Work Text:
Lan Zhan y Wei Ying, su compañero de proyecto, llegaron al acuerdo de un uso mínimo y elegante de transiciones con efecto de estrella en su presentación final de ciencia. Lan Zhan admite que añaden un nivel necesario de elementos visuales a un argumento por lo demás formal (aunque no poco apasionado) a favor de las fuentes de energía renovables. Pero había puesto un límite en usar palabras con animaciones.
Revisa las diapositivas en su teléfono durante el trayecto en autobús hacia el departamento de los Jiang, donde ha pasado todas sus tardes de sábado durante el último mes. Wei Ying había ofrecido el departamento para que tuvieran sus sesiones de investigación y Lan Zhan había aceptado, nervioso ante la idea de la voz de Wei Ying en el silencio de su casa y ante las miradas discretas de su tío que te someten a juicio. Y, en privado, porque pensar en un chico lindo dentro de su habitación lo pone nervioso. Es un sentimiento que solo aumenta mientras más tiempo pasa con Wei Ying, un chico lindo que le hace preguntas sobre sí mismo y quiere escuchar la respuesta, y quien coquetea con él descaradamente. Tan descaradamente (Lan Zhan se recuerda) que no puede ser real.
El coqueteo le había molestado al principio, junto con todo lo demás relacionado con Wei Ying. Era el chico al otro lado del salón que susurraba durante las clases y se esforzaba demasiado en ser divertido, quien discutía con el profesor y a quien los ojos de Lan Zhan seguían inexplicablemente cuando deberían estar mirando el pizarrón, incluso mucho antes de que este proyecto los empujara a estar cerca. Aunque Wei Ying sigue siendo todas esas cosas, Lan Zhan ha llegado a conocerlo como algo más que una distracción esporádica en clase. La lista de cosas que sabe de Wei Ying crece, sin ser escrita pero guardada con tanto cuidado como cualquier apunte de ciencias.
Tiene un diminuto y desaconsajable tatuaje stick and poke de un tigre en su tobillo y una bandera de orgullo bisexual colgada en la puerta de su habitación. Su postura se encoge cuando su tía aparece. Muestra una sonrisa pequeñita, como si tratara de contenerla, cuando Lan Zhan le dice que sus ideas para el proyecto son ingeniosas. Cree que Lan Zhan es divertido. Come papas fritas enchiladas con palillos chinos para que sus dedos no se llenen de polvo rojo y le decepciona que Lan Zhan no reconozca el ingenio de su maniobra (—¡Soy un innovador, Lan Zhan! ¡No se me aprecia en esta vida!). Lan Zhan casi puede probar el picante artificial cuando imagina que lo besa, lo que ha ocurrido con angustiosa frecuencia.
Está tan envuelto en tales fantasías, con la presentación olvidada y un hormigueo fantasma en los labios, que solo por poco no pierde su parada. Su rostro se calienta con vergüenza privada mientras sale a tropezones por la puerta con la mayor elegancia posible. La brisa, demasiado fría para ser el inicio del verano, se siente bien en su piel sonrojada mientras recorre el vecindario de Wei Ying.
Lan Zhan saca su teléfono una vez que llega a las escaleras que dan al departamento de Wei Ying. Podría tocar simplemente, pero eso significa arriesgarse a ver cuál de los Jiang llega a la puerta primero. La tía de Wei Ying parece estar terriblemente molesta todo el tiempo. Jian Yanli es amigable y usa vestidos de verano bonitos, pero su sonrisa es tan genuina que cada movimiento de Lan Zhan se siente frío y tajante en comparación. Cada que terminan todas sus interacciones, él se aleja sintiéndose culpable. Jiang Cheng había abierto la puerta sin siquiera un saludo y solo gritó Wei Ying, tu chico está aquí antes de volver a lo que sea que estuviera haciendo. Todos encuentros incómodos que Lan Zhan no quiere repetir, así que manda un mensaje.
Lan Zhan: Ya llegué.
Wei Ying🌶️: yeeey!!!!!!!!!! \o/✨✨
Wei Ying 🌶️: ya voy!!!!
Hace algunas semanas, Lan Zhan probablemente hubiera interpretado la abundancia de signos de exclamación como sarcasmo. Pero Wei Ying siempre ha parecido estar genuinamente emocionado por verlo, para la total confusión de Lan Zhan.
…es agradable.
Wei Ying abre la puerta en jeans rojo oscuro y una playera negra y desgastada del equipo de natación (y un poco demasiado pequeña). Su pecho sube y baja debajo de ésta, posiblemente por haber bajado las escaleras corriendo. Siempre tiene tanta prisa. Lleva el cabello suelto, por lo que se enmarcan su sonrisa y sus ojos bien abiertos. A Lan Zhan lo deslumbra tanto por un momento que no sospecha cuál es la causa de dicha expresión.
—¿Quieres ir al muelle conmigo? —Wei Ying pregunta en lugar de saludar y las palabras salen precipitadas por la emoción.
Lan Zhan parpadea, procesando las palabras inesperadas mientras hace su mejor esfuerzo por ignorar la manera en que la playera de Wei Ying se estira sobre sus hombros. —¿Qué?
—¡El muelle, Lan Zhan! Acaba de abrir porque es verano. El día está hermoso y jiejie lo va a pasar con su estúpido novio y su estúpida familia, así que no tengo a quién ganarle peluches.
—¿El proyecto? — incita Lan Zhan, en caso de la probabilidad muy real de que a Wei Ying simplemente se le haya olvidado.
—¡Ya terminamos! Solo íbamos a practicar la presentación, ¿no? Bueno, tú ya haces todo a la perfección, y mi presencia escénica natural y atractivo sexual me van a salvar.
Lan Zhan entrecierra los ojos. —¿Qué tiene que ver el atractivo sexual con las turbinas de viento?
Ante esto, Wei Ying desliza una mano por el marco de la puerta y coloca la otra sobre su cadera ladeada. —Oh, ¿así que no niegas que tengo atractivo sexual?
—Wei Ying —dice Lan Zhan con la voz plana como una moneda prensada.
