Chapter Text
"No fue mi intención besarte, no fue tú intención enamorarte.
Nunca fue mi intención hacerte daño.
Nunca quisimos que esto significara demasiado."
BaekHyun nunca quiso que las pequeñas acciones significarán demasiado.
Nunca pensó más allá de lo que siempre estuvo antes sus ojos.
Y definitivamente nunca imaginó que su presente y su pasado lo encerrarían en una interminable realidad de la que solo quería escapar.
Tomó las cosas como llegaron, sin mirar alrededor o detenerse a pensar en el paso siguiente que, evidentemente, tenía que dar. Después de todo, su destino parecía prescrito y aunque en muchas ocasiones solo lo dejaba ser, muchas tantas si que llegó a plantearse el porqué.
Era extraño, lo aceptaba. En algún punto llegó a imaginar que hiciera lo que hiciera las circunstancias seguirían siendo las mismas, y cuando el mundo, la vida y todo lo que parecía hacerlo él se lo negaron solo sintió claridad, una tan profunda y cegadora que lo dejó indefenso ante todo lo que tenía frente a él y la cual tenía que afrontar.
Tal vez creyó poder huir, en cierto momento solo deseó desaparecer, pero nada es eterno, y todo camino predispuesto frente a ti parece llevarte a aquello que solo querías dejar atrás.
Porque el pasado de alguna manera escribe tu presente, y por más que quieras olvidarlo siempre termina por alcanzarte. Y BaekHyun descubrió tal cosa por las malas.
No sabía que hacía ahí, era consciente de que estaba mal y que lo mejor que podía hacer en esos momentos era dar vuelta atrás y volver a casa, de nuevo, olvidar todo eso que estaba pasando por su cabeza y definitivamente no buscar aquello de lo cual estuvo escondiéndose por tanto tiempo.
Habían pasado demasiados años, más de los que le gustaría aceptar. Todo era diferente, ya no era el mismo chiquillo de 18 años que al menos podía justificar sus pésimas decisiones con su inmadurez, suficiente daño había causado ya, y esperar algo diferente después de tanto, era absurdo. Ni siquiera sabía que era lo que quería, estaba inseguro y perdido ante cualquier pregunta y definitivamente no tenía respuestas, al menos no las correctas, porque sí, a pesar de todo no encontraba el sentido a cada una de sus acciones, y el estar ahí, escondido entre camiones viejos y arbustos húmedos era la mayor prueba de ello.
Pero simplemente anhelaba verlo con sus propios ojos, aceptar que todo estaba perdido y que sí, había cometido el mayor error de su vida y tenía que lidiar con ello.
Los sonidos de alrededor no lo dejaban pensar, sentía su cabeza hecha un desastre en esos momentos. Los autos seguían pasando, las personas no dejaban sus conversaciones de lado, y en general, nada parecía detenerse por más que él quisiera que fuera así.
Había pancartas por todos lados, la publicidad era algo por demás común en esas ciudad y más en ese lugar, pero aún así era extraño, complicado ver esos ojos castaños tan familiares y desconocidos a la vez.
Siempre era así, por más que se lo topara en cada calle, en cada pantalla y uno que otro comercial para él esa persona seguía siendo tan desconocida como el primer día. No era nada de lo que tuvo, de lo que conoció, o tal vez sí, pero no había forma en la que pudiera confirmarlo y tampoco es como que tuviera el derecho de hacerlo.
Miró su reloj, dándose cuenta de que llevaba más de veinte minutos escondido en ese lugar. No veía el caso, no entendía la necesidad de todo esto, las cosas habían pasado y nada podía ser cambiado ya. Quedaron corazones heridos, muchas preguntas por hacer y definitivamente cientos de arrepentimientos los cuales tendría que arrastrar, pero ya nada era lo mismo, su presente era diferente, tenía una responsabilidad en casa, en su vida, los secretos siempre lo asfixiarían y si había algo que podía hacer era dar un paso atrás, suficiente daño había causado ya.
Tal vez por eso fue que simplemente decidió huir, correr e ignorar todo lo que su corazón seguía anhelando, como la primera vez, porque quizás siempre fue así de cobarde, por más que intentara negarlo. Dio la vuelta con rapidez, queriendo solo salir de ese sitio al que no pertenecía, esperando curar su mente y alma dolida o solo decidiendo seguir viviendo con ello.
Sin embargo, la mirada intensa de ojos oscuros y perdidos frente a él lo hicieron detenerse. Sintió el aire de sus pulmones escapar y pudo jurar que el tiempo pareció detenerse, así, sin igual.
No sabía que hacer, a donde correr, su cuerpo temblaba y la boca se le secó, porque no importaba cuantos años, siglos y momentos pasaran, él siempre causaría el mismo efecto en su persona, después de todo sus sentimientos difícilmente podrían cambiar, y estar enamorado de Park ChanYeol sería su mayor penitencia por el resto de su existencia.
—Tú... —soltó el alto, con voz temblorosa, llena de puro rencor.
Y fue entonces cuando BaekHyun lo confirmó; Dos personas que huyen de un mismo sentimiento, huyen en la misma dirección.
***
Como un pez fuera del agua, BaekHyun nunca sintió que realmente perteneciera a algún lugar. Incluso cuando no era más que un niño de nueve años, siempre pensó que había algo que no encajaba en él. Al principio pensó que podía ser su pequeña estatura, que comparada con el resto era un poco penosa, o sus rasgos delicados que para muchos era motivo de burla. A veces le molestaba, si era sincero, pero su madre siempre decía que era muy lindo y que eso solo lo ayudaría en el momento ideal, así que lo superó bastante rápido.
Tal vez fueran sus intereses, pensó. A diferencia de los niños de su edad, BaekHyun no estaba exactamente atraído a hacer cosas por diversión, no había tiempo para ello, había dicho su padre, cada momento era valioso y había que sacarle gran provecho.
Existían demasiadas cosas en su mente, algunas más interesantes que otras. Pero imaginaba que era normal, tanto como lo eran sus viajes anuales a diferentes partes del mundo, sus clases particulares de cosas que no le causaban mayor interés o sus horas de té en donde demostraba, de nuevo, lo muy bien que sus manos funcionaban sobre el teclado del piano, a pesar de no quererlo hacer.
Todo aquello conllevaba a las muchas dudas que constantemente tenía sobre sí, pero también lo que lo convertía en él, y quejarse de ello o tratarlo de olvidar resultaba inútil, porque no existía más. Querer enterrarlo significaba hacerlo consigo mismo, y no se consideraba lo suficientemente valiente para ello. Eso era lo que tenía, lo que existía y conocía, mirar más allá no era del todo necesario, y tal vez por eso fue que cuando lo hizo temió, porque como todo buen pez fuera del mundo que conoce solo pensaba en quedarse en su zona de confort, deseando que un día las corrientes fueran amables como para arrastrarlo a aquello que lo hiciera sentir realmente feliz.
Probablemente lo hicieron, se daba cuenta ahora, sin embargo, en su momento no hubo forma de que lo pudiera identificar. Y reírse y pensar en esa tarde de julio donde al fin el agua no lo parecía ahogar era su mayor consuelo. Un recuerdo de lo que fue, dejó y anhelaba recuperar.
Estaba retrasado.
Eso es lo único que su mente podía pensar en esos momentos. Eran las tres de la tarde, hacía un calor del demonio y las manecillas del reloj no parecían querer moverse con mayor rapidez. Sentía la presión creciendo por su cuerpo y es que imaginaba el horrible grito en el cielo que seguramente pondría su madre al ver su evidente retraso, pese a que ella le había mencionado una y otra vez que la puntualidad no era un tema a discutir.
Ya imaginaba lo molesta que estaría, ella todo el tiempo tenía cosas que decir. Escucharla una y otra vez repitiendo sus faltas y el porqué era importante que cambiara no estaba en la lista de sus cosas favoritas por hacer. Y es que en realidad lo detestaba.
Era francamente muy agotador. Y ser su único hijo no lo hacía aún mejor. A sus diecisiete años sabía pocas cosas sobre sí mismo o su futuro, pero de alguna manera tampoco es como que tuviera alguna razón para tratar de averiguarlas, porque sabía estaban ahí. Además, conocía las reglas, demasiadas para su deficiente cerebro si se lo preguntaban. Pero parecía que eso era más que suficiente para lograr el éxito que por tantos años sus padres le repetían, estaba más que prescrito para él. No era del todo malo, si lo pensaba, pero a veces era más divertido imaginar que si un día quería ser futbolista y al otro un maestro odioso que reprobara a todos los que le cayeran mal, serían opciones posibles y no un pensamiento al aire más, un sueño loco que no se cumpliría.
"¿Dónde estás?"
Las palabras aparecieron en la pantalla de su celular, y sinceramente quiso llorar. Cualquier tipo de evento en el cual la familia Byun fuera mencionada era de suma importancia, eso lo sabía. Sin embargo, lograba identificar aquellos en los que definitivamente podía relajarse y solo ser lo necesariamente formal y en cuáles no había espacio para errores. Y sabía que este era uno de ellos. No obstante, no es como que fuera su culpa, si por él fuera hubiera salido del aula de biología desde el primer momento en el que el profesor Kim comenzó hablar, porque verdaderamente odiaba esa asignatura y todo lo que conllevaba quedarse sentado ahí dentro por más de cuarenta minutos, pero no es algo de lo cual realmente se pudiera quejar, y tomar la clase entera fue, por lo menos, su menor preocupación en el día con tanta cosa dentro de su cabeza.
Existían muchas cosas por las cuales sus padres se sentían orgullosos de él, hablar varios idiomas, su buena habilidad para las letras o su bonito rostro angelical que al parecer era algo digno de presumir de él, pero en definitiva sus habilidades para tocar el piano era la favorita de ambos y la cual pocas ocasiones se negaban a soltar de su boca. Esta vez no fue la excepción, y cuando su madre le avisó de la próxima reunión donde definitivamente tendría que impresionar solo optó por asentir y tomar entre sus brazos a Príncipe Zuko, su gato persa dormilón.
Al final era lo mínimo que se esperaba de su persona, después de más de quince horas semanales sentado frente a las teclas junto a su instructor sería absurdo si no se supiera el ir y venir del sonido más que memorizado. Y bueno, tampoco estaba mal.
Movió su pierna un tanto desesperado, olvidando lo mal educado que se podría llegar a ver y apenas sonó la campana saltó de su asiento corriendo a la salida, sin tomarse el tiempo de esperar a alguno de sus amigos o despedirse de las personas de su alrededor. Tenía que llegar rápido y lucir como si realmente quisiera estar ahí, lo demás era algo por lo cual se preocuparía después.
La mochila pesaba sobre sus hombros, casi resbalando, pero no la dejaría caer, además la maqueta en sus manos solo hacía las cosas aún peor, quería gritar de frustración, porque al parecer este no sería su día y aún había tantas cosas por hacer.
Sus ojos se movían por todos lados, esquivando los cuerpos de adolescentes que no tenían real prisa por salir del lugar como él. Se sentía cansado, la noche anterior se había quedado hasta tarde estudiando los diálogos para su presentación y dando los últimos detalles a su maqueta, y aun así sirvió para nada porque ni siquiera tuvo tiempo de pasar a exponer. Sumándole a eso, su madre lo obligó a tocar la pieza del día tres veces, hasta considerarlo adecuado y como si la sonata número 14 fuera cualquier cosa por hacer.
Bufó, fastidiado y cansado de tan solo pensar en el resto de su tarde, al menos esperaba poder descansar un poco y obligar a Zuko a recostarse junto a él para terminar sus capítulos pendientes de Avatar por ver. Tomó una respiración de aire algo acelerado, y corrió directo a donde sabía se encontraba la camioneta de su chofer, repasando en su mente alguna de las excusas que tendría que decirles a sus padres y esperando que se encontraran lo suficientemente ocupados como para castigarlo o llamarle la atención. Y realmente no hubiera habido problema mayor en esos momentos donde creía que ya nada podría ser peor de no ser por el fuerte golpe que se dio frente al pecho de alguien, haciendo que cayera de centón hasta el suelo y que su maqueta de la célula procariota quedara aplastada entre ambos cuerpos.
—¡Yah! Maldita sea, ¿por qué son tan descuidados? —No pudo evitar gritar molesto y hasta cierto punto desesperado, viendo los restos de su trabajo y comenzando a pensar rápidamente cuanto tiempo le llevaría poderlo arreglar. No le importaban las miradas en su persona en ese momento, ni el dolor que atravesó su espalda, toda su atención estaba puesta en su esfuerzo que ahora estaba arruinado por el descuido de alguien más. — No puede ser, mi célula.
—Perdón, pero deberías ver por dónde vas —soltó una voz sería y gruesa sin real arrepentimiento en sus palabras, haciéndolo enfurecer, porque definitivamente no había sido su culpa y eso sólo era el colmo que le faltaba para terminar de destruir su pésimo día.
—¿De qué estás hablando? Si eres tú el que...
La voz se le cortó.
Todas y cada una de las quejas que estaba por decir murieron en la punta de su lengua. No pudo seguir hablando al alzar la cabeza y ver el aspecto de la persona frente a él, esos ojos obscuros que lo miraban con seriedad y parecían hasta en parte divertidos de verlo ahí, con su pantalón gris manchado y sus ribosomas de gomitas despegados, como si fuera una gracia en verdad.
Frunció el ceño, apretando los labios y poniéndose de pie sin ayuda, ignorando la mano que el tipo le extendió y no dudando en dar un paso atrás en cuanto lo tuvo frente a él. Era alto, mucho en realidad, tanto que tenía que inclinar su cabeza para mirar sus rasgos duros y su piel un tanto bronceada, sin embargo, no pudo evitar preguntarse qué hacía una persona de su tipo en ese lugar.
Sobre todo, en medio de su camino y causándole más problemas de los que ya tenía por arreglar.
—Yo no hice nada, tú eres el que te metiste en mi camino —aseguró el contrario, metiendo las manos en su bolsillo delantero haciéndolo gruñir.
—¿Perdón? ¡Fuiste tú el que apareció de la nada y destruyó mi célula procariota! —exclamó molesto, tomando una de las gomitas destrozadas y no pudiendo evitar lanzársela directo a sus rodillas, como si eso fuera a causar algún tipo de daño. — ¿Qué mierda te pasa? Nada te costaba mirar —reclamó, notando el pantalón roto de las rodillas del contrario y mirando las manchas de tierra en el suyo.
—Y a ti nada te cuesta ser amable. Incluso te iba a ayudar.
—¿Para qué? ¿Para qué terminaras de arruinar mi trabajo? Ni siquiera entiendo que hace una persona como tú en este sitio.
La mirada del tipo se oscureció antes sus palabras, mirándolo de arriba a abajo y pareciendo juzgar cada una de sus expresiones o las nuevas manchas en su uniforme.
Seguro estaban llamando la atención, después de todo estaban justo en la salida de la puerta y un hombre como él seguro que causaba miradas por parte de terceros. Ya imaginaba todo lo que estarían diciendo.
—La calle es un espacio libre, no sabía que tenía que pedir permiso para pararme a tomar el sol en este lugar.
Le iba a contestar. Realmente iba a hacerlo porque el tipo era un grosero de lo peor, no solo había arruinado su trabajo y su uniforme, sino que además tenía el valor de hablarle de esa forma tan altanera, como si se conocieran o siquiera le importara su opinión. No obstante, el constante sonido del celular dentro del bolsillo de su pantalón lo detuvo de hacer cualquier movimiento. Tres y veinte minutos, ya no podía perder ni un segundo más.
Palmeó sus piernas, queriendo eliminar aunque fuera las manchas más evidentes como si sirviera de algo. Y con una mirada segura ignoró cualquier cosa más allá de lo que tenía en sus manos.
Dios, su madre lo iba a matar.
— No permiso, pero mínimo la ropa decente para acercarte a esta clase.
No esperó más, tomó su mochila del suelo y caminó con prisa hasta la camioneta donde el Señor Jang ya lo esperaba. Notó su mirada, visualizando sus manchas y el desastre en el que seguramente estaba vuelto en esos momentos, pero de igual forma no mencionó palabra alguna y se concentró en manejar hasta el lugar acordado.
Miró sus manos, notando un pequeño raspón en la palma izquierda, al menos no dolía tanto y sus dedos no habían salido lastimados, ya imaginaba el problema en el que se hubiera metido si no hubiera podido tocar. Todo estaba jodido, el ADN de su maqueta se había despegado por completo y la mayoría de los ribosomas ni siquiera existían ya. Tendría que trabajar hasta tarde, porque en definitiva eso no lo arreglaría tan fácil.
Lloriqueó, pataleando con fuerza lleno de frustración recordando al causante de su desdicha. El tipo era extraño, era lo único en lo que podía pensar, jamás lo había visto por el sitio y de verdad que no era común ver a gente de su clase por su colegio, después de todo las amistades de la mayoría de ese lugar eran de años y cada cara era conocida de alguna manera. El recuerdo de sus labios gruesos, el pantalón descosido y su playera con letras deslavadas seguía en su cabeza, haciéndolo temblar sin estar seguro del porqué, ya ni siquiera le servía quejarse o molestarse más, solo esperaba no verlo de nuevo, porque la gente de su tipo solo significaba problemas, eso siempre decía su madre y ahora lo confirmaba.
Pero lamentablemente no fue así, como tampoco fue sencillo soportar a sus padres el resto de la semana.
Su madre había estado tan molesta con él, repitiendo lo avergonzados que se sentían tras la imagen que había dado. A pesar de su excelente presentación el regaño y los defectos no se hicieron tardar, y tal vez en otra ocasión hubiera buscado excusas o alguna explicación para justificarse, pero esta vez no fue así, estaba más preocupado en concluir con su arruinado proyecto. Cosa que hizo y que solo logró que fuera de un pésimo humor a sus siguientes clases, porque estaba cansado, fastidiado y con bastante sueño como para aparte tener que sonreír.
Para colmo, el chico alto de la última vez no desapareció como creyó. Al contrario, se volvió incluso común encontrarlo a la salida del colegio como si perteneciera ahí.
Al principio no entendió, las personas de su nivel no solían merodear alrededor, era extraño, se veía ajeno a todo, su ropa y su forma de ser lo eran y sumándole a eso su vieja motocicleta no ayudaba a la ecuación, todos sabían lo mal vistas que eran, el ruido era ensordecedor, desesperante y ocasionaban muchos accidentes, además esos pantalones rotos y tenis sucios solo mostraban lo muy poco formal y nula preocupación que tenía por su imagen, eso era terrible, ¿cómo podía seguir tan cómodo ahí?
No imaginaba lo que pasaría si alguno de los padres de la mesa directiva llegaba a enterarse, no estarían felices de que personas desconocidas merodearan las instalaciones, y en parte tendrían razón, demasiadas cosas de valor existían en ese sitio.
El moreno no pertenecía a todo esto, eso era evidente así que las preguntas y los chismes no tardaron en hacerse llegar.
—¿Escucharon lo de Oh Sehun? —preguntó su amiga SooYoung a la salida de su última clase un par de días después.
Kyungsoo la miraba en silencio, no queriendo preguntar pero bastante al pendiente de lo que fuera a decir la pelinegra, mientras él terminaba de guardar algunas de sus pertenencias dentro de su casillero sin real interés.
—Dicen que se ha unido a un grupo de mafiosos.
—¿Sehun? ¿Enserio? —preguntó extrañado el de ojos redondos, no convencido con la información. — La familia Oh jamás haría algo así.
—Pensé lo mismo, pero ayer todos lo vieron irse con un grupo de gente... extraña.
—¿Extraña? ¿cómo?
—No lo sé, pero dicen que vestían como unos completos gangsters, llenos de tatuajes, armas e incluso andaban en motocicletas, ¿pueden creerlo? Woah, Sehun es realmente apuesto y su familia tiene muy buenos negocios, que pena que vaya a terminar con gente así. ¿Creen que los señores Oh lo hayan obligado?
Todos hablaban, cada día un nuevo rumor se robaba la atención llegando a un punto ridículo. Oh Sehun se estaba juntando con las personas incorrectas, eso era lo que la mayoría aseguraba, y tal vez sí que fuera así.
La mirada de BaekHyun constantemente se dirigía al mismo punto, sin poderlo evitar. Bajaba las escaleras, esperando a su chofer pero también analizando a la persona que sabía estaba unos cuantos metros adelante sin prestar real atención.
No deseaba acercarse, guardando algo de resentimiento y precaución después de la última vez, tampoco le generaba confianza tras todo lo que había escuchado y visto de las personas que lucían como él, no obstante le era tan imposible como al resto no mirar.
