Work Text:
Brienne rebuscó entre los cajones. Estaba segura de haber guardado allí su nuevo camisón, regalo de Lady Sansa. Era azul y un poco traslúcido, pero suave. Desde el inicio del verano no había podido dormir en su ropa de cama habitual, se lo comentó a Sansa y ella se ofreció a hacerle un nuevo camisón a su espada jurada. Brienne se negó en un principio, sin embargo, cambió de opinión al ver a Sansa feliz, no tuvo el corazón para rechazarlo. Era hermoso y bastante femenino, más que cualquier cosa que hubiera usado en mucho tiempo.
—Sé que lo puse por aquí— murmuró mientras buscaba en los cajones de su armario, solía guardarlo en el fondo de sus pertenencias. No quería que alguien lo encontrara y se burlara de “Brienne la Bella” por tener algo tan sutil. Solo se lo ponía cuando estaba segura que nadie la vería usándolo. Había renunciado a las cosas femeninas hacía mucho, pero disfrutaba usar el camisón e imaginar que era linda y atractiva por unos instantes. Nada más vestirlo la hacía sentirse como una doncella delicada.
“No está, dioses. Por favor, que los sirvientes no lo hayan tomado”, pensó. Si Jaime se enteraba de eso… no vería el final de sus bromas.
Se levantó, ordenó todo en su lugar y pensó en donde lo había visto por última vez. “El cuarto de baño”. Jaime la había alojado en una habitación que poseía un cuarto de baño propio con una tina. Recordó haber arrojado el camisón al suelo y bañarse rápido esa mañana. Se acercó al cuarto y sintió como su corazón casi dejaba de latir.
Sentado en una esquina estaba Jaime Lannister. Eso no era tan inusual, a veces se metía en su habitación para asustarla. Por eso, siempre tenía cuidado de en donde dejaba el camisón; ese día había sido muy descuidada. Sin embargo, lo que más llamó la atención de Brienne fue el hecho de que él estaba usando SU camisón.
—Pensé que nunca vendrías—, exclamó. Parecía un tanto malhumorado. —Vine a buscarte en la mañana y no te encontré, pero hallé este lindo camisón. Nunca antes lo había visto.
—Ser Jaime, ¿podría devolvérmelo? — murmuró molesta y avergonzada.
—No. Creo que se me ve muy bien— dijo y se levantó. El condenado guerrero se veía hermoso.
“¿Cómo se atreve este hombre a ponerse la ropa de una dama, y peor aún, verse tan hermoso?”. Los dioses eran injustos. Ser Jaime se veía tan radiante, usando su camisón. Brienne se sonrojó de un feo color rojo.
—Por favor, ser— pidió. Ella sabía cuan tonta se veía pidiéndole al arrogante león le devolviese su ropa.
—Eres egoísta mujer. Sabes cuanto amo la ropa bonita y te guardas esto. Compartimos muchas veces mi ropa en el Norte, y no quieres compartir esto conmigo—. Se veía tan presuntuoso como perfecto. Brienne maldijo a los dioses por hacerlo tan bello, mientras a ella no le dieron ningún atributo agradable.
—Lady Sansa me lo dio… Es algo íntimo, y no debería usar la ropa de una mujer soltera. Ya se ha divertido. Devuélvamelo, ser— pidió una vez más. Quería golpearlo, pero no sería honorable atacarlo en su propia casa.
—Creo que me lo quedaré. Es tan lindo y cómodo—. Él se paró frente al espejo, admirando a su reflejo. —Además, se ve mucho mejor en mí, ¿no crees?
—Ser, si quiere uno, se lo puede pedir a lady sansa. Ese es mío— habló ya irritada.
—¿Y arriesgarme a que envenene la tela? —dijo indignado. —Sabes que ella no me quiere por lo que paso con su familia. Tú puedes pedirle otro, deja que me quede con este Moza—. Él habló en un tono dulce y grave. Brienne sintió como se le debilitaban las piernas
—No, ser. Es mi favorito y no se lo daré— dijo mientras se acercaba a él. —Ya se divirtió. Devuélvamelo, por favor.
—Está bien, Moza—. Jaime se llevó la mano al pecho y desató el camisón, dejándolo caer.
Brienne se dio cuenta de dos cosas: primero, también estaba usando sus calzones debajo del camisón, debería deshacerse de ellos, no pensaba usarlos después de que tocaran las partes íntimas de ser Jaime; segundo, desde que ganara peso, su cuerpo se había vuelto tan hermoso como su rostro, la única vez que lo había visto desnudo parecía medio cadáver y medio dios, ahora era la encarnación de Guerrero.
Pasó junto a ella y fue por su ropa, que estaba doblada junto a la tina de baño. Se vistió y se fue sin decir una palabra.
Brienne no se dio cuenta hasta mucho más tarde que él se había llevado su ropa interior puesta.