Wei Ying deja caer la pose con la misma curva en el labio que siempre aparece cuando Lan Zhan se niega a llevarle la corriente. —¿Por favor ven conmigo? Prometo que vas a divertirte. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo por diversión? Pregunta seria. Porque siento que ha pasado mucho tiempo.
De repente a la defensiva, Lan Zhan busca alguna respuesta en su mente, algo divertido para demostrar que no es tan aburrido como Wei Ying está insinuando. Disfruta tocar su violín. Le gusta correr en la pista, es bueno en ello y tiene los trofeos para demostrarlo. La mayoría de los días juega Animal Crossing después de clases y antes de comenzar a hacer la tarea (justo acaba de conseguir la cantidad suficiente de jacintos híbridos para alinear el camino entre las casas de Dotty y Ruby). Pero sabe que eso no es lo que Wei Ying está preguntando. Trata de pensar en la última vez que hizo algo espontáneo y emocionante, algo especial, y de verdad no puede recordarlo.
Cuando levanta de nuevo la mirada, una parte de él espera que Wei Ying se burle. En cambio, éste le pide otra vez, sincero y esperanzado: —¿Por favor?
—¿Puedo dejar mi mochila aquí? —dice Lan Zhan en respuesta.
—¿De verdad? —Wei Ying da un grito ahogado, ignorando la pregunta debido al “sí” que hay debajo de ella.
—No quiero llevar mi laptop —explica Lan Zhan, solo para ser necio mientras se quita la correa de la mochila de un hombro.
Wei Ying deja caer la mochila justo dentro del departamento y con un poco menos de cuidado del que Lan Zhan hubiera preferido antes de cerrar la puerta tras él. Toma a Lan Zhan de la muñeca y lo lleva apresurado de vuelta a la parada de autobús de la que Lan Zhan acababa de llegar, como si pensara que si llegan antes el autobús también lo hará. No es así, pero Lan Zhan se deja llevar de todos modos. Wei Ying llena el tiempo con su parloteo, pausando brevemente para saludar al chofer después de que el autobús suelte un siseo cuando se detiene frente a ellos.
—Me encanta ir al muelle. Mi tío solía llevarnos cada verano —dice Wei Ying después de haberlos dirigido hacia los asientos elevados de la parte trasera. Mientras escucha, Lan Zhan trata de no mirar con demasiada obviedad al lugar en donde sus muslos se tocan. La proximidad humana accidental del transporte publico supone un tipo de tortura diferente a la habitual. —Se pone muy bonito en la noche cuando prenden todas las luces. Voy a arrastrar a Jiang Cheng conmigo este verano cuando no tengamos que trabajar de guardavidas. Piensa que es demasiado cool para estar conmigo ahora que tiene un permiso para aprender a conducir, ¡pero se equivoca!
Lan Zhan responde con sus usuales “mn”, pero no dice nada. Para él, la llegada del verano ha cobrado un tipo de tinte lúgubre últimamente (otra de las muchas cosas que lo convierten en un adolescente extraño). Parece inevitable que esta nueva amistad va a desvanecerse cuando Wei Ying ya no tenga que pasar tiempo con él. Lan Zhan no tiene mucha experiencia en mantener relaciones que no estén consolidadas de antemano por ADN compartido. Así que decide contentarse con el ocasional roce de piernas mientras Wei Ying aún tiene una razón para sentarse a su lado.
Pero entonces Wei Ying se inclina sobre él para tirar de la cuerda que indica que van a bajarse, toma su muñeca incluso antes de que se abran las puertas del autobús, y lo lleva hacia el Muelle de Loto (su ubicación notable en el horizonte debido a la rueda de la fortuna en la que Lan Zhan no confía en absoluto) y es difícil estar triste por cualquier cosa. Wei Ying solo suelta su muñeca una vez que han cruzado la entrada adornada con luces rosas en forma de la flor de loto, y la banqueta da paso a un malecón. Lan Zhan ya puede ver muchas parejas tomadas de la mano mientras caminan. En secreto, se siente satisfecho ante la idea de que, por un momento, a distancia, él y Wei Ying debieron parecer una de ellas.
El aire aquí huele a palomitas y agua de lago. Las nubes se han separado y el sol brilla con suficiente fuerza que Lan Zhan desabrocha el botón superior del cuello de su camisa henley (técnicamente es una blusa de mujer, ligera, holgada y sutil. Tiene planeado ampliar su guardarropa una vez que ya no esté sujeto a las adversidades diarias de la preparatoria). Afectado también por el calor repentino, Wei Ying peina su largo cabello en una media coleta con un scrunchie rojo brillante que llevaba en la muñeca. La coleta se menea con sus pasos mientras los lleva por el malecón, pasando por puestos de comida y de recuerdos. Lan Zhan hace a un lado el impulso infantil y estúpido de darle un jalón.
Ávido, Wei Ying frota sus manos al tiempo que inspecciona el tramo del muelle ante ellos y los puestos de juegos de colores brillantes a ambos lados. Su coleta se balancea cuando se gira para mirar a Lan Zhan. —¿En cuál quieres verme ganar primero?
Lan Zhan mira a su alrededor, observa cómo un hombre hace rebotar un balón en el borde de un aro demasiado pequeño y se aleja sin siquiera uno de los peluches pequeños de Pokémon en exhibición. ¿De seguro Wei Ying los trajo aquí para algo más que esto? —Estos juegos suelen estar manipulados de alguna manera. No deberías gastar tu dinero.
—¿Qué? —Wei Ying da un grito ahogado, escandalizado. —No, güey, podría hacer esta mierda con los ojos tapados. Solo espera, vas a estar tan impresionado.
—Impresióname con tu responsabilidad fiscal —dice Lan Zhan, inexpresivo. Wei Ying se ríe, sorprendido y fascinado. Lan Zhan gira su cabeza hacia el lago para ocultar su sonrisa. Cree que soy divertido, suspira en su mente, encantado ante la idea y un poco delirante cada vez que comprueba que es verdad.
—Ah, Lan Zhan, ya sabía que solo me quieres por mi dinero— Wei Ying suspira abatido. —Bueno, eso y mi dulce, dulce cuerpo.