De alguna forma le causaba curiosidad, no hacía mucho, solo mirar su celular, saludar a algunas personas o comer una paleta de una manera completamente despreocupada. Pocas veces lo notó, regalándole sonrisas de lado o algún movimiento que suponía era una forma de saludarlo pero que prefería ignorar, aunque tal vez la constante mirada pesada sobre su espalda significaba algo más. No lo sabía, y tampoco lo intentó comprobar.
Desconocía su nombre, mucho menos lo llegó a escuchar. Sabía, por lo que había visto que era el nuevo amigo del hijo de la familia Oh, pero fuera de eso seguía siendo un completo desconocido; la persona que había arruinado su proyecto y le había causado muchos problemas, pero nada más.
Fue una tarde de agosto cuándo eso cambió.
Tenía tiempo libre y tarea que necesitaba avanzar, por lo que se dirigió a una cafetería algo nueva que lucía bastante bien. Buscó asiento alejado de la entrada, esperando que los rayos de sol calentaran un poco sus brazos, anhelando algo de calma y un poco de cafeína en su cansado sistema, cuando entonces lo escuchó.
—¡Hey! Niño procariota, ¿qué tal tu proyecto?
Abrió los ojos, sorprendido al reconocer aquel tono de voz. Levantó la mirada, encontrándose con los mismos orbes oscuros que tantas veces parecieron quererlo atrapar y con una sonrisa tranquila, que por primera vez no lucía del todo coqueta.
El chico alto vestía con el uniforme del lugar, un pantalón oscuro junto a un mandil del mismo tono y una camisa blanca que se encontraba remangada, permitiendo ver así un par de tatuajes en la piel de sus brazos para su sorpresa y disgusto, además de eso su cabello normalmente despeinado parecía estar en orden y en general, se veía tan diferente a lo que BaekHyun se había acostumbrado, pero bien de una extraña manera que no supo explicar.
—Espero lo hayas podido salvar.
—Tuve que, después de tu descuido —soltó, sonando más hosco de lo que planeó.
Aun así, el moreno rio, levantando ambas manos en signo de derrota.
—Al menos los ribosomas no sabían tan mal.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—Quizás. —Se encogió de hombros, con una sonrisa de lado bastante natural. — Como sea, ¿qué vas a ordenar?
—¿Qué haces aquí? —preguntó, con la evidente desconfianza saliendo de su voz y en su mirada que, seguro, no pasó para nada desapercibida para el contrario, mientras recorría con sus ojos el cuerpo completo del alto intentando no ser muy evidente.
—Tomando tu pedido —soltó, con una ceja arqueada como si fuera lo más evidente del mundo.
—¿Trabajas en este lugar?
—¿Se me ve tan bien el mandil que este no te lo grita?
No supo que contestar. Separó los labios, queriendo decir algo, cualquier cosa que le quitara la sonrisa burlona con la que parecía verlo todo el tiempo, sin embargo, nada llegó a su mente. Estaba en blanco, sentía la boca seca y es que ese hombre era demasiado imponente para su propio bien.
Ignoraba si era por su altura, su altanería o solo por su forma de ser, pero mentiría si dijera que le era fácil estar a su lado cuando no era así. El silencio que los rodeaba a ambos solo lo confirmaba, nada parecía cambiar y, de hecho, el contrario no se había inmutado en lo más mínimo, pero él por poco se sentía desmayar.
—Ese mandil es realmente feo —dijo, en un hilo de voz tan bajo y tambaleante que resultó por demás absurdo.
Agachó la mirada, fingiendo leer el menú que tomó en sus manos sin importarle tenerlo al revés, su cara estaba enrojecida y la risita que el mesero no pudo guardar en nada lo ayudó.
—Wow, pero que grosero eres niño procariota, no esperaba eso de ti.
Carraspeó, dirigiendo sus ojos a un punto de la mesa al azar, solo no queriendo seguir topándose con su mirada e ignorando todo lo que se había animado a decir.
—Tráeme un Frappuccino —pidió, queriendo cambiar el tema y alejar la atención de él—. Con leche de coco y café geisha. Y un pastel de fresa, también.
—Bien, ¿algo más? —preguntó, a lo que negó regresándole el menú de golpe. — Perfecto, orden de frappuccino para BaekHyun será.
—¿Cómo sabes mi nombre? —cuestionó, alarmado y mirándolo con reproche.
No lo estaría siguiendo, ¿verdad? Sería raro, porque no se conocían realmente, y no consideraba que las miradas silenciosas de los días pasados significaran más de lo que era, pero tal vez los de su tipo solían hacer ese tipo de cosas y tomárselo como algo normal. Además, no entendía porque siempre parecía querer robar su atención, ¿Sehun le habría dicho algo? No era como que existiera algo que decir, pero igual, nunca se sabía. Tal vez quería saber más de él, por algún motivo que no lograba entender.
—Está en tu uniforme —señaló, haciendo que sus ojos cayeran sobre el gafete de su ropa que, como siempre, señalaba el dato en cuestión.
Cerró los ojos, completamente avergonzado y sintiendo sus mejillas llenarse de color hasta enrojecer. Dios, era tan estúpido. No podía dejar de soltar cosas a lo tonto por su boca, se dio un par de golpes en los labios, como si eso cambiara algo de lo que ya había hecho en realidad y prefirió hacer oídos sordos a la risa bajita y ronca del mesero, que se comenzó a alejar.
Lo odiaba, le exasperaba. Detestaba que lo pusiera tan nervioso todo el tiempo. Quería culpar a sus tatuajes y a su ropa que le inspiraba desconfianza, o algo así, pero sabía que no era el caso. En alguna parte de su mente intentaba hacerse sentir mejor diciéndose que era amigo de Sehun, así que tan malo no podía llegar a ser. Pero las apariencias engañaban, su madre se lo había dicho alguna vez, y quizás tuviera razón.
De todas maneras, debía aceptar que el alto no era del todo malo. Dejando de lado su motocicleta, su ropa de delincuente y su cabello gris despeinado lucía incluso apuesto, sus rasgos eras demasiado masculinos, su piel muy bronceada y esas orejas tan particulares era imposible pasarlas por alto. No lo había visto hacer nada lo suficientemente terrible, no había causado ningún accidente con su máquina del diablo y tampoco parecía querer robarse nada del lugar. En realidad, hasta le hubiera parecido un poco agradable porque le causaba gracia como molestaba a su odioso profesor de cálculo recargando su moto a un costado de su costoso auto, de no ser por la forma tan sarcástica y bromista en la que le hablaba, lo confundía e incluso lo ridiculizaba, y eso lo aborrecía.
El hombre era interesante, eso sí. Parecía siempre tan indiferente a todo, moviéndose entre las mesas con una expresión aburrida para después volverse todo sonrisas y guiños coquetos con sus amigos y algunos clientes del lugar. Disfrutaba su trabajo, o eso creía BaekHyun, pues no se veía especialmente cansado o de mal humor, a pesar de terminar apestando a café, como había confirmado cuando pasaba caminando a su costado.
Era hábil con las tazas, se movía rápido y parecía saber lo suficiente como para ayudar a sus compañeros cuando la cafetera no parecía querer funcionar.
Hacía lo que tenía que hacer, nada más, y eso estaba bien para él.
Por lo mismo, el castaño no pudo evitar sonreír un tanto apenado al final de esa tarde, cuando junto a su cuenta se encontraba una pequeña galleta de coco junto a una nota que le agradó leer.
"Esto va por la célula y esos deliciosos ribosomas de limón.
Atentamente, Park ChanYeol.
Pd. También viene en mi gafete (• ‿ −)"
Tras eso se volvió normal, común llegar a esa cafetería después de sus clases. Le gustaba decir que era por el buen sabor del café o por esa rica tarta de fresas que le había encantado, sin embargo, una parte de su cabeza que a veces se volvía bastante molesta, le repetía que no era así.
Sus ojos vagaban, siguiendo la silueta alta y de piernas desgarbadas que parecía no poner atención, pero que en ocasiones se giraba, buscándolo entre el tumulto de gente y guiñándole el ojo en forma de saludo, haciéndolo gruñir con un leve sonrojo en su rostro que se esforzaba por cubrir.
ChanYeol era bastante conocido en el lugar, como logró comprobar. Constantemente las mesas se llenaban de jóvenes estudiantes que aun en sus uniformes ordenaban café y malteadas dietéticas con el fin de hacerle ojitos al trabajador, no disimulaban ni un poco y a él no parecía molestarle en lo más mínimo, incluso parecía feliz cuando pedían por él y, sobre todo, al final cuando recogía las post-it de corazón con números telefónicos y un par excesivo de billetes como propina.
Fingía no tener interés, concentrándose en sus trabajos, decorando la hoja de su tarea con figuritas y corazones e ignorando algunos mensajes de su madre que le recordaban llegar a tiempo a sus lecciones mientras terminaba su bebida con lentitud. Nunca existía una hora específica para salir de ahí, simplemente sabía que era el momento cuando su celular no dejaba de timbrar o veía que realmente era tarde, por lo que salía corriendo del sitio pensando que la próxima vez no le volvería a pasar.
No podía decir que fueran amigos, conocidos, mucho menos consideraba que se llevaran bien. No obstante, era notorio que ChanYeol le ponía atención, al menos la suficiente como para saber cuál era su café favorito, su postre de los jueves y la mesa que prefería para poder trabajar. Le resultaba cómodo, que todo ese tipo de cosas fueran consideradas por el contrario, pero a final de cuentas suponía que era lo normal porque era su trabajo, y fingir que lo hiciera por algo más no sólo era prepotente sino también innecesario, porque no había motivo para que lo quisiera así.
Las cosas no se hubieran visto afectadas, pudo continuar de esa manera ignorando todo lo que había a su alrededor y fingiendo no mirar la calcomanía de un maní que estaba pegada en esa moto al salir de la escuela, sin embargo, Sehun sí que lo notó, sobre todo cuando lo encontró en el mismo sitio por tercera vez.
—Veo que te gusta el café del lugar —mencionó, sentándose junto a él y sonriendo como si supiera que esa bebida no tenía nada en especial.
Pudo haberse explicado, excusado y fingir desinterés, pero no lo hizo. En su lugar solo asintió y continuó mirando esos números y símbolos a los que no les entendía ni un poco, pero trataba de hacer parecer que sí.
Y a su amigo no pareció importarle, llegando a tomarlo como algo normal e incluso aceptando hacerle compañía cuando no había más tarea por hacer y no podía encontrar nada más interesante que mirar a la gente subir y bajar del autobús en la parada de enfrente.
—ChanYeol podría ayudarte, ¿sabes? —le dijo Sehun una tarde, mientras lo veía a punto de ponerse a llorar porque las derivadas no eran lo suyo, y su cabeza parecía querer explotar de estrés.
—¿Ayudar a qué? —preguntó el mencionado, llegando a su mesa y entregándole el pedido a su amigo, mientras a él le entregaba una galleta de coco que, de hecho, ni siquiera ordenó pero que sabía le gustaba bastante.
—No sabe acerca de derivadas.
—Si sé —se intentó defender, no gustándole que lo hicieran lucir como un tonto.
—¿Enserio? A ver, que dice acá—cuestionó, señalándole un problema al cual ni siquiera entendía que es lo que debía sacar.— Exactamente, ¿ya ves?
—Préstamelo —pidió el alto, sentándose en el asiento de a lado y comenzando a leer lo que había en su libro garabateado.
Al final, resultó que ChanYeol era excelente con los números, o al menos mejor que él. Tuvo la paciencia de explicarle los problemas de su tarea de una forma tan clara, que incluso Sehun prestó atención. La tarde se les fue en eso, con sus ojos brillantes por todo lo que el contrario podía hacer y hubieran podido seguir de tal forma de no ser por la voz del jefe del moreno, que le ordenó ponerse a trabajar si no quería terminar con el día completo descontado.
Todo aquello solo le causó interés, preguntándose si ChanYeol estudiaría alguna clase de ingeniería o algo similar. Después de todo, se notaba que era bueno para ello, sería más extraño de no ser así. Sin embargo, nunca lo veía hacer la tarea o apurado por salir, e imaginaba que el trabajar en ese sitio tampoco dejaba mucho tiempo libre para encargarse de lo suyo, al menos no con sus turnos.
Era bastante perspicaz, asomándose por encima de su cabeza cuando lo notaba más confundido de lo normal, y aunque en ocasiones le explicaba con rapidez otras tantas prefería hacerle burla de lo torpe que podía llegar a ser.
—No lo fuerces, enano, se te va a quemar —decía, pasando por su lado dándole un ligero golpe en la cabeza.
Como si tú supieras demasiado, le soltaba en ocasiones frustrado, para sólo ganarse un más que tú si, de su parte que no podía refutar porque del todo erróneo no estaba, tenía que aceptar.
***
—Oye Byun, ¿no te gustaría acompañarnos? —preguntó Sehun, meses después.
Comenzaba a anochecer, de hecho, la cafetería estaba casi vacía de no ser por él, un matrimonio con su pequeño y un anciano que parecía haberse quedado dormido pegado a la pared. Sehun recogía sus cosas y ChanYeol, detrás del mostrador guardaba su mandil con una de sus habituales camisas deslavadas de nuevo puesta.
—Mhm, ¿a donde?
—Solo vamos a la casa de un amigo, nada en especial pero... será divertido. Te llevaré a casa después.
Revisó la hora, dándose cuenta de que era bastante tarde ya. A su madre no le gustaba que estuviera fuera después de las siete, menos si al día siguiente tenía clases o algún taller en particular. Sin embargo, se cuestionó el que tan malo podía ser ir y descubrir algo nuevo en su lugar. No sabía a qué clase de sitios o el tipo de amigos que tuviera ese par, seguramente era gente muy diferente a él, estaba de acuerdo, pero aún así pasó por su mente la lista de pro y contras en base a la decisión que fuera a tomar.
No era de ir a fiestas sin sus padres, normalmente ellos le decían a que eventos era mejor asistir, hablándole de la gente que estaría ahí y porque era importante causar una buena impresión, sumándole a eso sus amigos eran bastante serios y de padres estrictos también, así que lo más loco que en algún momento habían llegado a hacer fue ir a pedir pizzas a un bar y regresar a casa cerca de las ocho treinta.
Por lo mismo, pensó que no estaría mal ver un poco más, ignorando a la voz de su cabeza que le decía lo muy mala decisión que podía llegar a ser.
Desconocía que lo llevó a considerarlo más de una vez, pero sobre todo el cómo es que había terminado a orillas de la acera viendo la monstruosa motocicleta que parecía brillar bajo la luz de la farola o algo similar.
—Ni loco subiré ahí —soltó, antes de que siquiera le propusieran montarse al vehículo.
Sabía lo que pasaba, había visto muchas películas y nunca salían las cosas bien. Juntarse con la gente mala ya era algo bastante fuera de lo que comúnmente hacía de por si, terminar muerto en medio de una carretera por su cráneo fracturado ni siquiera era una opción.
—Es segura, mira, le pegué la pieza que se rompió hace un mes con un poco de cinta y silicón —señaló ChanYeol, mostrándole con orgullo su pieza deforme de la que desconocía el nombre y función, pero que seguro era importante si estaba ahí.
—No, ni de broma. Esa cosa parece de la era de mi abuelo, está viejísima ¿seguro que le funcionan los frenos?
—¿Cómo no le van a funcionar? No seas idiota —se enderezó, bastante ofendido. No le gustaba que nadie insultara a su motocicleta, Nancy era importante y había trabajado mucho para tenerla. Ese niño riquillo que iba a saber.—Si no quieres, no te subas, vete a pie.
—Eres demasiado grosero, ¿para eso me vas a invitar? Se nota que te falta educación.
—Yo ni siquiera te invité, ricachón.
Discutieron por más de cinco minutos. BaekHyun reclamando el como su máquina lucía todo menos segura molestando a ChanYeol, quien realmente enojado comenzó a ignorarlo y arremedarlo de manera ridícula, haciendo que ninguno llegara a un buen punto hasta que Sehun se cansó, obligando a ambos a caminar en silencio si no querían terminar muertos.
La casa a donde fueron no estaba tan lejos, y tampoco lucía tan mal. Sonaba algo de música, pero no tan fuerte como para molestar a terceros alrededor, y cuando entraron todos parecieron recibirlo y saludarlo como si lo conocieran de toda la vida y realmente les gustara tenerlo ahí. Vestían similar a ChanYeol, con ropa oscura, chaquetas de cuero y algunas cadenas que parecían descoloridas, muchos tenían su cabello pintado de colores para su sorpresa e incluso un chico llevaba un tono neón que se le veía horrible pero parecía hacerlo muy feliz.
Caminó, sintiéndose fuera de lugar con sus ojos girando por toda la habitación a pesar de que nadie era grosero, solo que era evidente que no pertenecía ahí. Algunos susurraban, recorriendo con su mirada el impecable uniforme de uno de los colegios más costosos de la ciudad, seguro que lo sentían ajeno a todo eso pero tampoco podía culparlos cuando el había hecho lo mismo al conocer al moreno de cabello gris que reía a un par de metros de él. Sus mundos eran diferentes, no se parecían en nada, por lo que juntarlos y fingir que si era bastante complicado de por si.
No sabía si su madre lo estaba buscando, no lo dudaría ni un poco. Pero por primera vez pensó que no le importaba, todos ahí parecían tan cómodos, fumando un poco o bailando entre risas como si todo estuviera bien, no parecía haber etiquetas, vigilantes ni mucho menos aperitivos de surimi que tenía que fingir que sabían bien. Además, no estaba haciendo nada ilegal ¿o si?
—Ten, toma esto —le dijo Chanyeol, parándose a su lado y extendiéndole una botella con una bebida rosa que desconocía.— Te va a gustar.
Asintió, aceptándola porque tenía sed y todos ahí parecían beber algo, necesitaba hacer cualquier cosa que lo ayudara a sentirse un poco menos fuera de lugar. Sabía rica, era sabor fresa lo cual le encantó, cosa que ChanYeol notó y lo hizo inmediatamente sonreír, consciente de que había acertado y anotando mentalmente el dato.
Baekhyun era fácil de leer, al menos para él. A pesar de ser bastante caprichoso e infantil no parecía del todo mala persona, era curioso, tanto que le era imposible disimular sus miradas directas hacia su persona, lo cual le hacía divertir, porque aunque sabía lo hacía para juzgar, no había mucho que pudiera hacer, además le gustaba fingir que no lo notaba y atraparlo con las manos en la masa para verlo huir.
Creía que ni siquiera el pequeño sabía que hacer, al principio fue cansado, pesado escucharlo hablar y hacer prejuicios de su persona por nada en particular, pero de a poco lo comenzó a disfrutar, aceptando que lo que decía no era del todo su culpa y que a final de cuentas él también se las podía regresar, no pensaba ser amable y justo con una persona que no lo era del todo a con él. Sehun reía, cada vez que lo escuchaba quejarse de ese pequeño rubio que lograba minimizarlo con sus comentarios, pero supuso que era normal después de darse cuenta que su atención al final terminaba en BaekHyun, en sus mejillas repletas de tarta de fresa y en su ceño fruncido por no saber nada de matemáticas.
Le era extraño verlo seguido en su lugar de trabajo cuando nunca antes había pasado algo similar, pero verlo concentrado en sus deberes la mayor parte del tiempo le decía que sólo le gustaba para estudiar, el ambiente era bueno, muchos iban ahí por lo mismo y teniendo el dinero para gastárselo en café ridículamente costoso lo podía llegar a entender.
A pesar de eso no se llevaban del todo bien, y en definitiva no sabía si eso se lograría en algún momento eran testarudos, tercos y les gustaba tener la razón, pero no por eso le molestaba su presencia y comenzaba a notar que para el más pequeño parecía ser igual.
Le permitió tomar una, dos y hasta tres latas como se lo pidió, riendo porque parecía fascinado con el sabor. Hasta que comenzó a darse cuenta de que su actitud no era del todo normal y sus mejillas rojas solo se lo podían terminar de confirmar.
—Mierda, dime que has tomado antes alcohol —susurró, viendo como comenzaba a reír por la carita feliz que aseguraba se formaba en la punta de su pie aunque no era así.
Maldijo, dándose cuenta de que el menor era incapaz de soportar el alcohol. Seguro ni lo había probado alguna vez.
Se sentía nervioso, viéndolo caminar por ahí y haciendo comentarios que estando en sus sentidos seguro no se animaría a hacer. Les pedía que le subieran a la música, cantando emocionado el éxito de Britney Spears y sus amigos parecían disfrutarlo, animándolo a seguir tomando y cantando porque al final es a lo que todos iban ahí. Pero ChanYeol no se los permitió.
