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Still Alive (Español)

Summary:

Todos conocemos las muchas variables de la historia entre Peter Maximoff y Wanda Maximoff, dos personas que perdieron a sus gemelos y obtuvieron la versión alternativa de ellos gracias al multiverso. Sin embargo, nos olvidamos de esos dos que murieron, ¿quién contará su historia?

O: Wendy y Pietro no murieron en absoluto, y están en un lugar del que no saben cómo escapar.

Chapter Text

No importa en qué tiempo, universo, realidad o situación sea, los gemelos Maximoff siempre estarán juntos, o por lo menos desde un inicio.

 

Son almas que fueron hechas para estar juntas. Así como no hay sombra sin luz, no hay uno sin el otro y el separarse no dura demasiado, los dos se necesitan para ayudarse y estarán allí, lado a lado, hasta el fin de sus días. Sin embargo, existen dos universos que vieron el fin de ese enorme vínculo mucho antes de lo normal.

 

Ya conocemos uno. Pietro Maximoff, un joven sokoviano que recién descubría sus poderes de súper-velocidad y que fue muerto durante la batalla contra Ultron, en donde sacrificó su vida para salvar a un Vengador y a un niño, convirtiéndose así en un triste héroe olvidado por muchos, excepto por la persona que había dejado atrás, y la única a la que le importaba su muerte no por haber salvado a alguien, sino porque su ida significaba el perder todo lo que le quedaba; su hermana, Wanda Maximoff.

 

Pero, ¿qué hay de aquella gemela muerta de la que nadie habla?, de aquella que el mencionar su nombre es un tabú, de aquella que a veces parece estar olvidada entre toda la pena y el dolor que causó su ida a su familia. De aquella que casi nadie sabe nada.

 

Claro que hay quienes saben de ella, y aquellos mismos son los que intentan no decir su nombre sabiendo el gran tren de emociones que traería. 

 

Y quien sabe mejor de ella es quien fue con ella desde siempre, desde su nacimiento hasta su muerte, su gemelo Peter Maximoff.

 

Wendy, que es como la llamaban normalmente aunque ese no fuese su nombre real, estaba en su habitación mirando al techo como si este pudiese darle las respuestas a los enigmas de la vida, sin embargo estaba perdida en sus pensamientos. Aferrada a su cama, y con todas las intenciones de llorar pero no poder hacerlo por miedo a que algo malo sucediera, se limitó a intentar tranquilizarse y pensar en lo que había ocurrido en las noticias.

 

Otro ataque de odio hacia mutantes, esta vez niños.

 

Habían pasado ya tres meses desde que su hermano había ayudado a esos hombres a sacar a un tal Erik, quien descubrieron más tarde era su padre, del pentágono y desde que ese hombre había intentado declararle la guerra a los humanos.

 

Wendy siempre supo que no era igual al resto, después de todo ser extranjera en Estados Unidos durante la Guerra fría no era lo mejor que podía ocurrirte, y luego el descubrir que tenía poderes fue la confirmación de que su vida sería muy diferente a la de los niños de su vecindario. Pero ahora, con el miedo que los humanos le tenían a las personas como ella había crecido, el miedo de su madre por dejarla salir también lo hizo.

 

Si bien existía el miedo de que ella pudiese causar estragos a donde quiera que fuese (cosa que ya había pasado, por eso el constante cambio de domicilio y la insistencia de su madre por mantener sus emociones controladas), la señora Maximoff temía por lo que su hija pudiera llegar a sufrir por causa del odio y miedo que tendrían las personas hacia ella. Había vivido una experiencia similar de primera mano con el padre de sus hijos y no había sido para nada agradable ver cómo él terminaba con la vida de todos los presentes frente a ella.

 

Wendy era muy consciente de que no era culpa de ella misma, ni de su madre, ni de se hermano (quizás un poquito sí, pero no pensaría en eso), pues habían cosas que sabía muy bien que ella no podía controlar. Pero que ahora lo poco que le daba la satisfacción de sentir que tenía una vida normal, como ir a la escuela, salir con sus amigos o caminar por el parque ya no lo tendría permitido, le había golpeado tan fuerte emocionalmente que se veía obligada a no hablar con nadie en su casa, por miedo a explotar, crear un caos y llamar la atención.

 

Porque justo ahora no debía llamar la atención, debía esconderse.

 

Pero su propia mente y emociones no se la dejaban fácil. Por eso se aferraba a las orillas de su cama en un intento de aferrarse a la realidad y no terminar hiriéndose ella misma.

