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LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA
Chifuyu Matsuno nunca había tenido tantas ganas de que empezaran las clases como el primer día que asistió a la Escuela Secundaria.
No es que antes hubiese sido un mal estudiante. En absoluto. Pero era el típico alumno que los profesores sabían que podía dar más de sí, que había algo debajo de sus notas mediocres y su actitud huraña. Chifuyu era el típico que llegaba a clase y se sentaba al final porque allí se podía distraer con más facilidad, responder correctamente cuando el profesor le preguntaba y continuar mirando por la ventana.
Iba aprobando, que era de lo que se trataba ¿no?
Por eso, no le llamó la atención que a finales del curso anterior su tutor llamara a su madre para hablar con ella, pues aquel tipo de entrevistas eran habituales teniendo en cuenta que cambiarían de colegio y empezarían una nueva etapa educativa.
Esperando en un banco del pasillo, no se había preocupado por lo que pudiera decirle hasta que su madre salió del despacho con los ojos enrojecidos.
Al parecer, el maestro le había trasladado la sospecha de que su actitud podía deberse a un rechazo a su condición de Omega junto con la necesidad de suplir la figura Alfa de su padre fallecido. A esas edades en las que comenzaban los cambios hormonales era bastante común encontrarse con esa clase de problemas.
Chifuyu solo tenía doce años entonces y no entendía de psicología. Él solo sabía que estaba enfadado con la vida por alguna razón que desconocía.
Cuando ya en casa su madre empezó a hacerle todo tipo de extrañas preguntas, fue intuyendo de qué podían haber estado hablando.
«¿Alguien se ha metido contigo por ser más bajito? ¿Han tratado de propasarse? ¿Tus amigos ya han presentado sus celos? ¿Has comenzado a notar algo cuando estás cerca de Alfas?»
Aquello, aunque lo único que consiguió fue incomodarlo aún más y responder encerrándose en su cuarto, le dejó pensando y analizando la situación. No podía culparla. Las heridas con las que solía regresar a casa tras alguna pelea no jugaban a su favor.
Después de conocer aquellos simples datos, la teoría de que su actitud temeraria lo llevaba a buscar reafirmación a través de la pelea cobraba sentido, todavía más cuando añadían la coletilla acerca de lo peligroso que era para un Omega verse envuelto en ese tipo de altercados.
Así pues, Chifuyu tenía asumido cuál sería el rol a representar cuando llegase su ingreso en Secundaria. Omega o no, debía llegar haciéndose valer, y así se pasó las semanas anteriores al comienzo del curso, ensayando esa pose mejorada 一con peinado incluído一con la que dominar el instituto.
Sabía que debía tener mucho cuidado. Los Omegas eran a menudo fuente de conflictos, mucho más durante Secundaria, donde la mayoría habían presentado ya su segundo género y se encontraban en la edad de mayor experimentación.
Chifuyu se había informado bien de todo lo que un Omega debía saber para no ponerse en peligro. Estaba dispuesto a ser el Omega más respetado en el instituto. ¡Estaba incluso dispuesto a formar su propia pandilla de Omegas! Una pandilla de Omegas era algo que nadie había visto jamás y que claramente cambiaría el curso de todo. Podrían defenderse y protegerse los unos a los otros y controlar a los Alfas, pues si había algo que tuviese el poder absoluto sobre los Alfas, esos eran los Omegas. ¿Cómo nadie se había dado cuenta de lo que aquello significaba?
Había hablado de su proyecto a varios amigos que irían al mismo instituto que él; y aunque algunos no se habían presentado aún, otros habían resultado ser Betas y había varios Omegas, todos estaban dispuestos a apoyarle, inclusive el único Alfa del grupo.
Matsuno lo tenía todo previsto y bien hilado.
Hasta que poco antes de que empezaran las clases comenzó a notar cosas raras.
Como era costumbre, a la salida del colegio solía ir en busca de algún grupo con el que medir sus fuerzas, aun a riesgo de salir mal parado por estar en inferioridad numérica. Aquello no le importaba. No tenía miedo. Además, llevaba una buena racha. Tan buena que se había empezado a correr la voz sobre su talento para la pelea y al final habían terminado siendo los demás quienes iban a buscarle a él, sin tener que mover ni un dedo. No había reparado en que podía haber otra razón más aparte de la de haber mejorado mucho con la práctica. Consideraba que ese extraño sentimiento que lo alentaba a pelear y a sentirse mucho más seguro de sí mismo que antes, se debía a eso y no a que su celo pudiera estar cerca.
No solo había estudiado todo lo que un Omega novato debía saber, también tenía una madre Omega y compañeros Omegas a los que veía sufrir su condición. Estaba más que familiarizado con que faltasen a clase cuando les llegaba el celo, y que les administraran una medicación para minimizar la expulsión de feromonas, pues estas iban aumentando de manera gradual hasta hacerse insostenible y tenían que quedarse en casa para no provocar tumultos y situaciones desagradables en clase.
Sin embargo, el primer celo era impredecible. No había manera de administrar estos medicamentos atenuantes porque la mayoría de las veces los propios Omegas no eran capaces de identificar sus síntomas al no haberlos experimentado antes.
De haberlo hecho, Chifuyu habría podido predecir que aquello que le pasaba cada vez que regresaba a casa era un indicador de que su primer celo estaba próximo, y no se debía a la adrenalina o la mejora de sus cualidades.
No había relacionado una cosa con la otra. No pensaba que el que todos aquellos Alfas lo buscaran pudiera tener más que ver con que les comenzaba a parecer sexualmente atractivo que porque se hubiese convertido en un buen luchador.
Ajeno a eso, regresaba a casa cada día con alguna magulladura que trataba de disimular, incluso a veces buscaba el momento en el que su madre no estuviese en casa o estuviera ocupada para tratar de pasar desapercibido.
