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Primer contacto: Primera base

Summary:

*Cada vez que se me ocurra una primera vez en algo para Jon y Jay, lo incluiré en esta colección de Fics*

1) Primera base: Jon quiere retomar donde lo dejaron aquella noche de su primer beso, pero Jay parece estar muy ocupado hasta para cuidarse de sí mismo. ¿serán capaces que enfrentar sus sentimientos? ¿podrán alcanzar la primera base de su relación?

Notes:

Hello!! yo otra vez trayendo más contenido Jonjay/ pinkryptonite!
Esta vez será una colección de fics donde iré añadiendo ideas esporádicas que se me ocurran, pero que no sé cómo incluirlas en fics con más desarrollo.
Espero que te guste la historia sencilla pero cute, y no te olvides apoyar a Jon Kent y Jay Nakamura en RRSS, con tanto hate de los dudebros, se merecen nuestro amor!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:


 

       Llevaba más de un mes siendo Superman y no se podía decir que estuviera siendo la mejor experiencia de su vida, había tenido momentos de montaña rusa, un día se sentía como si pudiera conseguirlo todo y mejorar las cosas como siempre había deseado, y al día siguiente sentir que no servía para eso, que su lugar no estaba ahí y que había sido un gran error recoger la capa de su padre. Para ser sincero, no recuerda cuándo fue la última vez que no dudo de sí mismo, cuándo fue la última vez que tuvo total control de sus actos y decisiones y podía estar orgulloso de ello, sin temor a fallar.

       Su sentimiento de autoconfianza había caído en picado.

       Todas sus acciones habían sido muy revisadas y supervisadas por los demás héroes, por los gobiernos y por la población mundial, era como si todos juzgaran cada segundo que se tomaba para respirar, y entre todo ese estrés y mar turbulento, en su mente siempre aparecía ese momento del que se sentía muy orgulloso y satisfecho, fue una dedición que ni siquiera había tomado él solo, fue algo compartido y consensuado, algo que le arrancaba una sonrisa siempre que lo recodaba, pero se esfumaba cuando pensaba que no pudieron retomar la conversación ni aclarar sus sentimientos. Jay y él se habían visto absorbidos por la problemática con Gamorra, y su lucha por liberar a las personas que el presidente Bendix tenía secuestradas y con las que había realizado experimentos, como hizo con el propio Jay.

       Después de tantas semanas de enfrentamientos y dudas, por fin Jon se decidió a dar el paso, quería saber si lo que esa noche pasó entre él y Jay fue una cosa fortuita o fue algo que podía significar algo más.

      Así que, se armó de valentía y decisión, y se fue al apartamento de Jay. No era una zona muy tranquila ni tampoco parecía muy segura, era una zona de Metrópolis que estaba bastante abandonada por sus políticos, con edificios demacrados y parques infantiles abandonados, asentamientos de gente bastante dudosa. Jon no recordaba haber conocido antes una zona así en su propia ciudad, en su hogar. Había tantas cosas por conocer de todo lo que le rodeaba y de sí mismo.

     Fue con su ropa civil, esperando que nadie le reconociera, esta vez no usaba una peluca y solo llevaba puesto sus gafas de sol. Ser un personaje tan popular tampoco era del agrado de Jon, siempre estuvo acostumbrado a «Superboy, el hijo de Superman», pero todo cambió cuando le empezaron a llamar «Jon Kent, el hijo de Superman».

       Llegó al edificio dispuesto a tocar el timbre de Jay, pero la puerta del portal se abrió solo empujándolo, Jon no dudó y entró. No quería usar su visión rayos X para saber si su compañero estaba en casa, quería que todo fuera lo más natural posible, así que subió las escaleras porque no había ascensor, eran 7 plantas antes de llegar al de Jay. Aún recordaba la noche que pasó ahí, aunque había estado dormido la mayor parte del tiempo, podía recordarlo, y quería volver en el tiempo a ese momento en que Jay y él habían compartido su primer beso, algo tímido y muy cálido.

