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Moléculas de agua

Summary:

Agua y aceite, eso es lo que Vi pensó que ella y Caitlyn eran. Incompatibles. Tenían historias tan diferentes, venían de lugares tan distintos que aunque las ganas de explorar aquellos sentimientos que comenzaron a nacer estaban ahí, no podía ser. Jamás podría ser. Aquella noche Vi renunció a Caitlyn con un dolor en el pecho inmenso y, tal como la vigilante había protestado, aquella afirmación sobre el aceite y el agua no era lo que realmente sentía. No era lo que quería.

Lo que Vi no supo aquella noche era que en realidad Caitlyn y ella compartían moléculas de agua perfectamente compatibles. Y el tiempo les daría la oportunidad de descubrirlo.

Notes:

Amanda Overton, una de las guionistas de la serie, admitió hace poco que lo que pasa en la habitación de Caitlyn después de que Vi le cuente esa pequeña anécdota sobre Jinx y ella no aparece intencionadamente en la serie para darle al espectador la oportunidad de decidir qué ocurrió entre ellas. Así que aquí está mi versión de los hechos.

Chapter 1: Un átomo de hidrógeno

Chapter Text

Vi se quedó sola en aquella lujosa y espaciosa habitación. Los últimos sucesos la habían dejado exhausta, pero el cansancio físico no era comparable con el agotamiento mental. En menos de una semana había salido de la cárcel gracias a una vigilante que, contra todo pronóstico le había salvado la vida y se había posicionado de su parte. También se había reencontrado con su hermana. La idea de encontrarla, de estar de nuevo junto a Powder, era lo que la había mantenido con vida todos esos años, pero había encontrado una versión de su hermana muy diferente, demasiado.
Cerró los ojos con fuerza y tensó la mandíbula. Pensar en Powder y recordar no solo el reencuentro, sino las intenciones desquiciadas de su hermana menor, le producía un dolor y una angustia peores que cualquier dolor físico que hubiera experimentado hasta el momento y lo único que podía esperar era tener una oportunidad, por pequeña que fuera, de cambiar las cosas. ¿Podía, acaso, intentarlo siquiera?
Suspiró y echó un rápido vistazo a la habitación. Era el cuarto de Caitlyn, una parte íntima de ella que manifestaba la opulencia de un sistema rico a costa de la pobreza de los de abajo, de los de su clase. Y en otras circunstancias la joven sabía que hubiera destrozado aquella estancia con sus propios puños, pero aquel día se dejó caer en la enorme cama, cansada de luchar contra todo y contra todos. Se tumbó y se acomodó boca abajo, entonces un mapa en el suelo captó su atención.
Era un mapa de su zona, con múltiples hojas garabateadas por todas partes, apuntes, notas y un sin fin de papeles. Caitlyn había estado llevando a cabo una investigación sobre Zaun en profundidad, atando cabos y encontrando piezas de aquel enrevesado puzzle que no encajaban en ningún lado. Seguramente Vi era una de esas piezas que le faltaban y que, casualidades de la vida, había acabado encontrando metida en una celda.
—Le presentaremos el caso al Consejo esta noche —anunció Caitlyn entrando en la habitación sin poder creerse sus propias palabras.
Vi no pareció darle demasiada importancia. Pensaba que hablara con quien hablara, nadie querría escucharla. ¿Que alguien de Piltover se interesara por lo que alguien de abajo tuviera que decir? Tonterías, y más teniendo en cuenta su historial y de dónde venía. Así que en lugar de comentar el pequeño logro de Caitlyn, devolvió la vista al mapa de Zaun y todas las notas que lo acompañan en el suelo.
—¿Lo has hecho tú sola? ¿Sin ni siquiera bajar? —Preguntó mientras su brazo se balanceaba despreocupadamente. Empezó a girar sobre sí misma para continuar diciendo—: y yo que pensaba que Powder se obsesionaba.
