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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-01-20
Words:
2,083
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
4
Hits:
62

Beneath the milky twilight

Summary:

Hiyori y Nagisa, quienes coinciden en el balcón de su departamento de madrugada. El menor tiene una pregunta en la mirada, llamando la curiosidad de Hiyori... (cont.)

Notes:

Hice este fic a casi finales del 2020, rehusándome a creer que Eden se quedaría en Starmony con lo diva que es Hiyori (y la tirria que Ibara le tiene a Eichi). Por eso, aquí viven en un penthouse propio de la unit y financiado por Cospro.

Hay una pequeña mención al Mikanaru, pero es bien sutil.

¡Gracias por leer!

Work Text:

En medio del sopor y la pereza, Hiyori pudo divisar que las luces del pasillo se prendieron y apagaron de un momento a otro. Bostezó, peleando en contra del sueño que lo entumecía para darle prioridad a su propia curiosidad. Chequeó su celular y encontró que eran las dos y media de la mañana. Indignado, se cuestionó en su mente quién era el bobo que se levantaba en la madrugada a merodear por el penthouse. Su instinto fue culpar, de frente, a Ibara, pero recordó inmediatamente que él había optado por dormir en Starmony esa noche, así que sólo podía tratarse de Jun o Nagisa.

Hiyori rio, a la vez que se incorporaba en la cama. Jun dormía como una roca y eso empeoraba en días tan agitados como por el que justo acababan de pasar, así que sólo podía tratarse de Nagisa. El líder de Eden mantenía la rutina de salir a la terraza a ver las estrellas a altas horas de la noche, sin darle importancia a su cansancio, su estado de ánimo o la apretada agenda que le esperaba al día siguiente.

Hiyori lo acompañaba, a veces, cuando se despertaba de la nada en madrugadas como esa. Tal parecía que algo dentro de sí le indicaba que Nagisa andaba deambulando por el departamento y que debía aprovechar esos momentos a solas con él. Después de todo, había pasado un buen tiempo desde la última vez que habían coincidido.

Hiyori no la pensó dos veces y se levantó de la cama, saliendo de su cuarto en busca de su amigo. Era una oportunidad que no podía dejar pasar: nunca tenían tiempo libre y era peor al tomar en cuenta que llevaban un tiempo enfocándose en los trabajos propios de Adam y Eve. Hizo un puchero, enojado, mientras caminaba por el pasillo. Recordar que Ibara podía ver a Nagisa más horas al día lo ponía verde de envidia.

¡Era muy injusto!

“Tengo que conseguirnos un trabajo como Eden…” contempló, cruzando la sala para llegar a las mamparas que daban a la terraza. “Mm. Jun-kun puede ayudarme con eso, de seguro también extraña a Ibara~”

“Hiyori-kun,” lo saludó Nagisa, con una pequeña sonrisa. Se había girado hacia él desde que lo escuchó abrir la mampara, ignorando el cielo estrellado para dedicarle su atención.

“¡Na·gi·sa-kun~!” exclamó Hiyori, corriendo hacia él.

Su instinto lo llevó a estrujarlo en sus brazos, algo que había dejado de hacer muy a menudo tan solo para evitarle problemas con CosPro y, principalmente, a Ibara. Hiyori había entendido que debía aminorar el contacto físico con sus compañeros de unit: estaban siendo observados 24/7 y esas demostraciones de afecto probaban ser peligrosas. Existían paparazzis dispuestos a todo por conseguir la primicia y podían tergiversar lo que veían para crear escándalos. A Hiyori aún le parecía terrible que Jun e Ibara habían coincidido en sermonearle al respecto, pero suponía que tenía sentido: el bien mayor de Eden iba por sobretodo, aún si implicaba restringirse para ello.

Pero era imposible encontrar una primicia cuando nadie tenía acceso al penthouse donde vivían. La altura, además, impedía que los paparazzi fuesen capaces de observarlos desde edificios aledaños. Al menos en la comodidad de su departamento, Hiyori podía demostrarle a Nagisa lo mucho que lo adoraba.

Estaba eternamente agradecido de que Ibara se hubiese rehusado a la oportunidad de mudarse a los dormitorios recién estrenados de Ensemble Square. Pese a que garantizaban la seguridad de los idols, la idea de vivir en una construcción que le pertenecía a Eichi Tenshouin le daba urticaria.

Sin duda, ese penthouse sería difícil de dejar atrás.

“¿No deberías estar durmiendo?” preguntó Hiyori, separándose de él. Nagisa lo tomó de las manos, mostrándose un tanto distraído.

“Lo siento, no puedo conciliar el sueño.”

“¿Pasó algo?” Hiyori ladeó la cabeza, confundido.

“No.” Nagisa alzó la mirada, observando las estrellas con visible curiosidad en su rostro. “Andaba reflexionando sobre algo que escuché el otro día.”

