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Y ahora tú

Summary:

Youji tiene un método particular para abastecer su florería de bellas flores, únicas en su tipo porque nacen de un bello amor que nunca será correspondido.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Los lirios al fin habían dado una bella flor. El que más le preocupaba era una planta pequeñita que había cambiado varias veces de maceta y buscado el lugar perfecto para ella para que diera flores. Por momentos, se marchitaba como su espíritu. Un poco de amor y cuidados y las hojas se erguían fuertes y firmes como su corazón. Y ahora, había dado un brote que estaba a punto de abrirse. Youji estaba feliz de verlo, tanto esfuerzo puesto al fin estaba dando resultados.

—Youji-san, yo quiero esa —las voces de las adolescentes que iban a la florería al terminar las clases se superponían entre sí discutiendo sobre las plantas que querían comprar.

Aya, Ken, Omi hacían lo suyo en la florería, sin embargo, como Youji siempre coqueteaba con sus clientes y a menudo hasta le regalaba una flor, era quien siempre estaba más solicitado entre las jovencitas.

La sonrisa gentil y algún roce de las manos con ellas. A veces, sólo bastaba bajarse un poco los anteojos en el tabique y mirarlas, entonces, dejaba muda a más de alguna de ellas.

—No, no, Riko. A ti te sienta mejor una verbena. Mira, esta rosa es del color de tus ojos —le mostró una planta con flores en ramilletes pequeños, de tono rosa y blanco, llamativa y delicada a su vez— es como tú —la miró a ella y rozó su mano suavemente antes de entregarle la plantita. Detrás se escucharon los gritos de las otras chicas que reclamaban la misma atención que ella. Para dejar la frutilla del postre, Youji se inclinó sobre su hombre y susurró en su oído— es una planta sagrada, como tus sentimientos.

Se alejó de ella y la mandó con Ken para que le cobrará la plantita y con esa sonrisa jovial que hacia flaquear los tiernos corazones, preguntó quién era la siguiente.

Aya odiaba el ruido. Él prefería no tener que atender la tienda, pero era la fachada que necesitaban para pasar desapercibidos. Sin embargo, siempre que veía a Youji, estaba seguro de que él no dudaría en dejar su trabajo en Weiß para dedicarse a ligar con cuanta jovencita llegara al negocio.

Buscó con la mirada a la próxima jovencita que iba a atender y vio a una muchacha en la vidriera, que se quedó viendo el interior y en cuanto se encontró con los ojos de Youji, se marchó corriendo, casi como si hubiera visto un fantasma.

—Señoritas, me ausentaré cinco minutos. No duden en acudir a cualquiera de mis compañeros.

Un quejido general se escuchó en la florería.

—Hacen demasiado ruido —se quejó Aya mirando el reloj en la pared, deseando cerrar pronto.

Youji entró a la habitación trasera que se comunicaba con la florería y se sentó a descansar. Recordó a la muchacha que estaba viendo por la vidriera y se quitó los anteojos frotándose los ojos.

—Es igual a ella —se dijo exhalando el aire como si le pesara. Cerró los ojos y luego, se levantó buscando un poco de agua. Todavía quedaban dos horas para cerrar y era cuando más clientas llegaban a la florería, así que retomó el valor que había perdido en aquellos ojos cafés y volvió a salir, radiante, como un rayito de sol en la mañana.

******

La tarde estaba fresca y una ligera llovizna cubría las calles. Eso había reducido un poco su clientela, sin embargo, las más fieles de sus clientes seguían ahí sin importar el clima. Aya estaba de mal humor, mucho peor que el día anterior y había optado por encargarse de los arreglos de las plantas y los transplantes que había qué hacer de aquellas que necesitaban que removieran la tierra o una maceta más grande. Así, optó por no lidiar con las clientas, a pesar de que todavía muchas se acercaban a preguntar sobre lo que hacia o a intentar sacarle un poco de conversación.

Youji lo veía y se reía por esa actitud. Había intentado darle algunos consejos, sin embargo, Aya creía que iba a mandarlo a coquetear con las clientas y lejos estaba de querer hacer eso, así que nunca lo escuchaba.

—Hola —una mujer se había acercado a él antes de que preguntara por la siguiente clienta. Youji la saludó con su habitual alegría, pero cuando se quitó la capucha y vio su rostro, algo en él se quebró: era tan parecida a Asuka que dolía.

—Hola —repitió una vez más después del impacto que ella le producía. Era la joven que había estado viéndolo a través de la vidriera. Llevaba abrazando una maceta de color verde y una planta decaída, a punto de secarse— ¿es un anturio? —preguntó tomando con cuidado la maceta y mirando sus hojas.