Entendía que no lo hacían con maldad, en realidad nadie quería molestarlo porque ninguno era así. No obstante, de todas maneras le causaba incomodidad, BaekHyun estaba notoriamente mareado, casi tropezando más de una vez y sin entender del todo lo que estaba pasando con él.
—Me gusta aquí, me gusta la música, esa canción es genial —habló, dejándose arrastrar por un preocupado ChanYeol que lo sentó en un sofá algo destartalado obligándole a tomar un gran vaso de agua que solo aceptó.
—Lo sé, ¿es buena, no?
—Es genial, es asombrosa. Britney es genial, me gustaría ser Britney, ¿conoces a Britney?
BaekHyun lo vio reír, asintiendo a sus palabras y susurrándole con voz baja un "conozco a Britney", que por algún motivo lo puso feliz.
Lo obligó a mantenerse a su lado, aunque el alto jamas intentó irse. Quejándose del porque no podía entender cálculo y pidiéndole más agüita de fresa, cosa que se le negó. El resto parecía divertido, viéndolo con algo de ternura y diciéndole que en unos momentos estaría mejor, aunque no comprendía del qué. Jugó un poco, cuando una pareja de chicos se acercó con unas tarjetas de colores que lo entretuvo por un rato con ayuda de ChanYeol, además comió bastante, llenándose sus mejillas con pastel de arroz y un par de galletas que el contrario le consiguió para que se sintiera mejor.
Sehun también parecía preocupado, no muy contento con todo lo que habían ocasionado aunque no había pasado nada malo hasta el momento. Baekhyun era tan inocente, siempre en su mundo y burbuja de privilegios como para darse cuenta de que algo andaba mal, parecía a gusto, cómodo e incluso feliz, sorprendido por los tops ajustados de algunas chicas o por el bop-it que al parecer era la primera vez que lo llegaba a ver.
Poco a poco se fue sintiendo mejor, pero la risitas no dejaban de fluir y por lo mismo ChanYeol se negaba a alejarse de su lado. Baekhyun lo observó, con su ropa desgastada y su reloj comenzando a descarapelar. El moreno parecía ser un buen chico, no había tomado mucho y aunque seguía conversando y jugando con algunos otros amigos su mayor atención seguía puesta en él.
Trabajaba mucho, el menor podía notarlo. Todas las tardes lo encontraba en el mismo lugar con una buena actitud hasta terminar su día, a veces notaba como se detenía a mover sus pies o masajear sus manos, pareciendo algo cansado o fastidiado por las palabras de alguien más, pero aún así continuaban con lo suyo, limpiando mesas, llevando tazas y aceptando en silencio los coqueteos de los demás. Se preguntaba si estudiaba, si tenía más trabajos o solo lo hacía como un pasatiempo más, lo cual dudaba porque no creía que alguien pudiera ponerse tan feliz de ver dos billetes en la mesa de la propina, como si supiera que estaba un poco más cerca de su meta para dejar todo ahí.
Podía lucir un poco malo e intimidante, su altura, rostro serio y tatuajes no lo ayudaban, BaekHyun había escuchado cientos de veces lo poco bueno que era todo eso, solo la gente mala y sin objetivos los usaba, eso decía su madre. Pero no cría que ChanYeol fuera así. Siempre guardaba silencio ante algunos insultos feos que la gente hacía al pasar a su lado, esperaba tranquilo a que Sehun llegara y parecía genuinamente feliz de verlo cada día, mucho menos había ocasionado daños ni lastimado a nadie aunque pudiera y tuviera la oportunidad de hacerlo. Sólo era un chico más, que trabajaba duro para ganarse unos centavos y disfrutaba de estar con sus amigos, tomando, riendo y jugando un poco con esa maquinita que hablaba por dentro.
Baekhyun no lo entendía, de verdad que no. No comprendía porque su pecho parecía saltarse cada que sus miradas chocaban en la cafetería, ni porque disfrutaba viendo su perfil aunque fuera algo alejado. Tampoco el porque gustaba de escuchar su voz o sentirse medianamente importante al recibir su galleta de coco semanal. No entendía porque desde el inicio fue imposible sacárselo de la cabeza, ni como fue que terminó buscándolo en cada mínimo lugar junto a su motocicleta.
BaekHyun no entendía, no comprendía nada de todo aquello, mucho menos el porqué estaba tan feliz de verlo sonreír a su lado en esos momentos.
No entendía y no comprendió. Hasta que sus ojos se negaron a voltear a otro lado y de alguna forma le gustó la sensación que en su pecho creció. Y entonces, cuando los mismos ojos castaños de siempre lo observaron con curiosidad solo lo supo, porque tal vez siempre fue así, y negar que Park ChanYeol le gustaba era por completo inútil.
***
Le dolía le cabeza, el cuerpo, los ojos, todo.
Se sentía cansado, tenía sueño y definitivamente terminar lo tarea no era algo que quería hacer. Su café seguía casi intacto, con su estómago revuelto no consideraba buena idea siquiera probarlo. Era temprano aún, tanto que el sol daba con fuerza a la silla contraria de su mesa.
La noche anterior había llegado tarde a casa, ChanYeol lo llevó caminando, ya que Sehun había tomado un poco más de lo normal y lo que menos quería era más problemas. Por suerte, sus padres no se encontraban en casa, lo cual agradeció, ya imaginaba el castigo eterno que le hubieran puesto si lo veían en esas circunstancias y junto a una persona como su acompañante.
El camino fue en silencio, el moreno parecía bastante nervioso y preocupado como para platicar y él tenía tantas cosas en la cabeza que prefirió solo ignorar. Se despidieron con un corto adiós y corrió hasta esconderse en su habitación, en donde por fin gritó y saltó desesperado porque no había forma en la que llegara a pensar algo como lo de la última vez.
¿Gustarle ChanYeol? ¿A él?
Es que debería estar enloqueciendo. Era imposible que le gustara un pobre como él, sobre todo si era así de orgulloso, bocón y molesto como resultaba el alto. Tenía sus puntos positivos, claro que si, y también era bastante guapo, tenía que aceptarlo pero ¿qué más? No parecía haber mucho más allá de su trabajo de mesero, y seguro ganaba poco porque su moto era vieja y algo fea. ¿Viviría en un buen lugar? ¿O pertenecería a un barrio horrible donde la delincuencia era cosa de todos los días? ¿Acaso pensaba toda la vida quedarse en esa cafetería y ya?
Todas esas cosas pasaban por su mente y resultaba realmente molesto. Apenas pudo dormir, sus clases fueran espantosas y para colmo el de cabello gris no apareció en la entrada, por lo que sin querer terminó sentado en la mesa habitual de siempre, esperando qué tal vez si lo veía de nuevo completamente sobrio y con las cosas claras en su cabeza el pensamiento absurdo de sentirse atraído hacia él desaparecería por completo, o algo así.
—Ten, come estas galletas —habló el alto, poniendo un par de comida en su mesa y observándolo con atención, haciéndolo sudar.
—No las pedí.
—Ya se, pero podrían gustarte y probablemente te hagan sentir mejor.
—No las quiero —soltó, haciéndolas a un lado de forma grotesca.—Llévatelas.
El mesero lo miró, sorprendido por sus palabras pero si pensaba decirle algo se contuvo, porque solo asintió, y las tomó en sus manos para retirarse con un escueto "okey."
El paso de los días no mejoró la situación. Por algún motivo se sentía enojado, no podía ver al alto a la cara porque la molestia invadía su sistema. El tipo ni siquiera le había hecho nada, literalmente solo lo ignoraba mientras trabajaba como siempre y eso hacía todo peor. Creía que se llevaban algo mejor, incluso aceptó que le caía un poco bien así que, ¿por qué no lo miraba?
Tampoco lo intentó, bastante orgulloso como para pensar sacarle un poco de plática o preguntarle qué tal había llegado a casa la última vez. Él no había hecho nada malo, y si se detenía a pensar con detenimiento nada bueno saldría si seguía haciendo cosas que no debía, por algo sus padres se habían esforzado tanto por su educación. Pudo ser peligroso, tomó cosas indebidas, y aunque la pasó bien no era suficiente para ponerse en riesgo así.
A veces lo atrapaba, mirando en su dirección, no obstante, siempre se giraba, sin intentar hacer parecer lo contrario y continuaba con lo suyo, regalándole sonrisas bobaliconas a las niñas de las mesas y guiñando ojo tras ojo como si luciera tan bien, ¿que no notaba que parecía un tic? Ni siquiera era tan sexy eso, podía nombrar muchas otras cosas de ChanYeol que llamaban más la atención que esa bobería, en verdad.
—¿Tienes el número del pobretón? —preguntó SooYoung, poco después.
Había salido de clases y como siempre, caminó a su lugar habitual, sin embargo, no esperaba que su amiga se le pegara como chicle y que de hecho, le comentara que sabía que se llevaba un poco con Sehun y su amigo motonero. Eso lo sorprendió, por lo que estuvo a punto de ponerse a negarlo una y otra vez, pero la chica no se lo permitió, caminando como si nada y comentando el horrible calor que hacía ese día.
—¿Por que debería tenerlo?
—No lo sé, solo preguntaba.
—De todas formas, ¿para que lo quieres? —cuestionó, dándole un trago a su bebida queriendo parecer indiferente.
—Está guapo —soltó, como si fuera lo más sencillo del mundo.
Los ojos de la chica estaban puestos en el alto, que con una sonrisa divertida le explicaba a uno de sus compañeros alguna cosa de la cafetera. Lucía bastante bien, con sus brazos flexionándose por la fuerza aplicada bajo la tela de su apretada camisa. Su cabello estaba algo desordenado e incluso Baekhyun logró ver una gota de sudor caer de su barbilla, pero eso en lugar de parecerle asqueroso solo llamó un poco más su atención.
—Pero es pobre —quiso argumentar, no gustándole en lo más mínimo la mirada de su amiga sobre ChanYeol.
—No importa, solo lo quiero para un rato. ¿Sabes? Dicen que los pobres lo dan todo en la cama.
Aquello no le gustó, le molestó tanto que tuvo que girarse y terminar su bebida en silencio con la mano apretada. No le dio nada, no solo porque no tenía lo que quería, sino porque era absurdo lo que pasaba por su cabeza.
Usar a ChanYeol de esa manera y expresarse así de él le parecía horrible, asqueroso. Sabía que era muy atractivo y que muchas terminaban allí por ello, pero consideraba que había más; era buen trabajador, inteligente y bastante amable, puede que fuera pobre y que tuviera que trabajar bastante todo el tiempo, pero no por eso merecía que pensaran de él de tal forma.
Por eso, días después llegó directo a la cafetería y sin pensarlo de más se detuvo frente a él con los brazos cruzados y una expresión de falsa seguridad.
—Dame tu teléfono —ordenó, ganándose una mirada con ceja arqueada.
Aunque de todas formas lo obtuvo, porque ChanYeol sin muchas preguntas rio como si esperara aquello, sirviéndole su pedido y dándole una nueva galleta de coco con su número anotado en una servilleta.
Después de eso mandarse mensajes se volvió parte de su rutina. Comenzó sin mucho por parte de ambos, un par de escuetos saludos, palabras sin sentido o algún que otra imagen graciosa robada. Pero de a poco la confianza fue creciendo, llegando a un punto en donde parecía incluso mentira que fueran las mismas personas que todo el tiempo se la pasaban peleando fuera de la cafetería.
Compartían muchos gustos en común, para sorpresa de BaekHyun. Algunos animes que habían visto, canciones algo viejas que ya no sonaban mucho e incluso caricaturas de su infancia que los hacía reír un montón ante las anécdotas recordadas. Además, ChanYeol si que trabajaba mucho, lo comprobó con el tiempo, no solo por sus turnos algo agotadores en la cafetería sino que también en ocasiones ayudaba en el negocio de su madre que al parecer era de comida, y aún así siempre se daba el tiempo de hablar con él.
Al principio ChanYeol no fue muy abierto con su persona, manteniendo cierta distancia y eso de alguna forma lo hizo sentir culpable, sabía que en ocasiones pudo llegar a ser un poco grosero e incluso prejuicioso, por lo que tampoco podía culparlo. Pero de alguna forma intentó cambiar, dejando de lado sus ideas y comentarios fuera de lugar hasta que el alto comenzara a sentirse un tanto más cómodo, lo cual eventualmente llegó y lo ayudó a conocerlo mucho mejor.
En la cafetería las cosas no eran del todo diferentes, a excepción de que en sus descansos o a escondidas del jefe el moreno solía sentarse a su lado para ayudarle con su tarea o solo conversar. No parecía molestarle que supieran que eran algo así como amigos, y si era honesto a él tampoco.
A veces se ganaban miradas del resto, a las estudiantes de siempre no les parecía gustar del todo verlos tan cerca, por lo que parecían maldecirlo en silencio, pero al final ChanYeol lograba que lo olvidaran siendo todo sonrisas y amabilidad, mientras a escondidas le guiñaba el ojo con diversión o le llevaba más galletas de coco para mantenerlo feliz.
Era bastante inteligente, no solo con los números, ChanYeol tenía un gran cerebro y una increíble habilidad para entender temas a la primera. No parecía ser el tipo de estudiante matado que buscaba perfección, pero tampoco lo necesitaba porque de por si ya se le daba bastante bien. No entendía del todo su situación, de alguna forma para él la lógica más evidente sería que a sus diecinueve años debería de estar estudiando y no trabajando en un lugar así, pero el alto le repetía que aún no era el momento y trabajar era su única opción.
Comenzó a detestar sus clases de piano, inglés y alemán, le quitaban mucho tiempo y absorbían gran parte de sus tardes. Le gustaban un poco, y era consciente de lo muy beneficiosas que serían para él pero le gustaba más estar en la cafetería comiendo pastelitos que ChanYeol robaba por él. Irse y tenerse que despedir se había vuelto su parte menos favorita del día pero no había forma de poderse escapar, no con su chofer esperando justo en la puerta. Sus amigos comenzaban a verlo raro, pues siempre salía corriendo en la misma dirección y las miradas para nada discretas que se robaba con el hombre de la moto que en ocasiones estaba enfrente era imposible de ignorar.
Comenzó a mentirle a sus padres, inventándose cientos de talleres nuevos que para ellos parecían estar más que bien. Y de alguna forma Sehun se había convertido en una gran ayuda, pues aunque en ocasiones los observaba con rareza no aceptando lo que estaba pasando entre sus dos amigos, al final lo terminaba cubriendo si era necesario y hasta parecía divertido de verlo junto a ChanYeol.
Ese día en especial estaba bastante emocionado.
ChanYeol le había propuesto salir un rato después de su turno, cosa que aceptó. Ni siquiera estaba seguro de cual era su plan, pero no le importaba, últimamente pasar tiempo a su lado era lo único que había en su mente. Y es que era tan diferente, de alguna manera junto a él se sentía relajado, sin necesidad de pretender ser perfecto todo el tiempo y conociendo cosas de las que antes no había escuchado demasiado. Era divertido, se estaba arriesgando, pero no estaba mal y al final la sonrisa coqueta de ChanYeol valía la pena.
—Estás loco si piensas que haré eso —dijo, viendo con terror la motocicleta estacionada enfrente de él.
Aún era temprano, el sol apenas comenzaba a bajar. Hacía calor pero no le importaba mucho, la emoción era más grande.
—No es tan malo, es segura, de verdad. Ayer la revisé por completo, ya ni siquiera se le escapa gasolina.
—¿Se le escapaba gasolina? —preguntó aterrado.
—Pasó una vez, pero ya no más.
El moreno parecía emocionado también, en verdad lucía como un niño pequeño cuando llegó a su lado y lo arrastró hasta la salida en donde le dijo su grandioso plan de llevarlo a pasear en moto por primera vez.
Ya se lo había mencionado antes, pero siempre se negó, bastante inseguro de dar ese paso.
—Me da miedo.
—No pasará nada —le prometió.— Mira, incluso te compré un casco, y blanco como te gusta.
Sonrió con las mejillas enrojecidas ante el detalle del alto. Baekhyun había notado que ChanYeol siempre recordaba todo lo que le decía, las pequeñas cosas y los detalles que no eran mucho, pero lo hacía feliz.
El casco era bonito, no se veía de buena calidad pero imaginaba que sería suficiente con que cumpliera su función, además seguro que había trabajado mucho para poder costearlo de todas sus propinas. Lo tomó con manos temblorosas, viendo los ojos brillantes que esperaban expectante su decisión.
En verdad le daba miedo, el simple sonido le ponía nervioso y pensaba que ahí arriba era fácil que se fuera a caer, no obstante tenía que aceptar que le causaba curiosidad, ChanYeol y Sehun parecían siempre felices cuando la manejaban y había leído ya en internet sobre cómo era relajante sentir el aire completo pegar en tu rostro. Miró el cielo y suspiró, pensando en que no había nada malo con probar y ganándose una sonrisa emocionada del contrario.
—Pero irás despacio y me dejarás abrazarte fuerte, muy fuerte, no quiero caer.
—Puedes colgarte como una garrapata y estará bien, enano. Anda sube.
Al principio no supo que hacer. Se sentía ridículo porque ni siquiera sabía como sentarse correctamente en el lugar, pero ChanYeol le tuvo paciencia, ayudándole a acomodarse mientras le abrochaba el casco y llevando sus manos hasta que rodearon su torso por completo. Se pegó a él de lleno, apretando entre sus dedos la tela delgada de su camiseta haciéndolo reír, y cuando el rugido del motor comenzó a sonar no pudo evitar soltar un pequeño grito.
ChanYeol manejó despacio, o eso quería pensar, con los ojos cerrados y el aire golpeando su rostro se negaba voltear a ver. Hasta que de a poco se fue sintiendo mejor, abriendo primero un ojo con temor seguido del otro. Su cabeza estaba apoyada en la espalda del alto, que se sentía calientito para su mayor comodidad, había muchas luces sobre todo porque comenzaba a oscurecer, autos pasaban a sus lados sin ponerle atención y el ruido ensordecedor en sus oídos le impedía saber algo más.
La carretera no estaba muy llena pero aún así había tráfico, por lo que ChanYeol manejaba en silencio y concentrado, pero riendo de vez en cuando ante sus gritos ahogados llenos de pavor. Para su tristeza no había mucho que observar, todo parecía un borrón que desaparecía en menos tiempo de lo pensado y el sonido de algunos autos lo empezó a asustar. Iban demasiado rápido.
Tanto que de la nada comenzó a golpear el abdomen de su acompañante, pidiéndole que se detuviera porque quería bajar.
—¡Detente Chanyeol! ¡Para ya!
El moreno asustado con los gritos se detuvo a orillas de la carretera, bajando de golpe y viendo como el menor temblaba asustado, gritando que estaba loco y que al parecer quería morir.
Algunos autos pasaban a su lado y las luces del lugar comenzaban a encenderse debido al cielo naranjado que mostraba los últimos rayos de sol.
—¡¿Acaso estás loco?! ¡¿Quieres matarnos?!
—Baek, calma... —intentó hablar, pero el menor lo interrumpió.
—¡No! ¡Dijiste que manejarías lento! ¡Eso no fue lento! —balbuceó, comenzando a darle un par de golpes en el hombro.— Ay no, estoy a punto de vomitar, creo que voy a vomitar. ¿Cómo puedes ir tan rápido? ¿Que tal si no funcionan los frenos y te das cuenta demasiado tarde? ¿O si pierdes el control y chocamos? ¡Imagínate que se le caiga la cinta a la pieza de la otra vez! Tu definitivamente odias tu vida y eres un suicida, dicen que los suicidios son más común en la gente de bajos recursos, tal vez es verdad, porque esto no es algo que haría otra persona en sus cabales, no puedo creer que me trajeras aquí, ¡ah! No debí comerme todos esos panqueques de nuez, creo que quieren salir... ay no, toda da vueltas, ChanYeol todos da vueltas y... —explicó con nerviosismo intentando darse a entender presa del pánico, y deteniéndose en seco cuando las fuertes manos de ChanYeol, para calmarlo, lo tomaron con firmeza y seguridad de sus enrojecidas mejillas juntando sus labios en un beso casi fugaz.
Sintió el aire escapar de sus pulmones, no pudiendo siquiera cerrar los ojos para parpadear. El alto estaba entre sus piernas, demasiado cerca de su rostro rodando sus narices como si aquello no significara nada y con los muslos apretados entre los suyos observándolo con una sonrisa ladina totalmente divertido.
Todo daba vueltas alrededor, su corazón estaba tan acelerado que creía podría salirse de su pecho, sus piernas temblaban y de no ser por el agarre de ChanYeol y que se encontraba aún sentado en la motocicleta muy seguramente ya estaría en el suelo desmayado.
