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Dulce Venganza

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En edición.....

Esa tarde no sería como cualquier otra. La tensión se podía palpar en el aire; por más que Yue Qingyuan tratara de relajar el ambiente, las cosas seguían igual.

Shen Qingqiu suspiró detrás de su abanico con fastidio, optando por mirar por la única ventana que había en la sala de reuniones. Estaba harto de los comentarios espinosos y de la mirada acusadora de Qi Qingqi. La mujer había aprovechado cada brecha en la reunión para remarcar la ausencia de Liu Qingge y la obvia responsabilidad de Shen Qingqiu por ello. Cabe destacar que, aunque algunos no dijeran nada, en sus miradas se notaba que apoyaban en silencio sus ataques.

Yue Qingyuan, cansado de la tensión, dio por finalizada la reunión para que todos se retiraran. Como de costumbre, Shen Qingqiu fue de los primeros en irse, ya que no era de socializar con sus hermanos marciales.

Se levantó con la elegancia y gracia que lo caracterizaban, listo para marcharse del lugar.

—Shen Qingqiu, escapando de tu responsabilidad —acusó Qi Qingqi.

—¿Escapando de mi responsabilidad? La reunión ha terminado y no queda nada más por hacer aquí, así que este maestro se va primero.

—¡Tú estás escapando! Liu Shidi no estuvo en la reunión por tu culpa, y ni siquiera muestras un rastro de culpa por las palabras venenosas que le dijiste. Es más que evidente que no te disculparás con él.

—Por lo alterada que estás, parece que a quien ofendí fue a ti.

—¡Alto, Qi-shimei, Qingqiu-shidi! No discutan más —intervino Yue Qingyuan.

—Zhangmen-shixiong, con todo respeto, no estás siendo imparcial. Siempre que Shen Qingqiu hace algo, usted se disculpa en su nombre, cuando es obvio que él no está ni un poco arrepentido por su proceder —replicó ella, en tono firme.

Los demás soltaron pequeños gruñidos en reconocimiento de sus palabras, mientras ella seguía mirando con furia a su mayor.

Resoplando, la mujer prosiguió:

—El primer paso para enmendar el daño es que él acepte las culpas y se disculpe él mismo, no usted.

—Tiene razón en eso, Zhangmen-shixiong —intervino Wei Qingwei desde atrás de Qi Qingqi, mientras se rascaba la cabeza—. Es hora de que sea él quien reconozca sus fallas, no usted. Lo mínimo que Qi-shimei quiere es una disculpa para Liu-shidi.

Yue Qingyuan había sido acorralado por sus hermanos marciales, que obviamente no estaban felices con cómo terminaron las cosas tras la última discusión entre Shen Qingqiu y Liu Qingge.

Sin más opciones, no tuvo más remedio que darles la razón. Después de todo, aunque quisiera evitarle un mal rato a Shen Qingqiu, lo correcto sería que él mismo se disculpara.

—Shen-shidi… solo es una disculpa. No es algo del otro mundo.

Shen Qingqiu tenía las venas marcadas por la furia. Había soportado tranquilo los numerosos ataques de la fan enamorada número uno de Liu Qingge durante toda la reunión por mantener la paz, pero ella siguió hasta el final, logrando que incluso Yue Qingyuan le pidiera ir a disculparse.

Una mujer enamorada era capaz de cosas impensables. Estaba furioso. Querían que se rebajara y retrocediera en lo que dijo, cuando no había mentira alguna en sus palabras a Liu Qingge.

—Xiao... digo, Shen-shidi, no es una larga charla. Solo es una—

—¡Te escuché la primera maldita vez!

Más de uno se sorprendió. Shen Qingqiu era venenoso, pero jamás usaba palabras coloridas, y por su mirada, nada bueno saldría de todo aquello.

—Iré a disculparme como *ustedes* lo pidieron.

—¡Sí, eso deberías hacer! —exclamó Qi Qingqi, orgullosa por salirse con la suya.

—Qi-shimei, por favor... —dijo conciliador Yue Qingyuan.

Shen Qingqiu salió del lugar sin perder su ritmo calmado y altivo. Aunque a simple vista no parecía que fuera a hacer algo, todos tenían la sensación de una cuchilla en sus gargantas. La furia de Shen Qingqiu siempre era silenciosa, pero sus consecuencias eran desconocidas.

Sin mucha prisa, y después de caminar por el Pico Bai Zhan, logró dar con el culpable de semejante revuelo.

Liu Qingge estaba en un bosque que pertenecía a Bai Zhan. El hombre practicaba con Chen Luan mientras le daba la espalda al recién llegado.

—¿Qué haces aquí, Shen Qingqiu?

