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Yuuji se había mudado hace aproximadamente seis meses a un departamento en el centro de la ciudad, para su fortuna, la renta del lugar no era tan cara, probablemente se debía a que el espacio era pequeño, aún así habiendo conseguido ese lugar en el centro, ya era un logro. Además el lugar estaba hecho para dos personas y Yuuji estaba solo.
El edificio era algo escandaloso por sus vecinos, excepto su vecino de al lado. Toji Fushiguro era un hombre que a simple vista podría intimidante, sobre todo por esa mirada esmeralda que no transmitía nada y la cicatriz en su labio. Aún así, Yuuji no podía negar que el hombre era guapo, demasiado si le preguntaban.
Un día su vecino había llegado a su departamento en estado de ebriedad, se había equivocado y había estado media hora tratando de abrir la puerta de Yuuji creyendo que era la suya. Hasta que el menor llegó después de haber salido a comprar algo para cenar y se encontró con el hombre frente a su departamento forcejeando la entrada.
Yuuji creyó que el hombre trataba de entrar para robar algo, hasta que Toji le explicó que esa era su casa.
—Su casa es la de al lado, ¿lo ve? —Yuuji señaló el número del departamento —. La puerta dice veinticinco, y sus llaves tienen el número colgado como adorno.
Incrédulo, Toji vio el llavero con el numero veinticinco grabado y luego a la puerta de al lado.
—Ah... —fue lo único que dijo para después dirigirse a la puerta siguiente y abrirla.
Yuuji soltó una risa de lo raro que había sido luego de que el hombre entró a su departamento. Busco sus llaves en su pantalón y abrió la puerta para entrar también. Una vez dentro, Yuuji se quitó los zapatos y dejó lo que había comprado en la mesa, después fue a cambiarse de ropa por otra más cómodo para comer su cena mientras escogía una película.
Aquel día fue la primera vez que habló con Toji Fushiguro.
(...)
Una semana después, Yuuji volvió a encontrarse con su vecino en un momento algo gracioso para él. Su vecino se encontraba con un niño idéntico a él, al instante supo que debía ser su hijo.
—Rápido, Megumi. No tengo tiempo para tus berrinches, voy a dejarte aquí si sigues así. —Toji comenzaba a perder la paciencia con su hijo de siete años.
Pero el niño no parecía querer hacerle caso, se mantenía con los brazos cruzados y con una mueca, la mochila de rana que llevaba consigo lo hacía ver algo gracioso.
El padre suspiró con pesadez y cargó el niño, haciendo que este comenzara a lanzar patadas y resistirse. Por supuesto, eso no era nada para el mayor, lo cargo sobre su hombro como un costal de papás a pesar de que su hijo seguía pataleando.
En ese momento, Yuuji salía de su departamento y vio la escena frente a él. Toji lo miró sin expresión mientras trataba que Megumi se calmara.
—Ya calmate, Megumi.
—Tengo hambre, en tu casa solo hay un limón seco en el refrigerador. —se quejó el niño.
—Puedes comer cuando tu mamá te recoja.
Toji caminó con Megumi en su hombro, ignorando a su vecino.
Yuuju vio como el niño seguía pidiendo su almuerzo y el de cabellera rosa, como alma bondadosa que era, sacó un paquete de galletas de chocolate de su mochila. Pensaba comérselas en la universidad mientras estuviera estudiando en la biblioteca, pero decidió que era mejor dárselas al hijo de su vecino aunque no lo conociera.
—¡Oye! —llamó Yuuji a su vecino.
El hombre mayor se detuvo y volteó a ver a Yuuji quien caminaba hacia él. Yuuji le extendió el paquete de galletas al niño que había parado de quejarse cuando llamaron a su padre.
-Parece que tienes mucha hambre, puedes comer esto mientras tanto.
Toji lo vio con notable duda, pero la sonrisa que el más joven le daba a su hijo lo hicieron calmarse.
Los ojos esmeralda del niño brillaron, tomó el paquete de galletas y le sonrió a Yuuji.
—¡Gracias!
—De nada. —Yuuji le regreso la sonrisa.
Toji solo lo veía.
(...)
