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–Le he pegado un puñetazo al chico nuevo.
Gia abrió mucho los ojos.
–Le he pegado un puñetazo al chico nuevo ¿porque me gusta o porque podría ir a una mani de motivos cuestionables? –quiso saber Storm.
Selene soltó una risilla. Julius parpadeó. Tardó unos segundos más en responder. Como si realmente no se hubiera planteado que había más de una opción posible.
–Porque me gusta creo.
Los gritos de las chicas no se hicieron esperar. Ni siquiera le dejaron tiempo para explicar que en verdad estaba bastante seguro. De todas las preguntas con las que le avasallaron la que más se repetía era el por qué del puñetazo.
–Dijo que no le gustaba el puré de patatas.
Por mucho que estuvieran acostumbradas a la sencillez con la que decía las cosas Julius, como si todo fuera una verdad universal, había veces que las seguía pillando desprevenidas. Sobretodo si tampoco se esperaban lo qué iba a decir.
–¿Le has roto la nariz a alguien sólo porque no le gusta el puré de patatas? –Gia parecía más fascinada que preocupada.
–Hombre, tampoco es que el puré de patatas de Saint Zeno’s sea el mejor –le defendió Storm.
–Que suerte tienes de que Amy sea la directora –Selene estaba aguantándose las ganas de reírse.
–No le he roto la nariz –Julius se reacomodó en la silla, sentándose encima de una de sus piernas. Selene murmuró que así no tenía tanta gracia–. A veces me pasa: dice algo y tengo ganas de besarle. Y el sábado dijo lo del puré y luego se comió una cucharada muy grande y me salió. Quiero decir, no le había pegado nunca, ni tampoco besado, y no es que fuera muy fuerte. Creo. Pero eso.
Hacía tiempo que se sentía muy ridículo a su alrededor. Le cosquilleaban las palmas de las manos y más de una vez se había encontrado queriendo apartarle los rizos que le caían sobre los ojos. Era raro porque además solo se conocían desde hacía un par de meses.
Cuando se lo había contado a Amy, ella le había dicho que a Gia y a Selene y a Storm también las quería mucho y que, al principio, sólo habían pasado dos semanas juntos. Y él le había dicho que no era lo mismo. Que no las quería igual. Fue un poco aterrador reconocerlo en voz alta. Fue aún peor cuando se dio cuenta de que a partir de ese día ya no podía negar más lo que sentía.
Tampoco es que a Julius no le hubiera gustado nunca nadie. Pero cuando quedaban para estudiar juntos y sus manos se rozaban sin querer, o cuando se tumbaban en el césped y él apoyaba la cabeza sobre sus piernas y Julius tenía que respirar hondo para no acariciarle el pelo y le costaba mucho contenerse; o hasta cuando se colaban en la habitación del otro y se quedaban hablando hasta muy tarde y pensaba que si le besaba entonces quizás podrían fingir al día siguiente que lo habían soñado, Julius sabía que nunca le había gustado nadie así.
Y era raro.
Y le gustaba.
Y le aterraba.
Todo eso, claro, no se lo dijo a las otras. Tampoco se lo había dicho a Amy. No sabía cómo.
–¿Entiendo que ha sido un puñetazo amistoso, Jules?
Asintió.
–A lo mejor si le cuentas lo que pasó con Cian pilla la indirecta. –le chinchó Selene. Julius levantó muy levemente las cejas. Más sorprendido de que su amiga recordara el nombre que por la propuesta en sí –. Y sino, aquí tienes a dos expertas en el tema que te pueden dar algunos consejos.
Gia se puso roja. Storm, en cambio, contraatacó:
–Tres. Que tú tampoco puedes decir que te vaya del todo mal.
El sonrojo saltó de las mejillas de Gia hasta las de Selene.
–Que tú nos llames novias no significa que lo seamos, zorra.
–Sí, sí, zorra yo pero las que no paráis de zorrear sois vosotras.
Gia contuvo la sonrisa porque sabía lo difícil que era aquello para Selene y no quería que pensara que se estaba burlando.
