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Las 50 Steins;Gate de Hououin Kyouma
Ella esperaba impacientemente en la amplia recepción del majestuoso edificio. Le habían pedido su abrigo al entrar y se sentía un poco mal sin este.
La secretaría, de un elegante conjunto de color celeste, hacía pequeñas marcas en unos papeles con un bolígrafo que terminaba en un gran Upa de plástico. Realizaba su tarea mientras tarareaba para sí “creo que esta noche cenaré un rico y jugoso pollo frito número 1”.
Luego de recibir una llamada por el intercomunicador que llevaba en la oreja, se acercó a Makise Kurisu para informarla.
—¡Tuturú! El señor Hououin la recibirá ahora.
“Finalmente podré verlo, no creí que me llevara tanto encontrarlo...” pensó Kurisu para sí misma mientras veía a su alrededor. “Parece que Mayuri trabaja aquí y tampoco me reconoce.”
Todo había empezado tiempo atrás en el Laboratorio de Artefactos Futuristas.
Makise Kurisu, había trabajado con Okabe Rintarou en una máquina que enviaba mensajes al pasado. Las posibilidades de su uso eran, en principio, infinitas. Los requerimientos técnicos eran simples: un celular, un microondas y un gran televisor CTR como lifter.
Pero al probarlo, ambos habían descubierto que tenían una extraña habilidad mental llamada reading steiner y que nadie más parecía compartir. Esta capacidad les permitía conservar sus recuerdos a medida que se trasladaban por las líneas temporales. Con la ayuda de su invento y su poder, Okabe y Kurisu cambiaban el pasado a su gusto personal y luego se encontraban para discutir los resultados de sus experimentos.
Pero después de jugar un tiempo con el aparato, habían sido advertidos por Amane Suzuha, una viajera del tiempo del año 2036, que el conjunto de mensajes enviados al pasado causarían la tercera guerra mundial, precedida por un nuevo brote de gripe aviar.
El tema de la gripe pudieron solucionarlo con algunos pocos pasos y sin inconvenientes. Detener la guerra mundial requería un protocolo más meditado para deshacer mensajes sistemáticamente. Él último que debían corregir, era un D-mail enviado por Okabe a un beeper en 1993, mientras se encontraba solo en el laboratorio. Nadie más que el científico loco sabía el contenido del mismo.
Al presionar el botón final, algo pareció salir mal. Kurisu, en lugar de alcanzar la Steins;Gate —el hipotético mundo perfecto con el que su amigo siempre fantaseaba alcanzar—, fue transportada con su reading steiner a una realidad muy extraña para ella. Ya no se encontraban en Japón, sino en Estados Unidos. Aún era estudiante universitaria y no había ningún Okabe Rintarou viviendo en Akihabara según los registros de internet.
Le llevó un tiempo hasta que descubrió que Okabe vivía también en Estados Unidos. Al parecer, ahora era una especie de multimillonario de muy difícil acceso y pocas apariciones públicas. Lo más extraño fue que Okabe no la había intentado contactar en todo el tiempo transcurrido desde el cambio de línea mundial. Si también tenía su reading steiner activo, debió haberla llamado como siempre hacían cuando tenían que discutir el resultado de sus experimentos. Habían pasado meses mientras esperaba un llamado, pero ahora que estaba tan cerca de volver a verlo, buscaría una manera de deshacer el error junto a él.
En su mano, llevaba unos papeles cuyo título decía “Entrevista a Hououin Kyouma, Edición especial de graduación”. Las preguntas estaban escritas por su amiga Hiyajo Maho, que en esta línea mundial era su roomie de la universidad.
Por fortuna para ella, Maho estaba interesada en entrevistar a Hououin Kyouma y había arreglado una cita para verlo ese día. Kurisu no era popular con las personas como la loli legal, por sí misma no habría podido conocer los contactos necesarios para tener esa oportunidad. En principio, la que debía ir a encontrarse con él era Maho, pero se enfermó de manera “muy conveniente” el día anterior.
—¿Sabrás como llegar, Kurisu? —le había preguntado su roomie desde el sillón, cubierta de mantas, mientras tomaba una sopa para curarse del resfrío.
—En esta línea mundial también existen los GPS ¿no?. Creo que me las arreglaré para encontrar el camino.
—¿Irás vestida así? —le preguntó irónicamente al verla con su camisa, su corbata y su abrigo.
