Work Text:
Se observó al espejo notando las ojeras visibles que arruinaban su rostro, parecían dos almohadas forradas de un color similar al del humo, tal vez eran solo un poco más oscuras. Sus ojos derrochaban frialdad, oscuros como un cielo en la noche y sin brillo que pudiera resaltar al menos el atractivo color violeta de sus pupilas.
Su pelo de un color morado tirando a claro era lo único que se mantenía brilloso gracias al baño que se había tomado unos minutos antes; El mismo tenía olor a frutos del bosque, se deleitaba con esa fragancia.
Frustrado, frunció el entrecejo y sumergió sus manos en el agua, añadiendo jabón tocador y limpiando su cara en busca de borrar aquellas ojeras, no hubo éxito. Jadeó desesperado. Se había quejado de ellas con su hermano mayor en repetidas ocasiones, solo recibía palabras "confortantes" como "No importa, te ves bien con ellas" o "¿Por qué te molesta? es normal" y al finalizar lo abrazaba fuerte hasta dejarlo sin oxígeno.
Rodó los ojos, ignorando completamente su rostro reflejado en el espejo. Debía dejar de preocuparse sobre su aspecto porque en la situación en la que actualmente se encontraba no era un tema tan relevante.
Respingó en su lugar cuando la puerta sonó tres veces seguidas con fuerza.
“¡Rindou, junta de Bonten! Baja ya que es importante”.
Soltó un suspiro que fue ahogado por unas sonoras carcajadas fuera de su habitación, asumió que estas eran de su hermano mayor y Kokonoi. Se observó por última vez al espejo, inspirando con fuerza y asintió recuperando la compostura. Secó sus manos anteriormente mojadas, apurándose en salir del lugar y bajar las extensas escaleras del departamento.
Observó la sala de juntas mientras caminaba con pereza; Ahí se encontraban todos menos Mikey, esto le sorprendió en una inmensa cantidad, nunca faltaba a las reuniones.
Repentinamente, una persona pasó con rapidez por su lado, provocándole un poco audible gemido de susto. Tocó su pecho respirando con irregularidad.
“¡Oi! ¡Esto no es un maldito jardín de niños, idiotas!”, Mochizuki ladró, golpeando la nuca de Ran.
“¡Auch! ¿¡Por qué a mí!?”, el pobre quejaba mientras se sobaba la parte golpeada.
“Cálmense todos, por favor, Mochi tiene razón”, Takeomi se metió a la conversación, sacando de su bolsillo un cigarrillo.
“¡Pero no por eso debía golpearme a mí”.
El mayor continuaba quejándose y reclamando, cuando para los demás tal vez se veía ridículo, a sus ojos se veía la persona más adorable del universo.
Rindou rió en voz baja cuando volvieron a golpear su nuca, esta vez siendo Kokonoi. Amaba a su hermano, realmente no sabría qué sería de él sin Ran a su lado.
Continuó observándolo con una diminuta sonrisa tonta. Al sentir una mano en su espalda, junto a un apretón en su culo, jadeó sorpresivamente.
“Hola, hermoso”, el susurro en su oído le dio una pista y cuando la persona mordió el lóbulo de su oreja y depositó un beso fugaz en la zona, descubrió totalmente de quién se trataba. Sanzu Haruchiyo, el causante de tantos sentimientos alborotados al Haitani menor, entre ellos el enamoramiento.
Enamoramiento... ah, realmente un sentimiento que el menor de los Haitani habría desconocido hasta el momento en el que vio aquella cabellera rubia, la máscara que cubría su boca y esos orbes color violeta muy claros... Allí, conoció al que en un futuro le pondría más color a su vida, a su frío corazón que solo podía encontrar seguridad en su hermano mayor.
Quiso voltear a reclamarle, cuando el pelirosa pasó por lado suyo al igual que su hermano, ignorándolo olímpicamente. Tomó un suspiro con un fuerte sonrojo adornando sus mejillas.
"Ese idiota...", susurró, observando cada movimiento de su pareja.
Un tiempo después, se juntaron en el centro en donde se encontraba una mesa enorme. Cada uno tomó un lugar, Kokonoi y Ran se sentaron en las dos únicas sillas existentes, Takeomi, Mochizuki y Kakucho solo estaban de pie. Justo detrás de ellos, Rindou también yacía parado, sus manos se escondían dentro de los bolsillos de su pantalón.
