Work Text:
Andrew y Aesop habían logrado llevar su relación al punto donde ahora ambos vivían bajo un mismo techo, incluso si a veces ambos tenían sus dudas al inicio ambos parecían poder convivir en un mismo ambiente libre de peleas, sólo había un problema y era la rareza con la que Aesop aceptaba ser abrazado por parte de Andrew, incluso a veces los besos le eran negados, Andrew entendía perfectamente por qué y es que desde que Aesop había subido de peso la poca seguridad que podía tener antes se desvaneció entre los malos comentarios que la gente hacía sobre él.
No era que a Aesop de verdad hiciera caso a lo que los demás decían, pero en cuanto su apariencia se trataba parecía ser particularmente sensible ya que antes siempre intentaba lucir lo más pulcro posible, pero incluso si todo estaba en perfecto orden en su ropa y cabello, no podía ignorar su aspecto físico y a menudo eso era de los principales motivos por los cuales no salían a menudo.
Ese día, tristemente no fue una excepción, ambos estaban caminando por un supermercado que a los dos les gustaba frecuentar, usualmente por lo tranquilo que solía ser y por que ahí había una cafetería que a los dos encantaba, como siempre los dos tomaron su mesa favorita, pidieron lo que más les gustaba.
Por des fortuna y como suele suceder en muchos casos la gente ajena se mete en los asuntos de los demás sin importar si llega a herirles y es que, en medio de su charla y coqueteos, Aesop pidió otro pedazo de pastel, cosa que en realidad era muy raro que hiciera. Al inicio Aesop escuchó las risas de la otra mesa, pero, por imaginar que era algo entre ellos dejó su paranoia y se convenció a si mismo de que no hablaban de él, no fue hasta que dio otro bocado que escuchó claramente las palabras “si yo saliera con él estaría avergonzado de su osadía por creer que necesita comer más”.
La sonrisa de Aesop se desvaneció y dejó la cuchara de lado, Andrew notó eso de inmediato y ya estaba listo para ir a reclamar (o al menos hacer el intento de), sin embargo, Aesop murmuró un “ya me quiero ir”. Andrew intentó convencerlo de quedarse y terminar su pastel, pero este solamente volvió a decir lo mismo mientras se levantaba de su asiento y caminaba hacía la salida de la cafetería, Andrew no pudo seguirle el paso pues tenía que quedarse a pagar, no gritó a ese grupo extraño de gente simplemente respiró profundo y se centró en lo que en verdad le importaba, ir rápidamente con Aesop.
Una vez pagó el albino corrió afuera de la cafetería buscando con su poca vista al de cabellos grises, con éxito recordó dónde se habían estacionado y corrió hacía aquel lugar mientras esperaba que el otro estuviera ahí, por fortuna lo encontró a medio camino.
—¡Aesop! —Andrew exclamó mientras bajaba la velocidad de su paso una vez estuvo a su lado, para su mala suerte el otro no respondió claramente.
—Quiero ir a casa —Murmuró Aesop una y otra vez sin terminar.
Andrew ya no dijo nada, tomó su mano únicamente para darle seguridad a su pareja de seguir adelante entre las personas y ambos llegaron eventualmente a aquel pequeño auto que Aesop le compró al otro, no había gran historia detrás del auto, Andrew necesitaba una manera de llegar del trabajo a casa de forma segura durante la noche y Aesop sabía que el otro no le aceptaría nada nuevo así que ambos habían ido a buscar autos usados que no fueran una estafa, por fortuna, Naib estaba vendiendo el suyo y era perfecto para lo que buscaban (si ignoraban fuertemente la mancha de grasa de comida que el asiento del conductor tenía).