Caitlyn hizo el camino hasta los pies de su cama donde se sentó con una expresión agotada. Le dolía prácticamente todo el cuerpo y su cabeza estaba nublada por toda la información que había recibido en tan poco tiempo, sin embargo, había algo en las palabra de la pelirrosa que captaron su atención: Powder, no Jinx, Powder, la hermana perdida de Vi, aquella que hacía pocas horas había intentado matarla. Notaba la angustia y la desesperación en Vi aunque ella intentara por todos los medios no demostrar ni un ápice de sus sentimientos más profundos.
—Lo que le pasó —comenzó a decir y dirigió la mirada a su compañera de aventuras—, no fue culpa tuya.
Caitlyn se dejó caer en el lecho. Estaban del revés y manteniendo una distancia casi medida. No estaban lejos pero tampoco estaban cerca, dándose el espacio suficiente para que la otra no se sintiera incómoda.
La mente de Vi viajó atrás en el tiempo a una escena muy concreta de su temprana vida. Una época que ella recordaba feliz, pero fugaz y efímera. Una realidad que había resultado ser una quimera. Sus padres, incluso Powder, esa familia que creyó que siempre estaría a su lado, esos padres cariñosos y preocupados, esa hermana inocente y dulce, todos ellos se desvanecieron como el humo, exterminados por el poder y un sistema corrupto y horrible.
—Cuando mis padres aún vivían, Powder y yo compartíamos una cama como esta, pero más pequeña. Jugábamos a fingir ser monstruos muy, muy grandes y ella decía, “soy una babosa que escupe veneno”, y yo contestaba “pues yo soy un cangrejo que se come a las babosas”. A veces me dejaba llevar y se asustaba. No quería que llorara y despertase a mis padres, así que fingía alejar a mis propios monstruos. Le decía “ningún monstruo te hará daño si estoy aquí”, pero apareció un monstruo de verdad y salí corriendo. La abandoné.
Caitlyn no dijo nada. Desde el momento en que se había dejado caer en el colchón, pensó que no iban a entablar más conversación. Sin embargo, Vi decidió abrirse a ella, contarle una pequeña anécdota del pasado que conectaba con el presente. Así que Caitlyn decidió escuchar en total silencio. Sin juzgar, sin criticar, sin intentar restarle importancia al peso de las palabras de Vi y, sobre todo, sin pretender tener una respuesta a una pregunta que no había sido formulada.
Caitlyn se giró hacia Vi y la observó atentamente mientras ésta narraba la historia. Observó sus facciones, la línea de su mandíbula, esos ojos azules como el hielo, los mechones de pelo rosa, los tatuajes que podía ver desde su perspectiva, incluso se quedó unos momentos con los ojos fijos en las pecas que cubrían el rostro de su compañera. La historia que contaba era dolorosa. Y Caitlyn sabía que no tenía la culpa de que su hermana se hubiera transformado en una criminal sin escrúpulos.
Y Vi, por su parte, no entendía por qué había decidido contarle una parte de ella que jamás le hubiera confiado a otra persona que no fuera Vander. ¿Cuánto tiempo llevaba sin hablar, sin hablar de verdad, con otra persona? ¿Meses? ¿Años? ¿Toda la vida? No entendía por qué Caitlyn la hacía sentir… segura. Esa era la palabra. La muchacha le hacía sentir de un modo nuevo para ella. Le había salvado la vida en dos ocasiones; una consiguiendo aquella medicina adulterada con shimmer y, la más importante, al haberla sacado de Stillwater.
Vi sabía que de no haber sido por la intervención de la Kiramman, se habría pasado el resto de sus miserables días encerrada, sobreviviendo en un mundo oscuro, frío y siniestro, rodeada de amenazas y en unas condiciones inhumanas. Y había luchado junto a ella. Caitlyn podía arreglárselas sola y eso, por alguna razón, le producía alivio. Y allí estaba, a su lado, taladrándola con la mirada mientras admitía sentirse culpable de que su hermana se hubiera transformado en Jinx al haberla dejado en manos de un monstruo.
