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"No hay peor ciego que el que no quiere ver", pensó Chifuyu mientras observaba, desde el marco de la puerta de su habitación, a un indefenso Takemichi pegado a la ventana que daba a la calle, esperando que su príncipe venga a rescatarlo en cualquier momento.
Chifuyu no sabía si existía realmente un príncipe que viniera a rescatar al chico, al menos en los cuentos de hadas aquellos nobles caballeros le daban una mejor vida a las desdichadas princesas que rescataban; en la vida real, aquel príncipe que su compañero esperaba no estaba interesado ni un poco en cambiar sus psicópatas actitudes para darle una mejor vida a la persona que decía amar.
Pero Takemichi tenía fe en que aquellas promesas de "voy a cambiar" de esa persona que un día se hacía llamar su novio, las iba a cumplir tarde o temprano. Tal vez era un poco ingenuo para sus casi 20 años, pero estaba perdidamente enamorado de alguien que no le hacía ningún bien.
Chifuyu siempre desconfió de aquel chico, Mikey, pues que su amigo lo haya conocido siendo un menor de edad mientras el otro era un hombre universitario le daba una mala espina. El resto de sus amigos lo veían como una fantasía, no siempre tienes la suerte de encontrarte con un hombre que te quiera exclusivamente a ti y además universitario.
Todos envidiaban la suerte que tenía Takemichi, ellos querían una pareja que los complementen tan bien como ellos lo hacían; mientras que Chifuyu solo era tratado como aguafiestas por arruinar aquello tan especial que se estaba formando entre ambos chicos e incluso lo trataron de envidioso.
La verdad es que él, a pesar de tener la misma edad que su amigo, sentía que era un poco más maduro, más bien, estaba siendo más consciente de lo que estaba pasando y quería ser un buen compañero para el chico que estaba cayendo en el tramposo juego amoroso de aquel misterioso hombre.
La diferencia de edad cuando se conocieron era relativamente alta, 16 y 20 respectivamente; 4 años de diferencia y experiencias distintas.
Mikey hizo que Take cambiara, lo hizo un chico rebelde ante sus padres y culpaba a la adolescencia por eso; se lo llevo a vivir con él al año que se conocieron y lo obligó a tener relaciones sexuales sin ningún cuidado ni consentimiento previo según entendía por parte de los relatos de su amigo. Escuchaba como lo celaba por todo e incluso el mayor llegaba hasta los golpes por eso. Golpeaba a Takemichi y este creía que lo merecía porque Mikey le metió en la cabeza que era él quien estaba provocando al resto cuando el menor entre ellos solo tenía ojos para el mayor.
La relación de ellos era lo suficientemente tóxica como para saber que estaba mal, pero para el resto del grupo de amigos seguía siendo un sueño hecho realidad y Chifuyu era el que estaba exagerando todo.
4 años y algunos meses habían pasado desde el primer día en que Mikey y Takemichi habían comenzado a salir, casi 1400 días y noches donde Chifuyu temía que le llegaran con la noticia que su mejor amigo había muerto en manos de su pareja abusiva.
Pero lo único que recibió fue, ayer en la noche, a un Takemichi en la puerta de su casa, llorando, herido por todos lados, con las ropas rasgadas y manchadas excesivamente de sangre. Obviamente entró en pánico, despertó a casi toda la casa para ayudar a su amigo quien estaba paralizado en la entrada por lo sucedido.
Hasta ahora, han pasado casi 12 horas desde ese momento, Takemichi aún no dice nada de lo que sucedió y Chifuyu tampoco lo ha presionado para decir algo. Obviamente se contactó con el resto del grupo, descubriendo que el chico les había ido a pedir ayuda primero y que ninguno le abrió la puerta porque eran las 3 de la mañana y dormir era más importante que su amigo.
Chifuyu creyó que ser adulto era señal de madurez, pero sus amigos eran el claro ejemplo de que no era así, incluso, podría asegurar que eran una mierda de persona.
Pero después de muchas horas de un silencioso chico, Takemichi, aun mirando por la ventana, empezó a llorar de forma escandalosa asustando a Chifuyu que corrió a su lado sin saber qué hacer, no quería tocarlo por temor a que le diera un ataque de pánico o no sabía si podía abrazarlo para hacerle saber que está ahí para él.
Al final, fue el chico de alborotado cabello negro quien se lanzó a los brazos de su amigo para llorar como cual bebé llega al mundo.
-¿Necesitas algo? ¿Quieres contarme lo que sucedio?-preguntó el rubio mientras pasaba su mano con delicadeza por la espalda de su compañero.
-Lo...lo odio...-fue lo único que respondió mientras se sentaba con la mirada gacha dispuesto a decir lo que había sucedido.
