Chapter Text
-Un recuerdo de su infancia
Sin duda alguna aquel día en la playa, la primera vez que remontó una ola de dos metros. Su madre estaba tan orgullosa, y lo que más le gustaba a Billy era verla así de feliz. Tenía la sonrisa más bonita que hubiera visto, y habría hecho cualquier cosa para que sonriera así más a menudo.
Todavía muchos años después, a Billy le bastaba con cerrar los ojos para volver a ver aquella playa en su mente. Los reflejos del sol en el agua lo deslumbraban, tenía el sabor salado del mar en la boca, y arena en el rostro. Recordaba perfectamente la suavidad con que su madre le limpió la arena de las mejillas con los dedos; recordaba que su piel olía a bloqueador solar de coco, y como su largo cabello le hacia cosquillas en el rostro cuando ella se inclinó para besarle la cara.
Era un momento perfecto.
La mayoría de sus recuerdos no eran agradables, pero tenía unos cuantos como ese, felices y brillantes, como pequeñas burbujas de luz en medio de mucha oscuridad.
- Como se interesó en su hobbie favorito
El mar fue parte de su vida desde que tuvo memoria. Creció mirando el océano y sus paisajes de olas salvajes, y surfistas montándolas como si fuera lo más fácil del mundo.
Tenía cuatro años la primera vez que tocó una tabla. Él y su madre paseaban por la playa dejando sus huellas sobre la arena húmeda y de pronto Billy se soltó de su mano y corrió hacia un surfista que acababa de salir del agua. El hombre le dejó tocar la tabla e incluso la puso en el suelo para que pudiera subirse. Billy habló de aquella fantástica tabla durante todo el camino de regreso a casa y soñó con ella durante semanas.
A los seis años pidió que le compraran una porque quería aprender a surfear.
Su padre dijo que no.
Su madre le prometió que intentaría hacerlo cambiar de opinión.
Pero Neil no accedió hasta que Billy cumplió los siete. Le dio algo de dinero a su madre para que le comprara una por su cumpleaños. No era suficiente para una tabla nueva pero a Billy no le importó, su tabla de segunda mano era increíble y era toda suya.
Cuando su madre se fue, a Billy le pareció que todas las cosas buenas en su vida se fueron con ella, incluyendo sus días de surf.
ーYa es hora de que hagas algo más que vagabundear en la playa.ーhabía dicho Neil cuando se llevó su tabla ーMañana te llevaré a jugar beisbol. Necesitas empezar a practicar un deporte de verdad que te haga hombre. Deja de llorar, no eres una niña, Billy.
No volvió a surfear hasta que tuvo trece años.
Había empezado a juntarse con unos chicos mayores que él en la playa y lo retaron a subirse a una tabla. Estuvieron impresionados cuando vieron lo bien que lo hacía.
Y a Billy lo impresionaba lo fácil que le resultaba todavía. Era como si nunca hubiera dejado de hacerlo.
Estaba tan feliz que no lograron sacarlo del agua hasta después de oscurecer.
Con sus ahorros volvió a comprarse una tabla (de nuevo de segunda mano porque Neil Hargrove no era exactamente generoso con sus domingos), y Billy se pasó todos los días de ese verano en la playa.
Tenía diecisiete cuando Neil decidió que se mudarían a Hawkins.
Billy no sabía en dónde quedaba eso, pero cuando lo buscó en un mapa vio que era un lugar muy alejado del mar. Sintió que se le abría un hueco en el pecho por dónde desapareció toda la luz y el calor de California, dejándole solo la amargura de su corazón destrozado.
-Como adquirió su mayor miedo (El Mind Flyer)
A lo que Billy más le temió durante casi toda su vida fue a la ira de Neil.
Pero cuando era muy pequeño lo que realmente le aterrorizaba era la oscuridad.
Neil lo regañaba todo el tiempo diciéndole que no había nada en la oscuridad a lo que debiera temerle.
Y muchos años después Billy comprendió cuan equivocado había estado su padre.
La realidad a la que Billy fue súbitamente arrojado una noche a principios de Julio, en una carretera solitaria, en un pueblo en medio de la nada, era que existía una oscuridad más horrenda de lo que nadie en Hawkins habría podido imaginar. Y estaba ahí mismo, acechándolos, rodeándolos, lista para atraparlos en sus sombras y destrozarlos.
Justo como había hecho con Billy.
La oscuridad entró en su cuerpo y retorció su mente hasta convertirlo en un monstruo al que obligó a hacer cosas terribles.
Billy estuvo consciente todo el tiempo. La oscuridad le dejó saber lo que planeaba, lo que deseaba de él, y permitió que sintiera cada segundo del dolor que le causó a otros.