Confundido porque Sanzu no se encontraba en ningún lado, viajó con su mirada a todos los sitios posibles en la habitación; Al voltear hacia atrás, se encontró con los penetrantes ojos de Sanzu, ¿ya estaba mirándolo desde antes? Tragó saliva con lentitud cuando el contrario ladeó su cabeza hacia un lado, dedicándole una sonrisa coqueta. Volteó con rapidez, odiándose a sí mismo por la facilidad con la que su novio lo hacía sentir nervioso.
La sala se encontraba en silencio puro, solo se escuchaban los grillos que tarareaban una melodía irreconocible. Entre ellos se regalaban miradas, algunas directas, otras de reojo. Takeomi carraspeó, dando dos pasos hacia adelante, así llamó la atención de todos.
“Eh, bueno. Si alguien sabe en dónde demonios se metió Mikey me gustaría que me lo dijera, le marqué como loco y no me contestó ninguna llamada. De todas formas, quiero hablarles sobre algo importante, así que escuchen con atención”.
Dispuesto a obedecer, se acomodó mejor en su lugar. Al sentir una respiración en su oreja, se quedó estático, "Oh, no..." sabía qué pasaba cuando Haruchiyo se situaba detrás suya, peligro por completo. Sus piernas comenzaron a temblar, negándose a voltear, solo se dignó a disimular no saber que el pelirosa estaba acariciando descaradamente su trasero por encima del pantalón. Sin poder aguantarlo un poco más, llevó su mano con rapidez hacia la del ajeno para quitarla con rudeza.
“Sanzu, no”, susurró, retándolo con la mirada.
El nombrado solo sonrió burlón sin alejarse del Haitani. Estaba bien, mientras no tratara de sobrepasarse en frente de todos como antes todo estaba más que bien. Pero, al sentir los besos que el otro dejaba en la zona trasera de su nuca, paseándose por su cuello de vez en cuando, los colores le subieron al rostro. Realmente puso todo su esfuerzo en ignorarlo, tratando de recomponerse y alejarse. Mas la vida le iba en contra, ya que Haruchiyo lo impidió, atrapando su cintura con sus grandes manos, para continuar depositando besos en todo su cuello, soltando una carcajada casi inaudible.
“¿Q-qué haces? Detén eso, van a vernos”, reclamó completamente ruborizado mientras señalaba con los ojos a los demás integrantes.
“Mmm, ¿tú crees? Yo digo que no, se ven tan centrados y ocupados con el tema que hasta podría follarte aquí mismo y no se enterarían”, su nivel de voz también era bajo. “Además, joder, estás tan precioso que podría morir en este instante”.
Rindou era un tomate ahora mismo, definitivamente se había convertido en una fruta de un color más rojo que la sangre.
“Sanzu...”, insistió.
“¿Por qué hueles tan bien? ¿Usaste el shampoo que te regalé?”, sus susurros le ponían los pelos de punta, sentía su cuerpo cosquillear sin poder evitarlo. Mordió su labio y, aunque no quería, se alejó con más fuerza, logrando esta vez soltarse del agarre del otro.
“S-solo prestemos atención, ¿por favor?”.
Sanzu lo miro unos segundos antes de, a duras penas, asentir. “Está bien, tú ganas”.
Definitivamente no iba a ser la única vez que Sanzu jodía sus hormonas de esta forma, cuando Rindou se cansó de estar parado y se sentó en una de las mesas-aún seguía estando detrás de todos los demás, por lo cual nadie podía verlo- el pelirosa se le había pegado otra vez, asustándolo en el acto. Se volteó y frunció sus labios con molestia.
“Deja de asustarme así, idiota”, entre dientes murmuró, notando como el contrario lo ignoraba, solo enfocándose en sus labios.
Se miraron por unos segundos, Rindou perdiéndose en el color de sus ojos. Sanzu apoyo una de sus manos en el muslo del de pelo violeta, acariciándolo de arriba hacia abajo.
“¿Puedo besarte?”, interrogó, acercándose un poco más a él.
“No”.
“¿Puedo?”.
“No”.
“Ellos no nos verán, será rápido, lo prometo”.
Observó con rapidez a los demás presentes y sí, definitivamente no les estaban prestando ni una pizca de atención. Suspiró, volviendo su mirada a la ajena.
“Bien... solo uno”.
Con una sonrisa de lado a lado, presenciando Rindou como sus cicatrices sonreían también, el pelirosa se aproximó a sus labios, depositando dos besos rebeldes.
“Dije que solo uno, Sanzu”, reclamó, sintiendo sus mejillas calentarse en un color rojo.
