Actions

Work Header

All too well

Summary:

Fushiguro Megumi escribió una canción que relataba cada pedazo de su relación a través de caleidoscopios de recuerdos; contando desde un dulce y aromático principio hasta el amargo final que ocurrió el propio día de su cumpleaños. A pesar de que habían pasado un par de años del acontecimiento, todavía lo seguía recordando todo bien, porque los dos juraron hacerlo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Su respiración se encontraba agitada, los delgados y finos dedos parecidos a la porcelana sudaban entre cada hueco envolviéndolo en un líquido salado, que, le provocaba el famoso nerviosismo de escenario. ¿Cómo había llegado tan lejos? Él simplemente había escrito una canción increíblemente nostálgica, la verdadera definición de teletransportación entre la tinta y papel arrugado en un cantico frustrante y desafinado hacia el amor.

Ahora mismo, estaba a punto de presentarla en un teatro enfrente de personas que eran amantes a las baladas tristes, un público demasiado exigente que no se conformaría con una letra básica que hablara de regresar con la misma persona por quinta vez.

Si eso sucediera, el que presentara semejante ridiculez saldría abucheado, tal y como pasó hace segundos con un disque poeta musical que terminó siendo el hazmerreír del teatro. Pobre hombre, quizás ese fue el detonante para el aumento de nerviosismo de Megumi. Según él consideraba que su canción llenaría las expectativas del publico ¿Qué tal si no?

Bah, al final del día existía ese nicho de mercado que pagaba por masoquismo musical, no los culparía si al terminar su presentación le lanzan tomates como en la época medieval, ellos estaban ahí sentados con un boleto en sus manos que les garantizaba que llegarían a sentir algo…

Soltó una leve risilla, já la imagen de cierta persona se le coló en la mente por lo último.

— Uh, la pasada presentación fue tan horrible que me hizo llorar de la pena. — Dijo el anfitrión de la velada, grandes luces lo enfocaban para realzar su presencia.

El público ni siquiera rio, claro, era un ambiente fúnebre no de una comedia absoluta. Si fuera parte del público tampoco reiría.

— Bueno… — Prosiguió aclarándose la garganta. Barajeó el guion hecho en apuntes para seguir leyendo al próximo invitado. — La noche será cerrada con broche de oro con una pieza que relata el augurio a la desesperación.

El azabache exhaló tratando de calmarse, posterior a eso, salió de los bastidores para sonreírle al público.

No aplaudieron. Oh, se le olvidaba la regla del lugar era que aplaudían hasta el final, esto indicaría si fue una buena o mala pieza. Se sentó en el catre de madera enfrente del piano negro, lo habían colocado especialmente para él en el escenario. El micrófono estaba posicionado a una altura perfecta de su boca, así no tendría que batallar para sostenerlo mientras tocaba.

Sería la primera presentación en piano de esta noche, por lo que, las personas esperaban mucho de la presentación. Y no eran como dos o tres gatos sentados, eran alrededor de cincuenta. Por su desgracia era noche de sold out, sí, en las épocas navideñas solía llenarse más de lo esperado ya que es una temporada melancólica para algunos.

— Uh, al parecer es una canción de ruptura. — Volvió a bromear el anfitrión observando a Megumi acariciar las teclas de piano, el pobre muchacho trataba de no estallar en nervios.

Nuevamente nadie rio. Que mierda de presentador.

 — Damas y caballeros, Fushiguro Megumi.

Las luces amarillentas encima del escenario le pasaron el protagonismo a él y a ese precioso traje negro, cada botón del blazer se encontraba perfectamente abrochado, dejándole ver exclusivamente parte de la corbata ya que el estelar era esa bufanda roja amarrada al cuello.

Recordaba la letra ¿verdad? Sí, La había ensayado más de diez veces en la sala con el piano. Entonces… ¿Por qué no ha empezado a tocarla?

¿Miedo? No, le importaba poco ser abucheado o tener grandes cantidades de ojos observándole cada movimiento.

¿Desesperación? No, quería empezar a cantar ya.

¿Tristeza? No recordaba ese sentimiento desde el día de su cumpleaños.