“¡Oh!” Hiyori se mostró curioso ante esto. “¿Qué cosa?”

“Hiyori, ¿sabes que es YOLO?”

“…” Hiyori se aguantó las ganas de irrumpir en risas allí mismo. La ingenuidad de su amigo era demasiado tierna y muy jocosa, especialmente cuando se relacionaba a jergas como esa. “Lo he escuchado. ¿‘You only live once’?”

“Mm.” Nagisa asintió “Lo mencionó Sora-kun el otro día y me dejó un poco pensativo. La vida es muy efímera…”

“Lo es. Pero creo que la frase se refiere más a vivir en el momento. A… mmmm.” Hiyori intentó dar con una analogía que lo ayudara a explicar el significado de la frase, pero su cerebro aún no hacía las sinapsis suficientes como para darle un ejemplo preciso. “…Uhhhh.” Frunció el ceño, preocupando a su amigo.

“¿Estás bien?” Nagisa ladeó la cabeza.

“¡Sí! Es sólo que no ando tan despierto como para darte un ejemplo claro, lo siento,” se disculpó Hiyori. “Lo único que puedo atinar a decirte es que bueno, sí, la frase se refiere a vivir la vida al máximo, disfrutando cada momento aunque a veces tengamos que tomar riesgos.”

“…” la expresión de Nagisa se tornó pensativa ante esto, como si se tratara de un secreto del universo recién revelado ante él.

“No es tan común verte intrigado por algo así, Nagisa-kun,” comentó Hiyori, enternecido.

“Últimamente estoy aprendiendo muchas de esas cosas al lado de mis nuevos amigos,” Nagisa volteó la mirada hacia las estrellas. “Pero eso también me ha hecho contemplar amistades pasadas.”

“…” Hiyori sintió algo de irritación ante la simple posibilidad de que se tratara de un rubio odioso. “¿Eichi-kun?”

“No. Tú.”

“¿…Ya no somos amigos?” dramatizó Hiyori, llevándose el dorso de la mano a la frente. “¡Me hieres, Nagisa-kun!”

“…Siento que las cosas entre nosotros han cambiado, sí.”

“…” Hiyori se arrepintió de tratar la situación a la ligera, y su mirada lo traicionó, demostrando lo preocupado que se sentía ante lo que acababa de escuchar.

¿Nagisa ya no lo consideraba su amigo?

Habría tolerado no ser correspondido, pero ser sólo un compañero de unit a los ojos de Nagisa era algo que Hiyori no podía concebir en su cabeza, considerando que conocía a Nagisa desde hacía un buen tiempo y llevaban juntos tantos años.

“¿No entiendo? ¿Qué estás diciendo? ¿Ya no me quieres?” Hiyori se maldijo internamente al sentir que la voz se le quebraba y los ojos se le llenaban de lágrimas. Pero era comprensible, tomando en cuenta los pensamientos que cruzaban por su mente y la tensión en el aire. Algo dentro de sí lo motivaba a ser paciente y esperar a la explicación de Nagisa, pero le abrumaba la sensación de pérdida que ya afloraba en su pecho.

Cualquier persona, menos él.

Menos Nagisa.

“…” Nagisa negó con la cabeza, en silencio. “Me puse a pensar… que ahora yo también siento esa necesidad de estar contigo en todo momento. Eso que me dijiste cuando te enteraste que había empezado a frecuentar a menudo a Sora-kun.”

“¿Sí?” Hiyori se limpió los ojos, confundido. “¿Cómo así?”

“Supongo que es similar a lo que me contaste de Kagehira y Narukami. Tienen esa necesidad de verse constantemente. Y claro, siento que tenemos más suerte, porque nosotros estamos en la misma unit—”

“¡Nagisa-kun!” Hiyori lo interrumpió, emocionado al conectar las piezas del rompecabezas. “Si sabes lo que son Mika-kun y Arashi-chan, ¿no? Ellos… no son amigos.”

“Mm.” Nagisa asintió. “Por eso mismo digo que las cosas han cambiado.”

“¡Aaaaaah!” Hiyori se lanzó a abrazarlo, llorando de la alegría.

Tal parecía que las lágrimas iban a estar presentes de todos modos.

“¡Nagisaaa-kuuuun~!” canturreó, sin poder hilar pensamientos coherentes. No podía creer lo que estaba sucediendo.

Era mutuo.

Los brazos de Nagisa rodearon su cintura y Hiyori aprovechó la cercanía para darle varios besos en la mejilla, tomándolo del rostro para ayudarse en la labor. Aún no sentía la valentía como para darle un beso en los labios, tomando en cuenta que ello podía espantarlo.

Pero había tiempo para todo eso y más. Y no le molestaba esperar, nunca le había incomodado. Menos ahora, que podía confirmar lo que más había ansiado: Nagisa comenzaba a sentir lo mismo que él.