–Sé que os da mucha vergüenza a los dos y, en verdad, no hay prisa alguna. Cuando sea recíproco y se os quite la preocupación de si estáis molestando, que no lo estáis, o siendo demasiado, que tampoco, a lo mejor pasa a daros más vergüenza hablar con ellos. –Storm estaba a una frase más de sonreír como una idiota y se había puesto con el móvil para disimular que no estaba pasando nada–. Pero no hagáis nada nunca con lo que no os sintáis cómodos y si os da mucho vértigo dar el paso no hace falta que os forcéis.
–Tampoco tardéis tres años en darlo sólo por el vértigo que sino a lo mejor René y el chaval este explotan de la expectativa. Por experiencia, vaya –Storm había dejado el móvil para mirarles mientras hablaba pero le estaba saliendo un poco mal–. Pensad que al final estarán igual que vosotros y estarán hablando de este mismo tema con sus amigas porque, quiero decir, miraos. Es imposible –remarcó mucho esa palabra, mirándolos ahora sí a los ojos y retándolos a negárselo– que no sea recíproco.
La conversación volvió a Julius cuando le pidieron que les enseñara una foto si no quería que se presentaran en Cherryville para ver cómo era. A él no le desagradó la idea y estuvo a punto de no buscarle en Instagram para poder tener a sus amigas esa misma tarde picándole a la puerta del dormitorio. Pero al final lo hizo y todas le dieron el aprobado y le dijeron que era muy guapo y que parecía buena persona y le pidieron que les contara cosas suyas para ver si había alguna posible red flag. No la hubo, Julius ya lo sabía, no por sí mismo, que también, sino porque Amy le había dicho que no harían mala pareja y si Amy pensaba eso era porque no veía nada por lo que preocuparse. Aún y así, le hizo ilusión que ellas tres le dieran el visto bueno.
No tardaron mucho más en colgar: Selene les dijo que se había empezado un nuevo libro de una tal Sélpide sobre un puente y una pantera y cosas que no eran lo que parecían, y que era una pena que no supieran castellano porque era el tipo de historia que les gustaba. Storm les dijo que ya habían cerrado contrato con Kristian y que se incorporaría para el siguiente concierto y que “si querían, claro” ya sabían que estaban más que invitados y que lo tenían todo pagado. Gia les dijo, muy rápido, como si quisiera evitar algo, que a la semana siguiente iba a empezar un nuevo curso centrado en la dirección artística de videoclips. Julius les dijo que tenía ganas de verlas y le dieron la razón. Luego se despidieron porque Storm y Selene tenían ensayo.
Gia y Julius nunca tenían que ensayar. Así que alargaban las llamadas hasta altas horas de la madrugada. Ella le preguntaba por los estudios y por Amy y por su madre y por Alannah, él por Storm y por ellas y por cómo llevaban su fama y los shippeos y el no poder verse tanto. También hablaban de Selene y de lo muchísimo que había mejorado y de lo contentos que estaban por ella y, más de una vez, Gia se había emocionado hablando del tema.
De lo que no hablaban nunca era de la gira de Storm. Bajo ningún pretexto. Como si fuera un pacto silencioso que habían hecho hacía mucho. Julius intentó con todas sus fuerzas no romperlo aquella noche pero los dos sabían que no era casualidad que Storm les hubiera recordado que tenían pase gratis. No aquel día.
–El siguiente concierto es en Italia, ¿verdad?
Julius habló con todo el cuidado posible, intentando elegir sus palabras para evitar incomodar a Gia. Pero Gia se tensó y asintió tan levemente que si Julius no fuera Julius y no estuviera tan pendiente ni se habría percatado. Ninguno dijo nada más durante un rato largo. Julius tuvo miedo de que Gia se hubiera enfadado y acabara por colgar.
–Perdón, no quería molestarte. Podemos cambiar de…
–Tendría que ir, ¿no? –le cortó con un hilillo de voz que sonó a disculpa. Como si se sintiera culpable por atreverse a pensar lo contrario.