—Eres muy hablador, niño procariota —susurró, dándole un pico más que gustoso aceptó.
Desde entonces descubrió que la boca de ChanYeol era realmente adictiva.
Durante el resto de la tarde se la pasaron dándose tiernos besos que poco a poco subieron un poco de nivel, no sabía mucho y estaba nervioso, después de todo jamás había besado a alguien y ChanYeol parecía realmente bueno en eso. Sus labios eran gruesos, cálidos y sabían a fresas, por lo que disfrutó de cada minuto, mordida, disculpa tímida y mejillas enrojecidas.
Al final de la noche sus labios estaban hinchados y muy rojos, pero para ambos era perfecto y fingir que no lo habían disfrutado era en absurdo innecesario. Platicaron un poco, mirando las estrellas y con algo de música de fondo recargados en Nancy, la motocicleta. ChanYeol reía, encantado con lo tierno que lucía BaekHyun ahí sentado, todo chiquito y con su casco enorme que resaltaba sus rosadas mejillas, tal vez por eso fue que lo llenó de besitos cortos que lo hicieron reír muy contento, porque por Dios, se sentía tan bien. Y no quería dejar de sentirse así.
Pero la burbuja se rompió, como todo buen sueño perfecto llegó a su fin y su pesadilla dio inicio al llegar a las paredes beige y frías de su mansión.
Su madre estaba molesta, discutiendo con las empleadas por arruinar una de sus faldas preferidas y de las más costosas o algo así. Sus gritos se escuchaban por toda la casa, y todo empeoró cuando lo vio llegar terriblemente tarde y con su uniforme todo arrugado de quien sabe donde.
Baekhyun tuvo miedo de que lo comenzara a cuestionar, sin saber que tan capaz sería de mantener sus mentiras viéndola a los ojos. Jamás había desobedecido a su madre, mucho menos la había engañado como últimamente venía haciendo, sabía que estaba mal, sus padres no lo merecían porque trabajaban mucho queriendo darle todo, buscando las mejores oportunidades para su persona y, aunque a veces le gustaría que le pidieran opinión, entendía que ellos solo buscaban su bienestar y el éxito que aseguraban merecía.
Al inicio de su vida no era de tal manera, tenía bonitos y bellos recuerdos de su niñez que en verdad atesoraba, su madre era amorosa y su padre al menos lo intentaba. La caída de su primer diente, su primera bicicleta y su primer presentación, todos estos momentos fueron aplaudidos por sus padres y eso lo hacía feliz. No obstante, la decepción evidente llegó cuando su destino como portador salió a la luz, "tal vez no sea suficiente", había dicho su padre una noche de enero, bastante molesto por la situación aunque jamás se lo mencionó.
Era su mayor defecto, lo que impedía que creciera y fuera todo lo que ellos querían y soñaban para él. Necesitaban un hombre firme, eso repetían todo el tiempo y al parecer él no lo era, no así. Se esforzó, realmente lo hizo, cada día intentaba dar más de sí hasta casi lograr un nivel de perfección poco posible, no obstante a veces lo odiaba, esa sensación de cansancio extremo y de desilusión al ver que de nuevo no era una opción, no para ellos. Porque esperaban mucho pero al parecer jamás podría dárselos.
Toda su vida había sido el hijo perfecto, lo había intentado, lleno de talento y dedicación digna de admirar, por lo que al entrar a su habitación solo pudo pensar si estaba haciendo las cosas bien.
Las notas de su clase de piano estaban sobre su escritorio, recordándole que tenía que practicar. Su madre bien que se lo recordó. Había estado postergando sus obligaciones, mientras sus padres trabajaban creyendo que todo estaba bien, ¿en que clase de hijo lo convertía todo aquello? Antes todo era más sencillo, conocía sus obligaciones, las reglas de su vida y los horarios a los que no tenía porque cuestionar, eso lo ayudaría y demostraría de lo mucho que sería capaz pero ahora todo eso cambiaba por ChanYeol, solo por él.
¿Valía realmente la pena?
No lo sabía, no lo entendía en verdad. Y sentir que su madre comenzaba a dudar no ayudaba en lo mínimo. Ella siempre se daba cuenta, era capaz de saber cada cosa que pasaba en su vida y no reaccionaría bien, a ella no le iba a gustar y la sola idea lo ponía de nervios. No quería problemas.
Apenas pudo dormir, dándole vuelta a todo en su cabeza. Los recuerdos de la noche anterior eran tan complacientes, lo llenaban de una extraña mezcla de felicidad y nerviosismo al recordar los labios del moreno sobre los suyos, su sonrisa que marcaba ese bonito hoyuelo en su mejilla o su risa ronca que resonaba entre el sonido de los grillos y algunos autos. Pero también lo llenaban de culpabilidad, tan fuera de lugar.
Lo hacía sentir bien, lo aceptaba pero, ¿cuánto tiempo duraría eso?
Eran de diferentes mundos y clases sociales. Aunque quisiera negarlo Chanyeol seguía siendo el mismo chico pobretón que tenía que trabajar más de ocho horas diarias para comer y darse ciertos lujos, en cambio él tenía mucho que estudiar, montón de talleres y clases extras que necesitaba para su curriculum y una carrera universitaria que no faltaba mucho por comenzar a iniciar. ¿Sus padres lo aceptarían? ¿Estarían de acuerdo con todo eso? ¿O se negarían de inmediato? De nuevo sería todo lo que no esperaban.
Más importante aún, ¿ChanYeol realmente lo quería? ¿Valía la pena sacrificar tanto por algo que no sabía si tenía fecha de expiración?
El romance juvenil es volátil y nada importante, decía su madre todo el tiempo. Y quizá no fuera del todo erróneo su pensamiento, pocas parejas duraban desde jóvenes y muchas veces se dejaban sueños y planes de lado por momentos que al final solo serían recuerdos, así que ¿estaría bien continuar?
Al salir del colegio se sentía con mucho sueño y cansado de tanto pensar, pero aún así tomó el valor suficiente para caminar y dirigirse al lugar seguro de siempre. Tal vez si veía a ChanYeol podría aclararse un poco y pensar con mayor seguridad. Lo que no esperaba es que su amigo Kyungsoo decidiera acompañarlo, comentando que tenían mucho tiempo sin salir a algún lado y que quería café helado también.
Entraron a la cafetería, siendo recibidos por el fuerte olor cálido, y entonces BaekHyun lo vio, viéndose tan alto y guapo con su uniforme y caminando con seguridad a él con una sonrisa bonita en su rostro.
Sonrisa que se borró en cuanto lo ignoró. Siguiendo su camino como si no lo hubiera notado y evitando el beso que sabía, le quería dar.
No le presto atención a Kyungsoo, con su cabeza en todos lados menos ahí. Sentía los ojos pesados de ChanYeol sobre su espalda, intentado comprender que le pasaba y porque ni siquiera lo volteaba a ver. Pero no podía hacerlo, no con tantos ojos puestos sobre él.
Odiaba mentir, sobre todo a las personas que eran tan importantes para él como su mejor amigo, pero no tenía opción, no sabía lo que estaba haciendo. Constantemente le pesaba el pecho, con los ojos curiosos del contrario pegados a él esperando que dijera algo que jamás llegaría.
Todo eso estaba mal. No era correcto nada de lo que había estado haciendo y aunque el moreno le agradara no era como él, esa era la realidad. El terror infinito que sintió al pensar que su amigo Kyungsoo hubiera notado algo lo estremeció, porque entendió, que no sería para nada fácil o natural estar junto a ChanYeol.
—¿Me vas a ignorar? —preguntó el alto deteniéndolo al salir. Kyungsoo se había ido minutos antes, despidiéndose como siempre y sin notar nada fuera de lugar, lo que lo hizo respirar. Tal vez estaría decepcionado, y en otro momento no hubiera ni imaginado ocultar algo así, pero era lo que tenía que hacer. —Estás enojado —aseguró, tomándolo de la muñeca con algo de fuerza.
—No lo estoy, pero me tengo que ir.
—Es por lo de ayer, ¿verdad? —se detuvo, cerrando los ojos exasperado, no queriendo tener esa conversación ahí, no queriendo tener esa conversación en lo más mínimo.
—No pasó nada ayer.
—Estás bromeando, ¿cierto? —se burló, sonando por primera vez un poco dolido, aunque lo ocultó bastante bien.— Estás siendo ridículo. Estábamos bien.
—No estábamos de ninguna manera, ChanYeol. Entiéndelo —soltó de golpe, desesperado y soltándose con brusquedad de su agarre.— No fue nada, ayer no pasó nada. Si, la pasamos bien, y okey fue divertido, pero nada más. No te hagas ilusiones, entre nosotros nada va a suceder, mírate a ti y mírame a mi, no somos iguales. Las diferencias son evidentes y que intentes ignorarlas te hace ver como un idiota, de verdad solo... olvídalo, olvida todo lo que crees qué pasó ayer.
El alto lo miró, con los ojos hundidos y la mirada perdida en su rostro, incapaz de entender del todo sus palabras. Se sintió un poco mal, pero era la verdad, y negarlo sólo era retrasar lo inminente. Sus padres se molestarían, no lo verían bien y el resto de la sociedad tampoco, se esperaba tanto de él y alguien como ChanYeol no debía estar dentro de sus planes.
Vio como sus manos se apretaron, dejando sus nudillos casi blancos, pero si pensó en decir algo para minimizar sus palabras ya no importó. Porque ChanYeol se enderezó y tomó con brusquedad la bandeja de la mesa haciendo un ruido sordo.
—Bien —soltó, girándose y dejándolo ahí junto a los billetes de su propina que se negó a tomar.
Fingir que nada había pasado era imposible.
Los días pasaron tan rápido que cuando menos lo pensó una semana completa había terminado. Se sentía tan mal, cansado y arrepentido por todo lo que había dicho, que si pudiera regresar el tiempo, lo haría.
Le había dado vuelta tras vuelta al asunto, recordando sus palabras y pensando que, mierda, la había cagado. Había estado tan cansado, confundido, harto de mentir y pensar en qué paso tenía que dar, no quería decepcionar a nadie mucho menos a él mismo pero ni siquiera sabía que hacer, todo lo ponía tan ansioso.
Lo peor es que no era del todo mentira, porqué en gran parte cada cosa que dijo se lo había planteado más de una vez. Pero no era el momento, ni la forma, y recordar la expresión dolida de ChanYeol lo hacía sentir mucho peor, realmente no lo merecía.
Intentó comunicarse, días después. Tal vez hablar y explicarle que nada era tan sencillo como querían hacer parecer, pero el hombre lo ignoró, dejando sus mensajes leídos hasta que se dio cuenta de que era inútil, ChanYeol no le iba a contestar y tampoco lo iba a dejar pasar tan fácil como la última vez. Ya antes había sido grosero, altanero con sus comentarios fuera de lugar, pero el alto siempre parecía tomárselo a broma, regresándole los comentarios de forma burlesca y sonriéndole de esa manera tan única que lo hacía sentir bien.
No quería ir a la cafetería, se negaba a verlo porque no podría con la idea de ser tratado como un cero a la izquierda de nuevo, pero al final tuvo que hacerlo. El moreno ni siquiera se aparecía afuera del colegio ya y BaekHyun se sentía enloquecer, no lo había visto en tantos días.
Como pudo escapó de la clase de alemán, su madre se había puesto tan pesada desde la última vez que ahora tenía más horas de idiomas a la semana, como si no fuera suficientemente malo ya, pero no importaba, al final su mente seguía en el tipo alto de ojos sonrientes al que lastimó, por idiota. Y arreglar lo que destruyó era lo único que tenía su completo interés.
Se sentó en la mesa de siempre, buscando con sus ojos a quien anhelaba ver pero de nada sirvió, porque el tipo ni se apareció, y cuando lo hizo muchos minutos después no lo miró, haciendo su trabajo con aquella expresión de seriedad que le encantaba mirar de lejos y negándose a salir de la caja mientras él estuviera ahí. Quiso patalear, hacer un gran berrinche y gritarle que no podía ser así de inmaduro, necesitaban arreglar las cosas, merecía explicarse y pedir perdón, quería otra oportunidad, no quería perderlo, ni a él ni a esa extraña relación que habían comenzado a formar.
Así que lo intentó una, dos y hasta cinco veces, obteniendo el mismo resultado de siempre; nada. En parte lo merecía, siempre fue así, caprichoso, tonto e impulsivo, sabía que eran cosas en las que debía trabajar pero lo dejó de lado, creyendo que estaría bien y ahora terminaba así, lastimando a una de las personas que más le importaban en esos momentos y que solo había sido más que bueno a con él.
ChanYeol se sentía dolido, traicionado, cansado de tener que soportar los desplantes del castaño. Una vez lo pudo entender, dos lo dejó pasar, pero aquello era demasiado. Podía ser que no tuviera sus millones, la misma educación de primera y que a duras penas supiera entender coreano, pero eso no quitaba que seguía siendo una persona merecedora de algo de respeto. Muchas veces permitió que lo rebajaran porque al final de alguna manera terminaba beneficiado pero, ¿BaekHyun?
Lo apreciaba, le importaba y creía que había sido claro y sincero con ello. Le gustaba mirarlo, hablar con él y escucharlo quejarse de cualquier tontería, le parecía muy lindo, demasiado, y en realidad le causaba gracia hacerlo enfurecer. La mayor parte de las veces ni siquiera tomaba enserio sus insultos, dándose cuenta de su gran bocata que pocas veces lograba mantener en silencio, pero remarcar esa gran diferencia y lejanía que existía entre ambos era mucho más de lo que podía soportar.
No es como que no lo supiera, era consciente de quien era y de lo poco o mucho que tenía, sin embargo, esperaba que a BaekHyun no le importara mucho aquello, cosa que no fue así.
Por lo mismo, el menor no podía culparlo. Aceptó el trato indiferente y el completo silencio entre ambos, pero no aceptaría la derrota, al menos no sin haberlo intentado.
Posiblemente sus padres lo matarían si llegaban a enterarse, eso lo sabía, no obstante eso no lo detuvo porque al final ya existían muchos motivos por los cuales podían sentirse decepcionados de él, preocuparse por ello era el menor de sus problemas.
—¿De verdad quieres ir? ChanYeol se puede molestar —le dijo Sehun, en cuanto lo vio salir corriendo para llegar a él.
Vestía con unos pantalones oscuros, un suéter de cuello alto blanco y una chaqueta de mezclilla, lo cual lo hacia ver bastante bien. No estaba seguro de si era la mejor vestimenta para el lugar al que iban, pero al menos mejor que su uniforme de colegio si era. Había buscado a Sehun días atrás, queriendo tan solo un poco de su ayuda. No esperaba que intercediera por él, al final sólo era su culpa todo lo que había pasado y no iba a arrastrar a nadie más por ello, pero necesitaba ver a ChanYeol, de la forma que fuera. La cafetería no funcionaba, el teléfono tampoco, así que solo se le ocurrió llegar a un sitio donde no pudiera escapar y el tampoco se tuviera que cuidar. Una reunión de amigos era al parecer su única opción, no sabía que tan buena idea era eso, pero Sehun le dijo que estaría bien, aunque aquello no significaba que el alto aceptara siquiera acercarse a él.
—Lo sé pero, lo puedo intentar ¿no?
—Es lo mínimo que podrías hacer.
Asintió, aceptando en sus manos el casco que el contrario le prestó. Era negro, pesado y nada bonito a comparación del que ChanYeol le regaló, pero aún así se lo puso con una mueca de disgusto, y es que el temor a las motocicletas no era algo que hubiera superado ya, le seguía pareciendo tétrico subirse ahí, si por el fuera hubiera preferido un autobús aunque oliera feo, pero no tenía otra opción.
El camino fue espantoso si era sincero, se abrazó a Sehun tanto como pudo y cerró los ojos todo el tiempo, solo queriendo salir de ahí. Todo era tan diferente a la última vez, ChanYeol lo hacía sentir tan a gusto y seguro en comparación, abrazarlo era una sensación de calidez y su risa hacía vibrar su espalda de una manera que le encantaba. Se sentía feliz, cómodo y aunque le asustaba, no quería que acabara, porque la presión en su pecho le gustaba más de lo que podía aceptar. En cambio, ahora tenía nada, solo nervios, miedo y un terrible arrepentimiento.
Encontrar al alto entre el tumulto de gente no fue cosa sencilla, no le importaba como vistiera el resto o la música que sonaba en las bocinas, divertirse no era una opción porque ni siquiera iba con eso en mente. Perdió a Sehun apenas entró, y sinceramente no era ni consciente de cuánto tiempo llevaba caminando de un lado a otro desesperado, hasta que lo vio, tan guapo y encantador como siempre.
Y realmente hubiera estado feliz, tanto que hubiera sonreído enormemente, si no fuera por la situación en la que se encontraba, bastante cómodo coqueteando con un chico pelirrojo y aceptando las caricias para nada inocentes que este le brindaba a su brazo.
Intentó controlarse, de verdad que si. Pero le fue imposible. Sentía su sangre hervir de rabia al ver los ojitos que ese niño le hacía al alto, más viendo que el susodicho no parecía incómodo por ello. ¿Era verdad entonces? ¿Qué no le importaba? Había estado intentando disculparse y explicar la situación por casi dos semanas, en cambio ChanYeol parecía cómodo, indiferente como si ni siquiera resintiera su ausencia.
¿Sería entonces que sólo era una distracción?
No le importaba, si lo era estaba bien, pero no aceptaría seguir sintiéndose culpable mientras el otro parecía estar del todo bien. Lo había estado ignorando, haciéndose el sordo ante sus palabras y pasando de largo sus miradas, al parecer ya entendía el porqué.
—Tan ocupado te encuentras que no puedes responder mis mensajes desde hace dos semanas, ¿o qué? —preguntó, parándose a su costado y recibiendo miradas confundidas por parte de ambos.
Estaba enojado y celoso y no lo iba a ocultar, por poco los encontraba besándose, ¿Qué les pasaba por la cabeza? Eso había hecho con él la última vez, ¿acaso era algo normal? Porque si era así este tipo a su lado ni siquiera era tan bonito y tenía cara de pésimo besador.
ChanYeol rio incrédulo, mirándolo como si le hubieran salido dos cabezas completamente divertido y sorprendido por verlo ahí, y es que en verdad era el colmo, solo había querido paz, alejarse de él como se lo había pedido y ¿ahora él era el malo? Eso solo le causaba gracia, una pura y cruel que no lo hacía sentir nada bien.
Baekhyun estaba molesto, era evidente, su cara estaba roja y miraba con una expresión nada amable a su acompañante, parecía querer saltar encima de él, en verdad.
—Te estoy hablando, deja de ignorarme.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le cuestionó, algo molesto. Pero eso no le pareció importar.
—He querido hablar contigo, nada más. Pero ya veo que no te interesa demasiado hacerlo —soltó, recorriendo con una mirada venenosa al chico a su lado que mejor prefirió irse con una rodada de ojos nada amable. Tampoco podía culparlo, quería hacer lo mismo.
—No tienes nada que hacer aquí, ni que reclamar —dijo, arremangándose su camiseta negra y comenzando a caminar en busca de alguna bebida o un poco de aire fresco que le ayudara a soportar todo eso.
—Solo quiero hablar —lo siguió.— He querido hacerlo desde hace tiempo, pero me ignoras. No respondes mis mensajes, mis llamadas e incluso le pides a otros meseros que me atiendan todo el tiempo, Dios, eres tan inmaduro.
—¿Perdón? ¿Inmaduro yo? —se giró.— Y tú eres ridículo. Un niño de mami que no sabe que hacer y que se desquita con otros. Me dijiste que me alejara, que no me hiciera ilusiones y te encargaste de recordarme como siempre nuestras diferencias de estatus, así que no entiendo que es lo que quieres y haces aquí armando una tonta escena de celos, ¿no te da asco? ¿Miedo? ¿Los tipos de tu clase toleran el olor del kimchi y soju o les causa alergia también?
—Estas siendo injusto. Nunca quise decir algo así —aseguró, cambiando un poco su tono de voz ante lo mencionado.— No supe que hacer, ¿de acuerdo? Esto es nuevo para mi ChanYeol, jamás imaginé que terminaría en este punto y mierda, tengo muchas cosas por arreglar y ocultar y... —suspiró, pasando los dedos por su cabello quedando un poco despeinado.— Se supone que eres mayor, yo aún no se de demasiadas cosas, tengo dudas, apenas me entiendo a mi... me confundí, ¿okey? Y no digo que mis acciones hayan sido correctas, pero podrías entenderlo ¿sabes?
