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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-02-01
Words:
3,796
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
15

Cinco días, una pregunta.

Summary:

Arystar tiene un solo objetivo y toda una semana para cumplirlo. El problema serán los obstáculos diarios y típicos de ser maestro en un jardín de niños. Kuroeri. Kinder AU.

Notes:

Esta es una de esas cosas que tienes casi acabadas y guardadas en una carpeta desde hace años…luego leí de la leyenda de persona que escribió como 1,000 fics para su "rare pairing" por que no había nada y pues… me inspire jajaja.

Work Text:

Es lunes por la mañana, el comienzo de una nueva semana que es también la última semana antes de vacaciones de primavera y Arystar ha decidido que será la semana en que por fin invite a Eliade a salir. Su plan es sencillo, la verá en la sala de maestros, tomará un respiro, se acercará a saludar y de inmediato, antes de que lo traicionen los nervios, le dirá con el tono más confiado que pueda lograr…

“Quiero invitarte a una cita Eliade, ¿aceptarías?”

Sí, le suena perfecto, casual, bastante sencillo, es un buen plan y tiene la semana completa para controlar sus nervios y llevarlo a cabo.

Para los obstáculos es para lo que no está preparado y desde el momento en que ve a dos de sus pequeños alumnos doblar la esquina del amplio pasillo con paso determinado, Arystar sabe que se meterán en problemas. Nada grave, la clase de problemas en los que se puede meter un infante de 5 años es en muy rara ocasión algo grave...para ellos. 

Para él es exactamente la clase de problemas que lo meterán en un problema mayor. Porque si de algo está seguro es que el pasatiempo favorito en conjunto de Allen y Lavi es el de proclamar la guerra, repetidamente y a cualquier hora, a sus acérrimos enemigos del salón "B" los hermanos Noah. 

Lo que quiere decir que Arystar tendrá su propia mini-guerra con la maestra de dicho salón y enfrentar a Eliade nunca termina bien, para él.

Así que apresura el paso y se encamina a perseguir a sus pequeños alumnos que le llevan un buen tramo de ventaja, pero espera alcanzarlos y detenerlos antes de que se desate el caos. Cuando gira en la esquina se da cuenta que ha llegado demasiado tarde, al fondo vislumbra una mata de cabello en un puro color blanco y otra más en un vibrante color rojizo y se percata que en esta ocasión dichos colores se ven acompañados por motas en colores púrpura, verde, azul y rosa. Ha llegado a mitad de una enérgica batalla en donde enormes porciones de pintura salen volando a diestra y siniestra.

Las paredes que los rodean y el suelo se convirtieron en víctimas de fuego cruzado y más importante aún, las figuras frente Allen y Lavi están cubiertas en pintura de pies a cabeza.

Definitivamente esto no acabará en nada bueno y lo confirma en el momento en que levanta su vista para cruzar mirada con Eliade, quien ha llegado casi al mismo tiempo a contemplar con sorpresa la escena y cuya mirada está ahora clavada a él con reproche.

Es entonces que reacciona.

“¡Allen, Lavi!” sus alumnos se detienen en seco con ambas manos cargadas y listas para el ataque, en cuanto ven a su maestro acercarse las dejan caer a su lado y la gruesas municiones de pintura se esparce en el suelo con un sonido pesado.

---

Una hora después y el control de daños aún sigue.

Para su suerte a todos los niños se les ha pedido un cambio de ropa a inicio de año por lo que la tarea de limpiar a los alumnos se vuelve un poco más fácil y si se apresuran la pintura de agua debe poder quitarse casi por completo de las paredes.

La aparente tregua que se había formado entre los adultos por la necesidad de limpiar a sus alumnos se ve interrumpida cuando Eliade levanta la vista del lavabo y le clava la mirada a través del espejo para luego reclamarle con tono serio.

“Ya habíamos hablado sobre esto Arystar”

“Son niños Eliade” y suspira por que sabe que como argumento se escucha bastante débil, pero es lo único que se le ocurre bajo la intensa mirada de la rubia.

“Sí a los que se les tiene que corregir y en ocasiones tu no tienes el temperamento para disciplinarlos” objeta ella y le parece que tiene razón, quizá es muy blando, ya habían hablado de tomar medidas sobre la rivalidad entre sus alumnos y dado que en esta ocasión Allen y Lavi fueron los que iniciaron no le queda más que concederle el punto. 