        Cuando llegó a su destino, respiró profundamente y exhaló lentamente, carraspeó un poco y rogo una última vez porque sus nervios desaparezcan.

       El timbre de la puerta sonó, pero nadie la abría, Jon volvió a intentarlo y nada, agarró su teléfono móvil y le escribió un mensaje a Jay, tardó un rato pero lo leyó. Escuchó un montón de ruido metálico, como si arrastrasen cosas pesadas por el suelo. Luego de un par de golpes bruscos que preocuparon a Jon, se abrió la puerta.

       Jay tenía el pelo revuelto, la cara con manchas por todas partes y la ropa era más de lo mismo, manchas de color marrón claro salpicaban todo su chándal color negro, e iba descalzo.

       —¡Eh! No esperaba que vinieras ¿pasó algo?— preguntó Jay mientras se recolocaba sus gafas y trataba de obviar el nido de pájaros que parecía su pelo.

       —No, quiero decir, solo vine para visitarte, pero si estas muy ocupado puedo volver otro día— Parecía que Jay estaba metido en algo importante y Jon sabe lo mucho que su trabajo le importaba, así que no quería entorpecerle.

       —Está bien, la verdad es que tengo que parar para comer un poco y me gustaría tener tu compañía— dijo sonriendo tiernamente mientras abría la puerta para que Jon pasara.

       Efectivamente, el salón del apartamento estaba hecho un desastre, cajas por todas partes, piezas metálicas de ordenadores esparcidas sin sentido y papeles que parecían hacer de alfombra por toda la zona.

       —Perdona el desorden, estoy en medio de una investigación y no soy bueno organizando mis cosas— dijo Jay bastante avergonzado.

       —No pasa nada, no es algo nuevo para mí, crecer con dos padres periodistas de investigación me han acostumbrado a estas cosas.

       Jon esquivó como pudo todo el desorden y se fue en dirección al sofá, apartó algunas cosas que había en los cojines y se sentó a fin de evitar poder causar algún problema con todos esos objetos esparcidos.

       —¿Quieres comer algo?— preguntó Jay abriendo el pequeño frigorífico que tenía en su cocina.

       —No, gracias. Ya he comido, hace 3 horas más o menos.

       —Menos mal, porque no tengo nada que ofrecerte— soltó una pequeña risa, pero se vio solo ya que a Jon no parecía divertirle la situación.

       —¿Hace cuanto que no comes, Jay?

       —Sí que como, hasta hace poco tenía noodles pero supongo que me los acabaría anoche.

       Jon esta vez se veía más preocupado.

       —A mi también me gustan los noodles, pero no puedes estar a base de eso y estar tantas horas sin ingerir alimentos no es bueno para la salud ¿cuántas horas has dormido estos días?

       —Ahhh… bueno, estoy a la espera de la información que Wink me envié desde Asia, y la diferencia horaria es enorme y…

       —Jay— Jon había vivido esto, muchas veces para ser sinceros, y sabe lo mucho que esto puede afectar a una persona física y mentalmente. La necesidad de querer abarcar muchas cosas y no conseguirlo, sacrificando horas de sueño, comida y descanso a fin de alcanzar una meta que se hace cada vez más lejana.

       —Unas dos horas por día— respondió mientras se rascaba un poco la mejilla manchada con lo que Jon ahora podía adivinar era mermelada.

       —Descansa un poco, ve a dormir, yo me quedaré aquí y si veo que Wink contacta, te despertaré de inmediato.

       Quería que Jay no cruzara la delgada línea en la que tu trabajo te consume por completo. Quería ayudarle como él una vez hizo con él. Quería que confiara más en él.

       Jay dudo un momento, su trabajo de investigación era muy importante, pero sabía por qué Jon le decía todo eso y por qué le ofrecía esta alternativa, lo sabía muy bien y por eso lo aceptó.

       —Esta bien, sé que puedo dejarlo en tus manos.

