Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-02-14
Words:
2,872
Chapters:
1/1
Comments:
7
Kudos:
158
Bookmarks:
12
Hits:
1,269

De cómo Harry Potter encontró un hurón mientras se buscaba a sí mismo

Summary:

Harry Potter está buscándose a sí mismo después de la guerra. Lo que encuentra en el camino es un hurón albino que lo acompaña en su autodescubrimiento. Contiene un poco de drama, un poco de humor y bastantes mordidas.

Este es un detallito para el cumpleaños de Sol (Dragonlytherin) y como agradecimiento por el fic que me escribió el año pasado :) Empezó siendo una cosa pero terminó solo vagamente siendo lo que querías. ¡Perdón!

Notes:

Work Text:

 

 

  1. Visualiza tu yo ideal.
  2. Explora tus pasiones.
  3. Prueba cosas nuevas.
  4. Hazte preguntas
  5. Aprende algo nuevo

 

Harry volvió a doblar la revista muggle que cargaba consigo desde que había salido de Londres. La portada tenía a algún ídolo juvenil de amplia sonrisa que él no reconocía, pero la razón por la que la llevaba consigo era por un artículo de unas cuantas páginas que se titulaba “Cómo encontrarte a ti mismo”. Incluía algunos tips que Harry planeaba seguir uno a uno, a ver si alguno lograba ayudarlo a encontrar quién era si no era el héroe que debía enfrentar a Voldemort.

 

Hermione misma le había dado la revista. “Es lo suficientemente simple y parece escrito por alguien que sabe de lo que habla.” Desde entonces, Harry había pasado por el primer paso: “Visualiza tu yo ideal.” Al parecer Harry no tenía la mejor imaginación. Por un momento se imaginó jugando quidditch, pero la fantasía terminaba en unos minutos. La de ser auror duraba un poco más, pero terminaba en una muerte cruel y violenta. La de casarse con Ginny terminaba en la boda.

 

La revista sugería volver a este ejercicio después, así que Harry siguió con el segundo punto: Explora tus pasiones.  Eso lo había llevado a una cita incómoda con Ginny, a un juego de quidditch todavía más incómodo con sus hermanos y a una visita al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras en Hogwarts, cuyo único resultado fue que finalmente pudiera llorar sin interrupciones la muerte de Remus.

 

“Probar cosas nuevas” lo había llevado a viajar por placer, completamente solo, por primera vez en su vida. Paseó por el Londres mágico y muggle primero, pero después decidió aventurarse por los bosques donde se había escondido con Ron y Hermione, algo que quizás o quizás no tuvo que ver con que en Londres se encontró a Draco Malfoy, con quien intercambió un par de insultos bien puestos.

 

En los bosques, alejado de la sociedad, la verdad es que se estaba mejor cuando uno se buscaba a sí mismo. Saber que no había caza fortunas detrás de su cabeza y que Voldemort realmente se había ido para siempre hacía la experiencia mucho mejor. Quién lo diría.

 

 

Una semana viajando solo y Harry realmente se sentía mejor. No tenía idea de si estaba “encontrándose a sí mismo” pero definitivamente estaba dándose la oportunidad de relajarse como no había podido hacer antes en… pues en su vida. Sus días eran simples: despertarse, caminar por ahí, cocinarse algo mediocre, echarse siestas, fingir que leía el libro que le había dado Hermione, tomar un baño en algún lado bajo las estrellas y dormirse. Nada mal, en su opinión.

 

Estaba un día disfrutando de su baño nocturno, en la única compañía de los grillos que amenizaban la noche, cuando el ruido de algo cayendo sobre la hojarasca lo alertó. Inmediatamente alzó su varita. Todas las veces que había pasado esto se trataba simplemente de algún animal que tan pronto como lo veía se alejaba, pero Harry no podía sacarse por completo la sensación de peligro cada vez.

 

Lumus.