“Maestro”

“Ahora no Lavi”

“Pero, ¿Qué es ten..tepe..raento?”

“Lavi…” y una vez más, suspira.

El pequeño pelirrojo se cansa de esperar y con impaciencia le suelta la mano para hurgar entre las cosas de su pequeño morral, encuentra la libreta roja decorada con conejos que siempre le acompaña, toma una crayola con punta plana y se dispone a llenar absolutamente todo el espacio de una hoja con su intento por escribir "temperamento" mientras deletrea en voz alta. Es la costumbre del infante, anotar su versión de toda palabra nueva que escucha en los adultos para preguntar después y a Arystar siempre le ha parecido algo tierno. 

Por su parte Allen respeta la distancia física que se ha impuesto gracias a los maestros, pero no por ello deja de dar pelea y hace todo tipo de gesto burlón con su cara y su única mano libre. Tyki, quien está en un rincón, no se queda atrás y regresa cada gesto con igual fervor. Eliade sigue tallando con cuidado la cara del pequeño Devit que fue de lejos el más afectado por la pintura y quien se rehúsa a soltar su pequeño y desgarrado muñeco de trapo que por algún extraño milagro se ha salvado de ser manchado. La escena le parecería bastante cómica si no fuera porque la tensión en la habitación entre los adultos es casi palpable. 

Y claro que tenían que hacerlo en lunes, el fin de semana les dio tiempo de sobra para aburrirse. Y aunque adora a sus pequeños alumnos a veces se pregunta si no debería ser más estricto con ellos.  

---

El martes es, sin lugar a duda, el día más incómodo de la semana. Ha cruzado camino con Eliade por la mañana pero ella le ha ignorado, al parecer aún sigue molesta por lo acontecido el día anterior. 

No le toca hacer guardia a la hora de recreo, pero de todas formas decide echar un vistazo y asegurarse de que Allen y Lavi están lo suficientemente entretenidos, jugando a “conquistar el castillo” con Leenale, como para meterse en problemas semejantes a los del día anterior.

Se dirige entonces a la sala de maestros a pasar lo que queda del receso. Lo primero que nota al entrar al salón es a Eliade, no puede evitarlo, es casi una reacción natural.

Prepara té para ambos porque le parece la excusa perfecta para empezar a preparar terreno y lograr que ella le hable. Gasta más tiempo del necesario en el área de la pequeña cocina y se asegura de poner la cantidad justa de limón y miel al té de ella. Como sabe que lo prefiere. Toma las tazas y camina nervioso  hacia el rincón donde la rubia está revisando los cuadernos de trazo de sus alumnos.

“¿Té?” pregunta y le sorprende lo nerviosa que puede sonar una simple sílaba.

Ella solo asiente sin dirigirle la mirada, completamente enfocada en lo suyo. Quizá subestimó la magnitud del asunto porque aunque no es la primera vez que los alumnos de ambos entran en conflicto, si es hasta la fecha la más agresiva.

Deja ambas tazas sobre la mesa y toma el asiento frente a ella. Con lo que no cuenta es que después de escuchar las  “Gracias” tan frías que Eliade le ofrece no se le ocurre qué más decir, así que da otro repaso a su plan para invitarle a salir, sabe que no debe hacerlo aún, pero repetirlo le da algo en qué ocupar su mente. 

El silencio que se extiende entre ellos es algo incómodo, pero si no hace un esfuerzo por lograr que le hable quizá no tenga oportunidad en toda la semana de invitarla a salir. 

“¿Cómo le explicas a un niño de 5 años el significado de temperamento?” le pregunta, haciendo un ademán exagerado de genuinamente estar pensando la pregunta.

Ella intenta contener una sonrisa meneando la cabeza y Arystar siente que de repente el aire entre ellos es mucho menos denso.

“¿Es necesario que un niño de 5 años aprenda que es temperamento?” le contesta ella, levantando por fin la mirada de los gruesos cuadernos que revisa y enfocandola en sus ojos grises mientras arquea una ceja. 

Por un segundo al pelinegro se le olvida la conversación, los ojos carmesí de Eliade le resultan hermosos y no sabe cómo explicar el terrible efecto que le produce mirarlos, no es nada si no un pobre romántico y vaya que está enamorado. Desvía la mirada cuando le contesta, meneando un poco su taza de té solo para tener algo en qué ocupar sus manos. 

