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Escuchando a Daring

Summary:

-Daring, si necesitas que alguien te escuche sabes que estoy aquí. No tienes por qué pasar por esto solo.- Ella le dijo mientras él se marchaba. Daring se paró en el sitio al escuchar estas palabras, quedó callado y se giró a mirar a la chica, con una expresión ausente.-Ya sé que no nos conocemos mucho, pero me gustaría poder ayuda-

Fue interrumpida por el rubio.

-Sí. Necesito a alguien, por eso he venido. Te lo agradezco.- Confesó apurado.

-No es nada. Pasa, ponte cómodo.

Daring y Rosabella hablan antes de que las aventuras que viven en Epic Winter comiencen y encuentran un confidente el uno en el otro.

Notes:

¡Hola! Este es mi primer fanfic, por lo tanto me disculpo con anticipación por cualquier error ortográfico o formal. Espero que os guste :)

Work Text:

-¿Daring?

O eso parecía. Se extrañó, él nunca se pasaba por allí. Normalmente hablaba con su hermana fuera de las clases, en pasillos, muy escuetamente.

-Hola Rosabella, ¿está mi hermana por aquí? Me gustaría preguntarle algo...

Su voz, así como el color de su ropa y el matiz de sus ojos, era lúgubre. Raro en Daring, el chico de la sonrisa perlada, vestimenta elegante, habla animada. Desde el intento fallido de despertar a Apple, Rosabella no recordaba haber visto al adolescente en nigún acto público, ni siquiera en los partidos de su equipo deportivo. Era como si toda la motivación (junto a la quizás exuberante arrogancia que le definía) hubiera desaparecido en los últimos días.

-Pues ahora mismo no está.- estaba con Apple White tomando algo en Book End, pero era mejor que él no lo supiera- Si quieres le puedo decir que has venido, cuando vuelva.- Contestó amablemente Rosabella, ofreciéndole una pequeña sonrisa.

-Bueno...- Parecía dudar en su respuesta, abriendo y cerrando levemente su boca, como si quisiera decir algo de lo que probablemente se arrepintiera más tarde- En realidad no era nada importante, así que no te molestes. Mejor me voy, nos vemos.- Murmuró Daring, mirando al suelo y se dispuso a irse.

A la castaña le sabía mal dejarle irse así. Nunca había visto a Daring así, era algo increíble. Si bien es verdad que no eran mejores amigos, habían hablado alguna vez después del incidente con Rugsy, y ella descubrió que, al contrario de lo que pensaba, no era un mal chico, simplemente era muy influenciable. Apple, sus padres, Grimm, la escuela al completo... todos tenían la imagen de un estudiante de diez, apuesto príncipe Daring Charming cuando él era mucho más que eso. El problema residía en que él tampoco lo sabía.

Y ahora que no tenía un destino, lo que equivalía a perder todo por lo que había luchado durante diecisiete años, todo ese coraje, las notas, el heroísmo, el significado de su mismo nombre... Todo aquello había perdido el sentido, el atractivo. Ahora que había perdido El Destino, podría decirse que era un "don nadie". Al abandonar este rango, las chicas ya no gritaban su nombre, los chicos no le envidiaban, sus profesores ya no le elogiaban por cada pequeño aspecto. Todo lo que la sociedad le dió, un simple roce le arrebató cruelmente y para más gravedad, se lo cedió a su propia hermana, que ahora era un icono en el instituto (aunque tenía cada choque con los personajes de cuentos más tradicionales, por supuesto).

-Daring, si necesitas que alguien te escuche sabes que estoy aquí. No tienes por qué pasar por esto solo.- Ella le dijo mientras él se marchaba. Daring se paró en el sitio al escuchar estas palabras, quedó callado y se giró a mirar a la chica, con una expresión ausente.-Ya sé que no nos conocemos mucho, pero me gustaría poder ayuda-

Fue interrumpida por el rubio.

-Sí. Necesito a alguien, por eso he venido. Te lo agradezco.- Confesó apurado.