Vi sentía un nudo en la garganta y otro en el pecho. Sentía un dolor indescriptible recorriendo sus venas, infectando cada célula de su ser. La culpabilidad se hacía cada vez más palpable. Su mente evocaba ese desafortunado reencuentro con su hermana —o quien un día había sido su hermana— una y otra vez, analizando cada frase y cada movimiento de Powder. Y se preguntaba si habría sido diferente de haber estado a su lado. Parecía trastornada, afectada por algo que no llegaba a comprender bien pero que, en parte, la asustaba. ¿Era culpa de Silco? ¿Era culpa de ella misma? ¿Podría haberlo evitado de algún modo? Y, lo más importante, ¿podría cambiarlo? ¿Podría traer de vuelta a su hermana?
De repente, Vi sintió el suave roce de los dedos de Caitlyn en su piel y su mente detuvo todos los pensamientos que la atormentaban. Había sido un gesto natural por parte de Caitlyn, un gesto sin premeditar, algo que había nacido del interior de la vigilante y había llevado a cabo sin pensar. Una simple caricia, una simple muestra de afecto y de comprensión. Un simple "eh, no estás sola, estoy aquí, tranquila".
Caitlyn se maldijo por dentro. ¿Y si Vi no necesitaba esa muestra? ¿Y si acababa de cagarla y se volvía a encerrar en su fortaleza de acero? Empezó a retirar la mano para dejarla en cualquier parte lejos de la pelirrosa, no obstante, Vi, con los ojos todavía cerrados, interceptó su mano a tiempo y se aferró a ella, abriendo los ojos y buscando la mirada de Caitlyn.
Sus miradas impactaron. Vi vió en la mirada azul oscuro de Caitlyn la calma, la paz, la esperanza que le había sido arrebatada hacía demasiado tiempo. Se sumergió en esas aguas llenas de empatía y de admiración. Caitlyn se perdió en los ojos azules como el hielo de la ex convicta y vio la fuerza de una persona que albergaba dentro de sí misma mucho dolor pero también muchas ganas de vivir. La mirada de Vi era triste, incluso apagada, y pedía a gritos ayuda, y a pesar de esto, había una valentía en aquellos orbes que hizo que Caitlyn tragara saliva sonoramente.
—Perdona, solo sé hablar de mí misma —se disculpó Vi—, ¿qué hay de ti?
Caitlyn suspiró y desvió la mirada hacia otra parte de la habitación. ¿Qué podía contarle? Había vivido rodeada de lujos, sin tener que sobrevivir en las calles, con todo lo que quisiera al alcance de la mano y no había perdido a ningún familiar cercano. Su vida, a comparación de la de Vi, era perfecta. ¿Qué podía contarle a aquella joven mujer que casi había muerto en innumerables ocasiones y que había pasado la mitad de sus años en la cárcel?
—Yo… Bueno, no hay mucho que contar sobre mi vida. Ya sabes, en Piltover todo es… aburrido.
Una pequeña sonrisa empezó a asomar en los labios de Vi quién entrelazó sus dedos con los de ella.
—En realidad no sé mucho sobre vuestra vida aquí arriba salvo que sois ricos y tenéis comida disponible todos los días.
Caitlyn asintió y sintió un pinchazo en el pecho.
—Todo el mundo piensa que he tenido una vida fácil al ser hija de una consejera, y aunque no me ha faltado nunca nada, no he sido realmente feliz. Mi madre esperaba más de mí, siempre me ha exigido cosas que yo no he podido darle. La he decepcionado muchas veces, muchas. —Caitlyn empezó a reír al recordar la expresión de Cassandra al haberlas pillado infraganti hacía pocas horas—. No quería que fuera vigilante, pero aquí estoy.
Vi frunció el ceño.
—¿Por qué decidiste ser vigilante?
—Me gusta la paz y la justicia. Pensaba que podría contribuir a mantener las dos si me hacía vigilante.
—¿Ya no piensas así?