En una de esas veces en las que hacía tiempo descubrió un gato abandonado al que después comenzaría a llevarle comida a escondidas. Al pasar cerca de aquel callejón sintió algo que lo llamaba, pero no podía saber el qué. Sin saber a qué clase de instinto le estaba haciendo caso se adentró encontrando al pequeño gato, hambriento, empapado y muerto de frío, pues las lluvias típicas de la primavera llevaban días sin dar tregua. La cicatriz que el animal tenía en la cabeza parecía ya curada, pero dejaba claro que a pesar de su corta edad no había tenido una vida fácil.
Aquello enterneció el corazón de Chifuyu, quien estaba seguro de que de no haber seguido su impulso el animal habría acabado muriendo, y se dedicó a cuidarlo cada día que regresaba a casa de la escuela.
Sentía algo muy reconfortante cuando estaba con Excalibur 一pues así fue cómo lo llamó一, algo más allá de la simple satisfacción de cuidar de él. Le relajaba, pero a la vez le hacía querer superarse para darle lo mejor. Le hacía desarrollar una extraña sensación de pertenencia que se vio amenazada el día en que Excalibur comenzó a rechazar su comida.
Ya había pensado todo un plan para convencer a su madre de llevarlo a casa. Había demostrado de sobra ser capaz de asumir la responsabilidad de su cuidado y justo cuando lo tenía todo planeado, el gato había empezado a comportarse raro.
Lo primero que pensó fue que quizás estuviera enfermo y por eso estaba desganado, pero nunca más lejos de la realidad. Excalibur presentaba un aspecto envidiable y saludable. El pelo brillante y sedoso nada tenía que ver con el pobre y sucio que tenía cuando lo encontró. También había crecido y engordado. Nada parecía ir mal, de hecho, juraría que rechazaba la comida por no tener hambre.
La idea de que alguien se lo pudiera quitar hizo saltar las alarmas activando su instinto protector y llevándoselo a casa para el enfrentamiento final con su madre.
Esta acabó cediendo ante las irrefutables pruebas de que Chifuyu era responsable, con más razón de cara al nuevo curso en el que le tocaría enfrentar los nuevos desafíos de la adolescencia.
-.-.-.-
一¡Iré a dar la bienvenida a los nuevos vecinos!
Chifuyu no imaginaba cuánto iba a cambiar su vida aquella frase.
Cuando su madre regresó al cabo de un rato notó algo extrañísimo: la misma sensación que tenía cuando estaba con Excalibur se vio acrecentada. Ya no era una sensación agradable y ya está. Sentía que todo su cuerpo empezaba a hervir, no solo con calor, haciéndole transpirar, sino con excitación.
Por supuesto no era tan ingenuo como para no saber lo que le sucedía a su cuerpo. Tenía amigos que ya habían presentado su género secundario y habían pasado por todo aquello. Pero sí que era la primera vez que lo experimentaba en carne propia.
Y era bastante confuso sentir su cuerpo reaccionar cuando a quien tenía delante era su propia madre.
一Cariño, ¿te encuentras bien?
Quiso preguntar que de dónde venía, que qué demonios eran esos vecinos para que tan solo el rastro adherido en su piel por estar en contacto con ellos fuese capaz de ponerlo así. Pero no fue capaz de preguntarlo. Avergonzado, pasó por su lado corriendo hasta la puerta de salida, huyendo de aquella nueva e incomprensible sensación.
Para caer de lleno en ella, pues fuera de su casa era todavía más intenso.
Ahora que lo percibía con mayor claridad, reconocía el mismo aroma que lo atrajo hasta Excalibur en aquel callejón, y la misma sensación que en pequeñas dosis resultaba tan reconfortante cuando iba a cuidar del pequeño animal. Quizás aquella fuera la razón por la que últimamente también se sentía mejor en casa, y no solo porque tras la charla con el tutor y su inminente entrada en la Escuela Media, su madre parecía comprender un poco mejor todos los cambios que estaban teniendo lugar en él como el adolescente que era.
Entrar en su edificio se había vuelto como pasar por una calle llena pastelerías, con olor a dulces y pan recién hecho, invitándolo al calor de un hogar donde sentirse realizado y pleno. No había caído en que una cosa podía estar relacionada con la otra hasta que esa misma sensación se había intensificado al salir al rellano donde se disponía a tomar las escaleras.
Su instinto le llamaba a subir hacia alguno de los pisos superiores, aunque de algún modo la razón consiguió sobreponerse al impulso, cuando se detuvo tras haber subido una decena de escalones. A cada paso que daba perdía el control un poco más. Solo quería seguir subiendo y llegar hasta la puerta desde la que provenía aquella maravilla, derribarla y…
Derribarla y…
«Oh, Dios mío», pensó Chifuyu horrorizado al darse cuenta de que quien fuera que había llegado a su edificio estaba a punto de desatarle su primer celo en mitad de las escaleras.
Si eso le esperaba el resto de su vida, no sabría si tomarlo como una bendición o una maldición.
Se había quedado bloqueado sin saber cómo actuar. Al menos había tenido la suficiente lucidez de no seguir subiendo, pero es que incluso hacerlo le era físicamente imposible, estaba tan excitado que el solo roce con la ropa al mover las piernas le resultaba una auténtica tortura. Solo deseaba arrancárselo todo y entregarse a cualquier cosa que le aliviara aquella urgencia.