La risa que Lan Zhan da en respuesta es poco más que aire exhalado por la nariz y que fácilmente podría pasar desapercibida. Podría, si Wei Ying no estuviera mirándolo directamente con una sonrisa pequeña tirando de sus labios. Que Wei Ying lo atrape en el acto de reírse de alguna manera avergüenza a Lan Zhan. También hace que algo en el fondo de su pecho se afloje un poco. Se pregunta vagamente, distante, si así se siente estar desnudo frente a alguien y ser observado. Wei Ying se acerca con complicidad.
—Lan Zhan, voy a ganarte un oso como si fuéramos una pareja blanca heterosexual en una película de los 50’s —jura, tan solemne como si estuvieran en el campo de batalla en lugar de un malecón. Casi de inmediato la fachada seria se quiebra y da paso a otra sonrisa, y Wei Ying le dice de nuevo: —Vas a estar tan impresionado.
—No necesito un oso —Lan Zhan protesta, ya imaginando en qué parte de su habitación va a guardarlo. ¿Cómo podría rechazar en serio cualquier cosa que Wei Ying le diera?
Ajeno a esto, Wei Ying suspira. —Mira, si te hace sentir mejor, voy a apostar contigo. Tengo diez dólares en este bolsillo —Golpea su propio muslo ruidosamente para demostrarlo antes de que comiencen a caminar de nuevo, al tiempo que elogia los juegos por los que van pasando mientras hablan. —Diez dólares para intentarlo, y voy a ganarte por lo menos uno de esos raros plátanos con rastas. Si no lo logro, regresamos a mi casa y practicamos la presentación. ¿Te parece justo?
Lan Zhan está formulando una réplica (más por el bien de argumentar que por alguna objeción real) cuando una mano distractora en su espalda baja lo hace pasar por delante de un juego que implica una trágica serie de peces dorados en peceritas. Si Wei Ying percibe su inhalación brusca, no lo menciona. Tal vez asume que es de lástima por los peces (lo es un poco, pero es sobre todo por el toque). Una disculpa, peces.
La mano desaparece tras un momento, casual como si nada hubiera pasado. Le toma a Lan Zhan un segundo o dos después de que el toque lo abandone para preguntar: —¿Y si ganas? —No ha hecho muchas apuestas en su vida, pero ésta parece ser sospechosamente desigual.
Wei Ying deja de mirar un juego que parece ser de lanzar aros (al parecer inadecuado para sus propósitos, pues no se detienen) para mirar a Lan Zhan con la cabeza inclinada. —Pues nos ganamos un oso o lo que sea.
Lan Zhan se aguanta las ganas de poner los ojos en blanco. —No el juego. La apuesta.
—Ah, eso —se ríe. Su atención se desplaza hacia el rostro de Lan Zhan una vez más, juguetón pero minucioso. Lan Zhan siente como si Wei Ying estuviera calculando sus probabilidades, como si Lan Zhan mismo fuera un juego de feria nuevo y desafiante. La misma sensación de sentirse desnudo lo golpea hasta que Wei Ying se ríe de nuevo, ruidoso y súbito. —¿Qué tal esto? Si gano, me debes un beso en la mejilla. Como blancos heterosexuales en una película de los 50’s, ¿sabes? —Se da un toquecito en el pómulo para enfatizar.
Un destello de fastidio y Lan Zhan deja que sus ojos se muevan sin restricciones. Es esta pequeña ventana libre de moderaciones lo que le permite decir, reconociéndolo en voz alta de una manera que nunca había planeado: —No deberías coquetear tanto cuando no lo haces en serio.
—Hey —Wei Ying le da un golpecito al hombro de Lan Zhan con el suyo. —¿Quién dice que no lo hago enserio?
Lan Zhan abre su boca para hablar, pero un grito suave de Wei Ying lo interrumpe antes de que pueda formular una respuesta. Sigue la línea de visión de Wei Ying hacia otro juego justo cuando los dedos de éste agarran su manga enrollada y tiran de él.
—¡Dardos, Lan Zhan! Oh, soy buenísimo en eso, ¡vamos!
Confundido pero un poco aliviado por el súbito cambio de tema, Lan Zhan deja que Wei Ying lo lleve consigo. Se queda parado detrás de él mientras observa la colorida variedad de premios colgados a su alrededor. En efecto, hay cuestionables plátanos de peluche con rastras y, por encima de ellos, una fila de unicornios gigantes. El juego es atendido por una chica que parece estar aburrida y que es un poco mayor que ellos.
Wei Ying azota dos billetes en el mostrador. —Sus mejores dardos, por favor, dama.
La chica desliza tres dardos por el mostrador, y Lan Zhan sospecha que sin mucha consideración por la calidad solicitada. Wei Ying mira sobre su hombro y levanta un dardo cerca del rostro de Lan Zhan.
—Tienes que soplarle para darme buena suerte —Ante la mirada inexpresiva de Lan Zhan, explica: —Ya sabes, ¡como si fueran dados! Vegas, baby.
A pesar de que es un chiste casual, algo en él se sobresalta cuando Wei Ying lo llama “baby”. Lidia con ello de la mejor manera que conoce: ignorándolo por completo.
—Ugh, nunca juegas conmigo —Wei Ying refunfuña sin mucha intensidad. Se voltea de nuevo para lanzar el dardo con un movimiento de la muñeca.
El primer dardo se clava en el anillo más exterior de la diana. El segundo apenas supera al primero. El corazón de Lan Zhan cae en picado. Espera con una intensidad que le sorprende que Wei Ying estuviera bromeando con eso de volver a casa si pierde. Lan Zhan no quiere preparar fichas de trabajo sobre los méritos de las granjas solares, no ahora que está aquí. ¿Pero cómo podría decir no, quiero quedarme aquí afuera bajo el sol contigo sin revelar demasiado? Tal vez debió haberle soplado al dardo. No se siente especialmente afortunado.
Con los ojos puestos literalmente en el premio, Wei Ying es ajeno a la crisis interna de Lan Zhan. —Oh, con que así va a ser —dice entre dientes mientras toma su tercer y último dardo. —Estoy a punto de llenar el vacío con forma de unicornio en tu vida, Lan Zhan, tú solo espera.