Los dedos de Vi comenzaron a acariciar la piel expuesta del brazo de Caitlyn distraídamente. Un escalofrío recorrió la espalda de la vigilante y volvió a tragar sonoramente.
—Ahora entiendo que muchas de las cosas que aprendemos de niños sobre Zaun son mentira. He visto la corrupción de los míos y todo el mal que han causado. Quiero cambiarlo —dijo con convicción—. Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para cambiarlo. Quiero ayudarte, Vi, a ti y a los tuyos. Quiero ayudaros hasta que no tengamos que distinguir entre nosotros y vosotros.
Los ojos de Caitlyn conectaron con los de Vi y en ese momento no vio un páramo helado sino un gélido fuego ardiente clavado en sus pupilas. Las palabras de Caitlyn habían sido la mecha que provocaron un incendio en el corazón de Vi. Era la primera vez que la joven escuchaba unas intenciones tan sinceras y la esperanza que había visto antes se transformó en ilusión.
—Eres diferente —concluyó la pelirrosa—. He pasado toda mi vida odiando a los vigilantes por haber matado a mis padres y por sembrar el miedo en las calles subterráneas. No voy a mentirte —mantuvo la mirada un par de segundos antes de dejarla caer—, cuando te vi por primera vez, todo el odio encerrado se hizo manifiesto y quise que murieras ahí mismo.
Caitlyn también retiró la mirada, pero sus manos se hicieron paso a través de los propios brazos de Vi y todo su cuerpo buscó una mejor postura para acercarse a ella, porque aunque las palabras de su compañera debieron haberla alejado, ella ya sabía que ese primer pensamiento y deseo habían desaparecido. Aun así preguntó en un susurro:
—¿Eso ha cambiado?
Vi, como respuesta, la abrazó. La cabeza de Caitlyn acabó enterrada en su pecho, y ésta se aferró como pudo al cuerpo de Vi. Formaron el yin y el yang, Una esfera en perfecto equilibrio llena de conflictos internos, de mentiras, de traiciones y dolor, pero también de buenas intenciones, de luz, de color y de un afecto muy profundo la una por la otra.
Pasaron abrazadas mucho tiempo. No fueron plenamente conscientes del rato que pasaron aferradas al cuerpo de la otra, sujetándose literal y metafóricamente. Fue Caitlyn la que rompió aquella esfera, con cuidado, lentamente. Vi la observó incorporarse y estirarse, y una sonrisa se instaló en sus labios. Le parecía guapa. Bastante, la verdad. Esos ojos azules rasgados combinados con esa tonalidad de azul oscuro, casi negro, de su pelo. Esa expresión seria y pensativa que la caracterizaba y esos labios que-
"No sigas por ahí, Vi", pensó y desgraciadamente materializó el pensamiento a través de un suspiro.
—¿Qué pasa? —se preocupó Caitlyn.
Vi sacudió la cabeza y fingió una sonrisa.
—No es nada.
Caitlyn entrecerró los ojos pero decidió dejarlo pasar. Entonces se fijó en las vendas sucias que cubrían los brazos de Vi y sus manos alcanzaron uno de ellos. El gesto sorprendió a Vi, pero enseguida, al notar el tacto firme de la vigilante, se relajó.
—No tengo vendas, pero déjame que al menos limpie tus heridas.
—No es necesario, cupcake.
En cuanto la expresión seria de Caitlyn se tornó en un semblante indescifrable, Vi supuso que era mejor no negarse.
—Dame unos minutos, enseguida vuelvo.
Caitlyn saltó de la cama y desapareció. Vi soltó el aire que tenía retenido en los pulmones en un suspiro y sin poder remediarlo sonrió. ¿Cómo podía sonreír a pesar de todo lo que había pasado en las últimas horas? Una punzada de culpabilidad le dio de lleno. ¿Merecía sonreír? ¿Merecía tener un momento de paz?
Su mente pronto empezó a dirigirse hacia esa espiral de pensamientos dolorosos, hacia esa tempestad que la sacudía de vez en cuando y que había crecido después del encuentro con Powder. Pero Caitlyn, irrumpiendo de nuevo en la habitación con algo en las manos, la sacó de golpe de esa tormenta y la devolvió al presente.