       Se miraron un momento como si sus ojos transmitieran tranquilidad el uno al otro, unos segundos después Jay se fue a su dormitorio, el único que tenía el apartamento de 50 metros cuadrados.

       Cuando Jon notó mediante las palpitaciones de su corazón que Jay había conseguido dormir, llamó a un delivery para que le trajeran productos de supermercado, estaba dispuesto a prepararle la mejor cena que Jay pudiera haber tenido en… las últimas semanas.

        Casi cinco horas después, Jay se despertó, estaba tan agotado que no se había movido en la cama, tal y como se tumbó se despertó.

        Salió al salón y un olor despertó a su estómago, inmediatamente sintió el rugir de sus tripas, todo su cuerpo sintió la necesidad de abalanzarse a eso que olía tan bien.

       —Oh, si ya te has despertado, estaba punto de ir a tocarte la puerta— Jon estaba ataviado con un trapo de cocina que hacía de delantal, llevaba dos platos en la mano y los colocó en la encimera de la cocina. Jay no tenía mesa de comedor o mesilla de salón, de normal movía una silla y la acercaba a la encimera de la cocina y comía ahí mismo. Y eso fue lo que Jon hizo, arrastró dos sillas lado a lado.

        —¿Has cocinado tú?— Jay estaba sorprendido, nunca esperó ver a Jon en esa faceta tan doméstica.

      —Pues claro, que sepas que soy bueno cocinando, hago pocos platos, pero son para chuparse los dedos de lo deliciosos que me salen— miró a Jay y aún le veía con cara de sorpresa—. Aprendí a cocinar ayudando a mis padres de niño, ambos se turnaban en la cocina y yo les ayuda siempre que podía.

       Jay no dijo nada más, se arregló un poco la chaqueta del chándal y se sentó en una de las sillas. Lo que vio en el plato no hizo más que agrandar el agujero que tenía en el estómago, parecía que algo lo perforaba, no recuerda haber sentido tanta hambre como en ese momento.

       —Adelante— le dijo Jon acercándole un tenedor.

       Jay lo agarró y pinchó con ello los espaguetis con tomate del plato, tenía queso rallado encima y pequeños cachitos de lo que parecía ser jamón crujiente. Estaba caliente y humeante.

       Metió el primer bocado en su boca y sintió cómo se le derretían las papilas gustativas, no sabría decir si era por el hambre que tenía o porque Jon de verdad era buen cocinero, pero esa pequeña probada le hizo pensar que estaba comiendo el manjar más exquisito del mundo. Estaba muy delicioso.

       —¿Te gusta?— preguntó Jon bastante expectante del veredicto que daría Jay a su habilidad culinaria.

       —¡Está delicioso! — respondió Jay aún con la boca llena y con tomate en sus comisuras. Apenas consiguió tragar y en seguida metió otro tenedor repleto de espaguetis a su pequeña boca.

       Para Jon fue increíblemente satisfactorio saber que Jay aprobaba su preparación, sabía que no era la gran cosa, pero no podía sentirse más orgulloso en ese momento. El chico que le gustaba estaba disfrutando de la comida que le había preparado con tanto esmero.

       «El chico que me gusta», esa frase hizo eco en su mente, no pudo evitar sentirse nervioso y eso se reflejó en su cara, poniéndose complemente rojo.

       —¿Estáj bie?— Jay con el poco espacio que tenía en su boca consiguió pronunciar esas palabras.

       —Sí, no es nada— dijo apresurado tomando asiento en su silla e inmediatamente llenándose la boca con los espaguetis.

       El resto de la cena fue bastante silenciosa, uno porque lo estaba devorando y disfrutando como si fuera su primera comida en años, y el otro porque había recordado el motivo por el que estaba ahí.

       Cuando Jay acabó dijo que él se encargaba de fregar los platos y limpiar la cocina, Jon no le contradijo porque probablemente esa fuera la primera cosa que hacía en semanas que no tuviera que ver con su trabajo de investigación.

       —Gracias por ayudarme, gracias por la cena y gracias por venir, Jon.

