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Durante una mirada

Summary:

El festival de otoño era esa noche, y un recuperado Rengoku Kyojuro ansiaba asistir y caminar un poco después de meses de recuperación. Por desgracia las secuelas de esa última misión eran evidentes y aunque sabía que las cosas no volverían a ser igual, no había esperado lo mucho que le afectaría. Por suerte había una pelota de agua que lo distraería de sus pensamientos.

Renkaza Week Día 3: Festival y primer beso.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

— ¡Rengoku-san, no es necesario que nos acompañe!
— ¡Sí, hermano! Apenas te dieron de alta, no deberías acompañarnos.
El antiguo pilar de la flama miró a su hermanito y a su nuevo discípulo con una sonrisa, se sentía realmente conmovido ante su preocupación, sin embargo sentía que se haría uno con el tatami si seguía descansando en su habitación. Nunca había sido alguien que disfrutara de la quietud de la procrastinación, y quería aprovechar el festival de otoño para estirar un poco las piernas después de meses de milagrosa recuperación. Esa era la razón por la que decidió autoinvitarse a seguir a Senjuro y al joven Kamado al festival de esa noche.
— ¡Me encuentro perfectamente, agradezco su preocupación! Les aseguro que no me esforzaré demasiado. — respondió, con los brazos sobre el pecho y su aura brillante.
— Hermano…
— ¿A dónde está mirando?
No había pasado mucho desde su salida y Kyojuro se sintió un poco mal al ver la exagerada atención de los menores hacia él. Cuidaban cada paso que daba, le preguntaban por su situación cada cinco minutos, y la tensa conversación que mantenía el rubio menor con el de cabellos burdeos era solo una tapadera para aparentar normalidad. Todo eso podía notarlo, y al final se preguntó si había sido una buena idea.
Al llegar, su atención se fue de inmediato a los puestos de comida, ya que al ser temporada de patatas dulces había una gran variedad de platillos con dicho tubérculo, así que no perdió mucho tiempo decidiendo y empezó por el más próximo.
— No comas demasiado, hermano. Puede hacerte daño.
— ¿Está bien que esté tanto tiempo de pie? ¿Gusta sentarse, Rengoku-san?
De nuevo les sonrió y negó cortésmente sus atenciones. Se sentía bien, no había porqué preocuparse tanto, pero debía admitir que le partía el corazón el pensar demasiado en la razón por la que cuidaban tanto de él. Así que decidió darles un respiro. Se sentó en el tronco de un árbol torcido, junto a toda la comida que compró y exclamó:
— ¡Me quedaré aquí! No tienen que preocuparse por mí, no me moveré, así ustedes podrán disfrutar del festival sin carga alguna.
— No eres una carga, hermano. — se apresuró a hablar Senjuro, a su lado, Tanjiro asintió enérgico.
— Solo queremos que esté bien.
— Lo estoy. Pero sé que estarán más tranquilos si solo me siento aquí a comer. ¡Así que eso haré!
— Pero…
— ¡Insisto!
Los dos jóvenes se miraron y asintieron antes de prometerle al rubio mayor que ganarían algo para él. Una vez solo, la sonrisa que les había dedicado desapareció, siendo reemplazada por un rostro serio y triste. Las cosas habían cambiado mucho en su vida tras esa última misión que le costó su título y su carrera como cazador, haciendo que se replanteará la forma en la que veía y vivía su día a día. Y podría decir, quizá, que por fin había entendido un poco a su padre.
Una pelota de agua apareció en su campo de visión, distrayendolo de sus oscuros pensamientos.
— La conseguí mientras esperaba, pero ahora no sé qué hacer con ella, ¿la quieres?
Kyojuro miró a la persona que había aparecido a su lado, era un joven quizá unos años menor que él, de cabellos negros y ojos azules. Tenía la ligera sospecha de conocerlo, pero al mismo tiempo estaba seguro de no haberlo visto antes. Estiró su mano y aceptó la pelota con una sonrisa.
— Gracias, es muy amable. — respondió. El contrario levantó una ceja en un gesto de incredulidad. — Mi hermano Senjuro estará encantado de jugar con ella.
— ¿Tu hermano Senjuro vino contigo?
— Oh sí, él está con mi discípulo jugando en algún puesto.
— ¿Qué enseñas?
— Kendo. Mi familia viene de una larga tradición de espadachines y parece ser que yo soy el último, así que estoy desesperadamente buscando un sucesor.
El extraño soltó un murmullo de comprensión.
— Ya veo, debe ser difícil tener todo ese peso sobre tus hombros. ¿Por qué tú hermano no puede ser tu sucesor?
Ante la pregunta un escalofrío le recorrió la espina dorsal, el miedo de imaginar a su hermanito en el cruel mundo de los cazadores de demonios lo dejó helado unos instantes. Al final sonrió incómodo.