—Venga, esas manitas —exigió sentándose a su lado y mirándola desde arriba con una ceja arqueada.
Vi quedó atrapada una vez más en aquella mirada y se vio a sí misma incorporándose y quitándose una de las vendas. Caitlyn, mientras, preparaba el desinfectante y las gasas. Vi se mordió el labio al mirar todas las cicatrices que decoraban su brazo izquierdo. Nunca había sentido vergüenza por mostrar esas viejas marcas, pero por alguna razón, sintió la necesidad de esconderlas de la vista de su compañera.
—Son feas, ¿verdad? —preguntó llevándose la mano derecha a la nuca.
Caitlyn entrecerró los ojos y dirigió su mirada al brazo, encontrando los cortes cicatrizados y las heridas abiertas. Sacudió la cabeza y buscó la mirada de Vi. Tuvo que contener las ganas casi irresistibles de darle un beso en la mejilla al ver la duda en aquellos ojos y el rubor que empezaba a asomar por toda la cara de la pelirrosa.
—A mí me gustan. Las cicatrices son las huellas que marcan nuestras historias. —Caitlyn compartió su opinión sincera y a continuación acercó las yemas de sus dedos a la más grande. Era una cicatriz blanquecina, seguramente de hacía bastante tiempo y que muy probablemente necesitó unos puntos que nadie pudo proporcionarle—. Además, me resultan muy sexy.
Si el rubor en el rostro de Vi había dado señales de vida, ahora el color rojo tintó sus mejillas hasta las orejas. Y la pelirrosa apartó la mirada a la velocidad de la luz cuando Caitlyn intencionadamente la encontró.
—En el burdel no parecías tan tímida —observó la vigilante con una sonrisa en los labios.
Vi se atrevió a mirarla y ya estaba preparando una réplica cuando sintió el escozor en una de sus heridas. Caitlyn había devuelto toda la atención a su mano y sus heridas, desinfectándolas con suaves toques.
—En mi defensa diré que nunca pensé que te irían más las mujeres —admitió.
La mano de Caitlyn se quedó suspendida en el aire al escuchar aquello.
—¿Qué te hace pensar que no es lo contrario?
El corazón de Vi empezó a bombear sangre con más rapidez al sentir la mirada fulminante de Caitlyn sobre ella.
—Bueno, digamos que te vi bastante a gusto con una mujer en aquel burdel.
Caitlyn enarcó una ceja, se encogió de hombros, sonrió, asintió y, cuando vio en la expresión de Vi una mueca de satisfacción al tener la confirmación definitiva, dejó caer su mano y la gasa empapada de desinfectante sobre otra de las heridas de la luchadora, quién apretó los dientes y expresó el dolor verbalmente.
—Perdón —se disculpó y continuó su trabajo con delicadeza.
Caitlyn terminó de curar las heridas del brazo izquierdo de Vi, y cuando ésta quiso quitar la venda de su otro brazo, la vigilante se apresuró apartando su mano y haciéndolo ella misma. Empleó un poco más de tiempo en retirar la tela, descubriendo poco a poco más cicatrices y tatuajes que no había visto hasta el momento. Vi contuvo la respiración y con cada pequeño roce que Caitlyn dejaba en su piel, sentía una oleada de calor y nuevas sensaciones que no había experimentado anteriormente.
—¿A ti qué te gusta?
—¿Disculpa?
La pregunta pilló por sorpresa a Vi, cuyos nervios florecieron en el interior de su estómago y explotaron cuando vio la sonrisa de Caitlyn proyectada hacia ella.
