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El pasado se pone su coraza de hierro

Summary:

"Sus manos habían permanecido entrelazadas durante gran parte del recorrido, algo que ni siquiera notó hasta el momento en que intentó quitarse la chaqueta y descubrió que su mano se encontraba anclada a otra. Un sentimiento cálido había surgido en su pecho ante el gesto, ante la familiaridad en la que rápidamente se habían sumergido de nuevo".

Luego de una discusión que los separó por años, Shen Jiu y Yue Qingyuan se reúnen por casualidad y descubren que en aquel entonces, nada fue como pensaron.

Notes:

Traté de usar varias de las promp que elegiste, lo que terminó volviendo esto un poco demasiado largo, pero me divertí bastante escribiéndolo, espero que te guste!!

El título es un fragmento del poema “El presentimiento” de Federico García Lorca, más exactamente de esta estrofa:
El pasado se pone
su coraza de hierro,
y tapa sus oídos
con algodón del viento.
Nunca podrá arrancársele
un secreto.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cuando Shen Jiu vio el elegante sobre color crema en su encimera pensó nuevamente la posibilidad de quemarlo y fingir que nunca lo había visto para empezar. No le tomaría mucho, la pequeña llama del encendedor que siempre llevaría en su bolsillo haría el trabajo en cuestión de minutos. Casi podía imaginarlo, la forma en que el papel se arrugaría, como el fuego arrancaría todo el color hasta volverlo negro, luego gris y finalmente se disolvería en cenizas. El olor del humo sería suficiente para borrar el de la menta que parecía haber invadido su nariz desde el momento en que leyó el nombre del remitente.

Cobarde.

La molesta vocecilla que le había estado riñendo por la misma cantidad de veces en que había considerado preocupante del sobre, volvió ahora para hacerle dudar. Sus manos picaron por un cigarrillo, anhelaba la tranquilidad que la nicotina podría darle. Pensó en lo gracioso que era que no había fumado un cigarro en casi tres años y sin embargo, un simple pedazo de papel había logrado desear volver a ello. Excepto que no era un pedazo de papel cualquiera, no. Era la causa de su estrés constante en los últimos días y de sus agotadoras noches de insomnio.

—Shen Jiu, ¿estás listo?

La irritante voz de Liu Qingge interrumpió sus cavilaciones, había estado tan metido en su propia mente que el ruido arrepentido le hizo dar un brinco en su asiento.

— ¿Shen Jiu? —insistió Liu Qingge.

—Ahora voy.

Tomando el sobre en sus manos, se aseguró de guardarlo en el bolsillo interno de su saco negro, antes de ponerse de pie y salir de la pequeña habitación que servía de camerino. Había comenzado a llevar el pequeño sobre adquirir a todas partes, como si fuera un amuleto de la suerte más que en un objeto maldito, otra cosa por la que estaba tan irritado.

Avanzó todo el camino por el corto pasillo hasta el escenario donde el público le esperaba. Una silla desocupada se hallaba al centro de la tarima y en un soporte a tan solo unos centímetros, descansaba su violín. Camino hasta allí a paso lento, asegurándose de atraer todas las miradas sobre sí para un mayor efecto dramático, Shen Jiu sabía cómo atraer la atención sobre sí mismo, había trabajado mucho en ello, era necesario para triunfar en un negocio como ese.

La luz amarillenta de un reflector lo sigue sin perderle de vista, un punto más a su favor. El público se presenta en silencio pero expectante y Shen Jiu, de espaldas a ellos, no pudo evitar tomarse su tiempo para recoger el violín en sus manos y colocarlo en posición. El instrumento se sintió frío al apoyar su barbilla en él, pero los dedos de su mano izquierda no vacilaron al posarse en las cuerdas correctas, ni su mano derecha en sujetar el arco con presteza. Había sido afinado con antelación y las cuerdas del arco aún tenían la brea suficiente para superar esa noche.

Shen Jiu dio una profunda exhalación antes de darse cuenta de la vuelta para ver al público y entonces se dejó llevar. Sus dedos volaron ligeros pero confiados a lo largo del diapasón y el arco en sus manos se meció de arriba abajo, produciendo el armónico sonido por el que todos en aquel auditorio habían estado esperando, el sonido reverberó por toda la sala, llenando los oídos de los espectadores y hasta fundirse en las paredes. Shen Jiu prefería tocar solo, por lo que no había orquesta alguna para acompañarle, aun así, el sonido del violín bastaba por sí mismo. El ritmo aumentaba por momento antes de dar un giro y volverse increíblemente lento, una y otra vez a una cadencia que él se encargaba de marcar. 

Podía sentir que las conmovedoras notas que tocaron salían de lo más profundo de su alma, no era que Shen Jiu tocara el violín, era más que el violín lo tocaba a él. El instrumento se había vuelto otra extensión de su cuerpo, como una mano o sus ojos o su boca. Las vibraciones de las cuerdas eran las que bombeaban sangre a su cuerpo y la melodía que producía el violín sustituía cualquier palabra que pudiera querer decir. Había ira en sus movimientos, pero también angustia, cada nota triste astillando los restos de su ser y desnudando su sufrimiento a cada extraño del público, incluso si ellos no lo sabían, incluso si todo lo que ellos podían ver era a un hombre inmerso su música propia; tan lleno de emoción que vibraba en cada movimiento, pero cuyo rostro se manifiesta tan inequívocamente inexpresivo que era imposible que fuera humano.

Shen Jiu se perdió en el momento, en el espacio vacío que le pertenecía solo a él ya su música; donde todo lo que existía era el arco de su violín en sus manos, donde el control de todo era marcado por su propio deseo y en que cualquier otro pensamiento no existía. Allí el sobre color crema ya había ardido entre llamas y el nombre en tinta negra del remitente se había desvanecido en la nada para siempre.

Con cada rasgueo de la cuerda un peso era quitado de sus hombros y cada musculo tenso de su cuerpo se relajaba hasta la maxima expresion de comodidad. Allí en el escenario, Shen Jiu se sintió un dios por derecho propio y al final de cada acto, también fue aclamado como uno.

 

 

Cuando el concierto terminó Shen Jiu no se quedó para escuchar las indicaciones acerca de su próximo evento, cansado como estaba, anunció que se iba y salió al frío de la noche, hasta su auto donde sus cosas ya habían sido dejadas por su asistente. El chófer arrancó tan pronto como le excluyó que estaba listo para partir y se mantuvo siempre en silencio al conducir.

Shen Jiu aprovechó el largo viaje para sacar el sobre de su saco de nueva cuenta. Lo miró y lo miró por largos minutos, como si la simple fuerza de su voluntad fuera suficiente para desaparecerlo, aquel era un ritual que se había estado repitiendo constantemente en los últimos cuatro días y siendo sinceros, comenzaba a cansarle. Quería abrirlo y descubrir lo que había dentro, de entre los cientos de posibles opciones, para cada una, había una respuesta a medias que su mente ya se había molestado en idear.

Casi sin pensarlo, su mano derecha se movió para abrir el sobre y sacar la carta doblada que había dentro, antes de que cayera en cuenta de lo que hacía y se detuviera. No podía hacerlo, no aún. No en medio de una carretera en donde no había un lugar para esconderse de sus emociones destructivas, no en la compañía forzosa del chófer que aunque tenga la vista al frente con diligencia, lanzó miradas rápidas por el retrovisor a Shen Jiu cuando esperaba que éste no estaba mirando.

Metería el papel doblado de regreso al sobre y lo leería con calma al llegar a casa. Tal como prometiste hacer la noche anterior , pensado. Es solo que una vez que estuvo solo en casa, no se sintio con la suficiente confianza como para hacerlo. No, debía hacerlo de una vez, ahora cuando todavía tenía el coraje para hacerlo. No podía seguir posponiendo aquello, no si quería regresar a su antiguo estado de paz mental, o la extraña versión de eso que poseía antes de que la carta llegara.

Teniendo eso en cuenta, finalmente tomó una decisión. Aun sujetando la hoja de papel doblada en su mano, dejo el sobre que la habia contenido en el asiento vacio a su lado. Desde allí el nombre de Yue Qingyuan era apenas visible debido al ángulo ya la escasa luz dentro del auto. Hazlo, no es tan difícil. Pero cada movimiento se sintió como si avanzara a través de la brea. Con ligeramente manos temblorosas desdobló la hoja meticulosamente y sin prisas, prácticamente alisando la hoja de cualquier arruga antes de finalmente posar sus ojos sobre las palabras allí escritas.

Cuando lo hizo, quiso reír y luego tal vez golpeó algo. Habían pasado cinco años y aunque desde entonces no había habido señal alguna de que las cosas podrían ser diferentes en el futuro, todavía se había atrevido a esperarlo. La decepción se filtró por cada poro de su cuerpo, reemplazando su nerviosismo anterior. Ardía en deseos de quemar la carta en sus manos, de destruir ese papel que no había hecho más que llenarlo de ideas fantasiosas y esperanzas estúpidas.

No hizo nada de eso, con mucho cuidado dobló el papel de regreso a como había estado y lo metió de vuelta al sobre. Luego tomó su teléfono y envió un mensaje a Liu Qingge, a sabiendas de que probablemente acabaría arrepintiéndose de aquella decisión impulsiva, pero también consciente de que era algo que no podía ignorar.

¿Es en serio?

Fue la pronta respuesta de Liu Qingge.

Solo hazlo, te pago para trabajar, no para hacer preguntas estúpidas.

Jódete, tú no me pagas

Y luego:

Llamaré mañana temprano para arreglarlo

Con eso resuelto, Shen Jiu se recostó contra el asiento de cuero del auto y miró por la ventana a la oscuridad fluorescente. Seguía molesto, por la carta que ni siquiera era una carta en realidad y por cómo había reaccionado al verla, o más bien, al ver el nombre de Yue Qingyuan escrito en ella.

La invitación, porque eso es lo que realmente era, ni siquiera había sido escrita por él, solo habían usado su nombre como representante general. Estaba seguro de ello, habían sido inseparables en su juventud después de todo, así que su letra era algo familiar para él. ¿Elegantes trazos llenos de florituras? Olvídalo, Yue Qingyuan prefería lo práctico por sobre lo elegante. Era otra cosa sobre la que siempre habían diferido entre sí, además, las palabras eran demasiado distantes y profesionales, las cosas nunca habían sido tan frías entre ellos. Incluso cuando todo se arruinó, sus interacciones eran más como volcanes en erupción, en lugar de los fríos glaciares a los que pertenecía la carta en sus manos.

 

Orfanato Qiong Ding

Xinjiangongmen Rd, Distrito Haidian, China, 100091

[email protected]

 

Asunto: Solicitud de prestación de servicios

 

Estimado Sr Shen:

 

Esperando que se encuentre bien y gozando de buena salud, es que por medio de la presente, el Orfanato de Qiong Ding solicita resolver un contrato de la prestación de sus servicios en el evento de recaudación de fondos que celebrará la institución con motivo de su quincuagésimo aniversario del establecimiento dentro de dos meses, a la fecha del primer día de abril.

Cualquiera que sea la cantidad a cobrar por la prestación de su servicio acordada a posteriori en presencia de su representante legal y del nuestro será, dado el caso de que decida aceptar. Sin embargo, es necesario comunicarle, que debido a la naturaleza del evento, la que pudiera corresponderle a devengar a raíz de las ganancias posteriores de su participación, serán en su totalidad donadas para el mantenimiento del Orfanato. Le ruego que gestione esta petición con la mayor prontitud posible.

Sin otro particular, y la espera de su confirmación, le saludo atentamente.

yue qingyuan

 

Estaba firmada a su nombre, pero ¿sabría él siquiera que la invitación le había sido enviada? Probablemente no. No hablaban desde hacía cinco años, luego de que Shen Jiu tuviera un estallido de furia y le dejara en claro que prefería perder la mano con que sostenía el arco de su violín a volver a relacionarse con él. Más tarde se había arrepentido de sus palabras y esperó a que Yue Qingyuan entendiera que no lo había dicho en serio, no del todo al menos.

Pero conforme los días pasaban y Yue Qingyuan no volvió a llamar, comprendió que él se había ido. Otra vez y de la misma manera, porque ninguno había aprendido nada de sus errores pasados. Podría haberlo llamado él mismo, pero era demasiado orgulloso para eso. Y de todas formas, ¿no debería se Yue Qingyuan quien pidiera por otra oportunidad? Su relación deteriorada había sido culpa suya para empezar.  

Sea como fuere, sus interacciones terminaron allí. Su amistad, que había estado en la cuerda floja por un tiempo, terminó por exhalar su último aliento.

La realidad, sin embargo, era que le emocionaba y le preocupaba al mismo tiempo la posibilidad de verle otra vez. De regresar a aquel lugar en el que había jurado no volver a poner un pie. Porque por supuesto, de entre todos los lugares del mundo a los que Yue Qingyuan pudo haber ido, simplemente tuvo que elegir trabajar en el orfanato del que una vez habían sido parte.

Todo lo que Shen Jiu recordaba de haber crecido en el orfanato de Qiong Ding, era el estar rodeado de un montón de niños que lo odiaban y de adultos a los que no les preocupaba, estar allí nunca se sintió como un verdadero hogar y cuando cumplió la mayoría de edad y fue echado, se fue sin mirar atrás. Tal vez lo único bueno de aquel sitio habían sido la música y su Yue-qi, pero la cálida compañía de éste último resultó ser demasiado efímera, al igual que todas las cosas buenas de su vida lo habían sido en aquel entonces.

Las cosas eran diferentes ahora, él tenía muchas de las cosas que había soñado con tener alguna vez y más aún si era posible. El auto caro en que viajaba, el renombre en su trabajo que tan duramente había ganado y la bonita casa a la que el chófer ya casi había llegado, servían bien para demostrarlo. Extrañamente, todavía sentía que no era suficiente.

 

 

Cuando la mañana llegó al día siguiente, todavía estaba inseguro de lo que pensaba hacer, pero no quería ser un cobarde que evadía sus problemas. El hecho mismo de llamar problema a aquello era tonto. Un problema implicaría que le suponía un inconveniente y no lo hacía. Shen Jiu había lidiado con cosas peores y un reencuentro con un viejo conocido no estaba siquiera entre los primeros puestos. Sería solo una visita rápida por asuntos oficiales, no le importaba, la agitación que sentía en el pecho al pensar en ello era simple molestia al pensar en su tiempo perdido, era todo. Además, ya había informado a Liu Qingge que se encargaría en persona de aquel encuentro en particular, echarse para atrás, supondría una derrota.

Pero pensar sobre algo y llegar a cabo era muy distinto. Al verso frente a las puertas del orfanato, un peso del que creyó tener librado hace años, se asentó de nuevo sobre sus hombros cansados. No solía sonreír mucho, pero ante la vista del edificio de piedra gastada, su expresión ensombreció más de lo habitual. Se abrió paso al interior con diseño, como lo haría un preso que luego de probar una porción mínima de libertad, es obligado a regresar a su celda.

El lugar era el mismo, las paredes de un amarillo apagado y el azulejo blanco del suelo que hacía más visible la capa de polvo que se filtraba por las ventanas abiertas para permitir el paso del aire. El escritorio donde se halló la recepcionista también era el mismo, aunque la persona detrás era otra, alguien más joven y alegre, a juzgar por la sonrisa que se negó a abandonar su rostro desde que le vio entrar.

Saliendo de detrás del escritorio, la mujer de cabello corto y negro se acercó a Shen Jiu a paso rápido, apenas impidiendo correr. Se paró frente a él e hizo el gesto de saludarle, antes de extender la mano en dirección a uno de los tres pasillos que partían de la recepción.

—Por aquí señor Shen, le pido que espere un momento en la oficina y lo atenderemos en seguida. Es todo derecho por el pasillo, la octava puerta a la izquierda.

Shen Jiu había crecido en aquel lugar, por lo que pudo haber llegado incluso sin las instrucciones, aun así fingió que no y asintió amablemente a la mujer para indicarle que estaría bien por su cuenta.

—Gracias.