— Es usted muy curioso. — respondió.
Una suave risa se escuchó, haciendo que su atención se fuera al pelinegro.
— ¿Es en serio el comentario? — inquirió.
Su tono de voz no cambió de la fría tranquilidad con la que se presentó, pero la seriedad de su rostro apenas cambió a una sonrisa suave. Aquel joven se veía tan adorable de esa forma que toda intención de molestarse con él desapareció.
— ¿Qué le parece tan gracioso?
— Que no me hayas reconocido. — respondió.
— ¿Debería?
El pelinegro sonrió un poco de nuevo, miró expectante a las personas que atendían al festival y sin encontrar atención puesta en ellos cepillo su cabello con su diestra. Poco a poco su piel se hizo más pálida, marcas azules la decoraron y para cuando sus ojos se enfocaron de nuevo en el ex pilar, el color azul había sido sustituido por el dorado. Ahora la sonrisa no era suave, sino grande y luciendo su dentadura.
— Hola, Kyojuro.
— ¡¿Qué haces aquí?! — exclamó.
— Si te esperaba en casa perdería mi oportunidad de ver los fuegos artificiales contigo. — respondió con una sonrisa.
Para ser Akaza, la sonrisa que esbozó fue suave y tranquila. Nadie esperaría que un sanguinario demonio, una luna demoníaca, podría poner una expresión tan… humana, pero después de meses de permanecer junto a Kamado Tanjiro y su hermana demonio, pudo notar que no eran tan diferentes. Alguna vez habían sido humanos, aunque hubieran despreciado la mortalidad.
Quizá fue por eso que cuando empezó a recibir las visitas nocturnas de la tercera luna superior no lo corrió, y decidió mostrarse curioso ante las razones detrás de su presencia y sus… cuidados. Porque a pesar de tener a una pequeña tropa velando por su salud, Akaza se volvió su cuidador nocturno a espaldas de la organización. Era un secreto que Rengoku no sabía porqué mantenía, pero que tampoco confesaría.
— ¿Podrías hacerlo de nuevo? — Akaza se giró a verlo confundido, sin saber a qué se refería. — Tu habilidad.
— ¡¿Mi habilidad?! — exclamó sorprendido. — ¡¿Por qué quisieras…?! ¡¿Aquí con todos?! — ahora fue el turno de Kyojuro de verlo confundido, así que el pelirrosa cambió su sorpresa a incredulidad. — No hablas de mi brújula, ¿cierto?
El rubio se aterró.
— ¡¿Por qué te pediría ver tu brújula?!
— ¡¿Qué otra habilidad crees que poseo?!
— ¡Cambiaformas!
Los ojos dorados de Akaza se abrieron un poco, su molestia tras el malentendido se transformó en una fría sorpresa. Entendió entonces lo que el contrario le pedía.
— ¿Por qué me pides eso? — preguntó en voz baja.
El rubio lo miró con atención, repasando cada uno de aquellos detalles con los que se había familiarizado después de tantas noches a su lado, sintiendo que a pesar de todo no tenía ni idea de quién tenía delante.
— Quiero verte otra vez. — respondió.
Akaza lo miró fijamente por unos instantes, sin cambiar la seriedad en su rostro. Entonces se inclinó a tomar su mano y la llevó a su mejilla, recargando en esa palma firme y rugosa su rostro. Cerró los ojos y cambió. Kyojuro miró con atención como la piel pálida, casi gris, tomaba un color más sano y normal, las marcas desaparecieron también, las hebras rosas se oscurecieron hasta ser negras, sus pestañas tenían un tono claro, y cuando por fin abrió los ojos…
— ¿Contento?
Incluso su tono de voz era diferente, era como si tuviera delante otro ser. No había rastro de esa luna superior sonriente, burlona e hiperactiva que parecía estar molesta con la vida, que estaba sedienta de poder y sangre, con sus ojos brillando en soberbia. Ahora era un muchacho, de expresión seria y mirada triste como podía haber en cualquier lado, sin nada especial más allá de su belleza y frialdad. Se sentía normal, se sentía humano.
— Eres hermoso. — dijo sin pensar.
El contrario se congeló en su lugar, sus ojos se abrieron mientras su ceño se frunció, y tuvo un gesto aún más humano: se sonrojó. Al notar el peso de sus palabras Rengoku también sintió sus mejillas calentarse, sin embargo justo como el demonio frente a él, no movió ni un músculo.
— Ah, a lo que me refería… es que…
— ¿Te parezco atractivo así? — lo interrumpió Akaza.
No sonrió coqueto como esperó, solo lo miró con el ceño fruncido y un ligero puchero. Era tan diferente al Akaza que conocía que quedó maravillado, era esa normalidad que evocaba que hacía que su convivencia se sintiera más cómoda, haciendo que olvidara que se trataba de su enemigo, del ser que le había arrebatado todo. Ese pensamiento lo entristeció, si tan solo las cosas fueran diferentes, si tan solo pudiera perdonarlo…
— ¿En qué piensas? — preguntó Akaza cuando el rubio desvió la vista.
