mirándolo.

Ambas chicas soltaron un suspiro de alivio al comprobar que no tenía colmillos —ni siquiera los falsos—. Aunque de igual manera se cercioraron de que el vestido blanco de Lena no presentaba ninguna mancha.

Notes:

Y pues, este ha sido mi aporte de Halloween :v la verdad es que lo escribí superrápido porque una conversación me animó, pero ya quedaba muy poco tiempo para hacer algo más elaborado :'v pero bueh, si le saque una sonrisa a alguien me daré por satisfecha~

Nos leemos(?)