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Luego de la muerte de Oboro, la evolución de la amistad de Aizawa Shouta y Yamada Hizashi a una relación amorosa fue inevitable. Comenzaron a salir a mitad del segundo año y se mantuvieron juntos después de graduarse de UA; se mudaron a un bonito departamento compartido apenas pudieron dejar las casas de sus respectivos padres y se casaron a los pocos días de cumplir la mayoría de edad.
La sociedad está acostumbrada a ese tipo de decisiones, cuando las almas gemelas se encuentran, dadas su Química Perfecta, el surgimiento de una vida juntos es inminente. Sin importar si estuvieron en relaciones de años con otras personas dos días antes o si habían decidido no ceder ante el Click al conocerse; tarde o temprano, sin importar cuanto lo nieguen o cuanto intenten huir del destino, terminan juntas.
Por ello, sus padres estuvieron en desacuerdo cuando decidieron casarse; porque la dura realidad es que, a pesar de lo mucho que se aman y desean estar el uno con el otro, Hizashi y Shouta no son almas gemelas.
Lo supieron desde el inicio, cuando no hubo Click. Pero eso no les importa, habían tomado su decisión. Incluso se juraron que estarían juntos sin importar si algún día llegaran a encontrar a sus almas gemelas, lo único que podría separarlos sería si alguno quería alejarse por decisión propia.
La relación estuvo bien por quince años; la vida doméstica era buena, la intimidad tenía sus altibajos y tenían discusiones como cualquier pareja. Cuando alguno buscaba hablar con su familia respecto a sus discrepancias, solían decirles que lo mejor era separarse y esperar a sus verdaderas almas gemelas. Cuando entendieron que sus padres sólo los veían como chicos encaprichados, jugando a tener una relación, dejaron de hablarles sobre ellos. Sólo Nemuri los escuchaba y trataba con la seriedad que necesitaban.
A veces sentían que la gente en la calle los miraba como bichos raros cuando andaban de la mano, hubo lugares en los que les pidieron separarse porque incomodaban a los demás; no porque fueran una pareja gay, sino porque no eran almas gemelas. La química no miente, las personas pueden darse cuenta.
Entonces llega el terrible día en que Shouta conoció a su alma gemela.
Cuando All Might se presentó en una junta confidencial y se desinfló frente al grupo de maestros, sintió algo extraño en el ambiente. Cuando se miraron a los ojos por un instante, ambos lo supieron. Habían hecho Click.
Shouta había escuchado historias al respecto, y odio sentir todo eso y más; descubrió que había tenido frío toda su vida cuando su piel se calentó por primera vez, su cerebro segregó tantas hormonas, que no sabía que podía sentirse tan bien y vivo como en ese momento. La abrupta necesidad de tocarlo lo invadió, de pasar tiempo con él, conocerlo y descubrir si el efecto era permanente. Todo se sintió bien. Pensar en amarlo se sintió correcto. Si así se siente sólo encontrarlo, entiende porqué la gente deserta de sus relaciones.
Pero él no va a hacer eso, él no es así.
Así que se obliga a romper el vínculo que intentaba formarse entre ellos más tarde, cuando se quedan a solas en la sala de juntas. Se obliga a rechazar a All Might… A rechazar a Yagi Toshinori, cuando le confirma que el sentimiento fue recíproco.
Aunque sólo llevan unas pocas horas sabiendo el uno del otro, le duele escucharlo confesar que lo estuvo buscando toda su vida (poco más de veinte años más que la propia) y rechazar el afecto y compañía que le ofrece, le duele ver el corazón del rubio romperse en su mirada.
Y descubre que no se llega a ser el número uno sin un espíritu inquebrantable. Honestamente, se enamora un poco de él cuando acepta su rechazo sin intentar disuadirlo. Yagi sólo le pide dejarlo intentar ser su amigo y Shouta acepta.
Entonces ambos comienzan a convivir en el mismo espacio como si sólo fuesen dos colegas. Fingiendo no ser almas gemelas.
Y Shouta siente que se consume con cada día que se reprime; las ganas de ayudarlo cuando lo ve en aprietos, el querer tocarlo cuando accidentalmente se rozan y se siente vivo, aún sabiendo que si están muy cerca uno del otro sus aromas podrían mezclarse accidentalmente, buscando controlar su acelerado corazón cuando lo escucha reír sinceramente al otro lado de la habitación y las ganas de seguirlo cuando se va solo al final del día.
Shouta quiere acompañarlo. Shouta quiere besarlo. Shouta quiere amarlo.