¿Qué diablos tenía? Ni para eso tenía respuesta.

Soltó un leve suspiro de sus labios, logró a tiempo tranquilizarse antes de que alguien del público se levantara y le ordenara que empezase.

Sus dedos se hundieron en las teclas estudiadas, así mismo, creando la sinfonía base de la canción. La pistaba estaba comenzando a tomar forma, sólo espero alrededor de seis segundos para poner su boca enfrente al micrófono.

También a él le tomó seis segundos en dictar la decisión definitiva en su relación.

Entre por la puerta junto a ti, el aire estaba frío, pero de cierta manera, algo se sentía como si fuera mi hogar…— La voz de Megumi era tan dulce, al cantar le salía de una manera suave. —Y dejé mi bufanda ahí, todavía la tienes dentro de tu cajón, incluso en este momento.

Dejó que sus pestañas acariciaran sus parpados inferiores, se sabía de memoria el lugar de cada tecla, por lo que, verlas era una simple añadidura. Su mente le brindó un pequeño pasaje hacia el día que pensaba que fue el mejor que pudo haber tenido en sus cortos veintidós años.

Desde el asiento pasajero con su mentón apoyado sobre sus brazos en la ventana, observaba con detenimiento árbol tras árbol pasar enfrente a él.

La brisa de otoño golpeaba su frágil rostro, desacomodaba drásticamente su melena, pero no importaba porque se sentía el sabor a invierno mezclarse en sus papilas gustativas. También se colaba el aroma de las hojas caídas chocar con el asfalto de la carretera.

— Pareces un perrito sacando la cabeza. — Mencionó el conductor de aquel Mercedes Benz 2000 modelo 1989. — ¿Por qué no me ves a mí en vez de todos estos horribles arboles?

Megumi levantó la cabeza para darle una de sus mejores sonrisas, casi nunca lo hacía, pero cuando se trataba de su amado siempre las daba.

— ¿Y que pase lo que sucedió hace segundos? — Refutó para ver como el pelirrosa manejaba con sencillez. — Te saltaste la luz roja del semáforo porque me estabas viendo a mí.

— Deberías sentirte halagado.

— Casi chocamos.

— Estamos vivos y sigo admirando tu belleza. — Su mano desocupada la llevó hacia el muslo del menor para acariciarlo.

— Nunca puedo ganar una discusión contigo.

Lo último lo dijo en forma sarcástica, le parecía tierno que su novio tenía una respuesta ante sus reclamos. Le encantaba eso de él.

Se encontraban en un pequeño viaje hacia un bosque alejados de la gran ciudad, la idea fue de Sukuna. A Megumi le pareció algo curiosa, era usual que el de ópalos rojizos sugiriera lugares alejados del resto, no sabía si era un gesto romántico e íntimo o el hecho que lo quería ocultar de los demás.

La razón por la que fuera no importaba, él se preocupaba en tomar la iniciativa de salir a un lugar más tranquilo. Aunque debía preguntarle, nah, estaba de más saber la respuesta.

Como soplido de diente de león en una tarde de primavera habían llegado a su destino, una cabaña de montaña que les daba la bienvenida entre los grandes arboles de color naranja y un inmenso lago detrás de éste. Se veía muy romántico.

— ¿Cómo conseguiste con este lugar? — Preguntó el ojos oceánico mientras se bajaba del auto anonado con la belleza otoñal.

— ¿Te gusta? Tengo mis contactos. — La puerta del carro se empujada y cerrada resonó en el bosque, sí, era demasiado solo, ni un alma podía llegar a escucharlos. — Pasaremos un par de días aquí, alejado de todos. Solo tú y yo, mi Meg.

Los fuertes brazos de Sukuna envolvieron por detrás el delgado cuerpo del pelinegro, dejó que su barbilla descansara sobre los hombros del menor. Por otra parte, el azabache sentía la respiración de Ryomen acariciar su cuello, soltó unas risitas tímidas.

— ¿Por qué quieres que estemos lejos de todos? Sería estupendo conocer a tus amigos.

El pelirrosa hizo una mueca por la curiosa pregunta, no tenía una respuesta clara todavía, por lo que responderlo una iba a ser muy oportuno.