 

Frente a él, encontró a una terrible criatura, una que todavía poblaba algunos de sus sueños: un hurón blanco. Era caladito al hurón en el que se había convertido Draco Malfoy aquella vez, con Barty Crouch Jr. Pero… no podía ser, ¿cierto? Este era un hurón cualquiera.

 

Miró al hurón fijamente. El hurón lo miró también, con una patita levantada, como si estuviera a punto de salir corriendo pero no quisiera hacerlo bajo vigilancia humana. Su cuerpo estaba lleno de tierra y una hoja seca se asomaba detrás de su oreja.

 

Harry resopló por la nariz. Luego no pudo contener la risa.  

 

—Esto es ridículo. Nox.

 

 

Harry se sentó a la orilla del lago y volvió a meter sus piernas en el agua tibia (gracias a un hechizo). Su corazón apenas volvía a su ritmo normal cuando sintió algo peludo en su muslo y estuvo a punto de patear a la criatura al siguiente hemisferio cuando notó que solo se trataba del hurón de antes.

 

—¿Y tú qué haces ahí? —lo regañó— ¡Shu!

 

Pero el hurón no se fue. Después de mirarlo fijamente y olerlo, dio un par de vueltas en su regazo y se acostó.

 

—¿Qué carajo? Oye, tú —dijo, picando un costado del animal, intentando molestarlo, pero no lo suficiente para ser mordido.

 

Por un momento pudo ver el titular en primera plana: Harry Potter mordido por hurón rábido.

 

Después de unos minutos, cuando se dio cuenta de que la molestia no se iría por si sola, lo agarró por atrás, lo puso en el piso, se levantó y se fue.

 

No le sorprendió nada que al otro día el hurón amaneció dormido sobre la panza de Harry, en la tienda de campaña. Ni siquiera se preguntó cómo entró a la tienda, porque en la vida de Harry Potter nada tiene sentido.

 

 

—¡Volviste! —exclamó Hermione, feliz.

 

—No realmente —respondió Harry, saliendo por la chimenea—. Solo necesito tu chivatoscopio. Y quizás tu conocimiento sobre hechizos para descubrir animagos.

 

—¿Animagos? —Hermione frunció el ceño.

 

Harry dio una palmadita en el morral que colgaba a su costado. Inmediatamente, una cabeza blanca de grandes ojos grises se asomó.

 

—La pregunta es: ¿es este un hurón cualquiera o es Draco Malfoy en forma de animago volviéndome loco un pelo a la vez?

 

Hermione respiró profundamente.

 

—Nunca entenderé cómo lo haces, Harry.  

 

 

Resultó que la criatura no era Draco en forma de animago. De hecho, no era un animago y tampoco tenía malas intenciones contra él, a juzgar por el chivatoscopio, pero Hermione sí detectó un aura mágica alrededor de la criatura. Harry se encogió de hombros.

 

—Lo suponía. Tengo cierto imán para las rarezas mágicas. Mientras solo sea un hurón y no El hurón, todo bien.

 

Hermione quería que dejara al animal con ella, pero Harry no le vio peligro alguno a seguir cargándolo en su morral hasta que el hurón se sintiera cómodo en la naturaleza y huyera por cuenta propia.

 

Mientras tanto, tener la compañía de un ser que escuchaba pero no entendía absolutamente nada y por lo tanto no lo juzgaba, ayudaba a Harry a aclarar su cabeza. Y se sentía menos estúpido cuando aplicaba el consejo "Hazte preguntas”, con el hurón tirado sobre su pecho.  

 

—¿Me quiero casar?

 

El hurón lo miraba fijamente.

 

—No me mires así. Sí quiero, pero quizás… quizás no con Ginny.

 

—¿Me gustaría ser auror, realmente?

 

El hurón ladeó la cabeza.

 

—Sí, también me parece una idea estúpida.

 

—¿Qué quiero hacer? —soltó una risita incómoda— ¿Sabes? Nadie nunca me ha preguntado eso. No realmente. Todo ha sido más sobre…. tienes que hacer. Esto o aquello. El desayuno para mis tíos, salvar el mundo mágico, no tener ni una falla o el Profeta la explotará hasta el fin de tus días…

 

Harry cerró los ojos y no los abrió de nuevo hasta que sintió una mordidita en la mejilla, justo sobre su barba de varios días.