El pasillo era largo y estrecho, las luces en el techo demasiado luminosas como las de un hospital y curiosamente, las paredes se hallaban repletas de dibujos (aunque sería más acertado llamarlos garabatos) hechos con crayones, algunos en hojas blancas y sujetos con cinta adhesiva , otros ligeramente mejor diseñados coloridos estaban directamente sobre la pintura pintada en la pared, la baja calidad denotaba que el autor de tan arte solo podía ser los niños. Aquello era la primera nueva adición que notaba, de vuelta a cuando él mismo habitó aquel sitio, las paredes habían permanecido desnudas de todo adorno y los dibujos hechos por los niños solo tenían dos posibles destinos, el basurero u ocultos entre las hojas alternas de sus cuadernos.

A la distancia, las risas de los probables autores de los dibujos llegaron desde la sala común, que Shen Jiu sabía que se ubicaba más al fondo del lugar y lejos del área de administración. Los niños deberían estar en clase, si el horario de sus días allí permanecería, aunque era poco probable considerando la cacofonía de ruidos. Shen Jiu los ignoró, más enfocado en lo que le esperaba tras la puerta a la que había sido enviado.

Al entrar a la oficina le asaltó un leve olor a menta, el mismo que grababa de su niñez; provenía de la pequeña planta ubicada en la esquina de la habitación, la cual notó rápidamente que no se hallaba vacía, un hombre más bajo que él y delgado estaba parado junto al escritorio de cedro al centro, de espaldas a Shen Jiu removía entre los papeles buscando algo.

—Mierda —y vaya si Shen Jiu reconocía aquella voz— estoy seguro de que lo dejé aquí.

— ¿Trabajas como secretario ahora?

— ¡Mierda!

Shang Qinghua se dio la vuelta bruscamente al oírlo y apuntó una grapadora en dirección a Shen Jiu, quien miró el pobre intento de arma con desdén. Cuando Shang Qinghua vio quien era, se relajó y bajo el material de oficina, avergonzado de su reacción.

—Ah, eres sólo tú.

— ¿Sólo yo?

Shang Qinghua se encogió de hombros, evadiendo el comentario y luego siguió revolviendo los papeles, ahora de frente a Shen Jiu, pero todavía sin mirarlo. A pesar de sus personalidades tan desiguales, durante sus días de universidad habían forjado una extraña amistad surgida de una borrachera, la única y última (así lo juró luego de la terrible resaca que le siguió) que Shen Jiu se permitió tener. Shang Qinghua, quien trabajaba para pagar su matrícula, había sido el bartender que lo atendió en ese entonces y quien muy amablemente le cuidó cuando el alcohol le hizo olvidar hasta su nombre.

—Entonces… ¿qué haces aquí?

— ¿Esa es tu primera pregunta? ¿En serio? —se burló Shen Jiu.

—Preguntaría como has estado pero entonces dirías algo como que no es de mi incumbencia.

Shen Jiu no pudo rebatir contra eso. —Vine para arreglar los detalles de mi participación en el evento de recaudación de fondos.

— ¿Tú? ¡¿Vas a participar?!

La cara de absoluta sorpresa le hizo gracia a Shen Jiu, a la vez que le ofendió un poco.

—Soy un alma bastante caritativa en realidad, ¿es tan difícil de creer?

—Si me dijeras que asesinaste a un hombre anoche y aún tienes su cadáver en el auto, eso sería creíble. Pero participar de un evento, en éste orfanato, de todos los lugares posibles… bueno, no hace falta decir que suena como una locura.

—Mi principal problema con este sitio residía con el anterior director —le comunicó con una sonrisa amarga— ahora que se ha ido, lo único que me impedía volver era mi apretada agenda y mi nulo interés en el lugar.

—Extrañamente, eso suena más como tú —tomando al fin en sus manos el documento que había estado buscando, Shang Qinghua levantó la vista en dirección a Shen Jiu. —Pero en serio, ¿cómo ha estado?

—Bien, o bueno —corrigió cuando Shang Qinghua le hizo un gesto de incredulidad— tan bien como puedo estar.

-Me alegra.

Silencio. No había mucho de qué hablar realmente, aunque se tocaron en contacto para cosas importantes, no eran los que se escribían periódicamente o de los que se reunían en cada oportunidad. Eran amigos, pero la distancia los había alejado con el tiempo. Haciendo un esfuerzo mínimo, Shen Jiu retomó la conversación.

— ¿Así que trabajas aquí? La última vez que nos vimos dijiste que había conseguido una buena oferta de trabajo. Para alguien que se esforzó tanto por terminar la universidad, pensé que intentarías conseguir algo mejor que como asistente de oficina.

—Diría que es más que un asistente de oficina en realidad, es clave para mantener a flote este lugar.

Shen Jiu giró tan rápido en dirección a la nueva voz que luego se sintió avergonzado. Pero no había podido evitarlo, no realmente. Yue Qingyuan se encontró de pie en la entrada de la oficina, luciendo tan tranquilo como siempre y sonriendo de aquella manera cálida que grababa Shen Jiu. Vestía un traje negro, demasiado formal para la ocasión y el ambiente, pero que se ajustaba bastante bien a su figura.

—Hola, Xiao Jiu, no esperaba verte aquí.

La manera en que dijo su nombre, aquella estúpida forma de llamarlo tan cariñosamente y con tal alegría, hizo tragar saliva a Shen Jiu. Era demasiado como el Yue Qingyuan de sus recuerdos, excepto que el Yue frente a él era bastante más alto y alrededor de sus ojos algunas arrugas ya habían hecho su aparición. Sin embargo, el cariño en sus ojos se manifestó y la suavidad de su tono era ese que siempre había sabido que reservaba sólo para él.

Di algo , pensado, lo que sea . Pero estaba demasiado aturdido para hacerlo, había sabido desde el inicio que volverían a verso, que tendría que hablar con él y trabajar a su lado hasta que el evento del orfanato concluyera. Creyó que se había preparado emocionalmente para esto, pero cuando escuchó la voz de Yue Qingyuan y lo vio allí de pie a tan solo dos metros de él, todavía se sorprendió tanto que no supo que hacer.

Un carraspeo de parte de Shang Qinghua a su lado fue lo que lo sacó de su estupor y le hizo darse cuenta de que estaba quedando como una idiota. Sintiéndose nuevamente apenado, Shen Jiu recompuso su expresión de indiferencia y saludó a su vez.

—Hola —deseo que la tierra se abre por la mitad y se lo tragara—, entonces, ¿ambos trabajan aquí?

Shang Qinghua no pudo contener la risa, pero intentó disimularlo con una tos. Shen Jiu se planteó seriamente la posibilidad de matarlo y luego a sí mismo. Yue Qingyuan, muy amablemente fingió que no pasaba nada.

—Sí, soy el director de este lugar ahora.

Lo sé, pensó Shen Jiu , leí los periódicos y vi las noticias de cuando tomaste el puesto, también sé que fuiste tú quien cambió las políticas del lugar. De hecho, he estado pendiente de cada cosa realmente importante en tu vida desde que nos separamos, pero sería demasiado patético de mi parte decirte eso.

—Y Shang Qinghua aquí —continuó Yue Qingyuan señalando al hombre en cuestión, e ignorante de la tormenta en el interior de Shen Jiu— es nuestro representante legal.

En medio de su vendaval de emociones, Shen Jiu todavía pudo encontrar en sí mismo llenarse de incredulidad ante esa última información. — ¿Qinghua? ¿Representante legal?

—Ah, no suenes tan sorprendido —exclamó ofendido Shang Qinghua— si bien es cierto que soy un poco distraído…

—Estuviste comprometido por casi tres años —le interrumpió—, y solo te diste cuenta de ello cuando descubriste que la boda que tu marido organizaba, era de hecho, la tuya. Yo diría que el término "un poco distraído" es bastante inexacto.

Shang Qinghua suspiró derrotado. — ¿Alguna vez me dejarás olvidarlo?

—No de ser posible.

Muy groseramente, Yue Qingyuan se rió y aquello sirvió para poner a Shen Jiu en alerta nuevamente. Era estúpido, se sentía como uno de esos adolescentes llenos de hormonas que no saben cómo actuar frente a la persona que les gusta. Él era un hombre en plena adultez, por dios, era realmente vergonzoso que se comportara de aquella forma.

—Shang Qinghua en realidad es muy bueno en su trabajo, incluso con sus problemas para concentrarse.

—Ahora me está halagando demasiado, continúe por favor.

Shen Jiu no pudo evitar intervenir.

—Ten algo de cara.

—Ah, amigo, déjame disfrutar de esto. Tú recibes ovaciones de pie y halagos en cada presentación, en cambio, yo debo aferrarme a cada ocasional comentario favorable.

Shen Jiu simplemente hizo un gesto para descartar sus palabras como tonterías, pero por dentro quería sonreír.

—Entonces… tengo que arreglar algo primero —se recompuso Shang Qinghua— volveré luego.

Y con un último asentimiento para Shen Jiu y para Yue Qingyuan, salió de la oficina, dejándolos a solas.

Ambos se quedaron de pie en silencio, mirándose a los ojos por unos segundos antes de apartar la mirada. Todo el anterior buen humor en el ambiente se esfumó para dejarlos en un incómodo silencio. Shen Jiu quería decir algo para romperlo, pero al mismo tiempo, no quería ser quien diera el primer paso para cruzar el abismo imaginario que los separaba a ambos. Era extraño, porque hubo un tiempo en que nada entre ellos era incómodo o molesto, en que las cosas entre ellos fluían de manera natural y no había necesidad de un tercero para sobrellevar su compañía. Tal vez venir había sido un error después de todo.

—Ha pasado un tiempo. De verdad no esperaba verte por aquí de nuevo, no después de… no importa.

Pero lo hacía y a Shen Jiu le molestaba que intentara evadir el tema, igual que siempre lo hacía.

—Sé que probablemente no te importa, pero estoy muy feliz de verte otra vez.

El labio inferior de Shen Jiu tembló al oírlo y casi respondió lo mucho que le había extrañado también, apenas se contuvo al darse cuenta de que nada bueno saldría de eso. No te hagas muchas esperanzas, era su lema, y así te ahorrarás la decepción.

—Vine porque recibí tu invitación.

— ¿Invitación?

El pulso de Shen Jiu se disparó al ver la duda en su expresión.

—Para el evento, la invitación para participar.

Metió la mano al bolsillo de sus pantalones y luego la alargó en dirección a Yue Qingyuan para ofrecerle el trozo de papel que no había podido evitar llevar con él, estaba arrugado debido a todas las veces que lo había desdoblado para leerlo.

La boca de  Yue Qingyuan se abrió ligeramente al ver su contenido y sus cejas se fruncieron al no reconocer el mensaje escrito allí. Shen Jiu sintió un malestar en el estómago, sabía que él no la había escrito, lo sabía, pero todavía había esperado que incluso si no la había escrito, fuera él quien había pedido por la aparición de Shen Jiu en concreto.

—Veo que no fue tu idea —le dijo ligeramente avergonzado— siendo así me disculpo por la intromisión, será mejor que me vaya.

Una sola palabra se repitió en su mente mientras se daba la vuelta para irse. estúpido, estúpido, estúpido . Por supuesto que nada había cambiado, ninguna milagrosa epifanía que le impulsara a arreglarlo todo de arrepentimiento. Eso había sido todo producto de sus fantasías. Si a estas alturas nada había cambiado luego de todos estos años, es porque jamás lo haría.

Al verlo alejarse, Yue Qingyuan se movió para tomarle el brazo. El toque ardió y luego se enfrió cuando Yue Qingyuan arrancó su mano demasiado pronto.

—Me disculpo —le dijo, pero lo último que Shen Jiu quería de él era una disculpa, había tenido necesidad de esas para este punto. —Xiao Jiu, si bien es cierto que no fui yo quien envió la carta, todavía me alegra que estés aquí y si estás dispuesto a ayudarnos estoy más que feliz de que trabajamos juntos.

Hizo un gesto hacia la silla en el escritorio, ojos brillantes y sonrisa afable. Shen Jiu miró la puerta de salida a sus espaldas y pensó de nuevas sus opciones, estaba a tiempo para irse si quería hacerlo, para retomar su tranquila vida y fingir que aquella carta nunca estuvo en sus para empezar. En el fondo sabía que no podía hacerlo, era ese conocimiento el que lo había llevado de manera tan impulsiva a aquella oficina después de todo.

Con un suspiro, se dirigió al escritorio para tomar asiento y Yue Qingyuan hizo lo propio. Shen Jiu rogó al universo por un poco de piedad, para que todo aquel asunto no terminara tan mal como estaba seguro que haría. Solo debía tener en hacer lo que había ido a hacer, eso era todo, podía con ello.

 

 

Horas más tarde no estaría tan seguro. Pese a que sobrevivió al encuentro, la frustración y el malestar que le acompañó en todo el camino de regreso a casa solo parecía crecer. No importaba cuanto intentara no pensar en ello, el recuerdo continuaba azotando en sus pensamientos.

— ¿Hablaron de verdad?

—No, solo discutimos los términos del estúpido contrato.

De regreso a su hogar, llamó a Liu Qingge para agregar a su agenda el evento en el orfanato y ajustar las fechas de sus demás presentaciones. El hombre no tardó en llegar y tan eficiente como siempre de inmediato se puso a trabajar, desgraciadamente era el tipo de tarea que solo requería de sus manos y ojos, por lo que la boca quedó libre para conversar.

— ¿Y? Eso es lo que fuiste a hacer.

—Sí, pero se supone que me daría una explicación de por qué contactarme luego de todo este tiempo.

—Porque necesitaba a alguien para el trabajo, no hay un gran misterio detrás de ello.

Shen Jiu le dirigió una mirada de fastidio a Liu Qingge, quien ni se inmutó.

—No sé por qué me molesto en hablar contigo.

—Porque no tienes a quien más contárselo y tu terapeuta te dijo que hicieras amigos.

—Cierto, tal vez sea hora de despedirla.

—Entonces tendrías que encontrar otra, lo que requeriría más de tu valioso tiempo, como amas decir, además, te gusta la actual.

Ignorando su respuesta, Shen Jiu prosiguió.

—El punto es, ni siquiera sabía que yo había sido invitado a participar, delegó la tarea de elegir a alguien a uno de sus ayudantes y luego solo firmó y selló la carta sin ver lo que estaba escrito en ella. ¿Quién firma algo sin leer hoy en día?

—Dijiste que tiene un abogado que revisa todos sus documentos primero.

—Sí, pero Shang Qinghua no es exactamente cuidadoso con los detalles.

—Él te sacó de prisión una vez.

—Solo pagó la fianza, apenas hizo nada.

— ¿Quieres mi opinión?

—No.

Cuando Liu Qingge se encogió de hombros y pasó a revisar la copia del contrato que habían recibido, Shen Jiu cedió.

—Está bien, dímelo.

Dejando los papeles a un lado, Liu Qingge lo miró con seriedad.

—No creo que hable del tema en absoluto, quiero decir, fingiste que todo estaba bien y él fingió que todo estaba bien, ¿por qué molestarse en sacar a relucir de nuevo el problema?

—Porque fingir que el problema no existe no hará que desaparezca.

Honestamente hablando, Shen Jiu pensó por qué alguna vez era amigo de alguien que requería que le explicaran todo parte por parte. Si no fuera por el hecho de que al igual que conseguir un nuevo terapeuta, conseguir nuevos amigos requería demasiado esfuerzo, ya los habrían cambiado a todos.

—Personalmente detesto hablar de cualquier cosa que involucre sentimientos, así que ignorar un problema que los involucre suena bien para mí.

—Bueno, tu opinión es basura.

—Escucha —le dijo Liu Qingge, con el mismo tono que una madre usaría para explicarle a un niño por qué no debería jugar en la cocina, por séptima vez—, ¿quieres hablar de ello? Hazlo, pero deberás ser tú quien saque el tema a colación.

—No quiero ser yo quien saque el tema a colación, se supone que ya no me importa lo suficiente para eso.

—Si no te importa, ¿qué más da hablarlo o no?

Como no tenía un buen argumento para rebatir eso, Shen Jiu cambió de táctica y lo insultó.