— No comas ansias, Fushiguro. — Dijo separándose, dando la vuelta para quedar enfrente de su novio. — Venimos aquí para hablar de nosotros dos, no de mis amigos o los tuyos.

— Pero, a mis amigos les he hablado mucho de ti. No paro de mencionarte en cualquier conversaci…

Antes de que siguiera hablando, el de hebras rosadas tuvo que pararlo en seco con su voz gruesa y ronca.

— Megumi, vamos, demos una caminata en el bosque. — Entrelazó sus dedos con los del menor. Lo jaló para adentrarse a un pequeño sendero con rocas dentro del boque. — Hablas mucho, vamos a despejar tu mente.

A pesar de ser abruptamente interrumpido, el de cortos veinte años aceptó la propuesta con felicidad. Y, en todo el recorrido mientras las hojas caían en una danza al lado de ellos; Sukuna le contaba acerca de sus anécdotas cuando era pequeño y estaba en el equipo de béisbol. El viento otoñal los abrazaba, el sendero agradecía ser pisado por una pareja de enamorados que estaban concentrados en la vista del uno hacia el otro, no ponían atención de que en sus alrededores estaban pintados de colores fríos y sombríos que expresaban la próxima llegada del invierno.

Lo único que disfrutaba el de hebras ónix era en la manera en que Sukuna se expresaba, lo hacía reír a carcajadas… Tanto que su risa golpeaba entre los recuerdos y la realidad, lo trajo nuevamente al teatro.

Me contaste tu pasado pensando que tu futuro sería yo. — Dio una mirada al público que estaba en la oscuridad, sus ojos azules brillaron con fuerza gracias a las luces del teatro. — Y sé que fue hace mucho y no había nada que pudiera hacer. Me he olvidado de ti lo suficiente para olvidar porque necesitaba hacerlo.

Las notas de la melodía comenzaban a ser un poco movidas, no tanto, la voz de Megumi seguía sonando pacífica. Aun así, otra vez el recuerdo lo transportó al mismo día.

— No quería decírtelo, pero cuando regresemos te presentaré a mis amigos. — Admitió el de tatuajes.

Detuvo a su Meg enfrente del gran lago que se cubría de un color verdoso. Al menor se le pintó una sonrisa de oreja a oreja.

— Compraremos algunas cosas para la cena en mi casa, hay un par de personas que no las veo desde hace años y pensé que sería bonito presentarles a mi atractivo novio.

La respuesta del azabache fue dada con un beso, se abalanzó hacia los labios de Sukuna con alegría. No pudo evitar hacerlo. Y obviamente su pareja recibió el cálido gesto, correspondiéndole para hacer más largo y profundo el beso. Los hilillos de salivan desprendían de los labios de cada uno, era un beso demasiado íntimo combinado con pequeñas mordidas, ladeos de cabeza para tomar aire y continuar con su obra.

Los ojos de Megumi estaban cerrados con el fin de saborear el dulce momento, sentía como la lengua de Sukuna jugaba con la suya mientras en su mente pensaba que no había mejor momento en su vida que este.

Idiota. Ese sería el comienzo de una catástrofe.

Me mantuviste como un secreto, pero yo te mantuve como un juramento. — Esta vez la voz de Megumi se salió del rango de suavidad, afirmando el verso de manera agonizante. Pero, se mantenía al margen de una agradable voz. — Como una oración sagrada. Y nos prometimos recordarlo todo muy bien, sí.

El pequeño solo del piano se presentó en el escenario, las manos de Meg tocaban con tanto sentimiento cada tecla. No podía dejar de recordarlo todo. Y sí, en la vida solo tendrás tres amores; el primero te enseña a querer, el segundo a doler hasta sangrar, el tercero es el amor verdadero. Entonces si su segundo amor estuviera aquí ¿También lo recordaría todo demasiado bien?

“No creo” Se respondió el mismo recordando nuevamente otro día, justamente el del supermercado. Ese en específico donde fueron por las compras de la cena con sus amigos.

— ¿Y entonces comeremos algo muy “elegante”? — Preguntó Megumi viendo como su novio escogía los vegetales para el platillo estelar.