Hace tres días Toji había dejado a Megumi con su madre, es decir, su ex esposa. Toji tenía que cuidar de Megumi dos días de la semana, miércoles y jueves. Al niño no le gustaba mucho estar con él, la mayoría del tiempo ni siquiera le hablaba, él sólo hacía su tarea y después dormía.
Megumi era la mezcla perfecta entre su ex esposa y él, pero parecía que Megumi tenía sus ademanes.
Eso, al niño no le agradaba, y no entendía porqué o tal vez sí. Probablemente lo odiaba por dejar a su madre, pero Megumi no entendía que desde hace tiempo, el amor entre su madre y él ya había acabado.
Toji era un alma libre en ese momento, había regresado a lo mismo que hacía antes de conocer a la madre de Megumi. Se acostaba con mujeres y hombres por dinero, era la única forma de conseguir mucho dinero de forma rápida. Aunque lo odiaba, la manera de tolerarlo era estando ebrio, así ni siquiera lo recordaría al día siguiente.
El hombre tenía una cita con una mujer que había conocido mientras apostaba en las carreras de caballo, Toji la había seducido y le había sacado dinero en más de una ocasión.
Toji tomó el ascensor, cuando entró, su joven vecino llegó corriendo para alcanzar a entrar. Parecía que saldría a una reunión o tal vez una cita por la ropa que traía puesta, sin embargo, no le dio demasiada importancia.
—Oh, buenas noches. ¿Qué tal esta su hijo? —Preguntó Yuuji después de saludar.
Toji frunció el entrecejo extrañado, ya ni siquiera recordaba lo que había pasado hace tres días.
—Bien, esta con su madre ahora. —respondió el mayor.
—Ya veo. Es un niño agradable, espero verlo nuevamente. —admitió el de cabello rosa.
—Seguro.
—¿Qué edad tiene? —siguió preguntando el menor.
—¿Siete?
—¿Eso es una pregunta?
—No estoy seguro, tiene seis o siete.
¿Qué diablos?, ¿Porque le estoy diciendo la edad de mi hijo?
—De cualquier manera, ojalá pueda verlo la próxima vez. Nos vemos, eh...
—Toji. —dio su nombre.
—¿Toji...?
—Solo Toji. —odiaba dar su nombre completo, más bien odiaba el apellido de la familia que lo despreció.
—Bueno, es un gusto, Toji. Soy Yuuji.
Esa misma noche, Toji regresó por la madrugada a su departamento, caminaba como un zombie, incluso su mirada parecía más perdida que nunca.
El pasillos estaba oscuro, por lo que caminar se le dificultaba más, sobretodo, porque aún no se le pasaba el efecto del alcohol.
(...)
28 de diciembre.
Debido a que Megumi llegaría por la mañana, Toji tuvo que comprar cosas para que el niño comiera, su ex esposa le había dicho que lo hiciera.
En realidad no sabía que comprar para darle a Megumi una comida "saludable" como había dicho la mujer, lo único que llegaba la mente del hombre era una ensalada de pollo o frutas. Pero no podía darle a su hijo sólo eso, el niño era muy delgado, siempre que lo cargaba lo sentía tan ligero como una pluma, eso no le gustaba.
—Que casualidad. —una voz lo llamó, era Yuuji.
El joven llevaba una canasta con pocos productos en sus brazos.
—Eh... ¿Yuuji? —recordó.
—El mismo —el de cabello rosa sonrio y lo miró curioso —. Parece algo confundido, ¿necesita ayuda?
Toji bajó su vista al papel donde estaban escritos los productos que su ex esposa había puesto para que los comprara. No tenía idea de qué eran algunas cosas que estaban anotadas y probablemente alguien como él que solo compraba comida instantánea, no encontraría fácilmente.
Toji pasó su mano por su cabello negro mientras leía y leía la lista, tratando de animarse a pedirle ayuda a su joven vecino.
—¿No puede encontrar algún producto? Si gusta puedo ayudarlo, casi termino mis compras. —se ofreció el más joven, viendo como Toji parecía estar en una pelea interna.
—¿No te hago perder tu tiempo?
—De ninguna manera, tengo suficiente tiempo libre. No se preocupe, para mi sería un gusto ayudarle. —Toji no noto el coqueteo detrás de aquellas palabras, así que asintió, aceptando la ayuda el joven.
