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El reflejo de Atsumu a través del espejo es lamentable.
No tiene la mínima de idea de cómo debería afrontar las cosas luego de que salga de aquí. Es cierto que habló con su capitán, aunque después de eso simplemente dejó a su equipo atrás y corrió al baño más cercano viéndose igual que un pobre cobarde.
Para él, perder su primer partido ni siquiera era algo que se cruzaría en su cabeza. No, su objetivo siempre fue aplastar a todos.
Humillante.
El título de mejor armador no es algo que cree que merezca, mucho menos ahora. Su equipo, el favorito a ganar las nacionales terminó siendo eliminado por otro sin nombre. No, por supuesto que esa escuela tiene un nombre, el maldito Karasuno.
Los dedos de Atsumu se aferran al lavamanos, el agua cayendo del grifo salpica su rostro.
—Va a lastimar su uñas de esa forma, Miya-san.
Atsumu parpadea, no se había dado cuenta de que lo blanco que estaban sus nudillos y de lo cerca que estaban sus uñas de sangrar.
Por su regla de setter, debería cuidar sus manos como si fueran oro. Sin embargo, ahora su mente no se encuentra especialmente estable. Es un imbécil cuando quiere serlo, por lo que sus dedos aprietan al borde frío del lavabo, el agua rociando sus pestañas.
—¡Miya-san!
Esa voz chillona.
Atsumu abre los ojos y gira el cuello al punto que duele.
Naranja.
Es tan colorido como una naranja.
—¿Qué carajo importa ahora?
El bonito bloqueador central del Karasuno se encoge de hombros.
Atsumu suspira, aleja sus manos del lavamanos y cierra el grifo con fuerza.
Mala idea, un gota de sangre escapa de su pulgar derecho. Atsumu se lo lleva a la boca y lo chupa como si fuera un desquiciado, cuando voltea para dirigirse a la puerta, descubre que Shoyo todavía se halla parado allí; mirándolo con curiosidad.
Debe pensar que Atsumu es un demente.
Atsumu toma algo de papel y se seca las manos antes de enfrentarse al pequeño.
—Miya-san es un idiota arrogante que no sabe perder, ¿es eso lo que estás pensando?
Atsumu se detiene a un distancia considerada, sus manos en sus caderas.
El pequeño camarón guarda silencio y se mantiene firme, pero no lo suficiente. Atsumu lo ve, la forma en que las propias manos de Shoyo tiemblan pese a que esté intentando cubrirlas con la tela de sus pantalones cortos.
Atsumu es un imbécil que acaba de intimidar al chico que le ganó de forma limpia.
—Shoyo-kun...
—Miya-san, vas a seguir jugando voleibol, ¿no es así? —sus ojos color miel se clavan en los de Atsumu.
El rubio asiente, por supuesto que lo hará.
—Te hice una promesa, Shoyo-kun. No puedo abandonar el voleibol así de fácil.
Hay una sonrisa asomándose en el rostro del pelinaranja.
—Entonces es mejor que cuides tus manos, ¿cómo vas a colocar para mí si tus dedos están en mal estado?
Este chico...
¿Atsumu de verdad pensó que lo asustó? Fue tan tonto.
Algo peligroso despierta dentro de Atsumu. Algo que ya había sentido en la cancha y ahora se manifiesta a más no poder porque tiene a Shoyo solo para él.
Arrastra sus pasos perezosamente, no es que necesite caminar demasiado para que la puntas de sus tenis toquen las de Shoyo.
Inclina su cuerpo lo suficiente para que su rostro quede frente a Hinata.
Hermoso.
Los ojos de Shoyo son muchos más claros de cerca, entre un tono acaramelado y a la vez unas gotas de miel derramadas en ellos. Las pecas que adornan su nariz combinan perfectamente con el color de su cabello, provocando que Atsumu desee pasar sus labios por todo su rostro.
Atsumu no mira más.
—Guau, tienes una cara realmente bonita, incluso más preciosa que la de cualquier otra chica.
Y los labios que Atsumu estaba intentando ignorar se fruncen en confusión.
—¿Miya-san?
—Nadie morirá si me llamas por mi nombre, Shoyo-kun.
Hinata aleja un poco su rostro.
—Umm, ¿Atsumu-san? —perfecto, suena jodidamente maravilloso— ¿Por qué te estás burlando de mí?
—¿De qué manera?
—¿Diciendo que soy bonito? No es el modo en que la gente suele describirme.
—¿Cómo lo hacen?
—Suelen llamarme enano o mocoso, Kageyama-kun me dice idiota —y luego su rostro se sonroja con timidez.
Una vena podría estar hinchándose en la frente de Atsumu. Cielos, quiere golpear a cada persona que haya insultado de ese modo a Shoyo.
—A la mierda con todos ellos, para mí eres como un bonito mounstro —los ojos de Shoyo se abren cómicamente—. No lo estoy diciendo de mala manera, en la cancha eres verdaderamente aterrador.
La expresión de Hinata luce excitada.
—¡Gracias, Atsumu-san! Creo que tú también lo eres.
—Lo sé, soy muy guapo.
Las mejillas de Shoyo se tornan de rojo.
—¡No me refiero a eso!
Atsumu se ríe y por un momento espera a que alguien los interrumpa. Tal vez un Osamu furioso porque el rubio ha desaparecido por más tiempo de lo acordado, o lastimosamente algún compañero de Shoyo venga a llevárselo.
No sucede nada de eso.
Nadie está impedimento que Atsumu acaricie el rostro del pequeño bloqueador del Karasuno.
—Pero lo digo en serio, me tenías hipnotizado en la cancha.