-No es nada. Pasa, ponte cómodo.- Abrió la puerta, que estaba ligeramente entornada y Daring entró a la habitación. Se quedó parado bajo el umbral de la puerta, así que Rosabella le invitó a sentarse con ella en la cama y fue convencido rápidamente.

-Te escucho Daring- le alentó ella, haciendo que comenzase a compartir sus pensamientos.

-No es nada grave, de verdad. Venía a preguntarle a mi hermana si ella y Apple estaban saliendo, para confirmar mis sospechas. Llevo unos días bastante angustiado por lo del Bosque Encantado y mi destino, supongo que lo sabes, te vi allí.- Ella asintió delicadamente- En realidad, todo el mundo lo sabe ya. Digo yo, porque la mitad de mis conocidos lleva sin hablarme dos semanas, no tengo que deslumbrar a las chicas para hacerme sitio en los pasillos y bueno, en suma, todo lo que componía mi vida hace dos semanas se ha esfumado. Me siento solo Rosabella, muy solo. Siempre me he esforzado, le he dado al mundo lo que me pedía y un poco más. En la medida de lo posible he intentado ayudar a mis amigos, y si es verdad que he hablado con otras princesas, me he mantenido leal a Apple por el bien de nuestra historia.- hizo un parón, en el que Rosabella le acarició el brazo como signo de empatía y él le dirigió una sonrisa de agradecimiento- Gracias, eres de las únicas personas que no me ha visto como el Principe Azul de Blancanieves. Porque ya no lo soy, no lo creo.

Qué lástima. Cómo un semblante que un día sonreía, a punto estaba de romper en llanto. Ella era una buena lectora, y todos los libros suelen descubrir alguna verdad, un sentimiento escondido, una realidad social, una ley natural. Rosabella tampoco tenía muchos amigos por estos aspectos, el no poder ignorar la hipocresía o las amistades por interés. Siendo princesa, estos aspectos aparecía constantemente en su día a día, cada vez que pasaba las hojas de un libro se intesificaban. Parecía que Daring acababa de darse cuenta, con la diferencia de que él lo estaba viviendo en sus propias carnes y ella lo había filosofado desde la distancia. No pudo evitar hacer un pequeño comentario.

-Si te sirve de consuelo, en las situaciones más duras uno se conoce a sí mismo. Es difícil, no imagino cuánto, se asemeja a un nuevo inicio. Sin embargo, aquí y ahora vas a ver quién es tu amigo, a quién no le interesas ya y a tu enemigo. Es más, todo cambia, pero tengo la sensación de que va a cambiar para bien. Y me considero bastante intuitiva, si se me permite decirlo.

-No puede ir peor, así que eso era previsible- Ambos rieron un poco antes de retomar la conversación.-Puede que tengas razón. Sí, ahora que lo dices, soy todo lo que me han hecho ser. No tengo aficciones fuera del instituto, solo arreglarme y ser perfectamente apuesto, son encantador porque mi historia... bueno, la que fue mi historia así lo dictaba. Y siempre he intentado caer bien, cuando me doy cuenta de que eso es imposible.- Se quedó pensativo, mirando sus zapatos, con los cordones desatados. Los ató y miró a Rosabella a los ojos, profundamente, aquellos ojos marrones que le habían escuchado incondicionalmente.- Sabes, el Daring de antes era un poco exclusivo en cuanto a amistades. Pero ahora no le importaría conocer mejor a esta princesa. ¿Te apetece ir a por un café?

Vale, eso fue inesperado. Daring Charming, sí, era él, en cuerpo pero, ¿acaso en alma? Qué profunda reflexión había tenido que pasar por su cabeza para invitarla a tomar algo. Nunca lo hubiera imaginado, aunque quizás no fuese una mala idea... Y el pobre chico necesitaba un amigo (Rosabella también, pero no lo iba a admitir tan fácilmente). Cuanto antes, a ser posible.

-¿Por qué no? Aunque si no te importa, prefiero que no vayamos a Book End.

-¿No? Allí están las mejores cafeterías.

-No, simplemente hay mucha gente...

Sí. Y Daring no necesitaba más disgustos, a decir verdad.