—Eres una idiota.

—Y tú eres un necio y un imbécil, creo que eso te da la victoria —contraatacó Liu Qingge, la sombra de una sonrisa en su rostro. Eso le grabó a Shen Jiu por qué aún no se había deshecho de él.

La verdad era que no lo haría incluso si pudiera, el hombre había crecido de a poco en él y arrancarlo de su vida en este punto, sería lo mismo que perdería un pulmón. Le necesitaba, más que un compañero de trabajo, era un amigo y una especie de hermano.

Se sabía que hacía solo tres años, en una época en la que Shen Jiu no lo estaba pasando muy bien, cuando fumaba para calmar su estrés, pese a que odiaba el olor del cigarro, y sobrevivía a base de dos comidas al día, una de las cuales consistía en nada más que caramelos. Habiendo perdido su trabajo y con el recuerdo de su primer reencuentro con Yue Qingyuan aun fresco, no había hecho mucho por cuidarse a sí mismo. 

Molesto con el mundo y consigo mismo, se había refugiado en lo único que estaba seguro de que no le fallaría nunca, su música. Fue eso también lo que lo terminó guiando a un auditorio que por aquel entonces se encontró cerrado por reparaciones. Durante una de sus frustrantes tardes en busca de trabajo, descubrió una manera de entrar sin ser visto y fascinado por el lugar, tan parecido a las salas de concierto en las que de niño soñó con tocar, fue que terminó regresando siempre que pudo.

Se colaba por las tardes, luego de que los trabajadores se habían ido, se sentaba en la tarima con su violín y tocaba dándolo todo de sí mismo. Fingiendo estar en un mundo en el que no le atormentaba el recuerdo de Yue Qingyuan, en el que los agentes peleaban entre sí para contratarlo y en el que el auditorio estaba repleto de gente que había acudido allí para escucharle tocar.

Fue en una de esas noches en que conocí a Liu Qingge, cuyo padre era dueño del auditorio, y quien aunque no tenía ni idea de música, reconoció que le gustaban los sonidos que era capaz de producir el violín de Shen Jiu. Su relación no fue buena al inicio, después de todo, Shen Jiu había irrumpido en propiedad privada, pero de alguna manera Liu Qingge descubrió que su carácter espinoso no era lo suficientemente malo como para opacar su talento.

Un golpe de buena suerte, tan escasos como los hay en el mundo, Shen Jiu fue merecedor de uno. Cuando le presentó ante su padre y a éste le gustó lo que oía, Liu Qingge ofreció un contrato a Shen Jiu, quien encontrando que era beneficioso para ambos, no dudó en aceptar. A partir de entonces ambos habían trabajado siempre juntos, manteniendo una relación tensa pero cordial al inicio y que de a poco se había convertido en la amistad sincera que hoy en día mantenían.

Había sido Liu Qingge quien estipuló como condición para contratarle que dejara de fumar y más tarde cuando notó el desastre que era la vida de Shen Jiu, fue él también quien le convenció para conseguir un terapeuta, algo que en aquel entonces le pareció una estupidez, pero que ahora podía admitir que había ayudado, sino a resolverlo todo, sí para recomponer un poco de sí mismo.

Era esa la razón de que confiara tanto en Liu Qingge, lo suficiente incluso para contarle acerca de su historia con Yue Qingyuan y, también era esa la única razón, por la que estaba seguro de que de necesitar un consejo sincero, aunque tan malo como él en asuntos que involucraran sentimientos, podía contar con que Liu Qingge no fallaría en darle una respuesta objetiva, tal y como acababa de hacerlo.

Permanecieron en un cómodo silencio luego de eso, con Shen Jiu pensando en lo que le había dicho y solo hablando para confirmar que estaba de acuerdo con los arreglos que Liu Qingge iba haciendo a su agenda. El tiempo siguió su curso y para cuando finamente terminaron ya era bien entrada la tarde. Shen Jiu estaba pensando en invitarle a comer a algún lado, cuando el celular de Liu Qingge vibró indicando un nuevo mensaje entrante. Shen Jiu apenas alcanzó a ver el nombre de Mingyan escrito en la pantalla, antes de que Liu Qingge obtuviera el celular en su mano.

Le tomó apenas unos segundos leer el mensaje y responderlo. Tan pronto como terminó, se levantó de la silla del comedor donde habían estado y recogiendo los documentos de la mesa, los metió en el portafolio que había traído consigo antes de caminar en dirección a la puerta.

—Debo irme —le dijo por sobre el hombro, sin darse la vuelta—Mingyan necesita que la recoja de la universidad ahora, te enviaré un e-mail de los ajustes finales de tu agenda más tarde.

Liu Qingge solo detuvo su paso una vez que hubo salido por la puerta, se giró y miró a Shen Jiu como considerando si realmente lo dejaría solo en aquel momento. —Llámame si necesitas algo, lo digo en serio.

Shen Jiu lo despidió con la mano. Liu Qingge asintió y cerró la puerta tras de sí, dejando a Shen Jiu a solas con sus pensamientos, otra vez. Eso era lo último que Shen Jiu quería, así que en lugar de sentarse junto a la  ventana para ver a la nada mientras su mente divagaba por caminos oscuros, como solía ser su costumbre siempre que se sentía algo abrumado; abrió una botella de vino, pidió algo de comida a domicilio y se dirigió a su sala para ver viejos programas de televisión. Con el ruido de la televisión ahogando el silencio que solía habitar en su hogar, le resultó más fácil fingir que no habría preferido estar acompañado de alguien más.

 

 

Dos semanas más tarde, la usual monotonía que solía regir su vida parecía comenzara a regresar. Comía, acudía a sus ensayos, interactuaba con las suficientes personas como para mantener contenta a su terapeuta y salía de casa tanto como le era posible para evitar sentirse solo.

El recuerdo de la carta y su reunión con Yue Qingyuan solían regresar para molestarlo cada tanto, pero el hombre en cuestión no hizo amago de ponerse en contacto con él una vez más. Shang Qinghua le enviaría mensajes esporádicos para informarle como se iban dando las cosas y lo que se esperaba de su parte para cumplir con el contrato, pero eso era todo.

La primera semana luego de llegar al acuerdo, Shen Jiu acudió a una pequeña sesión de fotos para obtener una imagen promocional que sería puesta al público más adelante para informar a cuantas personas fuera posible del evento. Yue Qingyuan había asistido a la sesión, pero atrapado tras la lente de una cámara y con el tiempo contando antes de que el fotógrafo pasara a los otros seis artistas que le acompañarían en el escenario el día del evento, Shen Jiu apenas tuvo tiempo de hablar de nimiedades con Yue Qingyuan.

Ese día había pensado que Yue QIngyuan quería decirle algo importante, pues sus cortas charlas ociosas parecían preludios para un tema concreto que no estaba seguro de cómo abordar, pero cada vez que parecían comenzar a llegar a algún lado, serían interrumpidos por alguien más. Al final, Shen Jiu no supo lo que había querido decirle, si es que realmente hubo algo para empezar, y la idea de lo que pudo haber sido, no dejó de dar vueltas en su cabeza desde entonces.  

Para evitar pensar más en ello, comenzó a acompañar sus comidas con una copa de vino ocasional y a dar caminatas por el vecindario, creyendo que le bastarían para fingir que nada pasaba. Si esto no funcionaba, procedía a colocarse los audífonos y daba su mejor intento de reventarse los tímpanos escuchando algo de música para distraerse.

Siempre le había gustado la música, pese a lo poco que podía disfrutarla cuando era niño. Cuando estuvo en el orfanato, la música no había sido precisamente una prioridad para brindarle a los niños, de hecho, la única persona que tenía acceso a ella era el director, quien solía enviarlos afuera al jardín trasero para aburrirse (si tenían suerte) o les daba un montón de tareas de limpieza para realizar (si no la tenían); mientras él mismo se encerraba en su oficina para disfrutar de la música a solas, con una botella de vino blanco por compañía. Aunque si alguien llamaba a la puerta, afirmaría estar ocupado trabajando.

Cuando Shen Jiu terminaba sus tareas, solía acercarse a la puerta de madera de la oficina del director y en silencio, se sentaba a escuchar las hermosas notas del violín a través de las paredes. Cerraba los ojos e imaginaba que estaba en cualquier lugar menos allí, se maravillaba de como simples trozos de madera y cuerda podrían producir semejante sonido. Había sido la única fuente de belleza en aquel lugar. 

Los demás niños nunca se atrevieron a delatarle, no después de que los amenazara con vengarse con algo peor. Solían dejarlo solo, incluso cuando no se los pedía, lo consideraban odioso, siempre enojado y demasiado antipático para ser amigos. Yue Qingyuan, Yue-qi en aquel entonces, fue el único que se atrevió a acercarse a él. No fue una relación fácil, Shen Jiu estaba acostumbrado a alejar a todo el mundo y no sabía cómo lidiar con su amabilidad y su aparentemente infinita paciencia para con él.

Comenzó con saludos ocasionales que fueron siempre ignorados por Shen Jiu, luego sentándose a su lado a la hora del almuerzo cuando todos los demás lo rechazaban en sus mesas como si tuviera la peste. Los martes solían ser los únicos días en que los niños recibían algún tipo de postre dulce y cuando Yue-qi notó la satisfacción con que saboreaba el suyo, pasó a ofrecerle su porción también. Una ofrenda de paz, mostrándole que iba en son de amigos. Shen Jiu tenía un diente dulce del que nunca había podido deshacerse, así que el sencillo gesto rápidamente le ganó un espacio en su corazón, y hallándose falto de cualquier tipo de afecto en el pasado, al igual que un gato que aprende lentamente a confiar, terminó aceptando a Yue-qi en su vida.

Le mostró su alijo secreto de dulces, que había ido robando de las cocinas en cada oportunidad, le habló de las mejores formas de escapar de las tareas sin ser descubierto y le contó también de su fascinación por la música. Yue-qi no compartía el mismo interés, pero todavía le acompañó cada tarde a la puerta de la oficina del director y se sentó a su lado en silencio para escuchar.

Puede que Yue-qi no entendiera el porqué de su interés, pero sabía lo importante para él y aquello le bastaba a Shen Jiu. De hecho, fue Yue-qi quien le consiguió la oportunidad de obtener un violín.

Yue-qi tenía encanto con los adultos, éstos solían mirarlo y confiar en él de inmediato, era la clase de niño que toda madre quiere por hijo o de los que se espera sus hijos elijan por amigo. La única razón de su escasa popularidad entre los otros niños del orfanato, probablemente se debía a su insistencia por quedarse al lado de Shen Jiu, algo de lo que éste último podía admitir estar orgulloso.

Fue ese encanto el que convenció a todos de la buena idea que sería implementar un taller de música en el orfanato, algo para que los niños se divirtieran a la vez que desarrollaban alguna habilidad. Por aquellos días, los empresarios ricos buscaban maneras de agradar a las personas, de demostrarles lo buenos que eran y por qué sus compañías eran mejores que las de otros. Una de las ideas que uno de esos hombres tuvo para mejorar su imagen pública, fue realizar una visita al orfanato, asegurando que deseaba conocer la manera en que pudiera ayudar a mejorar las instalaciones, en realidad solo buscaba evadir sus impuestos.

Yue-qi había sugerido la idea al hombre entonces, con su amable sonrisa llena de dientes y su mirada cálida, lo había convencido de lo feliz que haría eso, no solo a los niños, sino a  las personas fuera del orfanato también. ¿Otorgar un programa de música a esos pobres niños huérfanos? No había mejor publicidad que aquella y tomando la oportunidad por lo que era, el hombre se aseguró de hacer llegar la noticia a todo el mundo. Shen Jiu podría haber reído por la estupidez de los adultos si no fuera beneficiosa para él.

Cuando los instrumentos llegaron, el director obligó a los niños a despejar y limpiar uno de los almacenes del orfanato, que eventualmente y con ayuda de su generoso benefactor, terminó por convertirse en una sencilla sala de música. No fue un trabajo sencillo para nadie, pero Shen Jiu estaba tan extasiado por la posibilidad de aprender a tocar un instrumento, que ni siquiera consideró quejarse.

El día que el maestro de música contratado llegó para dar su primera clase, al pedirles que escogieran un instrumento, Shen Jiu ni siquiera tuvo que pensarlo. Sus manos se aferraron al exquisito violín, que aunque no era de la mejor calidad, en aquel entonces se sintió como el tesoro de mayor valor en la sala.

Yue-qi se sentó a su lado, en sus manos una flauta que jamás aprendió a tocar del todo. Y cuando Shen Jiu demostró tener talento para el violín, no solo recibió las palabras llenas de orgullo de Yue-qi, sino que pudo disfrutar de la abierta admiración en el rostro de los adultos que le escuchaban tocar.

Ahora la música no era algo a lo que tuviera acceso solo los días de clase o a través de una puerta de madera. La música formaba parte de su vida y para escucharla bastaba con acceder a ella desde su celular. Sin embargo, aunque todavía contaba con la admiración en los rostros de las personas que acudían a escucharle en sus presentaciones, la persona que antaño se hubo sentado a su lado, no estaba más. Y pese a lo mucho que intentara ignorar ese hecho, el sonido de los violines y el piano retumbando en sus oídos, todavía no bastaba para ahogar del todo el recuerdo de aquellos dos niños en una sala de música.

Honestamente, creyó que lo había estado manejando bien, actuando como siempre lo hacía, pero tal vez eso no era del todo correcto. Aquello se demostró cuando durante uno de sus últimos ensayos de la tarde, Liu Qingge finalmente explotó. 

—Tienes que concentrarte, esto no puede seguir así. 

No estaba molesto, aunque poseía un carácter explosivo, Liu Qingge rara vez se mostraba realmente enojado con Shen Jiu. Y en la gran mayoría de las ocasiones, la causa de su ira solía a deberse a las ocasionales tendencias autodestructivas de Shen Jiu. 

—Estoy concentrado.

—No, no lo estás —él lo sabría, era su trabajo supervisar los ensayos y asegurarse de que todo fuera bien. — Tocaste una nota diferente y repetiste dos veces la misma partitura. 

Shen Jiu dirigió la mirada a las partituras que descansaban sobre el atril de madera de inmediato, solo para confirmar que había realizado el cambio.

—No la repetí —se defendió. 

—No, pero si estuvieras realmente concentrado no habrías necesitado comprobarlo. 

En eso tenía razón, lo cual molestó a Shen Jiu más de lo que quería admitir. Estaba distraído y por más que lo intentaba no lograba concentrarse del todo. No era algo a lo que estuviera acostumbrado, por lo general, era bastante inflexible en cuanto a practicar hasta lograr la máxima perfección. No bastaba con ser bueno, tenía que ser el mejor y para ello requería de toda su concentración, las distracciones lo frustraban y el hecho de que no pudiera controlarlo aun días más tarde, solo lo hacía peor.

—Tomaremos un descanso.

—No, continuemos —no podía detenerse ahora, eso sería un desperdicio de tiempo.

Pero Liu Qingge lo ignoró. —Cinco minutos, encárgate de lo que sea que tengas en la cabeza. 

Si había algo que no quería, era precisamente el encargarse de lo que le rondaba por la cabeza, era justo por eso por lo que quería continuar con el ensayo. Pero Liu Qingge y el resto del equipo ya se estaban alejando despreocupados, ignorantes de que procrastinar de aquella forma no arreglaría milagrosamente el problema.

Dispuesto a hacer cualquier cosa menos analizar sus pensamientos, tomó la pequeña caja de resina que siempre cargaba en el estuche de su violín, y aplicó un poco a las crestas del arco, que no habían sido recubiertas desde hacía varias sesiones de práctica. Ajustó bien el agarre en su violín, apoyó la tabla de fondo sobre su clavícula y descansó la barbilla en la mentonera. Sujetando el arco por el talón, tal y como había aprendido cuando era un niño, lo posó por el centro sobre las cuerdas del violín y le permitió deslizarse con suavidad.