—¿No es evidente que me obligaron?

Liu Qingge soltó un bufido. Había estado de mal humor desde la discusión con Shen Qingqiu y se había estado cuestionando sus propias habilidades marciales. Después de todo, no era para menos.

Ambos habían llevado a tres discípulos de sus respectivos picos a una misión simple… que al final no lo era tanto. El problema fue que cada uno guio a su grupo por su cuenta, y al final, solo el equipo de Shen Qingqiu regresó sin más que rasguños, mientras que los de Bai Zhan estaban gravemente heridos.

Durante el camino se pelearon levemente, pero todo era una olla a punto de explotar. Cuando regresaron a la secta, al momento de dar sus informes, inició la discusión. Se gritaron como de costumbre, y Shen Qingqiu no dudó en apuñalarlo con el hecho de que sus discípulos salieron intactos, mientras que los del otro salieron malheridos por su falta de planificación y poco interés.

Aunque estaba enojado con Shen Qingqiu, estaba más enojado consigo mismo. Se suponía que su pico albergaba a los guerreros más fuertes… y fueron los únicos heridos, mientras esos eruditos salieron con solo motas de polvo en la ropa.

Sacudió la cabeza y siguió practicando, hasta que notó que los pasos, en lugar de alejarse, se acercaban a él.

—¿Qué es lo que quie—¡!

Liu Qingge no pudo finalizar la oración. Shen Qingqiu lo había besado. Aunque no era la primera vez que se enredaban así, sí era la primera en la que Shen Qingqiu tomaba la iniciativa.

Chen Luan fue dejada de lado. Los brazos de Liu Qingge ahora envolvían la pequeña cintura de Shen Qingqiu, mientras la verdadera lucha se libraba por quién tendría el control en aquel encuentro.

Liu Qingge lo empujó contra un árbol, y solo se separaron por un momento.

—No rompas mi túnica. No me descubras la espalda. Y no me dejes marcas en el cuello… —ambos se miraron por unos segundos antes de volver a enredarse hasta el anochecer.

Liu Qingge cumplió *casi* todas sus condiciones… excepto por las marcas en el cuello. Quería desquitarse un poco con Shen Qingqiu, así que se hizo el sordo con esa parte.

Ambos se vestían en silencio, como en todas las ocasiones anteriores, cuando de repente Shen Qingqiu rompió el silencio:

—Por cierto, estas son mis disculpas. Cortesía de la insistencia de Qi-shimei —resopló con notable sarcasmo.

—¿Qi-shijie? ¿Qué tiene ella que ver con esto?

—Ella insistió ferozmente en que debía disculparme contigo. Incluso logró que Zhangmen-shixiong me lo pidiera también. Así que eso hice… puedes agradecerles a ambos.

Esa oración atormentó a Liu Qingge, que no pudo evitar confrontarlo antes de que se escapara como siempre lo hacía después de estar juntos.

—¿Así es como te disculpas? —Independientemente de su deseo de que su voz no sonara como si estuviera bebiendo vinagre, el resultado fue totalmente lo contrario.

—Nunca me he disculpado antes —se encogió de hombros y terminó de vestirse con pereza. No estaba de humor para pensar en los posibles celos de Liu Qingge.

—Entonces no lo hagas… no con otras personas.

—Descuida, no planeo hacerlo. Ni de una forma ni de otra. Me iré primero, Liu-shidi.

Sin mediar más palabras, Shen Qingqiu se fue del lugar volando en su espada, mientras ocultaba una pequeña sonrisa de triunfo detrás de su abanico plegable.

No era tonto. Sabía que Qi Qingqi iría para ver concretada su victoria, y que Yue Qingyuan no se quedaría atrás, sabiendo que podían terminar en un enfrentamiento físico.

Lástima que el “enfrentamiento físico” no fue como esperaban.

Llegaron para ver el final del espectáculo. Sin darse vuelta, podía sentir la mirada de ambos detrás de él, pero fingió no notarlo y aprovechó para poner sal en la herida. Sabía del interés romántico tanto de Qi Qingqi como de Yue Qingyuan, así que usó ambos para vengarse.

Sheb Qingqiu no era tonto. La forma en que Yue Qingyuan lo miraba había cambiado con los años, al igual que sus regalos, que se hicieron más constantes y parecían más de cortejo que de un hermano.

Una lástima. Cuando llegaron sus otros hermanos, solo lo vieron irse a Shen Qingqiu.

—La venganza es dulce.

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En el lugar habían quedado cinco personas, y dos de ellas tenían el corazón destrozado. Entendieron, en ese mismo instante en que Shen Qingqiu los mencionó, que esa era su venganza contra ellos...