Él quería detenerse. Luchó tanto como pudo para frenarlo, para evitar lo que le hizo hacerle a todas esas personas, pero esa cosa lo tenía aprisionado, sofocado dentro de su propio cuerpo. Morir hubiera sido mucho menos aterrador y doloroso.
Incluso después de que esa cosa dejara su cuerpo, morir seguía pareciendo la única opción para liberarse de la culpa que sentía por lo que había hecho, y del horror que le devoraba la mente cada vez que cerraba los ojos y volvía percibir aquella sombra sobre él como un frío desagradable y húmedo pegándose a su piel, abriéndose paso entre su carne, helándole el corazón. Esa oscura maldad era algo de lo que parecía que nunca podría escapar realmente, algo que sería parte de él para siempre.
- El momento más alegre durante su adolescencia.
Billy siempre trató de robarle a la vida tantos buenos momentos como pudiera.
Por qué, si, todo era una total mierda, especialmente en casa, pero había cosas que valían la pena, como pasarse el día en la playa, las fiestas, su auto, las chicas. Muchas. Tantas chicas. Especialmente si eran mayores que él.
Eran cosas que le hacían tan feliz como creía que podía serlo.
Mucho tiempo atrás había aceptado que la felicidad nunca se sentiría completa, no como en sus mejores recuerdos, como antes de que su madre se fuera. Por más que intentaba aferrarse a ella siempre le dejaba un hueco en el fondo, algo amargo que no lograba quitarse. Pero daba igual.
Mientras pudiera ahogarse en placer hasta que las cosas malas dejaran de importar, estaría bien. Era bueno haciendo eso, y parecía ser suficiente.
Y entonces conoció a Steve, y todo eso que creía que le hacía feliz antes dejó de tener relevancia, pues no había punto de comparación entre la satisfacción vacía con la que se había conformado hasta entonces, y la felicidad delirante y absoluta que era cada día que pasaba con Steve. Cada momento con él parecía el más alegre, el más vívido y real, aunque sólo estuvieran sentados en el auto escuchando música y fumando un cigarrillo, o haciendo algo muy aburrido como estudiar. Todos eran momentos increíbles si los compartía con Steve.
-Su primer día en la escuela
Todo es Hawkins era tan rústico. Lento y monótono. Era como si aquel pueblo se hubiera quedado diez años atrás del resto del mundo.
El bosque no estaba tan mal, pero Billy estaba decepcionado de que el "aire fresco" de Indiana olía a estiércol.
La escuela no era mucho mejor que el resto del pueblo.
No estaba esperando mucho de su primer día de clases, pero había estado pensando que una vez que conociera a algunos de los chicos las cosas mejorarían un poco porque incluso en aquel deprimente pueblo la gente de su edad debía saber como divertirse.
Pero nada más bajarse del auto, entendió que no debía tener expectativas.
Podía sentir las miradas curiosas de los otros estudiantes sobre él, y escuchar sus cuchicheos, sus palabras de aprobación. Al menos eso no era distinto de como era en Cali. Siempre había tenido la facilidad de despertar interés a dónde quiera que fuera, y lo disfrutaba, aunque él no estuviera nada impresionado con aquella gente.
Pero al menos significaba que toda aquella atención que tanto le gustaba le haría más llevaderos los meses siguientes, hasta el verano, cuando pudiera graduarse y largarse de ahí.
El primero que se acercó a hablarle luego de su primera clase fue un chico pecoso llamado Tommy.
Tommy que le aseguró que sabía cuales eran los mejores sitios para reunirse y fumar hierba, que conocía a las chicas más sexys de todo Hawkins, y que podía decirle como funcionaba todo por ahí, como si una escuela de pueblo fuera algo complicado, honestamente.
Fue Tommy el que le contó que hasta el año anterior la escuela había tenido un rey indiscutible: Steve Harrington. Popular, rico, mimado. El sueño de todas las chicas, y mejor amigo de Tommy, al menos hasta que empezó a salir con una cerebrito que lo arruinó.
Antes de eso las mejores fiestas solían ser en casa de los Harrington, porque sus padres siempre estaban de viaje, y Steve aparentemente era el tipo más divertido, y Tommy y él habían sido amigos inseparables toda la vida, y Billy estaba preguntándose si no había algo más que ser "amigos de toda la vida" entre ellos por la manera en que Tommy simplemente no se callaba con aquel tema del Rey Steve.
ーEn cualquier caso, no parece que le interese seguir manejando las cosas por aquí cómo antes. Ahora sólo le importa Nancy Wheeler.ーhabía dicho Tommy mientras fumaban en el estacionamiento.