Chifuyu no supo exactamente qué pasó. Cuando abrió los ojos estaba de vuelta en su casa y metido en la cama. Cubierto por una sábana ligera, su solo roce le resultaba insoportable, podía sentirlo en su piel desnuda y ardiendo. Paños fríos colocados sobre su frente trataban de bajarle la temperatura corporal como cuando sufría de fiebre alta. Se percató de que la ventana 一por la que podría entrar algo de fresco debido a que las temperaturas habían descendido con las lluvias一 estaba cerrada y, en cambio, el aire era removido por un ventilador de pie colocado justo al lado de su cama.
Junto a él, su madre esperaba a que despertara mientras leía. Se quitó las gafas de lectura y las dejó sobre el libro, que apartó a un lado para estrechar la mano de Chifuyu. Le tranquilizó notar que aunque la preocupación era clara y no podía disimularla, su mirada dulce suavizaba cualquier miedo que pudiera tener. Al sostener su mano entre las suyas fue capaz de notar con más claridad que nunca el efecto regulador que solían ejercer los Omegas. Se sentía embargado en la calidez de su aura y de su esencia. Sentía que nada malo podría pasarle mientras estuviera a su lado. Sentía algo que le recordaba a Excalibur y todas las sensaciones que venía experimentando de un tiempo a esta parte.
一¿Qué pasó? Porque… pasó algo ¿verdad?
La vergüenza lo azotó ante la posible respuesta. Su madre esbozó una sonrisa cómplice y el rubor que sintió acudirle de golpe se perdió en sus ya encendidas mejillas.
一Pensé en dejar que lo gestionaras tú solo, pero enseguida me di cuenta de que no era una situación normal. No tardé en ir a buscarte. Te encontré inconsciente y empapado en sudor, te habías quitado la camisa y atado a la barandilla de la escalera.
一¿Atado?
一Tus feromonas se habían disparado, dudo que hubiera alguien en todo el edificio que no lo notara 一aquel comentario no le ayudó a sentirse mejor en absoluto一. Pero no te preocupes, es normal a tu edad. Intuyo que tratabas de controlarte de algún modo porque tú mismo, inconscientemente, te estabas dando cuenta de lo que pasaba. Quizás debí advertírtelo antes para que no te tomara por sorpresa y resultara tan incómodo, pero no quise presionarte. Lo cierto es que llevaba días notando cambios en tus feromonas que cada vez eran más presentes. Lo achaqué a la llegada de los nuevos vecinos y su hijo adolescente que podría estar en la misma situación que tú, pero luego me di cuenta de que en algún momento tenías que crecer.
Por un instante, la mención a ese hijo adolescente acaparó su atención. ¿Acaso todo aquello podía deberse a algún tipo de conflicto entre castas? ¿Sería otro Omega con quien competir? ¿Sería un Alfa y por eso se había sentido arrastrado sin remedio?
Aquellos pensamientos abandonaron su mente en cuanto su madre mencionó la palabra clave: celo.
一Este aumento de feromonas indica que tu celo estará próximo.
一¿Cómo que estará próximo? ¿Acaso puede ser peor que esto? ¡Ni siquiera soy capaz de moverme sin sentir que me quemo!
一Será peor, pero es lo normal hasta que crezcas. A tu edad, que aún estás desarrollándote, no es bueno administrar supresores. La única medida que ofrecen son atenuadores que ayudan a mantener a raya los síntomas y el flujo de feromonas para poder vivir en armonía, pero los celos los tendrás que pasar hasta que obtengas una pareja, y ahora mismo eres muy joven todavía para eso.
Chifuyu asintió, comprendiendo el por qué había Omegas que se enlazaban con Alfas tan solo por tener una vida más fácil y no sufrir tanto por su condición.
一Ya, ya, no hace falta que me des más detalles 一comentó para evitar que le diera La charla . Era más que consciente de los riesgos que corrían los Omegas, pero eso no implicaba que fuera a desistir de su idea de crear una pandilla de Omegas, más bien incluso la reforzaba al servirles como protección一. Sé que a partir de ahora tendré que tener mucho cuidado, entiendo que sea obligatorio que llevemos collares de protección y que…
一Chifuyu 一le cortó su madre. El chico la miró extrañado, preguntándose si había dicho algo malo一. ¿No te has dado cuenta?
一¿De qué, mamá? 一preguntó, creyendo que se trataba de algo relacionado con su misterioso vecino adolescente que también traía las hormonas revolucionadas.
一De que no eres un Omega. Eres un Alfa.
De repente, todo en lo que Chifuyu había creído hasta ese momento se vino abajo; y a la vez muchas otras cosas cobraban un sentido que antes no tenían. No podía decir que le entristeciera ese cambio, ya que la vida de los Alfas era mucho más fácil que la de los Omegas, pero sí que había algunos proyectos o ideas interiorizadas (como la de pandilla de Omegas) que lamentaría no poder llevar a cabo.
一¿Tú lo sabías y no me dijiste nada todo este tiempo?
一No, cielo. Ya sabes que las pruebas previas son costosas y el sistema de salud solo las cubre cuando es necesario. Hasta el inicio de la pubertad no se puede saber el género secundario y, bueno, está claro que no nos podemos guiar por las apariencias.
Chifuyu bajó la mirada, comprendiendo. Siempre había sido más bajito y de complexión más delicada, pero ahora que lo sabía se daba cuenta de que otras muchas características no encajaban con ser un Omega y en cierto modo le dolía que su madre no se hubiese percatado de esas diferencias.
一Ya te vale 一resopló, molesto aunque resignado. Le iba a costar asimilarlo todo de nuevo.
一He de decir en mi defensa que tampoco ha sido fácil para mí 一comentó, rehuyendo la mirada. Gesto que llamó la atención de Chifuyu.
一¿A qué te refieres? 一preguntó frunciendo el ceño.