Cada cosa las metía en la pequeña cesta del supermercado, el de joyas marinas solamente lo observaba.

— No hace falta responder, te he dicho que sí. Nos gusta cosas ligeras y que no hagan mucho daño al estómago, un poco de vino y…

El azabache se detuvo para verlo con el ceño fruncido, ni siquiera lo dejó terminar.

— ¿Vino?

— Sí, vino tinto. De esos que son de uvas y tienen alcohol. — Frunció el ceño por la estúpida pregunta. — ¿No sabes que es un vino, Megumi?

— Pensé que tomaríamos coca cola o cerveza.

El de ópalos rojizos soltó una carcajada algo grotesca.

— Se me olvidaba que los mocosos de tu edad comen porquerías, si quieres les digo a mis amigos que traigan a sus hijos. Te sientas en una mesa con ellos para estar en ambiente.

Ouch. Eso le dolió al pelinegro, parecía ser una broma de mal gusto. Se cruzó de brazos tratando de responder. Por suerte, el de hebras rosa palo se encontraba de espaldas, así no podía verlo titubeando y con su rostro abrumado.

— Nos llevamos nueve años de diferencia. Tampoco es un siglo.

— Lo que sea, te llevare a ti una coca cola con su respectiva pizza ¿Feliz? Yo sí. Apuesto que estarás contento comiendo tú solo el trozo de grasa.

Megumi no volvió a responder, simplemente trató de cambiar el tema de conversación. Quiso ver un panorama mejor entre la densa broma.

— La próxima semana es mi cumpleaños, será un año de diferencia menos. — Soltó una leve risa forzada, quería que el mayor sintiera que se podía adecuar a su humor.

— ¡Qué bien! No lo recordaba. Si te caen bien mis amigos deberías invitarlos a tu pequeña fiesta.

Sukuna ni siquiera le dirigió la vista, estaba concentrado en comparar los precios de los vegetales.

— Si, fuese estupendo. Ja ja. — Su tono comenzó a ser muy forzado. — Estarás ahí ¿verdad?

Finalmente se dio la vuelta para ver a su frágil novio con una mirada de preocupación.

— Por supuesto, eres mi novio ¿Cómo no voy a estar para ti ese día?

El rostro de Megumi se suavizó, eso es lo que quería escuchar. Sus pasos se dirigiendo hacia donde estaba su amado escogiendo los vegetales, él también se unió con regocijo a buscar los mejores para la cena de mas tarde.

Aunque aquello sonara como un buen final, todavía las bromas y la incomodidad no habían terminado. Después de llegar a casa a preparar la cena, arreglar la mesa y servir el vino en las copas.

Finalmente, los invitados habían llegado al hogar con obsequios como lo era la champaña o botanas dietéticas. Cosas que a Megumi no le agradaban, pero él fingió que si ya que eran los amigos de Sukuna.

En la plática que tenían en este instante era sobre cosas de “mayores”, no sexuales, sino cosas del trabajo, hijos, la vida misma. Se sentía excluido, no podía opinar demasiado respecto a eso, solo tiene veinte, próximamente veintiuno, era un barco en medio de un océano desconocido.

Y lo peor de todo, es que Sukuna todavía no lo presentaba ante sus amigos. Simplemente estaba ahí al lado de él, con una copa de Coca Cola escuchando todo y a la vez nada.

— Oye, Sukuna. Tu amigo no ha hablado mucho ¿Está bien? — Mencionó un hombre de cabello blanco mientras lo señalaba con un tenedor. Los demás en la mesa comenzaron a preguntarse lo mismo.

— Él no es mi amigo, se me olvidó presentárselo. — Una sonrisa se dibujó en el rostro del menor. Por fin diría lo que estuvo esperando desde la vez de la cabaña. — Se llama Fushiguro Megumi, es mi hermano menor de veinte que en unos días estará de cumpleaños. Y tendrá de regalo un biberón.

Todos en la mesa comenzaron a reírse, incluso su propio novio. El único que no reía era el pelinegro, aunque tuvo que soltar un par de risas forzadas para no verse como un hijo de puta frente a los amigos de infancia.