ーEntonces quizá deberías dejar de hablar de él como si aún importara.ーrespondió Billy, un poco harto, soltando una bocanada de humo mientras veía a un par de chicas caminando hacia ellos.
Una de ellas, Tina, le ofreció una invitación para una fiesta la noche de Halloween. Billy la tomó y dijo que tal vez estaría ahí-aunque era seguro que sí porque no era como que tuviera muchas otras opciones-.
Las chicas se dieron la vuelta para marcharse, y la que no era Tina, una pelirroja llamada Carol, se giró en el último momento para lanzarle una mirada gélida a Tommy, y luego le sonrió a Billy.
Tommy chascó la lengua y tiró lo que le quedaba del cigarrillo al suelo para aplastarlo con el pie.
ー¿Amiga tuya?ーpreguntó Billy.
ーEx novia. No importa. Vas a estar en la fiesta ¿No?
ーComo dije, tal vez vaya.
ーVamos, hombre, tienes que ir, va a ser una de las mejores fiestas del año. Y Steve seguramente va a estar ahí.
Billy miró a Tommy y no pudo evitar reírse porque era obvio lo que intentaba. Tommy quería ver a Steve Harrington destronado de una vez, y Billy podía hacer eso.
Iba a hacerlo de todas formas, no porque Tommy así lo quisiera.
ーSi, de acuerdo, iré y podrás presentarme a tu ex novio.
-Su primer viaje solo
ーNo, el auto lo conseguí después.ーrespondió Billy, siguiendo con la mirada las espirales de humo de su cigarro mientras hacia memoria. Steve le había preguntado acerca de la primera vez que había viajado por su cuenta, de si lo había hecho en el Camaro.
ーY yo tenía catorce la primera vez. Tuve que salirme por la ventana de mi habitación porque no iban a darme permiso de ir hasta Los Ángeles a un concierto. Los chicos con los que salía entonces iban a ir y yo no iba a ser el único en quedarse atrás.ーdijo como si fuera inconcebible sólo pensarlo, como si el hecho de que todos sus amigos de ese entonces fueran todos chicos mayores que él no hiciera ninguna diferencia entre ellos. Para Billy era así, nunca había actuado como si fuera demasiado joven para hacer algo.
ーUno de los chicos le robó el auto a su madre, y la maldita chatarra se averió luego de un par de horas. Nos dejó varados en medio de la carretera ¿Sabes como son las carreteras de California, bebé? Son desierto. Dentro del auto hacia tanto calor que preferíamos estar afuera aunque no había una sola sombra donde meternos mientras esperábamos que pasara alguien que quisiera llevarnos. Luego de un rato pasó un camionero, pero no tenía suficiente espacio en la cabina así que sólo se llevó a las chicas. Y bueno, el resto tuvimos que esperar por horas. Llegamos tarde al concierto así que ya no había nadie cuidando la entrada y pudimos colarnos. Al final sólo escuchamos un par de canciones, pero igual fue divertido. Steve, deberíamos hacer un viaje tú y yo.ーapagó el cigarro en el cenicero y se movió en el sofá hasta quedar recargado en Steve, sus labios acariciándole la línea de su quijada, lentamente hacia su oreja ー¿No te gustaría? Te llevaré a dónde quieras y podremos colarnos a muchos conciertos ¿Cómo vas a rechazar una oferta como esa?
-Un momento significativo con su familia (Max)
ー¡Billy, discúlpate con tu hermana!
ー¡Ella no es mi hermana! ¡Y no quiero que toque mis cosas!ーgritó Billy, y Neil le soltó un bofetón que le dejó el rostro hinchado por días.
Tenía doce años, y Susan y Max se acababan de mudar para vivir en su casa con su padre y él.
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ー¡Hey, Hargrove! ¿No es esa tu hermana?ーpreguntó uno de los chicos de la escuela, cuando al mirar hacia atrás vio a una pequeña pelirroja siguiéndolos. Billy y algunos de sus compañeros iban a jugar debajo del muelle luego de la escuela. Max, por supuesto, no estaba invitada.
ーNo es mi hermana.ーcontestó Billy, molesto. ー¡Vete a casa Max!
No se suponía que la dejara volver a casa caminando sola.
Billy pagó ese error con una muñeca torcida y un mes de castigo.
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ー¡Muévete, Max!ー Billy llevaba quince minutos buscándola por toda la escuela y la encontró sentada afuera, en los columpiosー¡Sabes que no podemos llegar tarde!