一Ahora me doy cuenta de todo. Tu predisposición a las peleas, tu necesidad de reafirmarte y de proteger a otros. No solo se trataba de una manera de suplir el rol de tu padre, y desde que llegaron estos vecinos todo se agravó. Tus feromonas se activaron a la vez que el edificio se llenaba del aroma nuevo y seductor de estas dos personas y…
Chifuyu parpadeó sorprendido. ¿Acaso su madre estaba insinuando que había percibido lo mismo que él? Recordó aquel aroma que trajo consigo cuando volvió de casa de los vecinos y que había desatado todo aquello. Un impulso de posesividad lo golpeó al considerar que su madre y aquella persona desconocida de aroma maravilloso pudieran tener algo. Su parte irracional acalló la lógica que le decía que su madre Omega llevaba muchos años sola y que tenía derecho a rehacer su vida y que la intensidad con la que se reaccionaba a los estímulos de las otras castas era algo que no se podía controlar.
Él lo sabía. Había presenciado muchos estados previos al celo en compañeros de colegio y ninguno le había afectado hasta tal punto.
Sin embargo, cayó en la cuenta de algo.
一¿Has dicho dos personas?
一Sí, al apartamento libre que dejaron los Yamamoto se acaban de mudar una mujer y su hijo 一la expresión expectante del chico exigía una aclaración muy necesaria一. Ella es Alfa, y su hijo, Omega. Creo que eso lo explica todo…
«Ya lo creo que sí», pensó Chifuyu, comprendiendo lo que les esperaba.
-.-.-.-
Desde que Chifuyu supo aquello no podía dejar de pensar en cómo sería. En su mente le había dibujado cientos de rostros, pero ninguno le hacía justicia a lo que le hacía sentir. Saber que había otra persona cerca que le provocaba todo tipo de sensaciones sin siquiera haberle visto era difícil de asimilar. ¡Era todo tan nuevo y tan excitante! Era como estar en una nube. El instinto era demasiado fuerte para poder ignorarlo.
Ahora entendía la manera de actuar de los adolescentes, por qué en esa edad eran propensos a cometer todo tipo de locuras. Eran inexpertos, pero deseosos de conocer.
Llegó al fin el ansiado día de comienzo de clases. Como toda nueva etapa había que empezarla con buen pie y con los últimos acontecimientos el plan de Chifuyu de arrasar en el instituto se vio reforzado.
Ser Alfa facilitaba las cosas en la sociedad, pero él seguía sin encajar del todo en ese papel. Si antes tenía asumido que era un Omega, ahora tenía asumido que, a no ser que diese un estirón y desarrollara otro tipo de constitución, tendría que luchar contra el prejuicio de ser ese Alfa que parece un Omega .
Su círculo de amigos le apoyaron, y aunque al principio se mostraron sorprendidos e incluso un poco decepcionados, terminaron por concluir que Chifuyu siempre había tenido madera de Alfa.
Ellos mismos le acompañaron el primer día de clase, en el que ya antes de entrar se midió con varios alumnos de cursos superiores. Tenerlos a su alrededor reforzaba su imagen de líder.
Esa era la actitud. La imagen que debía dar, además de llevar semanas practicando la pose y el peinado. No iba a dejar que nadie le pasara por encima ni a dar lugar a que cuestionaran su fuerza por su aspecto.
一¡Guau, Chifuyu! ¡No hay nadie en este instituto que te haga sombra! ¡Pudiste incluso con los más temidos!
Sí, sí, eso era lo que pretendía. La adulación había logrado subirle el ego, y las feromonas Alfa 一que ya habían comenzado a segregarse con la pelea一 llegaron a su punto álgido. O al menos, todo el punto álgido que los atenuantes que debía tomar le permitían. Ahora comprendía el por qué de la necesidad de tomar esos medicamentos. Sin ellos, el instituto sería una ciudad sin ley.
En su afán de pasear su hazaña por los pasillos, los halagos llegaron a convertirse en un ruido blanco que simplemente lo acompañaban, hasta que una frase llamó su atención.
一¡Hay un tipo en la clase 3 repitiendo curso que estuvo arrestado! ¡Qué fuerte!
Aquel comentario fue seguido de otros similares que convirtieron la anécdota en todo tipo de disparatadas teorías. Para el objetivo de Chifuyu alguien así era una clara amenaza.
«¿A quién demonios arrestan a esta edad? Debe ser alguien verdaderamente peligroso. Y además repite curso. Menudo elemento. Si le pateo el culo lo tendré todo hecho y me convertiré en el amo del lugar.»
Cuando le señalaron quién era aquel tal Keisuke Baji del que todos hablaban casi le entraron ganas de reír. Los rumores no se correspondían con la realidad. Con aquellas pintas de Beta empollón, estaba seguro de que todo habría sido una exageración o algún malentendido.
Sin embargo, pasó toda la mañana dándole vueltas. Había algo que al acercarse le había resultado familiar, y cuando quiso averiguar algo más de aquel sujeto nadie conocía nada de él más que los rumores.
Ni siquiera tenía amigos, como pudo confirmar cuando lo encontró solo en su clase a la hora del recreo. Lo que en principio no pretendía ser más que una presentación amenazante terminó por alargarse. Soltó sus cosas en el suelo y tomó asiento frente a él.
Las ganas de patearle el trasero se esfumaron cuando lo vio ponerse nervioso en su presencia.
Iba a ser tan fácil que ni iba a tener que mover un dedo.
Pero enseguida se dio cuenta de que había algo que no cuadraba allí al entablar conversación después de corregirle algunos errores que había cometido en la escritura de una carta.
«¿Quién hoy día se dedica a escribir cartas? ¡Qué tipo tan raro! Dijo que no quería hacer llorar a su madre si lo arrestaban. ¿De verdad estuvo arrestado? ¿Realmente será un Beta? Hay algo en él que…»
Hasta que sus compañeros tuvieron que llamarle la atención no se percató de que aquel misterioso Beta se le había colado en la mente haciendo a un lado todo lo demás.
