Work Text:
— Jee… ¿Eso pasó? Es un poco… ¿verdad? – Lena miró a Rita con una sonrisa que denotaba complicidad pero al mismo tiempo emitía esa extraña opresión que solo el escuadrón Spearhead había llegado a experimentar… y eso había sido dos años atrás.
— Definitivamente. – asintió su amiga correspondiéndole, aunque la burla era aun más evidente en su expresión.
De no ser por la particular presión que emitía Lena, habrían sido solo la imagen de dos amigas cuyas mentes se habían sincronizado para tomarle el pelo a alguien. No obstante, aun daban la impresión de ser dos gatas que habían acorralado a un indefenso ratón.
— ¿Q-qué? – preguntó Marcel, el ratón en cuestión, completamente atemorizado.
— Es que ese comportamiento es básicamente como… ¿no? – la sonrisa de Rita se ensanchó.
— Exacto, exacto. – asintió Lena, Shin casi podía ver una cola de gato plateada tras ella moviéndose con entusiasmo – Pensar que el teniente segundo Marcel pueda parecer eso…
— S-se los suplico… d-díganme de qué están hablando... – el chico pelinaranja no había tardado nada en sucumbir ante la presión emitida por su comandante.
Rita lo miró por un momento con una expresión aburrida, pero la sonrisa aparentemente normal de Lena no se alteró ni un ápice. Y por alguna razón eso hizo que incluso los Ochenta y seis que estaban presenciando el intercambio sintiesen un poco de nerviosismo.
Es decir, que Rita fuese sarcástica y de repente bromeara un poco pesado no era raro, pero que Lena abandonara su dignidad de oficial de campo frente a todos para burlarse de uno de sus subordinados, era algo que nadie había presenciado hasta entonces.
Además, Marcel también estaba aterrorizado por la causa de ese ataque hacia su persona: por algún giro del destino se había encontrado almorzando con Shin y Frederica en la cafetería. Lena y Rita habían entrado juntas poco después y naturalmente fueron invitadas a unirse a su mesa debido a que el resto se encontraban ocupadas. La conversación giró sobre el trabajo al principio, pero Rita, quien llevaba trabajando desde la medianoche anterior debido a un cierto problema, pidió enérgicamente cambiar el tema.
Debido a que a Frederica se le ocurrió mencionar la historia que le había contado Eugene sobre el cero legendario de Shin, Marcel había aportado su propia versión, y al recordar como había estado tan molesto por la indiferencia que había mostrado en ese momento, decidió disculparse con él por cómo lo había tratado en ese entonces y por haber intentado aislarlo al alejar a su único amigo alba de él.
Fue ahí donde Lena pidió más detalles sobre la escena.
Pese a su fama de santa, Marcel temía que su oficial al mando no se mostrara tan piadosa con él debido a cómo se había comportado en el pasado con su actual pareja, por lo que la sonrisa —y la extraña presión que la acompañó— lo dejaron con el único deseo de huir del lugar. No obstante, al tratarse de su oficial al mando no podía negarse a su petición aun cuando se encontraran en una charla informal y después de que terminó de relatar lo sucedido, profundizando en sus pensamientos en ese momento, Lena y Rita habían intercambiado una mirada antes de empezar el intercambio actual.
Shin sabía que Lena nunca impondría un castigo marcial a alguien por una rencilla personal, así que consideraba que el temor de Marcel no tenía razón de ser… eso era lo que pensaba en la superficie… no obstante… se encontró recordando cómo dos años atrás ella había descubierto su mentira respecto a sus capacidades lectivas.
En aquél entonces se comunicaban únicamente por medio del Para-raid y este apenas había transmitido la sonrisa que ella había esbozado, que igual que ahora, parecía perfectamente normal… a excepción de la presión que manaba de ella.
¿Undertaker?
En aquél entonces ella había pronunciado esa única palabra, pero fue suficiente para que incluso Shin accediera de inmediato a acatar su orden de escribir sus reportes como era debido. Jamás confesaría que en el fondo se había sentido… intimidado… tampoco hablaría nunca del alivio que había sentido cuando esa extraña presión fue desapareciendo de su voz de campana plateada. Ahora recordaba cuanto había deseado no volver a experimentar esa sensación.