Llegó a pensar que sería una típica broma de Sukuna y su humor negro… Sin embargo, no la refutó, cambiaron el tema para regresar a lo que anteriormente estaban hablando: sus aburridas vidas de adulto.

Y eso fue una bomba que hizo estallar en los adentros de Megumi. Quería ir a llorar en el baño preguntándose qué diablos había pasado hace segundos. Sonreía ante lo demás, pero en el interior se sentía como un pedazo de papel arrugado tirado por ahí.

A las horas, la cena había culminado, los amigos estaban camino a casa satisfechos por la ridícula comida “elegante”. En este momento, los platos se encontraban sucios, por ende, la pareja se dedicó a llevarlos hasta el lavado para lavarlos y secarlos.

Solo que había un inconveniente, Megumi tenía una cara de amargura haciendo este proceso. Y Sukuna pudo notarlo en un dos por tres.

— ¿Estas enojado porque no hubo pizza? — Fastidió el mayor mientras secaba los platos limpios que Megumi recién lavaba. — Mañana iremos, no te preoc…

— ¡Eso es lo que menos me importa! — Elevó la voz en un grito, estaba tan molesto. — ¡Me dejaste como un estúpido enfrente de tus amigos!

— ¿De qué hablas?

Fushiguro dejó de lavar uno de los cubiertos sucio, observó al mayor con una mirada sumamente azul oscura. Sus orbes hablaban por si solos, demostraban el sentimiento que tenía dentro.

— ¡Les dijiste que era tu hermano menor, no tu novio! Estuvo esperando por varios días el momento que hablaras de mi con ellos. — La voz se quebraba en las últimas consonantes. — Y lo único que te dedicaste hablar fue de todos menos de mí. Me presentaste como tu familiar ¿¡Como crees que estoy!?

La actitud eufórica no dejaba que Ryomen tomara importancia en la situación, seguía sereno y burlesco, no le parecía la gran cosa.

— Ellos saben que eres mi novio, solo estaban molestándote.

— ¡Pues no parecía! ¡Se referían a mí como un amigo más!

— Meg, estas haciendo esto muy grande. Hablo de ti con ellos todo el tiempo ¿Quieres que le repita lo mismo una y otra vez?

Megumi le dio una última vista, sin más que añadir le dio la espalda, sus manos se reposaron en el lavado tratando de equilibrarse y no romperse ahí mismo. En cambio, Sukuna, él soltó un ligero bufido.

— Lo siento. — Tomó el brazo del mayor para atraerlo hacia él. Estando en el pecho de su amado, Megumi no pudo evitar soltar unos pequeños sollozos. — No debí hacer esa broma, lo siento. Fue mi error ¿Sí?

El rostro de Meg empezó a pintarse de rojo, no estaba sonrojado, sino que cuando lloraba tendía a ponerse de tal color.

— La próxima semana es tu cumpleaños, no estes triste. Mira… — Las manos del pelirrosa pasaron al rostro de Fushi para levantarlo en vista hacia él. — Estaré ese día para ti y comeremos mucho pastel.

Apretó levemente las mejillas al más joven, aquello le saco una risita a ambos.

— ¿Lo prometes?

El de rubís soltó las suaves mejillas, busco las manos de su pareja para entrelazar suavemente sus dedos con los del menor. Hecho esto, las llevó hacia sus labios en donde depositó un tierno beso en la muñeca de su niño.

— Lo prometo.

Sin más que añadir, el de mayoría de edad atrajo a Megumi hacia el centro de la cocina ya que ahí podían bailar sin problemas, y como gesto romántico; apagó las luces dejando que la luz del refrigerador los iluminara a ambos.

No obstante, esa misma noche se unieron en un mismo cuerpo, era común que las veces en las que Megumi se sentía mal, siempre follaran, era como una especie de mecanismo que poseía Sukuna para hacerlo sentir bien. Claro, al ser joven se calentaba demasiado rápido y eso lo aprovechaba en gran parte el adulto.