—¡Sí! Se heló, casi está marchito. Es de mi novio. No quisiera que se entere porque quiere mucho a esa planta y regresa mañana —los ojos temblaban como si estuviera hablara de alguien y no de una plantita, preocupada, con el sentimiento en la punta de la lengua.

Youji entonces lo supo: era ella la siguiente.

—No tengo en rojo. Tengo uno naranja y purpura —dijo con pena mirando atrás, en los estantes lejos de la ventilación. Era la zona más caliente de la florería precisamente para las plantas tropicales. Se acercó hasta ella con la maceta en mano con la esperanza de encontrar algún brote, pero estaba seguro de haberlos vendidos a todos— si regresas en unos días, podría conseguirte uno.

—Ah, no tendré tiempo.

—¿Tu novio sabe mucho de plantas?

Ella se encogió de hombros. Cuidaba ese anturio por ser un recuerdo de su madre, aunque nunca le había dicho más al respecto y era la única que había visto en el departamento. Youji se alegró con esa respuesta que no dijo y tomó la maceta del anturio naranja. Puso un periódico en la mesa y volcó con cuidado el contenido de la maceta que ella había llevado, luego, hizo lo mismo para pasar la planta a la maceta verde.

—Dile que le ha dado el sol y por eso ha tomado ese color. Unos días a la sombra y regresará a su color normal —le explicó mientras iba colocando la tierra y cubriendo las raíces de a poco— hasta eso, conseguiré la planta que necesitas.

—¿En serio funcionará? —preguntó viendo las flores con curiosidad. Ella sabía tan poco como su novio y aquella mentira blanca le sorprendía.

—Algunas plantas cambian de color debido a la luz del sol. Mira allá, el helecho arroz. El que está justo debajo de la ventana es verde oscuro y el que está en luz directa, es casi amarillo. Su color cambia en torno al sol que reciben. Mira el crotón que está en la puerta —siguió señalando— las hojas que dan directo al sol son rojizas y fucsias, las que no, son verdes —sacudió sus manos y las limpió con un paño que sacó de su delantal, luego, tomó la maceta con la planta ya lista y se la entregó a la jovencita rozando su mano de manera intencional— aquí está tu anturio.

Ella agradeció y prometió volver en un par de días para llevarse el anturio rojo.

—Ten cuidado al regresar a casa. Está lloviendo fuerte —le pidió despidiéndola en la puerta.

El local había quedado vacío después de que ella se marchara. La lluvia empeoraba y los recuerdos caían como gotas afiladas en su memoria. Ver su espalda alejarse en medio de la lluvia desató un dolor fuerte en su pecho, justo donde estaba la bala de aquel maldito día donde la había perdido.

Su forma de caminar, la manera en que torcía el labio, curiosa o inquieta sólo le recordaba más a ella. la sangre brotaba en sus memorias y teñía la dulce e impetuosa mirada de su compañera y su eterno amor.

Ayudó a sus compañeros a cerrar el local y entraron a la casa. Esa noche le tocaba cocinar a él, aunque no se sentía del todo bien. De nuevo, el recuerdo de Asuka y la imagen de la muchacha del anturio se intercalaban en su memoria. Youji sabía que era perfecto hasta que la tos y un nudo en la garganta se acumuló y terminó tosiendo una flor: una cattleya rosada-lila con pétalos ligeramente ondulados.

—La flor divina ¿eh? Es perfecta para ti —dejó la flor sobre una servilleta de papel. La guerrera, independiente, no podía haber elegido una mejor flor para representar su amor por ella.

Se sentó e hizo la cabeza hacia atrás. Miró el techo y cerró los ojos, desparramado en la silla hasta que sintió la puerta y Omi entró preguntándole por la cena. Youji se levantó de la silla y revisó la heladera, mandándolo a comprar los ingredientes que le faltaban mientras él terminaba de sumirse en la miseria.

******

La chica del anturio pasó durante varios días por la florería. Youji la veía desde la vidriera y la invitaba a entrar moviendo su mano, causando la envidia de todas las jovencitas que iban a fangirlear por él en el horario de trabajo. Cada tanto, había una chica especial para Youji. Cada tanto, él le dedicaba todo su tiempo, sus charlas y flores sólo a una mujer, hasta que ella dejaba de venir eventualmente y volvía a comenzar la búsqueda de otra joven en la cuál fijarse. Muchos rumores se extendían entre las chicas por los falsos amores de Youji y todas intentaban ser la siguiente candidata que él eligiera.

—Mañana me llegará el anturio —le dijo mientras le enseñaba cómo hacer para que se mantenga la humedad, rociando las piedras con agua en un cuenco en el que ponía las macetas de los anturios— y tendré una flor de extraordinaria belleza para ti —la chica se sonrojo y se hizo silencio entre sus fans pidiendo una flor para ellas también. Como siempre, él intentaba contentarlas a todas y ayudarlas a elegir una planta según lo que él creía era adecuado para ellas. Ninguna se iba con la misma planta que otra clienta en su turno, sin embargo, lo que tenía para su falsa Asuka, Miya, era diferente. Ella era el recuerdo intacto de lo que nunca podría recuperar y lo que siempre anhelaría en su vida.