“Quiero preguntarte algo.” Nagisa interrumpió sus pensamientos con una expresión imperturbable, completamente apático ante la cercanía entre ambos.

Hiyori lo envidiaba: en su caso, era difícil hacer sinapsis con los labios de Nagisa a tan pocos centímetros. 

“¿Quién es más importante para ti? ¿Jun o yo?”

“…Siento que regresamos en el tiempo a nuestro último año de secundaria,” comentó Hiyori, riendo un poco.

“Sí… Recuerdo haberte hecho la misma pregunta aquella vez, y me dijiste que ambos teníamos el mismo rango de prioridad.”

“Fue la única vez que te he sentido celoso.”

“No ha sido la única.”

“¿En serio?”

“…” Nagisa asintió. “…Pero tal vez Jun ha escuchado más de eso que tú.”

“Awn, no tienes de qué preocuparte. No te puedo negar lo de esa vez: Jun sí era igual de importante para mí porque sentía que debía cuidarlo y criarlo por mi cuenta. Pensé que si lo dejaba de ayudar por un instante, desaparecería… como pasó contigo cuando éramos pequeños. Sé que no eras mi responsabilidad. Teníamos la misma edad, pero me afectó mucho que te llevaran lejos de mí.”

“Mm…” Nagisa apoyó su rostro en el hombro de Hiyori, inspirando su aroma y sonriendo, cómodo en sus brazos. “Pude notar algo de eso.”

“Pero como tú bien dices, las cosas han cambiado. Jun ya no me necesita. Ha crecido y ahora es un excelente idol. Sigo cuidándolo a veces, pero más como un amigo que como su senpai. No tienes de qué preocuparte, Nagisa.”

Hiyori lo obligó a encararlo al tomarlo de las mejillas, con la intención de demostrarle que su expresión sincera bastaba para darle la calma que tanto necesitaba. Pero Nagisa no se veía interesado en buscar respuestas en su mirada. Su líder optó por acercarse a él, pese al agarre en su cara, y capturó sus labios en un beso suave que lo dejó flotando ni bien terminó.

“…” Hiyori se peñizcó a sí mismo, sin poder creerlo. “¿Ii… hiyori?” ofreció… ¿confundido? ¿emocionado? ¿enamorado? Tal vez un poco de todo.

“Sí, es un buen clima.” Nagisa sonrió. “Pero tal vez deberíamos ir a dormir. Siento que Ibara nos obligará a arrodillarnos y a alzar un cartel como castigo por las ojeras que tendremos mañana.”

“Haha, eso suena muy él. Y ya lo ha hecho, ahora que lo pienso…” Hiyori recordó aquella vez del variety show en que Nagisa los había metido en contra de los intereses de Ibara.

Hasta él había terminado en el piso. Sí, para acompañar a Nagisa, pero es que no podía dejarlo ahi cumpliendo con el castigo por su cuenta.

“Podemos seguir hablando mañana,” le aseguró Hiyori. “Por si tienes más dudas.”

“…Mm.” Nagisa se separó de a pocos hasta que lo único que los conectaba eran sus manos. “No creo tenerlas, pero me agrada la idea. Te iba a sugerir que durmiéramos juntos, como lo hacíamos años atrás.”

“La idea me encanta.” Hiyori sonrió, emocionado. “Aunque dudo que pueda dormir. Estoy con tanta adrenalina y tanta alegría…”

“Lo siento…”

“Oh, querido, no te disculpes.” Hiyori mantuvo su sonrisa. “Es un sentimiento agradable. El problema de mis ojeras será de las maquillistas, no mío,” dijo, y sacó la lengua, guiñando un ojo.

“Espero que Ibara no te obligue a hacer dogeza.”

“No hay manera de que le haga dogeza a él.” Hiyori rio. “¿Vamos?” le preguntó, mirando hacia la mampara.

“Sí.”

Nagisa eventualmente tomó la iniciativa y lo condujo hacia su cuarto, cuidando no hacer mucho ruido para no despertar a Jun. Sin embargo, Hiyori sabía que esa hazaña era imposible de lograr, tomando en cuenta el cansancio de su amigo y su habilidad para dormir en completa paz aún a pesar de los gritos indignados de Hiyori en el fondo.

Ambos tomaron un lado de la cama y se recostaron, preparándose para dormir. Hiyori se alegró al pensar en que ya no necesitaría de sus almohadas de plumas o de su antifaz de satén para dormir cómodamente, más aún ahora que lo haría de nuevo al lado de Nagisa.

Sin tenerlo planeado, se giraron hacia el otro antes de sucumbir por el sueño, y tal como hacían de pequeños, cayeron en los brazos de Morfeo agarrados de las manos.

Su vida juntos continuaba, aunque un tanto distinta a como la había imaginado. Sin embargo, si algo le quedaba claro a Hiyori era que aún se venían más sorpresas y emociones positivas al lado de Nagisa.