Tocó las primeras notas escritas en el papel, apenas necesitando mirarlas, puesto que las conocía casi de memoria a estas alturas. El arco se movió de arriba abajo sin apenas detenerse, su postura era tensa pero la mano con que lo sujetaba se movió con soltura. Sin embargo, el sonido que provino del instrumento, si bien resultó agradable al oído, a Shen Jiu le resultó ofensivo. El sonido que salía del violín era hueco y carente de emoción, demasiado mecánico donde la música requería de vida. 

Cerró los ojos en un intento por concentrarse en la melodía, pero no lograba conseguirlo. Estaba acostumbrado a perderse en el sonido tan pronto como el arco se deslizara contra las cuerdas, al ritmo que tan fácilmente guiaría su mano y le indicaría el camino para tocar. No pudo encontrar rastro alguno de aquella sensación de plenitud absoluta ahora. Le hacía querer arrojar el violín a la basura o a algún lugar en el que no tuviera que verlo nunca más; al mismo tiempo, podía sentir como le invadía una urgente necesidad de tocar hasta las notas se volvieran perfectas y se convirtieran en lo que realmente deseaba oír.

Negándose a rendirse, continuó interpretando las notas escritas la partitura. Pronto, el movimiento del arco se tornó más violento. Finalmente había una emoción guiando la mano de Shen Jiu al tocar, solo que ésta no fue la habitual sensación de paz. Había ira en cada balanceo de su mano al manejar el arco, la música emitida denotaba una pasión en la que se desbordaban todas las emociones que no podía expresar de otra forma, la furia sobresaliendo de entre las demás.

Shen Jiu que nunca fue bueno para expresar sus sentimientos, permitió al violín que hablara por él. La melodía sangraba con palabras no dichas y pensamientos que no sabía expresar de otra forma que no fuera esta. La nube de emociones amargas y confusas que le habían estado persiguiendo adoptó la forma del sonido y se derramó por sus oídos, de alguna manera liberándole de su peso. Shen Jiu no pudo evitar emocionarse un poco pensando que lo estaba logrando.

Su mano balanceo el arco contra las cuerdas, permitiéndole sentir las vibraciones que generaba al recorrer por la madera del instrumento y hasta su cuerpo. El escenario a su alrededor se había desvanecido, fundiéndose en extraño fondo caleidoscópico y lleno de colores. El banquillo sobre el que había estado sentado se convirtió en humo, permitiéndole flotar por encima de lo demás, libre de ataduras y de la gravedad. 

La música inundó sus sentidos. El mundo a su alcance se reconfiguró a sí mismo para crear nuevas formas a partir del vacío. La realidad se torció, dando estructura a una nueva masa de materia que se metamorfoseó en la figura de un niño a su lado. Las facciones fueron definiéndose de a poco, como si se estuvieran modelando en arcilla, hasta que el rostro se volvió en uno familiar. 

Shen Jiu pudo sentirse a sí mismo cambiar al ritmo que marcaba el violín en sus manos. De pronto ya no era un hombre adulto en medio de un auditorio vacío. Volvía a tener siete años y estaba en un deplorable salón de música rodeado de un montón de niños ruidosos; el sonido a su alrededor era estridente y armonioso al mismo tiempo, lo que debió ser imposible pero no lo era. Y a su lado, Yue-qi le sonreía  al oírlo tocar su violín, como siempre lo había hecho.

Como siempre lo haría, susurró el niño a su lado.  

Excepto que no era así. Yue-qi no había permanecido el tiempo suficiente a su lado. Se había ido y aquella imagen que su mente había conjurado era falsa. El arco del violín resbaló en sus manos y la nota que había querido conseguir se deformó provocando en el violín un sonido de protesta. 

El recuerdo de aquellos días de su infancia perdió fuerza y se fragmentó. Shen Jiu abrió los ojos y el momento acabó.

El silencio que siguió a su arrebato resultó ensordecedor en el vacío del gran auditorio. Shen Jiu respiraba con fuerza como si hubiera corrido un maratón, exhausto luego de tocar aquella partitura que en el pasado le había resultado tan fácil. Un repentino dolor de cabeza comenzó a tomar forma en sus sienes y los cinco minutos de descanso que Liu Qingge había propuesto de pronto no sonaban tan mal, todo lo que quería era huir de aquel lugar y de la emoción que le acaba de asaltar.

Llevando solo su celular y su abrigo consigo, salió del auditorio sin siquiera guardar el violín. Ya afuera caminó por las calles atestadas de gente, en busca de un lugar lo menos vacío posible; no amaba exactamente el ruido de los automóviles y el zumbido de las voces de un montón de extraños, pero no quería que el silencio le abrumara en ese momento. Mientras avanzaba por el empedrado de la banqueta, escuchó más que sintió a su estómago protestar por algo de comida, lo que le recordó que no había comido nada aun ese día. Buscando un lugar cercano, terminó haciendo una parada en un negocio de comida rápida para comprar una botella de agua y un emparedado sencillo de aspecto aceptable.

No quería comer en las mesas que el local disponía por lo que, comida en mano, continuó vagando hasta llegar a un parque donde se instaló tan cómodamente como le era posible en uno de los banquillos para poder comer. El emparedado no estaba mal y le servía para darle un uso a sus manos inusualmente inquietas.

El aire era fresco ese día y los rayos de sol apenas si se colaban por entre el montón de nubes que habían llenado el cielo, dándole un aspecto grisáceo, señal de mal clima. Le preocupó un poco que comenzara a llover, puesto que no había llevado sombrilla alguna con él; no era temporada de lluvia, pero el clima había sido instable esos últimos meses.

Pese a ello, los no pocos niños que había en el parque corrían de un lado a otro, algunos divirtiéndose en los toboganes y en los columpios metálicos que probablemente estarían helados; mientras sus padres le observaban a lo lejos para asegurarse de que nada iba mal. Había jóvenes paseando sus perros, hombres y mujeres corriendo por las aceras a modo de ejercicio y un montón de parejas dispersas en los banquillos ubicados dentro de su visión periférica, los cuales se tomaban de la mano disimuladamente y se lanzaban miradas azucaradas entre sí.

Casi creyó que podía respirarse la tranquilidad en aquel lugar, el ruido de los autos era un murmullo lejano y aunque estaba rodeado de un montón de personas, ninguna se acercó a invadir su espacio personal, lo que le permitió comer en paz. El hambre le hizo devorar cada bocado en cuestión de minutos y el ambiente en general le permitió olvidarse del arrebato con el violín. Tras beberse la mitad de la botella de agua y haberse empapado del buen ánimo del lugar, se levantó para desechar la basura en su lugar y se encaminó de regreso al auditorio para continuar.

Estaba cruzando los últimos metros de verde pasto antes de dar paso al concreto, cuando una persona con un gran perro pasó corriendo a su lado y le empujó a un lado. Shen Jiu perdió el equilibrio y se estrelló contra el suelo duro. La persona que lo había empujado, un hombre joven, se giró para gritarle una disculpa, pero no se detuvo, sino que siguió corriendo con el perro, quien claramente tiraba de la correa con fuerza y arrastrándole con él hacia adelante.

Desde el suelo, Shen Jiu miró al hombre con molestia, pero no hizo comentario alguno ni se dignó a responder su grito con otro. Se levantó sin prisas y se inclinó para sacudir sus pantalones llenos de briznas de pasto. Casi terminaba con ello, cuando unos zapatos entraron en su campo de visión. Se enderezó de inmediato creyendo que tal vez el tipo del perro había regresado después de todo y se preparó para lanzarle el comentario más venenoso que su mente pudiera conjurar.

No era el hombre del perro. Era Yue Qingyuan, quien se había acercado para ver si estaba bien. No vestía de traje como en sus anteriores reuniones, sino como lo haría para un paseo casual, lo que desentonaba un poco con la expresión solemne que siempre parecía tener. Yue Qingyuan le preguntó si estaba bien; al parecer había estado dando una caminata por el parque cuando lo miró a lo lejos y dio cuenta de todo el incidente con el perro.

—Estoy bien —le aseguró Shen Jiu— fue solo una caída.

Era cierto, nada más que su orgullo había sido herido. Yue Qingyuan asintió con una sonrisa débil por toda respuesta y Shen Jiu detestó el silencio incomodo, siempre incómodo últimamente, que siguió. No dispuesto a tolerarlo, apuntó en una dirección al  azar con la mano y le dijo: —Bueno, debo irme.

—Claro, debes tener prisa.

No realmente, pero con el recuerdo de sus días de orfanato nuevamente fresco en su mente, no sentí deseos de explorar sus emociones justo ahora.

—Así es.

Apenas había dado unos cuantos pasos cuando la voz de Yue Qingyuan le hizo detenerse en seco.

—Yo… me preguntaba si…

Dándose la vuelta para enfrentarlo, Shen Jiu esperó. — ¿Sí?

—Me preguntaba si llegamos tal vez… comer juntos algún día de estos en que estés libre.

Lo que sea que Shen Jiu esperaba, no fue eso. No le había visto hacía días y le descubrió que pese a que habían pasado años sin verso luego de su discusión, estos pocos días de alguna manera se habían sentido como un periodo de tiempo más largo que eso. Con toda certeza no creía que nada bueno fuera a salir de ello, pero al mismo tiempo, tal vez todo lo que requería era una razón ferviente de por qué Yue Qingyuan no encajaba en su vida ahora y por tanto debería borrarlo de ella. Una última decepción probablemente dolería, pero le iría bien para poner fin a las ideas absurdas de su relación restaurada que no habían dejado de molestarlo desde su reencuentro en el orfanato. Todo nada más que excusas descaradas.

—Podríamos ir ahora.

—Creí que había dicho que tenías prisa.

No había acusación en sus palabras, solo estaba exponiendo un hecho.

—Unos minutos tarde no hará daño a nadie —le aseguró— ¿vamos?

Yue Qingyuan dirigió el camino mientras Shen Jiu le enviaba un mensaje a Liu Qingge para avisarle que no continuarían con el ensayo ese día, lo que le valió un insulto amistoso (al menos así adoptaron creerlo) por respuesta. Caminaron apenas unas calles antes de entrar a un local pequeño y con poca gente, decidir sentarse en una mesa lejos de la entrada, pero con vistas hacia afuera. Cuando llegaron para pedir su orden, Shen Jiu eligió el plato más pequeño que pudo encontrar, puesto que luego de comer el emparedado hacía un rato, en realidad ya no tenía hambre.

En medio del silencio, Yue Qingyuan trató de iniciar una plática casual que más bien sonaba forzosa, era obvio que se sentía tan en arenas movidas como Shen Jiu. El sentimiento de que aquella distancia entre ellos estaba mal le invadió de nuevo y con mayor fuerza. Quería, tan desesperadamente como Yue Qingyuan parecía hacerlo, recuperar lo que había tenido en el pasado y se le ocurrió que tal vez todo lo que había que hacer era intentar, pero no estaba seguro de cómo.

Cuando el mesero llegó con sus órdenes y se dispuso a comer, Shen Jiu vio algo que le hizo sonreír. —Años más tarde, no puedo creer que sigas haciendo eso.

— ¿Eh?

—Lo de la silla —le dijo aludiendo a como Yue Qingyuan se quitó un poco en su asiento antes de tomar los palillos para comenzar a comer.

De vuelta a cuando eran niños, la comida no era algo que abundara. El orfanato no los había dejado morir de hambre, por supuesto, pero con tan pocos recursos y abundantes niños, las porciones de comida tendían a ser pequeñas y de un sabor insulso, por lo que los niños habían hecho de un juego el robar las porciones de fruta y carne de los demás.

Shen Jiu, por supuesto, no era los que permitían tales cosas, por lo que él y su Yue-qi solían alejarse de los demás a la hora de comer. Se escabullían a una de las habitaciones vacías y en desuso. Se sentaban en unas sillas viejas y comían en silencio para no ser descubiertos. Pero habían subestimado lo realmente viejas que eran aquellas sillas y finalmente llegó el día en que nada más sentarse, la silla cedió bajo el peso de Yue-qi y éste acabó en el suelo, la comida desperdigada encima suyo. Aquello les había valido en una semana de castigo y a Yue Qingyuan en particular, un gran moretón en las costillas.

A partir de entonces, Yue-qi había adoptado por costumbre comprobar la firmeza de la silla antes de comenzar a comer. Cuando Yue Qingyuan comprendió a lo que se refería rió. —Las viejas costumbres tardan en morir.

—Sí, pero hace años de eso.

Shen Jiu dio un mordisco a su comida y le dio una mirada de burla.

—Es fácil para ti decirlo —se defendió— no fuiste tú quien cayó de la silla ese día.

—Eres un adulto ahora, ¿cómo puedes quejarte así?

La sonrisa de Yue Qingyuan vaciló y al reparar en lo que había dicho, la de Shen Jiu lo hizo también. Ambos eran adultos ahora, ciertamente hacía mucho de eso. Pero le sorprendió lo sencillo que había sido por tan solo un segundo hablar como si eso no fuera relevante, como si el tiempo no les hubiera llevado por caminos diferentes y como si todos aquellos días separados no hubieran existido. Por solo unos momentos, la familiaridad con la que siempre se habían tratado había estado allí.

Yue Qingyuan le miraba, como inseguro de que tanto podían hablar del pasado antes de decir algo equivocado, tratando de averiguar qué temas eran seguros de abordar y cuales debían evitar para no poner fin a todo.

—Los dos sabemos que el de los modales refinados siempre fuiste tú.

Era agotador andar con tanto cuidado a su alrededor todo el tiempo. Pero aquí estaban, intentándolo cada uno a su manera, y no era exactamente lo que Shen Jiu quería, pero pensando en que tal vez sería lo mejor que conseguiría, decidió que tal vez podía hacer lo que Liu Qingge le había dicho e ignorar el problema, al menos hasta que estuviera dispuesto a abordarlo por sí mismo.  

—Uno de los dos tenía que serlo —le dijo— crecer en un orfanato no es excusa para tu comportamiento casi salvaje.

Yue Qingyuan se relajó en su asiento. —No tan salvaje como tú al comer algo dulce.

Shen Jiu rió ante el comentario y la conversación de pronto comenzó a fluir sin obstáculos. El tiempo pasó sin más pausas incómodas o las reclamaciones que ambos llevaban esperando desde el primer día de su reencuentro. Shen Jiu se sintió más tranquilo de lo que lo había estado en esos últimos días y empeñado en mantener el buen humor, se esforzó por ignorar la pequeña parte de sí mismo que le decía que posponer la conversación que ambos realmente necesitaban tener, a la larga no le haría ningún bien. Y sin embargo, al final de su pequeña comida juntos, todavía accedió a reunirse con él otra vez.

Liu Qingge le respondió por llegar tarde a sus prácticas en los días siguientes, pero la comprensión que brilló en sus ojos al decirlo y la actitud estoica pero amable que utilizó, le dijo a Shen Jiu que no estaba realmente molesto.

—Sé que tienen un pasado juntos y que te importa más de que quieres dejar ver —le había dicho, deteniendo a Shen Jiu con un gesto de su mano cuando éste quiso protestar— así que está bien si quieres arreglar lo que está mal entre ustedes , solo te pido, que tomes las cosas con calma y considera lo que es mejor para ti.

Él era ese tipo de amigo, lo que Shen Jiu, a su manera agradeció.

Con Yue Qingyuan, incluso si no se expresó en palabras, se decidió por llevar a cabo algunas de las cosas que se habían prometido realizar juntos cuando todavía eran solo niños en un orfanato; soñando con domar al mundo al volverse adultos. Compartieron comidas siempre que sus horarios lo permitieron, allí Shen Jiu descubrió que a Yue Qingyuan le disgustaba el té de jazmín y que había desarrollado un gusto raro por el picante. Eso era algo que definitivamente hubiera preferido saber antes destrozar para siempre sus papilas gustativas, con el platillo que le sirvieron en el restaurante al que Yue Qingyuan le llevó en su cuarta reunión, lo que resultó con ojos llorosos y un ardor en su lengua que no se detuvo pese a los siete vasos de agua que bebió.

—Realmente, no creo que sea tan picante como lo haces ver —le había dicho Yue Qingyuan con ese tono de voz de quien se contiene para no reír.

