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Una de las bebidas más bendecidas en todo el universo es el té. La capacidad de relajar con su aroma y deleitar al gusto del consumidor con su sabor exquisito. Vanitas no es amante del té, o quizás si. Ya no lo recuerda muy bien.
Pero si era un té preparado por la maravillosa Jeanne por supuesto que lo tomaría hasta el fondo.
—¿Cuánto de azúcar quieres en tu té, humano? —Jeanne sirve la bebida humeante en ambas tazas. En sus planes de ese día no estaba el tomar el té con la persona que le alteraba los nervios más fácilmente que cualquier otra cosa, pero las cosas a veces simplemente suceden.
—¿Se te ha olvidado mi nombre, Jeanne? —Vanitas sonríe con burla, Jeanne suspira resignada pues aún no estaba acostumbraba a las condiciones de ese tipo.
—Vanitas.
—¿Sí, mi dulce Jeanne~?
Ella le mira molesta, él sabe como hacer de sus pensamientos un desastre. Pero si quería hacer que Vanitas ya no tuviera ningún interés en ella necesitaba seguir intentando la estrategia de Dominique.
—¿Quieres que le agregue azúcar a tu té? —su voz suena quizás tan dulce como la misma azúcar que le ofrecía. Vanitas encuentra siempre el pasar el rato con ella algo entretenido.
El doctor observa el té caliente frente a él, el humo elevándose sobre la bebida y perdiéndose en el aire. Jeanne levantó una ceja en espera de una respuesta, pero al parecer aquel humano se había perdido en pensamientos.
—¿Vanitas?
El mencionado le mira y sonríe. La vampira siente un escalofrío recorrer su espalda por lo que se avecinaba.
—Voy a querer dos terrones de azúcar... y toda una vida contigo, por favor.
¿Y si lo estrangulaba en ese momento y lo hacía pasar por un accidente...? No, su amo Luca no se lo perdonaría jamás.
Además, ya debía a ese punto estar acostumbrada a las locuras que ese humano decía y que le provocaban escalofríos –y muchas veces, que se avergonzara–.
—¿Qué sucede Jeanne? —Vanitas toma la mano de la dama y le besa el dorso con suma delicadeza— ¿Mi petición te ha dejado sin palabras después de todo?
—Yo no voy a pasar ninguna vida contigo —estrepitosamente ella se levanta alejándose de Vanitas y tirando los terrones de azúcar al suelo. Es un desastre, la mesa empapada de té, el azúcar en el suelo y se avergüenza de haberlo provocado. Luego recuerda que debe seguir fingiendo que lo tolera y se toma un tiempo para calmarse— Perdón, es sólo que ha sido tan repentino... que mi corazón se emocionó.
Ella sonríe forzadamente, se acerca a Vanitas ignorando que su ritmo cardiaco incrementa con cada centímetro que están más cerca y lo envuelve en un abrazo.
—Estaré... feliz de estar una vida contigo Vanitas pero creo que es algo prematuro, aún así tú me gus... tú me... gus... —Es difícil, es difícil expresarse para Jeanne. Porque no sabe con certeza si está fingiendo en ese momento o sus sentimientos están cambiando.
Siempre que Vanitas estaba involucrado para Jeanne el asunto era confuso.
—No tienes que disculparte —Vanitas acaricia el rostro de la chica con delicadeza, las mejillas de la contraria se tiñen ante ese acto y lo primero que piensa él es que ella es adorable cuando se molestaba— Entonces por los momentos sólo dame dos terrones de azúcar para mi té... y un nuevo té.
Jeanne se aleja de él, se acaricia sus propias mejillas para quitar la sensación que ha dejado ese humano en ellas y se disculpa por el desorden mientras se marcha en busca de más azúcar y té.
