Actions

Work Header

being boring

Summary:

De lo único que estaba segura es que usaría un kimono nuevo cuando él regrese, de algún color que nunca haya usado. Solo quería, al menos, sentirse bien con eso. Si le iba a romper el corazón, al menos estaría bonita. Si le rompe el corazón…

No quiere que le rompa el corazón.

Notes:

HOLAAAAA
Dejo la segunda parte de esta bella serie, con los kimonos empezando las escenas??? No sé, posta no me acuerdo lo que quería hacer con eso
Este ya es un poco más picante, ponele

SE LO DEDICO A FLOR (CRIS)

EN FIN, DISFRUTEN!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

"we have too much time to find for ourselves" 


Índigo: estabilidad, paz, seguridad.

 

Las visitas de Sesshomaru, que antes se daban muy cada tanto, comenzaron a aumentar después de aquella ocasión en que vio a Rin, ya mucho mayor. No era una sorpresa para nadie pero sí lo era un poco para la chica en cuestión. No se acostumbraba, a pesar de los años, de la atención que recibía del youkai, porque le era extraño, le parecía demasiado. 

 

Y tampoco se sentía digna. 

 

Jamás se lo dijo explícitamente pero le quiso decir alguna que otra vez que los regalos y la atención y las visitas eran demasiado. Se suponía que era un demonio fuerte e importante, ¿por qué perdía tiempo yendo a visitar a una simple humana? ¿Por qué…? Todavía no ha tenido la oportunidad de preguntarle. 

 

No es que no quisiera enfrentar la realidad o la verdad, ella no es ese tipo de persona (bueno, solo a veces) pero no quería que las cosas cambien. Se sentía bien así. 

 

Cocinar, ayudar a la anciana Kaede, cuidar y jugar con los hijos de Miroku y Sango, pasar tiempo con Kagome e InuYasha que la trataban como una hermana menor, y, claro, pasar tiempo con Sesshomaru cada vez que podía. 

 

También había cosas ¿negativas? No sabe si esa es precisamente la palabra pero lo cierto es que no tiene amigas de su edad, ni cerca. La aldea es bastante humilde y el hecho de que cada dos por tres venga un youkai poderoso a dejar regalos caros… bueno, no era bien recibido por algunas personas. Rin era la envidia de muchas chicas debido a la cantidad de kimonos que posee y lo mucho que los luce, si hasta Kaede tuvo que pedirle que deje de cambiarse más de dos veces al día ya que la gente la miraba mucho. Por eso es que trataba de usar el mismo kimono por unos cuantos días, a pesar de tener un mueble lleno de ellos, de distintos colores. 

 

El azul índigo, de todas formas, es de sus favoritos. Era en realidad muy simple, ni tenía estampado, era solo el color pero le parecía precioso. Ya no tenía el espejo en la cabaña (Kaede insistió tanto que lo tuvieron que sacar) así que solo podía ver su reflejo en el río cuando iba por agua, y le gustaba, y se quedaba un largo rato contemplándose a sí misma. Tal vez, en su interior, no se reconoce. Tal vez es porque ya ni hay vestigio de esa huérfana solitaria y con harapos. Eso era bueno, había tenido mucha suerte.

 

—¡Rin-sama, vamos a jugar! —escuchó cómo las gemelas, Kin’u y Gyokuto, la llamaban. Era una costumbre cada vez que salía de su hogar. Las niñas estaban cada día más grandes y cada vez más demandantes porque ya no se conformaban con una excusa o un simple juego. Además, ambas saben que ella es muy fácil de convencer y que no puede evitar hacer lo que sea que quieran. 

 

—Tengo que ir al río antes, ¿me acompañan? —asintieron furiosamente y rápidamente emprendieron camino. Las niñas ya no querían ir de la mano de la chica (ni de nadie) porque decían que ya eran mayores y podían caminar por su cuenta. 

 

El camino no era muy largo y durante ese tiempo cantaron, rieron y hablaron de banalidades. Obviamente Kin’u y Gyokuto hablaron de su hermanito, Hisui. 