Se giró, moviendo sus ojos por las instalaciones comenzando a sentirse desesperado. ChanYeol estaba muy molesto, lo notaba demasiado y él no sabía ni por donde comenzar. Además, el recuerdo del chico de momentos antes aún lo teñí molesto y forzarse a pensar antes de hablar le estaba costando mucho, no podía cagarla de nuevo, estaba seguro que una más el alto no lo aceptaría, y si no terminaba con la mejilla morada sería por pura suerte y amabilidad.
—Me gustas, ¿okey? —lo aceptó, con la respiración acelerada y mejillas enrojecidas, porque seguir negándolo era absurdo, más si quería solucionar las cosas.— De verdad lo haces y no me importa nada de lo que te pude haber dicho, era innecesario, estaba de más y fue grosero, lo acepto. Estas en tu derecho de estar enojado y no pienso recriminártelo, pero demonios te juro que no quiero sentir que te pierdo y mucho menos te quiero ver con alguien más. No sé si lo que estoy sintiendo es correcto, puede que sea demasiado imbécil y todo el tiempo esté mirando lo que no debo, pero algo si tengo en claro y es que me niego a aceptar que beses a otros, no quiero y si eso me hace infantil o inmaduro, pues bien lo soy, pero es la verdad.
Exhaló, sintiéndose libre por al final a ver aceptado los que tanto tiempo le había dado vueltas en la cabeza. No sabía si era lo correcto, posiblemente no, pero era lo que sentía, sonaba extraño e incluso contradictorio si lo miraba desde cierta perspectiva pero, ¿no todo en la vida era así? Las preguntas eran una constante diaria, las opciones siempre existían por doquier y los arrepentimientos parecían sólo esperar el buen momento para resurgir. Fingir se perfecto lo estaba agotando, desde tiempo atrás era así en realidad y por primera vez quiso solo decir todo lo que venía de él, aunque fuera impulsivo y un poco loco porque era la esencia de su persona al final.
ChanYeol lo notó, siendo tan perspicaz como siempre pero no cambió del todo su expresión, mirándolo en silencio y sonriendo altanero un par de segundos después.
—¿Entonces que quieres? —le preguntó. Aceptando en parte lo dicho porque bueno, podía ser que fuera verdad. Baekhyun vivía en su mundo perfecto, donde todas las orugas se volvían mariposas y el cielo no se parecía nublar, pero eso no cambiaba el hecho de que era inseguro, demasiado. Tanto que se lastimaba a sí mismo con eso y ChanYeol suficientes problemas tenia ya como para además terminar lastimado también.— Se claro de una vez. ¿Me quieres tener como una especie de perrito? ¿Nos besaremos cuando quieras y cuando no, no nos conoceremos?
—¡No! No quiero eso —exclamó, dolido. Las palabras del contrario lo hacían sentir como alguien realmente malo, y eso le dolía porque no quería ser así. ¿Era tan malo tener dudas? Su padre decía que eso solo entorpecía la vida pero, ¿en verdad era así? Estaba muy confundido, le dolía el pecho de pensar en tomar una mala decisión y ya casi no tenía cutículas del estrés. — No se que quiero.
—Quieres que seamos novios, ¿sí o no? No es tan difícil.
Puede que sonara duro, pero necesitaba saberlo. Necesitaba escuchar la respuesta de BaekHyun, sentir que realmente le importaba y que aceptaba el riesgo de todo eso. Era un gran paso, lo sabía, y podía ser que después se lo volviera a cuestionar pero era algo que tenía que hacer a final de cuentas. Todo se resumía en si lo quería o no, los sacrificios y problemas que viniera con ello se arreglarían después y al menos por su parte planeaba soportarlo, porque de eso se trataba todo ¿no? En querer estar juntos aunque uno fuera mimado y el otro demasiado orgulloso. Lo demás salía sobrando.
Existían más pro que contras, en realidad. Para BaekHyun todo era desconocido y no sabía que tanto podría tomar. Sus padres eran un problema, su educación no hacía las cosas más sencillas, y la diferencia de clases siempre estaría ahí, pero ¿realmente le importaba? Al final ChanYeol seguía siendo el mismo, todo amable, seguro, trabajador y orgulloso como era; la persona que se preocupaba por él, lo escuchaba, le devolvía las malas palabras y recordaba los pequeños detalles que lo hacían feliz, quien le compraba sus galletas de coco y panecillos de nuez y el que lo abrazaba con fuerza con tal de hacerlo sentir nada más que calidez. Le gustaba, era muy guapo y también besaba bien, entonces, ¿tan malo era que se quisiera arriesgar?
¿Qué era lo peor que podía pasar?
Opciones había muchas pero solo lo sabría si tomaba una decisión, y quería confiar en que el contrario era la respuesta para todos sus problemas, al menos en su presente.
—Sí, si quiero. Quiero que seas mi novio, mío y nada más.
***
Estar una relación no era para nada una cosa sencilla, sobre todo si tenías que esconderte todo el tiempo.
Había días donde se sentía cansado, otros donde solo quería gritar a los cuatro vientos la verdad y no podían faltar esos en los cuales sólo deseaba que el tiempo se hiciera un poquito más eterno para mantenerse así, a su lado, tal cual.
Y es que ser novio de Park ChanYeol lo hacía en extremo feliz, lo tenía que aceptar.
Al inicio fue un poco complicado, sus personalidades chocaban demasiado así que era común que terminaran entre peleas tontas y absurdas por cualquier tema al azar, ambos amaban tener la razón y eran tercos como una mula, así que era desesperante. Además, ChanYeol no lo perdonó del todo ni de forma tan sencilla por todo lo pasado, incluso le dijo que tendría que esforzarse por ganarse su perdón, cosa que aceptó porque al final era lo mínimo que podía hacer y en parte lo emocionaba y le hacía feliz poder demostrar lo mucho que enserio le importaba. Aprendió a hacer galletas, se desveló para hablar con él mínimo un par de minutos e incluso lo ayudó a cerrar y limpiar la cafetería al final de su turno el par de días en que sus padres viajaron fuera de la ciudad.
BaekHyun cada día sentía que conocía tantas cosas nuevas, no solo del contrario, sino de sí mismo también y es que jamás se había sentido de esa manera. Los días separados se le hacían eternos, queriendo escuchar su voz y ver su sonrisa aunque fuera por un par de segundos, no prestaba atención a sus clases deseando salir de ahí y las conversaciones por mensajes eran extensas como si se conocieran de toda la vida, pero al mismo tiempo descubriendo cientos de detalles desconocidos que sólo los hacía suspirar un poquito más.
No consideraba que fueran una pareja en extremo cariñosa, sobre todo porque no podían lucir cercanos en todos lados. BaekHyun se lo explicó, no queriendo que ChanYeol se sintiera mal o pensara que estaba avergonzado de ser su novio, porque no era así, sólo que sus padres eran difíciles y no consideraba que fuera el momento para hablarlo, seguro se metería en problemas y ya era muy malo de por si descuidar sus deberes extras, tenía que pensar todo muy bien. De todas formas, ChanYeol amaba besar las mejillas del más pequeño o regalarle picos dulces a sus suaves labios de melocotón a espaldas de las paredes de la cafetería, esperando que nadie lo notara entre risitas tímidas.
Aunque debía aceptar que sus tardes favoritas eran aquellas donde salían a pasear en la motocicleta. Aún le tenía algo de reservas, si era honesto, pero le encantaba la sensación de poder abrazarse a ChanYeol todo el tiempo, apretando sus muslos contra sus piernas y regalándole algún corto besito en su cuello, además siempre podrían besarse a un lado de la carretera hasta terminar con los labios hinchados y las mejillas enrojecidas porque BaekHyun estaba tan ensimismado en su boca que les era imposible parar ya que se sentía extremadamente bien.
Su primer cita fue en un parque de diversiones, un par de semanas después. El menor había comentado alguna vez cuánto le gustaban ese tipo de lugares aunque no iba muy seguido, pues sus padres los consideraban sucios y peligrosos para su tristeza, por lo mismo ChanYeol se propuso a trabajar duro hasta tener dinero suficiente para las entradas. Fue una semana difícil en donde todas sus propinas terminaron destinadas a lo mismo pero al final valió completamente la pena, porque la sonrisa contenta y el abrazo que recibió de su pequeño novio lo hicieron bastante feliz.
La tarde se les fue en un respiro, se divirtieron como dos niños pequeños subiendo a todos los juegos que el boleto nivel económico de ChanYeol les permitió, comieron hasta que sus estómagos ya no daban más probando golosinas de los carritos que terminaron con todas las monedas del alto, se tomaron fotos, molestaron a los niños en los carritos chocones y se dieron regalos que cada uno ganaba para el otro en los juegos de azar. Baekhyun estaba contentísimo, viendo al montón de gente con sus familias y comiendo banderillas fritas que jamás antes había visto pero sabían deliciosas, no solía salir a lugares así, por lo que para él todo era algo nuevo, una experiencia única que le alegraba pasar junto a su persona favorita.
Sumándole a eso su novio se veía tan bonito ante los ojos de ChanYeol, vestido con su chalequito celeste y sus pantalones caqui que lo hacían lucir adorable era imposible resistirse a él, por lo que terminó llenándolo de besitos castos pero dulces con el fin de ver sus mejillas sonrojadas, más cuando se avergonzaba tanto por sus manos entrelazadas.
Estar juntos jamás era aburrido, a pesar de que la mayoría de las veces hacían cosas más que comunes por culpa de sus tareas y obligaciones disfrutaban todo lo que significara pasar tiempo a su lado. El rubio realizaba sus tareas en la misma mesa de la cafetería, haciéndole ojitos al alto que en ocasiones le mandaba besos volados que lo hacían sonreír, las galletas de coco o su pastel con nata y fresas jamás faltaba en su mesa y aunque aún odiaba ver a las niñas coquetear con su novio todo el tiempo intentaba ignorarlo mirando hacia otro lado.
Todo funcionaba de forma correcta, era como si se conocieran de años, ChanYeol sabía que era todo eso que hacía molestar o incomodar al más bajo, como lo era que lo ignorara, que le dijera que hacer, que le estuviera recordando lo lento que era para comer o que le hiciera cosquillas en su estómago, pues realmente odiaba la sensación. De la misma forma BaekHyun descubrió todas esas cositas que por muy insignificantes que parecieran podían terminar con la paciencia del moreno, tal como distraerlo cuando estaba concentrado en su trabajo o irritarlo de más cuando era notorio su mal humor. Ambos tenían personalidades un tanto explosivas, más Baekhyun que su novio por lo que era normal que de vez en cuando discutieran un poco, aunque nunca nada había pasado a algo más que sencillos desacuerdos que rápido arreglaban porque ciertamente odiaban estar enojados.
BaekHyun conoció la casa de ChanYeol poco tiempo después. No era un lugar muy grande ni tampoco bonito, si lo tenía que aceptar, pero de alguna forma le emocionaba poder entrar a ese espacio tan privado de su vida y que sabía, era tan importante para él. Su novio trabajaba muy duro para poder costearse un cuartito con apenas las comodidades suficientes para vivir, saliendo desde muy temprano en la mañana hasta entrada la noche con un par de monedas que al final resbalaban de sus manos con extrema facilidad, no era fácil, existían momentos de su vida en donde estaba tan cansado y agotado que solo pensaba en encerrarse y dormir, pero siempre lo terminaba desechando porque esa ni siquiera debía ser una opción, no si algún día quería salir de ahí.
—Perdón, está un poco desordenado —mencionó en cuanto abrió la puerta, corriendo a quitar un montón de ropa sucia acumulada en la silla e intentando ocultar disimuladamente los paquetes abiertos de Ramen en la estufa.
—Mhm, está bien —aseguró el más pequeño, demasiado distraído viendo el espacio como para preocuparse por ello.— Es bonito.
—Sabes que no es verdad —rio el alto, caminando hasta estar a su lado y notando como miraba curioso los cuadros colgados en la pared de su cuarto.— No creo que se compare ni un poco a tu mansión, seguro es del tamaño de tu baño.
—No, mi baño es más grande —soltó, indiferente y caminando rumbo a la ventana que daba a una azotea vieja y destartalada.—Pero de verdad está bien, además, es todo tuyo.
—¿Y eso se supone que ayuda en algo?
—Claro, es algo muy adulto, seguro a Zuko le gusta.
Vieron una película, comiendo palomitas y regalándose caricias un tanto inocentes por encima de la ropa, aunque en ocasiones ChanYeol bajaba demasiado sus manos haciéndolo poner nervioso, por lo que con mejillas enrojecidas se encargaba de alejarlo, no sabiendo si estaba listo para ese tipo de cosas, aunque el alto se lo tomó bien, aceptando su incomodidad y llenándole la boca de comida para que se sintiera mejor.
Aún así, BaekHyun pensó, no del todo contento con la nula decoración que el moreno mantenía en su pequeño espacio. Y es que dejando de lado el hecho de que las paredes estaban en parte despintadas por la humedad en ellas, o que a veces se sentía demasiado helado y vacío por los pocos muebles, ChanYeol no tenía mucho que llamara a que todo ese espacio era de él. Por lo mismo se esforzó, comenzando a buscar cosas que le dieran algo de luz y calor. Compró toallitas para el baño, un conjunto de sábanas beige junto a un par de cortinas del mismo color, cojines aqua, una pequeña alfombra a juego, algunos accesorios extra e incluso una planta bastante bonita que daría mucha buena energía, según él.
Poco a poco fue decorando la casita de ChanYeol, escuchando como este se quejaba todo el tiempo de que era absurdo que gastara tanto en cosas tan banales que ni usaría pero permitiéndole hacer lo que quisiera ahí dentro, dejándolo organizar sus cuadros y agregándole unos nuevos solo por el hecho de verlo feliz, además de que, debía aceptar que le gustaba sentir que BaekHyun comenzaba a compartir un espacio de su vida tan importante con él.
Su departamento era algo valioso y especial para su persona, a pesar de no ser el lugar más cómodo ni bonito le regalaba esa paz que tanto buscaba todo el tiempo, así que era suficiente. No había sido fácil, dejar de lado todo lo que conocía y alejarse de sus padres, pero lo había necesitado. La situación no era la mejor, era agotador llegar a casa y escuchar las peleas de siempre, con las botellas de soju o cualquier alcohol barato en el suelo más el rastro de peleas evidente, pero en especial le era complicado ignorar los ojos cansados de su madre, esa expresión de tristeza y total agotamiento que tanto detestaba observar pero que ella no planeaba cambiar.
—Realmente amo a mi mamá —había soltado el alto un día al anochecer. Con su camisa manchada por el trabajo y algunos pedazos de pizza fría en su boca miraba en silencio su teléfono después de recibir su última llamada. —Odio tener que verla así.
BaekHyun guardó silencio, no muy seguro de que decir. ChanYeol pocas veces hablaba de su situación, intentando ignorar el tema y seguir adelante pero era evidente lo mucho que le agotaba siquiera pensar en todo ello. Sabía un poco, después de todo hablaban todo el tiempo y les gustaba ser transparentes con el otro, además su novio siempre lo demostraba, yendo a vender pescados con ella y juntándole un poco de monedas de sus propinas para facilitarle la situación. Pero aún así, le era complicado entender algo como aquello sin haberlo vivido, a pesar de lo mucho que había escuchado, después de todo que tu padre fuera un alcohólico que no se preocupaba por el bienestar de su hijo y su esposa no era un tema sencillo de manejar.
—Pero no puedo hacer nada si no quiere dejarlo.
—No creo que sea su culpa —susurró, masticando su comida con desgano al ver la expresión triste de su novio, odiaba verlo así.— No es sencillo.
—Lo sé, pero podría serlo. No puedo ayudarla si no se deja y es molesto que tenga que cargar con el hecho de no saber si está bien o no.
Guardó silencio, fijando la mirada en la pared de a un costado que ahora estaba con un pedazo sin pintura, todo descarapelado.No era bueno con las palabras cuando se trataba de problemas familiares, menos los de su pareja, al final no lograba comprender ni los suyos, pero quería ayudar, darle un poco de consuelo o sólo ser un buen oído para su preocupado novio. Pocas veces se habría de esa manera y que quisiera hablarlo era porque de plano estaba agotado. Para ChanYeol cargar con su familia era agotador, queriendo sólo desligarse e ignorar cada cosa nueva que escuchaba.
—Papá es injusto y egoísta —siguió, mordisqueando la orilla dura y reseca de la pizza.— No creo que cambie, por eso mejor me salí de ahí, y aunque me gustaría hacer algo por mamá ella prefiere ser leal a lo que alguna vez quiso y decidió, es lo que quiere pero no lo comparto ni la comprendo. Creo que merece mucho más.
—En verdad la quieres —susurró, jugando con sus dedos al comprender el dolor en sus palabras.
—¿Tú no amas a tu mamá?
La pregunta lo descolocó, tomándolo por sorpresa.
—Lo hago, es mi madre después de todo.
—¿Pero?
Levantó la mirada, sin entender a lo que se refería el otro pero comprendió, ChanYeol lo conocía, sabía que había más detrás de todo eso porque, al igual que él, tenía las cargas y secretos de su familia. Tal vez quisiera hablarlo, era lo lógico debido al momento pero, sinceramente, no tenía mucho que decir, aún intentaba aprender de todo ello y conocer en donde estaba parado.
—Es complicado, ellos lo son; papá y mamá —continuó, poniéndose de pie comenzando a recoger las cosas de su pequeña mesa, era algo tarde y necesitaba regresar a casa ya.— Pero está bien, supongo que es normal, no los entiendo del todo ni tampoco comparto muchos de sus pensamientos pero al final del día son mis padres.
—Eso no quita que pueden equivocarse —le siguió el alto, tomando el par de vasos que usaron comenzándolos a lavar.— Mira al mío, todo un alcohólico, ahogado en deudas, no es un gran ejemplo a seguir.
—Pero lo fue, ¿no?
—Quizás, tengo buenos recuerdos —aceptó, siguiendo con los platos mientras su pequeño novio le ayudaba juntando la basura.— Pero eso no cura el presente, los atesoro, porque pasaron, pero hasta ahí. Por eso me salí de casa, no podía más y no pensaba quedarme a hundirme con ellos. Quiero estudiar algo, salir de esta ciudad, hacer algo por mí, nada más que por mi.
Dejó la basura a un lado, escuchando sus palabras llenas de seguridad, nada sorprendido por ello pero dolido, de igual manera. Así era ChanYeol, una persona con metas claras que siempre trabajaba para sí mismo, lo sabía y en parte era algo que le admiraba, porque no cualquiera se conocía de tal manera, pero aún así le costaba aceptarlo, le era difícil saber que él no quería estar ahí, que soñaba con huir, conocer el mundo y pensar solo en si y en sus necesidades. Alguna vez se lo había dicho, pero el pensamiento había sido el mismo; no quería que se fuera. No quería que nada cambiara. Se sentía tan cómodo ahí en esos momentos, con la protección de sus brazos, de esa pequeña habitación y de lo que tenían.
Le era complicado escucharlo, sabiendo que su presente podía no ser idéntico a su futuro aunque tampoco era capaz de hacer ese tipo de planes, sin saber que quería o haría de su vida le era imposible, menos podría tomarlo en cuenta a él. Tal vez trabajaría para la empresa de sus padres, o terminaría tomando el piano como algo más serio y verdadero, era lo más lógico y que creía sus padres le recomendarían pero todo lucía aun tan lejano. Miraba al pasado y pensaba que lo hecho ya estaba y su futuro no era aún del todo claro, pero si algo sabía era que quería mantenerlo a su lado, eso era lo único que de verdad le importaba, al menos en esos momentos, pero el contrario parecía no preocuparse por ello.
—Como sea, anda vamos a llevarte a casa —le dijo el alto, dándole un corto beso que en el momento le supo realmente a poco.
***
—Se que has estado mintiendo —dijo Kyungsoo, no mucho tiempo después metiendo más comida en su boca.
Ambos estaban comiendo comida china, tenían clase de inglés juntos y hacía bastante calor. El restaurante era sencillo, no había mucha gente y Baekhyun la estaba pasando bien después de su mañana ajetreada aunque le dolían los pies.
Dejó de masticar y se quedó muy quieto.
—¿De que hablas? —preguntó, en un hilo de voz titubeante.
—Ya lo sabes, no eres muy buen mentiroso aunque creas que si.
Kyungsoo se le quedó viendo con una escalofriante fijeza que sólo logró que desviara la mirada hacia la ventana, vagando en la lejanía. Quiso negarlo, decirle que estaba mal y que sus ideas eran erróneas, temblando con la sola idea de que el contrario quisiera decirle a sus padres, porque estaba seguro de que no iban a reaccionar bien. Sentía la comida en la garganta, a punto de vomitar presa del terror pero no podía hacerlo, le era imposible mentir y negar a su alto novio. No después de la última vez y todo lo que habían pasado, además, no estaba haciendo nada malo, ¿verdad?