 

—¡Oye! —reclamó.

 

Después preguntó en una tienda de mascotas si era normal que los hurones mordieran. No del tipo… arrancarte un pedazo de piel sino… mordisquitos. Como si Harry fuera una galleta. La dependienta le sonrió, divertida.

 

—Sí, es normal. Te está acicalando. Significa que te tiene confianza y se siente cómodo.

 

Harry se sintió tan aliviado que no hizo caso cuando la dependienta dijo:

 

—Espera, ¿galleta? ¿Sabes que los hurones no pueden comer galletas, cierto?

 

Esa noche, en una casa de huéspedes en Irlanda, Harry miró de reojo al hurón, quien se acicalaba acostado a su lado.

 

—¿Te sientes cómodo conmigo?

 

El hurón le mordió un dedo.

 

Harry se rió.

 

—Yo también me siento cómodo contigo.

 

Acto seguido cerró los ojos y se durmió.

 

 

 

El hurón desapareció esa noche. Harry pasó dos días entre buscándolo y esperándolo, hasta que se dio por vencido y se fue a un pub. Jamás lo confesaría, pero bebió su pesadumbre. ¿Qué iba a decir? ¿Que estaba llorando mientras tomaba whisky muggle barato porque había perdido su mascota?

 

Sin saberlo, terminó tomando más de lo que esperaba y llorando e inventándole una historia a la camarera sobre su novio que lo había dejado, lo cual, en su mente ebria, era una tapadera ideal.

 

—Era tan lindo…

 

—Me imagino.

 

—Me acompañaba a todas partes.

 

—Qué lindo.

 

—Aunque nunca supe su nombre. Quizás debí ponerle uno. Dios, qué asco de dueño fui.

 

—…

 

—Y a veces. Me mordía. Pero. ¿Con cariño?

 

Después de un silencio incómodo, Harry alzó la vista. La camarera lo veía con mucha menos compasión.

 

—¿Eres uno de esos pervertidos?

 

Antes de poder explicar nada, terminó vetado del pub muggle del pueblo.

 

Y entonces, Draco Malfoy lo recogió de la calle y lo llevó a la casa de huéspedes.

 

 

¿Y entonces Draco Malfoy lo QUÉ? fue lo primero que pensó Harry al despertar al día siguiente con una cruda monumental.

 

No, no había sido una pesadilla. Draco Malfoy estaba sentado cómodamente en una silla al lado de la cama, esperando a que se despertara. Llevaba ropas que a Harry le parecieron familiares y, tras ponerse los lentes, descubrió que eran suyas.

 

Draco Malfoy lo había rescatado de un bar muggle con ropa que le había robado. ¿Qué era su vida?

 

Se tiró en la cama de nuevo y se cubrió la cara con un brazo.

 

—Quizás sigo soñando.

 

—¿Sueñas seguido conmigo? —preguntó Malfoy.

 

—O delirando.

 

—¿Te hago delirar? —preguntó de nuevo, con más burla.

 

—Vete a la mierda, Malfoy.

 

—¡Yo no he hecho nada más que salvarte de un callejón después de que te sacaran a patadas de un bar muggle!

 

—Eso no cambia mi opinión: vete a la mierda.

 

—¿Por qué te pusiste tan mal?

 

Harry bajó el brazo y miró a Malfoy de la forma más fría que pudo.

 

—No es tu asunto. Piérdete y no vuelvas. Finjamos que esto nunca pasó.

 

Draco había perdido su sonrisita socarrona y ahora lo miraba con… ¿preocupación?

 

—¿Pasó algo con Weasley o Granger? ¿Tuviste pesadillas con la guerra…? ¿Qué…?

 

Harry se levantó de golpe, se puso frente a él, mirándolo hacia abajo, y lo fulminó con la mirada.

 

—No es tu asunto.

 

—¡Sólo dime si puedo hacer algo!