 

—¿Usted también va a tener hijos, Rin-sama? —Kin’u, la mayor, le preguntó curiosamente pero la chica simplemente se sonrojó, no se esperaba esa pregunta, además, ¿qué clase de nena pregunta eso? 

 

—Eh… por el momento creo que no —no le desagradaba la idea de tener un hijo o de casarse, en realidad son cosas que piensa hace mucho y le gustaría. Lo que sucede, el problema principal de esto, es que no sabe cuál es la opinión de Sesshomaru al respecto… uh… capaz antes debería estar formalmente con él, aunque aquello a veces suena a una fantasía. 

 

Sesshomaru, ese ser que tanto ama, pero que no soporta a los humanos ni a los hanyos. 

 

Hanyos… 

 

¡Todavía faltan muchas cosas antes! Si seguía imaginándose cosas que no estaban ni cerca de pasar, se va quedar ahí y no avanzará nunca. 

 

Porque no es tan tonta. Sabe que la está cortejando, lo que no sabe es cuáles son sus intenciones. ¿Amante? ¿Novia? ¿Esposa? No… eso último no sonaba para nada a un título que tendría Sesshomaru. Podría tener una amante humana pero no se lo imagina con una esposa humana, mucho menos si es ella. Se imagina que, si se casara, lo haría solo si estuviese muy enamorado y… no cree que sea el caso. Bueno, tampoco ve probable que se case, le parece una ridiculez.

 

No recuerda muy bien si las niñas volvieron a tocar el tema, tal vez es porque sus pensamientos se habían ido a otra parte. Lo que sí recuerda a la perfección es estar en el río jugando con las pequeñas. 

 

Se metió al agua con su kimono azul índigo, que al estar húmedo se veía más oscuro y más profundo que nunca. Rin deseaba con todo su corazón, en ese momento, que la prenda se ensuciara lo suficiente como para poder tener permiso de usar otro de sus kimonos. 

 

Su amor por el índigo tenía un límite. 


Verde: eternidad.

 

—Rin-chan, ya es momento de que nos cuentes. 

 

Kagome la había invitado junto a Sango para tomar el té, parecía ser una reunión de “solo mujeres grandes” porque le pidió específicamente a la exterminadora que dejara a sus hijos con el monje Miroku. No era la primera vez que hacían este tipo de reuniones; desde que cumplió quince años que se juntan para hablar de todo tipo de temas juntas, sin entrometidos ni interrupciones. La chica se enteró de más de una situación vergonzosa de sus amigas (¿a quién engañamos? También de sus esposos) y asimismo ha sido una buena oportunidad para que ella aprenda más de temas que no puede y no quiere preguntarle a la anciana Kaede. 

 

—¿Contarles qué? —como no suele tener salidas ni fiestas ni nada, decidió usar uno de sus kimonos más nuevos: uno verde, como el peridoto. Era uno de los colores más hermosos que había visto. El estampado era de lirios y, según Jaken, lo habían traído (o robado) de una isla muy lejana. No le interesaba el origen, lo único que le importaba era que se viera bien en ella. Y, por la reacción de sus amigas al verla, había cumplido su cometido. 

 

—De Sesshomaru. Me dijo InuYasha que te visita en las noches —agradecía no haberse servido nada de sake, que igual no le gusta, porque si no, lo hubiese escupido de la vergüenza. Así que InuYasha sabía… bueno, tenía sentido, pero no pensó que se lo iba a contar a Kagome. 

 

—No puedo creer que la anciana los deje… —inocentemente, y no tanto, Sango habló sin saber nada del tema. 

 

—En realidad ella no sabe —no hubo forma que las otras dos finjan no tener cara de sorpresa, porque fue algo automático. Se esperaban que hubiera algo raro pero, ¿mentirle a Kaede? Era más de lo que pensaron. —No hay nada extraño, nos vemos cuando la anciana Kaede tiene que salir por toda la noche o casi toda la noche. Pasa muy seguido que tiene que irse a otra aldea, ustedes saben —tenía la mirada fija en el suelo, no se animaba a ver aquellas caras sorprendidas, prefería que la tragara la tierra. 