Las notas del piano se volvieron más bruscas, la voz del amateur compositor se había vuelto trágica, tanto que salía con mucho dolor en cada letra. El público apostaba que se había encerrado en una cúpula de recuerdos, olvidándose asimismo y al escenario.

Dicen que a buen fin no hay mal principio. — La letra ascendía a un ritmo más nostálgico, el anterior verso acerca de una ruptura no se comparó con la voz y expresiones que poseía en este instante.

El público no hallaba las palabras para relatar al frágil muchacho que estaba encima del escenario, con ese piano cantando como si la persona que le escribió la canción estuviera ahí. Se llegaron a cuestionar si estaba colado entre la multitud, aunque era poco probable. Nadie asistiría a un recital donde sabes que te escribieron una canción con tanta acidez.

Algunos de los espectadores habían comenzado a llorar, no a cantaros, pero si soltaban unas cuantas lagrimas porque sentían que vivían la historia, o la observaban enfrente a sus ojos en cada verso.

O bien, reconocían sentimiento que relataba Megumi; inseguridad, engaño, tristeza, amargura y el desconocerse asimismo en una relación.

Pero yo estoy en un nuevo infierno cada vez que traicionas mi mente.

Se mantenía en el catre tratando de no levantarse, aun así, se movía en el mismo asiento de un lado a otro mientras su rostro expresaba enojo y tristeza. Presionaba con intensidad cada tecla del piano, se hundían con brusquedad.

—  Dijiste que “si hubiéramos tenido casi la misma edad, tal vez estariamos bien”. Y eso me hizo querer morir.

Un nudo se formó en su estómago recordando la amargura que tuvo en la madrugada al escribir la letra. Era demasiado explicito en cada detalle, pero no le importaba, solo quería cantarla en teatro para desahogarse de una vez por todas.

Vomitar todas esas palabras que tuvo el día de su cumpleaños, esas que se contuvo en la celebración…

Ah, su cumpleaños ¿Por qué ahora mismo escuchaba el sonido de aplausos y un “feliz cumpleaños a ti”? Se oían como si se estuviera abriendo otro flashback. Por ello, cerró los ojos dejándose guiar al epicentro del recuerdo.

— ¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños, Megumi! — Sus amigos cantaban mientras daban fuertes aplausos al compás del cantico.

Todos tenían puesto encima de sus cabezas un gorrito puntiagudo de colores extravagantes, inclusive el mismo. El lugar se adornaba de globos, música y los típicos de banderines que tenían escrito “feliz cumpleaños”.

 Megumi se encontraba sentado en el lugar de anfitrión, en ese mismo donde las miradas están guiadas exclusivamente hacia ti, solo que, la mirada azulada del cumpleañero no estaba en los demás, ni en el panorama, si no en la puerta principal.

Esperaba que la persona más importante llegara, él lo prometió. Se lo había dicho por mensaje, personal y en forma de una promesa.

Toji Fushiguro se sumó a la celebración para colocar el pastel enfrente de su hijo. Sus amigos estallaron en felicidad por ver la tarta hecha por el hombre mayor.

Megumi observó como las velas se quemaban con fuerza, pudo comparar ese mismo sentimiento con su corazón intentando de crear una excusa para que Sukuna no estuviera aquí. Se inclinó para dar un soplido haciendo que se apagaran cada una de las velas al mismo tiempo.

Otra vez los aplausos y gritos de “felicidades” resonaron en la habitación, pero eso no lo ponía del todo contento. Claro que no.  Tenía que aparentar que estaba bien, por ello, les regaló a los invitados una sonrisa forzada, ninguno de sus amigos lo notó ya que estaban concentrados en hacer reírlo con alguna broma tonta, apostaba que Sukuna rodaría los ojos y reirá por la pena ajena.

En esa noche, solo una persona en la sala pudo notar el deterioro en su alma y sonrisa.

Tú que encantaste a mi padre con tus chistes modestos. — Poco a poco el piano bajaba la veracidad en la letra dando a entender que pronto llegaría una laguna musical. No cualquiera, una que desembocaría al mar de tristeza.

Se mantenía la frustracion en la voz del pelinegro. Era como escuchar llorar a alguien de forma musical, ademas las expresiones en su rostro redactaban cada estrofa.