— Preferiría guardar mis pensamientos para mí. — respondió seco.
El demonio notó el cambio en el otro, así que se alejó de él un poco, dándole su espacio, eso implicó que soltara la mano que mantenía sobre su mejilla, haciendo que ambos sintieran un poco de frío por la distancia.
— Mi hermano y el joven Kamado no tardarán en regresar, y no me gustaría que te encontraran. — murmuró.
La tercera luna no dijo nada de inmediato, se limitó a ver el cielo nocturno.
— No te preocupes, me iré pronto. — respondió.
Y aquello se sintió como una despedida. Rengoku se giró a verlo sorprendido, pero el rostro contrario no expresaba ni una sola emoción como para descifrar las intenciones detrás de aquella respuesta. No quería preguntar, ni se sentía en la obligación de hacerlo. Eran enemigos, si una noche ya no volvía debería sentirse aliviado, ¿entonces por qué no lo estaba?
— Mañana es luna llena y yo ya estoy recuperado, ¿por qué no me acompañas a pasear?
No sabía bien por qué lo dijo, las palabras llegaron a sus labios antes de poder controlarlas o pensar si era lo correcto. Akaza sonrió un poco, de nuevo solo las comisuras de sus labios se levantaron, dando la impresión de estar aguantando una amarga risa.
— Me gustaría, pero ya me he ausentado demasiado. — respondió con cuidado. — Debo… debo volver a mis deberes antes de meterme en problemas.
— ¿Te refieres a asesinar a mis compañeros? — gruñó molesto.
Él no respondió de inmediato, pues una sonrisa sarcástica apareció como resultado de aquel comentario. Quiso burlarse sobre la similitud de la situación desde su perspectiva, pero en su lugar vino un pensamiento que le borró la sonrisa.
— ¿Y si no lo hiciera, qué crees que pasaría? — preguntó.
Aquello dejó perplejo al antiguo pilar. Si no hubieran consecuencias, estaba seguro que Akaza no lo hubiera mencionado, pero si se ponía a pensar en eso, solo una respuesta venía a su mente. El pelinegro se giró a mirarlo, expectante por su reacción. El rubio solo atinó a morder sus labios con incomodidad.
— No necesitas decirlo. — la voz del demonio sonó más amable, casi cuidadosa.
Entonces se giró para marcharse y…
— ¿Por qué viniste? — Rengoku lo detuvo, lo tomó de la muñeca.
Los ojos azules del contrario se abrieron de sorpresa. Esa noche había actuado sin pensar de nuevo, justo como esa primera ocasión en la que fue a visitarlo después de herirlo. No lo había pensado, solo lo hizo.
— No sé. — confesó girándose a verlo. — Solo no se sentía correcto irme así, sin más.
Kyojuro frunció los labios en un gesto que no supo cómo interpretar, pues parecía indecisión, una emoción que nunca había visto en él y que si era honesto no le quedaba. Estiró la mano que el rubio había apresado y con el pulgar acarició sus labios, buscando relajarlos. Entonces sonrió sin quitar su vista de ahí.
— Te ves mejor si te relajas. — murmuró.
Miró el lugar donde su pulgar estaba por unos instantes, antes de subir la vista y encontrar únicamente el ojo derecho de Rengoku mirándolo con atención. Ahora fue su turno de fruncir los labios de arrepentimiento. Y por segunda vez esa noche, actuó sin pensar.
Kyojuro no pudo prever que Akaza se acercara tanto para besar su ojo izquierdo, o mejor dicho, el parche que lo cubría. Cuando se separó, sus rostros siguieron lo suficientemente juntos como para necesitar del ligero empuje del viento y acercarse una vez más. Esta vez uniendo sus labios en un primer beso tenso al principio, pero que con el calor de sus respiraciones fue cediendo hasta ser cómodo y extraño. Ninguno quiso alejarse, era como si hubieran descubierto una fuerte atracción que les impedía detenerse.
— Perdón. — murmuró Akaza cuando por fin pudo tomar su distancia. — Por no poder hacer lo que esperas.
— Vete antes de que te corte la cabeza aquí mismo.
El pelinegro sonrió imperceptible antes de juntar fuerzas y hacerse hacia atrás para marcharse. En algún punto del beso ambos se habían tomado de las manos, y no lo notaron hasta que dejaron de tocarse.
Justo cuando Kyojuro lo perdió de vista entre la multitud fue que los fuegos artificiales comenzaron. De nuevo se quedó ahí, solo, mirando el cielo nocturno mientras se perdía en sus pensamientos. Jugando con la pelota de agua en su mano y sintiendo un agradable cosquilleo sobre sus labios.

Notes:

¡Hola, estrellitas! Una disculpa por la tardanza, tuve unos cuantos problemas con el beso 🥺 pero al final me gustó cómo quedó. 🥰 Lamento lo agridulce de estos dos últimos días, es que la shipp tiene tanto potencial para el angst (lo que se me da bien 😅) que no me pude resistir. 😓 Pero el siguiente será mejor, lo prometo. ^^