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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Language:
Español
Collections:
Fictober 2021 de Miruru
Stats:
Published:
2021-11-04
Words:
711
Chapters:
1/1
Kudos:
6
Hits:
78

Riesgo

Summary:

DIA 31 de Fictober 2021 - La fiesta benéfica del grupo empresarial empezó llena de sorpresas cuando vio, en una mesa al fondo, a Antonio charlando con un hombre alto como un muro y muy intimidante. Se le veía bien. Desde la desastrosa cena no habían vuelto a hablar, aún menos verse. Estaba guapo con ese traje chaqueta de color gris, pero le parecía ver en sus ojos un velo de tristeza que no sabía si estaba imaginando.

Notes:

Work Text:

La fiesta benéfica del grupo empresarial empezó llena de sorpresas cuando vio, en una mesa al fondo, a Antonio charlando con un hombre alto como un muro y muy intimidante. Se le veía bien. Desde la desastrosa cena no habían vuelto a hablar, aún menos verse. Estaba guapo con ese traje chaqueta de color gris, pero le parecía ver en sus ojos un velo de tristeza que no sabía si estaba imaginando.

 

Costaba concentrarse cuando su presencia, como una llama, le daba calor constantemente. Su esposa no cejaba en su esfuerzo por hacerle volver a la conversación y sus padres, sus sombras permanentes, le reprochaban su falta de profesionalidad. El escenario parecía ya bastante horrible llegados a este punto y, por desgracia, fue a peor. El enfrentamiento entre sus padres y Antonio fue cosa del azar. Ni siquiera se conocían, pero el accidente que les hizo chocar fue excusa suficiente para ponerlo de vuelta y media. No sólo se burlaron de su apariencia, criticaron ferozmente su compañía y se burlaron de su sexualidad. Antonio parecía dispuesto a atacar, pero sus ganas se aplacaron al ver a Francis y encontrar en él fría pasividad.

 

De soslayo vio una lágrima en su expresión de coraje y, sin pensarlo, Francis se fue tras de él, adelantando a su amigo (¿o era su novio?). Por mucho que lo llamaba, Antonio no se detenía y tuvo que apretar el paso para poder agarrar su mano.

 

— Déjame en paz. ¿Es que no has tenido suficiente con el espectáculo de tus padres? —le reprochó, secándose las lágrimas de la rabia—. Vuelve con tu familia y con tu esposa y olvídate de mí. Si te ven, toda tu vida se pondrá en jaque, ¿no?

 

No sabía qué decir y sin embargo su corazón se mantenía apretado por un puño invisible. El dolor de Antonio era tan palpable, tan crudo, que no podía ignorarlo. Él estaba causando todo ese daño; él y su familia. Sin soltar su muñeca, Francis lo guío entre la gente. Antonio se quejaba por lo bajo, no quería montar ningún espectáculo, aunque se hacía difícil en esa situación. Se plantaron delante de la familia de Francis (esposa incluída).

 

— Disculpaos con él. Lo que le habéis hecho no tiene nombre.

 

— ¿Disculparnos? Aún estamos esperando su perdón. Es él el que ha chocado contra nosotros. Una persona como él… La gente de su tipo…

 

— ¿De su tipo? Es una persona como tú y como yo.

 

— No, no lo es. Es un perturbado que necesita ayuda. Apártate de él —replicó su padre amenazante.

 

— No. Si Antonio es un perturbado, entonces yo también lo soy.

 

— Tú estás casado.

 

— Me da igual. Sabéis de sobras que el matrimonio no fue más que una tapadera para cubrir la vergüenza y preservar el estúpido honor de la familia. Aunque le tengo estima, no la amo. En realidad me gusta él. Me gusta este hombre y estoy cansado de fingir y de hacerle daño. No merece lo que le estoy haciendo pasar, pero tampoco puedo dejar de pensar en él y no toleraré lo que le habéis hecho hoy.

 

— ¡Francis! ¡Detente! Vamos a un sitio privado a tener una larga charla. Vas a ver lo que ese anillo significa.

 

Como antaño hizo, agarró el anilló con los dientes, se lo sacó del dedo y lo escupió contra el suelo.

 

— Os lo podéis quedar. Vámonos, Antonio.

 

Se dio cuenta de su expresión: había cierta esperanza a la vez que miedo por lo que se podía desatar. Acarició su mejilla y le sonrió con tristeza.

 

— Siento haberte hecho esperar. Todo irá bien, te lo prometo.

 

Seducido por la tranquilidad de su voz, Antonio se dejó guiar por el pasillo de gente mientras los gritos de sus padres proclamaban amenazas. La ruina, el fin de su carrera, pobreza. 

 

— Si te vas, tu vida se ha terminado, Francis.

 

— Adelante, pegadme con todo lo que tengáis. Quien no corre riesgo, nunca gana nada. No pienso perderle a él.

 

Cuando les dio la espalda por segunda vez, se dio cuenta de que sus hombros y sus pies se sentían más ligeros que nunca. Ahora que estaba libre de ataduras, ahora que había abandonado el barco que se hundía y con Antonio de la mano casi se sentía capaz de volar.