“A decir verdad, a veces no sé si diría que Lavi tiene en realidad 5 años, a veces creo que es mucho más sabio que la mitad de los adultos aquí” le contesta y cuando la escucha reír un poco, le devuelve una sonrisa. Pasan lo que resta del tiempo platicando, lo que quiere decir que no está tan enojada como aparenta, ha aprendido a medir sus humores y sin duda esta plática amena le parece una pequeña victoria. 

Cuando el timbre del recreo suena indicando el final de la media hora de juego de los pequeños, Arystar se levanta rápidamente para tomar los cuadernos de los alumnos de Eliade, sin darle tiempo a ella de cargarlos. Y a pesar de las protestas (que no son muchas) la acompaña hasta su salón y se despiden sin mucha prisa. Sin duda el martes es una victoria.


---


El miércoles es día de cambio de guardias y todos los profesores deben verificar en el pizarrón de la sala de maestros el lugar que se les ha asignado cuidar durante el descanso de los pequeños. 

Cuando Arystar se acerca a verificar el suyo se lleva una agradable sorpresa y agradece al universo o cualquier entidad celestial que exista (nunca ha sido creyente en dioses) porque esta semana le toca hacer guardias con Eliade. 

“Nos toca estar en el mismo lado de la guerra“ le dice ella cuando nota que en efecto, lo que queda de esta semana se harán compañía cuidando a los pequeños.

La risa que se escapa de él le sorprende y ella intenta contener la sonrisa sin éxito y es entonces que piensa que es el momento justo para invitarla a salir, tiene que hacerlo ahora, ya, justo cuando la sonrisa de la joven aún está presente. 

Y por que claro, así es su suerte o quizá sí existe una fuerza superior que le castiga por no ser creyente, en ese preciso momento en que abre los labios para lanzar la pregunta es el director Komui quien aparece para interrumpirle.

“Arystar, esta semana no harás guardias, necesitamos tu altura para las decoraciones de despedida.” Le dice con una sonrisa casi maníaca mientras lo toma del brazo y sin esperar su respuesta le arrastra hacia la puerta. 

Así que se despide muy apenas, mientras Komui habla con entusiasmo sobre toda clase de ideas alocadas que se le han ocurrido para sorprender a los niños en su último viernes de clases.  

Y aunque intenta no mostrarse muy decepcionado, está seguro que su cara larga lo traiciona.


---


Nada muy fuera de lo ordinario tiende a suceder los jueves, en su opinión siempre son días tranquilos. Para sus alumnos es día de origami, lo que implica salir de la rutina de clases.

Es un pasatiempo que él adoptó con fervor cuando niño, le ayudó a distraerse durante las tardes largas y aburridas de verano en casa de su abuelo. Sus alumnos lo recibieron con bastante entusiasmo y por ello los jueves es el día en que reserva una hora de clases con el propósito de enseñarles el arte de los intrincados dobleces de papel de la manera más sencilla que puede.

Después de una rápida votación la sugerencia de Lenalee sobre hacer una sencilla flor de papel resulta la ganadora, lo cual es una lástima para los niños a los que les faltó un elemento. Allen ha levantado la mano y condenado al salón, tan solo por ganarse el favor de Lenalee, mientras que Lavi le mira con reproche, levantando su pequeño parche de pirata para usar ambos ojos. Arystar hace la nota mental de volver a pedirle al tutor del menor que lo apoye con la situación del parche, ya que se rehúsa a dejarlo en casa. 

Empieza y al parecer ninguno de los pequeños tiene mucho problema en seguirle, excepto Allen, a quien Lavi le ha estado dando instrucciones falsas como venganza, mientras mueve el parche de un ojo al otro como si al hacerlo viera con claridad el error en sus propios dobleces.

Después de media hora las primeras flores empiezan a aparecer en su escritorio junto a la que  Arystar ha hecho de ejemplo. Es tradición que él las acomode en la repisa cerca del pizarrón al finalizar clases para que se queden decorando el salón el resto de la semana. 

Camina entre los alumnos repitiendo instrucciones y ayudando a algunos a corregir sus dobleces, está casi de regreso en su escritorio cuando hay un toque en la puerta que le hace voltear.

“Arystar”

“Si?”

Eliade entra al salón ofreciéndole un sobre manila acompañado de una pequeña sonrisa de medio lado.