 

Harry sacudió la cabeza.

 

—Perdí a alguien…

 

—Haz perdido a muchas personas…

 

—No así. Es estúpido. Solo perdí a alguien importante y no sabía que era así de importante para mí. No hay manera de recuperarlo. Fin de la historia. Ahora sal de aquí y véndele la historia al Profeta.

 

El rostro de Draco se cerró en un instante.

 

—¿Por qué no te vas tú a la mierda, Potter? Es más tu estilo.

 

Harry decidió que no era mala idea, ya que Draco se negaba a dejarlo en paz. Apenas las palabras habían salido de la boca del rubio, Harry se dio la vuelta y salió de la habitación dando un portazo.

 

 

Cuando regresó a la habitación iba dispuesto a recoger sus cosas y deshacerse de Malfoy así tuviera que usar imperdonables, pero este había desaparecido dejando la ropa que le había robado esparcida sobre el piso. Todo quedó en segundo plano cuando encontró a su hurón descansando sobre su almohada, como si nunca se hubiera ido.

 

—¡Hurón! —Casi lloró cuando lo vio.—Necesitas un nombre. Y un collar que diga adonde devolverte. Y, ¿qué mierda comen los hurones?

 

Se tiró en la cama y hundió su nariz en el suave pelaje del dorso de su hurón.

 

—Lo siento mucho —susurró.

 

El hurón lo miró con desdén. Luego le mordió una oreja.

 

 

 

 

Empezó terapia ese mes, al terminar su viaje. Fue otra sugerencia de Hermione, cuando le confesó que sentía que tenía más preguntas que respuestas.

 

 La psicomaga lo hizo reflexionar sobre su dificultad para desarrollar apego a las personas (o animales) por miedo a perderlos. Su hurón, ahora con el nombre de Sly, le recordaba la compañía de Hedgwig que había perdido, pero al mismo tiempo lo ayudaba a sanar la herida de su pérdida y de otras tantas. Todavía siguiendo el consejo de la revista, ahora apoyado por la psicomaga, decidió “aprender algo nuevo”.

 

Aprendió cómo cuidar de Sly, incluyendo alimentarlo de algo más que galletas. De hecho se sintió muy avergonzado cuando descubrió que probablemente había destruido el estómago de Sly con Oreos.

 

Comprar carne para Sly lo llevó a comprar carne para sí mismo, lo cual lo llevó a buscar recetas. Cocinar para él, por gusto. Habrase visto. Se había prometido no volver a cocinar después de los Durlsey y ahí estaba él, preparando filetes para la cena.

 

Después de cenar, mientras Sly estaba tirado de lado moviendo una pata trasera felizmente, Harry terminó su lista de cosas que le gustaría aprender.

 

—Oye, Sly.

 

El hurón abrió un ojo.

 

—¿Alguna vez has andado en moto?

 

El hurón cerró el ojo, sin una pizca de interés.

 

Harry subrayó “aprender a manejar una moto”.

 

Esa noche, Harry acarició a Sly un largo rato.

 

—Te quiero, Sly —dijo, porque era lo que sentía y no iba a dejarlo adentro nunca más.

 

Cuando Sly se transformó frente a sus ojos, se arrepintió inmediatamente de haber abierto su bocota.

 

 

 

—Harry no quiere hablar contigo —explicó Hermione por décima vez cuando encontró a Draco esperándola afuera de su edificio.

 

—Lo sé, pero…

 

—Y francamente, Draco, yo tampoco quiero escuchar por qué cometiste esa terrible invasión de su privacidad. Harry ha trabajado tanto en su salud mental y ahora tú con tus… ¡quizás lo has arruinado!

 

—¿Podrías al menos darle una carta?

 

—¡Jamás lo revictimizaría de esa manera! —respondió ella, indignada.

 

Draco bajó la cabeza y con ella sus hombros también perdieron fuerza.

 

—¿Serviría de algo que te dijera sobre la maldición del hurón?

 

A pesar de todo, aquel misterio atrajo la atención de Hermione.