—Quita esa cara de espanto, no te estoy acusando —se enderezó, dejando los palillos a un costado y tomando un trago de su bebida.— En realidad, no importa. Solo, ¿por qué no me habías contado? Pensé que éramos amigos, se supone que tener novio es algo que deberíamos decirnos.
Jugó con sus dedos, nervioso. No sabiendo como explicarse.— Él no es como nosotros —susurró.
—Me lo imaginaba. Es ese chico, ¿no? El de la moto.
Asintió, bajando la cabeza y mordiendo su labio inferior, nervioso. No se supone que la gente se diera cuenta tan rápido, creía que estaban siendo cuidadosos, no saliendo a muchos lugares y pasando más tiempo en el departamento del alto. Tenía miedo, de que alguien más supiera y todo se volviera un real problema, no sabría que hacer, nada de eso estaba en sus planes.
—No se ve como alguien malo, es más, incluso me agrada. Le agregó cajeta extra a mi malteada y no me cobró —mencionó, haciéndolo reír.— No se desde cuando esté pasando Baek, pero creí que confiabas en mi.
—Lo hago, es solo que... es complicado.
—Puede serlo, pero no para mí. Te conozco desde hace años, prácticamente desde que éramos unos bebés, se que eres buena persona, muy dedicado y algo atolondrado también, pero no alguien tonto. Si lo quisiste es por algo, ni siquiera me interesa saberlo, pero si me duele un poco que me lo hayas ocultado. No voy a juzgarte, es más ni siquiera pienso decir nada pero... somos amigos, puedes apoyarte en mi.
Una lágrima cayó por su mejilla, sintiendo que un gran peso salía de él. Y es que había estado tan preocupado, odiando tener que mentirle al mundo, a sus padres y a su mejor amigo todo el tiempo. Los últimos meses habían pasado rápido y casi como un borrón, aún le resultaba increíble mirar atrás y darse cuenta de todo lo que había pasado, se sentía tan lejano a pesar de que no era así, pero imaginaba que la felicidad opacaba todo, envolviéndolo en todo eso que se estaba esforzado por mantener.
Kyungsoo era bueno, serio y centrado. Siempre lo miraba extrañado cuando lo veía correr a la salida negándose a contestar sus cortas preguntas y le fue imposible ignorar las miradas intensas entre ambos chicos, pero no quiso preguntar, confiando en que el castaño se acercaría a él pero nunca pasó. Últimamente lo veía feliz, relajado, ignorando todo lo que había a su alrededor y disfrutando incluso sus clases de piano, como si todo su mundo se hubiera llenado de color y eso lo hizo sentir bien, contento por él, pero necesitaba saber, queriendo demostrarle que no estaba solo y que, de hecho, le parecía maravilloso que viera por él.
Los padres de Baekhyun podían llegar a ser horribles, demasiado estrictos y controladores todo el tiempo. Su amigo no lo notaba del todo, justificando sus acciones en amor y bienestar para él pero tampoco era correcto, pensaba cada cosa dos veces antes de hacerlo, cuestionándose que opinaría el resto del mundo y repasando esa lista de reglas mentales que tanto lo asfixiaba todo el tiempo. Por lo que era sorprendente conocerle esa nueva etapa, una en que se preocupaba solo por él y Kyungsoo anhelaba compartirlo de la forma más sincera.
—Es guapo —comentó riendo, comenzando a comer de nuevo queriendo aligerar el ambiente y viendo la sonrisa reluciente y enamorada de la persona frente a él.
—Lo sé —murmuró, aceptando sus palabras.
Desde entonces las cosas fueron más sencillas para ambos. Con la ayuda de Kyungsoo y Sehun a su lado era menos complicado armar planes y pretextos para que se pudieran ver, inventándose tardes de estudios, talleres escolares e incluso fines de pijamada que, por supuesto, jamás sucedían, al menos no con ellos. Todos tenían algo de miedo, si debían aceptarlo, pero era un riesgo que querían tomar y las consecuencias no era algo en sus mentes en esos momentos, así que lo dejaban pasar.
Los besos comenzaban a no ser suficiente, con sus tardes encerrados en la misma habitación era complicado que lo fuera, sobretodo si la persona era tan buen besador como BaekHyun consideraba a ChanYeol.
De verdad que le encantaba, sentir sus labios gruesos y cálidos sobre los suyos tomando todo lo que podía entre tiernas caricias y provocadoras mordidas. Se sentía adicto a lo mismo, a tenerlo pegado y sentir su aliento golpeando su barbilla, tanto que una vez que comenzaban se sentía incapaz de poder parar. En ocasiones se recostaban a ver películas juntos, con la mejilla de BaekHyun apoyada en su pecho y ChanYeol rodeándolo por los hombros era imposible que sus labios no terminaran unidos, al alto le gustaba acariciarlo con su lengua hasta que el más pequeño, con mejillas encendidas, le permitía ingresar a su boca soltando ligeros gemidos adorables, por lo mismo tomaba su mano, entrelazando sus dedos regalándole tiernas caricias y permitiendo que, en ocasiones, quedaran sobre la tela de su pantalón justo cubriendo su polla, como le gustaba.
Baekhyun temblaba, con manos nerviosas sin saber que hacer pero sintiéndolo tan bien, la sensación dura y caliente en la palma de su mano le resultaba increíblemente cómoda, era cálido, adecuado, así que tampoco hacía el intento de cambiarlo, apretando un poco con sus manos y sintiéndose más que encendido por ello a pesar de lo extraño.
No llegaban a tanto, pero si que lograban satisfacerse en sus momentos. Con los labios gruesos puestos sobre su cuello le era imposible pensar, le gustaba demasiado la sensación así que lo dejaba ser. Se masajeaban sobre la ropa, haciéndose gemir gustosos llenos de placer, y cuando sintió la mano fría tocando directamente su piel por primera vez ni siquiera lo dudó, rodeando sus caderas con sus gruesas piernas permitiéndose sentir, moviéndose emocionado y dejando que su alto novio casi lo follara por encima de la ropa. Permitió que lo tomara en su mano, sintiendo su toque frío, electrizante que lo hacía temblar convertido en una masa frágil dispuesta a ser moldeada por él. Subió, de arriba a abajo hasta que se sintió desvanecer y se corrió, con sus prendas aún puestas y su camisa destrozada sintiéndose tan apenado, tanto que incapaz de ver el rostro de su novio se escondió con la cabeza enterrada en su cálido pecho, escuchando su suave risa y recibiendo cientos de besos sobre su cabello murmurando que estaba bien y había sido genial.
Y para el cumpleaños del alto las cosas se sentían muy distintas.
Para ese punto ChanYeol había escuchado cientos de historias acerca de cómo el amor cambiaba a las personas y cosas así, pero sinceramente siempre había pensado que eso no eran más que exageraciones o cuentos baratos que sonaban muy lindos pero hasta ahí, después de todo nunca había observado nada diferente a lo natural; personas simples que permanecían juntas solo por la obligación de tener que estar.
Sin embargo, por más que fuera complicado aceptarlo BaekHyun había marcado un antes y un después en su vida, logrando que hiciera cosas que en otra instancia ni se hubiera planteado y haciéndolo sentir de una manera tan terriblemente diferente que en ocasiones se cuestionaba si todo era normal. Nunca había sido una persona demasiado cariñosa, era malo con las palabras y para él las acciones eran la prueba clara de todo, y aunque seguía pensando de la misma manera al menos ahora se esforzaba por intentarlo; mostrar la clase de sentimientos que le hacía sentir el contrario y que no terminaba de comprender.
Adoraba verlo con sus camisas, merodeando por su pequeña casa buscando cualquier cosa para comer. Se sentía feliz y afortunado, le gustaba tenerlo junto a él y despertar con su mejilla pegada a su brazo, sus ojos eran bellos, tan dulces y brillantes como solo él podía llegar a ser. Era increíble, como habían terminado ahí después de todo lo que habían pasado. Desde el primer momento quedó prendado a ese pequeño niño bocón, adorando sus balbuceos y sus mejillas enrojecidas por la pena a pesar de sus duras palabras, pero jamás imaginó que terminaría así, abrazándolo en medio de la noche en su pequeña cama, regalándole besos en su cuello que lo hacían reír y susurrándole un quedo "te quiero" antes de dormir.
—Yo también, y mucho más —susurraba el pequeño contra su cuello, y le creía en verdad.
Por ello no se sorprendió del todo cuando llegó a casa y vio una cena completa preparada especialmente para él. Había velas, una sábana roja en el centro e incluso flores qué hacían lucir todo aun mejor, bastante bonito y acogedor.
—Sorpresa —susurró su novio, parado a un lado de todo ello con una pequeña y dulce sonrisa que, sin pensar, le regresó.
—¿Y esto? —preguntó, emocionado dándole un corto beso en forma de saludo.
—Es tu cumpleaños, quise hacerte algo especial. ¿Me salió bien?
El alto rio, ante la expresión dulce y emocionada del contrario que esperaba su veredicto con esos ojos brillantes y de cachorrito que tanto adoraba ver. A veces su novio era como un niño pequeño, probando cosas nuevas, conociendo otras de las que jamás había escuchado e intentando hacer lo correcto para hacerlo un poquito feliz. Todo lucía bien, sencillo y hasta en parte elegante, con ese toque característico que BaekHyun agregaba a todas sus cosas. Realmente le encantaba, sentía su corazón rebosante de amor.
—Está perfecto, en verdad.
El más pequeño saltó contento tomándolo de la mano con dedos entrelazados y llevándolo al espacio que armó para ellos, todo mientras hablaba sin parar de lo mucho que se había esforzado y de cómo los tutoriales de internet no funcionaban la primera vez. Había preparado pasta, lo cual le resultaba increíble porque BaekHyun apenas sabía encender la estufa, pero en verdad sabía bien. Dejando de lado que estaba algo salado y en partes quemado no era tan malo, incluso el vino era increíblemente bueno, aunque sospechaba que era bastante costoso aunque prefirió no preguntar.
Se llenaron de comida hasta no dejar nada, dándose de comer pequeños trozos en la boca para continuar emocionados con el pequeño pastel. Y tras varias horas extensas que pasaron en un respiro miraron todo lo que los rodeaba, notando que no quedaba nada, solo ellos y las velas de su alrededor. Era tranquilo, romántico y ambos lo notaron, pasaban mucho tiempo encerrados en ese lugar, a veces no lo parecía, pero esos momentos eran únicos, solo de ambos. Poco a poco iban creando recuerdos, desde los más sencillos hasta los más increíbles pero todos perfectos, era lo que los hacía ellos, lo que creaba su bonito pasado y les daba fuerzas para seguir inventando su presente.
Podía no ser eterno o tal vez si, era incierto, pero era lo que tenían. Ambos estaban enamorados, a pesar de las diferencias, de los obstáculos y de esa distancia horrible que a veces parecía imposible de borrar todos sus sentimientos seguían ahí, tan vivos como al inicio e incluso más, porque ahora lo sabían, conocían la realidad de estar juntos y creían que era mágica.
Parecía simple y no había mucho que contar, con poco dinero, siendo jóvenes y sin mucho apoyo eran pocas las opciones viables, pero intentaban sacarle el mayor provecho por más mínimo que pudiera ser. Las tardes de películas, de comida rápida o de estudio para ecuaciones, todas eran valiosas de alguna forma. Era parte de su historia, de lo que fueron y tal vez jamás regresarían a ser.
Y si no lo habían entendido, entonces lo hicieron. Que todo se reducía a esos momentos, a donde podían ser ellos mismos y nada más.
—Te amo —soltó en un susurro el alto tras terminar de comer, haciendo al rubio estremecer tras la sinceridad de sus palabras no esperando para nada aquello.— Realmente te amo, BaekHyun.
El menor lo observó, con los ojos abiertos sorprendido y con la fresa en sus manos a medio comer.
—Yah, ¿qué estás diciendo?
—Eso y que me haces muy feliz.
No esperó respuesta, porque ni siquiera sentía que la necesitaba. Más bien sólo tomó el pequeño rostro enrojecido de su novio entre sus manos y lo besó. Con puro amor y desesperación.
Decir que fue un beso comun sería estar mintiendo. En un parpadeó ChanYeol cogió al menor de la cintura, hasta pegarlo contra él y tomándolo con ganas.
Lo besó enserio, como nunca, con la boca abierta, probado su lengua y dejando incluso algunos hilos de saliva escurrir con el sabor a fresas y chocolate ahí. No tuvo reservas, queriendo sentirlo más que cerca en esos momentos y al contrario no pareció tampoco importarle, aceptando gustoso lo que tuviera por darle regresando cada toque con desesperación.
BaekHyun se sentía delirando, tan perdido en cada sensación que creía poder llorar. No podía abrir los ojos pero tampoco lo quería, apretando entre sus manos la tela delgada y vieja de la camisa sintiéndose ir. Estaba mareado, con las lágrimas a punto de salir pero es que le gustaba, demasiado, y tampoco intentó fingir lo contrario.
Hasta que el alto de golpe lo terminó, separándose de una dejándolo ahí sentado, con los labios palpitantes, respiración acelerada y una muy notable y molesta erección.
—Iré a bañarme —dijo, como si nada, tomando sus cosas apresurado hasta salir del lugar.
Respiró acelerado, mirando a la nada en la luz tenue de la habitación.
Cómo pudo se puso de pie, temblando y en una tonta forma de evadir todo lo qué pasó se encargó de ordenar la habitación. Pocas veces podía quedarse a pasar la noche en el lugar, con sus padres en casa y los choferes a cargo era imposible escaparse y ocultarlo, pero con suerte ese fin de semana se les presentó un viaje de negocios que le quedó a la perfección, así que se movió, buscando entre los pocos cajones de su novio alguna playera cómoda con la que pudiera dormir. Tenía ropa de él en el ropero, que poco a poco había ido dejando, pero prefería la de su pareja.
Se sentía cansado, y aún no lograba deshacerse del todo de la molestia entre sus pantalones. El roce de la mezclilla era una tortura, haciéndolo cerrar los ojos tembloroso a punto de gemir. Y es que el recuerdo de los labios de ChanYeol sobre los suyos no lo ayudaba en lo más mínimo.
Estar con ChanYeol hacía a BaekHyun delirar y evitaba que pudiera pensar con raciocinio. Era demasiado guapo y besaba condenadamente bien, aunque no tenía mucho con que comparar, pero juraba que se había hecho adicto a sus labios y a cada una de las sensaciones que despertaba en él. Le gustaba, demasiado y por mas que quisiera evitarlo había momentos donde solo quería sentir esa calidez no solo contra sus labios sino en todo su cuerpo, quería sentir su aliento y moría por un poco más cuando el alto le regalaba castos besos a su cuello.
A veces llegaba a ser inseguro y todo esto era un nuevo mundo para él, no sabía nada y sinceramente lo asustaba. Pero en el pasado le había temido a muchas cosas también, la mayor parte le resultaban confusas y desconocidas e incluso ChanYeol fue ese extraño punto en su vida al que jamás imaginó llegar, tan ajeno a su realidad como solo él podía ser, y de alguna forma se encargó de mostrarle el camino de tantas maneras que solo podía sentir nada más que seguridad a su lado. En ocasiones tenía miedo, de arruinarlo, de que salieran lastimados pero confiaba en él, confiaba en esa mirada directa y segura que a veces lo hacía pensar que era lo único que existía en el universo, y sabía que pasara lo que pasara no habría ningún arrepentimiento en su corazón, al menos no de todo eso, porque era lo que quería desde mucho antes que siquiera lo llegara a mirar.
Y lo supo, ahí sentado en el centro de la cama con solo una camisa que olía a él hasta que ChanYeol entró a la habitación, vistiendo nada más que un pants gris con su pecho al descubierto escurriendo con gotas de agua que seguían escapando de su cabello.
El moreno intentó ignorarlo, haciendo lo suyo y mirando solo de soslayo la suave piel de sus piernas descubiertas, pero fue en vano, porque BaekHyun estaba caliente, con una semiereccion aún latente y con la seguridad de seguir queriendo sentirlo a su lado.
El menor se levantó, acercándose descalzo y a pasos lentos hasta sentir el calor de su espalda que con dedos temblorosos acarició, deslizándose por los contornos de su tatuaje de un fénix debajo del cuello hasta que sintió sus dedos húmedos y calientes, tal como la piel del mayor.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó, en un hilo de voz.
—Me gusta este tatuaje, te queda bien —murmuró, con los ojos aún perdidos y con las manos aún deslizándose sobre él. Lo sentía temblar, con la piel erizada y expectante a lo que fuera hacer, luciendo tan guapo con el cabello húmedo y su piel bronceada a la que no se resistió, besándola a lo largo de sus hombros hasta que le susurró.— Bésame, ChanYeol.
No hubo necesidad de que lo pidiera dos veces. Ambos se sentían de la misma forma y lo único que los había detenido las veces anteriores fue el pensamiento de no ir demasiado presurosos, pero que más daba. Apenas lo dijo su alto novio se giró, tomándolo entre sus brazos y lo besó con pasión.
Gimió cuando sus bocas se unieron, permitiendo que tomara todo lo que quisiera entre sus manos e incluso llevándolas él mismo hacía abajo, donde sabía, el otro ansiaba por tocar tanto como él quería que lo hiciera. Dejó que ChanYeol acariciara el interior de su boca sin oponer resistencia, ajustándose a los movimientos de su lengua. Y también dejó que su novio le chupara la lengua como si le estuviera haciendo una felación.
Le estaba dando permiso, de hacer con él lo que quisiera porque confiaba en su persona y quería sentirlo cerca de todas maneras. Así que se dejó hacer, gustoso y con la boca abierta entre sus labios.
Rápidamente las prendas comenzaron a estorbar, sintiéndose tan calientes les fue imposible no arrojar la camisa del menor a cualquier lado. BaekHyun lo rodeó con sus piernas, ansiando sentirlo más cerca y disfrutando del frote caliente entre sus cuerpos mientras su novio masajeaba con fuerza su trasero, gustoso por la forma en que se tornaba rojo por su toque, tan sensible que con tan sólo un par se volvían de ese color. Estaba emocionado, excitado, queriendo sentir más aunque no supieran con precisión que tanto.
—En verdad me gustas, demasiado —dijo el alto entre besos, sin dejar de masajear la piel suave entre sus manos, tan encantado como la diferencia de tonos y tamaños.— No te imaginas cuanto.
—Quiero hacerlo, Yeol —comentó, entre ligeros suspiros repletos de placer.— Quiero llegar hasta el final, y ser todo tuyo, nada más que tuyo.
Silencio los inundó, no escuchándose nada más que sus respiraciones. Sus labios se rozaban y el calor de sus cuerpos parecía envolverlos, ChanYeol lo miraba serio, con atención, perdido en su boca enrojecida con las marcas de sus besos, y aunque por un segundo creyó que podría dar un paso atrás su sonrisa calmó todo pensamiento negativo en su mente, antes de recibir un dulce besó en su frente.
Y después de eso las cosas simplemente fueron un borrón dentro de sus mentes.
ChanYeol siguió besándolo mientras le quitó la ropa interior de un tirón. Parecía maravillado, con la vista de su respiración agitada y su boca torpe intentando seguirle el ritmo con dificultad que lo volvía más caliente. Llenó de besos cada espacio de su cuerpo, tomándose su tiempo con esas clavículas que parecían pedir su atención a gritos y con cada uno de sus tiernos pezones con los que jugó un rato, amando sentirlos calientes entre sus labios y mordisqueandolos hasta hacerlo lloriquear.
Masajeó su trasero por minutos enteros, disfrutando de la sensación así como de diferencia de tonos entre su piel, sus manos bronceadas, grandes y venosas contrastaban con la suave y casi rosada de la suya, y las marcas evidentes que comenzaban a formarse eran el reflejo de todo eso, pero ambos amaron la sensación. Tanto, que fue la perfecta distracción para el primer dedo en su interior.
Fue una sensación extraña, con apenas un poco de saliva por los besos pasados y un par de lamidas que se animó a dar no resbalaba lo suficiente, pero estuvo bien, al menos para sacarle un par de gemidos complacidos que con movimientos de su cadera ayudó. Lamentablemente no todo fue así de bueno, el resto de las intromisiones fueron incómodas y dolorosas, tanto que cuando sintió tres dedos dentro de si no pudo hacer mucho más que quejarse, adolorido e intentando relajar su acelerado corazón repleto de nervios.
