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where is my love?

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Bruno le cuenta a Camilo otra de las razones por las que se alejo de su familia; el adolescente cree poder hacer algo al respecto.

Work Text:

Camilo Madrigal sabe que su familia le ama excepcionalmente. Sin embargo, a pesar de aparentar ser unidos , no se conocen tan bien como creen y deberían. 

Los Madrigal tienen secretos como cualquier otra familia en el pueblo. Incluso antes de que los niños llegaran, la abuela Alma les guardó secretos a sus hijos, y ellos hicieron lo mismo con ella porque la tradición de ser perfectos perduró muchos años antes de que pasara el acontecimiento de Mirabel, los milagros y Casita

Pero, incluso después de que todo regresara a la normalidad, la familia fue consciente de que eran nuevos e inexpertos en esto de ser y no " aparentar ". Algunos han intentado acercarse, y hablar de algunas cosas que antes no pudieron con su familia. Mirabel e Isabela lo han logrado. Pero, otros, como Camilo —pese a ser el más hablador y energético de la casa— no pueden hacerlo. 

Hay algo que le ha estado carcomiendo la cabeza, y lo ha ido alejando poco a poco de la gente que ama. 

Sólo tuvieron que pasar unos cuantos días para que todos sus parientes se dieran cuenta de ello. Especialmente los adultos que tuvieron un recuerdo muy vívido de que esto ya había pasado en una ocasión muchos años atrás con nadie más que el mismísimo Bruno, por una razón de la que jamás habló con sus hermanas, y sucedió por el tiempo que desapareció. 

Era escalofriante pensar que la historia se repetiría. Por eso una noche cualquiera, cuando Peppa se dio cuenta que algo andaba mal, se acercó a preguntar. Después de todo, era su hijo. Y de hecho, tenían una relación más estrecha que la que tenía con su hija Dolores. 

Pero él no le habló de absolutamente nada como creyó que haría. Esto era grave. 

—Está bien. Tomate tu tiempo en decirme lo que te sucede, ¿Muy bien? ¡Muy bien!—le dijo ella con una ancha sonrisa fingida y una nube encima de su cabeza que delataba su angustia al no tener la confianza de su propia sangre. 

La noche siguiente se encontró a Dolores, y aunque ésta tuviese un don extra para sacarle información a las personas, tampoco logró nada. Lo mismo paso la siguiente noche con su padre, la consiguiente con Toñito, y así repetidamente hasta que se rindieron y su madre casi provoca un huracán que se detuvo sólo cuando Camilo se excusó diciéndo: 

—Estoy cansado.

El adolescente quería decirle muchísimo más que eso. Y no hablarle a su familia no se trataba de que no confiara en ellos. Simplemente, hay algunos secretos que ni uno mismo puede entender. Y algunas veces, se quedan atrapados en la garganta, expandiéndose por todo tu ser hasta ocupar toda tu mente. 

Bruno lo ha visto en las comidas. Callado y reservado, pero mirando de ratos a Dolores con miedo; cómo sí ella fuese capaz de extender su milagro hacía su cabeza y leer sus pensamientos. Ya casi no es el mismo chico alegre que solía ser y es obvio que no pueden culpar a un proceso natural de crecimiento por ello. Es evidente que no quiere pensar en algo, tal vez por su propio bien.

Él mejor que nadie puede saberlo. Siente que se está viendo a sí mismo diez años atrás, y aunque tiene sus dudas, no puede evitar querer intervenir. 

Podría ser lo mismo que lo suyo, podría ser que no. Pero ya está aquí, fuera de la habitación del chico pensando en que sí se tratase de lo mismo que le pasó a él hace diez años, entonces podría hacer lo que nadie hizo consigo; hablar, insistir, dejarle saber que en verdad hay alguien para él. 

Da tres golpes a la puerta, y la verdad, es que esperaba más tiempo para pensar en que iba a decir antes de que se apareciera para abrirle.

—Hey—Saluda, arrastrando la última vocal y todavía con el puño en alto. 

—Hey... —Contesta Camilo, extrañado de verlo ahí por esa hora. 