 — Tomando café como si estuvieras en un show nocturno. Pero él me vio mirar la puerta toda la noche deseando que vinier…

El piano se detuvo por el falseo de su voz quebrada. Rehusaba a seguir cantando por el áspero recuerdo, sus ojos ya se habían cubierto de lágrimas que nunca salieron en su día especial.

Cuando estuvo en sus cinco sentidos, no escuchó ningún alma en el teatro ¿A caso…se habían ido?  Maldición. La mirada cristalizada se dirigió al público comprobando si seguían ahí o habían dejado hace ya un buen tiempo el lugar.

Por primera vez en la noche, dentro de ese teatro, se cubrió hasta la esquina en un mantra de silbidos, las voces en diferentes ángulos gritaban que siguiera cantando o dándole apoyo que siguiera la pieza.

— ¡Vamos!

— ¡Tú puedes!

Las cámaras lo apuntaban a él, la mitad del teatro estaba de pie alzándole las manos en signo de aprobación. Estaban ansiosos al igual que el de escuchar cómo acababa la historia. Las linternas de los celulares estaban encendidas denotando que los espectadores seguían ahí. Era un teatro pequeño, pero para Megumi se sentía en un estadio con una gran ovación.

Su rostro continuaba serio y frio, una lagrima rodó en la mejilla izquierda trayendo consigo a los que espectadores aplaudieran por la actitud de retomar la canción. Unos cuantos gritos junto a silbidos se escucharon en el teatro.

Su vista regresó al piano, cerró los ojos por última vez para recordar la letra. Los frágiles dedos sudorosos acariciaron los belmones y sostenidos. El público guardó silencio.

Y mi padre dijo…

El sonido de las cigarras del jardín acompañaba al solitario cumpleañero que estaba sentado sobre el peldaño de la entrada principal. El pobre veía con frustración la carretera, sabía que a estas horas no pasaba ningún automóvil, pero la esperanza de que él viniera nunca se perdía.

Sus dedos abrazaban con tristeza su nueva bufanda de color rojo parecida a los preciosos rubies de su novio, la anterior la había perdido en aquel escape en la montaña. Todavía tenía el olor a nuevo.

El frio de diciembre rodeaba el cuerpo del menor, iba a morir de frio, no importa, cuando su novio llegara lo envolvería en una calidez parecida a una fogata. Sin embargo, pronto el reloj tocaría las doce de la madrugada del día siguiente, la temperatura subiría y por ley, se tendría que meter dentro de casa.

El sonido de la puerta abrirse detrás de él lo interrumpió de sus pensamientos, observó en como su padre sostenía una taza de chocolate caliente, supuso que se la llevaba a él. Toji todavía traía puesto el gorro de cumpleaños.

Para el padre de familia le era imposible hallar la palabra que relatara lo atrofiante que era ver a su hijo en la espera de alguien que nunca vendría, aun así, lo único que pudo hacer fue darle una agradable sonrisa acompañada con la bebida caliente.

En el proceso de obsequiarle el chocolate, notó como los luceros azules de Megumi brillaban con esperanzas mezclándose éstos mismos con las luces navideñas. Debía romperle la ilusión, pero ¿Cómo lo lograría hacerlo sin que su hijo se eche a llorar en este día tan especial?

—  Megumi… — La mano de su padre se posicionó sobre el hombro del cumpleañero. Ambas miradas chocaron creando un frenesí en la realidad. — Se supone que es divertido cumplir veintiuno.

Notes:

Quiero dedicarle este fic a @kei-hua, tengo meses de estarle diciendo que estaba escribiéndolo y nunca pasaba de tener ideas tras ideas. Pude desarrollarla gracias a él, también por que de alguna manera puse mis sentimientos ya que el borrador salió en una noche muy triste.

¡Agradecería mucho sus comentarios y Kudos! Espero les guste porque el ANGST es mi genero favorito de escribir, aunque siento que debía ponerlo un poquito más. ♡ Tambien pueden preguntarme lo que sea del os en los comentarios, alguna duda. Siganme en mi tuister: @ryomenus. ♡♡♡♡