Pero Kurisu se negaba a arreglarse de manera distinta a la normal para ver solamente a Okabe.
—Senpai, deberías opinar menos y comer más —la saludó antes de irse.
“Además no importa en que línea de tiempo nos encontremos, ella es la que sigue siendo un desastre para vestirse” pensó. Lo cierto es que Maho no podía coordinar la simple acción de llevar sus dos calzados iguales al salir de casa.
Manejó en un auto color rosa descapotable hasta llegar al lugar de destino. El día estaba nublado y amenazaba con llover en cualquier momento. Podía volver y utilizar el auto de Maho, pero a ella no le importaban las condiciones climáticas.
Luego de tantos inconvenientes, finalmente estaba en la “Hououin House” donde seguía a la secretaria Mayuri por el pasillo, quien cantaba y saltaba al avanzar. Ambas se detuvieron ante una gran puerta, y la guía sonrió indicando que ese era el lugar indicado.
La puerta se abrió mostrando el gran salón. En el fondo, había una persona mirando a través de una gran ventana de vidrio: desde la altura que se encontraba el lugar, todos los transeúntes debían verse como hormigas.
Al dar un paso, Kurisu se tropezó y cayó al suelo.
“¡Maldición, eso dolió!” pensó refregándose la nuca, pero al levantar la cabeza, la figura masculina que antes se encontraba en la ventana le tendía gentilmente una mano.
—Señorita Hiyajo ¿se encuentra usted bien? —preguntó.
Era el mismo Okabe Rintarou que ella recordaba, pero vestido con un traje de diseñador, peinado prolijamente y sobre todo, afeitado a la perfección. Desde el suelo, no pudo evitar sonrojarse un poco: nunca lo había visto tan atractivo en las líneas de tiempo anteriores.
—¡Okabe! —exclamó cuando pudo recuperar el aire— ¡Al fin te encuentro!
—¿Okabe? —preguntó él confundido ante su emoción—. Mi nombre es Hououin Kyouma. ¿Realmente se encuentra usted bien?
El hombre le seguía tendiendo la mano de manera gentil, pero ella se levantó por su propia cuenta y sacudió la ropa de sus con un gesto de molestia.
—No usaré ese ridículo apodo, sé que tu nombre verdadero es Okabe Rintarou.
Okabe la observó un breve momento cuando se levantó. Kurisu se sintió un poco cohibida, nunca antes había visto esa mirada en su compañero.
—Ya veo. Es de información pública que antes de mi adopción mi nombre era Okabe Rintarou. Si a usted le parece cómodo, le permito que me llame así, señorita Hiyajo.
Kurisu se había enterado por su roomie que en esta línea temporal Okabe fue adoptado a los 4 años por algún multimillonario exótico de apellido Hououin que le ayudó a abrirse su propio camino en el mundo de los negocios. Pensó que la historia era una broma, pero había mucha información que lo respaldaba, por lo que este hecho si ocurrió en el mundo donde se encontraban.
Aún así le extrañaba la forma en la que estaba actuando al no hablarle como de costumbre y la manera tan penetrante en que la miraba al rostro. Mayuri había cerrado la puerta detrás de ellos y los había dejado solos.
—No soy Maho, soy yo, Makise Kurisu —dijo señalándose a si misma—. Y es Ku-risu, no Cristina.
—No se preocupe, puedo diferenciar ambos —respondió él de manera muy educada—. Su nombre es Kurisu y no Cristina.
“¿¡Pero qué demonios está pasando!? Este Okabe es muy diferente al que recordaba y él ¡me llamó por mi nombre!”.
No sabía si Okabe estaba o no bromeando con ella, haciéndola sentir perdida. Tampoco si estaba hablando con alguna especie de gemelo perdido o si se encontraba en una dimensión paralela donde todo se había dado vuelta.
—Solo tengo 10 minutos para hablar —agregó de nuevo él—. Por favor, tome asiento, señorita Makise.
Ambos seguían todavía parados en la entrada de la oficina, pero Okabe avanzó hacia un gran escritorio de vidrio con la intención de sentarse y hacer reposar su brazo. Ella, algo dubitativa, se abrió paso hacia los sillones que se encontraban frente para tomar asiento también.
—¿Usted también estudia ciencias de la computación como la señorita Hiyajo? —le preguntó el hombre al instalarse.
—Claro que no, deberías recordar que me especializo en neurociencias y física.