Camilo y Bruno se volvieron cercanos cuando éste último volvió. Y, a decir verdad, Camilo estaba avergonzado de la manera en que lo interpretó durante años. La parte de las ratas era verdadera, claro. Pero, tal vez exagero un poco con ciertas cosas y creyó mucho en su versión malvada. Después de que regresó a casa se dio cuenta de que era un buen tipo, y al principio pasaron bastante tiempo juntos porque Camilo estaba maravillado con su don y quería saber ciertas cosas sin sentido que su tío simplemente no pudo negarle. 

—¿Q-qué estás haciendo? —Tartamudeó. 

También era un manojo de nervios andante para tener su edad. 

—Dormir—Contestó—Son las tres de la mañana. 

Bruno se dio cuenta que pasó mucho tiempo pensando si venir aquí o no. No podía regañarlo por su desorden del sueño porque el suyo era igual o peor. 

—Oh—Pronunció. Ya no tenía ni idea de como socializar desde aquí. Esto no era para nada una telenovela que podía manejar a su antojo. De ser así el personaje de su sobrino jamás estaría triste. 

Camilo se rió un poco. Todavía le parecía tierno como la manera en la que lo llegó a ver no estaba ni de cerca al verdadero él. 

—¿No puedes dormir tampoco? 

Bruno negó lentamente con la cabeza, y Camilo, creyendo que seguramente su madre lo mandó como último recurso por información, lo invitó a pasar. 

Gran parte de su tiempo juntos lo llegaron a pasar en el pueblo, por lo que el adulto tenía las veces dentro de esta habitación contadas. Había espejos por doquier y no fue hasta entonces que ató cabos en recordar porque le llamaban Niño Teatro. Su don era maravilloso también. En cuanto pensó en actuación, no pudo evitar empezar a hablarle de sus nuevas obras tan siquiera para quitarse la tensión. Aunque le faltaron las ratas para apoyarse, Camilo escuchó atento y no fue hasta mitad de la conversación que comprendió un poco y le apoyó transformándose una que otra vez. Otras simplemente actuaba siendo él mismo y las risas no faltaron. 

Entonces Bruno tuvo que preguntar y abrir el tema, de todos modos a eso venía. 

—¿Puedes transformarte en cualquier persona?

—Cualquier persona—Contestó sacándose de la cabeza su ruana que utilizó en algún momento para simular una peluca de un personaje femenino—, ¿a quién tienes en mente?

—No creo que... 

—¿Alguien de aquí? —Interrumpió, y se transformó en la abuela, Julieta y su propia madre. 

—No, yo... 

—¿Del pueblo? — Volvió a interferir, y se convirtió en un par de desconocidos. —¿Le conozco?

La sonrisa de Bruno fue desvaneciéndose y de repente empezó a sentir un miedo idéntico a cuando su madre, Alma, preguntó exactamente lo mismo hace diez años. Precisamente el día que ella misma sacó conclusiones del porqué su único hijo varón lucía tan enamorado como ella misma lo estuvo alguna vez. 

¿Es del pueblo? ¿La conozco? ¿Ya te propusiste? —Cuestionó la mujer esa vez. También recordó a sus hermanas uniéndose a la persistencia y soltando nombres al azar. Y fuera de Casita, mucha gente lució intrigada de saber quien estaría con él teniendo en cuenta la reputación que se estaba ganando con sus catastróficas visiones. 

Brunito —Le llamó con cariño. —, eres el único que falta por darme nietos—Los ojos de su madre brillaban de ilusión, y él, palideció. 

Sí, había conocido a alguien y que se haya enamorado era innegable. Pero, su madre en ese entonces, todavía buscaría a la candidata perfecta para él. No aceptaría a cualquier mujer, y por eso mismo, Bruno sintió mucho, mucho miedo. No porque no fuese la correcta ante los ojos de su progenitora. Sino porque para empezar, no era ni siquiera una mujer. 

Bruno Madrigal se enamoró de un hombre.

De vuelta con Camilo, —que pareció preocuparse por su abrupto cambio de ánimo— , se dio cuenta que quizás no estaba tan preparado para hablar como creyó. Pensar en ello era una cosa, pero decir en voz alta de como te enamoraste no era sencillo. Especialmente sí es la primera vez que esas palabras saldrán de tu boca después de tantos años. 

Bruno pronunció un nombre que no había mencionado en mucho tiempo, y casi sintió que su garganta quería que se quedara ahí para no dejarlo escapar. 