Lan Zhan lo observa de perfil mientras mueve el brazo hacia atrás y desplaza el peso del proyectil en su mano. Sus ojos se enfocan en el blanco. Es guapo cuando está concentrado, piensa Lan Zhan, justo cuando las puntas de sus dedos dejan ir el dardo. Atraviesa el corcho con un golpe seco.
Con su atención puesta en Wei Ying, a Lan Zhan le toma un momento darse cuenta del punto de impacto del dardo. Los anillos de la diana parecen ser ondas en el agua provocadas por él. Es un tiro al blanco.
Wei Ying camina hacia atrás hasta quedar hombro a hombro con Lan Zhan y hay una expresión presumida en su rostro cuando sus miradas se encuentran. Su silencio poco característico es más un alardeo que cualquier combinación de palabras que pudiera decir. Solo es un juego tonto, pero hace que ganarlo parezca… cool de alguna manera. Lan Zhan está, de forma inexplicable, y muy a su pesar, impresionado. Solo pone los ojos en blanco cuando Wei Ying hace una reverencia triunfante.
Detrás del mostrador, la chica comienza a bajar un enorme unicornio rosado.
—De hecho, ¿podrías darle el azul? —interviene Wei Ying antes de que pueda dárselos.
Realmente no debería ser una sorpresa que Wei Ying sepa cuál es su color favorito (Lan Zhan usa alguna prenda azul casi todos los días), pero es esto lo que finalmente levanta la comisura de su boca a pesar del resoplido irritado de la chica. Le da el animal de peluche a Wei Ying, quien se gira para presentarlo ante Lan Zhan, acercándolo hacia él con ambas manos.
—Estás sonriendo —dice, todavía un poco presumido mientras Lan Zhan lo acepta.
Lan Zhan no dice nada, pero ignora el impulso de reprimir la sonrisa ahora que ya fue vista. Tal vez no sea tan malo que Wei Ying la vea. Aun así, se siente obligado a señalar, volteando el unicornio para que quede de frente a Wei Ying para demostrar su punto: —No es un oso.
Wei Ying solo deja caer su cabeza hacia atrás y ríe. —Sí, supongo que no lo es. Te quedé mal. Vamos, todavía hay más del muelle por ver.
Lan Zhan acomoda el premio en su cadera como si fuera un niño pequeño para evitar que se arrastre por el malecón mientras sigue a Wei Ying. No sabe si sigue habiendo un plan ahora que Wei Ying cumplió su misión autoimpuesta. Lo que sí sabe es que puede sentir cuando los ojos de Wei Ying se dirigen hacia él mientras caminan, lo que lo emociona y confunde en partes iguales.
—¿Y bien? —incita Wei Ying finalmente. Expectante, inclina su rostro para que su mejilla quede ladeada hacia donde está Lan Zhan. —Teníamos una apuesta, ¿no? Gané un juego por ti y aún tengo suficiente dinero para que subamos a la rueda de la fortuna.
—No vamos a subir a la rueda de la fortuna —Lan Zhan responde, abordando la parte más fácil primero. Se le ocurre que en realidad nunca aceptó los términos de su apuesta, no en voz alta. Simplemente podría decir eso. Le sorprende que Wei Ying recuerde haberla hecho en primer lugar. Este beso ofrecido en broma debería ser tan fácil de rechazar como un paseo en una rueda de la fortuna destartalada. Pero…
Pero esta es su oportunidad. Wei Ying le ofreció un pase en forma de un movimiento de ceja y una mejilla bronceada por el sol. Podría darle solo una pizca de gusto a este gran y estúpido crush, vergonzoso y difícil de manejar en su enormidad, todo con la posibilidad de negarse a cumplir con su parte del trato.
Y aun así, incluso con la oferta de Wei Ying, Lan Zhan no puede ignorar la posibilidad de que todo sea solo una broma. Podría inclinarse solo para observar a Wei Ying alejarse en shock y asqueado ante la idea de que Lan Zhan haya pensado que lo decía en serio. Es un miedo que ni siquiera el coro de hey, ¿quién dice que no lo hago enserio? en la cabeza de Lan Zhan puede desestimar.
Pasan unos segundos en el silencio de su indecisión y Wei Ying se endereza. Su sonrisa coqueta se desvanece. Casi parece estar… triste. La expresión se ve tan errónea que Lan Zhan no tiene más remedio que apresurarse para cambiarla. Por impulso, su cuerpo se mueve antes de que su cerebro pueda oponerse y Lan Zhan presiona el hocico del unicornio contra la mejilla de Wei Ying y frunce los labios, imitando el sonido de un beso.
Wei Ying se vuelve hacia él con los ojos como platos y un alarmante tono rojizo recorriendo sus mejillas. —Yo… tú… Lan Zhan, oh, por dios —Levanta la playera del equipo de natación por encima de su rostro sonrojado y Lan Zhan echa una mirada a la piel desnuda de su estómago. —Oh, por dios. Oh, no.
—¿Wei Ying? —Una fuerte mezcla de miedo y vergüenza ante la idea de que incluso eso haya sido demasiado trepa por la columna vertebral de Lan Zhan. Fue demasiado y aún así quiere poner su mano en el estómago de Wei Ying y extender sus dedos para que cubran tanta superficie de piel como les sea posible. Wei Ying niega con su cabeza cubierta y emite un sonido no muy distinto al de una tetera humeante.
—Eres tan lindo. Mierda, eres tan lindo —Se escucha una inhalación profunda y tranquilizante, y la cabeza aún sonrojada de Wei Ying sale de su playera. Junta sus manos con una palmada. —¡Okay! Okay, estoy bien. Muy bien. Recuperado. ¡Bueno! Vamos por algo de comer, ¿va? Quiero algo frito. ¿O quieres intentar otros juegos? Oooh, apuesto a que serías bueno en la Prueba de Fuerza. Si es solo una excusa para verte usar el mazo, es asunto mío.
Lan Zhan asiente con la cabeza, un poco aturdido por la exhibición de Wei Ying. —Okay.