Yuuji lo ayudó a encontrar esos productos con nombres extraños y en el proceso también agrego algunas galletas y dulces para el niño. Sabía que a Megumi le gustaba el chocolate, pero su madre lo limitaba a comerlo.
—Tu hijo parece ser un niño bastante tranquilo y educado. -comentó el más joven, mientras hacían la fila para pagar.
—Su nombre es Megumi y lo es, pero también es un diablillo. —aseguró el hombre mayor.
—¿De verdad? —Yuuji rió y Toji asintió con una sonrisa burlona —. Megumi es un nombre bastante bonito.
Si solo supiera que el niño odiaba su nombre.
Luego de pagar los productos, salieron juntos del lugar cargando bolsas con ambas manos. Toji pensó que había comprado más de lo que planeo al principio.
Caminaron por la calle a la par, si departamento estaba solo a un par de cuadras de ahí, no tomarían mucho tiempo para llegar.
Perp Yuuji no quería que de momento terminara, de alguna forma quería estar más tiempo con el mayor, desde el principio sintió una fuerte atracción hacia él. Todos los días, cuando salía de su departamento para ir a trabajar, esperaba encontrarse con su vecino de un lado.
—¿Tienes algo que hacer justo ahora? Pensaba preparar algo para la cena, me preguntaba si quieres venir a cenar conmigo. —la voz de Yuuji sonaba nerviosa, pues esperaba ser rechazado.
–Claro, ¿por qué no? —Toji aceptó la invitación, sorprendiendo a Yuuji —. Espero que seas buen cocinero.
—Soy el mejor haciéndolo. —dijo el menor, con intenciones ocultas.
(...)
El 31 de diciembre era un día más para Toji, pese a ser su cumpleaños, hacia años que no lo festejaba ni le daba importancia.
Pero por alguna razón, ese años se sentía incluso más solo que nunca.
Megumi todos los años pasaba navidad y año nuevo con su madre y abuelos, Toji sabía que era lo mejor para el niño que estar encerrado con su padre viendo las transmisiones de año nuevo en la televisión y cenando comida instantánea o cualquier comida callejera.
Recordando que no había comido nada aún, miró la hora y se dio cuenta que apenas eran las siete de la noche, si se apuraba aún podría entrar la tienda de conveniencia abierta para comprar su cena.
Tomó su cartera y llaves, luego se puso un abrigo, y salió del departamento. Estando fuera del edificio donde vivia, se dio cuenta que la calle estaba casi vacía, si no fuera por una pareja que caminaba tranquilamente por ahí.
No había podido encontrarse con Yuuji en esos días, aunque lo relaciono con el trabajo de medio tiempo que el más joven había tomado por vacaciones, además ni siquiera recordó pedirle su número telefónico.
Inesperadamente, aquel día que el menor lo invitó a unirse con él a la cena, una cosa había llevado a otra y terminaron besándose desesperadamente en el sofá de Yuuji. No habían ido más allá porque recibió una llamada de su ex esposa para confirmarle que dejaría a Megumi el dos de enero con él.
Eso había arruinado su momento con Yuuji.
Debía admitir que el chico era su tipo, a pesar de que había estado con muchos hombres y mujeres, Yuuji se sentía diferente. No era solo una atracción física como lo que experimentaba con otras personas. Yuuji era amable, atento, despistado y fácilmente agradable. Toji sentía como si fuera su complemento perfecto.
Cuando terminó de comprara todo para su cena, ya estaban casi por cerrar. Salió de la tienda, metiendo una se sus manos en el abrigo mientras que con la otra cargaba la bolsa con sus compras.
Luego al llegar al edificio, el frío lo obligó a subir rápido para entrar a su cálido hogar. Mientras que buscaba las llaves en las bolsas de su ropa, se preguntó si Yuuji estaría en su piso o estaria fuera por año nuevo.
Quería invitarlo a unirse con él también.
¿Por qué estoy pensándolo tanto para ir?
Era extraño para Toji sentirse así, siendo que él era alguien bastante atrevido cuando alguien le interesa, pero no podía entender porque se ponía así por Yuuji.