—Hombres, mujeres, te da igual el género de la gente…
Los ojos de Vi se abrieron y titubeó. Hostia. ¿Qué le gustaba? Nunca se lo había planteado. De adolescente no tuvo tiempo para preocuparse por otras cosas porque en fin, luchar por tener algo que llevarse a la boca todos los días, cuidar de Powder y asegurarse de que sus amigos estuvieran bien no le habían permitido hacerse esas cuestiones que seguramente todos los habitantes de Piltover se habían pasado años y años tratando de contestar, y en la cárcel no había tenido oportunidad ni ganas de experimentar. ¿Cómo iba a confiar en alguien de esa prisión de mala muerte cuando cualquiera podía clavarte un puñal por la espalda? Pero suponía que las mujeres. Se sentía a gusto cuando estaba al lado de una mujer y las veces que se había dado amor a sí misma —escasas veces— había imaginado un cuerpo similar al suyo.
—No he tenido muchas oportunidades para descubrirlo, aunque supongo que… Supongo que las mujeres.
Caitlyn asintió y le dedicó una sonrisa que Vi no supo interpretar bien.
—¿Y te gustaría descubrirlo?
—Yo no… Nunca… Quiero decir… —Vi suspiró frustrada, incapaz de conectar las ideas que circulaban chocándose unas con otras por su mente y cerró el puño con fuerza.
Caitlyn ladeó la cabeza y se mordió el labio. ¿Cómo era posible que la imponente figura de Vi tuviera un lado tan tierno como aquel? La vigilante dejó las gasas a un lado y cogió el puño de Vi entre sus manos. Acarició la piel, recorriendo las pequeñas cicatrices que allí había y cuando notó que Vi aflojaba el puño, llevó su mano hasta los labios y depositó un cálido beso en el centro de la misma. Buscó su mirada y la encontró enfrente, observándola con curiosidad y nervios.
—¿Quieres descansar? —Vi asintió—. Puedes dormir aquí, yo iré a la habitación de invitados y-
Vi sacudió la cabeza y agarró una de las manos de Caitlyn.
—No quiero que te vayas —susurró.
Caitlyn se perdió en sus ojos. Para siempre. La mirada de Vi ahora le suplicaba miles de cosas. Y Caitlyn iba a darle cada una de ellas. La mirada triste de la pelirrosa ahora era una mirada llena de desesperación. De necesidad. La vigilante se mojó los labios y asintió. No se iría. No. Se tumbó en la cama y le indicó a su compañera que se tumbara también.
—Ven —le pidió y señaló su pecho—. No tengas miedo, no muerdo.
Vi puso los ojos en blanco, sonrió tímidamente y se acercó poco a poco. No recordaba la última vez que había estado tan cerca de un ser humano sin miedo a que éste le hiciera daño. Una parte de ella quería salir corriendo, temerosa de la situación. ¿Estar en la misma cama con una tía en una habitación super lujosa y sin peligros detrás de cada esquina? Parecía un sueño. Y le daban miedo los sueños. A ella nunca se le había permitido soñar. Pero otra parte de ella ansiaba algo como eso. Lo necesitaba. Necesitaba permitirse soñar, aunque solo fuera por una vez en la vida, necesitaba dejarse ser protegida y necesitaba dejarse sentir esas caricias y muestras de afecto que a Caitlyn parecían sobrarle.
Vi apoyó la cabeza en el pecho de Caitlyn con cuidado. Aunque quiso relajarse, al principio estaba tensa y preparada para salir huyendo en cualquier momento. La vigilante notó que la pelirrosa no estaba del todo cómoda y lo entendió. Vi estaba acostumbrada a recibir malos tratos, palizas casi a diario y amenazas constantemente. No podía pedirle que se relajara cuando todo lo que había hecho en su vida era luchar. Luchar por sobrevivir, luchar por sus seres queridos, luchar por su vida, luchar por tener la oportunidad de ver un día más, una hora más. Así que Caitlyn, con delicadeza, pasó el brazo por la espalda de la luchadora y la abrazó contra ella.
Vi, con el corazón a mil por hora, se concentró en los latidos rítmicos y lentos de Caitlyn hasta que comprendió que no había nada que temer. Y se sintió segura entre aquellos brazos. Cerró los ojos y suspiró. Sabía que aquel momento acabaría en algún momento y odiaba tener esa certeza en su poder, pero precisamente por eso tenía que aprovechar hasta el último segundo.