一¡Tierra llamando a Chifuyu!
一Parece que ese empollón lo dejó loco.
«Debe ser. Los Betas no tienen olor. Y aunque este no lo tiene, siento algo familiar, como cuando estoy con Excalibur.»
Después de lo sucedido no quiso preguntar a sus compañeros para no levantar más sospechas, con lo que aquella inquietud le acompañó el resto del día.
Incluso su madre lo notó mientras cenaban.
La ventana abierta dejaba entrar la brisa por la que aquel olor familiar continuaba envolviéndolo al regresar a casa. La intensidad había bajado considerablemente desde el día de las escaleras, haciéndose algo constante a lo que casi se había terminado por acostumbrar. Chifuyu y su madre comían en silencio, aunque el chico de vez en cuando se perdía en sus pensamientos, deteniendo los palillos a medio remover la comida.
Se preguntaba por qué había notado esa misma sensación cuando había estado en contacto con el Beta misterioso si los Betas no tenían olor y las feromonas eran únicas para cada individuo.
El extraño silencio le hizo notar que estaba siendo observado, confirmado por la sonrisa boba con la que su madre le sacó conversación.
一¿Qué tal tu primer día de clase?
一Bien 一comentó con parquedad. Se llevó un trozo de carne para mantenerse ocupado y de nuevo miró por la ventana. Una risa ahogada hizo que volviera a mirar a su madre con el ceño fruncido 一. ¿Qué pasa?
一¿Qué te tiene tan ido?
一¿Tú también? 一exclamó molesto al recordar cómo sus amigos se habían metido con él.
一¡Ah! O sea que ¿hay algo? 一 preguntó, entrelazando los dedos y colocándolos bajo la barbilla.
¿Cómo decir que no entendía lo que estaba pasando? Aquella sensación se agravó cuando vio a Excalibur entrar por la ventana, pues traía consigo ese aroma que ahora percibía mucho más claro.
Chifuyu se agachó a ofrecerle un trozo de carne que el animal rechazó. Se restregó varias veces contra sus piernas a modo de saludo y continuó hacia su dormitorio.
一Es como tú 一observó su madre.
一¿Qué quieres decir? 一protestó. El olor se percibía intenso, reciente, y se había adherido a su piel comenzando a provocarle una necesidad.
一Está por ahí todo el día haciendo cualquier cosa, viene a casa, saluda y se mete en su cuarto.
一Muy graciosa. Mira quién fue a hablar 一replicó con sarcasmo.
La mujer fingió indignación, pero el repentino rubor la delató. Chifuyu ya no era un niño y sabía lo que estaba pasando allí o, mejor dicho, en casa de la vecina del quinto. Desde que aquella mujer y su hijo habían llegado al edificio todo se había vuelto del revés. Su madre, antes volcada en su casa y su trabajo, ahora pasaba mucho más tiempo fuera y trataba de verse bonita. Después venía trayendo aquel olor que podía reconocer entremezclado con aquel otro que lo traía loco.
一Solo nos estamos conociendo, no saques conclusiones antes de tiempo.
一Me parece bien, no lo he dicho con intención de reprochártelo, sino para que sepas que lo sé y tienes mi apoyo. ¿Algún día nos presentarás?
一No me puedo creer que estemos teniendo esta conversación al contrario de como debería ser 一murmuró la madre de Chifuyu, tapándose el rostro por la vergüenza.
El chico se rio y añadió a continuación:
一¿Y cómo es?
一Pues es guapa, con el pelo negro y largo…
一No me refiero a ella 一aclaró y miró hacia la ventana de nuevo. Sabía que se estaba descubriendo, pero ¿acaso no era obvio que sentiría interés por alguien que le había causado tanta excitación que le hizo perder el conocimiento?
一No lo he visto porque estaba recluido en su habitación. Al igual que él provocó que presentaras disparando tus niveles de feromonas, tu presencia desató su celo, por eso hemos pasado estos días tan intensos… Por suerte, ya ha pasado todo, ahora que ya habéis vuelto a las clases. Con atenuadores como la mayoría debería ser suficiente, aunque se trate de un Omega dominante.
Chifuyu había oído hablar de los Omegas dominantes, aunque no había conocido a ninguno. Si ya los Omegas suponían un pequeño porcentaje de la población, la variante dominante era una minoría. Y si él había conseguido desatar el celo de un Omega dominante, eso significaba que no era un Alfa cualquiera y estaba a la altura.
Eso también explicaba el por qué su madre y Excalibur eran capaces de transportar consigo su esencia, pues quedaba claro a dónde iba el gato cuando no estaba en casa y por qué nunca tenía hambre. Era como si aquel Omega quisiera buscarlo a toda costa. Como si deseara llamarle y provocarle.
Cuando terminó de comer se dispuso a ir a su habitación, donde Excalibur le esperaba enroscado sobre la bolsa de deporte en la que llevaba la ropa con la que debían cambiarse para clase de Educación Física.
Aquel detalle no habría sido relevante de no ser porque sintió el ambiente cargado al entrar. Se apresuró a abrir la ventana para que corriese el aire, y como aún tenía el ventilador de pie en su habitación, lo conectó no solo para que removiera el aire sino también para que le refrescara la piel que comenzaba a arder.
Sentía de nuevo la extraña presión que sintió la otra vez, cómo la excitación comenzaba a apoderarse de él de nuevo y le resultaba muy surrealista que algo así pudiera responder a algo tan subjetivo como un aroma.
Si tan solo tener algo que había estado en contacto con él le producía aquello, no quería ni imaginar cómo sería tenerle cerca.