Toji dio solo unos cuantos pasos y se paró frente a la puerta de Yuuji.
—¿Volviste a equivocarte de departamento? —la voz de Yuuji lo hizo exaltarse
—Estoy sobrio para hacerlo.
Yuuji aún mantenía su sonrisa. Llevaba un suéter negro y en una de sus manos cargaba una bolsa con latas de cerveza. Apenado, Yuuji acarició su cuello.
—Pronto será año nuevo, ¿tienes a alguien esperando en casa?
Toji le dio una sonrisa ambigua, se recargo en la puerta y miró Yuuji.
—Nadie, Megumi esta con su madre, ¿qué hay de ti?
—Tampoco, estoy solo. —Yuuji sonrió nostálgico.
—Bueno, tal vez necesite a alguien que me haga compañía.
La mirada de Toji estaba cargada de intensidad, Yuuji supo claramente a dónde iba todo eso.
—¿Qué propones? —preguntó.
El mayor se encogió de hombros.
—Compré yakisoba y tengo un vino barato casa, ¿quieres venir? —propuso el mayor.
—Sí, me gustaría. —Yuuji aceptó.
Aún sonriendo, Toji se movió y camino hacia si propia puerta, rápidamente volvió a buscarla llave para después abrir la puerta y le dio la entrada libre a Yuuji a su departamento.
Yuuji se quitó el calzado quedando únicamente con sus calcetines blancos antes de entrar por completo al departamento, dejó sus tenis en un estante que estaba junto a la puerta, ahí había algunos pares de zapatos de Toji e incluso estaba un par que le pertenecían a Megumi.
Escucho la puerta siendo cerrada por el dueño del departamento, Toji paso a su lado y Yuuji lo siguió.
El de cabello rosa se sorprendió un poco al ver el lugar tan bien ordenado. La sala de estar se veía casi perfectamente ordenada, si no fuera por algunas revistas esparcidas en la mesa de centro. Los sillones de terciopelo negro estaban pulcros y las almohadas tan bien acomodadas y acojinadas que ni siquiera quería sentarse ahí cuando Toji le dijo que se sentara mientras iba por el vino.
—Sinceramente, pensé que su departamento estaría todo desordenado. —comentó el menor con un tono de broma cuando su vecino regresó.
—Me hieres. —Toji cuervo sus labios, dejando la botella de vino tinto y un par de copas.
A Yuuji realmente le gusta la sonrisa del mayor, sobre todo siendo adornada por la cicatriz que la atravesaba.
—Lo siento. —el de cabello rosa rió.
—No importa. Traeré la comida.
Yuuji se acomodó en el sofá frente a la televisión mientras esperaba a Toji, al cabo de unos minutos, el mayor regreso con la comida y la dejó sobre la mesa de centro.
Toji se sentó a su lado, sirvió el vino en las copas y le pasó una a Yuuji.
Conversaron sobre Megumi, su trabajo y todo lo que había pasado durante ese año mientras comían. Una vez que terminaron de comer, siguieron tomando algunas copas más de vino, pero ninguno de los dos sintió algún efecto de borrachera, probablemente porque el vino era barato.
—¿Sabes? Cuando nos besamos el otro día pensé que iríamos más lejos. —dijo Yuuji con sinceridad.
Toji no tenía idea si el vino comenzaba a afectar a Yuuji o si siempre había sido así de sincero. Pero quiso seguirle el juego.
—Probablemente si no hubiera recibido esa llamada, pude haberte tomado sobre tu sofá. —susurros Toji, llevándose la copa a los labios, curveandolos.
Yuuji se estremeció con solo imaginar lo que pudo haber pasado aquel día, su parte baja comenzabab a cosquillear, fantaseando en cómo sería si Toji lo hubiese follado sobre su sofá.
Toji al instante noto las mejillas encendidas en rojo de Yuuji, sonrío pícaro.
Con su mano libre tomó la barbilla del más joven, éste lo miró con los ojos brillantes. Toji no pudo resistirse más, se acercó y rozó sus labios con los de Yuuji, para después tomarlos en un beso que se tornó intenso.
Toji se separó por un momento para quitarle a Yuuji la copa y dejarla sobre la mesa junto a la suya, luego regresó para capturar nuevamente sus labios.