Gia sólo había ido a un concierto de Storm: el de Nueva York. Ya era bastante conocida y era el primer concierto que iba a dar en un pabellón y no en una sala. Selene ya tocaba el piano para ella, Julius también iba a ir porque estaba muy cerca y Gia pensó que, bueno, que no pasaría nada. Que así podría verlos porque les echaba de menos y que ya era hora de que fuera a ver a su novia cantar. Que ya había pasado mucho tiempo.
Cuando lo habló con la psicóloga y le preguntó si estaba convencida al cien por cien, le mintió y le respondió que sí. Que no era en un sitio pequeño como el de Stitch. Que sería distinto. Que tendría a sus amigos para apoyarla.
Le tembló la voz durante toda la sesión. La psicóloga le volvió a recordar que no había prisa y que Storm no se lo iba a tener en cuenta. Gia rompió a llorar. Le dio tanta rabia y se sintió tan mal y tan egoísta por no ser capaz de estar ahí para Storm que siguió llorando y llorando y llorando. Después de aquello, la psicóloga le prohibió explícitamente que fuera. Le dijo que no estaba preparada y que si ella quería podían volver a trabajar el tema en terapia hasta que se viera más capacitada. Gia accedió. Pero a todos se les veía tan ilusionados por ir y por volver a verse que les pidió que también sacaran una entrada para ella. Storm la recibió preocupada y Gia bromeó y le dijo que no pasaba nada porque se sentía tan culpable tan culpable que la culpa le habría agrietado el pecho si hubiera dicho que no. Así que fue.
Y no volvió nunca más.
Se quedaron en pista, en primera fila, el estadio estaba a reventar y las entradas agotadas desde hacía dos semanas. A Storm se le salía la sonrisa de la cara. Al principio fue bien: estaba con gente que la quería, se sabía todas las canciones y ver a Storm cantar era como un sueño. Las luces se reflejaban en su traje, en su pelo, nunca la había visto tan guapa y pensó que le gustaría ser capaz de capturar ese momento. Ver a Selene tocar el piano lo hacía todo incluso mejor. Habían hablado esa misma mañana de que estaba cagada y Storm le había dicho que podía seguir quedándose en la retaguardia. Pero aún y así, brillaba por sí sola. Se notaba que era lo suyo. Hubo un momento en el que Gia se arrepintió de no haber ido a verlas antes porque no pasaba nada y se había preocupado de más como siempre.
Hasta que se giró y se fijó en que la gente a su alrededor había sacado el móvil y estaban grabando. Y de pronto las baterías sonaban distintas y los gritos de la gente coreando la canción se entremezclaban y crecían y eran uno solo y ya nada parecía música. Veía a Selene sobre el piano pero no le llegaban sus notas. Veía a Storm delante del micrófono pero no le llegaba su voz. Sólo las baterías, los golpes, cayendo, estrellándose, los gritos, huyendo, ¿por qué nadie se movía?, ¿por qué nadie corría?
La cabeza le daba vueltas. Le costaba respirar. Estaba mareada. Tenía que salir de allí.
Sus pies la guiaron hasta el baño, nadie la siguió. Nadie más estaba saliendo. Nadie más se estaba moviendo. En el espejo vio cuerpos rotos, destrozados, unos ojos negros, vacíos, perdidos, devolviéndole la mirada. Los golpes no paraban, los cuerpos no paraban, le llegaban risas amortiguadas, ¿quién se estaba riendo? ¿Por qué se estaba riendo?
Le sonó el móvil.
¿Dónde estás?
No sabía si era Julius o Elena.
Tenía que salir de ahí. Todo iba muy despacio, su propio cuerpo iba muy despacio, no podía avisar a nadie. Tenían que salir de ahí, sabía lo que iba a pasar, no podían quedarse ahí.
El segurata de la entrada le puso un sello en la pulsera para que pudiera volver a entrar. Ni siquiera se dio cuenta.
En la calle, las luces la cegaron. Eran fuertes y naranjas y los semáforos no cambiaban y naranja significaba cambio y naranja significaba incertidumbre y naranja significaba peligro. Y no sabía dónde ir, ni qué hacer y le dolían las costillas y ya estaba fuera pero seguía escuchando los gritos y los golpes y le desgarraban los oídos y no sabía por qué porque ya estaba fuera y la calle estaba vacía y se estaba ahogando.