Tras revivir estos recuerdos, Shin finalmente sintió un poco de empatía por Marcel al no poder resistir esa especie de tortura psicológica. No obstante, también se sintió sorprendido al recordar esa faceta de su novia. No era exactamente la Reina Sangrienta en ese momento, pero sin duda, tampoco era la Lena tranquila de siempre.
Por si acaso, se aseguró de no estar observando la situación con la boca abierta. Pero decidió no comprobar si sus compañeros también conservaban ese recuerdo en particular.
Finalmente, Lena y Rita rompieron a reír tras la súplica del muchacho.
— Es que tirar de alguien de esa manera… – Rita movió su tenedor en el aire mientras hablaba – Más que un compañero de clases molesto, suena a que te comportaste como una mujer celosa. – dijo finalmente apuntando al chico.
— ¿Eh?
— Y conociendo el comportamiento indiferente que debió tener Shin – Lena hacía lo posible por contener su risa para completar su oración – debiste verte realmente desesperado por no tener su atención.
Marcel enrojeció.
— Es que lo imagino llevándose a su amigo como diciendo "Pues si no me prestas atención, quédate solo".
— Como otra versión del típico "Si no es mio, no es de nadie".
— O "Ya que no encuentro forma de molestarte me robaré a tu hombre".
Las chicas siguieron hablando alegremente entre sí sobre las diferentes interpretaciones que podían darle al comportamiento infantil de Marcel, ignorando a propósito la expresión avergonzada de este.
No obstante, Lena dirigió una discreta y rápida mirada en dirección a Shiden y su escuadrón que se encontraban en una mesa cercana.
Shin observó de reojo como Shiden tragaba saliva antes de sumar sus propias interpretaciones a las de su reina, siendo secundada por su grupo con cierta ansiedad.
Pronto el comedor se llenó de bromas hacia el pelinaranjo y conversaciones sobre telenovelas y anime. Lena y Rita fueron llamadas de regreso a su trabajo, pero claramente la reina estaba satisfecha con la obediencia de sus subordinados mientras Marcel soportaba la lluvia de bromas a su costa con el rostro más enrojecido que el cabello artificial de las Sirins.
— Shinei, será mejor que tengáis cuidado con Vladilena. – dijo Frederica, mirando con lástima a Marcel.
— Ciertamente, jamás esperé esta clase ejecución pública por parte de Milize. – agregó Vika, quien pasaba a buscar su café – Y mira que organizarla en tan poco tiempo… – luego hizo una pausa pensativa – ¿Acaso será posible que la habilidad esper de los albas no se haya extinguido por completo?
Shin estaba demasiado aturdido para expresar una opinión.
La mayoría de Ochenta y seis no se tomarían a mal la historia de Marcel, ya que estaban curtidos contra la discriminación y él había cambiado antes de conocer a otro además de Shin. Es decir, ni se había portado mal con ninguno de sus compañeros, ni a estos le habría importado. No obstante, si su comandante táctica, la proclamada reina de los Ochenta y seis en persona daba una orden ¿quiénes eran ellos para desobedecer?
Especialmente cuando, por alguna inexplicable razón, había lucido tan intimidante.
Quizá Vika tenía razón.
Además, siendo honestos, una vez sacudido ese extraño temor, no eran tan buenas personas para dejar pasar la oportunidad de divertirse a costillas de alguien. Marcel sufriría al menos un par de días.
— Bueno, no os preocupeis, ya lo olvidarán en unos días. – precisamente le dijo Frederica a un Marcel que parecía a punto de explotar por tanta sangre acumulada en su rostro.
Más tarde, cuando Shin le preguntó a Lena si había hecho esos comentarios con la intención de castigar a su subordinado, ella le respondió al tiempo que se erguía en toda su estatura con dignidad.
— Yo solo dije lo que pensé. – luego dicha dignidad fue borrada por un puchero – Además, si en verdad está arrepentido por su comportamiento de ese entonces, bien puede tomar esto como una pequeña expiación.
Entonces si era el castigo de la reina sangrienta.