—Es mi deber, ¡sí!, soy una especie de carnada.
—Supongo que esa fue la razón — podrían estar compartiendo el mismo aire en este momento—. O tal vez no, quién sabe.
Al parecer son aquellas palabras las que despiertan a Shoyo, debido a que su respiración se corta por un breve segundo.
Y es tan lindo ver a Shoyo cerrar sus ojos con una especie de miedo o deseo, Atsumu sinceramente no lo sabe. Su corazón casi sale de su pecho cuando observa que los labios de Shoyo se juntan como si estuviera esperando...
Lindo. Lindo. Lindo.
Atsumu tarda demasiado, está nuevamente tan hipnotizado que deja escapar su oportunidad cuando Shoyo abre los ojos y retrocede unos centímetros.
—¡Lo siento!, ¡no tengo idea de lo que estaba haciendo! Yo-
Atsumu lo interrumpe.
—No suelo besar a las personas justo después de conocerlas —su brazo alcanza la cintura de Shoyo y lo atrae devuelta hacia él. Puede ver algo brillar en los ojos de Shoyo, Atsumu quiere pensar que es un rayo de esperanza. Entonces, inclina su cabeza y su mirada se detiene en la boca del menor—. No obstante...
Se arrepentirá como nunca si deja ir a este chico.
Besar a Shoyo no se compara a nada en absoluto.
Es inexplicable, primeramente porque lo que Atsumu había dicho es verdad, no suele besar a personas al azar, mucho menos a alguien que acaba de ganarle en el deporte que ama. Shoyo es diferente, desde aquel salto frente a toda la multitud probablemente ya tenía a Atsumu a sus pies.
Shoyo gime en señal de sorpresa, aferrándose desesperadamente a la chaqueta de Atsumu. Esto solo provoca que Atsumu sonría de ternura, su mano moviéndose para acariciar los rizos esponjosos de Shoyo.
Atsumu descubre algo muy interesante cuando nota que la boca de Shoyo se mantiene cerrada.
Se separa solo por un segundo y con su pulgar acaricia el labio inferior de Shoyo, deslizando su dedo con cuidado.
—Justo así, Shoyo-kun.
Shoyo parece no tener idea de lo que Atsumu está haciendo hasta que la lengua del armador de alguna manera se cuela en el interior de su boca. El rubio quiere burlarse, quiere hacer tantas cosas, pero se obliga a sí mismo a mantenerse al menos un poco cuerdo.
La lengua de Shoyo intenta moverse con la suya, de hecho Atsumu decide ir lento para que el pelinaranja logre acomodarse a él. Sus cuerpos se aprietan cada vez más cerca y el olor del sudor acumulado en la cancha ni siquiera es un problema debido a que la mente de Atsumu no hace nada más que memorizar cada detalle respecto a Shoyo-kun.
Es un desastre si se lo preguntan, saliva por todos lados, lenguas luchando por sincronizarse. Las manos de Shoyo han pasado a jalar con tanta fuerza el cabello de Atsumu que este último gime entre una mezcla dolor y placer. Está encantado con Shoyo, con los pequeños sonidos que salen de su garganta, con lo dulce que son sus labios y lo tentadora que son sus expresiones.
Atsumu solo se encuentra lamiendo la boca del menor cuando escucha su propio nombre escapar de los labios de Shoyo y se vuelve lo más obsceno que alguna vez haya escuchado. Y vamos, es consciente de que Hinata no buscaba nada con ello, pero aun así el vientre de Atsumu se calienta mientras que pensamientos para nada inocentes cruzan por su cabeza.
Él es el único que está perdiendo aquí.
Hay una línea de saliva resbalando de la barbilla de Shoyo cuando ambos se alejan con las respiraciones completamente agitadas.
Atsumu es generoso y lo limpia, un poco con sus dedos a la par que coloca pequeños besos en las comisuras de los labios del pelinaranja. El rostro de Shoyo luce cansado, como si hubiera corrido un maratón por lo sonrojadas que se ven sus carnosas mejillas.
Él es tan lindo.
—Atsumu-san...
Finalmente cede y se deja caer sobre el pecho de Atsumu, quien lo recibe con los brazos abiertos.
No tiene idea de lo que ronda por la cabeza de Shoyo, ni mucho menos sabe exactamente qué hará una vez que lo deje ir. Se besaron como si se conocieran de toda la vida, lo cual no tiene sentido, pero Atsumu no posee ningún tipo de arrepentimiento ante ese hecho.
Shoyo es especial, no tiene idea de si piensan lo mismo de él, sin embargo, se encuentra sosteniendo el cuerpo cálido de Shoyo en sus brazos, eso es suficiente por ahora.
—¿Vas a invitarme a salir?
El corazón de Atsumu comienza a latir con más rapidez de lo que ya lo estaba haciendo.
—¿Shoyo-kun?
—¿Me besaste de esa forma solo porque estabas enojado? —Atsumu traga saliva—. Ese fue mi primer beso, ¿sabes? No te perdonaré si-
Ni el mismo Atsumu se perdonaría si hiciera algo así.
—Espera, espera. No he dicho nada, tampoco sabía lo que tú querías —se siente raro porque Shoyo todavía lo abraza—. Tengo que volver con mi equipo ahora o Samu me matará, pero...
Los ojos de Shoyo lo miran con ilusión.
—¿Pero?
—No me iré sin obtener tu número de teléfono.
La sonrisa que recibe en respuesta es una de las cosas más hermosas que Atsumu nunca vio.
O bien, puede que Atsumu ya esté un poco (solo un poco) enamorado de Shoyo.
Fin.