 

Para cuando sintió que no podía continuar así, escuchó que alguien tocó la puerta.

 

—Pasa —dijo ella.

 

Peter abrió lentamente la puerta, con cautela para no molestar a su hermana, y para cuando vio que de hecho ella quería que entrara, usó su velocidad para llegar hasta donde ella al instante.

 

—Te traje twinkies —dijo ofreciéndole un paquete, que tuvo que abrir él mismo al ver que ella no tenía la fuerza para hacerlo.

 

Mientras comía uno, miró hacia el techo otra vez.

 

—¿Cómo estás? —Preguntó su gemelo.

 

—¿Tú cómo crees? —Respondió con la boca llena.

 

Peter miró hacia la ventana del cuarto de su hermana y respondió: —está lloviendo.

 

A lo que Wendy asustada se sentó en la cama para mirar mejor y ver que, claramente, por la ventana de su cuarto se veía un bosque y una lluvia torrencial,  osa que no debería estar allí dado que estaban en los suburbios, no en medio de la nada. Hasta ese momento se percató de que las paredes de su cuarto eran grises y no rosadas, y que habían cosas algo diferentes.

 

—Oh, no —dijo preocupada.

 

—Tranquila, mamá no se ha dado cuenta, no se ve nada desde fuera —respondió Peter, tranquilizándola, cosa que funcionó porque su gemela se relajó— No has comido bien estos días —cambió de tema.

 

—No he tenido mucha hambre —confesó Wendy, arrebatándole el otro paquete de  twinkies que Peter había llevado.

 

—Pues parece que ya tienes hambre —dijo Peter.

 

—Amo los twinkies, tú lo sabes, no me puedo resistir —respondió Wendy.

 

—Por eso los traje —dijo Peter con cierto orgullo.

 

Wendy sonrió y siguió con un tercer paquete.

 

—Oye, hay un restaurante de comida rápida que abrió hace dos semanas, y se ve que es muy bueno —Wendy quedó quieta a la insinuación que sabía que vendría después, así que Peter continuó— ¿me acompañas a comprar unas hamburguesas?

 

Wendy tragó el último twinkie, sabía que le decía eso no solo por la comida, porque habían comido hamburguesas la semana pasada, más bien lo hacía porque eso la distraería un poco de lo que pasaba por su cabeza.

 

—Mamá dijo que no puedo salir— dijo con cierta tristeza en su voz— y tampoco tú.

 

—¡Oh, vamos!, soy súper veloz, si algo malo ocurre nos sacaré de allí, y pediremos las hamburguesas para llevar, di que sí.

 

—No —dijo con falsa firmeza.

 

Peter la miró de la forma en la que sabía perfectamente que le sacaría la verdad, y como Wendy siempre había sido muy mala en tomar desiciones y no ser muy firme en ellas, se rindió fácilmente.

 

—Ay, de acuerdo, ¡pero sólo un ratito!, no quiero que mamá se de cuenta y nos castigue.

 

Para cuando terminó de decir eso, ya estaban fuera del restaurante, Wendy sintió el repentino golpe de luz a sus ojos. Eran las tres de la tarde y era verano, el clima era cálido y la gente entraba y salía del nuevo restaurante de comida rápida, pasando de lado a los gemelos que estaba al lado de la puerta, ignorándolos como si no existieran.

 

—Me hubieras dado tiempo para cambiarme —se quejó Wendy.

 

—Te ves bien.

 

—Peter, llevo encerrada tres meses en casa, ¿cómo me voy a ver bien? —Dijo acomodándose la ropa para no parecer que se había levantado de la cama, cuando era justo lo que había sucedido. 

 

Peter llevaba ropa habitual más un gorro, para tapar su cabello y así evitar miradas extrañas de las personas, por la situación mutante y eso.

 

Cuando entraron, Peter fue a la fila para pedir las hamburguesas y Wendy fue a buscar una mesa donde sentarse a esperar. Ante su nueva realidad, se sentó nerviosa en una mesa que estaba en la esquina, con toda la intención de pasar desapercibida. Siempre había sido muy paranoica para cualquier cosa que le dijeran que era peligrosa, por lo que, lo que antes habría hecho de forma natural, ahora estaba con toda la intención de ocultarse de todo ojo humano en ese establecimiento.

 

Volteó a ver a todas partes, y cuando se dio cuenta que realmente no la notaban, se relajó y esperó a que su gemelo llegara con ella.