“¿Acaso quieres otro?”
“Nunca dije eso”.
“¿Mmm? ¿Seguro?”.
“¡Dije que no!”, bueno, tal vez levantó la voz un poco mucho más de lo que pensaba.
“¡Ustedes dos! ¿Qué carajo les sucede? Aunque no les importe una mierda el tema, ¿podrían escuchar y fingir estar interesados al menos?”, Kakucho serio daba miedo, realmente.
Guardaron silencio contestando un sí con la mirada. Hitto, con un blanqueo de ojos, continuó con la plática. Juró divisar a Ran observar la mano de Sanzu apoyada en su muslo, inquieto se removió rompiendo el contacto. Cuando Ran se volteó de nuevo desinteresado, Rindou pudo respirar en paz.
Aún con los toqueteos y besos en el cuello, además de algunos comentarios subidos de tono de Haruchiyo hacia el Haitani, este pudo combatirlos y lo resistió.
“Rindou, ¿Tienes algo para decir al respecto?”, preguntó Mochizuki, observándolo con una ceja enarcada.
“Eh... sí”, carraspeó, levantándose y dirigiéndose al centro, ya captando la atención de toda la sala.
¿Externamente? luciendo despreocupado mientras comenzaba a hablar, ¿Internamente? Agradeciéndole al mayor por haberlo sacado de ese apuro y del diablo en persona. En todo lo que restó de la reunión, pudo sentir la intensa mirada de Haruchiyo sobre su persona.
Sacando sus anteojos del bolsillo de su pantalón, los apoyó en el estante de su habitación. Se tiró a la cama, provocando un chirrido al cual no le dio mucha importancia. Su brazo automáticamente se dirigió hacia su rostro, cubriéndose la mitad de este con él. Soltó un fuerte suspiro, sus ojos se entrecerraban debido al sueño que tenía. Ha de decir que últimamente sus horas de sueño no eran del todo buenas, solo llegaba a dormir entre una y tres horas diarias, sin excepción.
Buscando una posición cómoda, volteó su cuerpo dándole la espalda a la puerta. Cerró sus ojos preparado para emprender un viaje en su sueño de menos de dos horas.
La puerta abriéndose sonó para luego ser cerrada, unos pasos se acercaban y Rindou pudo sentir un peso en la cama, definitivamente alguien se había subido. El cuerpo abrazó su espalda con ambos brazos, apegándolo a él. Los besos en el cuello se repitieron, al igual que en su lóbulo y oído. Se removió algo inquieto, abriendo los ojos con vagancia.
“Rin”, Sanzu mordisqueaba su oído, apretando el agarre en su cintura.
Al no obtener respuesta, con un puchero en sus labios forzó al contrario a voltear, dándole tres besos cortos en los labios, Rindou solo se ruborizó en respuesta.
“¿Sabes qué pasará si nos ven así, verdad?”.
“Lo sé, lo sé, solo te extrañaba mucho y... hueles tan bien”.
Sin mucha espera, escondió su nariz en la clavícula del muchacho, inhalando con fuerza y deleitándose una vez más con el olor a vainilla de su cuerpo.
Al alzar la vista, volvió a atrapar sus labios, ahora a una velocidad más pausada y relajada. Ambos labios complementaban a la perfección. Sanzu acarició el lacio pelo de Rindou durante el beso.
“Te extrañaba”, repitió al romper el beso.
Haruchiyo se sentó en la cama, abandonando un poco al otro. Este talló sus ojos, bostezando. “Sí, realmente lo hiciste notar allá abajo”.
“Es tu culpa, vistes ese traje con ese color tan llamativo, le sentaba muy bien a tu figura... tu pelo, tus bonitos ojos. Joder, eres una perra astuta, te encanta joderme la vida”.
El menor de los Haitani carcajeó, ladeando una sonrisa traviesa. “¿Es eso o tienes tan poco control hormonal, uh?”.
Aprovechando la posición del contrario, se situó encima suya, atrapándolo en la cama con los dos brazos a cada lado de su cabeza.
“Cállate, ¿entiendes lo difícil que es resistirse a ti? Y tú, ¡tú lo notas y aprovechas y, y...!”.
“Ya... ya, cálmate, bebé llorón”.sus brazos abrazaron el cuello del pelirosa, sonriéndole con cariño.
“Ugh, joder, eres tan...precioso”, sus ojos denotaban lujuria mezclado con amor y admiración.