—¿Lo conoces? 

Camilo indagó en su mente por todas las personas que conocía con aquel nombre, pero ninguna le atravesó la cabeza. No lo conocía. Cuando lo negó pudo ver la decepción en Bruno. 

—¿Cómo es él? 

El adulto comenzó a balbucear un par de cosas y movió sus manos frenéticamente, por encima de Camilo mostrando la altura, a sus costados, en referencia a lo delgado que era, luego por debajo de sus oídos, señalando lo largo de su cabello. 

Tuvo que detenerse. Su recuerdo era tan claro como la primera, y última vez que lo vio. Creyó que en los diez años que no estuvo presente, lo había olvidado. Pero estaba bastante claro que no. 

—Era muy gentil—Comenzó a decir—. Yo... la gente no le gustaba mucho mi don en ese entonces. Pero, él... No tenía problema con eso. Le gustaba. No me culpaba de las cosas que sucedían como todos los demás. 

—¿Es un amigo tuyo?—Preguntó el adolescente. 

Su madre solía decir, cuando rompía su regla de no hablar sobre Bruno, que él nunca llegó a tener ninguno. Así que el chico estaba bastante confundido. Más cuando su tío se quedó callado y con un rubor en las mejillas. Por encima, unos ojos tristes estaban recordando. 

Entonces Camilo lo comprendió.  «Ah, con razón no tuvo hijos». Pensó, y quiso bromear para no verse tan tenso. Aunque considero que quizás no era el momento para eso.

—¿Por eso te fuiste?

Bruno negó, y estaba a punto de explicarle que su verdadera razón de haberse ido fue proteger a Mirabel de la visión que la abuela le pidió. 

Aunque sabía que realmente esa sólo fue una razón más para huir. 

Su madre siempre lo había amado. Jamás hubo duda de ello e incluso cuando Bruno le contó la verdad sobre de quien se había enamorado, y cómo sucedió, ella pudo verse reflejada a sí misma cuando conoció a su difunto Pedro. Su amor era mutuo; las cosas que Bruno le dijo sobre como él lo tranquilizaba cuando llegaba una visión indeseable se lo aseguraron. Pero... Simplemente no podía dejar de pensar en el Encanto. 

En ese entonces sólo podía aferrarse a que no se acabara. Y este enamoramiento suyo significaba eso mismo. 

¿Se lo has dicho? —preguntó Alma. 

No —Contestó Bruno con nerviosismo, juntando sus manos. Luego ladeó la cabeza y una sonrisa débil se asomó repentinamente. — ...Pero, él dijo que me diría algo... mañana... yo...

—¿ Mañana ?—Interrumpió, ni siquiera tenía idea de lo que le diría pero bien podría imaginarlo. —¡No puede ser posible mañana! ¡Mañana es la celebración de Mirabel! 

Su respuesta aterró a Bruno, que tal y como todos en la casa, vivía de lo que su madre dictará y mandará. Honestamente, cuando pensó en contárselo, se imaginó un escenario mejor que ponerse a temblar y quedarse inmóvil sin ser capaz de hablar más. Incluso ella, viéndolo tan tímido aferrándose a su propio cuerpo por el miedo, se dio cuenta de lo terrible que actuó e hizo algo de lo que después de muchos años se arrepentiría de no habérselo dicho de una forma diferente. 

Brunito —Lo llamó, y tomó sus mejillas para que la mirase a la cara. —, ¿Qué va a decir la gente?

Y Bruno tuvo un punto de quiebre. 

De vuelta con Camilo, otra vez, asintió lentamente a su pregunta de sí esa fue la razón por la que huyó. El chico lo miró con lástima, y pensó en él mismo, en su situación... En aquello que no había podido confiar a sus padres. 

—¿Qué pasó? —preguntó con curiosidad. 

—Tuve miedo—Respondió, y finalmente miró a su sobrino. Ladeó una sonrisa débil—De quién era. De... qué iba a decir la gente. 

Bruno tenía razón, estaban pasando por algo similar. Sólo que Camilo no se había enamorado exactamente de alguien. Su situación era tan complicada, que ni él mismo podía entenderla. Pero, aquí, con su tío hablando así... Podría hacer un intento de confiar en alguien, mientras que fuese mutuo. 