 

Recordó las veces que habían ido a lugares así, por sus cumpleaños, por celebración de algún logro o porque sí. Lugares así le traían hermosos recuerdos que nunca podría olvidar y atesoraría con todo su corazón.

 

"¿Vas a querer papas?" Ella escuchó en su mente.

 

Algo que siempre habían tenido incluso desde antes de que sus mutaciones fuesen evidentes, creyeron que era normal leerse la mente entre los gemelos, grande fue su sorpresa cuando se enteraron que no era normal con otro par de gemelos que asistían a la misma primaria que ellos.

 

"" respondió ella. 

 

Y siguió recordando momentos felices que se le vinieran a la mente mientras estaba allí, al mismo tiempo intentaba atesorar este nuevo recuerdo como consuelo de una de las pocas salidas que tendría hasta nuevo aviso. Miró a las familias y grupos de amigos que estaban en las mesas, olfateó el delicioso aroma a grasa que había en el lugar, así como el ruido de las risas de quienes la rodeaban.

 

"Oye, aquí no tienen ese refresco de uva que tanto te gusta" escuchó en su cabeza "si quieres te compro uno en la cafetería de una calle adelante".

 

"De acuerdo" respondió ella "pero sin poderes, no quiero que se den cuenta que de repente ya no estás en la puerta" dijo esto dado que había mucha gente que había comenzado a llegar, y estaba haciendo fila hasta afuera del establecimiento.

 

"Bieeeen" respondió Peter, para luego salir por la puerta de entrada y dirigirse a la cafetería.

 

Siguió con su labor de atesoramiento de recuerdos y observación del lugar, por lo que no se dio cuenta que había llegado al establecimiento una de sus ex compañeras de clase, Diana.

 

—¿Wendy? ¡Hola!, tanto tiempo sin verte —dijo sorprendiéndola, tomando asiento en su mesa.

 

—¡Hola! —dijo realmente alegre de ver una cara que hacía tiempo no veía— ¿cómo estás?

 

—Ay, chica, me tenías preocupada, no sabía qué te había pasado.

 

—Cambié de escuela —mintió– ahora estoy en la Campbell high school.

 

—Ah, caray, fíjate que tengo amigos allí, pregunté por ti porque supuse que quizá te habías cambiado de escuela y quizá estabas allí, y nadie te supo ubicar —dijo bastante confidente "pero bueno, quizá fue mi culpa que no supe cómo describirte.

 

Wendy comenzó a sentirse un poco incómoda, recordó porqué no había sido muy amiga de Diana: porque era bastante chismosa. Mientras esta excompañera hablaba, miró por la ventana gigante del restaurante para ver si Peter ya llegaba, pero aún no.

 

Mientras Diana hablaba y daba a entender que no creía que ella estuviese siendo sincera en cuanto a que ya no estudiara en la misma preparatoria, Wendy miró otra vez hacia la ventana y lo que vio hizo que dejara de poner atención a lo que la chica decía.

 

Un grupo de jóvenes armados se dirigían al mismo establecimiento de comida rápida. Los había visto en las noticias, se hacían llamar "purificadores" y cometían actos de odio hacia mutantes con el fin de matarlos y, según ellos, cuidar de la raza humana. Sintió un frío recorrerle la espalda cuando vio que todos tenían los ojos puestos en ella.

 

Todo pasó muy rápido.

 

De alguna forma u otra habían unidos los hilos, las explosiones inexplicables y los cambios de domicilio de su familia no eran pura coincidencia, y el hecho de que dejase de estudiar justo cuando habían comenzado los problemas mutantes no eran cosa de azar. No eran para despistados, venían por ella y lo único que pudo pensar es que era bueno que Peter no estuviese allí.

 

Claro que sabía que podría sacarlos de allí, pero como ya sabemos, Wendy era muy paranoica en cuanto al peligro (aunque a veces se podía distraer de él, pero ese no es el punto) y prefería que su hermano estuviese desesperado por la lentitud de las cosas mientras compraba un refresco de uva, a que estuviese allí. Además, sólo la querían a ella, Peter siempre escapaba de la policía por lo que no tenían registros de él, quizá era por eso que no habían preguntado por gemelo.

 

Ellos crearon un alboroto en el establecimiento diciendo que estaban allí para eliminarla, dejaron que las personas escaparan y a Wendy la rodearon, claramente no podrían hacerle nada aunque quisieran, y como ya se había descubierto que era una mutante, no tuvo reparo en lo que haría.