Sanzu agarró su cintura, dibujando círculos invisibles con sus dedos pulgares. Se aproximó hacia su cuello, depositando unos besos y una que otra lamida.
“Realmente te gusta besar cuellos”.
“¿No? Solo si es el tuyo”.
Esa confesión conllevó a su pareja a un fuerte sonrojo en sus mejillas. Aún sin intenciones de detenerse, besó su mentón, luego sus dos mejillas, subió hacia su frente y bajó hasta sus labios, deteniéndose en seco.
“Te deseo tanto ahora mismo que podría perder la cabeza. Vas por ahí ignorándome, te ves tan atractivo que, ah... realmente me haces perder la cordura”.
“Eres demasiado contradictorio contigo mismo, quiero decir, te recuerdo que fuiste tú el que demandó no decirles a Bonten de lo nuestro”.
Sanzu gimoteó, escondiendo su rostro en la zona descubierta del cuello del contrario, buscaba soterrar el notorio color rosa de sus mejillas. Balbuceó un poco antes de empezar la oración.
“Ya no me importa a este punto, todo el mundo podría enterarse y no le daría un mínimo de importancia”, alzó su mirada, señalando al menor con expresión avergonzada-, “No sé qué mierda me hiciste pero, me gustas tanto que nada me importa más que tú.
Rindou agrandó sus ojos, su semblante era de emoción, sorpresa y felicidad mezclados; No podía expresar lo extraño que se sentía que Sanzu-el mismísimo Sanzu Haruchiyo, sarcástico, bromista y que nunca se había humillado ante otra persona-le dijera esas palabras. Escondió un sonrojo que planeaba salir impulsivamente, tragando saliva con lentitud y sonriendo burlonamente.
“Wow... ¿Pero qué pasó con Sanzu? ¡Escúpelo, malvado!”.
“Oye, tú realmente eres...”, tomó un suspiro y le respondió con la misma sonrisa, modificándola a una juguetona.
Se sentó jalando a Rindou, logrando que este quede sentado en sus piernas, apoyó ambas manos en sus caderas nuevamente.
Ambos rieron, olvidando que tal vez Bonten seguía cerca de la habitación, sumergidos en un cariño y comodidad inmensos, una burbuja de emociones, una película en la cual ambos eran protagonistas y podían modificarla a su gusto. Se miraban fijamente notando detalles que habían dejado pasar antes.
“Esto me recuerda... Hoy estuviste más cariñoso que nunca abajo, Haru”, reprendió, acariciando los cabellos rosas de su pareja.
“Hmm, se trata de ti, cariño. Me tienes loco y lo sabes”, apretó sus caderas con las manos, ganándose un jadeo
en respuesta, rápidamente reaccionó con una expresión de preocupación. “¿Te hice daño?”.
“No, solo me sorprendió”, carcajeó-. “Bueno, siguiendo con el tema, déjame darte un consejo; Deberías aprender a mantener tus manos quietas, Haruchiyo”, susurró rozando sus labios, ganándose por completo al contrario, quien con un gruñido terminó de juntarlos, sumergiéndose en otro beso.
Si Rindou tuviera que detallar qué sabor tenían los labios de Sanzu, diría que el humo era algo tentador, sus labios inmersos en el sabor a humo eran uno de los tantos encantos suyos; Rindou adoraba besarlo siempre que podía, para algunos tal vez el olor a tabaco en los labios era asqueroso o incluso molesto, pero para él era todo lo contrario. Adictivo, besarlo era como drogarse sin inyectarse, sin consumir...
“¿Hoy no has inhalado? Te drogas diariamente con esas mierdas”, intuyó con desagrado.
“De hecho sí, solo anoche. Pero que se jodan, tú eres mi droga hoy”.
Sin dejarle contestar volvió a besarlo, abrazándolo con fuerza y besando su mejilla. “Te quiero, Rindou”.
Aquellas palabras fueron lo más sincero que tal vez Sanzu haya dicho en toda su vida. Ahora realmente estaba avergonzado, ¿qué demonios había hecho Rindou con él?
Recibió una bonita carcajada en respuesta. “También te quiero, idiota, y no sabes cuánto. Pero, seriamente, mantén tus manos quietas alguna vez”.
Permanecieron mirándose en silencio con expresiones serias, antes de que el peli violeta sonriera tontamente y se alejara con rapidez del otro cuerpo.
“Rindou!”, sin esperar más, correteó por detrás al contrario que salía disparado de su habitación entre risas.