—Abuela dijo que quería hablar con... él, y conmigo luego de la ceremonia de Mirabel. Pero, pasó eso... —Agregó haciendo referencia al incidente del no poder de su sobrina.  

Egoístamente, ese día se sintió aliviado de que la abuela se olvidara de ese problema por pensar en otro. 

—Abuela... 

—¡Ella ha cambiado! Ella me ha pedido perdón por eso. Realmente nadie, ni tu madre, ni Julieta supieron quién fue. La última vez que.... lo vi fue en la ceremonia de Mirabel, y ese mismo día yo me... me fui. 

Efectivamente la abuela había cambiado. Tan pronto como volvió a tener a su hijo en sus brazos le pidió perdón por absolutamente todo. Incluso por esa situación de la que no volvieron a hablar por elección de Bruno que creyó haberlo superado. Después de todo, han pasado diez años. 

Camilo conocía a absolutamente todos en este pueblo, pero, ¿a ese hombre? Jamás lo escuchó nombrar. 

—No recuerdo... Haberlo visto o escuchado de él. 

Bruno se vio aún más triste, y el chico creyó lo peor. 

—Él se...

—Ah... ¡No!—Negó con sus manos. —No, no. Él está... 

En realidad, Bruno no tiene idea de cómo o dónde está. 

Ver a su familia a través de las paredes fue suficiente para asegurarse que estaban bien, pero con él... Era diferente y más complicado. Estaba demasiado lejos de su vista, y en las ocasiones que le ganaron las ganas de ir a verlo, no hizo más que ponerlos en peligro a ambos. Él, casi siendo descubierto. Y al otro, casi dejándolo como un secuaz que lo estaba ocultando ante la gente del pueblo que ya había dogmatizado que toda la desdicha era traída por nadie más que Bruno. 

El miedo se apoderó de todo su ser. Sí lo seguía viendo, querría regresar, y sí regresaba, sólo causaría caos. 

Así que decidió no verlo más, y vivir a base de visiones de él hasta una última que le destrozó el corazón. 

Le entregó un fragmento a Camilo, y éste por fin pudo darle un rostro al hombre.

—No sé en dónde está. Pero, la visión dice que él... Bueno. Él... —Comenzó a balbucear otra vez. Era obvio que le dolía. —Él está bien. Él tuvo una... familia.

La última palabra pareció imposible de salir de sus labios. 

—Él también se fue…—Concluyó Camilo. Por eso no le sonaba en absoluto. 

—Del pueblo, probablemente, sí... 

—¿No volviste a...—Camilo devolvió el fragmento, para preguntar sí alguna vez volvió a tener una visión suya. 

Éste negó. 

—Sólo quería saber sí estaría bien, y... Mira, ¡lo está! Obtuvo su familia. 

Él mismo dijo que las visiones podían cambiar. Y, aunque deseó con todas sus ganas que esta lo hiciera y se mostrará a sí mismo a su lado, el destino no pareció quererlo. 

Así como tampoco quiso que Bruno supiese lo mucho que éste hombre lo busco, cuanto espero por él, y cuanto llegó a amarlo a pesar de haberse ido sin decir nada. 

—Tenía muchas ganas de decirle muchas cosas cuando volví, pero... se fue. 

Ahora sabe lo que debió haber sentido. 

Los dos se quedaron callados un buen rato. El chico sabía que sin dudas, el tío Bruno es un hombre triste, ¿y cómo no? Ahora conoce una de sus razones de serlo. 

—Podrías hacerlo...—A Camilo se le viene una idea que desde algún punto de vista ajeno, puede no tener sentido. Pero él sólo quiere ayudar.

Su don e increíble memoria le permiten transformarse en absolutamente cualquier persona que quiera sin importar sí la conoció o no. Y un simple fragmento que su tío ha guardado no fue un impedimento para imitar al hombre que significó tanto para él. 

Bruno se echó para atrás cuando lo vio hacerlo, es justo como lo recuerda. La impresión queda impregnada en su rostro. 

Él chico, por su parte, no dijo nada porque no sabía cómo debería actuar. Un par de segundos después sin obtener una palabra, o un regaño siquiera, cree que quizás esto fue demasiado. Su tío en este punto se encorvó, y lo miraba como sí estuviese asustado. 