Shin no pudo evitar sonreír y abrazar a su novia. A él nunca le había importado lo que había sucedido y en general aun consideraba un desperdicio de energía que Lena se molestara en su nombre, pero… quizá porque Marcel no era un cerdo blanco que no entendería aunque ella intentara explicarle... quizá porque su propia mentalidad estaba cambiando... o quizá porque había visto un lado inusual de ella… el verla enojarse e impartir justicia por él esta vez lo hizo sentir feliz.
Era casi la hora de apagar las luces cuando Raiden y Theo encontraron a un afligido Marcel derrumbado en un pasillo desierto.
No era difícil imaginar lo mal que lo había pasado el muchacho no solo teniendo que soportar las bromas de todos, sino también viéndose obligado a trabajar con Lena durante la tarde, por lo que Raiden le dio una palmada en la espalda a modo de consuelo.
— Anímate, no creo que Lena sea del tipo que guarda rencor por mucho tiempo, especialmente hacia alguien que ya mostró su arrepentimiento.
Marcel le dirigió una mirada aun aterrorizada.
— ¿Pero cuanto tiempo será? – luego se llevó las manos a la cabeza, desesperado – Además ¿¡como es posible que la coronel sea tan terrorífica!? ¡Es decir, su expresión no cambió para nada! Pero aun así…
— Bueno, si te sirve de consuelo, no eres el único al que ha asustado así. – comentó Theo con estudiada despreocupación – Quiero decir, incluso Shin y Raiden han estado en tus zapatos. Y eso que solo hablábamos por el Para-raid.
— ¿Eh? – Marcel no podía creer lo que estaba escuchando. Raiden hizo una mueca.
— A Shin y a mi nos intimidó una vez cada uno – admitió – pero si no mal recuerdo, ella adquirió la habilidad de hacerte callar tus comentarios sarcásticos incluso sin necesidad de intimidarte.
Theo no pudo ocultar una ligera vacilación.
— ...Bueno, claramente yo fui más listo que ustedes al no hacerla enojar tanto. – respondió encogiéndose de hombros con una sonrisa temblorosa.
Mientras los dos Ochenta y seis discutían la validez de tal argumento, el terror de Marcel alcanzaba nuevas dimensiones.
— Cuando se informó de la llegada de la coronel Milize me preguntaba que clase de escoria de la República sería y porqué le habían permitido venir, luego creí entender qué clase de persona era al ver cómo interactuaba con Nouzen y ustedes, y comprender que sus alocadas tácticas buscaban la supervivencia de la mayoría… pero… ¿Qué… ¿¡Qué clase monstruo es la coronel para llegar a asustar incluso a alguien como Nouzen!?
Raiden y Theo detuvieron su discusión al escuchar el soliloquio de Marcel. Aunque decidieron que el muchacho simplemente no era consciente de lo que decía a causa del estrés, incluso ellos no pudieron evitar fruncir el ceño y mirarlo con severidad.
— Será mejor que Shin no te escuche decir eso. – Raiden habló con seriedad – Él no es tan piadoso como Lena… ni tan comprensivo como nosotros.
— En serio, ni siquiera quiero pensar en lo que haría si te hubiera escuchado. – Theo tampoco estaba bromeando.
Afortunadamente sus consejos penetraron en la atribulada mente de Erwin Marcel, quien decidió ir a dormir de una vez, con la esperanza de un mejor mañana.
No obstante, tras reflexionar acerca de las acciones de su oficial al mando y analizar cuidadosamente la conversación con los dos procesadores, comprendió que en el fondo había sido tratado con compasión.
La reina sangrienta había dictado su castigo y sus súbditos habían obedecido al pie de la letra. Si ellos decidieran vengar a su querido dios de la muerte por su cuenta o si ella hubiera decidido tomar otra clase de represalia, seguramente no habría quedado lo suficiente de él para que incluso ese rey de los cadáveres lo convirtiera en uno de sus pájaros de la muerte.
¿Acaso su comandante era consiente del poder que tenía en sus manos?
Al verla al día siguiente interactuar inocentemente con los Ochenta y seis, concluyó que la respuesta a su pregunta era no.
Y, tal como Raiden había dicho, un par de días después el enojo de la coronel se había disipado por completo. Las bromas pararon al mismo tiempo.
Pero él se comprometió firmemente en su corazón a ser mucho más cuidadoso con sus palabras y acciones. Y definitivamente no volvería a discriminar a nadie.