No está seguro de qué sugerencia está aceptando. Tal vez todas ellas. Lo único que sabe es que Wei Ying lo llamó lindo. Wei Ying piensa que es lindo.
—Okay —responde Wei Ying, sonriendo mientras su mano encuentra su lugar habitual en la muñeca de Lan Zhan. Lo guía por el malecón hacia donde sea que quiere ir.
° ° ° ° °
Cuando se van el muelle el cielo es de un lavanda intenso, como uno de los vestidos de verano de la hermana de Wei Ying, y Lan Zhan debería irse a casa. Muy pocas veces se queda fuera después de la puesta de sol. Siente algo así como cansancio placentero, y está tostado por el sol y pegajoso por el algodón de azúcar que Wei Ying insistió en que probara (—Ándale, Lan Zhan, ¡hasta te voy a dar la parte azul!). Wei Ying debe sentirse igual, si la manera en que su hombro se recarga contra el hombro de Lan Zhan durante el trayecto de regreso a su vecindario es un indicio.
El camino de vuelta a la parada de autobús desde el departamento de los Jiang (el destino de una breve desviación para recoger las cosas de Lan Zhan) es inusualmente silencioso dada la presencia de Wei Ying; y sereno si no fuera por el ridículo hecho de que Lan Zhan lleva consigo un unicornio de peluche grande y azul. La manera más cómoda de cargarlo resulta ser un abrazo, lo que Wei Ying claramente encuentra encantador.
Wei Ying no suele acompañarlo después de sus sesiones de investigación, pero sí lo hace esta noche. Lan Zhan no puede evitar pensar en cuán agradable sería que estuvieran tomados de la mano. Ha tenido esta idea muchas veces a lo largo del día, especialmente en los momentos en que Wei Ying se aferraba a su muñeca. Tal vez hubiera podido hacerlo posible. Solo habría necesitado un rápido reajuste y algo de valentía. Ya había hecho una apuesta ese día, ¿por qué no apostar un poco más? Después de todo, Wei Ying piensa que es lindo. Pero, cada vez, Wei Ying lo había soltado antes de que pudiera armarse de valor. Al fin y al cabo, Lan Zhan no es un hombre de apuestas.
Poco después llegan a su destino sin haberse tomado de las manos en todo el camino. Lan Zhan imagina que Wei Ying va a despedirse, darse la vuelta e irse a casa, pero se queda junto a él sin decir nada, bajo el poste de luz que ilumina la parada de autobús. Tal vez por primera vez en su vida, Lan Zhan siente el impulso de llenar el silencio.
—Hoy estuvo… bien —ofrece, haciendo que los ojos de Wei Ying dejen de estudiar la banqueta y lo miren.
—¿Sí? Ah, genial. Me alegro mucho. La pasé muy bien —Con la punta de goma de su zapato patea una piedra hasta que cae de la banqueta. Sus tenis tienen algunos dibujos con plumones. Lan Zhan se pregunta cómo no lo había notado antes cuando Wei Ying pregunta: —¿Aún quieres venir el próximo sábado?
Es solo entonces que Lan Zhan recuerda su proyecto, la razón por la que vino aquí en primer lugar. Lo había olvidado. Parece que Wei Ying también. —Ya habremos expuesto nuestro tema para ese entonces.
Wei Ying ríe un poco mientras frota el puente de su nariz. —Ya sé, ya sé, pero esta ya es nuestra tradición, ¿no? Vienes, te molesto por algunas horas, tú lo toleras y después te vas a casa. A ti te gusta la rutina y a mí me gusta salir contigo… Me parece que es una situación en la que ambos ganamos. Si tienes, ya sabes, tiempo libre.
Hace poco, Lan Zhan nunca hubiera imaginado que una frase tan simple como me gusta salir contigo podría devastarlo por completo. Wei Ying piensa que es divertido y lindo, y le gusta salir con él. Escuchar estas palabras se siente bien de una manera casi indescriptible, y el sentimiento solo se amplifica porque es nuevo. Quiere hacer que Wei Ying también se sienta bien, especialmente ante tal autodesprecio.
Lo único que puede decir es: —No me molestas.
—¿Qué? —Wei Ying se burla y le dirige una mirada escéptica. —Claro que lo hago. Te molesto todo el tiempo. Realmente me esfuerzo en molestarte, Lan Zhan, tal vez te has dado cuenta.
Oh, sí se ha dado cuenta. Sus ojos se entrecierran ante el recuerdo de dibujos inapropiados en cuadernos a los que no estaba prestando atención.
Wei Ying sonríe con suficiencia y señala su rostro, con lo que comprueba su punto. —¿Lo ves?
Sí, pero… —No me importa. No realmente —Con eso también se queda corto. Abraza un poco más fuerte el peluche que Wei Ying le hizo cargar durante toda la tarde. Y añade, con la voz baja como si quisiera que la confesión se sintiera más pequeña: —Me gusta.
—Oh —La sonrisa burlona de Wei Ying se convierte en una de las sonrisas privadas y pequeñas que nunca muestra en la escuela. –Ah, Lan Zhan, Lan Zhan.
—¿A la misma hora? —pregunta Lan Zhan, aferrándose al salvavidas que es establecer un horario. Ponerse de acuerdo en la hora es seguro y fácil y no se parece para nada a una confesión.
Wei Ying, sin saber que no muestra ni un poco de piedad, no le responde enseguida. Solo se queda ahí parado mirando a Lan Zhan. Lan Zhan no tiene más opción que devolverle la mirada. Abre su boca para llamar Wei Ying en un recordatorio gentil de que le hizo una pregunta, pero sus pensamientos se descarrilan cuando los ojos de Wei Ying se dirigen a sus labios separados. Se quedan ahí por solo un momento, justo el suficiente para notarlo, antes de alejarse rápidamente.
Por fin responde con un asentimiento de cabeza y la voz demasiado ruidosa después de los segundos de silencio. —¡Sí! A la misma hora, sip, sí.
Lan Zhan asiente a su vez. Han llegado a un acuerdo (el próximo sábado a la misma hora de siempre) y Wei Ying sigue aquí en la parada de autobús, a pesar de que no necesita hacerlo.