Entre besos y mordidas, Yuuji se aferraba a Toji tomándolo de los brazos. El hombre mayor cansado de esa posición, recostó un poco a Yuuji para ponerse sobre él.
Yuuji estaba hecho un desastre sobre el sofá y las almohadas, sus labios estaban hinchados y tenía los ojos llorosos, casi suplicándole a Toji que no dejara de besarlo.
El mayor llevo su vista a la camisa medio desabotonada de Yuuji por los movimientos. Al notar la mirada de Toji sobre ella, Yuuji comenzó a quitar los botones restantes, dejando al descubierto su pecho y sus rosados pezones que requerían de la atención de Toji.
Toji en un bajo y caliente gruñido, se apoderó del rosado pezon de Yuuji, éste lanzó un grito de éxtasis y arqueó la espalda cuando Toji pellizcó el otro, tirando de él suavemente al principio y después con más fuerza, torturando su joven carne. Su boca atendió al maltratado pezón mientras sus dedos pellizcaban al otro, alternando hasta llevarlo a límites insospechados.
Yuuji se sintió un poco intimidado al ver el poderoso cuerpo del hombre mayor. Tuvo miedo y cerró los ojos, pero un dulce beso lo hizo abrirlos de nuevo y una mano cogió su erección sobre su ropa acariciándola de arriba hacia abajo con fuerza. Otro gemido fuerte se le escapó y Toji tomó su mano y la posó sobre su propio miembro, pleno de excitación. Yuuji lo apretó despacio, sintiendo su poderío.
El hombre mayor gimió al sentir la torpe mano de Yuuji tratar de abrir su pantalón, una vez que pudo hacerlo, la erección de Toji saltó y Yuuji la tomó para acariciarla, y el gemido se hizo prolongado cuando el muchacho, instintivamente, comenzó a tocarlo con ambas manos, recorriéndolo, sintiéndolo.
Toji abandonó la boca de Yuuji y fue directo a lamer su pecho nuevamente, bajando, sin dejar de succionar la suave piel, hasta llegar al ombligo. Yuuji batalla para quitarse los pantalones, Toji simplemente los jalo fuera incluso con la ropa interior del joven.
Le separó los muslos y se arrodilló en medio de ellos, y continuó bajando con la lengua, saboreando el vello púbico y siguiendo su ruta hacia la cara interior de uno de los muslos del menor.
Con un llanto bajo, Yuuji empujó sus caderas hacia arriba convulsivamente cuando el mayor lo lamió, como si deseara obtener más de la intensivamente erótica sensación.
Toji gruñó y sostuvo las caderas del joven firmemente con una mano. Los entrecortados gemidos que Yuuji hacía mientras que Toji succionaba el eje del joven profundo en su boca, eran música para sus oídos. Y el salado líquido pre-seminal que flotaba por su
garganta era como néctar.
Podía sentir la tensión de los músculos de Yuuji, bajo la mano, mientras luchaba por no empujar, luchaba por mantenerse quieto, de someterse mientras Toji lo lamía.
Humedeciéndose los labios, siguió succionando hasta que Yuuji le apartó por los hombros. Ahora los ojos verdes lo contemplaron sin pudores, Yuuji tenía las mejillas encendidas.
Sacó la lengua y lamió con suavidad la cabeza de la polla de Yuuji, capturando la gota de líquido pre-seminal que había estado esperando saborear. El sabor de Yuuji, caliente, salado, amargo y delicioso, explotó en su lengua, y el menor gimió con placer involuntariamente.
Yuuji llevó sus brazos alrededor del cuello de Toji mientras se estiraba para besarlo, y el familiar sabor mezclándose con su propia necesidad lo relajó. Él lo quería más de lo que hubiera imaginado. Al poco tiempo, tenía dos dedos dentro de él, moviéndolo y estirándolo. Yuuji suspiraba de deseo, los movimientos de Toji se volvían cada vez más exigentes y necesitados.
Toji movió la cabeza a un lado y gruñó, entonces retiró los dedos. Tomó las caderas de Yuuji con una mano y, levantándola con la otra, se inclinó sobre él de nuevo. Le besaba hambrientamente cuando comenzó a empujarse en su interior.