“El inspector Leverrier ha mandado sus comentarios respecto a la visita de hace dos semanas” le dice y de repente esa sonrisa encaja. Recibe el sobre recargándose un poco contra el escritorio mientras suelta un suspiro, realmente le preocupa un poco lo que pueda encontrar en los comentarios respecto a él.

Siempre ha odiado las visitas del inspector y su actitud prepotente, pero esta última ocasión fue todo un desastre y en parte fue su culpa. Siendo completamente sincero, si el inspector volviese a regañar a Allen de la forma en que lo hizo, Arystar no dudaría en intervenir de nuevo, quizá un poco menos feroz que la última vez, pero intervendría. 

No, se corrige, lo haría igual de feroz pero de forma más inteligente.

“Yo creo que hiciste lo correcto” el comentario lo saca de su mini trance y enfoca su vista en Eliade, quien le mira con cierta firmeza en los ojos. “En mi opinión una cosa es ser un poco más estrictos y otra muy diferente es lo que hizo el inspector.”

El tono en su voz no deja lugar a dudas y su mirada pasa de sus ojos grises al montón de flores que descansan en su escritorio, tomando la más impecable de ellas, la que él ha hecho de muestra. Se la lleva sin siquiera pedirla y mientra sale del salón le dedica una sonrisa y un guiño que lo hacen sonrojar.

Allen ve la escena con una mirada extraña y de pronto Arystar se siente terriblemente consciente de que está en un salón lleno de niños, aunque no espera que a su corta edad entiendan lo que ha pasado. Sin embargo escucha a Allen decir – Funciona, ¿ves Lavi? – y ambos menores regresan a su tarea de crear flores de papel con el doble de entusiasmo, dejándolo ambas partes perplejo y asombrado.

Se pregunta por qué los niños son tan perceptivos para su edad.

Con la excusa de volver a enseñar los dobleces hace una segunda y tercera flor, retira los documentos del inspector del sobre de manila sin revisarlos y en su lugar acomoda sus creaciones con mucho cuidado. Repasa una vez más el plan para invitar a Eliade a salir y considera si agregar una nota con la pregunta en el sobre. Se siente algo tonto considerarlo, no es un adolescente con un crush, es un adulto funcional...o al menos eso cree, asi que decide mejor hacerlo en persona y llama a Lenalee a su escritorio entregándole el sobre como un encargo.

“¿Puedes llevarle esto a la maestra Eliade?”

Lenalee solo le ve y asiente, pero unos segundos después le dedica una enigmática sonrisa que Arystar no sabe si está imaginando o no, por que pareciera como si la pequeña supiera que de repente se ha convertido en la mensajera de un improvisado plan de romance.

Regresa unos minutos después con una pequeña nota adhesiva doblada por la mitad que deposita en el escritorio.

“¡La maestra Eliade me dio esto para usted!”
Arystar le agradece y ella regresa muy contenta a su pequeño escritorio.

“Muy bonitas, gracias ;)”

Y de repente el jueves se ha vuelto bastante más que un simple día tranquilo, en su opinión.


---

El último viernes de clase por fin llega y tanto los docentes como los pequeños se muestran bastante animados y un poco impacientes por que acaben las actividades. Las decoraciones de Komui han sido todo un éxito y el ambiente festivo ha alegrado el día para los pequeños. Para ellos es sin embargo un día bastante agitado entre juntas de fin de clases y el asegurarse que los pequeños no dejen nada indispensable en los salones. Así que en todo el día Arystar y Eliade no logran cruzar palabra, aunque sabe que todavía tiene una buena oportunidad en el convivio de despedida entre maestros. 

Llega el mediodía y con ello la salida de los niños. Se despide del último de sus alumnos con una sonrisa y se apresura a terminar el día guardando las cosas en su maletín para dirigirse a la sala de maestros con paso apresurado. Si tiene suerte podrá ver a Eliade y hacer la pregunta sin que el salón esté muy lleno, sin que nadie se de cuenta. Lo último que quiere es que sean el objeto de murmullos entre sus colegas. Cuando llega se da cuenta que ya más de la mitad de los maestros y personal se encuentran en la habitación, platicando animadamente entre ellos o bien disfrutando de lo que Komui, como director, ha ofrecido en la mesa de botanas.

Eliade se encuentra en una plática con otras de las maestras de segundo grado y Arystar no tarda mucho en verse absorbido en la conversación de algunos de sus colegas sobre los planes para las dos semanas de vacaciones, curiosamente lucen genuinamente interesados en su pasatiempo de jardinería y la enorme casa de campo que su abuelo le ha heredado. 