 

—Y… —fue la sacerdotisa la que se animó a preguntar, —¿qué es lo que hacen solos? 

 

No iban a sorprenderse tanto con lo que sea que comentara porque, después de todo, eran dos mujeres casadas, se podían esperar lo que fuera y no juzgarían a Rin por ningún motivo. Aún así… 

 

—Leemos. 

 

No se esperaban eso pero ni cerca. 

 

—¿Qué? —dijeron ambas casi al mismo tiempo con incredulidad en sus miradas. 

 

—Eso. Leemos —Rin no comprendía qué es lo que esperaban de ella. O sea, si, se hacía una idea pero, ¿realmente lo ven capaz a Sesshomaru? —Siempre que viene trae un libro nuevo, lo leemos y luego hablamos de eso hasta que se va. 

 

—¿Sesshomaru habla? —Sango preguntó, recibiendo un pequeño empujón por parte de su mejor amiga. —Perdón, perdón, quiero decir que no parece del tipo hablador. 

 

—En realidad no lo es pero parece que se esfuerza bastante, eso me hace muy feliz —les mostró una gran sonrisa que inmediatamente contagió a las otras dos. 

 

—Me alegro tanto por ti, Rin-chan —Kagome era como una hermana mayor y fue incluso quien le había enseñado muchas cosas (entre ellas, leer) así que esto que le decía era sincero. —Pero nosotras pensábamos que había un avance entre ustedes. 

 

—Claro, como Sesshomaru viene todo el tiempo a verte. 

 

—¿Qué quieren decir…?

 

—Dale, Rin-chan, no somos tontas —la exterminadora había intentado decirlo seriamente pero terminó riéndose un poco, su amiga también, mientras que la joven chica estaba entre muda y avergonzada. 

 

—¿Tan obvia soy? 

 

—¿Tú? —ya no eran unas simples risas, ahora realmente se estaban riendo a carcajadas —¡Sesshomaru es el más obvio! Aunque tampoco te quedas atrás. 

 

—¿Eh? —frunció el ceño como nunca antes porque podía jurar que era más que obvia, mientras las otras dos no podían contener la risa. —No es tan gracioso… 

 

—Es lo más cercano a un programa cómico que tengo ahora —dijo, lógicamente, Kagome.

 

—¿Qué cosa? —inquirieron las otras presentes. 

 

—Ay, nada, nada —ya habían parado las risas, por suerte para Rin. —Seguro Sessomaru debe ser del tipo… mmm… tímido no es la palabra pero… 

 

—¿Inexperto? 

 

—Ah, si, Sango, eso definitivamente pero no es eso tampoco… —se quedó pensativa buscando una palabra que ellas pudieran entender y que al mismo tiempo fuera ideal para la situación. Pero nada. —Creo que él no va a intentar nada que no quieras.

 

—Si, claro, Sesshomaru-sama es muy respetuoso —se sonrojó al recordar una noche en particular. —Hasta ahora solo nos hemos abrazado y solo fue porque se lo pedí. Era una noche de tormenta y estaba aterrada por los rayos y truenos. 

 

—…

 

—¡Lo tendrías que haber besado! —dijo Kagome, hasta un poco frustrada. —Estoy segura de que eso es lo que quiere pero no quiere apresurarte, ¿no, Sango? 

 

—¡Claro, debe ser eso! 

 

—No sé si me anime a eso… y, también… —se mordió el labio instintivamente, como si quisiera evitar decir lo que estaba pensando. ¿Qué era eso? Bueno, Rin pensaba que probablemente Sesshomaru la querría como amante o algo así, que no duraría mucho tal vez. Porque no creía en lo que decían sus amigas, ¿por qué estaría enamorado de ella? —No, nada, no hay nada más. 

 

—La próxima vez que estén solos, piensa en lo que hablamos hoy. ¿Qué pierdes intentando? 

 

—Ah, si, si, lo haré. 