Yuuji gimió de dolor dentro de la boca de Toji -no pudo evitar tensarse,
sobre todo, considerando el tamaño de éste- pero esto era lo que realmente quería, podía aguantarlo.
Y Toji, él se sentía en el mismo paraíso.
¿Entonces así se sentía follar estando sobrio? Pensó el mayor.
Se sentía diferente a otros acostones que tuvo, eso era diferente, porque lo estaba haciendo con Yuuji.
Estaba bueno, buenísimo. Toji creía que podría quedarse toda la vida allí en esa cama sintiendo su sexo resbalarse suavemente hacia las entrañas de Yuuji.
Cuando Toji alcanzó a rozar la próstata del menor, ahogó un grito. Sonrió y se relamió los labios. Se lo estaba pasando en grande. Yuuji tenía en las mejillas un color sonrosado bastante saludable y la sonrisa lasciva que Toji le daba a Yuuji era como ver una fantasía. Toji se detuvo en el extremo, complaciéndole, completamente enterrado.
Toji dejó de moverse y salió del interior del más joven, éste, sin entender, lo miró mal por haberse detenido, pero antes de que pudiera decir algo, Toji lo giró en un movimiento rápido. El de cabello negro lo dejó reclinado con la espalda arqueada y las piernas separadas.
Yuuji dio un respingo cuando volvió a sentir la cabeza del pene pugnando por entrar. Se propuso disfrutarlo lo más posible, con los ojos cerrados y respirando por la boca. Toji comenzaba a hacerlo en cámara lenta y Yuuji sentía que se moría.
El de cabello rosa palo levantó sus caderas descuidadamente una y otra vez cayendo profundamente dentro del placer y el dolor. Su apretado interior ardía como fuego jalando con fuerza en su interior. El ritmo de Toji era duro, salía lentamente disfrutando
deslizarse de su cuerpo con fuerza.
Toji gritó fuerte a la par de Yuuji, y se enterró brutalmente en el interior de este último. Yuuji temblaba y jadeaba mientras aún era sostenido por su vecino.
Y luego de que saliera de su interior resbaloso y satisfecho, Yuuji se derrumbó sobre Toji en la cama, como los cientos de partículas cósmicas que quedarían luego de una supernova.
Se besaron una última vez antes de enredarse entre las sábanas, Yuuji se acurrucó sobre el pecho de Toji.
—Hoy es treinta y uno de diciembre. Es mi cumpleaños. - confesó el mayor luego de un silencio. Hablaba con la respiración entrecortada.
Yuuji, sorprendido, se retiró del suave pecho de Toji y lo miró como si no se lo creyera.
—¿Por que no me lo dijiste desde el principio? Ni siquiera te di una felicitación.
—Esta bien, en realidad no suelo decirlo.
Toji se sentó en la cama, la sábana cubría sus piernas, Yuuji lo veía frunciendo el entrecejo.
—¿Hay alguna razón? —cuestionó Yuuji.
—No exatamente. Pero sentí de debía decirlo en este momento. —diciendo eso, se recargo en la cabecera y miró a algún lugar de la habitación.
Yuuji pudo notar algunos tintes de nostalgia en su mirada. No le gustaba el ambiente que se había creado, quiso remediarlo al instante.
Dibujando una sonrisa, Yuuji tomó la mano de Toji para llamar su atención.
—Entonces, quiero desearte un feliz cumpleaños. —felicitó, Toji miró al chico, dibujando una pequeña sonrisa —¿Sabes? Es genial que hayas nacido justo antes de año nuevo, es como si fueras un regalo al mundo.
El mayor soltó una carcajada.
—En verdad, no sé que haré contigo Yuuji.
—¿Dejarme acostarme en tu pecho de nuevo?
Aún sonriendo, Toji jalo a Yuuji hacia él, capturando sus labios en un largo beso, luego el más joven se acomodó en su pecho comodamente y después de varios minutos, Toji algo adormilado, le hizo una pregunta a Yuuji.
—¿Quieres quedarte?
Conmigo.
Yuuji, quien aun estaba sobre él, respondió:
—Sí. —sin saber lo que significaban en realidad las palabras de Toji.