Se dispuso a cambiar al gato de sitio para evitar que ensuciara su ropa de deporte, cuando tal fue su sorpresa al descubrir que aquella no era su bolsa. Con rapidez localizó mentalmente el momento en el que pudo suceder la confusión y descubrió que fue cuando se sentó a hablar con aquel Beta a la hora del recreo. Como las bolsas de deporte eran muy parecidas no se había dado cuenta hasta ese momento.
Abrió la cremallera solo por comprobarlo y ver si había algún teléfono de contacto para comunicar la confusión.
La mezcla de aromas fue tan intensa que le saturó los sentidos.
No podía describirlo. Solo sabía que era el mismo olor que venía percibiendo en la casa de su vecino, pero diez veces más fuerte. Un tsunami de sensaciones lo arrolló. La cremallera entreabierta lucía inocente sin saber lo que allí se estaba desbordando. Tal vez fuera la mezcla de feromonas, sudor y olor corporal matizado por perfumes y jabones, y el hecho de poder tocarlo directamente con las manos, que con desesperación sacó todas las prendas y se sumergió en ellas.
Su cuerpo ardía. Sin ser consciente de ello se despojó de toda la ropa y se dejó llevar a lo que el instinto le pedía. Le pedía ser el Alfa de ese Omega, marcarlo y hacerlo suyo para siempre. Se aferraba a lo único tangible que tenía, el resto quedaba a una imaginación que en ese momento no estaba para cuestionar nada. El rostro de aquel Beta aparecía en las fantasías en las que se sumió Chifuyu mientras exploraba su cuerpo y descubría lo que era el verdadero celo de un Alfa.
Tenía un trozo de tela entre los dientes, los ojos cerrados y la ventana abierta. No había mundo más allá de su habitación, aquellas prendas y la naturaleza. No era capaz de controlar nada, mucho menos lo que podría salir de allí, si su olor, o los sonidos pudieran delatarle. Él solo sabía que se estaba masturbando y había comenzado a aparecer el nudo. En el punto de excitación máximo el trozo de tela que tenía entre los dientes acabó desgarrado, necesitando morder al dueño de aquellas prendas mientras el nudo se extendía y marcaba el resto de ropas con su semen.
Acabó exhausto, jadeando y sudando y no fue hasta entonces que abrió los ojos y se dio cuenta de todo lo que había pasado. ¿Con qué cara iba ahora a devolverle aquella camiseta rota? ¿Con qué cara iba a devolverle la ropa lavada porque no había podido controlarse y había eyaculado sobre ellas? ¿Con qué cara iba a verle sabiendo lo que acababa de pasar?
La realidad le había golpeado de repente. La brisa entró por la ventana trayendo retazos frescos de ese mismo olor, de la misma manera que seguramente habría llevado el suyo.
Cerró los ojos con vergüenza y culpabilidad.
El nudo no se iba. Lo que había comenzado siendo placentero se había vuelto doloroso y frustrante. Podía entender el motivo, pues el objeto del nudo no estaba cumpliendo su función al no tener ningún Omega al cual anudarse.
Hecho un ovillo sobre su cama, se llevó de nuevo las ropas a su rostro, hundiendo la nariz en ellas. Aquello lo calmaba, le hacía soportable el dolor. Cerró los ojos, y aún con la ventana abierta, se echó a llorar hasta que terminó dormido.
-.-.-.-
Chifuyu no fue a clase al día siguiente.
Cuando despertó seguía tal cual recordaba, rodeado de aquellas ropas y desnudo, pero cubierto con una manta. Al menos, para su tranquilidad, la ventana estaba cerrada esa vez. No quería ni imaginar la clase de espectáculo que habría sido para todo el edificio.
Excalibur estaba a su lado haciéndole compañía, también tumbado sobre la ropa de su supuesto otro dueño. Alargó los dedos y acarició su pelo sintiendo el leve ronroneo con el que respondió a sus caricias. Era extraño, de algún modo él se sentía igual. Si los humanos ronronearan eso es lo que le provocaría la presencia de aquel chico misterioso.
Todo estaba en silencio y se dio cuenta de que había una nota sobre su mesita de noche junto a una botella de agua, un sándwich envuelto en film transparente y una manzana. Sin duda era de su madre. Echar un vistazo a su desnudez y al semen seco sobre su cuerpo y las prendas de ropa le hizo sentirse muy abochornado, sabiendo que su madre habría visto todo aquello.
«Pero no es como si fuera un secreto que soy un Alfa. Es algo que tarde o temprano sucedería». Se dijo para tranquilizarse.
Aquella sensación fue disipándose conforme leyó la nota.
Chifuyu, he tenido que irme a trabajar, no sabía cuándo te despertarías, por eso te he dejado algo de comer.
Sé que en estos momentos te sientes muy confuso. No te preocupes, es normal.
Avísame cuando despiertes y no salgas hasta que yo esté contigo. Iremos al médico a que te receten tu pauta de atenuadores que, a partir de ahora, tendrán que ser más fuertes. Tómate esa pastilla que te dejo junto a la botella de agua, eso te mantendrá bajo control, aunque ya ha pasado lo peor. Los celos de los Alfa no son iguales a los de los Omegas, no se pueden prever porque no son periódicos. Son puntuales y en respuesta a un estímulo concreto. Esto quiere decir que, aunque los Alfas y Omegas biológicamente reaccionan al género opuesto, no lo hacen con la misma intensidad con todos.
Queda claro que tenemos que hacer algo contigo y Keisuke. Sois altamente compatibles y eso a vuestra edad es muy peligroso. Los Baji cambiaron de casa porque Keisuke tuvo problemas en su otra escuela al ser Omega dominante y justo se viene a mudar a donde estás tú, que le adelantaste el celo (y él a ti también) sin siquiera haber presentado aún como Alfa. Debe tomar atenuadores muy potentes que enmascaran con mayor eficacia sus feromonas, pero al ser tan fuertes tienen una duración limitada y ya había pasado el efecto de los enmascaradores cuando encontraste esa ropa. Estarás conmigo en que habrá que comprarle una nueva.