—Sólo cállate —le había replicado molesto (no realmente), mientras se quitaba la chaqueta para eliminar algo del calor que parecía hacer de pronto.

—Puedes tomar mi postre como compensación.

—Iba a tomarlo de todos modos.

También visitaron un museo de arte, en el que Shen Jiu estaba seguro de que Yue Qingyuan se había aburrido de muerte, pero todavía no dijo nada porque Shen Jiu realmente había estado disfrutando del recorrido.

—Es… abstracto y profundo.

—También es solo un cartel —se había burlado Shen Jiu a la entrada del lugar, antes de señalar con una mano a su izquierda— las verdaderas pinturas están por allá.

—El verdadero arte es subjetivo ¿sabes?, creo que el cartel está muy bien diseñado.

Shen Jiu había reído ante su intento de defenderse y luego le arrastró consiguió hasta la galería de arte para ver unas cuantas de las obras de Caravaggio. Sus manos habían permanecido entrelazadas durante gran parte del recorrido, algo que ni siquiera notó hasta el momento en que intentó quitarse la chaqueta y descubrió que su mano se encontraba anclada a otra. Un sentimiento cálido había surgido en su pecho ante el gesto, ante la familiaridad en la que rápidamente se habían sumergido de nuevo.

Para retribuir aquel recorrido, Shen Jiu ofreció dar largas caminatas al aire libre en lugares llenos de naturaleza, aunque los mosquitos resultaron ser un gran problema la primera vez y terminaron regresando antes de lo planeado. Alimentaron a los patos del estanque ubicado en el mismo parque en que Shen Jiu había sido derribado por un perro, solo deteniéndose cuando se dieron cuenta de que aquello estaba prohibido.

Visitaron las cafeterías favoritas de cada uno, en una competencia no tan sana para ver quién poseía los mejores gustos entre los dos, por supuesto, ganó Shen Jiu.

Y por las noches, cuando su casa vacía se concebía demasiado asfixiante, los mensajes constantes de Yue Qingyuan se sintieron como una invitación abierta para realizar un largo por la carretera a ningún lugar en específico, antes de regresar a pasear con el peso constante sobre sus hombros viéndose reducido. En esas noches, no siempre hubo necesidad de llenar el silencio con conversaciones, ya ocurrió del pasado o de su futuro. Era en esas noches en que ambos se sintieron lo bastante cómodos como para sumirse en el silencio, uno distinto de aquel cuando estaban separados, porque en aquel silencio en particular que compartieron, existía el consuelo de la compañía que servía para eliminar su taciturna soledad.

Más tarde, cuando se sintió lo suficientemente confiado, Shen Jiu le invitó a uno de sus conciertos. Era uno bastante pequeño, donde se presentaría como acompañante de otro violinista, más que como el intérprete solista que acostumbraba a ser; lo que era un evento raro, pero al que había accedido dado que el violinista en cuestión no le desagradaba por completo.

Le había dado vueltas a la idea durante toda la noche previa al concierto y fue solo durante su breve encuentro a la mañana siguiente que estuvo seguro de que querer hacerlo. Le entregó el sobre con el billete de entrada en un movimiento descuidado de mano, como si aquello no le importara en lo más mínimo, como si no le hubiera supuesto cada gramo de valentía hacer una concesión en aquella lucha que aparecerán entre sí y de la que probablemente solo él tenía conocimiento.

—Así podrás ir a uno de mis conciertos por primera vez.

Yue Qingyuan había sonreído, pero su mirada no abandonó su enfoque en el sobre que daba vueltas en sus manos. Lo sostenía con firmeza, pero también había cierta delicadeza en su manejo del mismo, como si se tratara un tesoro frágil e inusitado, en lugar de papel simple.

—Él acudió a tus conciertos antes.

El comentario había sacudido a Shen Jiu, quien nunca imaginó la respuesta, hasta la médula. - ¿What?

-Si. No he podido ir a todos, pero siempre que tengo la oportunidad me gusta volver para verte tocar.

—Pero nunca te he visto en ellos —Shen Jiu dio un repaso rápido a todos sus conciertos en su mente, o al menos a todos los que pudo recordar, tratando de acordarse si hubo alguien mínimamente parecido a Yue Qingyuan entre el público al que pasó por alto. Pero no pudo estar seguro, puesto que a veces, cuando la música comenzaba a inundar el lugar ya filtrarse por entre los poros de su piel, disfrutaba de cerrar los ojos y dejarse llevar.

—Suelo ocupar los asientos al fondo, donde las sombras son más oscuras y es difícil de ver desde el escenario. Una vez me dijiste que no querías volver a ver mi rostro nunca más, no quería causarte desasosiego con mi presencia, así que preferí mantenerlo en secreto. —Shen Jiu lo recordaba, la crudeza con que había lanzado las al aire, como armas dispuestas para su uso personal, o lo mucho que había querido herir con ellas y la visceral alegría que sintió cuando lo encontró.

El recuerdo de aquel día ya no le produjo ninguna satisfacción, no se la había proporcionado ni siquiera entonces, no realmente. Todo lo que quedó de esa furia ciega se había reducido a ascuas que si bien se dañaron en el riesgo de volver a arder, difícilmente darían la misma llamarada como resultado. Años de terapia te harían eso.

La apertura que representaban las palabras de Yue Qingyuan no se le pasó por alto. Ni siquiera era la primera vez que surgían comentarios de ese tipo, de vez en cuando Yue Qingyuan o el mismo Shen Jiu dirían algo como eso, el disparador perfecto para una discusión. Y al igual que las veces anteriores, Shen Jiu se obligó entonces a fingir que su conversación no había ocurrido, lo guardó en el interior de su mente al igual que lo hacía con todo aquello con lo que no quería lidiar. Una idea para estudiar en soledad más tarde o para descartar como irrelevante en la situación actual.

Cuando le contó luego a su terapeuta de ello, ella se mostró en total contra de interiorizar aquello. Shen Jiu sabía que tenía por supuesto, pero no estaba listo para enfrentar aún el problema y la falsa calma que había construido en base a su igualmente falsa apariencia de bienestar resultóba demasiado atractiva para dejarla ir aún. Irónico, que años de afirmar querer que dicha discusión ocurriera, de pronto se vieran sofocados por la incertidumbre de lo vendría después.

Así pues, esa noche se preparó para una presentación más en una larga lista de ellas, excepto que cuando salió al escenario y tomó su violín para tocar, no cerró sus ojos como era costumbre. Tampoco evitó la mirada de los presentes, sino que tan disimuladamente como pudo hacerlo repasó con la vista a cada asiento de la primera fila en el auditorio lleno de gente, hasta que lo encontró, por primera vez en mucho tiempo, justo donde había prometido estar .

Shen Jiu se esforzó por tocar lo mejor que pudo, convenciéndose a sí mismo de que la razón era la de ser siempre profesional; pero sabiendo en el fondo, que había una parte suya que buscaba, no aprobación, sino el reconocimiento de quien estuvo siempre a su lado en sus primeros días. Lo logré , intenté decir con su música esa noche, soy el mejor. Lo logré, alcanzó la cima a la que nunca dudaste que un día llegaría.

Yue Qingyuan no desvió la vista de su figura durante todo su acto, sino que se mantuvo inmóvil y atento en su asiento. No sonreía, pero la intensidad de su mirada lo decía todo. Estaba el orgullo que había esperado encontrar, la fascinación por su talento que la mayoría mostró al oírle tocar, y también había un pozo de cariño inagotable, que incluso a la distancia en que se encontró, Shen Jiu pudo sentirlo fluir hacia el en grandes oleadas .

Esa noche, al terminar el concierto y ser escoltado por Yue Qingyuan a casa, Shen Jiu casi creyó que podría olvidar. Quería dejar atrás el pasado que había arrastrado consigo todo este tiempo y arreglar lo que se había roto entre ellos, porque le gustaba lo que tenían y también lo que sentía cuando estaban juntos.

Fue un pensamiento breve, el que todo podría resolverse al olvidar. Que la amargura y el resentimiento tan oscuro que había alimentado por años hasta que creció y comenzó a consumirlo, desaparecería con aquella facilidad. Había sido una idea ingenua, más propia de un niño lleno de sueños que cree que pedir deseos a las estrellas los hará realidad; pero al menos en ese instante, abordo del automóvil y corriendo por una carretera casi vacía, con sus manos entrelazadas descansando junto a la palanca de cambios, la palabra imposible difícilmente era aplicable a ellos. 

 

 

Dos días antes del tan esperado evento de recaudación de fondos en el orfanato, Shen Jiu se paseaba la mirada por la oficina de Yue Qingyuan revisando los títulos de los libros en las estanterías, mientras el hombre al que pertenecían se limitaba a revisar un de documentos impresos y ordenados en cuatro distintas agrupaciones sobre el escritorio.

La noche había comenzado a caer afuera, más oscura que de costumbre debido a la gran aglomeración de nubes grises que se arremolinaban por encima de ellos, anunciando la inminente lluvia que no tardaría en comenzar. No era la primera vez que Shen Jiu se dedicaba a esperar a que Yue Qingyuan terminara con su trabajo antes de que pudiera llegar a casa, le había acompañado al orfanato en distintas ocasiones con anterioridad, siempre para recoger algo o verificar algún asunto importante con las otras personas que le ayudaron a administrar el lugar.

Pese a que era el director del orfanato, Yue Qingyuan tenía las personas suficientes a su cargo para que el lugar funcionara sin necesidad de su presencia a tiempo completo, por lo que solo acudían a él para tratar con decisiones realmente importantes o cuando el problema, de presentar, fuera uno que los demás no estuvieran seguros de cómo manejar.

Eso le daba mayor libertad para pasar tiempo junto a Shen Jiu, lo que complacía a este último. Sin embargo, con la fecha del concierto tan cercana, las visitas rápidas que solían hacer al orfanato antes de partir a otra de sus reuniones (Shen Jiu se negaba a llamarlas citas); se alargó más allá de lo esperado. Yue Qingyuan se había ofrecido a llamar a su chofer o llevarlo él mismo a casa cuando su visita a otro museo se vio cancelada de aquella manera, pero Shen Jiu había descartado la oferta y eligió quedarse para hacerle compañía, con la esperanza de un paseo por carretera al terminar.

Sin embargo, con nada que hacer más que sentarse y esperar mientras Yue Qingyuan trabajaba, pronto comenzó a aburrirse. Le habían ofrecido pasearse por las otras oficinas o visitar los salones comunes que dada la hora estarían vacíos de los niños más pequeños. Pero la mera idea de volver a vagar por aquellos salones a los que nunca quisieron volver a poner un pie en primer lugar, le produjo una picazón desagradable bajo la piel.

Trató de distraerse mirando al hombre trabajar, la expresión serena pero concentrada que adoptó al leer y como jugaba con el bolígrafo en la mano de forma distraída; le recordaba a los viejos días en el orfanato en sus horas de estudio, cuando Yue Qingyuan se concentraba a fondo en resolver sus ejercicios de matemáticas lo más rápido posible, así podría ayudar a quienes tenían problemas para entenderlos, porque el profesor era demasiado holgazán para explicar una segunda vez.

A Shen Jiu le había molestado en ese entonces, la atención robada de Yue Qingyuan por los otros niños. Siendo su único amigo (si podía llamarse así) en aquella época, se había sentido bastante reacio a compartirlo con los demás, quienes habiéndole despreciado abiertamente en muchas ocasiones, merecían (en opinión de Shen Jiu) el castigo que vendría con no terminar sus ejercicios . 

Las habilidades de Yue Qingyuan para relacionarse con las personas y agradarles de inmediato, eran algo que Shen Jiu jamás había poseído, por lo general las personas tendían a acostumbrarse a él y eventualmente a aceptarlo, eso había hecho de sus días de infancia más difíciles aun , porque si bien era cierto que le molestaba la compañía de los otros niños debido a sus actitudes más bien estúpidas, también es cierto que ningún niño desea estar completamente solo o desprovisto de afecto de cualquier tipo. Mientras Shen Jiu alejaba a todos, Yue Qingyuan los atraía como girasoles en busca de un rayo de luz, lo que supuso había hecho de sus días allí más tolerables que los de Shen Jiu.

Sin embargo, todavía le sorprendía que los encontrara lo suficientemente aceptables como para quedarse todos estos años después, era algo que la había generado curiosidad desde el momento en que se enteró del puesto que Yue Qingyuan había tomado en el orfanato, pero acerca del cual no habia tenido alguna ocasion de preguntar. Hasta ahora, supuso, lo que sería una mejor manera de pasar el tiempo.

—No sé cómo pudiste terminar aquí, después de lo mucho que hablamos sobre irnos.

No era exactamente una pregunta, pero Yue Qingyuan todavía y sin levantar la vista de los papeles que revisaba, le dio una sucinta respuesta evasiva. —No sé cómo pudiste volver aquí, después de lo mucho que juraste jamás regresar.

Un pálido rosa tiñó las mejillas de Shen Jiu, pero todavía eso no le detuvo de continuar indagando.

—Irrelevante, detestaba a las personas sobre todo, y el lugar venía con ellas. Pero ahora las personas se han ido, por lo que el lugar no podría importarme menos. Tú no odiabas a nadie, pero todavía querías irte.

La pregunta estaba allí, pero Shen Jiu no se atrevía a hacerla directamente, porque eso daría paso a una pregunta aún más grande. ¿Por qué volviste cuando pasaste tanto anhelando irte? Fue lo que preguntó, ¿por qué regresaste solo cuando yo me hube ido? Era lo que realmente quería saber. Si Yue Qingyuan entendió el mensaje bajo sus palabras aparentemente descuidadas, no lo hizo.

Shen Jiu se dijo que estaba bien con eso, pero ¿realmente era así? Él mismo se lo había dicho a Liu Qingge, que fingir que el problema no existía, no lo desaparecería. Una vida de intentarlo surgió que aquella teoría era, de hecho, cierta.

Afuera un rayo iluminó el cielo por un segundo ya este le siguió un trueno que hizo estremecer al mundo, anunciando el inicio de una lluvia que probablemente no se detendría en toda la noche. Casi un presagio de la propia tormenta que estaba por desatar al interior de Shen Jiu.

No volvió a hablar, pero la idea no abandonó la mente de Shen Jiu, ni siquiera cuando Yue Qingyuan terminó con su trabajo del día y ambos se dirigieron a la salida. El automóvil no estaba lejos, tan solo unos cuantos metros, pero bajo aquel aguacero acabarían empapados en tan solo unos minutos. Aun así, Shen Jiu no deseaba pasar la noche en aquel lugar y Yue Qingyuan ya había prometido llevarse una casa; por lo que preparándose para una carrera rápida, se resignaron a terminar completamente mojados.

Tomándose de las manos, contaron hasta tres en voz baja y luego corrieron juntos por el pavimento mojado y brincando entre los grandes charcos que se habían formado en las partes más irregulares del suelo. Lo primero que Shen Jiu sintió fue el frío que venía con la helada agua de lluvia y que solo empeoraba por la brisa fresca que no había notado que hacía cuando estaba dentro del edificio. Yue Qingyuan, que se había quitado su chaqueta antes de iniciar la carrera al auto, colocó la prenda azul sobre sus cabezas a modo de un paraguas improvisado, pero que difícilmente tapa.

Con el mando de apertura, las puertas del auto se desbloquearon acompañadas de un parpadeo de las luces delanteras. Ambos entraron tan rápido como pueden para guarecerse de la lluvia, azotando las puertas tras de sí. Otro trueno surcó el cielo y bajo la luz de cortesía del automóvil, Shen Jiu notó su lamentable apariencia tan parecida a la suya.