Ahí esperan juntos. El espacio entre ellos se llena de un silencio incómodo, un unicornio demasiado grande y el hecho de que Wei Ying miró la boca de Lan Zhan.
Tan rápido como un rayo y tan pero tan torpe, Wei Ying se inclina para besar la peluda nariz azul del unicornio antes de salir corriendo, no sin antes gritar un apresurado —¡Te veo el lunes!
Lan Zhan cierra los ojos ante la oleada de afecto que lo invade por el chico que se encuentra huyendo por la banqueta, caminando con rapidez como si su joven vida dependiera de ello. Es bueno que Wei Ying piense que es lindo. El sentimiento es colosalmente mutuo. Lan Zhan vuelve a abrir los ojos para observar la retirada de Wei Ying y su media coleta meciéndose tras él.
Justo antes de dar vuelta en la esquina, Wei Ying mira sobre su hombro. Descubre a Lan Zhan mirándolo. Tal vez si estuvieran en clase o si Wei Ying estuviera unos quince metros más cerca, trataría de fingir que no lo estaba mirando. Pero no están en clase y Wei Ying está lejos, así que Lan Zhan sigue mirando, incluso si es vergonzoso que lo descubran. Wei Ying se despide con la mano. Lan Zhan mueve una de las patas del unicornio de un lado a otro en respuesta. Wei Ying entierra el rostro en sus manos y camina más rápido.
Lan Zhan comienza a sospechar que Wei Ying (el escandaloso, respondón y encantador Wei Ying) es tímido en secreto. La idea le provoca una sonrisa. Se siente como un idiota sonriente cuando por fin llega el autobús, aunque lo más seguro es que el chofer solo ve a un joven impasible que lleva cargando un unicornio. Curiosamente, un adolescente con un peluche gigante recibe más miradas en el transporte público que dos adolescentes con un peluche gigante.
Recibe una mirada más cuando llega a casa. Su tío está sentado en la sala, leyendo un libro y bebiendo té cuando Lan Zhan entra al departamento haciendo que su premio de feria pase primero por la puerta.
Lan Qiren hace una pausa con la taza a medio camino hacia su boca. —¿Qué es eso?
La mirada de Lan Zhan pasa de su tío al peluche. —Un unicornio.
Su tío parpadea en confusión silenciosa. Lan Zhan toma esta como su señal para huir. Sube las escaleras tan rápido como le es posible sin aparentar que lleva prisa.
Ya en el refugio seguro que es su habitación, se sienta en la cama. A su lado, sienta al unicornio con amabilidad. Lan Zhan consigue mantener su dignidad por tres segundos enteros antes de enterrar su rostro en tela azul barata para silenciar un quejido patético.
Debió besar a Wei Ying. Debió besarlo. Debió besarlo. Si tan solo hubiera…
Un golpe en la puerta lo saca de su inusual momento de debilidad. Deja caer el peluche a un lado de su cama como si el objeto fuera evidencia de un crimen, ignorando la absurda punzada de culpabilidad que siente por maltratarlo.
—¿Si? —llama, una vez que, a su parecer, ya no es obvio que se estaba lamentando por un chico (aunque sí admite que quejarse de los problemas se siente bien. Ahora entiende por qué Wei Ying lo hace todo el tiempo).
Lan Huan asoma la cabeza en su habitación.
—¿Te divertiste estudiando? —No es raro que Lan Huan le pregunte sobre su día, pero últimamente parece demasiado sabiondo para el gusto de Lan Zhan, incluso antes de que tenga que mirar dos veces al unicornio en el piso para asegurarse de lo que es. Levanta una de sus cejas de manera casi imperceptible. —¿Quién es tu amigo?
—El Muelle de Loto reabrió hoy —A juzgar por la mirada paciente e inexpresiva de su hermano, esta explicación no es suficiente, así que Lan Zhan añade: —Wei Ying es muy bueno en los dardos.
A Lan Huan le toma un segundo absorber la información. Entra en la habitación y cierra la puerta tras él con un suave chasquido. Hace tiempo que Lan Zhan dejó de preguntarse por el respeto selectivo de su hermano por su privacidad. Lan Huan pregunta, en voz baja y con el comienzo de una sonrisa llena de orgullo en el rostro: —A-Zhan, ¿acabas de tener una cita?
—No —Lan Zhan responde de inmediato, tratando (sin éxito alguno) de no sonar como un niño al que se le acusa de tener un crush. Piensa de nuevo en la expresión en el rostro de Wei Ying antes de que cada uno se fuera por su lado, cuando miró los labios de Lan Zhan y quizás incluso pensó en ellos… cuando Lan Zhan debió besarlo. —No… creo que no.
Lan Huan abre la boca, sin duda para ofrecer consejos de hermano mayor que Lan Zhan ciertamente aprecia en teoría, pero se ve interrumpido por la vibración del teléfono de Lan Zhan. Vibra de nuevo mientras ambos lo miran, como si respondiera a la atención que le están prestando. Lan Zhan vuelve a mirar a su hermano, ignorando su teléfono incluso mientras sigue sonando con persistencia una y otra vez.
Lan Huan pone fin a la contienda y, con diplomacia, abre la puerta para irse. —Te dejo para que respondas.
Lan Zhan toma el teléfono en el momento en que se cierra la puerta.
Wei Ying 🌶️: hola! siento que no hayamos practicado la presentación jutnos
Wei Ying 🌶️: juntos*
Wei Ying 🌶️: pero voy a practicar por mi cuenta!!! lo prometo!!
El último mensaje está acompañado por una foto de Wei Ying en la que hace un signo de paz enfrente de su computadora (lo hace a menudo porque afirma que está relacionado con su bisexualidad de algún modo). La pantalla muestra la diapositiva con el título de su PowerPoint e ilumina el rostro de Wei Ying, en el que hay una sonrisa tonta. El ángulo es tan poco favorecedor como la iluminación. Es una foto ridícula. Lan Zhan está totalmente encantado. Probablemente sea inapropiado guardarla, piensa, pero solo lo suficiente para cerrar la aplicación, reabrirla de inmediato y guardarla de todos modos.