Takemichi decidió contar entre lágrimas y voz quebrada acerca de lo que había pasado hace unas horas. Comenzó explicando que Mikey le tenía prohibido salir si es que no era con su compañía o si sabía que saldría exclusivamente con su grupo de amigos, pero ayer lo obligó a salir solo del departamento en el cual ambos vivían.
El chico creyó que como era fin de semana y además era muy tarde, saldrían a una cita juntos, pero resulta que el mayor lo estaba literalmente echando de su propio hogar para que hiciera cualquier cosa por una hora. Takemichi, quien era muy obediente, salió sin saber qué hacer, además, Mikey le había quitado su celular hace una semana por una pelea estúpida que habían tenido, así que tampoco pudo contactar a sus amigos para saber si podían reunirse hasta que pasara la hora.
Vivir de manera dependiente de Mikey hizo que el pelinegro no supiera hacer cosas por sí solo. Caminaba por las calles con miedo por no tener la mano del mayor sosteniendo la suya y por lo mismo, terminó en lados que él no conocía. Eran alrededor de las ocho de la noche, así que caminar por las oscuras y desconocidas calles era mucho más peligroso para un chico que estaba indefenso y que se le notaba por las expresiones faciales y corporales.
Aquello fue el límite de la mala suerte para Takemichi , quien dando vueltas por muchos lados, finalmente logró ubicarse, visualizando su departamento a dos cuadras antes, aunque unos tipos lo interceptaron en el camino y lo atacaron para robarle las inexistentes cosas que llevaba.
-¿Por eso estás tan lastimado?-preguntó Chifuyu observando algunas pocas heridas que se le asomaba por el pijama que le había prestado.
-Sí, creyeron que...que estaba mintiendo así que me atacaron-dijo el chico aun llorando-. No tuve que haberme ido por la calle menos transitada, fue mi culpa.
Y nuevamente, Takemichi se culpaba de algo que no era su culpa, pero Chifuyu no iba a criticarlo por eso, pues su odio iba más a Mikey quien le había hecho creer a su amigo que todo era responsabilidad de él.
Take seguía contando que, aun con todos los golpes recibidos, logró llegar a su edificio de departamentos sin siquiera ser cuestionado en recepción por su mal estado, aunque no le dio mucha importancia, pues solo quería llegar al lado de Mikey para ser cuidado y protegido, aunque eso fue lo que menos recibió cuando llegó.
-Él estaba con una chica-confesó Takemichi-, ni siquiera negó que ella era su novia frente a mí, fue así como me la presentó. Ella ni siquiera sintió un poco de interés en que quien era yo, solamente se fue y Manjiro...y Manjiro solo me gritó porque llegué antes de tiempo.
Chifuyu tenía motivos suficientes para odiar a Mikey, porque además de engañar a su amigo, lo trataba pésimo. Takemichi merecía a alguien mejor.
-Él estaba muy enojado, ni siquiera se preocupó por si estaba bien-siguió contando con un claro tono de dolor en su voz-. Fueron horas y horas donde me gritó cosas horribles, me golpeó e incluso intentó...intentó terminar conmigo.
-Michi, es un idiota, creo que lo mejor será que no lo vuelvas a ver más y poner una denuncia-comentó Chifuyu al ver tan nervioso al chico, lo abrazó nuevamente con más fuerza mientras maldecía internamente a ese desgraciado.
-No puedo hacer eso, tal vez dejar de verlo si, pero poner una denuncia...-el pelinegro se separó y miró fijamente a su amigo, con la mirada más apagada que jamás haya visto antes. Ni siquiera se podría reconocer el azul de su mirada-. Lo amaba mucho Chifuyu, no quería que me dejara por ella, así que tuve que hacer lo necesario para que no la volviera a ver.
-¿De qué hablas Michi?-el chico se estaba poniendo nervioso, el adorable chico que era Takemichi no se asimilaba a lo que era ahora, alguien quebrado.
-Chifuyu...-dijo con voz baja, mirando a los ojos de su amigo mientras sostenía sus manos.- Tuve que matar a Manjiro, porque si no iba a quedarse conmigo, no lo dejaría estar con ella ni con nadie más.
El chico intentó encontrar un poco de culpa en las palabras o alguna clase de broma por parte de su amigo, aunque en esa mirada que siempre había encontrado tan inocente y dulce solamente logró encontrar frialdad, incluso satisfacción por lo que había hecho.
Chifuyu no sabía cómo reaccionar, estaba nervioso. Siempre creyó que Mikey era el psicópata de la relación pero...tal vez los chicos no estaban del todo mal cuando decían que Takemichi y Mikey se complementaban a la perfección.