 

Dejó que todo lo que traía acumulado dentro de sí, saliera, tres mese de angustia, desesperación e incertidumbre salieron en forma de ondas y luces rojas que comenzaron a envolver el lugar. Habría ido un éxito si no fuese porque intentaron matarla aun cuando todo eso ocurría, lo que hizo crecer más la angustia que ella sentía dentro de sí al punto en el que sus propios pensamientos y emociones fueron tan fuertes que descontrolaron sus poderes al punto en donde no creía que podría resistir.

 

"¡Wendy!" Escuchó dentro de su cabeza "¡Wendy, déjame entrar!" Suplico Peter.

 

Eso no sirvió nada más que para empeorar su estado de ánimo y por consiguiente, sus poderes aumentaron en destrucción. Se encontraba en medio de un tornado de nubes rojas junto a los jóvenes purificadores y el escenario podía ser más familiar y terrorífico para ella. Intentó tranquilizarse para evitar mayores desastres y así que esto sólo fuese un susto para los chicos, sin embargo no podía hacerlo, había un dolor dentro de su corazón que se expandió por todo su cuerpo y comenzó a devorarla viva.

 

Sus manos ardían y poco a poco parecían irse desvaneciendo, y aunque eso debió haber sido suficiente para que se comenzara a debilitar, irónicamente aumentó el caos a su al rededor. Los purificadores sufrieron las mismas consecuencias aún más rápido, muriendo destrozados por la fuerza del poder de Wendy.

 

Aún más asustada por lo que sus ojos habían visto, comenzó a tener un ataque de pánico. No podía respirar, su corazón iba muy rápido, y aquel desvanecimiento en sus manos se propagó d rápidamente por todo su cuerpo, rompiéndolo en pedazos que aún no se separaban. Aceptó su inminente destino, morir. Y extrañamente, la idea no le parecía tan mala.

 

"Wendy, por favor" escuchó una vez más en su mente.

 

Y aún en medio del dolor que sentía, no pensó en ella, pensó en Peter, y en el dolor que le causaría su partida.  O podía irse, no podía dejarlo, pero sabía que no tenía otra opción porque tarde o temprano terminaría haciendo algo mucho peor que lo estaba sucediendo en ese momento. Así que hizo lo único que se le ocurrió.

 

"Peter, no te culpes por esto, por favor" respondió débilmente a su gemelo.

 

Para cuando las nubes se desvanecieron, Peter y las demás personas que habían logrado escapar del establecimiento vieron el aterrador escenario lleno de caos, destrucción y un cuerpo destrozado en medio de todo.

 

Otra vez, Peter había llegado tarde.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si la experiencia de morir era traumática, lo que le seguía era peor, por lo menos para alguien tan extrovertida como Wendy. 

 

Wendy, al contrario de su gemelo, creía que debía haber algo después de la muerte, el que todo terminara cuando moría no le hacía sentido, así que cuando abrió sus ojos y se dio cuenta que estaba en otra parte, sintió una especie de alivio al saber que había estado en lo correcto.

 

Se dio cuenta que no sentía más dolor en su cuerpo, tampoco se sentía cansada, ni tenía frío ni calor, pero esa presión en el pecho no se le había quitado. De lo único que estaba segura era que había un piso, un piso tan blanco como todo a su alrededor, pareciendo así una habitación gigantesca e infinita (si es que era una habitación).

 

Estaba sola, cosa que era aterradora dado a que odiaba estar sola, o por lo menos saber que estaba sola. Disfrutaba de la soledad pero no disfrutaba de saber que no había gente cerca de ella, ¿se entiende?

 

Al principio intentó tomarlo con calma, luego sintió que se volvía loca. Estar en básicamente 'nada' y a la vez en un lugar era desconcertante y terrorífico. Y quizá, sí es que no hubiese descubierto que sus poderes funcionaban allí, habría enloquecido por completo.

 

Primero descubrió que pudo crear una cama, luego recrear todo su cuarto, y al final recreó toda su casa. Como la sensación de hambre no existía en ese lugar, no tenía la necesidad de hacerse de comer, pero aún así intentó hacerlo, para sentirse un poco viva. Dejó de hacerlo al saber que no sentía satisfacción alguna al comer, dado que la comida no tenía ni sabor ni olor. Lo único que estaba dispuesta a ingerir era agua pura, porque era igual a como cuando estaba viva.