Su madre y yo creemos que es inútil retrasar lo inevitable y estamos pensando en quedar en un entorno controlado para conocernos los cuatro.
No te olvides de llamarme en cuanto te despiertes.
Un beso.
Mamá
PD: No te asustes si hoy te encuentras triste o decaído, suele pasar tras los celos. El descenso brusco de hormonas puede tener esos efectos.»
Al terminar de leer, Chifuyu rodó en la cama, perplejo, dejando caer la nota sobre su cara, tapándola. En aquel momento le daba igual que su madre le hubiese dado La Charla a modo de carta y que supiera sus intimidades. Una parte de él quería sentir vergüenza por lo sucedido y por haber hecho a su madre pasar ese trago 一aunque en el fondo creía que lo de la carta había sido premeditado para evitar la incomodidad de tratar todo aquello en persona一, pero la parte que se sentía ilusionada por todo era mucho más fuerte.
Todo cobraba sentido. El que nadie lo conociese en el instituto, el olor inexistente que le hacía parecer un Beta, pero que a la vez conservara todavía lo suficiente para hacerle saltar las alarmas…
Tenía mucho en lo que pensar y el día se presentaba denso. Era oficialmente un Alfa que había pasado su primer celo, con todo lo que aquello conllevaba a efectos sanitarios y sociales, así que prefirió alargar un poco más esos momentos previos. Al fin y al cabo, nadie iba a saber si había despertado ya o no.
Tras tomárselo con calma y comer la comida que su madre le había dejado, decidió tomar la pastilla, pues no sabía cuánto tiempo tardaría en hacer efecto.
Mientras se disponía a llamar a su madre, buscó algo de ropa para darse una ducha. Se sentía incómodo y pegajoso, además de algo dolorido debido al nudo que ya había desaparecido por completo. Se preguntaba cómo de distinto sería anudarse con alguien, y si la sensación de vacío que se experimentaba después de no consumar sería tan opuesta que merecería la pena.
Excalibur se levantó a la par, siguiéndole por la habitación hasta que se sentó frente a la ventana, esperando a que la abriese como se había vuelto costumbre. Chifuyu llevaba en una mano el teléfono y en la otra la ropa que iba a meter en la lavadora, cuando abrió la ventana sin esperar aquel maravilloso olor de nuevo, mucho más sutil y fresco que el que tenían las ropas.
Por un segundo no supo cómo actuar, superado por los nervios y las ganas de no hacer caso a nada y subir hasta su casa, pero justo cuando iba a cerrar la ventana y cortar de raíz la tentación, un silbido se oyó desde arriba, sin duda alguna llamándolo a él.
La ropa que tenían en las manos lo delataba y estaba seguro de que el olor también.
一¡Ey, tú! Chifuyu Matsuno el pervertido.一El aludido apretó los ojos, sabiendo que en el momento en el que los abriera estaría perdido一. No te hagas el sordo. Sé que me oyes, y si no lo haces, me estás oliendo al igual que yo lo estoy haciendo.
Chifuyu suspiró y se dio la vuelta despacio.
El corazón le iba a estallar. Debía parecer un maldito semáforo en rojo. Por suerte había tomado la pastilla, pero dudaba de si sería suficiente. Con todo el valor que pudo se asomó al alféizar para observar a la criatura más hermosa que había visto jamás.
Recordó cuando Baji dijo que no quería ser arrestado otra vez y hacer llorar a su madre y comprendió que aquella apariencia falsa no era más que otro atenuador más. Le embargó la duda, pues todo aquel tema del arresto y del cambio de instituto parecía ser más serio de lo que inicialmente había considerado. Solo de pensar que le pudiera haber pasado algo solo por ser el Omega más hermoso existente sobre la tierra, le daban unas ganas terribles de saltar hasta su balcón y protegerlo.
Allí estaba, sonriéndole con la sonrisa más perfectamente imperfecta que hubiera visto jamás, sentado en el suelo, balanceando las piernas a través de los barrotes de la barandilla mientras acariciaba al traidor de Excalibur, que sí había saltado hasta su balcón. En esa ocasión no llevaba gafas, vestía un pantalón corto y una camiseta de tirantes holgada y el pelo largo y negro trataba de huir de un recogido al que no llegaba lo suficientemente bien. Cada mechón que escapaba era acariciado por la misma brisa que le transportaba su aroma. Chifuyu no pudo hacer otra cosa que apretar las piernas y rezar porque el medicamento hiciera su función o acabaría trepando hasta allí y haciéndolo suyo en aquel mismo sitio.
Iba a tener razón al llamarlo pervertido.
一¿Qué quieres?
一Que ¿qué quiero? 一le retó a la par que transformaba la sonrisa en una más traviesa一. Yo sé lo que ha pasado y tú sabes lo que ha pasado, creo que es hora de que nos conozcamos.
一Ya nos conocíamos.
一Pero eso no cuenta. Me refiero de verdad.
一Bueno, creo que no es buena idea hasta que no reciba mis medicamentos. Ambos estamos en casa por no estar en condiciones de ir a clase. Además, mi madre dice que quiere organizar algo con la tuya para presentarnos. Creo que tengo derecho a conocerla ¿no crees?
一¿Sabes que eso nos convertiría en hermanastros?
一No creo que importe mucho, ¿no somos de todas formas como los padres adoptivos de Excalibur?
一¿Excalibur?
一El gato. Mi gato 一dijo haciendo énfasis en el pronombre.