       Le había tomado por sorpresa esas palabras, pero sabía que ese era su momento, era ahora o nunca.

       Jon se levantó de la encimera y se acercó a Jay que estaba terminando de limpiar la cocina.

       —No vine solo para visitarte, yo…

       Jay se giró, levantó la mirada al chico que tenía en frente, era unos 10 centímetros más alto y eso es lo que más le gustaba de su físico, aparte de sus hombros anchos y fuertes. Para Jon tener esos ojos fijos en él era como si el tiempo se congelara a su alrededor, como si pudiera ver su alma al desnudo.

       —Quería saber si… aún sentías algo por mi desde esa noche aquí, en tu apartamento— la mirada de Jon titubeó, quería ver a cualquier otro lugar menos la cara de Jay, porque sabía que se podría morir de vergüenza.

       —¿He hecho algo que te hiciera pensar que no era así?

       —¡No!— reaccionó Jon al momento— Es solo que yo… no sabía cómo sacar el tema y quería, bueno ya sabes…

       —Jon, si lo que quieres es saber si lo que pasó esa noche podría volver a pasar, la respuesta por mi parte es: sí, por supuesto. Me gustaría que volviera a pasar ¿y a ti, te gustaría?

       Ambos acortaron distancias, Jay aún tenía las manos mojadas goteando.

       —Claro que me gustaría— dijo Jon mientras agachaba lentamente la cara hasta llegar a la altura de Jay, y éste levantó el mentón hasta sentir la respiración del Kriptoniano, podía ser el hombre más fuerte e indestructible del mundo, pero ahora mismo no paraba de temblar como una hoja de otoño a medio caer del árbol que lo cobija.

       Sus labios se rozaron y lentamente se abrieron para recibir la boca del otro, pequeños toques saboreando sus labios y sintiendo su calor y suavidad, ambos tenían los ojos cerrados y eso hacía que la sensación se multiplicara por mil, podían sentir todo su calor corporal, sus respiraciones chocando en la cara del otro. Los besos aumentaron su velocidad y la fuerza con la que sus labios se chupaban provocando sonidos sensuales que emocionaban sus corazones.

       Pronto Jon no pudo evitar posar sus manos en las caderas de Jay, era tan delgado que podía sentir los huesos sobresalir y su piel fina cubriendo su forma, eso hizo que Jay se acercara más posando los brazos alrededor del cuello de Jon, evitando que sus manos mojadas pudieran estropear la ropa de su chico, esa última palabra hizo que sus mejillas se calentaran tanto que le intimidó y bajó la velocidad de sus besos, pero Jon no estaba dispuesto cortar ese momento, aún no, así que tomó el control total aferrándose más a las caderas que tenía en sus manos, aprisionándolo, y abriendo más la boca de forma que su lengua pudo invadir la pequeña abertura de Jay, absorbió todo lo que se encontró en medio mientras su brusca lengua navegaba por cada rincón, jugando con la del otro y acariciando todo lo que podía, desde su paladar hasta el interior de sus mejillas, chupando con fiereza esos delgados y suaves labios.

       Tardó un poco, pero se dio cuenta de que la saliva de ambos empezaba a sobresalir por sus comisuras, pero no podían parar. El sonido de sus bocas luchando por satisfacerse era más fuerte, y sus respiraciones agitadas hacían eco en el apartamento donde empezó a aumentar la temperatura.

       Sus bocas empezaron a necesitar humedecerse y sus pulmones pedían más oxígeno del que podían obtener en esa situación, ambos sabían que había llegado el momento, tenían que separarse, no sin antes que Jon intentara algo que ansiaba hacer, antes que Jay retirara su rostro y cortara el beso, Jon atrapó con sus dientes de forma delicada el labio inferior de su ahora novio, y poco a poco lo fue soltando, quería saborear un poco más esos labios, quería sentir que tenía el control sobre ellos. Quería morder cada centímetro suyo.

       Un leve gemido salido del interior de Jay, esos dientes atrapándole le estremecieron el cuerpo, de pronto sus rodillas empezaron a temblar sin parar.