—Youji-san, no hace falta. Ya hizo suficiente.

—Insisto —dijo él y tomó la palma de su mano entre sus dedos, dulce y suave, como el cuidado que le daba a sus flores. Miya atinó a quitar su mano con rapidez, se inclinó a modo de disculpa y se fue del local.

El dolor en pecho fue subiendo como una bola de acido hasta su garganta y tuvo que disculparse con las chicas y entrar. Tosió y tres bulbos de flor salieron de su boca, uno tras otro, faltándole el aire mientras los expulsaba. Su rostro se había puesto rojo y le ardía la garganta. Cada vez era más doloroso e intolerable. Miya era Asuka, la mujer que amaba y ahora, todos sus sentimientos eran por ella. Quería ver su sonrisa, sentir el perfume a sándalo y limón que ella usaba, ver el brillo de sus ojos cuando le contaba un poco más de los cuidados de las plantas. Lo anhelaba con todo su ser, pero era tan difícil de soportar que prefería no tener qué hacerlo.

Ese día, Youji no volvió a salir, desplomándose en el suelo después de escupir un bulbo grande y lleno de raíces. Los muchachos lo encontraron más tarde, sin respirar.

******

En la mañana, Youji se levantó como si nada. La muerte era un engaño del que nunca escapaba. Cada vez que las raíces salían de su cuerpo, arrebataban un poco de su vida… inmortal.

—Puedes conseguir flores como una persona normal —se quejó Aya cuando lo vio aparecer y acompañarlos a desayunar.

—Sería un desperdicio morir y revivir y no utilizarlo —se rió Youji mientras se servía una taza de café y preguntaba por sus nuevas adquisiciones para la florería.

Ken ya no lo molestaba al respecto, aunque Omi sí que se preocupaba por él cada vez que moría a causa del Hanahaki. Seguía con cuidado sus pasos mientras escupía las flores hasta su último momento y luego, cuando se recomponía, lo vigilaba todo el día y hasta intentaba obligarlo a no trabajar. Pero hoy eso no iba a funcionar con Youji: tenía una cita importante.

Salió primero a abrir el local y esperar a una clienta muy especial: Miya. Tenía su anturio y ahora, sólo tenía que preparar una maceta especialmente para ella: una cattleya morada-rosada, una mezcla perfecta de melancolía y amor tan sólo para ella.

Llegó como media hora después, a prisas por la lluvia que se había desatado de repente justo como en su corazón que estaba empañado por los sentimientos olvidados.

—Aquí tienes —le entregó el anturio rojo y luego, buscó la cattleya— este es mi presente para ti. Una flor de belleza divina, es la combinación perfecta entre la fortaleza y la belleza.

—Es muy bonita —dijo ella— pero no puedo aceptarla. Tengo novio, yo no puedo.

—Sólo pretendo que la tengas, no lo malinterpretes.

Ella de nuevo hacia ese gesto de descontento, pero veía la flor y no sabía si aceptar. Estaba seguro que de haber tenido un poco más de confianza, le habría dicho que era un tonto y se la habría llevado igual. Sus dedos asomaron a rozar los pétalos de la flor y la sonrisa floreció junto a todos sus sentimientos.

—¿Cómo se llama?

—Es una cattleya, una variedad de orquídea. Es la flor que permite llegar al corazón de las personas —Youji se quedó mirándola con un deje de nostalgia en la mirada que podía captarse a la perfección a través de sus anteojos gruesos y oscuros.

Miya agradeció sin seguir el tema y recogió las plantas, volviendo a dar las gracias por todo lo que había hecho por ella.

Él sabía que después de verla alejarse, nunca más volvería a verla, pero estaba bien. Aun tenía muchas flores que cultivar; cada una era especial a su manera porque era el recuerdo de un amor que no había podido ser. Y que viviría por siempre en la efímera flor.

Notes:

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Yo sigo explorando fandoms más viejos que la escarapela. Youji es mi personaje favorito de este anime. La verdad, es que durante mucho tiempo fue Aya, pero cuando lo vi de nuevo, Youji se llevó por lejos este puesto por su trágica historia de amor casi de telenovela. ¡Lo amo! Y merecía un fanfic.

Día dieciocho: Dolor

Prompt hanahaki: "A" es inmortal y no cesa de enamorarse de toda persona imposible a su disposición, a fin de sostener su florería, el negocio más próspero de la ciudad (crack prompt).

Combine los dos porque sí (?)

Espero les haya gustado.

¡Un abrazo!

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