Cuando estuvo suficientemente cerca de ella notó los raspones en sus brazos, y que se le había roto el pantalón a la altura de una de las rodillas, por donde alcanzaba a verse una herida fea que estaba sangrando.
ー¿Qué pasó?ーquizó saber Billy. Su preocupación era autentica, aunque era más por lo que iba a decir Neil al verla así que por que en verdad quisiera saber qué le había ocurrido.
ーNada.ーrespondió ella, sorbiendo con la nariz mientras se ponía de pie. Al caminar cojeaba un poco.
ーMax ¿Qué pasó?ーexigió saber.
ーVamos a casa.ーdijo ella, y cuando levantó la cara para mirarlo él notó que sus ojos estaban vidriosos como si estuviera a punto de ponerse a llorar. Se le ocurrió en ese momento que nunca la había visto llorar.
ーMax.ーinsistió, con un tono de voz que ambos conocían bien, era el mismo que empleaba Neil cuando creía que le mentían. Era el sonido autoritario de una advertencia, algo que Billy había aprendido a emular bien porque lo había escuchado toda su vida.
Max se estremeció un poco al escucharlo, y miró al suelo.
ーSe llevaron mi patineta.
ー¿Quién?
ーNo importa.
ー¿Quién?
ーUnos chicos mayores.ーrespondió finalmente.ーNo importa, vamos a casa.
ー¿Por dónde se fueron?
Max señaló una dirección con el dedo y Billy dejó caer su mochila al piso.
ーQuédate aquí.
ー¡Billy!
ー¡Que te quedes ahí, Max!ーle gritó y se echó a correr en la dirección que le había indicado.
Mientras corría sentía que se llenaba de furia. Sabía que debía proteger a Max, Neil llevaba meses repitiéndoselo, pero no era por eso en realidad, si no porque sabía lo que iba a pasar en casa cuando su padre se enterara de lo que había dejado que le pasara a Maxine. Porque era su responsabilidad.
Cuando por fin encontró a los chicos -todos mucho mayores que Max-, Billy estaba temblando. De rabia. De miedo.
Ni siquiera se molestó en decirles porqué estaba ahí. Se lanzó sobre el que tenía la patineta de Max y le rompió la nariz de un puñetazo.
Cuando volvió a la escuela ya estaba atardeciendo.
Encontró a Max esperándolo en los columpios y extendió hacia ella la patineta.
ーNo vuelvas a perderla.
ーGracias.ーdijo ella, con un hilillo de voz, abrazando la tabla contra su pecho. ーTienes sangre.
Billy se pasó una mano por sobre el labio inferior, donde uno de los chicos lo había golpeado.
ーTú también. Andando, es tarde.
Aunque de cualquier modo no importaba demasiado que se dieran prisa. A aquella hora Neil ya debía haber llegado del trabajo y el regaño sería inevitable.
Además Max seguía cojeando, así que Billy no la obligó a caminar rápido. Suponía que debía estarle doliendo la rodilla, pero ella nunca se quejaba de ese tipo de cosas. La había visto caerse de la patineta cientos de veces y levantarse como si nada.
En algún momento Max se rezagó, y cuando Billy se giró para ver por qué se dio cuenta de que estaba llorando.
El chico resopló con cansancio y volvió sobre sus pasos hacia ella.
ー¿Te duele mucho? Ya casi llegamos.
Max negó con la cabeza.
ーVa a regañarte por mi culpa ¿Verdad?
Billy comprendió de inmediato que estaba hablando de su padre. Lo que no entendía era porqué estaba llorando por eso.
ーTal vez.ーdefinitivamente ーPero a ti no así que...
ーVa a regañarte y te va... Te va a...ー
A golpearlo. Si eso también.
ーLe diré que me caí de la patineta, y que por eso llegamos tarde.
Billy estaba confundido. No había ninguna razón para que se preocupara o llorara. Sabía que su padre no iba a hacerle nada a ella.
ーSi le digo eso no te pegará, Billy.
ーOh.
Oh.
¿Se estaba preocupando por que le iban a pegar a él?
Apartó la mirada, perplejo, sintiéndose por un momento tan avergonzado como agradecido con ella, porque él nunca se portaba bien con Max y aún así era la única persona a la que había visto preocupada de que Neil lo golpeara.
No sabía como reaccionar a eso, así que sólo se dio la vuelta y empezó a caminar de nuevo.
ーNo va a creerte.
ーSiempre me caigo, me creerá.
Neil no lo creyó.
Y Billy y Max no se volvieron amigos cercanos después de eso, pero esa fue la última vez que alguien en esa escuela se atrevió a meterse con la hermanita de Billy Hargrove.