       Sus cuerpos se alejaron y recobraron el control de sus bocas, se miraron por unos segundos y Jon no pudo evitar acercarse otra vez para retirar las gafas de Jay y depositar un suave beso alrededor de uno de sus ojos, adoraba esa forma de ojos de fénix, alargados y pequeños con las pupilar entre marrón claro y morado oscuro.

       —Perdona— susurró Jay mientras disfrutaba de los mimos de su chico.

       —¿Por qué lo dices?— preguntó Jon con su voz ronca, algo que le sorprendió a él mismo.

       —Creo que tenía la boca aún llena de tomate— dijo riendo con carcajadas cortas y suaves.

       Jon le miró de reojo, como si estuviera pensando y recordando.

       —Bueno, eso explicaría por qué sabías tan dulce— una sonrisa se dibujó en su rostro—. Espera, creo que te queda un poco de tomate por aquí— se acercó a la cara de Jay y le lamió una parte de la mejilla derecha— Hmm… sabes delicioso con tomate encima.

      —Ay, qué vergüenza— respondió Jay mientras se agarraba ambas mejillas—. Llevo días mal lavando mi cara y tu vas y me lames— no lo decía por decir, Jay se moría de vergüenza, Jon pudo darse cuenta al momento porque su corazón palpitaba desbocado como el día que conoció a su madre.

       —No me importa, no es nada de lo que preocuparse— dijo Jon a fin de tranquilizarle.

       —No, no, no— se alejó de la cocina aún con las manos en su cara, esquivando la mirada de su novio—. Me voy ahora mismo a la ducha.

       Se fue a toda prisa al baño que tenía al lado de la habitación, entró y cerró la puerta de un portazo, pasó unos segundos y lo volvió a abrir.

       —Si Wink llama o manda un mensaje, dímelo de inmediato, por favor— pidió aun con la cara roja avergonzada—. Y Jon, gracias por esta noche, estaba delicioso.

       —Vaya…—Jon se frotó un poco el pelo cerca de su oreja— nunca me he considerado un buen besador, así que no sé qué decir, supongo que de nada.

       Por un momento se quedaron en silencio mientras ambos analizaban lo que acababa de pasar.

       —Bueno, yo… me refería a la cena, pero supongo que…

       —Sí, yo también me refería a eso— Jon se apresuró a corregir su momento de máxima metedura de pata.

       Hubo otro momento de silencio, pero esta vez seguido por las risas de ambos, si algo más podía pasar esa noche, seguro que sería algo que avergonzaría a los dos.

       A pesar de todo, ni Jon ni Jay podían haber pedido una noche más perfecta que esa, compartiendo tiempo de tranquilidad y una cena deliciosa, un pequeño momento para recordarse lo mucho que se gustan y que sus besos no son tan malos como podían haberse imaginado. Es como si hubieran nacido para este momento, para encontrarse aquí y ahora, poder compartir sus sentimientos y quererse mutuamente, sabían que se tenían el uno al otro, si uno se caía ahí estaba el otro para sujetarle. Ese era el tipo de relación que habían tenido desde el día en que se conocieron y no podían estar más orgullosos de eso.

       Jon por fin pudo recordar cuándo fue la última vez que no dudo de sí mismo, y tuvo total control de sus actos y decisiones y podía estar orgulloso de ello, sin temor a fallar. Fue la primera noche que pasó con Jay, su primera vez, y ahora esta la segunda. La noche en que compartió sus sentimientos con la persona que le gustaba. Su novio.

 

Notes:

Quería acabar diciendo que no entiendo porqué hay gente que se queja del desarrollo de Jay o que les parece básico cuando literalmente solo ha aparecido en 4 comics! CUATRO! A diferencia de personajes como Damian que lleva desde 2006 existiendo y desarrollándose, ni siquiera Jon lleva tantos años de desarrollo. No intento que lo adoren, pero tampoco que lo usen como un punching ball.😒

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