 

—¿La maldición del hurón? Jamás había escuchado hablar de ella.

 

—Podría contarte… —Hermione se cruzó de brazos— ¿O podrías… investigar al respecto?

 

Hermione se negó, pero por dentro ya estaba haciendo una lista de libros que podía revisar.

 

 

Harry aceptó verlo en la terraza de un café muggle después de que Hermione encontrara la maldición del hurón referenciada en algún lugar recóndito de la sección prohibida. Su plan era hacer sentir a Draco tan incómodo que la plática terminara en cinco minutos. Draco, para su sorpresa, se tragó cualquier comentario negativo.

 

—Así que… estás maldito.

 

Draco asintió.

 

—Y las reglas son…

 

Draco las recitó sin mirarlo a los ojos.

 

—Si insulto al Héroe del Mundo Mágico, me convierto en hurón. El Héroe del Mundo Mágico deberá decirme algo cariñoso para revertir el hechizo.

 

—Por eso me perseguiste la primera vez.

 

Draco asintió.

 

—Te insulté en Londres. Después pasé días buscándote, en forma de un maldito hurón. Afortunadamente todavía no habías ido tan lejos.

 

—Te dije algo “con cariño” y entonces… me volviste a insultar.

 

Draco bajó los ojos de nuevo.

 

—Me dio la impresión de que…

 

—¿De qué?

 

—De que en ese momento necesitabas más a Sly que a mí.

 

Harry rodó los ojos.

 

—No puedo pensar en un momento en el que te haya necesitado a ti, Malfoy.

 

Draco se quedó callado y cabizbajo, probablemente recordando todas las veces que Harry lo había rechazado. Harry empezó a sentir algo de culpa, porque para ser sincero sí podía pensar en ocasiones en que había necesitado a Draco. A Sly. A Draco-Hurón. Especialmente esa noche en el pub. Respiró profundamente.

 

—Me volviste a insultar para devolverme a mi amigo.

 

—Honestamente esperaba transformarme frente a tus ojos y aclarar las cosas, pero… —se encogió de hombros— saliste más rápido que una Snitch. No era mi intención quedarme… quedarme tanto tiempo y vivir tantas cosas, pero..

 

Harry se rió, secamente.

 

—Pero me cuesta mucho trabajo demostrar afecto. Oh dios, Malfoy, eres el peor tipo de terapia.

 

Draco pareció hacerse aun más pequeño en su asiento.

 

—Perdón —susurró. Luego lo repitió, un poco más claro—. Perdón, por todo. Por los insultos de pequeños, por invadir tu privacidad, por quedarme aunque sabía que no debía…

 

Al final Harry había logrado su cometido y Draco estaba más incómodo que un hipogrifo conociendo gente nueva. Y por alguna razón, eso no se sentía tan bien como lo esperaba.

 

Después de un largo silencio, que Harry aprovechó para la autorreflexión, por fin habló.

 

—En fin, ¿sigues siendo fan de las galletas? Veo que hay de limón. Uy, y de chispas de chocolate.

 

Draco alzó la vista, confundido.

 

—¿Galletas?

 

—¿O pensabas tomar solo té? Pensé que extrañarías comer cereales sin sufrir diarreas explosivas.

 

Draco se puso de todos los colores.

 

—¡No tuve diarreas explosivas! ¡Habrás de saber que fui muy diligente con mi cuidado personal!

 

Harry se rió por primera vez en toda la cita.

 

Draco miró su risa como quien mira el resultado de una explosión: aterrado, pero al mismo tiempo inexplicablemente maravillado.

 

 

Harry se dedicó a cuidar criaturas mágicas y no mágicas. Se volvió experto en hipogrifos (para el horror de Draco) y hurones (para el horror de Draco).  Su criatura favorita fue la cruza entre un Murtlap y un hurón que se encontró en una visita a la playa en su primer aniversario de bodas y al que cuidó hasta el fin de los días de la chirriante criaturita.

 

Lo llamó Sly Segundo (para el horror de su esposo, Draco).