Él no pareció poder asimilar lo que ella le dijo e hizo una mirada de intriga que sostuvo desde su lugar. Kurisu empezó a temer, que realmente él no fuera el mismo Okabe del que ella tenía memoria.
—¿De verdad no me reconoces Okabe? ¿Perdiste tu reading steiner y no sabes por qué estamos en este mundo? —preguntó ella finalmente.
—Tengo buena memoria y sé que hago en mi propia oficina —respondió él tranquilo— ¿No está usted aquí para entrevistarme, señorita Makise?
—He venido a buscarte para que habláramos sobre el cambio de línea temporal. No esperaba que fueras tan difícil de contactar, Okabe.
Él se mostró inquieto.
—Me dijeron que está reunión era para que la señorita Hiyajo Maho me realizara una entrevista —agregó él.
—Sí, senpai te contactó por su cuenta. Pero no sé por qué querría hablar contigo, porque en primer lugar, ustedes dos no se conocían.
—Quizás será, porque daré el discurso especial de graduación para la Universidad de Viktor Chondria donde ustedes estudian.
—¿Eso harás? —preguntó Kurisu sorprendida ante la respuesta.
Okabe se levantó de su asiento y tomó uno de sus lápices grabados con su nombre y se lo tendió gentilmente a Kurisu.
—¿Quiere entrevistarme o no, señorita Makise?
Ella tomó el lapiz que le ofrecía algo confundida.
Okabe definitivamente no era el mismo.
—Supongo que puedo hacerte unas preguntas sobre este mundo.
Sabía muy poco del tal Hououin Kyouma. Miró a su alrededor: la oficina era muy lujosa. De verdad parece que él había cosechado una gran fortuna.
—¿Cómo es que lograste ser millonario Okabe?
—¿Cómo logré mi éxito? —repitió él— ¿Es en serio, señorita Makise?
—Es muy difícil de imaginar que hayas logrado algo así. Aún tienes 18 años y nunca fuiste muy bueno para manejar dinero, claro, en otros contextos.
Él empezó a dar vueltas por la habitación, mirándola mientras hablaba.
—Las personas siempre ha sido mi fuerte. Sé lo que las motiva, los que les da un incentivo y lo que las inspira. De eso es lo que se tratan los negocios, señorita Makise.
—Seguro solo tuviste suerte de haber encontrado más lindas amigas de la infancia y doncellas de templo para respaldarte —agregó ella.
Okabe hizo una pequeña risa para sí mismo con el comentario y siguió dando su paseo.
—La clave de mi éxito ha sido identificar individuos con talento y adiestrarlos, encaminando sus esfuerzos a un objetivo común. Al parecer, mientras más trabajo, más suerte tengo al encontrar estas doncellas y hacer que la Organización crezca con su ayuda.
—¿Estás planeando dominar al mundo en esta línea temporal?
Kurisu lo interrumpió al escuchar su respuesta sobre la Organización, contra la cual, Okabe parecía luchar en otras líneas temporales. Él pareció reírse para sí mismo.
—El mundo es una meta muy grande señorita Makise, pero afirmo que me gusta tener dominio de todo lo que me rodea.
Ella empezó a sentirse incómoda ante la cercanía de Okabe, quién terminó de dar la vuelta tras ella y se volvió a sentar detrás en su escritorio. Kurisu apartó avergonzada su vista y se volvió a ayudar con los apuntes que su amiga le había dado.
—Al parecer, tu principal negocio es la fabricación de artefactos futuristas, pero también inviertes en la investigación en el modelo estándar, incluyendo grandes cantidades de dinero para... ¿SERN? —dijo Kurisu sorprendida en lo que leía el papel—. Espera Okabe ¿inviertes en la fabricación de máquinas del tiempo?
—Es un buen negocio —respondió él a la pregunta— ¿No está de acuerdo?
—No sabría que opinar.
Una máquina del tiempo es lo que ellos lograron hacer juntos, y habían experimentado idas y vuelvas con el reading steiner, además de entender las consecuencias de sus actos. Un D-mail incluso los había llevado a separarlos por varios meses, sin que ella pudiera encontrarlo.
—Sólo estaba pensando que quizás Okabe se sienta algo solo en esta línea y esté buscando alguna manera de volver con nuestros amigos —agregó Kurisu.
—Algunas personas dicen que no tengo corazón y que soy incapaz de sentir el deseo de amistad.