—Lo...

—Lo siento—interrumpió Bruno antes de que Camilo, desde el cuerpo ajeno, pudiera hablar. —... Por haberme ido. 

Sabe que no es él. Es consciente de que el hombre del que se enamoró y abandonó por su propio miedo creyendo que haría el bien no está en esta habitación y jamás va poder pedirle perdón porque siquiera sabe dónde está. Luego de que su última visión mostrará un destino más alegre para él, creyó que no necesitaría saberlo más. Había comenzado una vida dónde él no pertenecía. 

Bruno dio un paso adelante y agachó la mirada. 

—Me diste uno de mis primeros libros, ¿recuerdas? Sobre un hombre que se escondía en las paredes, y vigilaba a... — La historia que iba a contar era un poco más perturbadora. Así que no se molestó en mencionarla. Pero, obtuvo la idea de esconderse ahí por ese mismo libro. Se interrumpió a sí mismo con una risa forzada de lo tonto que sonaría. Probablemente se hubieran reído juntos. —Tú me diste ese libro, bueno... Nunca... Nunca me fui realmente. No te... dejé, cómo debiste haber pensado. Yo... De verdad quería regresar con mi familia, y contigo, y…

Sábanas frías fue el único recuerdo que le dejó. A lo mejor, sí alguien llegó a preguntarle de Bruno, esa memoria de la última noche que estuvieron juntos le llegaría a la cabeza; sábanas frías sin él a su lado, «¿en dónde está mi amor?» Debió haberse preguntado. 

«¿Dónde está mi amor? » Se preguntó Bruno en ese mismo momento. 

—Sí te has ido, por favor, vuelve a casa... —No pudo más, y finalmente se rompió y lloró. Quizás más de lo que llegó a hacerlo por él en mucho tiempo. —...Sólo vuelve a casa. 

En este punto, Camilo también tiene el corazón roto al verlo, aunque no lo acompaña en el llanto. No puede mostrarse débil y simplemente se acerca a Bruno para abrazarlo con el cuerpo de quien no es. 

Bruno miró a través de los espejos en la habitación y viéndose a sí mismo, sabe que no existirá otra manera de darle un cierre a esto además de esta. Él se había ido, y quizás, quiere pensar qué, sólo quizás, antes de irse, pudo haberlo perdonado. 

Quiere creer eso. 

Es reconfortante durante los primeros minutos que mantuvo los ojos cerrados que ni siquiera se percató de cuando Camilo terminó con la transformación y volvió a ser él. Abrazándolo más fuerte todavía. 

—¿Qué harías si no tuvieras miedo? —pregunta Bruno repentinamente. A él, a su sobrino. 

Camilo no sabe qué responder ante esa pregunta. Él ha sentido... Miedo. Desde que las cosas cambiaron, y dejaron atrás el pretender, una parte de sí dejó de tener sentido. Por mucho tiempo, vivió bajo la excusa de "No pensaré en esto, porque no debo y no es perfecto". Pero, ahora que habían dejado eso atrás, no hubo ni una sola cosa más en su mente. 

Ocultarlo se había vuelto una cosa de diario. Y creyó que podría vivir así, por el miedo de que dirían de él.

Aunque definitivamente hoy Bruno le dejó una lección. El maldito miedo te puede traer desgracias como la suya. Ahora siente que tiene que hablar sobre lo que le pasa. 

—No me... No me siento bien... —Camilo finalmente cedé a abrirse—Conmigo mismo. No sé... No sé quien soy.   

—¿Cómo te sientes? —Devuelve. Regalandole una sonrisa con unos ojos cristalizados. 

Tres simples palabras pueden tener más efecto en él que los «¿Qué tienes» de su familia completa. 

—Ojalá pudiera saberlo—Responde. Está realmente confundido sobre su persona, y quien es realmente. 

—Podemos hablarlo.... Me puedo quedar aquí un rato...

Tal parece ser que el tío Bruno no quiere darle más vuelta a lo sucedido con él. Quiere preguntarle sí estará bien... Pero esa pregunta parece no ser la correcta. No puede hacer más que confiar en él. 

—¿El tiempo que quiera? 

—El tiempo que necesites.