Durante el camino a casa ninguno dijo palabra, el de pelo blanco sabía que su amado estaba mal y que lo único que quería era ir a bañarse por que “así se quitaba la sensación de ser un gordo sudoroso”. Andrew no mentiría le dolía tanto que su pareja se sintiera de aquel modo por algo que no puede controlar ¡maldita sea! Él mejor que nadie sabía todos los intentos de su pareja para volver a su peso ideal, el vio todos los esfuerzos y sacrificios que el otro hizo, siendo todo en vano pues al final por más que lo intentó no lograba bajar nada, Andrew estaba furioso, furioso con lo fácil que la gente podía juzgar sin conocer y también estaba enojado por que al final quien resultaba herido era Aesop.
Llegaron a su casa y el regordete no espero ni un segundo y se bajó del carro yendo directamente a bañarse.
Andrew no sabe exactamente cuando tiempo estuvo el otro dentro de la ducha, pero estaba seguro de que tardó más tiempo de lo habitual, una vez salió, intentó acercarse a él, pero el de ojos grises se alejó apenas le vio caminando hacía él.
—Aesop —murmuró Andrew con cierto tono de preocupación mientras seguía su camino.
—N-No t-te va a d-dar asco —murmuró su pareja mientras se abrazaba a sí mismo.
—¿Cómo mi propio novio me puede dar asco? —.
—Es horrible, apesto a grasa y seguramente sudo mucho —.
—Cariño, acabas de bañarte, además, siempre hueles bien — y finalmente estuvo lo suficientemente cerca como para poder tomar sus mejillas y levantar el rostro de su amado para poder verle a los ojos, era evidente que estuvo llorando en la ducha —Oh Aesop… —.
—Lo siento arruiné nuestra cita —.
—No arruinaste nada, ellos no tenían que hablar… además la gente siempre te ha dado miedo y eso esta bien a mi tampoco me gusta mucho la gente —.
Ambos se quedaron en silencio el otro aún se veía tan desanimado que era doloroso verle, no fue hasta que se inclinó a besar su nariz que el albino decidió seguir hablando.
—Te ves adorable en tu pijama, el azul te queda lindo —.
—No lo creo, debo verme como una mora azul gigante…—.
Ciertamente cuando Aesop no se dejaba ayudar era molesto para Andrew, para suerte, Andrew, tenía de su lado el ser un cursi altamente peligroso.
—Oh ¿una mora azul dices? —murmuró Andrew con una sonrisa pequeña en su rostro mientras se inclinaba al rostro de su pareja cada vez más —Entonces debería comprobar que eres tan dulce como una —y aunque pareciera que iba a besarle, en realidad el albino mordió una de las regordetas mejillas de su pareja, con cuidado claro, para no lastimarle —No, claramente eres más dulce que una.
Un silencio incomodo inundó la habitación ¿tal vez estuvo mal que haya hecho eso? Aesop miró los ojos rojos del otro estando extrañado, después, soltó una risita mientras tocaba con su mano el lugar donde el otro le había mordido.
—Pero ¿qué haces Andy? —.
Andrew sonrió avergonzado, pero al menos ahora su pareja parecía mucho más relajada, su risa era tan linda a sus oídos, suspiró mientras veía el rostro de su pareja ponerse rojo entre la risa y la pena.
—Eres muy lindo, lamento haber actuado así en la cafetería… —.
—No fue tu culpa no puedes controlar siempre tus sentimientos, mucho menos con cosas que te afectan —.
—Pero ellos no mentían ¿Cómo puedo estar tan a gusto luciendo así? —Aesop se abrazó a si mismo como si pudiera ocultarse detrás de sus brazos. Andrew se separó unos momentos para verle de pies a cabeza antes de sonreír tomando sin pena alguna uno de los rollos de la panza de Aesop —¡A-Andrew! —exclamó mientras un color rojo de sus mejillas empezaba a hacerse presente.
—Lo que no me parece es que siendo tan adorable no quieras que te vea ni toque —.
—N-No me toques así es raro… —.
–Pero se siente suave —.
—Pero necesitas cambiarte —.
—No quiero —.