Lan Zhan: Está bien. También voy a practicar por mi cuenta.
¿Debería mandarle una foto? Al leer su propia respuesta, sueña más como un profe anticuado que como un compañero, mucho menos como un amigo o… algo más. Vuelve a abrir la foto de Wei Ying. La cierra, escribe la palabra Tú y observa cómo la pequeña línea parpadea expectante hacia él. Mira fijamente su teléfono, sin palabras en ninguno de sus dos idiomas y con una biblioteca de emojis que no entiende muy bien cómo utilizar.
Otra ráfaga de mensajes lo rescata de su parálisis.
Wei Ying 🌶️: Pero oye!! ahora tienes otro compañero de estudio! 🦄 Tienes mucha suerte, los unicornios son criaturas increíblemente estudiosas
Wei Ying 🌶️: he visto dos películas del señor de los anillos así que soy un poquito experto en mitología occidental
Wei Ying 🌶️: Aunque en realidad no tienes que quedártelo jajaj
Wei Ying 🌶️: me refiero al unicornio
Lan Zhan: No, me lo quedo.
Con la cámara abierta en modo selfie, Lan Zhan levanta al peluche del suelo al que lo había tirado con crueldad y lo acomoda con cuidado en su regazo. Estira el brazo con el que sostiene su teléfono y toma una foto centrada en el unicornio. Solo aparece la mitad de su rostro. Se pregunta si tal vez debería tomar otra donde haga un pequeño puchero con los labios, de inmediato se siente ridículo y manda la foto sin pucheros. ¿Qué le está haciendo este chico?
Menos de un minuto después, Lan Zhan recibe una foto borrosa. Al final descifra que es Wei Ying tumbado en su cama (Lan Zhan se sonroja estando solo en su habitación porque sabe que puede reconocer las sábanas de Wei Ying) con un brazo sobre su rostro.
Wei Ying 🌶️: Me matas, Lan Zhan
Lan Zhan: No mueras, por favor.
Wei Ying 🌶️: Uggggh bien ya que insistes
Wei Ying 🌶️: Supongo que sería una jalada hacer que expusieras la presentación tu solito eh?
Wei Ying 🌶️: Pues ya dejo de molestarte, tuviste que soportarme todo el día y que no ya casi es tu hora de irte a dormir??
Lan Zhan: Son las 6:43 p.m.
Wei Ying 🌶️: claro claro así que debes empezar a tener sueño por estar despierto tan tarde
Wei Ying 🌶️: Buenas noches gege!! 😊🌙✨ Dulces sueños!!
Lan Zhan: …
Lan Zhan: Buenas noches, Wei Ying
Lan Zhan: 🙂
° ° ° ° °
Lan Zhan pasa el siguiente sábado en la isla de Animal Crossing de Wei Ying. En la vida real, está sentado hombro a hombro con Wei Ying en su cama.
Ya completaron, presentaron y obtuvieron calificación (10, como era de esperarse) en su tarea y Lan Zhan está otra vez en la habitación de Wei Ying. Sin razón alguna. Wei Ying solo quería que viniera, por lo que ha pasado la tarde jugando videojuegos en la casa de su amigo. Lan Zhan se siente considerablemente como un adolescente. Aun así, es un poco extraño estar aquí sin sus cosas de la escuela, sin nada seguro y neutro a lo que recurrir cuando no puede pensar en qué decir. Espera que Wei Ying no se dé cuenta de repente de que es tan aburrido como aparenta a primera vista. En secreto, esparce algunas campanas alrededor de la isla de Wei Ying, algo así como un soborno.
Es el sonido del reloj del juego justo al final del recorrido por la casa embrujada de Wei Ying lo que finalmente alerta a Lan Zhan de la hora. Levanta la mirada de sus pantallas para ver que el cielo fuera de la ventana de Wei Ying se ha oscurecido.
—Debería irme a casa —dice Lan Zhan, con una nota de arrepentimiento apenas audible en la voz. Técnicamente no tiene un horario de llegada porque nunca ha habido la necesidad de establecer uno, pero puede que su familia comience a preocuparse si se queda fuera por más tiempo. Bueno, puede que su tío se preocupe. Lan Huan sabe en dónde está su hermano.
Wei Ying presiona unos cuantos botones y su personaje hace una pequeña animación triste. Para completarla, hace la misma expresión caricaturesca en la vida real con una precisión sorprendente. —Mira lo triste que estamos, Lan Zhan.
Lan Zhan deja otra bolsa de campanas a manera de disculpa.
Se asegura de guardar su juego mientras el Wei Ying digital corre en círculos alrededor de él y lo golpea con su red atrapa insectos. Se arrastra hasta el pie de la cama del Wei Ying real para encontrar su bolsa, en la que mete su Switch con cuidado.
—¿Te puedo acompañar a la parada? —Wei Ying pregunta. Sus piernas largas se columpian cuando se une a Lan Zhan en la orilla de la cama. Está usando shorts, con lo que deja a la vista el tigre pequeño en su tobillo. A Lan Zhan le gustaría pasar su pulgar por encima de él para ver si la piel tatuada se siente distinta al toque.
Vuelve a concentrarse en guardar sus cosas antes de que lo atrapen viendo las piernas de su amigo, y da un "mn" afirmativo en respuesta.
En la puerta del departamento, mientras se ponen los zapatos, Wei Ying lo sorprende con: —Gracias por venir.
Una frase perfectamente normal, incluso banal, pero Lan Zhan se siente conmovido de manera extraña por las atentas palabras. El hecho de que provengan de este chico, quien se balancea precariamente en un pie mientras se ata un par de Converse pintados con marcadores, solo profundiza su significado. Nunca nadie le ha dado las gracias por pasar tiempo con ellos.
—Gracias por invitarme —responde, y espera que suene tan sincero como es su intención.