 

Descubrió que no podía crear nada vivo, ni árboles, ni plantas, ni animales, ni personas. Sabía que quizá el crear a personas para vivir en ese lugar era casi como a jugar ser Dios, pero lo intentó una vez y no lo logró. Cuando estaba viva había podido crear algunas pequeñas mariposas dentro de su cuarto, y a veces arañas para asustar a Peter. Por lo que se conformó con crear plantas de plástico.

 

Otra de las cosas en las que estaba consciente pero en la que no pensaba mucho para evitar enloquecer, es que el tiempo no existía ahí. O por lo menos no sabía cómo medirlo. Si se ponía a pensar, fácilmente podría decir que habían pasado entre una semana o diez años desde que había llegado allí.

 

Sabía que ya no era la niña que había llegado allí porque su cuerpo se veía diferente, pero su mentalidad seguía siendo la misma, es como si para su cuerpo hubiesen pasado años, pero para su mente apenas unos días. Y a pesar de eso, gracias a que  no tenía ningún contacto con alguien, sentía que llevaba siglos allí encerrada. Entonces, era una especie de paradoja la que intentaba ignorar.

 

Sus emociones podían ser libres allí, pues no habría a quien dañar y si rompía algo, no habría castigo para ella. Así que se desaguó con todo lo que creaba y lo reconstruía, haciendo parecer que no había pasado nada.

 

Los recuerdos de su gemelo que a veces venían a su cabeza la hacían descontrolarse muy a menudo, y si bien extrañaba a su mamá y a su hermana pequeña, no podía soportar mucho el saber que ya no estaba con Peter. Después de todo, habían estado juntos toda su vida, y que ahora estuviesen separados la hacía sentir culpable, mal y triste. Con un vacío que se hacía más grande cada vez al no tener a nadie de consuelo a su lado.

 

Mismo vacío que también intentaba ignorar para no enloquecer.

 

Un día descubrió que tenia visitantes, pero no se alegró en lo absoluto, y es que no podía alegrarte cuando tus invitados eran monstruos gigantes con ganas de comerte.

 

El primero fue pequeño, y Wendy pudo terminarlo con facilidad, pero cada que uno llegaba, cosa que no ocurría muy a menudo, era cada vez más grande que el anterior. Muchas veces había salido lastimada, pero no había problemas porque sus heridas curaban rápido. Pero el hecho de que Peter minara lastimada la hacía pensar que quizá, sólo quizá, no estaba muerta del todo.

 

Pero su pesimista corazón no la dejó crear una esperanza lo suficientemente fuerte como para intentar salir de ese lugar, quizá sólo eran monstruos creados por su imaginación porque ya se estaba volviendo loca, y su mente estaba de acuerdo en que esa teoría no era muy descabellada.

 

Poco a poco la casa que había creado dejó de parecerse a la que tenía cuando aún estaba viva. Conforme más tiempo llevaba allí, más modificaciones le hacía, cambiaba las paredes, añadía piscinas, o creaba más habitaciones con la excusa de que se veía lindo, pero de manera inconsciente lo había hecho con la esperanza de que algún día alguien llegara allí. 

 

Fue un día (o noche) que decidió crearse una televisión gigantesca. No lo había intentado ni con una de tamaño regular, porque creía que no funcionaría, supuso que no habría señal de televisión hasta el plano de... de lo que sea que fuese el plano en donde estaba. 

 

Había intentado por lo menos reproducir en la TV recuerdos o películas que ya hubiese visto, y logró incluso cambiar los finales que había odiado. Así lo fue haciendo de modo que cada vez que veía una película, era cada vez más diferente a la original. Replicó eso mismo con la radio, creando así nuevas versiones de canciones y programas.

 

Una vez acostumbrada a ello, se sirvió un vaso de agua, buscó una manta, cambió su ropa a una pijama y creó el sillón más suave que pudo imaginar, estaba lista para olvidar su realidad. 

 

Estuvo pasando las películas, programas o series, de repente se dio cuenta que realmente no tenía la imaginación suficiente para poder crear algo que no hubiese visto ya.

 

"Parece que no hay nada bueno en la televisión" dijo para sí misma, con la voz un poco rasposa. ¿Des hace cuanto tiempo no había hablado?

 

Justo estaba terminando de decir eso, cuando la televisión comenzó a cambiar de canales muy rápidamente.

 

Wendy se quedó quieta, tratando de comprender qué estaba pasando. La televisión comenzó a tomar un color escarlata en la pantalla, y a cambiar de forma a versiones viejas y algunas que parecían futuristas. Intentó detener la falla con sus poderes, para cuando pareció acabar todo, se tranquilizó.