一Ahhh, ¡te refieres a Peke-J!
一¿Peke-J? ¿Qué clase de nombre es ese? No tiene clase ninguna ¡Excalibur es una espada legendaria que…!
一¿Acaso vas a ser tú el empollón al final? 一le cortó, haciendo que Chifuyu se ruborizara y se quedara callado.
Su Alfa interior se revolvió haciéndole ver que no podía dejar las cosas así.
一¡Yo te protegeré! No necesitarás disfrazarte nunca más.
El propio Chifuyu fue consciente de lo alto y fuerte que lo había dicho y no le hubiese extrañado que el otro chico se burlase, en cambio, su semblante se volvió serio.
一Sé protegerme solo. He tenido que aprender a hacerlo. Ser Omega no es tan fácil como parece.
Quiso decirle que contara con él, pero el teléfono empezó a sonar, cayendo en la cuenta de que entre unas cosas y otras hacía rato que debería haber llamado a su madre. Antes de descolgar le dedicó unas últimas palabras.
一Tengo que devolverte tus cosas.
一Espero que estén limpias aunque, en realidad, entre tú y yo…一dijo Baji bajando la voz como si fuese un secreto一, preferiría que no lo estuvieran, me gusta demasiado tu olor…
Chifuyu se puso aún más colorado de lo que ya estaba y estuvo a punto de no poder articular palabra, aunque finalmente se sobrepuso como pudo.
一¿Te veré en el instituto?
Baji asintió.
一Allí nos veremos, pervertido.
Chifuyu echó un último vistazo para grabarlo en su retina hasta la próxima vez que lo viera. Baji le decía adiós con la mano mientras seguía acariciando a Peke-J en su regazo.
Se dejó caer en la cama y tomó aire sin creer lo que estaba pasando, antes de descolgar el teléfono.
-.-.-.-
Tras la visita al médico donde le hicieron todos sus exámenes y prescribieron sus medicamentos, Chifuyu pudo volver al instituto dado que ya tenía sus hormonas bajo control y no era un peligro para la sociedad.
No notaba que hubiera cambiado gran cosa. Sus amigos Omegas de su pandilla seguían detrás de él, adulándolo. Los de cursos superiores le buscaban para pelear debido a la fama que se había forjado. El peinado tipo “copete” le quedaba mejor que nunca. Sin duda, podría decir que estaba en su mejor momento.
一¡Tierra llamando a Chifuyu! 一canturreó unos de sus amigos, alargando la primera “u” innecesariamente a modo de burla.
一El Beta ese de verdad que te dejó loco. ¿Por qué te fijarías en un Beta teniendo a tantos Omegas?
Aquello logró sacar a Chifuyu de sus pensamientos, confirmando que, en efecto, tenían toda la razón. ¿De veras que para eso había quedado? ¿Para pensar en él y rememorar su olor cada vez que su mente se ponía en modo automático?
一Uy, uy, no te despistes ahora, Chifuyu, que mira lo que viene por ahí 一advirtió otro de los chicos, señalando un grupo de jóvenes con los que ya había peleado en otra ocasión, pero que esa vez traían refuerzos.
一Apartaos, dejadme esto a mí 一ordenó, arremangándose la camisa y crujiendo los nudillos.
一¿No son demasiados?
La pregunta quedó en el aire. Chifuyu ya se había lanzado contra ellos.
Al cabo de un rato de pelea fue consciente de que eran demasiados. Tal vez no fueran muy fuertes y podría eliminarlos sin problema si fueran de uno en uno, pero todos juntos se hacía muy complicado. Aquel último puñetazo le había dado de lleno en el pómulo y seguramente le saliese un morado, con la consecuente regañina de su madre por meterse en problemas.
Trataba de esquivar y devolver todo lo que podía cuando percibió un ligero aroma conocido, aunque imperceptible para los demás, que precedió a la voz conocida de Baji.
一Quien se mete con mis amigos, se mete conmigo.
Pasó por el lado de Chifuyu para darle las gafas que se acababa de quitar. Lo siguiente fue la coleta que mantenía su pelo recogido y bien peinado. A la vez que deslizaba la gomilla e iban soltándose sus cabellos, se podía ver como a cámara lenta la reacción en los rostros de sus adversarios.
No por nada Keisuke Baji era un Omega dominante.
Y era su Omega. O, al menos, se encargaría de que así fuera. Chifuyu infló el pecho con orgullo, también rendido a su belleza. Pero estaban muy equivocados si creían que ser bello era todo lo que iba a hacer. Los golpes llegarían igualmente.
一Keisuke Baji, capitán de Primera División de la Tokyo Manji 一anunció.
一¿Tienes una pandilla? 一Chifuyu parpadeó, sorprendido. Ahora que la nombraba creía haberlo oído alguna vez.
一¿No conoces la Tokio Manji? Es una pandilla de Omegas. Aunque tenemos un Alfa, Draken, quizás puedas sumarte a nosotros, si quieres 一propuso Baji, a lo que Chifuyu no pudo ni contestar.
Desde siempre su ilusión había sido tener su pandilla de Omegas donde se protegieran unos a otros. Y, precisamente, tener que abandonar esa idea era lo que más le había fastidiado de haber resultado ser un Alfa. No obstante, se le presentaba de nuevo esa posibilidad, y no de cualquier manera, sino con Baji. Era demasiado bueno para ser verdad.
Varios adversarios se acercaban dispuestos a cargar contra ellos.
一¿Vienes conmigo?一. Baji se adelantó y lo buscó mirando hacia atrás por encima de su hombro. Tenía el pelo al viento.
No tenía muy claro a qué se refería, si a ese momento en la pelea, a la pandilla o a todo en general. Pero lo que sí que tenía claro era la respuesta.
一Hasta el fin del mundo.