—Perdón, perdón. Te prometo que iré más lento y te haré sentir bien —dijo su novio, afligido y regalándole un par de besos en sus ojitos enrojecidos.
Pero sinceramente, fue horrible. Difícil, doloroso y terriblemente incómodo.
ChanYeol hizo el mejor trabajo posible estimulándolo, moviendo los dedos con cuidado y pidiéndole que se relajara con voz ronca sobre su oído mientras lo lamía. Pero no era sencillo, la sensación era nueva para él y le dolía. Aunque lo intentó, abriendo más las piernas y concentrándose en los labios del otro sobre su cuello. Y cuando realmente comenzó a disfrutarlo, sintiendo una suave electricidad que lo recorría de pies a cabeza su novio de nuevo se detuvo, llevando sus manos hasta quedar por completo desnudo y dirigiendo las suyas hasta su larga extension haciendo que le ayudara a acariciarse, hasta ponerse realmente duro, como él.
Fue extraño, complicado. Pensar en que todo eso estaba pasando y ver el miembro duro de su novio dirigirse a su entrada no lo hacía sentir mejor. Le preguntó una y mil veces, queriendo estar seguro de que estaba usando condón y cuando llegó el momento BaekHyun se sentía mareado de excitación.
Le dolió más de lo que llegó a imaginar. ChanYeol era grande y grueso y lograr que entrara a su muy cerrado agujero había sido una odisea, fue lento y tortuoso y le clavó tan duro las uñas en su espalda que estaba seguro de que dejaría marcas por semanas.
De todas maneras, ChanYeol se preocupó por que lo disfrutara, moviendo su cuerpo a su gusto hasta encontrar una buena posición que lo hiciera sentir cómodo aún con sus estocadas algo desordenadas. Eran demasiadas sensaciones, en todas partes, en su interior, en su piel y en su corazón. Pero de alguna forma comenzaba a gustarle, lo entendió perfectamente cuando los gemidos salieron de su boca haciéndolo sentir tan penoso que prefiero meter un par de dedos en su boca y morderlos.
Se sentía abrumado por las corrientes en su cuerpo, la forma en que ChanYeol lo penetraba mientras le regalaba besos cada donde alcanzaba lo tenia vuelto loco, se sentía bien, delicioso, increíblemente placentero a pesar de sus movimientos inexpertos.
Sus caderas se movieron de arriba hacia abajo, con el sonido de sus cuerpos chocando llenaban la habitación, haciendo que el castaño fuera tan consciente de la situación sintiéndose avergonzado. Aún así era imposible no disfrutarlo y no gemir.
Ambos se corrieron, no mucho después. Con BaekHyun gimiendo mientras se derramaba sobre su pecho y ChanYeol dentro de él. No fue del todo perfecto, ambos lo sabían pero estaba bien para ellos.
Se abrazaron por minutos, intentando controlar sus respiraciones agitadas y regalándose caricias dulces en sus cuerpos. ChanYeol inmediatamente lo rodeó con sus brazos, y con una mano se dedicó a acariciar la fina línea de su columna vertebral causándole estremecimientos y sintiéndose conforme con eso.
Se sentían felices, satisfechos. A pesar de no haber sido tan bueno lo había sido para ellos, en su mente y en sus corazones atolondrados. Eran todo lo que querían y necesitaban en esos momentos, no existía otro lugar donde desearían estar, estaban ahí, entre sus brazos y solo sabían que no querían dejarse ir jamás.
Las siguientes veces fueron aún mejores.
Con el tiempo comenzaron a descubrir todo aquello que realmente les gustaba y las otras cosas incómodas que preferían evitar, existían posiciones no tan buenas y algunas otras que causaban algo de dolor, pero también esos lugares que al ser besados los deshacía en gritos y gemidos de placer que se encargaban de recordar para la próxima ocasión.
Lo hicieron muchas veces, no solo durante el resto de ese fin de semana sino cada que tenían oportunidad. Probaron distintas posiciones, lugares y técnicas que se ingeniaron para terminar más que satisfechos. Eran jóvenes, se amaban y realmente disfrutaban de sus cuerpos. Fingir que no deseaban estar encima del otro todo el tiempo era en vano, y tampoco se preocupaban por ello, la vergüenza se hizo a un lado y la confianza creció de una manera increíble, en donde eran capaces de contarse cualquier cosa y mencionar lo que les parecía bueno y lo que no, porque "realmente me gusta que me chupes ahí, ChanYeol."
A veces era un real problema, pues BaekHyun llegaba despeinado a casa y con claros chupetones en su cuello que tenía que tapar. Se sentía nervioso, temeroso ante los ojos de cualquiera sobre su persona pero al estar de nuevo seguro en las paredes de su cuarto solo era sonrisas llenas de felicidad, porque se sentía completo y pleno en esos momentos, como nunca antes llegó a imaginar.
Los meses comenzaron a pasar, las temporadas de exámenes los mantenía algo separados con la atención del menor completa en sus estudios, pero estaba bien, porque ChanYeol podía entenderlo y aprovechaba el tiempo para ayudar a su madre en el negocio de pescados. En ocasiones ayudaba a su novio a estudiar, escuchando sus quejas porque apestaba para cálculo pero aceptando sus tiernos besos cada que le ponía atención.
Las tardes de películas eran sus favoritas, miraban maratones enteros de sagas viejas y nuevas mientras discutían todo acerca de los personajes, y se volvió aún mejor cuando Príncipe Zuko comenzó a acompañarlos.
A BaekHyun le parecía sorprendente el cómo su gato se había encariñado con ChanYeol, ni siquiera lo había dudado. En cuanto su gato vio a ChanYeol se acurrucó en su regazo, siempre parecía dispuesto a no alejarse de él, incluso no le permitía acercarse poniéndose a gruñir como un salvaje cada que intentaba quitarlo para ser él el que se abrazara a su novio, como debía ser.
—Jamás debí presentarlos —refunfuñaba molesto, caminado al lado contrario de la cama escuchando al alto reír.
También conoció a sus madre. Una tarde mientras esperaba a ChanYeol llegó con una bolsa llena de comida en toppers y con una sonrisa dulce, aunque algo cansada. Por supuesto que no le dijo quién era, incluso el moreno lo mantuvo como un amigo más, pero de todas formas le agradó, Heemin era una mujer agradable, dulce y muy buena cocinera. Los hizo comer estofado de pescado hasta que ya no quedó más y regañó a su hijo por descuidarse tanto y estar tan delgado, aunque BaekHyun sabía que no era así, su novio estaba perfecto y ese abdomen marcado que le encantaba chupar era la mayor prueba de ello.
La llevaron a casa y en ocasiones acompañaba a ChanYeol a visitarla, ambos se cayeron bien, hablaban demasiado, les gustaba el mismo programa policiaco y Heemin siempre mencionaba lo pequeño y adorable que podía llegar a ser pellizcándole sus gordas mejillas. El barrio donde vivía era un lugar completamente distinto a lo que conocía, era feo, destartalado y olía mal, pero aún así no tuvo mucho problema e incluso en una ocasión ayudó a vender un par de pescados, aunque fue algo que no quería volver a soportar.
A Kyungsoo también le agradaba ChanYeol, algunas veces salieron en grupo junto a Sehun, yendo a un par de fiestas donde podían bailar, jugar y tomar de esas bebidas de fresa que tanto le encantaban, aunque al mayor no le gustaba precisamente la idea estando todo el tiempo alerta preocupado por su bienestar, lo cual solo lo hacía enamorar más y lo encendía tanto que en alguna ocasión terminaron haciéndolo en el baño, con solo sus pantalones desabrochados e intentando ahogar sus gritos entre las paredes, hasta que se corrían terminando todos manchados de semen y por lo cual tenía que usar la chaqueta de ChanYeol para cubrirse, olvidando que incluso su madre podría llegarlo a ver.
Las noches de invierno pronto llegaron, el Año Nuevo había entrado y para ambos parecía asombroso poder comenzarlo juntos, ambos estaban abrazados, enrollados entre las sábanas y sus cuerpos sobre la azotea mirando las estrellas.
Hacía frío, pero estaba bien, BaekHyun entre las piernas de ChanYeol estaba recostado sobre su pecho, sintiendo los latidos de su corazón y oliendo la mezcla del chocolate y la menta, debido al helado que su novio había estado comiendo porque era su favorito aunque a él le resultaba asqueroso. "Claro que no, tienes que probarlo." Decía siempre el contrario, y aunque se negaba al final lo terminaba haciendo pero sobre sus labios y ciertamente, de esa manera, tenía que aceptar que no era tan malo.
—El tiempo pasa realmente rápido —murmuró el rubio, con la brisa sobre su cabeza y sobre el sonido lejano de los grillos.
—Ya pronto entrarás a la universidad.
—No me lo recuerdes, ni siquiera quiero pensar.
Las estrellas brillaban desde su lugar, ninguno sabía si estaba en el sitio correcto o era una casualidad que aprovecharon. Era bonito estar juntos, solo ellos, en su mundo en medio de esas grandes constelaciones que lucían lejanas y pequeñas, pero al mismo tiempo tan impactantes incluso a través de los miles de kilómetros que los separaban.
—¿Por qué no? Es una gran oportunidad, muchos quisieran tenerla.
—Lo sé, y no es que no quiera, es solo que... las cosas están tan bien así, no quiero que eso cambie.
El mayor acarició su mejilla, moviendo la punta de su nariz y regalándole un pequeño beso sobre la comisura de sus labios.
—Todo tiene que cambiar, eso es evidente y lo divertido de la vida —continuó, jugando con sus manos.— Si siempre me tuviera que quedar aquí, siendo solo un pobre mesero y apestando a pescado no tendría sentido que lo siguiera intentando.
—Pero no es lo mismo.
—Lo es, a mi me parece genial que vayas a entrar a estudiar.
Suspiró, encogiéndose de hombros sin mucho interés.
—No se ni que quiero hacer, al final necesitaré la opinión de mis padres y como quiera, jamás estarán orgullosos —aseguró, después de algunos segundos en silencio, con sus manos entrelazadas con fuerza entre sus cuerpos y restregándose un poco en busca de calor.— A veces siento que para ellos no soy mucho más que otra parte de su herencia, una inversión a largo plazo que ni siquiera les salió del todo bien por tener que ser portador. Tienen planes para mi, eso lo sé, pero no es lo que quiero hacer en verdad, ni siquiera sé que quiero yo.
El alto asintió, entendiendo sus palabras. BaekHyun todo el tiempo actuaba bajo lo que se le había sido inculcado, pocas veces tomaba en cuenta las opiniones de él mismo y siempre parecía buscar algo de aprobación, eso lo había notado con el tiempo, y aunque en ocasiones parecía ser que comenzaba a actuar para él y su satisfacción sólo eran pequeñitos pasos que no eran nada a comparación del peso de años de su familia. No conocía a sus padres, muy apenas los habla visto en un par de fotos, pero no le agradaban, ni un poco. Le parecía asqueroso y cruel que movieran a su propio hijo como un títere, señalándole siempre sus errores, obligándolo a cumplir con sus propios sueños frustrados y no importándoles nada su bienestar. Poco importaba todo su esfuerzo, porque al final pensaban en cómo afectaría a su perfecta vida y a la del resto, mientras BaekHyun muy apenas podía conocerse a él, siempre dejándose de lado y procurando por todos menos por sí mismo.
—Entonces vámonos juntos, Baek —dijo, de la nada y soltando lo primero que pasaba por su cabeza, aunque lo había pensando antes ya.— Yo cuidaré de ti, nunca te faltará nada.
El menor lo vio, con ojos sorprendidos y bastante incrédulo por la situación. Mojó sus labios, dirigiendo la mirada a una estrella brillante y parpadeante justo en el centro del cielo.
—No juegues, ni siquiera puedes mantenerte tú.
—Lo haré si me dejas, solo confía en mí.
Sus ojos parecían serios, brillando con la poca luz del cielo. Lucía guapo, hermoso ante los ojos del menor, que enamorado por sus palabras y las acciones tan puras de su corazón solo optó por reír, regalándole un corto beso sobre sus suaves labios.
—Ya veremos —susurró, porque el universo era muy enorme pero las posibilidades no siempre eran tan extensas.
***
Su cumpleaños llegó y para su familia eso parecía ser un gran evento digno de mención.
En otros años era un día que esperaba impaciente y realmente disfrutaba de cada una de las sorpresas que tuvieran para él, pero esta vez no quería mucho, en realidad lo único que deseaba era poder pasar el día junto a su novio, encerrados viendo alguna película, comiendo pizza y haciendo el amor toda la noche, hasta saciarse.
Sin embargo, no podría ser así, sus padres habían organizado una cena elegante, con los mejores platillos y con las personas de más alta clase en la lista de invitados. Ni siquiera los conocía y no le importaba, sería un evento aburrido, con las mismas conversaciones triviales y presuntuosas que ya había memorizado además de música de piano que muy probablemente le daría ganas de dormir.
Desde la mañana estuvo enfurruñado, escuchando a su madre soltar ordenes mientras se mantenía oculto en las colchas de su cama. No lo habían felicitado, solo le habían pedido que estuviera listo a tiempo y no se olvidara de lavarse bien el cabello, como si no lo hiciera todos los días. Y su día cobró algo de sentido y color hasta que recibió un bello mensaje de la única persona que realmente le importaba, no era mucho pero era sincero, e imaginó que cada beso escrito en el texto estaba sobre su piel.
La fiesta fue como predijo; aburrida, eterna y sin sentido. Saludó a quienes debía y sonrió perfecto cada que lo veían. Sus padres lucían elegantes, imponentes y guapos, parecían emocionados, presumiendo a su bello hijo y hablando de los muchos planes que, ahora como adulto, estaban destinados para él. "Es una nueva etapa", decían.
En algún momento miró su celular, revisando la hora y pidiéndole al cielo que todo terminara ya. Se quejó, lloriqueándole a su novio por lo muy aburrido que estaba y deseando que estuviera ahí, a lo cual el contrario reía porque al menos que fuera de mesero eso no sería ni remotamente posible, para su tristeza. Al menos lo relajó, con algunas palabras subidas de tono y con la promesa de hacerlo sentir más que bien en cuanto lo viera para entregarle su regalo.
Lo hacía inmensamente feliz, siempre parecía tener las palabras correctas y sabía como curar su corazón. Le sabían a poco los momentos a su lado, no eran nada comparado a la eternidad con la que soñaba poder compartir. ChanYeol era el hombre perfecto, guapo, inteligente, noble y muy trabajador, ni siquiera sentía que lo mereciera del todo después de muchos de sus tratos y comentarios del pasado pero estaba siendo egoísta, manteniéndolo a su lado e intentando regresarle aunque fuera un poquito de lo mucho que lo hacía sentir. Nadie se comparaba a él, y jamás sería posible, era su alma gemela, el amor de su vida, tal vez era jóvenes pero estaba muy seguro de ello, lo que sentía no era normal y era muy afortunado de poder decir que todo era gracias a él.
Lamentablemente si creyó que su noche no podía ser peor, se equivocó.
—Ven hijo, hay alguien a quien queremos presentarte —dijo su madre, tomándolo de la mano hasta llevarlo a la familia junto a su padre.— Estos son la familia Kim, y él es su hijo JoonHyun.
—Tú prometido —completó su padre.
Sintió el aire escapar de sus pulmones ante esas palabras, negándose a escuchar algo más. Ellos lo sabían, probablemente algo sabían. Fue lo primero que pensó. Todo pasó a segundo plano en esos instantes, en su mente trataba de procesar la información. De algún modo eso parecía una pesadilla, algo no real, tan inesperado.
Los ojos estaban sobre él, expectantes a que dijera alguna palabra o mínimo, les regalara una sonrisa pero no lo hizo, no quería estar ahí, ni fingir que estaba bien con todo eso. No entendía, no le encontraba el mínimo sentido a todo ello. El ruido parecía lejano y derrepente fue como si no tuviera más control de sí mismo. Tenía asco, mucho asco, por lo qué sin importarle lo que fueran a decir sus padres o alguien más se deshizo de su agarre, dispuesto a salir de ahí a cómo diera lugar.
Corrió entre la gente, saliendo de las puertas de ese sitio al que llamaba hogar sintiendo el aire helado pegar sobre su rostro. Estaba mareado, si vista borrosa y en verdad se sentía desmayar. Sin darse cuenta, un par de lágrimas escaparon, tal vez de incredulidad, tal vez de pena. Estaba temblando, no podía controlar el movimiento de sus manos y sus piernas parecían no querer responder. Había ruido de la música y la gente que seguía disfrutando de esa fiesta que ni siquiera consideraba para él mientras su celular comenzaba a sonar en el bolso de su pantalón.
Lo ignoró, no queriendo estar ahí ni escuchando nada más solo corrió al lugar donde sabía estaría seguro, donde no lo obligarían a fingir nada ni mostrar lo que no es. No podía con la idea, todo lo asqueaba al pensar que sus padres realmente lo veían como un objeto y nada más, no le preguntaron si quería estudiar algo, hacerse cargo de la empresa o si prefería viajar, tan solo armaron su vida de tal manera que les resultaba beneficioso y cómodo a ellos pero nada más, ¿y el dónde quedaba? ¿Ni siquiera les importaba un poco? A ese punto incluso dudaba de su amor.
SooYoung alguna vez se lo comentó, cuando hablaron de las empresas de sus familia y de lo que querían hacer, "eres portador, así que la empresa quedara cargo de tu esposo, probablemente." Había asegurado, y en esos momentos pensó que era tan estúpida.
¿Su prometido? Es que estaban locos, no conocía al tipo, no le importaba conocerlo y no aceptaba que le impusieran algo como un matrimonio a su vida, era pasar toda la existencia con alguien, darle hijos y mantenerse a su lado sin importar lo que pasara. Siempre habían sido controladores, prejuiciosos y crueles pero eso ya era demasiado, cruzaba el borde de lo absurdo, de lo creíble.
Golpeó la puerta blanca y algo oxidada como un loco, desesperado. No importándole si despertaba a los vecinos o si hacía un escándalo, solo queriendo esconderse del mundo entero y fingir que nada estaba pasando.
—¿Qué pasa? ¿Por qué mierda tocan... — la pregunta de ChanYeol quedó a medias, pues en cuanto abrió la puerta el cuerpo tembloroso de su novio saltó a sus brazos, llorando de una forma tan escandalosa que realmente lo asustó.
—No dejes que lo hagan ChanYeol, no dejes que me hagan hacer eso —pidió con la voz entrecortada, entre jadeos producto del llanto.
—¿Qué? ¿De que hablas Baek? Respira.
—No, no, no —negó, aferrándose con fuerza de la tela de su camiseta.— No puedo casarme con ese tipo, no puedo hacer eso, no cuando te amo tanto a ti, no quiero Yeol. No quiero.
Hablar con él e intentar calmarlo fue imposible, BaekHyun estaba en pánico, temblando de pies a cabeza y no dejando de balbucear. ChanYeol estaba realmente asustado, jamás lo había visto así y parecía que sus palabras importaban para nada, su novio no planeaba escuchar, estaba pálido, con los labios resecos y los ojos hundidos.
—No lo permitas, ChanYeol.
—No lo haré, pero cálmate, amor.
BaekHyun negó, escandalizado, atrayéndolo más a su cuerpo y saltando a sus labios.
—No los dejes, no lo permitas, quiero estar aquí. Hazme el amor —pidió, completamente necesitado.— Hazme el amor, no me dejes ir.
Al principio quiso negarse, viendo la situación no consideraba que fuera el momento, pero el menor no se lo permitió. Atacó su boca, completamente hambriento y restregándose para sentir un poco de su toque, y cuando menos lo imaginó lo tenia de rodillas, entre sus piernas tomando todo de sí mismo como un desesperado.
Lo hicieron fuerte, desordenado y muy placentero. Baekhyun estaba fuera de si, gimiendo alto, pidiéndole más y susurrándole una y otra vez cuanto lo amaba con cada estocada. No prestó mucha atención, con su mente nublada por el deseo como siempre que tenía al más pequeño entre sus brazos, era hermoso, el ser más precioso y ChanYeol era digno de él.
—Mis padres quieren que me case —soltó el rubio después de un par de horas. Ambos estaban recostados, con la mejilla del más pequeño contra su pecho, agotados.
—¿De que estás hablando?
—Me presentaron a mi prometido hoy, ni siquiera le puse atención, no me interesa. No me casaré con nadie.
—Ellos realmente hicieron eso... —susurró, sorprendido porque sonaba como algo digno de una película. Tan irreal.