 

Sintió alivio, algo que no había sentido durante mucho tiempo.

 

La televisión mostró un programa de una familia feliz, y la pantalla apareció el titulo 'Wandavision', mostrando a una pareja y a sus hijos gemelos. Wendy se extrañó, al ver a, lo que parecían, mutantes en el programa, porque no recordaba haberlos visto jamás, o que fuesen parte de alguna película o serie.

 

Un presentimiento de que algo inesperado sucedería tarde o temprano se instaló en su corazón, pero sus pensamientos le decían que era imposible, que lo inesperado sucedería si ella lo permitía. Intentó tranquilizarse mientras veía a los niños buscar a su perro perdido. Y mientras lo hacía, su cerebro le decía que lo de hace unos momentos había ocurrido por su deseo de ver algo nuevo, y que no había más explicación al respecto.

 

Mientras más avanzaba el capítulo, Wendy comenzó a sentir una extraña conexión especial con lo que sucedía en pantalla, muy dentro de sí sabía que sus sueños en la vida eran muy simples, justamente como la protagonista. Supuso que era un intento de su poder para tranquilizarla y darle una probada de lo que podría haber sido su vida si no hubiese muerto, pues el nombre de la chica era Wanda Maximoff.

 

No se veía nada igual a ella, pues Wendy tenía un cabello castaño y con rizos naturales, a diferencia de Wanda quien era pelirroja y con rizos claramente falsos. Su piel, si bien era clara, no lo era tanto como el de la chica de la televisión, y demás diferencias que no se puso a buscar para poder poner atención a lo que sucedía en el programa.

 

El presentimiento de que algo inesperado iba a suceder no se hizo esperar cuando vio la pelea entre Wanda y Vision, como si algo no estuviese bien, o que vendría una sorpresa.

 

Fue que sonó el timbre y que Wanda abrió la puerta que comprendió su presentimiento.

 

Su hermano, su gemelo, su Peter estaba en la puerta, sonriendo como siempre lo hacía y abrazando a Wanda. No supo cómo reaccionar. Supuso que todo eso se trataba de un '¿qué pasaría si...?' De su vida, pero ahora sentía que quizá le habían robado su vida. Y no puso entender cómo su hermano, con quien había compartido toda su vida, no podía reconocer que Wanda no era Wendy, o de cómo estaba tan tranquilo aceptando que esa versión falsa de ella era la real.

 

Su mente le decía que debía calmarse, que todo tenía una explicación, pero su terco corazón, aquel que la había maldito a estar muerta, hacía tanto ruido que no la dejaba escuchar a su parte racional para tranquilizarse.

 

Ese mismo corazón que estaba furioso con Peter, fue el mismo que intentó con todas sus fuerzas llamar a su hermano, a lo que su mente y sus poderes estuvieron de acuerdo. Cuando estuvo a punto de explotar otra vez, sonó el timbre de su propia casa.

 

Quedó quieta intentando analizar lo que acababa de ocurrir, estaba consciente de que llevaba años allí encerrada y que no había forma de que alguien llamara a la puerta, porque era imposible, mucha gente moría cada segundo y con el tiempo que llevaba allí ya era suficiente para que fuesen billones de personas en ese lugar.

 

A menos que fuese otro de esos monstruos que la atormentaban, en ese caso quizá era uno tan evolucionando que tenía la capacidad de poder tocar el timbre antes de comenzar a destruir la casa imaginaria de Wendy a lo salvaje, como lo habían hecho los otros.

 

Sintiendo que el corazón lo tenía atorado en la garganta, caminó lentamente hacia la puerta con sus manos brillando levemente en rojo escarlata.

 

"¿Estará la casa vacía?" Se preguntó alguien, de la misma forma en la que Peter le hablaría mentalmente a Wendy, y sintió que los latidos de su corazón se aceleraban cada vez más.

 

Esta vez, ya sin perder tiempo, corrió hasta la puerta y la abrió, sólo para encontrarse a un joven alto, de cuerpo mejor trabajado que el de Peter, cabello rubio teñido, de ojos azules y ropa deportiva que la veía de las misma forma en la que ella lo hacía.

 

Sabía que claramente no era Peter, eso era obvio, pero su presencia era similar. No hay otra forma de explicarlo más allá de que, aunque no se sentía igual que su hermano, la conexión de gemelos es evidente entre ellos, así que antes de que ella pudiese decir algo, dijo:

 

—¿Peter?

 

—Pietro —corrigió él.