Entre platicas se da cuenta que Eliade es quien le voltea a ver enfocando su atención en él y dedicándole una sonrisa que hace que los nervios de Arystar aumenten de forma muy repentina. La observa despedirse del grupo con quien platicaba para dirigirse a tomar algo de la mesa de botanas y lo ve como la oportunidad que estaba esperando, así que también aprovecha para retirarse de la conversación. 

En la mesa de botana saluda a un par de colegas más, pero no permite que lo arrastren a más conversación, después de todo tiene una misión. Así que se coloca al lado de Eliade y con toda la confianza del mundo saluda con un simple “hey”

Éxito… o no, por que Eliade le regresa el saludo con una sonrisa divertida y sin ademán de ayudarle a seguir con la conversación.

De repente Arystar queda en blanco por que...¿Cómo se supone que siga la conversación? ¿Cuándo sería bueno hacer la pregunta?

Eliade se ha servido un poco de botana y le ofrece, pero él solo niega con la cabeza y la sigue hasta uno de los rincones despejados del salón. Para su suerte esta vez es Eliade quien rompe el silencio.

“Es un milagro que el día haya terminado sin otra guerra de pintura”

Arystar no puede evitar mirar el techo y lanzar un pequeño quejido cuando recuerda el incidente de la pintura a inicios de la semana.

“¿Si?”

“No sabes cuantas veces sorprendí a ambos lados en el descanso intentando iniciar una, no sé de dónde han sacado la pintura otra vez”

“Ni tu ni yo, pero son bastante listos, apuesto a que tienen contactos” y la última parte de la conversación la dice en un susurro, mientras una sonrisa se dibuja en su rostro cuando imagina a sus pequeños alumnos contrabandeando pintura en el recreo.

“Te creo” le contesta Eliade divertida observando el cariño de Arystar por los pequeños.

Cuando regresa su mirada y nota en el rostro de la joven la suavidad que le dedica, que curiosamente siempre le ha dedicado, sabe que el momento ha llegado. Es ahora o nunca y no puede permitirse el nunca. Así que toma aire, se voltea para tenerla de frente por completo y abre la boca para hacer la pregunta con la que se ha preparado toda la semana para invitarla a salir. 

“Eliade...Yo..bueno, ¿salir?” tarda unos segundos en procesar que ha quedado como un verdadero hombre de las cavernas, bien ahí Arystar. Pero respira y lo vuelve a intentar.

“Podemos, puedo..inv…invitarte a salir?” ella le mira con ligera sorpresa y él de inmediato lo mal interpreta, así que se apresura a agregar “Solo a tomar algo o no, como quieras, puede venir alguien más” cierra la boca tan pronto se da cuenta de lo que ha dicho. Perfecto, toda una semana planeando y repasando una y otra vez y otra vez la situación pero de nada le ha servido por que la idea era Invitarte a salir, una cita, los dos y de pronto lo ha convertido en algo incómodo. 

Así que de forma resignada se obliga a seguirle mirando directo a los ojos. Ella solo sonríe un poco, sin quitarle la vista de encima, con ojos juguetones y cuando abre la boca para contestar el pelinegro se da cuenta que ha estado conteniendo la respiración en espera de su respuesta.

“Me encantaría salir en una cita contigo...”

¿Ha escuchado bien?... ¿Eliade ha aceptado salir en una cita con él?

“...pero…” ah, hay un pero…

“...Solo tu y yo, ¿Está bien? Para una cita no necesitamos a una tercer persona” le dice de forma burlona y lo empuja un poco con el hombro.

“S..si” le contesta después de soltar el aire que contenía y no puede evitar la sonrisa torpe y algo tonta que le ilumina la cara pero que a Eliade no parece importarle, por que le guiña el ojo mientras la palabra cita sigue dando vueltas en su cabeza y casi puede jurar que en el fondo de la habitación escucha un “Al fiiiin” dirigido hacia ellos que está seguro es en la voz del director Komui.

Por un segundo se preocupa de que le hayan escuchado, aunque posiblemente su cara sea lo que le ha delatado.

Después de ello la conversación vuelve a tomar rumbo y ambos hacen planes para el fin de semana. Definitivamente no ha sido una mala semana pero no puede esperar a que llegué el día de mañana.