Salen de la casa de los Jiang y se dirigen hacia la parada de autobús, cayendo en un silencio no muy distinto al de la última vez que hicieron este recorrido. La pausa en la conversación es un cambio con respecto al ritmo del parloteo de la tarde, pero no es mala. Tal vez algo acerca de la noche hace que Wei Ying se vuelva contemplativo. Tal vez habla todo lo que puede durante el día, su pozo más profundo que el de Lan Zhan por kilómetros, pero con un fondo después de todo.
Llegan a su destino en un silencio agradable que Lan Zhan se niega a dejar ir por esta noche.
—Hey —dice Wei Ying, cuando Lan Zhan se estaba preparando para un adiós.
—Hey —repite, un poco confundido pero contento por los momentos extras.
—¿Quieres que salgamos este verano? —pregunta Wei Ying. Las palabras salen apresuradas, exhaladas como si estuvieran precedidas por una respiración profunda. —Podríamos ir al muelle otra vez. Te divertiste, ¿no? Podríamos ir de noche cuando está bonito. ¡O podríamos hacer otras cosas! Podríamos ir al cine o a museos o a nadar. ¿Sabes nadar? Podría enseñarte si…
—Sí —interrumpir no es uno de los hábitos de Lan Zhan, pero la palabra parecía expandirse en su pecho con cada sugerencia de Wei Ying hasta que exigió ser liberada. —Sí.
La comisura de la boca de Wei Ying tiembla. —¿Sí, sabes nadar?
—Sí, me gustaría salir contigo este verano —Quiere desesperadamente que Wei Ying lo lleve al muelle otra vez. Tal vez esta vez van a tomarse de la mano, palma contra palma, con los dedos entrelazados mientras Wei Ying lo lleva hacia lo que sea que llame su atención. Hasta podría dejar que Wei Ying lo convenza de subir a la rueda de la fortuna. Tal vez Wei Ying sostendrá su mano con más fuerza cuando estén en la cima.
—Genial —Wei Ying suspira, apuntando una sonrisita brillante hacia el suelo. —Eso es genial. Tú eres genial. Me gustas mucho.
Lan Zhan se acerca y le da un beso en la mejilla. Más vale una semana después que nunca.
Wei Ying levanta una mano a medio camino de su propio rostro antes de contenerse. Sus mejillas están rojas. —¿Eso a qué se debe?
—Mi parte de la apuesta. Una disculpa por la tardanza.
—Oh. Tú… —Es lindo cuando es tímido. Pero no pasa mucho antes de que la sonrisa que Lan Zhan conoce, ladeada y coqueta, aparezca. Lo mira a través de sus pestañas, como una caricatura de timidez. —¿Crees que si te gano otro peluche me puedas dar un beso en los labios? Después de todo, sí te prometí un oso.
Claro que está jugando, nervioso y tratando de poner a Lan Zhan nervioso. Pero Lan Zhan no quiere esperar tanto. Le dice con honestidad: —No necesito premios para querer besarte.
—Wow. ¿Así que quieres decirme… —Wei Ying comienza y su sonrisa se amplía aún más a pesar de la sospecha fingida en su voz. —…que te gusto por más que solo por mis habilidades en los juegos de feria? Parece falso, pero está bien.
—Bueno, —dice Lan Zhan, cuidando que su voz se mantenga estable. —eso y tu dulce, dulce cuerpo.
La risa que suelta Wei Ying es ruidosa en la noche y percute por encima del zumbido de los insectos de verano y el zumbido eléctrico de la luz que ilumina la parada de autobús. Alza las manos para cubrir sus ojos mientras la risa se desvanece lo suficiente para que pueda hablar. —Oh por dios. Oh por dios. Ya no tienes permitido ser divertido. Lo prohíbo. Solo puedo aguantar un poco a la vez, Lan Zhan, tienes que darme un respiro. O tienes que dejar de ser divertido o dejar de ser inteligente y de oler bien y de preocuparte por los animales y…
El que Lan Zhan tome con gentileza las muñecas de Wei Ying para apartar sus manos de su rostro tiene el inesperado efecto secundario de hacer que Wei Ying deje de hablar. Pasan un momento congelado así: con los ojos silenciosamente clavados en las manos de Wei Ying sostenidas por las de Lan Zhan en el espacio que los separa. Tentativamente, Wei Ying posa las palmas de sus manos a ambos lados del rostro de Lan Zhan.
No puede decir quién de los dos es el primero en inclinarse, pero en el siguiente segundo Lan Zhan está besando a un chico en los labios: un chico lindo que tiene un tatuaje y dibuja en sus zapatos y quiere llevarlo al cine. Wei Ying no sabe a papas enchiladas, Lan Zhan nota con algo de alivio. Esta presión de labios a boca cerrada no sabe a mucho en realidad. Desde ahora tendrá que adaptar sus fantasías. No será difícil, pues cada parte de esto es mejor que sus fantasías, hasta las palpitaciones que puede sentir tenuemente en los puntos de pulso debajo de las puntas de sus dedos, las que indican que él no es el único nervioso y entusiasmado. Incluso hay algo profundamente satisfactorio en el suave sonido que hacen sus labios cuando finalmente se separan.
—Estás sonriendo —dice Wei Ying. Mueve un poco el rostro de Lan Zhan de un lado a otro, aparentemente porque puede hacerlo por la forma en que lo sostiene entre sus manos. Se ve presumido otra vez. La expresión le queda bien.
—Sí —admite Lan Zhan. Wei Ying puso la sonrisa ahí . Es justo que la vea. Quiere que la vea.
Wei Ying suelta el rostro de Lan Zhan para envolver sus brazos sobre sus hombros, con las muñecas cruzadas con pereza detrás de su cabeza. Lan Zhan deja que sus manos descansen en su cintura, el movimiento lento y cauteloso para compensar en toque más atrevido. Su inquietud resulta innecesaria cuando Wei Ying se acerca lo suficiente para que las puntas de sus narices se rocen. Pregunta en un susurro: —¿Podemos seguir besándonos hasta que llegue tu autobús?
Lan Zhan no ve por qué tendría que responder con palabras. Cierra sus ojos ante los postes de luz y besa a Wei Ying de nuevo, deseoso por que el autobús tarde en llegar.
Este va a ser un buen verano, piensa. No puede esperar para aprender a nadar.
