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Cada vez que miraba la hora con la expectativa de que hubiera pasado más de media hora, se desanimaba al darse cuenta que no habían transcurrido ni siquiera cinco minutos. Su cabeza se sentía pesada y aunque durmiese en una de las mesas de la biblioteca, sabía que podría dormir pero que no descansaría en absoluto. Hacía días que se había dado por vencido; ¿Cuántos días hacía que estaban de exámenes finales? No sabría determinar en que día de la semana se encontraban, todos parecían igual de horribles. Era su tercera y última semana de exámenes y Arakita Yasutomo ya no podía más.
Había accedido ir a la biblioteca cada día porque tampoco es como si quisiera suspender y se conocía a sí mismo; en su habitación seguramente acabaría durmiendo la mayoría del tiempo del cansancio que le provocaba estar en periodo de finales. De todas formas, ahora se encontraba con una libreta con apuntes abierta pero se estaba fijando en cualquier cosa, manteniendo su mirada apartada de todas aquellas frases. A su lado Kinjou estaba concentrado mirando la pantalla de su portátil, pero al mismo tiempo parecía exhausto detrás de sus gafas.
Pensaba que por mucho que le estuviera mirando, no conseguiría sacarlo de sus propios pensamientos pero de repente Kinjou volteó para verle, después comprobó la hora que era.
-¿Quieres que hagamos un descanso? Queda un poco para ir a comer, ahora todavía no habrá tanta gente en la cafetería. – Aunque era cierto que a Arakita le apetecía escapar de aquel lugar, tampoco quería que Kinjou dejase de estudiar por él. A pesar de pensar eso, solamente respondió con un cabeceo, levantándose de la mesa y esperando a que el otro recogiese.
Todavía no habían llegado a la cafetería ambos chicos estaban andando por un callejón para atajar, donde no solía pasar mucha gente. - Espera, Kin-chan. – Arakita se metió una mano en el bolsillo para sacar un paquete de tabaco, no le estaba mirando fijamente pero de reojo pudo notar el gesto de desaprobación de Kinjou. Tenía que aceptar que no era un fumador habitual pero Arakita se había malacostumbrado a fumar ocasionalmente cuando se sentía en situaciones de estrés.
-Yasutomo, pensaba que estabas intentando dejarlo. – Una voz firme, seria. Por un momento le recordó a Fukutomi, pero el rubio nunca le llamaría por su primer nombre otra vez.
-Ya me joden lo suficiente los exámenes, no necesito que ahora te comportes como mi madre y me digas lo que debería hacer y lo que no.
Suponía que Kinjou estaba ya acostumbrado a que él siempre estuviera malhumorado, después de todo… ¿Cuánto tiempo llevaban saliendo ya? El lobo no era una la típica niña adolescente cual contase esas cosas, el tiempo solamente pasaba y ya está… tenía en cuenta que ya llevaban sobre medio año u ocho meses. Pero Arakita no quería estar cabreado con él; no tenía la culpa de estar agobiado con exámenes, seguramente su novio estaba igual de estresado con los finales.
Notó como la mano de Kinjou le retiraba el cigarrillo de su mano pero no le dio tiempo a rechistar porque para su sorpresa, de repente notó los labios de Kinjou encima de los suyos. Decidió cerrar los ojos y colocar sus brazos alrededor del cuello de la serpiente, en aquel momento no le apetecía ser posesivo sobre su novio, no quería pelear por quien controlaba el beso pero cuando sintió que Kinjou se estaba separando de él, Arakita le mordió el labio y sonrío.
-Te contesto mal y me premias con un beso, así no se domestican a las mascotas, Kin-chan.
-¿No es así? Ahora pareces más calmado, durante exámenes parece que vayas a saltar a morderme en cualquier momento; no en el buen sentido, ya sabes.
-Tské. – Nopodía evitar estar de mal humor, aunque era un hecho que ambos conocían. El comentario del otro no había ido con mala intención, de hecho, sabía que se estaba comportando así y realmente Kin-chan tampoco le había reprochado en demasía que tuviera esa actitud.
No acostumbraban a ponerse románticos en público… después de todo, estaban en la universidad y al lobo no le gustaba la idea de que cualquiera pudiera verles; no quería dar explicaciones a nadie sobre con quien se acostaba y porque le gustaban los hombres. Después de todo, a nadie le incumbía saber esa información.
Pero a su misma vez, llevaban un tiempo saliendo juntos ya. Quizás el romanticismo y las palabras dulces no eran algo muy frecuente pero Arakita tenía su propia manera de transmitir a Kinjou que le gustaba, y mucho. Buscó la mano de su novio y entrelazaron los dedos mientras Arakita se sonrojaba y miraba hacía a otro lado, empezó a andar hacía la cafetería. Kinjou solamente le siguió, con una sonrisa apareciendo levemente en su rostro.
En ese momento a Arakita le importaba lo más mínimo lo que la gente pudiera decir sobre ellos.