Sus cabellos escurrían gotas de agua y sus ropas se pegaban incómodamente a sus cuerpos, lo que les daba el aspecto de un gato mojado. Yue Qingyuan rió al notarlo y contagiado por su buen humor Shen Jiu terminó por reír también. Era una risa fácil y también algo tonta, de esas que surgen cuando ha sido víctima de una broma del universo que difícilmente puede ser considerada una desgracia en su totalidad. Era extrañamente fácil ser feliz en aquel momento, incluso pese a las circunstancias. Shen Jiu nunca había jugado bajo la lluvia cuando era niño, demasiado preocupado por terminar resfriado y una vez que se convirtió en adulto lo pensó algo inapropiado, pero siempre había disfrutado de la lluvia; de ver las gotas caer y arrastrarse por el vidrio de las ventanas. La lluvia lo lavaba todo,

Cuando la expresión se hubo calmado y las sonrisas se desvanecieron, solo quedó el silencio en el auto. Afuera la lluvia caía con fuerza y comenzaba a empañar los vidrios. Shen Jiu miró a las gotas resbalar por el parabrisas una tras otra, dibujando figuras amorfas, una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo se asentó en sus huesos para anidar allí. Era un mundo completamente nuevo y separado del resto, en el que su ropa mojada apenas suponía un problema y el frío no era más que una ocurrencia tardía.

Su mente corrió con miles de ideas y la única de la que no había podido destruir esa noche estaba al centro de ellas. Se imaginó abordándola, dejándola caer entre ellos de la misma forma en que las gotas caían contra el suelo afuera. Lavándolo todo, listo para un nuevo inicio. Quería eso.

— ¿Planeas decirme alguna vez lo que pasó?

Una vez que las palabras abandonaron su garganta, fue demasiado tarde para intentar recuperarlas. No es que quisiera hacerlo, descubriera con cierta sorpresa. Le aterraba la respuesta, sí, pero también sentía que no podía soportar por más tiempo el no saberla.

A su lado, sintió más que vio, a Yue Qingyuan tensarse. —No tenemos que...

—Sí, tenemos.

No había inflexión alguna en su voz. Se sintió separado de sí mismo, fragmentado en tantas pequeñas partes que eran excesivos para contarlas, su boca se movía en automático, como si las palabras que la abandonaran se debieran a un extraño acto de ventriloquía en lugar de un movimiento autónomo. Un intento de contener la represa de emociones que borbotaban en su interior en una ola salvaje que no tardaría en desbordarse.

—Dime la verdad, ¿por qué nunca volviste? Fue... —se le hizo un nudo en la garganta— ¿era demasiado problema acaso? ¿No valía lo suficiente la pena para ti? —era difícil, tanto que no estaba seguro de continuar, pero quería hacerlo. —Porque, sé que no soy una persona fácil con la que lidiar, no es ninguna sorpresa que a muchos no les agrado y no te lo reprocharé si fue así. Es solo que cree...

La voz se le quebró un poco e inspiró hondo, como para darse cuenta de valor, no podía perder la compostura ahora. Un viento imaginario rugía en sus oídos ahogando las alertas que su cerebro emitía para detenerle, para que se detuviera antes de que el desastre lo alcanzara y terminara herido. Todavía continúa.

—Creí que era diferente contigo, que incluso si todos parecían odiarme, todavía no había nada que yo pudiera hacer para desagradarte a ti.

—Xiao Jiu, es así —como saliendo de un estupor, Yue Qingyuan le tomó de las manos entre la suyas, estaban frías por la lluvia y ásperas por una vida de trabajo. Pero al sentir su toque, todo lo que Shen Jiu sintió fue calidez. — No lo hago, ¿cómo podría? ¿Cómo podría odiarte?

Shen Jiu evitó su mirada conscientemente, sintiéndose inseguro de que esperar. No tengas muchas esperanzas, así te ahorrarás la decepción . Pero estaba cansado de siempre esperar lo peor, quería algo bueno, al menos por una vez, años de terapia le habían hecho estar seguro de que lo merecía.

—Aquellos primeros años, luego de que te fuiste, quise creer que era así. Me aferré a esa idea y esperé. ¿Sabías que solía mirar a la puerta cada tarde esperando verte cruzar por ella? Sólo ahora me doy cuenta de lo estúpido que debí parecer. Pero nunca fuiste y pensé que me habías olvidado.

Una sonrisa amarga se afiló por su rostro, en un pobre intento de fingir que todo estaba bien, que ya ni siquiera le importaba. Intentaba desesperadamente fingir que aquellos recuerdos no eran nada, que el cuchillo que sentía clavársele en el pecho siempre que rememoraba aquellos días en realidad no era nada que no pudiera soportar. Era fuerte, intocable, trató de convencerse de que estaba por encima de cualquier dolor.

—Xiao Jiu, tú...

-No. Déjame terminar, si no lo digo ahora, sé que no lo haré jamás —tan pronto como lo dijo supo que era cierto. Quería la verdad, pero su determinación por obtenerla todavía era algo que podía flaquear con facilidad.

El agarre de Yue Qingyuan en sus manos se apretó, temblaba ligeramente, se dio cuenta de Shen Jiu, y su rostro siempre tranquilo se halló descompuesto en una expresión que no supo reconocer.

—Me convencí de que te había olvidado de mí, porque la idea de que me odiaras y de que todas aquellas palabras que nos dijimos de niños no eran más que mentira, más que una broma o parte de una de tus obras de caridad para un niño al que incluso nadie más quería... la idea de que te hubieras olvidado de mí era preferible a eso, tenía sentido —lo había creído por años, que a un niño tan problemático como él difícilmente se le podría querer y que era tan fácilmente reemplazable que su recuerdo sería sencillo de borrar. —Habías conseguido una nueva y mejor vida, ¿por qué querrías seguir relacionándote con escoria como yo entonces?

Shen Jiu no se dio cuenta de que había cerrado los ojos, hasta que un toque suave en su mejilla le hizo abrirlos de nuevo. Yue Qingyuan cepillaba su pulgar izquierdo con delicadeza por su mejilla, limpiando el débil rastro de una lágrima que se le había escapado.

Tanto tiempo fingiendo no sentir nada y al final resultó inútil. Porque Shen Jiu era humano, incluso si la gente lo consideró despreciable, eso no cambió su condición. Amaba y odiaba en igual medida, como todos los demás, era solo que, había aprendido a una edad temprana, que sentir demasiado te hace vulnerable a ser herido, aprendió que era más fácil no sentir nada, o al menos a fingir que no sintió nada

Pero el dique que contenía sus emociones finalmente se había roto, colapsado por lo años de retener tanto en su interior. No se dio cuenta de que las palabras que había dicho le habían perseguido por tantos años atormentándole, hasta que las dijo al fin y con ello llegó la ligereza, sí, pero también vino el vacío. 

La pena y el dolor eran más fáciles de afrontar desde la ira o la indiferencia. Y luego, con el pasar de los años, no supo cómo parar. Las lágrimas eran ahora una cosa más bien extraña para él, no recordaba haberlas tenido desde que era niño. No desde que sintió el verdadero abandono y lo que era la soledad absoluta por primera vez. No desde que al sentir una tristeza con la que se hallaba incapaz de lidiar, ocultó todo para fingir que no había nada con lo que lidiar en primer lugar.

—No me importa si la razón es que me odiabas o que realmente te olvidaste de mí, la razón no cambiará lo que pasó, solo quiero saber. Necesito que me lo digas.

Miró a los ojos de Yue Qingyuan frente a él al decirlo. Para demostrarle que iba en serio, para demostrarse a sí mismo que estaba listo para conocer la verdad, independientemente de cuál pudiera ser.

—No quise dejarte, nunca quise abandonarte de esa manera.

—Entonces, ¿por qué? Dime por qué nunca volviste cuando prometiste hacerlo.

La furia que había contenido por años finalmente comenzaba a salir, porque debajo de toda aquella tristeza, siempre habría una capa de resentimiento imposible de eliminar.

—Xiao Jiu... —las manos de Yue Qingyuan no abandonaron el rostro de Shen Jiu, ni sus ojos abandonaron su mirada. Se había ido acercando inconscientemente y de a poco, tan solo dejando unos centímetros de distancia entre sus rostros. Shen Jiu podía sentir sus narices rozándose ligeramente entre sí y el aliento cálido que salía de sus labios entreabiertos. 

Cuando Yue Qingyuan apoyó su frente contra la suya, Shen Jiu cerró los ojos otra vez. Aquella era una posición conocida, una que habían compartido antes en su niñez y que al igual que en esos días, le infundía un sentimiento de consuelo y seguridad. Mientras permanecieran así, estaba seguro de que no había nada que lo pudiera lastimar.

Y entonces, con un susurro, Yue Qingyuan dijo las palabras por las que había pasado años esperando. Es solo que cuando finalmente llegaron, fueron totalmente diferentes de como creyó que serían.

—Yo sí volví.

 

 

Si Shen Jiu fuera un poco más dramático e idiota, se habría bajado de automóvil tan pronto como Yue Qingyuan terminó con su explicación. Pero la lluvia seguía cayendo con fuerza y aquello no era una estúpida serie de televisión donde la protagonista caminaría bajo la lluvia hasta casa. Había más de cincuenta kilómetros de distancia entre el orfanato y su residencia, y Shen Jiu no quería morir por hipotermia, muchas gracias. Lo que implicó un tenso viaje de dos horas en silencio por la carretera, lo que estaba bien para Shen Jiu, quien tenía mucho en lo que pensar.

Uno de los pilares sobre los que se había cimentado su vida entera, se había derrumbado en tan solo unos minutos y todavía estaba luchando por ponerse a resguardo en el desequilibrado resquicio de verdad que quedó tras el desastre. Mentiras y malos entendidos, tantos que le hacian doler la cabeza solo de pensarlo.

No se despidió de Yue Qingyuan cuando llegó a casa y éste no lo presionó para hacerlo; tan solo se marchó con la promesa de volver si le necesitaba. Pero Shen Jiu solo quería estar solo en ese momento, no se le escapó la ironía de aquel deseo, le hizo querer golpear algo. Camino como entumido por los silenciosos pasillos de la casa, encendiendo las luces a su paso y dejando un desastre con sus ropas aun escurriendo agua.

Teniendo tanto con lo que lidiar, tuve que apagar su mente por un momento, tan solo unos minutos; mientras tomaba un baño de agua caliente y comía un refrigerio tardío. La verdad es que sentia el estomago demasiado apretado para comer bocado, pero sabia que saltar comidas a la larga solo le causaria mas dolores de cabeza.

Era bastante entrado en la noche cuando se metió en la cama intentado por todos los medios dormir, pero sabiendo que no lo lograría. El entumecimiento al que se había sufrido para soportar las actividades mundanas que había llevado a cabo anteriormente, finalmente desaparecía convirtiendo una conciencia aún mayor de lo que había descubierto.

Le llenó de una furia y una frustración increíble, pensó que también había un ligero abatimiento, aunque en la oscuridad de su habitación, con los ojos cerrados literal y metafóricamente, se obligó a ignorar eso último.

El recuerdo de aquellos días tan solitarios adquiriría una nueva perspectiva ahora, no mejor, solo nueva. La sonrisilla de satisfacción del entonces director del orfanato cuando vio a Shen Jiu amargarse más cada día y la creciente lista de tareas por las tardes obtuvo cobrar sentido ahora y ver con repugnante claridad pudo el significado detrás de tales acciones.

Siempre había sabido que el hombre le odiaba tanto como Shen Jiu le odiaba a él, es solo que nunca imaginó que Qiu Jianluo se atrevería a tanto. Un breve deseo de venganza ardió en su interior, pero fue apagado con bastante rapidez al recordar que el hombre en cuestión, estaba muerto desde hacía años; Shen Jiu lo sabía con certeza porque había acudido al funeral con el único propósito de escupir sobre su tumba. Ese habia sido un dia feliz.

Era un trato justo, pensado. Que el hombre que había hecho de su infancia miserable cuando aun vivía, lograra darle felicidad con su muerte. Todavía, podría vivir mil vidas y Qiu Jianluo no sería capaz de recompensarle en su totalidad; muchos de los errores que le pertenecían habían sido atribuidos a quienes no podían y ahora, estos regresaban para explotarle a la cara a Shen Jiu.

Ahora, tampoco podía culparlo de todo; en aquella extraña triada en la que se habían visto envueltos, cada uno contaba con su propia cuota de culpas para cargar. La de Qiu Jianluo solo había sido la piedra angular sobre la que se cimentaron los demás, y todo había comenzado el día en que la relación de Yue Qingyuan y Shen Jiu se comenzó a fragmentar.

Aquella mañana en específico, la sombra de lo inevitable se había cernido como un ave de presa sobre Shen Jiu, quien lo había visto venir pero no había podido hacer nada al respecto. El rumor de un niño que pronto sería adoptado había estado circulando desde hacía días en el orfanato y el lugar, que solía ser tan silencioso como un sepulcro, había estado bullendo con los susurros de los otros niños que chismorreaban como si de ello dependiera su vida .

Shen Jiu había sido consciente desde un inicio de la identidad del niño en cuestión, pero haciendo de la vista gorda, eligió fingir que el problema no era real, no aun. Sin embargo, aquello terminó siendo contraproducente y la mañana en que la pareja que adoptaría se presentó en el orfanato, todo aterrizó de golpe en su vida para volverse una realidad.

Yue-qi se había ido toda la mañana, perdiéndose el almuerzo y las clases matutinas, lo que significaba que probablemente ya debería haber ido para entonces. Excepto que Yue-qi se había negado a hacerlo sin antes despedirse de Shen Jiu. Qué tontería , había pensado éste en aquel entonces, porque las despedidas solo lo empeoraban todo. Pero aun así acudió cuando fue llamado fuera de clase y se dirigió con una prisa mal disimulada a la oficina del director donde le esperaban.

Recordaba haber tomado unas cuantas respiraciones antes de entrar, intentó no pensar en nada, pero al mirar el familiar tallado de la puerta, a su mente llegó la imagen de días más tranquilos con Yue-qi sentado a su lado intentando captar algo de la música delinterior. Cuando entró a la oficina, solo Yue-qi le esperaba, el resto había salido para darles un último momento a solas y Shen Jiu de mala gana lo agradeció en su interior.

Yue-qi le miró expectante, queriendo que Shen Jiu (siempre Shen Jiu) diera el primer paso. Pero todo lo que Shen Jiu quería era dar rienda suelta al acumulo de emociones negativas que comenzaban a fermentarse en su interior, listas para estallar cual volcán en erupción.

Su lado más razonable sabía que era una especie de tontería estar molesto por algo así. Incluso si se habían prometido abandonar juntos ese lugar, todavía no había mucho que pudieran hacer; eran solo niños, todas esas grandes decisiones estaban fuera de su control aún. No era culpa de Yue-qi haber sido elegido para irse y tampoco era su culpa que Shen Jiu fuera considerado un problema demasiado grande como para contar con la misma suerte.

Nada de aquello era su culpa y aun asi existia una opresion en su pecho que se hacia mas y mas pesada con cada respiracion; una sola palabra burbujeaba en su mente silenciando a todo lo demás.

TRAICI-Ó-N

Ocho palabras, cuatro consonantes y cuatro vocales. ¿Era ese realmente el término correcto para usar? ¿O era solo que necesitaba aferrarse a esa idea para tener un ancla a la cual sujetarse tras la inminente partida de su Yue-qi? No debería haber lugar para sentimientos amargos, se dijo que debería alegrarse, de la misma forma en que Yue-qi siempre se había alegrado por él. Y lo hacía, en el fondo y bajo toda aquella capa de inseguridades y miedos, creía que se alegraba de verlo conseguir algo mejor.

LEALTAD

Siete palabras, cuatro de ellas consonantes y las otras tres vocales. Ese era un término que comprendía y uno que practicaba con regularidad. La firme lealtad los había mantenido unidos a ambos a través de momentos difíciles, y esperaba en secreto, que los mantuviera unidos incluso ahora.

Excepto que en ese entonces, Shen Jiu había hecho todo lo posible para demostrar lo contrario. Porque todos sus buenos deseos estaban demasiado en lo profundo para alcanzarlos en ese momento y de todos modos su temperamento siempre habia sido mas explosivo que ponderativo a esa edad.

—Lárgate si es lo que deseas —le había gritado Shen Jiu a Yue-qi cuando éste le dijo que se iba.