Así la encontró Julius: en mitad de la carretera mirando a todos lados como si hubiera cosas que él no podía ver. Y Gia no le veía y Gia estaba gritando y Gia se le acercó corriendo y a Gia le volvió a sonar el móvil y las letras cambiaron antes de que pudiera leerlas y eran naranjas fluorescentes y negras y azul oscuro y dónde estás
dónde estás
dónde estás???
Y Gia no podía responder y le preguntaba a Julius y le decía que dónde estaba Elena, que tenía que entrar a buscarla, que no podían dejarla ahí, que no podía perderla, que no podía volver a perderla, que por favor por favor por favor.
¿¿Dónde está??
Y Julius no sabía del todo que estaba pasando y no sabía quién era Elena ni dónde estaba y le pidió a Gia si podía cogerla pero Gia no reaccionaba y la cogió en brazos y ella se dejó y no paraba de llorar y le pedía que borrara los vídeos, que tenía que ir a buscar a Elena, que no la había visto salir.
Cuando la dejó en el coche Gia seguía llorando, temblaba, le seguía gritando cosas a las que Julius no sabía responder. Él le acunó la cara y le habló con firmeza y le repitió su nombre y le pidió que respirara, que le mirara, que a la cuenta de diez, que contara con él, que todo estaba bien.
Poco a poco se fue calmando, fue volviendo a la realidad. Se encontró con la cara de Julius delante de la suya con los ojos llenos de preocupación. Escuchó su voz. Sus palabras. Sintió el tacto de sus manos. Contó con él. Respiró.
El silencio que llenó el coche fue extremadamente pesado. Casi antinatural. Como si el mundo no estuviera preparado para quedarse sin ruido de golpe. Las manos de Julius seguían en las mejillas de Gia. Los dos se miraban muy fijamente, para asegurarse de que estaban ahí, de que ya había pasado, y Gia no podía parar de temblar. Todavía tenía la respiración algo acelerada. Julius le preguntó si le importaba que le diera un abrazo, si lo quería. Fue la primer vez que vio a Gia asentir sin hacerlo.
Se quedaron así en silencio, rodeándose con los brazos de manera algo torpe, hasta que Julius le dijo que lo sentía. Y Gia volvió a estallar en lágrimas y Julius la estrechó más fuerte.
Con el segundo silencio fue Gia quien se disculpó dos, cuatro, seis veces, con la voz entrecortada por los últimos resquicios del llanto. Julius le dijo que no pasaba nada. Ella le preguntó si podían poner la radio.
Cuando les avisaron por el grupo de que el concierto ya había acabado, cambiaron el tercer silencio por los murmullos y la gente emocionada que empezaba a salir. De camino Gia le pidió de manera que sonó casi a súplica, que no les contara nada de lo que había pasado. Por favor. Todas le dijeron que se habían preocupado mucho al verla desaparecer de repente y Storm la miraba de una manera que le hizo muchísimo daño. Las preguntas le bailaban sobre los labios como en Saint Zeno’s pero, como entonces, no hizo ninguna.
Ese iba a ser su recuerdo de la noche y al pensarlo Gia se sintió la peor persona del mundo.
–Gi… No estás obligada. Podemos vernos antes e incluso después si también te apetece –Julius sorteaba las palabras, escogiendo la siguiente con mucho cuidado, como si estuviera en un campo de minas y cualquier paso en falso fuera a detonar todas las bombas–. A Storm sólo le preocupa que estés bien y si eso quiere decir que no vayas a verla ni a este ni a ninguno, no le va a importar.
¿Cómo no le iba a importar? Era su pareja y la mayoría de sus canciones iban dedicadas a ella. Un concierto de los miles que había hecho no era nada. Era tan sumamente egoísta.
–¿Alguna vez te ha preguntado?
–¿Por qué no vas?
Gia asintió, Julius negó.
–Si estabas bien sí pero te prometí que no diría nada. Le dije que hablara contigo.