—Ugh… ¿si te dejo dormir sobre mi panza me dejas ir? —.
—Hmmm es un trato —.
Y con eso Andrew soltó a Aesop y fue a cambiarse mientras el otro se dirigió a la cama para recostarse, no habría problemas con las cobijas debido a la rara posición que tendrían al dormir después de todo las noches de esa época solían ser calurosas.
El de pelo blanco entró a la habitación y apagó la luz al entrar dejando únicamente una lámpara que Aesop solía usar cuando se quedaba despierto leyendo, sin pensarlo dos veces se acomodó sobre su pareja hundiendo su rostro en su mullido ser.
—Eres tan lindo… —musitó Andrew casi sin creer que de verdad el otro fuera tan suave y el nunca se había dado cuenta de ello.
—¿Puedes no hacer esto más vergonzoso de lo que ya es? —.
—¿De que hablas? ¿ya no puedo decir las cualidades que me gustan de ti? —Andrew se levantó para verlo a los ojos, había algo de confidencia en su mirada.
—Es que siento que exageras… no soy tan lindo… no ahora al menos… —.
—Antes lo eras y ahora también no me interesa si estas desnutrido o eres gordo cariño siempre serás la persona que más amo en este mundo, yo mejor que nadie te conoce, y he visto todos tus esfuerzos, me gustabas antes y me gustas ahora, de verdad me gustas, si me gusta tanto decir que eres suave o agarrar tus rollitos es por que es algo que te incomoda y yo… yo no quiero que te sientas incomodo con ellos, después de todo son parte de ti —.
Andrew se acomodó al lado de su pareja para abrazarlo y besar su rostro de forma delicada diciendo cada vez una cosa linda sobre él.
—Amo tus ojos, amo tu voz, amo cada ayuda que me has dado de forma incondicional… y si el resto del mundo no es capaz de entenderlo… que se joda, yo soy feliz con mi lindo bombón, te he conocido durante diferentes etapas de tu vida y en cada una me has encantado como no imaginas —.
—… Eres… eres muy lindo —dijo Aesop escondiendo su rostro en el pecho de su pareja derramando algunas lágrimas que Andrew sabía bien no eran de tristeza o ya estaría pidiendo perdón como no tienen idea —te amo Andrew… a veces siento que te mereces a alguien mejor que yo —.
—Entonces tendremos un problema, por que no hay nadie mejor que tu bombón –.
—Hmmm ¿vas a llamarme así a partir de ahora? —.
—No lo se ¿te gusta? Puedo buscar otros apodos para ti —.
—No, ese es perfecto gracias… —.
Andrew sonrió tomando el rostro del otro para darle un beso en los labios, beso que Aesop correspondió enseguida con mucha felicidad.
—No sé por qué eres tan dulce conmigo —el de pelo plateado murmuró.
—Por que no has hecho nada malo, y si alguna vez alguna acción inocente tuya me molesta, termina conmigo por que entonces no seré merecedor de ti —.
—Nunca terminaría contigo por eso tontuelo —.
Otro beso fue dado, pero esta vez fue Aesop quién besó la nariz de Andrew mientras sentía lo que le molestaba irse con mucha facilidad, así era que la persona correcta hablase contigo, suponía.
—¿Podemos dormir así? De verdad quiero abrazarte hoy… —pidió el de pelo gris pese a que ya habían hecho un trato antes.
—¿Pero mañana si me dejas usarte como almohada? —.
—Si mañana te dejaré usarme como almohada corazón —.
Andrew sonrió esta vez acomodándose más cómodamente para poder abrazarse al otro dando algunos besitos a su pareja quien miraba con aquella pena que tenía al inicio de su relación, simplemente pensaba en cuan perfecto era su pareja y cuanto le amaba de verdad, sería una noche tranquila y con suerte, Aesop no volvería a sentirse mal o al menos el no le dejaría sentirse mal.