Pero no lo hará. Juró a Hizashi, su mejor amigo y compañero de vida, que estarían juntos por lo más sagrado que tiene, y se juró a sí mismo no caer ante su alma gemela mientras siguiera amando a su esposo.
Entonces comienza a crear distancia con Toshinori, limita su amistad aunque le duela. Toshinori no lo entiende, pero lo acepta, sin ver que esa decisión le trae problemas a Shouta; sus uñas desaparecen entre sus dientes hasta sangrar por la ansiedad, duerme menos por la angustia de no saber dónde está Toshinori, tiene disfunción eréctil las noches que intentan tener sexo por su mal cuidado y, en su trabajo, el director le ha llamado la atención un par de ocasiones.
Hizashi se preocupa, pero Shouta le afirma que todo está bien. Es una mentira a medias, no lo está, pero espera estarlo en cuanto el tema de Toshinori pase. Incluso si, aún después de cuatro meses desde que se distanció de su alma gemela, sus problemas persisten.
No necesita estar con Toshinori, es feliz con Hizashi. Porque con él se acurruca a ver malas películas románticas mientras le acaricia el cabello cuando dormita en su regazo, con quien va todos los sábados a comprar despensa y pasan a la cabina fotográfica, donde consiguen una nueva tira para pegar en el refrigerador, con quien tiene citas sin importar si sus horarios no coinciden, con quién se acuesta en la cama y habla de todo hasta que ambos se quedan dormidos con las frentes juntas.
Es Hizashi a quien conoce. Toshinori puede ser su alma gemela, pero Hizashi es el amor de su vida.
Aún así, no puede evitar sentir que se le rompe el corazón cuando escucha que Toshinori comienza a tener citas, y ha congeniado bastante bien con un hombre que su alma gemela falleció hace unos años. Pero va a estar bien, se sentirá feliz de que esté conociendo gente nueva, porque él tiene a Hizashi; pero Shouta ha estado tan concentrado en sobrellevar su alejamiento de Toshinori, que no se dio cuenta de cuándo pasó.
No vio cuando Hizashi comenzó a llegar tarde e irse sin despedirse, o cuando las conversaciones se acortaron, ni cuando comenzó a cancelar citas. Tuvo más de un mes para verlo, pero no lo hizo. Hasta el segundo fatídico día: cuando descubrió que Hizashi había encontrado a su alma gemela.
Fue un sábado por la tarde. Cuando los vio afuera del departamento que compartieron durante diecisiete años, sosteniendo una maleta en una mano y a una desconocida en la otra, la cruda realidad lo golpeó.
Iba a dejarlo.
Entonces, todo el dolor y frustración, acumulado durante los últimos meses, que suplicaba por una salida, finalmente la encontraron.
—Hizashi, no me hagas esto. Juramos estar juntos.
El rubio ni siquiera es capaz de verlo a los ojos.
—Shou… Sé lo que dije entonces, y realmente quise decirlo en ese momento pero… todo es diferente ahora, tú has cambiado y yo… — la mujer atrae los ojos verdes a ella cuando pega feliz el rostro contra su pecho y el corazón de Shouta termina de romperse cuando ve a Hizashi sonreírle en respuesta.
—¡Nada es diferente!— grita, molesto y desesperado —Sigues siendo tú y sigo siendo yo, entiendo que…
—¡No, no lo entiendes! ¡No tienes la más remota idea de cómo se siente! ¡Si estuvieras en mi lugar tampoco habrías dudado ni un instante!
Shouta quiere gritarle que ya estuvo en sus zapatos y lo escogió a él, pero pierde la voz cuando el pesar le obstruye las cuerdas vocales y la imagen de Toshinori pasa por su mente y se ahoga en unas terribles ganas de llorar. Que él haya escogido a su esposo no significaba que su esposo tuviese que hacer lo mismo.
Su corazón termina de quebrarse, para jamás ser capaz de recuperarse de nuevo y un frío que, aún no sabe, perdurará el resto de su vida, lo cubre.
—Tienes razón…— sonríe torcido por reflejo, sintiéndose dolido y traicionado —No lo habría dudado.
Hizashi se aleja, satisfecho con su decisión, sosteniendo la mano de su nuevo amor y dejando los papeles de divorcio firmados en la mesa de su antiguo hogar. Mientras, Shouta permanece hecho una piedra frente a la puerta de su ahora frío departamento, sabiendo que no se equivocó en lo último que dijo, antes de que el amor de su vida se alejara para siempre de su lado.
Él jamás dudó, ni por un segundo, en que lo quería.