Storm lo sabía. Lo había sabido desde la vez que Gia se puso más incómoda de lo habitual cuando le había dicho que prefería los conciertos. Desde el día en la sala de ordenadores. Desde que había empezado a hacer los primeros bolos y Gia le ponía un montón de excusas que olían a mentira. Desde el concierto de Nueva York cuando la buscó para dedicarle uno de los versos cursis que eran para ella y se encontró con Chiara, Anna y Louanne pero ni rastro de ella. Desde que apareció más tarde con los ojos hinchados y les dijo que se había agobiado un poco con tanta gente. Pero nunca le había dicho nada.
Julius tenía razón: a Storm le daba igual que Gia fuera o no a sus conciertos. Por eso nunca le preguntaba si quería, ni le insistía como a los otros. Antes de mencionarle nada esperaba el máximo de tiempo posible para que no tuviera mucho para pensar si iba o no. Aunque lo supiera por sus redes. Aunque Julius y Selene sacaran el tema.
El día de Nueva York se planteó si quizás tendría que haberle insistido para que no fuera. Si tendría que haberse preocupado más, estado más pendiente. No encontró respuestas. A la mañana siguiente cuando se despertó y vio a Gia mirando a un punto fijo de la pared supo que no había dormido nada. Volvió a sentirse responsable aunque supiera que no tenía la culpa. Le preguntó si estaba bien y Gia, como siempre, asintió sin asentir.
Claro que Storm lo sabía.
–Debería contárselo en algún momento.
–Bueno –Julius se encogió de hombros–, si no quieres no. No va a dejar de quererte porque no vayas a sus conciertos, Gia.
A Gia la recorrió un escalofrío, se le encogió el estómago: Julius acababa de verbalizar uno de sus mayores miedos. Escucharlo con tanta naturalidad, sin racionalizaciones de por medio, ni represiones varias, le sentó como un golpe de maza. No supo qué responderle.
–Si al final vas, díselo a la psicóloga. No sé si lo habéis estado tratando este tiempo pero que te dé estrategias específicas. Y si te recomienda no ir ni se te ocurra presentarte. O te pego un puñetazo a ti también.
Eso consiguió que Gia se riera. Pequeña pero había sido una carcajada y a Julius se le llenó el pecho de un sentimiento muy cálido.
–Muchas gracias, Jules. De verdad.
–Gracias a ti por confiar en mí para hablar de esto.
La distancia les dolió un poco.
–Me voy a dormir que mañana madrugo, ¿vale? Te quiero muchísimo.
Gia le mandó besos y Julius sonrió lo más grande que pudo. Tal y como habían acordado cuando él le dijo que le daba mucha pena no ser capaz de decirles que las quería porque también lo sentía y no era justo que no lo supieran. Se corrigió cuando Gia le dijo que lo sabían de sobras, que no tuvieran recordatorios semanales.
–Descansa, Gi.
STORM
Gia pone la casa si quieres venir al concierto de Italia 👀 2:02
Selene y yo nos quedaremos ahí 2:02
¿Ella va al final? 2:04
Hemos estado hablando y me ha dicho que sí 2:06
Que quería venir 2:06
Lo ha estado hablando con la psico durante
un tiempo y me ha dicho que la avisará también 2:10
A ver qué tal 2:10
Me ha pedido que estemos un poco encima de ella 2:12
Creo que casi explota al otro lado de la línea 2:12
No seas mala. 2:15
Me alegro mucho de que vaya. 2:15
Ojalá salga bien. 2:15
Seguro que sí 2:20
Y sino paro el concierto y salgo con ella 2:20
Ya me jodería 2:20
Les devuelvo el dinero proporcional y alimento
los cotilleos y los rumores 2:21
Dos por uno 2:21
A lo mejor a tus fans no les parece del todo bien. 2:22
Pero estoy dentro. 2:22
Contad conmigo. 2:22
No esperaba menos de mi irlandés
favorito 😌 2:24
Qué ganas de veros 💜 2:24
💚. 2:24
AH 4:00
Y QUE SEPAS QUE RAÚL TAMBIÉN VIENE 4:00