Levantó la cabeza lo suficiente para encontrar la mirada azul de Caitlyn sobre sus ojos y se mordió el labio. Había una pregunta que no había sido capaz de contestar, pero quería responder. No sabía si la cuestión de la vigilante incluía una invitación para comprobar cierto aspecto sobre ella misma, pero quería creer que así era.
—Cupcake… —lo intentó.
Falló.
Caitlyn, tan astuta como siempre, supo de inmediato que aquellos ojos que viajaban desde los suyos propios hacia sus labios y después emprendían el camino de vuelta hacia arriba para volver a bajar una y otra vez, deseaban una cosa. Y, para qué mentir, Caitlyn también lo deseaba.
—Vi, sé que estás acostumbrada a llevar el control de todo lo que te rodea —era lo que le había demostrado hasta el momento—, pero, ¿y si me dejas tomar el control de esto?
Vi tragó saliva y abrió mucho los ojos. ¿Era tan evidente lo que quería? Aunque era evidente que Caitlyn también lo quería. Se mojó los labios, anticipando lo que la vigilante haría tras asentir. Y Caitlyn no perdió más el tiempo. Se incorporó, tirando de Vi con ella y acunó una de las mejillas de su compañera con la mano. Se acercó lentamente, observando con deseo los labios carnosos de Vi. Necesitaba saber a qué sabían, necesitaba sentir la calidez de sus labios y la humedad de su lengua. Cerró los ojos, dispuesta a cubrir todas esas necesidad y las que vinieran después.
—Nunca he hecho esto. Nunca he besado ni me han besado ni…
Las palabras de Vi salieron atropelladas por su boca, rompiendo la magia que las estaba envolviendo y Caitlyn no pudo evitar reír. Abrió los ojos, encontrando a una Vi asustada y al borde de un ataque de nervios.
—Siempre hay una primera vez —le aseguró—. Tranquila, cierra los ojos, relájate y disfruta el momento.
Vi le hizo caso. Cerró los ojos, intentó relajarse y entreabrió los labios esperando que otros labios acariciaran su piel. Caitlyn, con una sonrisa, aniquiló esos centímetros que las separaban uno a uno, sin piedad y con determinación. Cuando sus labios por fin rozaron los de Vi, cerró los ojos, y la besó.
Vi nunca podría haber imaginado que sentir los labios de otra persona sobre los suyos, con ese tacto suave y húmedo, mientras su aliento se mezclaba con el de esa otra persona, podía resultar una sensación tan placentera. Caitlyn, tras una breve caricia, un saludo de piel contra piel, decidió profundizar el beso y, Vi, sin comprenderlo, supo corresponder a los movimientos de su boca.
La luchadora nunca había besado, pero de repente algo primitivo en ella despertó y tomó el control de sus acciones, sabiendo dónde colocar los dedos, o mejor dicho, dónde enterrarlos: en el cabello azul oscuro de su compañera. Caitlyn aprovechó aquel gesto para agarrar el rostro de Vi con las dos manos y profundizar aún más el beso, saboreando en su boca el sabor de sus labios. Las dos querían más. Deseaban más. Necesitaban más. Caitlyn, con la suficiente experiencia, ardía en deseos de continuar aquel beso y convertirlo en una experiencia algo más húmeda, y Vi, sin experiencia alguna, anhelaba sentir los labios de Caitlyn por todo su cuerpo, viéndose acorralada por una oleada de calor que despertó zonas de su cuerpo que creía eternamente dormidas.
La temperatura en aquella habitación se elevó. Caitlyn, en un rápido movimiento, se las ingenió para colocarse encima del cuerpo de Vi, y ella, con el corazón a mil por hora, sonrió al darse cuenta de que, por primera vez en su vida, no sintió la necesidad de salir corriendo, sino de quedarse en aquel preciso momento para siempre y repetirlo cuántas veces fuera posible.