—Están locos, de verdad no me quieren —dijo, comenzando a llorar y enterrando la nariz en su cuello.— No sirvo para la empresa, ni para hacer algo por mi mismo. Pero no pienso aceptar eso, no me pienso casar con un desconocido. Llévame contigo ChanYeol, escapémonos, y huyamos como lo habías dicho.
No lo esperaba, en lo más mínimo. BaekHyun siempre había parecido tan asustado del mundo que le resultaba sorprendente que le pidiera algo como aquello. Lucía desesperado, tan asustado por lo que estaba viviendo que no sabía que hacer, si por él fuera terminaba con todo lo que le causaba daño con tal de verlo feliz, odiaba esa expresión en su rostro porque era su pequeño rayito de sol, siempre tan feliz, quejumbroso y asombrado de la vida.
Por lo mismo asintió, sin dudarlo porque él sabía lo que quería, anhelaba hacerlo feliz, tenerlo a su lado y demostrarle que era capaz de muchas cosas, porque era sorprendente y como el amor de su vida, quería estar a su lado, apoyándolo.
Además, no tenían muchas más opciones, de otra manera difícilmente podrían estar juntos.
—Bien, hagámoslo. Huyamos juntos.
Las palabras fueron tan simples, tan seguras que no parecían del todo reales, pero sí que lo eran, sobre todo para ChanYeol.
Desde un inicio el sabía que tenía que salir de esa ciudad, necesitaba crecer, conocer el mundo y demostrarse que podía dar más que lo que el mundo en donde había crecido le había enseñado. Al inicio todos parecían sueños lejanos, tan poco creíbles que hasta el mismo se reía, pero cuando terminó la preparatoria y vio que no había mucho más que trabajar y vender pescados no le quedó otra opción.
Tuvo que soportar que lo hicieran menos cientos de veces, trabajar en una cafetería con gente que estaba fuera de su estatus no era sencillo, siempre había comentarios hacia su persona, el cómo lucía o de sí era necesario cuidar sus pertenencias, como si fuera un delincuente. Le hablaban peor que a un perro, ordenándole y ofendiéndolo todo el tiempo como el pobre muerto de hambre que seguro era y para colmo su jefe no ayudaba, creyendo que todos eran unos buenos para nada que estaban ahí porque jamás podrían llegar a ser algo más que unos vil meseros apestosos. Muchas veces consideró renunciar, agotado pero la paga era muy buena y las propinas mucho mejor.
Vivía en un cuarto horrible con apenas agua caliente ciertos días de la semana, y el ramen parecía ser su mejor menú. Pero nada de eso importaba cuando veía su pequeña cuenta de ahorro que poco a poco iba creciendo, recordándole que no estaba tan lejos de cumplir su sueño.
Ingeniera industrial es lo que le gustaría estudiar, con trabajos de medio tiempo y mucho esfuerzo seguro lograría ser alguien digno del orgullo de su madre. A veces pensaba en lo muy pesado que terminaría siendo, haciéndolo pensar que sería mejor ser modelo así no haría mucho y sería millonario, pero no era su sueño.
Que BaekHyun quisiera irse con él hacia todo un poquito menos sencillo, pero tampoco le importaba. No pensaba dejarlo ahí con esa familia loca y enferma de poder, mucho menos sería capaz de terminar su relación porque lo amaba demasiado, tendría que acostumbrarse a vivir sin sus lujos y probablemente tendría que trabajar para poderse mantener junto a él, pero ChanYeol consideraba que valía la pena el sacrificio, sería feliz, haciendo lo que él quisiera y estando a su lado, era más que perfecto.
Con la graduación del menor no muy lejana comenzó a moverse, buscando pequeños cuartos donde vivir y trabajando mucho más duro para aumentar su caja de ahorros. Necesitaban muchas cosas; muebles, sábanas, cortinas, una cama, comida, pero de a poco se irían armando de de lo suyo, lo importante era salir de ahí, el resto lo resolverían juntos.
Trabajar turnos extras se volvió su día a día, saliendo de su casa a primera hora de la mañana y llegando a penas a dormir un par de horas antes de volverse a levantar, era pesado pero no importaba, las propinas estaban quedando enteras y a veces, si reducía mucho sus gastos, le quedaba un poco de monedas libres que gastaba en llevar a algún lado a su novio o en comprar cositas para su próximo hogar.
—No han dicho nada del tema pero, JoonHyun fue a cenar a la casa —dijo BaekHyun, pocos días antes de su graduación sentando sobre su motocicleta.— No van a dar un paso atrás.
—Eso era evidente, no les conviene. Pero no importa, ese ya no será tu problema en cuanto nos vayamos de aquí.
El menor asintió, distraído con las calcomanías de su casco blanco que tiempo atrás les pegó, para decorarlo.
—Cierto, nos iremos.
—Ya tengo casi todo listo, conseguí un departamento. Es pequeño pero estará bien por un rato, después podremos buscar algo mejor cuando ambos tengamos trabajo.
Baekhyun no dijo mucho, escuchando sus palabras pero estando de acuerdo, después de todo no sabía demasiado.
Las cosas en su casa eran horrorosas. Sus padres lo ignoraban, hablándole para nada más que recordarle sus citas o llamarle la atención si no hacía lo que le pedían. Estaban furiosos, por todo lo que los había hecho pasar y por no saber en donde había pasado la noche, no creían en sus palabras, no confiando más en Sehun y Kyungsoo porque decían lo estaban ayudando a ocultar algo.
Tenía que asistir a un par de citas con JoonHyun, su aparente prometido. Odiaba hacerlo, más teniéndoselo que ocultar a ChanYeol, pero no podía decírselo, de alguna manera sentía que le estaba siendo infiel y el hombre ya tenía mucho trabajando todo el día y encargándose del futuro de ambos.
No sabía como es que terminó diciendo todo eso la noche de su cumpleaños, estaba desesperado, asustado por ver la verdadera cara de sus padres pero ¿había hecho lo correcto? Fue lo que enseguida se cuestionó.
Apenas iba a terminar la escuela, no tenía carrera y se quedaría sin dinero. No era bueno haciendo nada, había estado pensando en que trabajar pero muy apenas era bueno calentando agua. Tampoco era una persona independiente, no se preparaba ni un cereal y ¿enserio estaba dispuesto a dejar todo de lado? Sus padres enloquecerían, lo buscarían hasta el fin del mundo si era necesario porque era lo único que tenían. Habían dado todo por él, se esforzaron por darle la mejor educación, los mejores profesores y explotar las habilidades que si que servirían para algo.
Tenía tan solo dieciocho años, era un niño, inmaduro e impulsivo. Amaba a ChanYeol demasiado y enserio lo hacía muy feliz pero ¿que le garantizaba que fuera eterno?
Lo quería, lo soñaba pero no lo sabía. Había escuchado que cuando el hambre entra por la puerta el amor salía por la ventana y no quería descubrir que tan cierto seria eso.
Si se iba probablemente jamás podría volver, sus padres no se lo perdonarían pero tampoco quería perderlos, los amaba, eran quienes siempre estuvieron a su lado de alguna u otra manera. Les tenia pavor, no quería imaginar de lo que serían capaz ¿y si le hacían algo a ChanYeol? ¿Serían tan capaces de lastimarlo?
JoonHyun no se veía tan mala persona, "tal vez es buena opción" llegó a pensar en medio de su desesperación pero la sola idea lo llenaba de asco, porque jamás sería mejor que ChanYeol, su hermoso ChanYeol.
Estaba arrepentido, sin saber que decir o por donde comenzar. No quería irse, pero tampoco podía seguir ahí, no así.
Todo sería más sencillo si sus padres aceptaran lo que querían, pero eso no parecía ser del todo posible.
No podía hablar con ChanYeol, le era imposible confesarle la verdad y explicarle sus dudas, estaba haciendo tanto por ambos y ya había jugado lo suficiente con sus sentimientos más de una vez. Su novio era alguien comprometido, seguro de sus decisiones y nunca dudó en incluirlo si era necesario, era el único que le ofrecía la oportunidad de elegir y lo apoyaba sin importar nada, además que lo hacía en verdad feliz.
¿Pero estaba preparado para eso? ¿Para lo que conllevaba salir de ahí?
Le dolía escuchar sus planes, verlo trabajar todo el día y contar sus pocas monedas y billetes, organizando los gastos de una manera increíble e incluso procurando dejar algo de dinero libre para los propios gustos del rubio y que se sintiera mejor así. Después de todo, sería difícil para él, lo sabía y planeaba hacérselo lo más ligero posible, se esforzaría por ello.
BaekHyun estaba sentado en la orilla de su cama con su maleta echa a medias. Había llegado el momento, su novio tenía todo listo y él aún no sabía que hacer. Esa tarde su madre le había mandando a llamar, recordándole que todo lo hacían por su bienestar y que más valía que pensara en ellos y en la empresa que con tanto esfuerzo lograron levantar.
—No puedes ser tan egoísta, BaekHyun —había dicho, y quizá era verdad.
¿Qué pasaría después? ¿Realmente no los volvería a ver?
"Estoy abajo, anda rápido."
Leyó el mensaje de ChanYeol, poniéndose de pie de inmediato. Últimamente verse era más que complicado, sus padres ya no confiaban en él así que debían aprovechar cada pequeño momento.
—Tengo todo, incluso hablé con los del tren, no hay problema con que lleves a Zuko, solo tuve que pagar un pequeño permiso, estará bien.
Asintió, ante sus palabras, distraído en la pequeña maleta y cajas que estaban en el centro del cuarto, técnicamente el lugar estaba vacío aunque desde el inicio hubo casi nada. ChanYeol tenía todas sus cosas preparadas y parecía tan emocionado, explicándole sobre las sábanas en descuento que logró comprar y que eran justo del material que le gustaba.
—Lo haremos bien, Baek. Saldremos adelante y seremos muy felices —le aseguró, tomando su pequeño rostro entre sus manos y dándole un tierno beso.
Esa noche hicieron el amor.
BaekHyun se aferró a ChanYeol con todo lo que tenía y se entregó a él por completo. Dejó que le quitara la ropa y él se encargó de hacerlo con la suya, la conexión entre sus miradas fue intacta, como si conocieran a la perfección el cuerpo del otro, cada revoco, cada medida. El menor disfrutó de cada caricia, permitiéndose gemir con cada beso, lamida e intromisión en su cuerpo de una manera increíblemente placentera. Fue tierno, dulce, duro, de todas las maneras, no importaba solo querían estar juntos y demostrarse cuanto se amaban.
—Te amo mucho, ChanYeol. Jamás dejaré de amarte —susurró, con el rostro moreno entre sus manos y un par de lágrimas cubriendo sus ojos.
—Yo más, BaekHyun. Y prometo hacerte enormemente feliz de aquí en adelante.
Esa noche no pudo dormir, se acabó las cutículas vagando por el largo de su cuarto sin saber qué hacer o que decidir. Estaba tan confundido, era imposible que eligiera algo, cada acción tenía sus consecuencias y no sabía que tan preparado estaba para tomar cada una de ellas.
El boleto estaba sobre su escritorio, ChanYeol tenía todo listo y eso le rompía más el corazón. Su novio estaba tan feliz, enamorado. No le importaba nada más que mantenerlo a su lado, cumplir sus sueños y todavía encargarse de ayudarle con los suyos, era mucho, demasiado para alguien como él, un chiquillo que desde el primer día lo menospreció, lo hizo menos y lo juzgó por su forma de ser.
No podría, esa era la verdad. Siempre había dependido de sus padres y lo seguiría haciendo porque no conocía nada más. Era poca cosa para ChanYeol, desde el momento que dudó y lo dejó ser todo aquello sin poder hablar.
Su cuerpo se entumeció y entonces entendió, siempre sería incapaz, no podía con todo eso y quizás nunca podría.
Se quedó sentado, hasta que amaneció, no pudiendo dejar de llorar abrazándose a ese barato cachorro de peluche que su novio le regaló en su primer cita tras ganárselo. El reloj no dejaba de avanzar, tenía todo listo pero no podía moverse, no era capaz. Lo iba a arruinar, le rompería el corazón y lo cansaría cuando se diera cuenta que era un bueno para nada. No sabía cocinar ni ser independiente, solo sería una carga para que ChanYeol cumpliera con sus sueños, él lo merecía tanto, había trabajado tan duro para ser alguien digno de admiración, en cambio BaekHyun jamás había hecho algo por si mismo, siempre viviría bajo la sombra de su padres y sería incapaz de lograr hacer algo sin necesitar su aprobación.
Era la verdad, les temía tanto. No podia ni verlos a la cara y dios, no podía creer que dejaría ir a ChanYeol, el amor de su vida, su alma gemela.
Lo amaba tanto, sentía que se ahogaba del tan solo pensar en que jamás volvería a verlo, quedaban tantas cosas por hacer, ir juntos a la playa, viajar por primera vez en avión, disfrutar la primera nevada y besarse bajo el muérdago en cada navidad. Perdería todo, perdería lo mejor de su vida y lo único que lo hacía feliz, pero no lo merecía, desde el primer momento en que dudó dejándolo ilusionarse perdió todo derecho de estar con él.
No se movió, no podía ni quería, menos al escuchar el sonido de su celular sin parar una y otra vez. ChanYeol lo estaba esperando, como siempre, dispuesto a ser su salvación cuando no debía.
Tapó sus oídos, negándose a escuchar algo más y temblando ante la idea de lo que estaba haciendo. Pero no valía la pena, los riesgos no lo hacían, o eso le dijo su madre y tal vez era verdad.
Lloró, sintiéndose el hombre más miserable y cuando la luna y las estrellas llenaron el cielo fue que se dio cuenta de la verdad; lo había perdido, había dejado ir al amor de su vida y tal vez nunca volvería a recuperarlo.
Porqué no llegó y probablamente jamás tuvo la intención de hacerlo.
***
Aquella mañana llovía.
El día estaba gris y algunos truenos sonaban mientras la lluvia caía, golpeando los techos y paraguas de la gente. ChanYeol estaba de pie en la estación, con el par de maletas en sus manos mirando la hora. Era tarde ya, BaekHyun estaba atrasado y eso le preocupaba.
Estaba sin uñas después de tanto que las había mordido, pero el teléfono seguía mandándolo al buzón y estaba muy harto de la misma voz cansina repitiendo "la persona con la que se está comunicando no está disponible en este momento, espere al final final del tono y deje su mensaje." Porque no le servía de nada.
Todo el día había estado del asco. La preocupación no había abandonado su cuerpo desde días atrás y tantas cosas se le estaban yendo de las manos que se sentía increíblemente presionado. Su jefe se había portado por demás grosero y altanero con él, no queriéndole dar ni un poco de terminación por lo presuroso de su renuncia y recordándole que él no era nada más que un empleado, por lo que no podía tomarse esa clase de privilegios "solo eres un muerto de hambre" le había recordado y realmente no le importó ser respetuoso, regalándole un buen golpe en su quijada, se lo merecía, siempre había sido un asqueroso. Al final salió furioso del lugar, sin saber que hacer porque de alguna patética manera contaba con ese dinero.
Tenía sus ahorros pero no eran demasiado, necesitaría más. Intentó buscar soluciones, incluso pensó en pedirle a su madre pero no había forma en la que hiciera algo como eso, por lo que al final después de hacer muchas llamadas y destrozarse la cabeza terminó vendiendo a Nancy, su motocicleta.
Fue una decisión difícil, porque enserio la valoraba, después de todo trabajó mucho para conseguirla, pero no le quedaba de otra. No había dormido mucho, organizando los últimos detalles y haciendo cuentas porque era poco el dinero y necesitaba estar bien organizado. Le dolía el cuello, la cabeza y se sentía temoroso, tenía un nudo en la garganta por algún motivo y solo quería ver a su pequeño novio para que lo animara y le diera algo de fuerza. Pero no aparecía.
Pasó las manos por su pelo, colgando una vez más su teléfono. Estaba preocupado, no podía creer que eso estuviera pasando, se sentía absurdo. Baekhyun dijo que estaría ahí, entonces ¿por qué no lo veía en esos momentos?
La gente entraba y salía y la voz en los altavoces avisaba de las salidas de los siguientes trenes, pero él no estaba escuchando. Un mal presentimiento lo comenzaba a ahogar, no se supone que su novio tardara tanto ni tampoco que no respondiera sus llamadas, se supone que estaría ahí, con sus cosas y listo para partir con él a comenzar su nueva vida.
Desde días antes lo sintió extraño, parecía la mayor parte del tiempo perdido en sus pensamientos y solo aceptaba cualquier cosa que le dijera de sus planes.
—Si opinarás un poco estaría mejor —le había dicho, después de enseñarle un par de platitos a juego que había comprado para su cocina.
—Lo que elijas me gustará, no importa tanto.
Pero ChanYeol sabía que si importaba, porque se supone que desde ese momento estarían juntos en eso, tal vez BaekHyun no lo pensaba así. Se sentía temblar, comenzando a idear mil opciones porque no podía irse simplemente así en esos momentos, su plan era diferente, había trabajado demasiado por conseguir lo que tenían y muchos de sus ahorros habían desaparecido en los boletos de su mano como en las pocas cosas para decorar su hogar que tenía en las bolsas.
Quiso decirse y tratarse de convencer de que eso no estaba pasando, incluso cuando el tren llegó siguió pensando que su novio tal vez estaba atrasado.
—Por favor, le pido que me los cambie, mi pareja está atrasado pero llegará pronto —le pidió a la recepcionista, luciendo tan patético seguramente a la vista de todos.
Pero es que él no podía irse sin su pequeño novio. La gente lo miraba extrañado, seguro lucía casi loco con los ojos rojos y el cabello despeinado de tanto que había pasado sus dedos. Le dolía el pecho, las manos le temblaban pero quería creer que lo que su mente le decía era erróneo. Seguramente se había retrasado, tal vez tuvo que tomar alguna clase extra o mentirle a sus padres para salir de ahí.
Baekhyun había cambiado, él lo había visto. Ya no era el mismo niño que seguía viendo en él a un pobre muerto de hambre y nada más, no podía hacerle lo mismo, no podía volver a mentirle y arrastrarlo entre sus pésimas decisiones, ¿es que acaso no respetaba sus sentimientos? Se supone que lo amaba, que también estaba enamorado de él.
No dijo nada cuando le habló de sus sueños, lo dejó hacer planes y pareció feliz con ello. Baekhyun lo escuchó hablar por horas sobre sus planes y metas que había creado para ellos, incluso llegó a decir que esperaba por ese momento, ¿entonces donde estaba?
Intentó demostrarle lo mucho que le importaba y no pensó ni dos veces el mantenerlo en su vida a pesar de lo difícil que pudiera llegar a ser, lo seguía pensando y sintiendo, en su corazón aún creía que todo él valía la pena por algo estaba parado entre la lluvia esperando que apareciera entre las puertas. No obstante, sus mensajes eran ignorados, sus llamadas también y el reloj parecía burlarse de él mismo porque cinco horas no era un retraso.
—BaekHyun, ¿dónde estás? Es tarde... muy tarde —dijo, con voz temblorosa y sabiendo que hablaba solo porque no era el primer mensaje de voz que dejaba ni el primero en ser ignorado.— Sigo en donde lo habíamos planeado, ¿está todo bien? ¿Tú estas bien? —preguntó, sorbiendo por su nariz y mirando su mano temblorosa.— Dijimos que lo haríamos bien, todo está listo y yo sigo aquí. Será difícil, pero podremos con ello, lo habíamos dicho ¿no? En verdad te amo, y me esforzaré para hacerlo bien por los dos. Entiendo si estas asustado pero Baek... lo prometiste.
Eso no podía estar pasando, BaekHyun no podía estarle haciendo eso.
Era lo único que corría por su mente, todos los recuerdos querían ahogarlo, se sentía asfixiado, burlado, patético.
Pero a parecer si lo hizo y no le importó el como eso lo lastimaría. Ya no había débiles rayos del sol sobre el cielo, ni tampoco lluvia que siguiera entumiendole los huesos, solo quedaba un imbecil ChanYeol parado en el centro, con sus cosas entre las manos y los sueños e ilusiones pisoteados en el suelo.
—Señor, este es el último tren a su destino, si no lo toma ahora no podré revalidarle sus boletos.
Asintió, perdido, viendo que era el único que seguía de pie en medio de la parada. Y sabiendo que todo era demasiado obvio, caminó, tragándose el nudo en la garganta y queriendo borrar la lágrima que logró escapar de su ojo.
¿De que más servía? Nada cambiaria y tal vez si que era su culpa, pensar que podría cambiar y borrar la brecha tan grande que BaekHyun siempre le recordó.
Porque tal vez BaekHyun era mucho peor de lo que había creído.