—¿Por qué dirían eso de ti? —preguntó ella confundida.
El Okabe Rintarou que recordaba le gustaba estar rodeado de todos los miembros del laboratorio y era amado por todos ellos.
Antes de responder, él volvió a levantarse y se sentó en un sillón junto a ella.
—Porque me conocen bien —respondió impasible.
Este Okabe parecía todo un misterio. Ella se vio entonces en la intriga de querer descubrir un poco más sobre su persona y a que se debía el cambio tan radical que había experimentado, además de perder su reading steiner.
—¿Cuáles son tus intereses aquí? Es decir, ¿aún buscas ser un científico loco?
—Mis intereses son sobre todo físicos —respondió con una sonrisa bastante burlona.
—¿Aún hablamos de ciencia, no? —preguntó ella, tragando saliva.
“Porque es un virgen, no creo que se refiera a algo más...”
—Es decir, no tienes novia, y todos sabemos que eres un chuunibyou, o es lo que solías ser, entonces...
—¿Tiene alguna verdadera pregunta señorita Makise? —la interrumpió él— Algo que a usted le interese sobre mi persona actual y no sobre el supuesto Okabe que dice conocer.
Miró una de las preguntas que Maho había escrito para ayudarse.
—¿Eres gay en esta línea de tiempo?
Okabe no respondió rápido, pero la miró y ella se puso roja al notar lo que acababa de decir.
—No Kurisu. No soy gay —respondió finalmente.
—¡Lo siento! —se disculpó, pensando que había sido muy directa y eso podía ser tomado como acoso sexual—. Es que esta situación es tan extraña, no quiero que pienses que soy así de...
—¿Así de curiosa? —terminó él su frase.
—Bueno, quizás un poco —dijo ella sonrojándose.
Él hombre se veía muy complacido con la conversación.
—Bien, ¿qué más te da intriga saber, Kurisu?
—Hace un rato dijiste que la gente que te conoce dice que no tienes corazón y que no sientes el deseo de amistad…
Luego pensó un poco más en el Okabe Rintarou que ella tenía en su mente. Ese era el Okabe con el que había pasado largas horas experimentando y divirtiéndose, aunque ella nunca le decía cuanto lo apreciaba, porque la mayoría del tiempo solía actuar como una tsundere.
—Yo sé que no es así. Te conozco hace tiempo, quizás sean ya otras realidades, pero sigues siendo tú y puedo afirmar que Okabe Rintarou es una persona que le gusta estar rodeado de la gente que quiere.
La mirada de intriga del hombre aumentaba en cada palabra que Kurisu decía.
—¡Kyouma! —una chica con traje ejecutivo y orejas de gato entró repentinamente a la sala, interrumpiendo su conversación— ¡Te estamos esperando para la mesa redonda, nya!
—Perdona Faris —respondió él rápidamente—. No me presentaré esta vez, así que discúlpame con el resto.
Faris miró a la mujer que estaba dentro de la sala conversando con Kyouma y pareció hacer un gesto de complicidad.
—Está bien, pero me debes una partida de RaiNet, nya.
La chica gato cerró la puerta, pero Kurisu no pareció contenta con lo que acababa de pasar.
—Está bien Okabe, no tienes que cancelar nada. Creo que debería irme, no tiene sentido que esté aquí. Al parecer no eres capaz de recordarme.
—Por eso quiero que te quedes —la interrumpió Okabe antes de que ella pudiera levantarse—. Soy yo quién quisiera saber más de ti, Kurisu.
—¿De mí? —preguntó ella sintiendo una repentina timidez—. ¿Qué es lo que un pervertido como tú desea saber de mí?
—Dijiste que especializas en neurociencias y en física. Dime, ¿cuál fue? ¿Isaac Newton, Max Planck o Albert Einstein, quién hizo que te apasionaras por lo último?
Ella hizo una ligera pausa y sonrió nerviosamente mirando al suelo.
—Newton —dijo ella.
—Hubiera jurado que era Einstein —agregó Okabe.
Él podría haberse dado cuenta que ella le había mentido en su respuesta. La relatividad especial era algo que solía pensar mucho Makise Kurisu y sobre todo ahora que el tiempo parecía fluía muy lento. Su percepción del mismo se alargaba cada vez que él fijaba su vista en ella. Se veía increíblemente atractivo y sentía, además, en el aire, el fino aroma de su fragancia masculina.