 

Pero es que ella sí sentía que iba a perder algo. Aquello que disfrutaba tanto, esas noches que parecían que nunca terminarían más, efectivamente terminarían. No existe la eternidad para ellos, mucho menos para ella. Tiene miedo de avanzar y que él retroceda y no vuelva a verlo o solo lo vea para… eso. La ilusión enamorada en la que vive se romperá. 

 

De lo único que estaba segura es que usaría un kimono nuevo cuando él regrese, de algún color que nunca haya usado. Solo quería, al menos, sentirse bien con eso. Si le iba a romper el corazón, al menos estaría bonita. Si le rompe el corazón… 

 

No quiere que le rompa el corazón. 


Rojo: amor.

 

Nunca había usado un kimono de ese color, no es que no le gustara, simplemente se le pasó. Además, la tela se veía más delicada que las demás y muy hermosa ya que estaba estampada con flores de cerezo, no quería estropear nada. Le pareció una buena idea usarlo una noche donde sabía que Kaede se iría a otra aldea para hacer unos trabajos, sabía que Sesshomaru iría a verla. 

 

Entre sigiloso y no tanto, llegó junto a Jaken, obvio. 

 

—Sesshomaru-sama, Jaken-sama, qué bueno que pudieron venir —los recibió en la puerta, como era costumbre y solo recibió el correspondiente saludo de Jaken. El gran youkai solía “saludarla” diciendo su nombre, de una forma profunda, clara y correcta. Supone que esa es su forma de saludarla pero tampoco puede considerarse como tal. Así era él. —¿Quieren pasar? 

 

—Pendeja, ya sabes que no voy a pasar —dijo el demonio verde. —Solo vine a acompañar a mi Amo, deberías saberlo a esta altura. 

 

—Ya sé pero nunca está de más invitarlo a pasar a usted también. 

 

—Mejor no, solo nos estorbaría —y ahí estaba él, hablando con esa actitud que a ella tanto le gusta. 

 

—Oh, bueno… ¡Lo siento, Jaken-sama!

 

—Si, si, me quedo afuera. 

 

Cuando Sesshomaru entró, a Rin se le cortó la respiración por un momento, ¿por qué ahora? Si ya casi se había acostumbrado a estas visitas, dios, la estaba cortejando específicamente, sin vueltas ni nada. ¿Por qué ahora? ¿Era la charla con las chicas o es que hasta ella misma se estaba hastiando? Sea lo que sea, estaba decidida esta vez. 

 

O algo parecido a estar decidida. 

 

—¿Te pasa algo? —la sacó del trance e hizo que, irónicamente, se calmara un poco. Negó con su cabeza y fue a sentarse sobre los cojines donde normalmente se sientan. Porque si, él también se sentaba para escucharla leer. 

 

Ambos estaban listos, era más que algo habitual: se sentaban, él le daba un libro nuevo y empezaba a leerlo. ¿Por qué leían? Nunca supo bien cómo empezó eso pero simplemente se dio así. Era buen entretenimiento. 

 

Todo podía haber seguido como siempre, leer, comentar y chau. Pero en el momento en que abrió ese libro rojo que tenía en sus manos, se sintió fuera de lugar. No, eso no era lo que debía estar pasando. Lo cerró casi de golpe ante la inmóvil cara del youkai. 

 

—¿Qué le parece si esta noche solamente hablamos? —si había algo que había aprendido con los años es que, dijera lo que dijera, iba a tener su visto bueno. Sus pequeños caprichos siempre eran bien respondidos porque siempre se trataba de él. 

 

—Si eso quieres, no hay problema. 

 

Silencio absoluto. Obviamente ella debía comenzar la charla, tiene sentido, pero estaba un poco lenta y nerviosa. Sabía que si no decía nada, a él no le molestaría. Al contrario, seguro debe disfrutar del silencio. 

 

Pero justo este era un silencio incómodo. 

 

—Rin… digo… yo… —todavía seguía teniendo esa costumbre de referirse a sí misma en tercera persona, como cuando era una niña y probablemente era una costumbre que no se le iría nunca, —en realidad no sé de qué hablar. 