Se había sentido herido, olvidado. Porque la única persona en quien confió para tener siempre a su lado se estaba yendo al igual que todos a su alrededor hacían. No importaba si Yue-qi, no, era Yue Qingyuan ahora. No importaba si él había prometido volver tanto como pudiera y visitarlo cada que se lo permitieran; en ese momento todo lo que Shen Jiu sabía era que debía asegurarse de lastimarlo antes de que Yue-qi lo hiriera a él.

— ¿Quién dijo que quiero volver a verte luego de esto? —La boca de Yue Qingyuan se había contraído en una mueca herida y todo lo que Shen Jiu sintió fue pura satisfacción— mejor que no vuelva a verte en absoluto.

Hiérelo , había susurrado en su cabeza una voz que reconoció como propia, hazle sentir tu dolor .

Y lo hizo, arrojó cada comentario malsano que se le ocurrió y cuando aquello no fue suficiente, usó la culpa y sus promesas rotas como un arma también. Fue solo cuando se quedó sin más palabras para lanzar que se detuvo, Yue Qingyuan no se defendió, pero tampoco dijo nada más.

Permanecieron en silencio, con Shen Jiu cambiar la espalda para evitar otro arrebato. Y cuando el fuego que lo había dominado comenzó a enfriarse, el arrepentimiento tomó su lugar, porque tal vez se había excedido y en realidad no quería tomar caminos separados con Yue Qingyuan aún.

Era demasiado orgulloso para admitirlo y disculparse, pero tal vez uno de sus característicos comentarios sarcásticos bastaría para remediarlo todo, y ¿no era Yue Qingyuan quién mejor le conocía en el mundo? Él definitivamente entendería que su arrebato de furia había sido solo eso, un momento de exaltación. Todo lo que tenía que hacer Shen Jiu era darse la vuelta y hablar, pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo. Porque Yue Qingyuan ya comenzaba a alejarse.

Había tan solo unos pasos de distancia entre ellos, pero ninguno se atrevió a cruzarlos. Yue Qingyuan salió por la puerta de la oficina y se dirigió a la nueva vida que le esperaba. Shen Jiu solo se había quedado allí, mirándolo irse y deseando que no lo hiciera.

Siempre deseando, pero nunca actuando.

Los días siguientes habían sido difíciles, Shen Jiu se mantuvo tan apartado de los otros como solía hacerlo. Comía y realizó sus deberes en solitario, evitó hablar aún menos de lo que ya lo hacía en sus clases y tocó su violín con menos entusiasmo que de costumbre. Estaba furioso, porque Yue Qingyuan se había ido antes de que terminara su conversación, pero también un poco herido porque no hizo más por remediar las cosas.

Al menos tenga otra oportunidad más adelante. Shen Jiu se consoló con la promesa de que Yue Qingyuan le había hecho sobre volver. No todo estaba perdido aún, solo necesitaban hablar, algo que hasta entonces nunca había sido un problema entre ellos. Así que Shen Jiu esperó con una paciencia inusual en él, contando los días en secreto e impacientándose con cada día perdido en que Yue Qingyuan no se apresuró a regresar.

Sabía que no era común que los niños que abandonaran el orfanato regresaran tan pronto o en absoluto, pero incluso para el chico que le había conseguido un violín, no creía que representaría un gran problema hacerlo. No tardaría, estaba seguro de ello, probablemente Yue Qingyuan solo necesitaría algo de tiempo para adaptarse a su nueva vida antes de poder regresar a Shen Jiu.

Se negó a creer que se había ido para siempre, en esos primeros días no quiso pensar en que se había olvidado tan fácilmente de él. Pero siempre que tenía un mal día a su mente volvían las palabras que le había dicho el día de su partida, ¿las habría creído su Qi-ge? ¿Es por eso que no había vuelto aún?

Un mes fácilmente vino y se fue, con Shen Jiu apostado a la ventana de uno de los salones prohibidos para los niños, miraba a la puerta esperando para ver una silueta familiar acercándose para visitarle específicamente a él. Usaba cada espacio libre (que en ese entonces no era mucho) de sus actividades habituales y de las actividades extra que Qiu Jianluo había comenzado a imponerle últimamente, para mirar por la ventana en busca de la única persona a la que realmente quería ver.

Pero Yue Qingyuan nunca volvió y pasados los primeros dos años, Shen Jiu se cansó de esperar. Abandonó su puesto de vigía en la ventana y aplastó toda pizca de esperanza que había en su interior, se aferró a la furia que le había servido de apoyo antes y la avivó hasta quemar todo rastro de tristeza. Se refugió en su violín, en la música que conocía y que tan fácilmente venía a él. Ignoró el recuerdo de Yue Qingyuan escuchándole atentamente tocando durante las clases de música, de ellos compartiendo sus tardes en un almacén vacío bajo la amenaza de un castigo si eran descubiertos o de él compartiendo de su postre porque de todas formas no me gusta el chocolate, puedes tomarlo Xiao Jiu. Y si había días en los que todo parecía demasiado y Shen Jiu se refugiaba en la ventana donde había hecho de vigía en el pasado, entonces ese era asunto suyo y de nadie más.  

Shen Jiu había crecido llenándose de un resentimiento infundado durante diez largos años en ese orfanato, creyendo que Yue Qingyuan lo había olvidado; desechado igual que un juguete viejo en el que había perdido el interés. Y solo ahora, casi demasiado tarde, descubría que no había sido así.

Porque Yue Qingyuan le dijo que había vuelto, tan pronto como sus nuevos padres le dieron la oportunidad de hacerlo. Regresó al orfanato en busca de Shen Jiu, esperando que la furia que lo había gobernado ese día ya se hubiera disipado, Yue Qingyuan había vuelto con la esperanza de hablar y resolverlo todo, porque Shen Jiu también era la persona que más le importaba en el mundo y no estaba listo para dejarla ir.

Excepto que la aparente ira de She Jiu no se había extinguido en absoluto, su Xiao Jiu se negó a hablar con él oa tan siquiera verle. Eso estaba bien, tal vez solo requería más tiempo para tranquilizarse, antes de estar listo para hablar, Yue Qingyuan le daría tanto tiempo como fuera posible.

Pero los meses pasaron y Shen Jiu todavía no quiso hablar con él, eso fue lo que Qiu Jianluo le dijo a Yue QIngyuan siempre que se paró a las puertas del orfanato para preguntar. Como ya no era un residente del orfanato, no había forma de que se adentrara para buscarlo por sí mismo y sus nuevos padres no le dieron oportunidad tampoco, llevándolo de nuevo a casa tan pronto como les dieron una negativa que había pasado a volverse viejo demasiado pronto.

No lo entendía, sabía que Shen Jiu había estado más molesto de lo que lo había visto alguna vez, herido y traicionado incluso, pero todavía, creyó que no había nada que no pudiera resolverse entre ellos, ¿es que tal vez no le conocía tan bien como pensado? Quizá su Xiao Jiu había ido en serio cuando dijo que no quería verle otra vez, el mero pensamiento le dolió.

Yue Qingyuan era persistente, pero su nueva familia no. Pasado el primer año de intentos infructuosos decidir dejar de llevar. Ya harían nuevos amigos, dijeron, como si Xiao Jiu fuera alguien fácilmente reemplazable. Eres joven aún, lo olvidarás pronto , argumentaron, como si el ser joven invalidara sus sentimientos. Yue Qingyuan ignoró cada intento de consuelo y cuando se negó a llevar hasta el orfanato, escapó de clase y tomó el transporte público hasta el lugar.

No solo era persistente, sino que también era impulsivo. Yue Qingyuan se negó a aceptar la negativa de Qiu Jianluo ese día, hablaría con Shen Jiu incluso si éste no quería escucharle y si pese a todo aún no quería verle después, entonces lo dejaría en paz. Pero su conversación nunca ocurrió, porque luego de colarse hacia el área de niños y correr por el pasillo en dirección al almacén donde habían compartido tantas veces antes el almuerzo y donde sabía que estaría Xiao Jiu a esta hora del día, fue atrapado por Qiu Jianluo y expulsado de vuelta al recibidor.

No importaba, un vistazo rápido le había revelado que Xiao Jiu no estaba allí, que el director no había mentido al respecto y que su Xiao Jiu estaba tan en contra de verlo que se había escondido en algún lugar desconocido antes de que fuera obligado a reunirse con el. Yue Qingyuan no lo sabía, pero Shen Jiu había sido enviado esa tarde a los jardines por Qiu Jianluo para recoger el montón de hojas que habían comenzado a caer desde los árboles. Por lo que nunca tuvo realmente la oportunidad de reencontrarse.

Sus padres llegaron no mucho después, listos para reprenderlo por su escape, pero al verlo tan decaído simplemente le llevaron a casa. Fue tan solo dos semanas después que se mudaron a un lugar muy lejos de aquel sitio y Yue Qingyuan perdió toda oportunidad de regresar con Shen Jiu. Al menos por un largo tiempo.

Por su parte, cuando Shen Jiu, aún sin ser adoptado, cumplió la edad suficiente para abandonar el lugar, lo hizo sin dudar, lo único que quizás le causó desasosiego siendo tener que despedirse del violín que nunca había sido suyo realmente pero del que se había encariñado rápidamente. Abriendo paso como pudo, consiguió dos trabajos horribles en los que debió lidiar con gente tonta, pero que le dejó lo suficiente como para tener un departamento pequeño y apenas habitable. Haciendo rendir la comida y ahorrando todo lo que podía, modificar comprar su propio violín años más tarde; un Windsor acústico hecho de negra madera de ébano, con el que aplicaría para una beca en una universidad que le ayudó a aprender de música de forma profesional.

No fue sencillo, porque nada que valiera la pena lo era, pero sobrevivió al desafío y destacó en lo que hacía. Entre escasas horas de sueño, el trabajo y las clases, se abrió paso de a poco hasta la cima que quería alcanzar. Los años pasaron tal y como resultó y cuando parecía que el mundo comenzaba a conspirar a su favor, su pasado volvió para alcanzarlo. Y así, su último año de universidad, la sombra que le había seguido desde la infancia tomó sustancia y solidez hasta pintar la forma de Yue Qingyuan.

Fue una mera casualidad que se encontraran. Cuando Shen Jiu no consiguió la última de las copias de un libro sobre la música en la sociedad renacentista en la biblioteca de la universidad, tuvo suerte en la biblioteca pública para ahorrarse la molestia de trabajar en equipo con alguien más. Se arrepintió tan pronto como descubrió que Yue Qingyuan tenía un trabajo de medio tiempo en el lugar.

Por un segundo se había sentido demasiado aturdido para hacer algo cuando le vio, sin creer del todo la imagen que sus ojos tenían ante sí. Pero pasada la sorpresa, vino la llamarada de ira que sabía que había alimentado por años en su interior, una cosa fea y viscosa que crecía como un parásito del que nunca pudo destruir. Junto a eso, estaba la necesidad primaria de darse cuenta de la vuelta y huir, demasiado desequilibrado para hacer frente a la situación en ese momento, necesitaba de un momento a solas para pensar en lo que quería hacer al respecto.

No tuvo tanta suerte, Yue Qingyuan se había acercado para hablar en cuanto lo vio y tan pronto como las palabras amables, siempre amables, salieron de su boca, Shen Jiu sintió al parásito removerse con saña contra sus órganos.

—Xiao Jiu —había dicho— ¿realmente eres tú?

Yue Qingyuan actuaba como si nada hubiera pasado. Como si no se hubiera ido y lo hubiera abandonado por años, como si todo entre ellos estuviera bien y ésta fuera una reunión entre viejos amigos que coincidieran en sus vidas por una maravillosa segunda vez. Excepto que ellos no eran amigos. No era nada el uno del otro, no más.

Shen Jiu había sido seco, sino grosero, en sus respuestas evasivas, no queriendo hacer un escándalo en la biblioteca de todos los lados, pero deseando poner fin a la conversación cuanto antes. Su pulso era demasiado rápido, prácticamente sintiendo el latido de la sangre al correr por la vena palpitante de su frente, y había un temblor en sus manos que intentaba ocultar por todos los medios necesarios. Yue Qingyuan había seguido hablando sobre tonterías de haberlo estado buscando, pero Shen Jiu no escuchaba, porque un dolor de cabeza había comenzado a molestarle en las sienes y de todas formas no tenía sentido molestarse con oír mentiras . Creí que arreglarlo, él había dicho y Shen Jiu hubo que había tenido suficiente y salió caminando tan rápido como pudo del lugar, ignorando los llamados silenciosos a su espalda.

Todo había ido en picada desde allí.

Lo curioso de saberse en el mismo sitio que otra persona, es que de pronto pareces encontrarlo en cada lugar. Yue Qingyuan le buscó activamente para hablar a partir de entonces y aunque en su primer encuentro con Shen Jiu ni siquiera le dio la oportunidad de explicarse, una vez aclarados sus pensamientos y semanas más tarde cuando se volvió a encontrar, Shen Jiu estuvo dispuesto a darle una oportunidad, a permitirle volver a su vida porque sin importar cuanto tratara de negárselo todavía quería a Yue Qingyuan en ella.

Había una parte de sí mismo que siempre se odió por eso, por necesitar de alguien que claramente no compartiera el sentimiento; sabiendo que toda esa ira que cargaba dentro no era más que una tapadera de sus verdaderos sentimientos, pero estando demasiado aterrado para reconocerlo abiertamente. Era sabido que incluso los más fuertes podían llegar a flaquear y Yue Qingyuan siempre había sido una especie de punto débil para él. Sin embargo, cuando Shen Jiu pidió por una explicación escuchar, todo lo que recibió a cambio fueron un montón de disculpas que no quería.

Lo sospechan en una especie de patrón desagradable entre ellos, con Yue Qingyuan disculpándose cada vez y Shen Jiu odiándole un poco más por ello. Con Yue Qingyuan creyendo que Shen Jiu le odiaba por haber tomado una vida diferente a la que habían planeado juntos y con Shen Jiu dolido por la facilidad con la que le habían olvidado en el pasado. ¿Por qué se disculpó siquiera? ¿Por qué ahora y no cuando Shen Jiu lo necesitó en aquellas tardes de soledad en el orfanato?

Yue Qingyuan se había estado disculpando por las cosas incorrectas, eso Shen Jiu lo sabía ahora. Y Shen Jiu le había estado culpando por las cosas incorrectas también. Si hablaron correctamente entonces, con Yue Qingyuan haciendo algo más que pedir disculpas y Shen Jiu pidiendo explicaciones con algo que no hubo palabras cortantes y oraciones venenosas, demostrando que estaba realmente dispuesto a escuchar y comprender. Pero ambos habían sido demasiado jóvenes aún y tan llenos de sentimientos que nunca aprendieron a comunicar del todo.

Con tantas cosas fraguándose dentro de Shen Jiu en aquel entonces, en un revoltijo indiscernible de comenzar a descifrar, era agotador incluso pensar en intentarlo. Solo quería no tener que pensar; por minutos u horas, la necesidad de un respiro de todo aquel embrollo era tan fuerte que dolía físicamente.  

Y entonces, un día simplemente fue demasiado. El último intento desesperado de Yue Qingyuan por disculparse terminó en otra pelea como se había vuelto tan habitual entre ellos. Comenzó como siempre, con Shen Jiu acusándole de irse para nunca volver, sin saber que no era así, que nunca fue realmente así.

—Te fuiste — y era sorprendente la cantidad de emoción que podía haber en tan solo dos palabras.

—Xiao Jiu...

-No. Te esperé, año tras año, tras año, cada maldito año más largo que el anterior, prometiste quedarte, pero cuando busqué por ti, ¿dónde estuviste entonces?

Era verdad, pero al mismo tiempo todo estaba mal. Porque Yue Qingyuan había vuelto, una y otra vez. Pero Shen Jiu no lo sabía entonces, no lo sabía y aquello fue lo que los condenó a los dos. Yue Qingyuan no se defendió, nunca lo hacía, defendió las palabras que entendía como una verdad irrefutable. Pero cada uno se comunicaba en su propio idioma y prescindía de su propia conversación.