—¿Qué piensas hacer cuando te gradúes? —le preguntó.
—No lo sé. Por ahora solo quiero entender que pasa con esta línea temporal y como llegamos a ella. Pero si no consigo una respuesta, creo que tendré que pensar en una alternativa mientras sigamos aquí.
“No conozco cuál era le contenido del último D-mail que envió Okabe, sería muy difícil poder volver de nuevo al mundo por mí misma” pensó. Se sentía atrapada, tanto en ese tiempo, como en esa habitación, junto con un depredador del que no podría escapar si la atacaba con su artillería de seducción.
—¿Qué clase de alternativas tienes en mente? —preguntó él.
—Podría tomar algún trabajo en la universidad. Si lo intento, creo hasta podría recuperar mi antiguo puesto.
Okabe se volvió a parar y se colocó más cerca de ella.
—En nuestro departamento de investigación tenemos un excelente programa de pasantías. Podría hacer que tengas tu propia bata de laboratorio lista cuando lo pidas y se te recompensaría bien por tu trabajo.
Kurisu empezó a reírse nerviosamente y miró hacia el suelo.
—Creo que yo no encajaría en esta línea de tiempo, Okabe. Es muy confusa para mí.
—No, encajarías perfectamente —dijo Okabe levantando su mirada con una mano—. Te puedo imaginar en una bata de laboratorio y haciendo toda clase de experimentos para mí.
—¿Para ti?
—Tengo mis propias investigaciones privadas.
¿Él le estaba ofreciendo quedarse en esa línea de tiempo a trabajar o le estaba ofreciendo quedarse con él? ¿Volverían a experimentar juntos con líneas de tiempo? Pero Okabe en esta línea no era un científico, sino un empresario, entonces ¿a qué se refería?
Fuese como fuese, el corazón de Kurisu latía tan rápido que tenía miedo de sobrepasar la velocidad de la luz y romper todas las leyes de la física.
Se alejó de él. No podía quedarse más tiempo en esa habitación o no podría controlar el ritmo de su imaginación. Se disculpó con Okabe, pidió retirarse del edificio, sin esperar que él la acompañaría amablemente hasta el ascensor.
—Bien señorita Makise, espero que haya obtenido lo que vino a buscar —le dijo una vez que llegaron a destino.
—Creo que tengo que pensar en algunas cosas cuando llegue a casa.
“Al fin y al cabo, estoy atrapada aquí, tengo que tomar una decisión”.
Al entrar en el ascensor se dio la vuelta. Okabe todavía estaba observándola con una sonrisa.
—Kurisu —le dijo como saludo.
—Rintarou —respondió ella.
Las puertas del ascensor se cerraron, cortando finalmente sus miradas.
Al llegar abajo, Kurisu abrió rápido las puertas de cristal.
—¿¡Qué demonios fue eso!? —exclamó apenas se vio afuera del edificio.
La lluvia le daba de lleno en la cara, calmando un poco el calor corporal que había sentido a lo largo de toda la entrevista.
¿Qué haría ahora? ¿Mandaría un D-mail al azar a 1993? Ni siquiera tenía el número de beeper al que se había comunicado Okabe. Tampoco tenía sentido mandar mensajes aleatorios. Además, si él no tenía el reading steiner, es posible que ya nunca pudiera recuperar los recuerdos que tenían juntos en otra línea temporal.
—Quizás no sería tan malo si elijo quedarme en este mundo.
Amane Suzuha no se encontraba por ningún lado, lo que significaría que en esta línea mundial la tercera guerra mundial o el brote mortal de gripe aviar no sucederían. También habría la posibilidad que no estuvieran en esa línea temporal por accidente y que esta fuera una forma de llegar a la soñada Steins;Gate.
Okabe se había convertido en un millonario sexy y educado. Era la personificación casi perfecta de una fantasía femenina adolescente. Quizás era demasiado “depredador” para ella, pero al menos la llamaba por su nombre y la miraba de la forma más intensa que sintió en toda su vida.
¿Se volverían a ver? Eso se preguntaba Kurisu. ¿Él sería capaz de recordarla de nuevo? No haría daño a nadie esperando un poco más de tiempo para saber la respuesta.
“Después de todo, ¿qué cosas malas podrían pasar en este mundo?” pensó ella como conclusión mientras se dirigía de vuelta al auto, sin saber que la lluvia probablemente habría arruinado el tapizado del descapotable.
¿FIN?