 

—Ya se nos va a ocurrir algo. 

 

—Seguramente. 

 

Durante todo ese tiempo, no lo miró de frente, tal vez porque estaba esperando a decirle qué es lo que estaba pasando entre ellos y si lo veía, no iba a poder hacerlo. Por suerte, hasta él se cansó del silencio. 

 

—¿Fue de tu agrado el sake que te traje la última vez? —aquello lo dijo esperando una respuesta honesta, porque desde donde estaba sentado podía ver perfectamente la botella en el mismo lugar donde Rin la había dejado el día que se la obsequió. 

 

No hay forma de que pueda mentirle, ella sabe. —En realidad no disfruto el sake… —mientras el youkai la miraba de reojo ella intentaba, sin éxito, verlo de frente ya que estaban hablando de otro tema diferente al que quería traer a colación. —Pero no dude que lo aprecio mucho, es un hermoso regalo. 

 

—No tienes por qué dejarlo ahí, puedes venderlo por algo que necesites —por supuesto que esa idea había cruzado su mente pero le daba un no sé qué vender lo que Sesshomaru-sama le había traído con tanto cariño. 

 

—¿Está seguro? 

 

—Todo lo que te doy, te pertenece. Haz lo que quieras —y si bien usó su tosca manera de hablar, a ella no le importó en lo más mínimo. Quería abrazarle, tal vez incluso decirle alguna tontería de la que se arrepentiría al instante pero no, le sonrió. 

 

—Muchas gracias, será de gran ayuda. 

 

Silencio. Los grillos afuera y el viento que anunciaba cambios. 

 

—¿Proseguimos con la charla o vas a leer algo para mí? —No pasó por alto para Sesshomaru que en las delicadas manos de su acompañante seguía posando ese libro, uno de los muchos que le trajo de sus viajes. Rin pudo haber optado por la ruta fácil: leer y ya, hasta mañana, hasta que nos volvamos a ver… ya era la segunda oportunidad que tenía de hacer esto, era otra salida pero no, eso no era lo que deseaba esa noche. Entre un suspiro, dejó el libro a un costado, restándole importancia incluso a lo que su ¿pretendiente? le había dicho. 

 

—¿Puedo preguntarle algo? —Y cuando la chica posó sus ojos en él algo había cambiado, porque esos penetrantes ojos amarillos la estaban acechando cuando, hace solo un minuto, apenas la estaban mirando. Era como si supiera que algo pasaría. No pudo controlar lo que pasaba, estaba hipnotizada, no podía hablarle. Hizo lo que mejor podía hacer en ese momento, que era huir de ellos. Se levantó de su asiento y caminó lentamente hacia la ventana, sabiendo muy bien que todavía él la estudiaba con sus ojos. —¿Por qué hace todo esto por mi? ¿Qué significado tiene? 

 

—¿En serio no te das cuenta?

 

—Bueno, yo… —paró de hablar cuando sintió que su querido señor se había levantado de su asiento, con dirección obviamente a sus espaldas, como si la acosara, como si quisiera sacarle la respuesta de atrás. 

 

—Te traigo kimonos, te traigo sake, te traigo flores, te traigo libros, —él, quién siempre fue tan alto para ella, estaba inclinándose, para que lo escuche, para que sienta su respiración ardiente, —te pido que me leas y hablemos por horas de tus intereses, sin pedir nada —quiso voltear pero hasta que sentía que sus caras estaban demasiado cerca, le dio miedo —¿qué crees que es? 

 

—Usted me desea como amante, ¿no es así? —sus ojos concentrados en la oscuridad de la noche, no quería ni saber qué tipo de cara tenía el youkai, no quería saber si le había sentido bien o mal. 

 

—No soy humano, no estoy seguro de ese tipo de deseos porque en realidad… —se agachó para estar a la altura de la oreja de la chica, —solamente estoy esperándote. 

 

—Entonces… 

 

—¿Qué es lo que deseas? Puedo dartelo. 