Shen Jiu dijo “ me olvidaste” , pero todo lo que Yue Qingyuan escuchó fue un “ me traicionaste” . Y era cierto pensado, había elegido irse con una familia diferente a la que había tenido en el orfanato junto a Shen Jiu, pero había pensado que él lo entendería, que lo perdonaría por cambiar sus planes cuando descubriera que final seguiría siendo él mismo, ellos dos contra el mundo, siempre juntos.

—Lo siento —dijo, no creí que mi decisión te lastimaría así , fue lo que intentó decir con ello.

Porque sin importar cuantas veces hubiera vuelto al orfanato en aquellos días, todavía volvería a irse después. Yue Qingyuan comprendió, o creyó hacerlo, que aquello no había sido suficiente para Shen Jiu.

—Eso pensé. Pero te ya te lo dije una vez, que tus disculpas no valen nada, que tus buenas intenciones no me sirven en absoluto y que tu desesperada necesidad de regresar a cómo eran las cosas antes es increíblemente molesta.

—No busco regresar a como era todo antes.

No creo que sea posible incluso, ¿puede incluso algo que se ha roto a tal extremo, tener posibilidad de reparación?

— ¿Qué es lo que quieres entonces? —había gritado Shen Jiu, exhausto de aquella repetitiva conversación, cansado de aquel sentimiento de desolación que quedó después. — Ya me olvidaste una vez, ¿por qué no puedes hacer lo mismo ahora y me dejas vivir mi vida en paz?

—No busco reparar lo nuestro, porque sé que es tarde para eso y que no lo merezco —le había herido tanto, a la única persona a la que nunca quiso lastimar, incluso si Shen Jiu le perdonaba, ¿podría Yue Qingyuan perdonarse a sí mismo por causarle dolor? —Sé, que sin importar todas las explicaciones que pueda darte, al final del día no son más que excusas. Y lo se. Sé que perdí mi oportunidad, el derecho de interferir en tu vida desde hace mucho tiempo y está bien, es mi propio error con el que lidiar en soledad. Xiao Jiu, te prometo que este no soy yo interponiéndome en tu felicidad, solo trato... yo quiero… quiero estar seguro de que estarás bien.

Porque le preocupaba, siempre lo haría. Y no importaba si Shen Jiu lo odiaba, mientras pudiera asegurarse de que él estaba bien, mientras pudiera cuidarle como no pudo hacerlo en el pasado.

—No necesito de preocupación y ciertamente tampoco la quiero.

Más cosas hirientes habían sido dichas en el calor del momento luego de eso. Y al final de toda aquella discusión fue Shen Jiu quien se marchó, alejándose como Yue Qingyuan una vez lo había hecho, y aunque quiso seguirlo, Yue Qingyuan permaneció en su lugar. Porque allí, en los ojos de su Xiao Jiu, que en un pasado le habían sido más familiares que los propios, había visto bajo todo aquel desprecio, el destello de dolor que le generaba a Shen Jiu tan siquiera hablar con él. Vio con toda claridad que la herida que había dejado en él con su partida, era incluso más profunda de lo que Shen Jiu había dejado ver que era con anterioridad. Fue entonces cuando pensó, que tal vez su propio deseo egoísta de quedarse en la cercanía de Shen Jiu, no era lo correcto para hacer y se alejó.

De nuevo interpretándole mal; demasiado cegados por sus propios sentimientos para ver la verdad. A lo largo de su relación, sus encuentros siempre habían estado plagados de un montón de malentendidos que no hacían más que aumentar en. A Yue Qingyuan le dolió dejar ir a Shen Jiu luego de haberlo encontrado al fin, y Shen Jiu se sintió herido cuando Yue Qingyuan se volvió a alejar, pero enterró su tristeza al igual que hacía con todo lo demás.

Se enfocó en lo importante, se concentró en su música y en lo que le hacía sentir, porque la emoción que le provocaba tocar el violín bastaba para sofocar el dolor que parecía nunca desaparecer.

Funcionó por un tiempo, fingir que no sintió nada para no tener que lidiar con ello. Pero lo que pasa con las mentiras es que no son eternas y la de Shen Jiu eventualmente alcanzó su fecha de caducidad. La pena y la ira que se habían unido para hacerse en hueco en su estómago crecieron como un cáncer que se extendía por todo su cuerpo, carcomiendo su carne y destruyéndolo todo a su paso.

La mezcla alquitranosa de sus emociones le ahogaba y todo lo que Shen Jiu podía hacer era tocar su violín para intentar expulsar un poco de ello antes de que terminara por hundirlo. Nunca sería suficiente, pero bastaría para mantenerle con vida.

Solo ahora, años más tarde (porque tarde era la única constante que parecía ajustarse a sus vidas), Shen Jiu descubrió que todo aquello había sido necesario. Todo lo que había considerado como una verdad absoluta resultó estar cimentado sobre un montón de endebles mentiras que comenzaban a tambalearse desestabilizando la endeble estructura que era la realidad de Shen Jiu. No sentí verdadero arrepentimiento, porque sentirlo era inútil y no cambiaría nada, pero todavía no pudo evitar preguntarse ¿cómo pudo ser diferente si hubieran sabido la verdad?

Nuevamente, la verdad llegó demasiado tarde, había estado preparado para un último golpe que lo derrumbara cuando pidió a Yue Qingyuan una explicación, en cambio había recibido una verdad que lo dejó sin saber que hacer a continuación. El conocimiento de lo que en realidad pasó no borraba lo ocurrido y aunque el odio (que no se desvaneció, porque algo que había ido alimentado por tanto tiempo no se iría de la noche a la mañana) se había re direccionado hacia la persona correcta, Shen Jiu siguió sin saber dónde los dejaba eso a Yue Qingyuan ya él.

Sabía lo que quería, pero estaba inseguro acerca de tomarlo incluso si el universo parecía conspirar para dárselo. Requería tiempo, para pensar y asimilarlo todo. Eso estaba bien, y así, cuando tomara una decisión, sabría que fue la correcta. Esperaba que fuera la correcta.

 

 

La noche del evento en el orfanato, el lugar estaba envuelto en su propio mundo de caos. Los invitados descansaban sobre los asientos colocados cuidadosamente en el salón más grande del lugar, miraban a la pequeña tarima improvisada donde los niños tocaban música, interpretando orgullosos la melodía que habían aprendido en sus clases. Ellos habían insistido en abrir el evento, al que se presentarían siete concertistas en total, con Shen Jiu dando cierre al programa de forma estelar.

El problema era que Shen Jiu no se había presentado en el lugar aún, su celular parecía estar apagado y Liu Qingge no pudo convencerlo de abrir la puerta cuando fue a buscarlo el día anterior. Mentiría si dijera que no estaba preocupado, después de todo un incumplimiento de contrato era un montón de papeleo con el que nadie quería lidiar, pero también, bajo todos aquellos comentarios groseros y pequeñas burlas, Liu Qingge se preocupaba por él.

Preguntó a Yue Qingyuan si sabía algo, porque la última persona que con toda seguridad debió hablar con Shen Jiu, era él. Pero Yue Qingyuan solo negó con la cabeza y le dijo que le diera tiempo. Shang Qinghua dijo que probablemente podrían arreglárselas sin su acto principal de la noche, pero no sonó muy convencido al respecto.

Era frustrante esperar, nunca había sido realmente su fuerte, pero es todo lo que Liu Qingge pudo hacer cuando se vio obligado a no abandonar el lugar, era una cuestión de ética personal, si la persona a la que representaba no daba la cara, lo mínimo que podía hacer era darla en su lugar. Pero todo lo que quería era irse y asegurarse de que Shen Jiu estaba bien.

Sin embargo, la vida rara vez te daba lo que querías simplemente por el hecho de desearlo y así Liu Qingge escuchó uno tras otro a cada uno de los interpretes del concierto. Hubo un pianista, dos mujeres que tocaron el violonchelo y un flautista; todos tocando increíblemente bien. Pero conforme la noche avanzaba y cada uno obtenía su turno en el escenario, quedó claro que no había ningún violinista en el grupo, pese a que debería de haberlo. A tan solo dos actos más, el de la mujer con arpa y de otra con un clarinete, antes de la presentación de Shen Jiu, éste no había llegado y su violín permanecía en su estuche dentro del auto de Liu Qingge.

Comenzaba a inquietarse, su ya de por sí escasa paciencia llegando su fin, estaba considerando seriamente dejarlo todo y buscar a Shen Jiu cuando un jaleo repentino llegó desde donde los organizadores del evento y Yue Qingyuan se encontraban. Liu Qingge se acercó curioso y preocupado de que pudiera haber algún problema, pero lo único que encontró al llegar fue a la persona causante de su actual estrés.

Shen Jiu se hallaba parado frente a Yue Qingyuan, debía de haber corrido al menos un tramo desde la entrada del orfanato hasta el salón, pero lucía tan impecable como si acabara de salir de su camerino, lo único que lo delataba era el leve subir y bajar de su pecho al tratar de calmar su respiración agitada. Liu Qingge quiso acercarse de inmediato, si para reñirle por llegar tarde y no responder a sus llamadas o para preguntarle si estaba bien, todavía no lo tenía muy claro. Pero se detuvo a medio camino cuando comprendió que los demás se habían alejado para darle un momento a solas con Yue Qingyuan.

Ambos hablaban en voz baja, por lo que Liu Qingge no podía escuchar lo que decían, aunque parecía ser algo importante. Se paraban cerca el uno del otro, pero no se tocaban entre sí y sus rostros normalmente serenos desbordaban de emoción. Cuando Shen Jiu dio un paso al frente y Yue Qingyuan alargó la mano para acunar su rostro con la ternura propia de un amante, Liu Qingge se dio la vuelta y regresó a su lugar anterior, dándoles un poco de privacidad y llevando consigo la tranquilidad de que incluso si era solo por ese momento, Shen Jiu parecía estar bien, que era lo único que realmente le importaba.

Su decisión demostró ser la correcta y no mucho después, Shen Jiu subía al escenario con su violín. Se paró al centro de la tarima y colocó el instrumento en posición, antes de dar un vistazo al público y sonreír cuando encontró a la persona que buscaba. No era una gran sonrisa de oreja a oreja o una pequeña y discreta como las que Liu Qingge le había visto hacer cuando algo le hacía gracia. La sonrisa era más bien privada, casi tímida incluso, con la esquina de sus labios curvándose apenas unos centímetros, tan poco visible que si no hubiera estado tan cerca del escenario no la habría visto en primer lugar.

Desde los asientos que figuraban en primera fila, vio a Yue Qingyuan devolver el gesto de una manera más abierta. Y luego Shen Jiu comenzó a tocar, era una pieza vieja y no una interpretación como habían considerado hacer en primer lugar. Aquella era una de las composiciones propias de Shen Jiu, una melodía tan diferente de las otras de su autoría por su tinte más bien melancólico y nostálgico. No era triste en absoluto, como uno se figuraría que sonaría al ser interpretado con un violín.

Había tal deje de paz en sus movimientos y una calma en su expresión que Liu Qingge no creía haber visto en su rostro nunca en los años que llevaban de conocerse. Las personas escuchaban atentas, algunas de ellas conmovidas, e incluso Liu Qingge que sabía la mecánica de la música pero que nunca llegó a comprender del todo la pasión con que algunos tocaban, pudo ver enlazado a la melodía, el sentimiento de esperanza que Shen Jiu intentaba transmitir con ella.

 

...

 

El viento fresco que se filtra por la abertura de la ventana del auto, agita el cabello demasiado largo de Shen Jiu, arrojándolo sobre su cara de una forma molesta. Ha sido así durante las últimas semanas y aunque está decido a cortarlo para resolver el problema, siempre termina olvidándose de hacerlo.

Siempre podría subir la ventanilla, pero disfruta demasiado de la sensación de llenar los pulmones con esa brisa fría y de la calidez  de los rayos de sol en pleno verano que acarician su piel relajándole hasta volver su cuerpo de gelatina. Música suave se reproduce a un bajo volumen dentro del automóvil y aunque no la escucha realmente, está cómodo con el ruido de fondo que proporciona.

A su lado Yue Qingyuan conduce con la vista atenta a la larga carretera casi vacía a excepción de otros tres autos. La luz que lo perfila le sombrea el rostro y agudiza su barbilla, lo que Shen Jiu piensa que le queda bien. Sus manos se entrelazan junto a la palanca de cambios y una sensación de completa calma los envuelve a los dos mientras se dirigen a donde sea que Yue Qingyuan tiene planeado ir esta vez.

Sus escapadas del trabajo no son una sorpresa para nadie en este punto, pero Shen Jiu mentiría si dijera que no disfruta de la emoción que viene con el no saber que saldrán hasta estar en camino. No le preocupa la dirección que tomen, porque Yue Qingyuan le conoce y sabe que lo que sea que haya preparado para ambos no será algo que le pueda desagradar.

Es uno de esos días fáciles en los que su mayor preocupación es no llevar suficiente protector solar o un calzado adecuado, cuando parece que la buena suerte existe y está jugando a su favor. Es bueno, más de lo que cabría imaginar y Shen Jiu se encarga de disfrutar cada segundo de ello como si fuera el último.

No cree que lo sea, pero a veces, cuando los días malos llegan, le sirven como un recuerdo de que lo peor pasará. Las cosas no se resuelven mágicamente de un día para otro y eso es algo que le ha quedado claro a lo largo de todos esos años, pero internarlo ayuda a lograr sobrellevarlo.

Con Yue Qingyuan todavía hay momentos en los que necesitan apartarse un poco y permitirse su espacio, donde las heridas del pasado se reabren y comienzan a sangrar, nada demasiado grave, pero lo suficiente para generarle ese escozor tan familiar. Esos días Yue Qingyuan le dará su espacio pero no se irá, han terminado de alejarse el uno del otro ahora; le conseguirá sus dulces favoritos y se sentará en alguna de las otras habitaciones de la casa que ahora comparten.

Hay días en las que por el contrario no quiere que haya espacio alguno entre ellos y es entonces cuando se sientan juntos para ver programas malos en la televisión; a Shen Jiu le gusta especialmente uno en el que se encargan de remodelar hogares y continuamente da sus propias opiniones sobre lo que cree que quedaría mejor. Yue Qingyuan a su lado solo lo escuchará mientras sigue comiendo palomitas, que en primer lugar Shen Jiu preparó para sí mismo pero, sí puedes tomar unas cuantas más.

A veces, Yue Qingyuan le acompaña a sus sesiones de terapia e incluso han organizado todo para tomar unas cuantas sesiones juntos. Le hace bien a ambos, les ayuda a limar algunas de las viejas asperezas que aún se niegan a desaparecer por completo.

No es perfecto, ni está del todo bien, pero a Shen Jiu le gusta creer que está en camino a serlo. Han comenzado a conocerse nuevamente el uno al otro, descubriendo las partes nuevas que no sabían que existían y decidiendo si le gustan o no. También hablan, mucho y de todo; fue como una regla no dicha pero establecida entre ellos, porque querían honestamente comprenderse sin la posibilidad de dar pie a malos entendidos otra vez.

Tres años más tarde, sus esfuerzos parecen haber rendido frutos y los días malos son cada vez más escasos.

— ¿Qué ocurre?

Yue Qingyuan da un vistazo rápido en su dirección antes de devolver su atención al camino, sonando curioso. ¿Qué ocurre? Nada. Todo. Es solo él siendo feliz.

Como si le leyera el pensamiento, Yue Qingyuan sonríe, y llevando sus manos aun entrelazadas a sus labios, deposita un beso corto en el dorso de la mano de Shen Jiu. El toque es suave y ligero, como terciopelo deslizándose en su piel, también es cálido y eso le gusta.

¿Qué ocurre? Nada. Todo. Es solo ellos siendo felices juntos.

 

Notes:

Como aclaraciones finales, me gustaría decir que no tengo ni idea de cómo funciona un orfanato o un evento de caridad, así que me tomé un montón de libertades con el asunto. También, SJ es algo OOC aquí, sobre todo porque finalmente recibió la terapia que todos sabemos que necesita, pero no profundice mucho en ello porque no quería darle una mala representación o abordar el tema de forma incorrecta.
Como dato curioso, la dirección de la carta pertenece a un lugar turístico en China.
Eso es todo!!