 

—Si yo le pidiera algo que no es común para los de su tipo, ¿me rechazaría? 

 

—¿Casarse? —de la sorpresa, volteó casi por completo para verlo, luego se arrepintió al ver el brillo de sus ojos. —Puedo darte eso. 

 

—Los youkais no se casan… 

 

—Eso no importa. Este Sesshomaru cumplirá tus deseos —una sonrisa, entre nerviosa y tímida, se esbozó en el rostro de Rin, sentía que había esperado por eso durante mucho tiempo. 

 

Y pensar que hace unos minutos pensaba que no había forma de que eso pasara. No sabía que tenía tantas ganas de casarse hasta ahora, que se dio cuenta que era más que correspondida. Era como un sueño. 

 

—Eso es lo que quiero —ya sin temor pero con un revoloteo por todo su cuerpo, Rin se dio vuelta, para enfrentar a su ¿prometido? quien posó una de sus manos en aquella mejilla que de a poco se enrojeció, las mejillas de aquel rostro que lentamente se entregaba, con los ojos cerrados, a lo que sería su primer beso. 

 

… pero a Sesshomaru le costó entender. Primero frunció el ceño creyendo que era una especie de chiste, luego se preocupó pensando que le había sucedido algo pero pronto recordó que aquella mujer por la que haría lo que sea es una humana y los humanos son criaturas especiales que necesitan de contacto físico. 

 

Sus labios primero tocaron la frente de la chica, lo que en vez de decepcionarla, le causó una pequeña risa. Ella permanecía con los ojos cerrados porque sabía que pronto llegaría. Si, aquellos labios contra los suyos, en ese torpe movimiento, sumamente virginal que Sesshomaru hizo. Estaba bien, tenían un largo camino por delante. 

 

El ruido de sus labios tocándose una y otra vez en besos castos fue cada vez menor porque entre los dos, sin mediar una palabra, iban comprendiendo mejor la situación. Cuando sus lenguas se tocaron levemente, ya no hubo marcha atrás. Él, que no tenía ni idea de las relaciones humanas, estaba metiendo su lengua en la boca de la chica, tratando de seguir una línea de movimientos que solo existía en su cabeza. 

 

De repente, ella sostenía sus hombros y él estaba empecinado con la pequeña cintura de la mujer, arrugando la tela roja del kimono en el mientras tanto. No sabía que un toqueteo podía ser tan gratificante, hasta adictivo y tan rápido de aprender. Los humanos, después de todo, no eran tan complicados. 

 

—Sesshomaru-sama, basta —cuando Rin sintió la mano y los labios de su prometido demasiado abajo, quiso parar. No, no le desagradaba…pero definitivamente tenían que guardar para la noche de la ceremonia. 

 

—No volverá a pasar —pero, como si en realidad no lo hubiese dicho, volvió a besarla. Otra vez un beso casto, sin querer empujar más la situación porque temía que las cosas se le fueran a descontrolar. 

 

Cuando terminaron las demostraciones de afecto, volvieron a sus asientos como nada y ella decidió leer, a pesar de estar tan roja como ese libro. Sesshomaru la escuchó, como siempre. 

 

En un momento la chica se dio cuenta que, sin querer, su prometido le había rasgado la tela del kimono con sus garras. No lo había notado porque no era muy profundo. 

 

Esa noche se comprometieron, el color rojo le había dado suerte. 

 

Y lo único que se rompió esa noche fue el kimono. 

 

¿Su corazón? Intacto, latiendo y enamorado, como debía ser. 

 

Si todo salía bien, se casarían en la próxima primavera.

 

Rin ya tendría diecisiete años. 

 

Notes:

GRACIAS POR LEER!
Les tiro un datazo ahre de que el nombre de la historia, being boring, es un temazo de pet shop boys, manteniendo la “idea” de la serie
Ponele

Voy a tratar de subir la tercera parte la semana que viene Y VA A HABER SMUT (si, chicos)

DEJEN KUDOS Y COMENTARIOS, ME HACEN FELIZZZ

Siganme en twitter @_eremimi

Series this work belongs to: