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No sé si pueda salvarte

Summary:

Vale es parte de un equipo de cinco superhéroes que lucharán contra todos los villanos a los que se enfrenten... hasta que llega uno contra el cual Vale no quiere luchar.

Creía muerto a su mejor amigo de la infancia, creyó que sería un sueño recuperarlo, pero todo se ve más como una pesadilla.

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DEsde el momento en que sacaron la skin hero de Vale, yo supe que quería un fanfic entre los dos, obviamente con Valir Villano porque tremenda tensión. Así que sí, este es un fanfic con sus skin millonarias /ruidos de tercer mundo. Vale tiene su skin Hero de Blizzard Storm, y Valir... La Collector de Demonlord. Oh, yeah.

Notes:

Honestamente no planeé este fanfic lmao. El otro día me senté y sufrí porque no sé describir peleas (Es un asco, lo sé, pero lo intenté) ¡Y está vez no escribí nada a media noche! Todo un logro eh.

Nota 1: Estoy excluyendo a todo el desmadre de Selena y Alpha porque honestamente no sé que está pasando ahí.
Nota 2: este es un fanfic raro. O sea, literalmente tenemos a un demonio. Así que habrá fantasía.

No sé a donde va a llevar todo esto lmao

Chapter 1: No puedo reconocerte

Chapter Text

Ventisca era un héroe amado por todos. Él no solía pensar en ello, pero sus compañeros solían decírselo continuamente. Generalmente cuando patrullaba la ciudad algunas personas se le acercaban para pedirle una foto o, con menos frecuencia, algún autógrafo. Vale no tenía el corazón para negarse a tantas personas que creían en él para defender la ciudad, a pesar de que no le gustaba cuando demasiadas personas se le acercaban…

Afortunadamente, siempre tenía la excusa de que lo necesitaban en otro lado. No era cierto la mitad de las veces, pero ellos no tenían por qué saberlo. Esta vez, fue una verdad a medias. Justo había logrado escabullirse para ir a su base cuando en la lejanía se escuchó un estruendo… O más bien dos, y de direcciones distintas.

— ¿Lancelot? — llamó inmediatamente a través del intercomunicador —. ¿Qué sucede?

"Bruno y yo estamos luchando cerca de la fábrica"  respondió el héroe de la espada "Ve con Esmeralda y Chou, no sabemos qué sucedió en el norte."

Vale se apresuró a llamar a sus dos compañeros, al mismo tiempo que revisaba imágenes en vivo de lo que sea que hubiera sido el segundo estruendo; tenían ojos en muchas partes de la ciudad, y en el norte no era la excepción.

Eran muchas imágenes y muchos videos los que se proyectaban en el salón, entre los videos de los testigos que grababan y las cámaras de seguridad; la mayoría apenas podía verse algo, pues gran parte era… ¿violeta? No, eran llamas violetas. Vale buscaba frenéticamente para saber a qué se estaban enfrentando, cuando un destello rojo llamó su atención.

La fuerza casi pareció abandonarlo cuando reconoció un rostro en medio de la bruma de las llamas. Para sus compañeros no sería otra cosa además de un villano pelirrojo, con una corona y ropas que parecían salidas del periodo Edo. Para Vale, en cambio, era su mejor amigo, a quién creyó muerto hace mucho tiempo.

“Oh, Valir. ¿Qué te sucedió?”

“¡Lo estoy viendo!”  La voz de Chou interrumpió su consternación “Es un loco salido de Japón o algo así. Esmeralda, Vale, es mejor que lleguen pronto.”

— Saca a los testigos de ahí, llegaré en un momento — respondió Vale, conteniendo el temblor en su voz —. Yo me encargaré de él.

— Luce muy peligroso, no deberías ir solo —. Ni siquiera notó cuando Esmeralda llegó, examinando las imágenes proyectadas.

— ¡No! ¡Yo me encargaré de él! — exclamó Ventisca, rezando para que la Vidente le hiciera caso y lo dejara solo—. Yo puedo encargarme, ve tú con Lancelot y Bruno. Necesitarán tu ayuda.

— ¡Pero no sabemos nada acerca de este “rey”! — protestó ella, obviamente reticente a dejarlo.

“Tú no, yo sí” pensó Vale, recordando el rostro de quien alguna vez fue su mejor amigo.

— Puedo vencerlo —afirmó, y esta vez no esperó respuesta, salió del edificio e, impulsándose con los vientos, se apresuró a enfrentar a Valir.

 

Cuando llegó ya había un infierno desatado. No podía divisar a Chou entre el humo y las llamas violetas, pero sí pudo divisar a Valir. Contemplaba su destrucción, de pie en el techo de un edificio que se conservaba intacto, por lo que estaba lejos del denso humo negro. Iba descalzo y tenía el cabello rojo recortado para que no le estorbase. Su corona, que bien podrían haber sido para adornar los cuernos de demonio, parecía relucir bajo el brillo del sol. Como toque final en su muñeca giraba, casi como si flotara, un aro metálico pintado y tallado para que asemejase fuego.

Pero ¿de verdad era él? A cada momento las dudas crecían más en el corazón de Vale. Reconocía el rostro, sí, pero… primer lugar su cabello nunca fue rojo. Anaranjado sí, a juego con sus llamas. Y ese fuego ¿por qué era violeta? Era un color antinatural.

Algo no estaba bien.

Y los demás no debían saber que lo conocía.

— Hey — llamó, cuando estuvo lo suficientemente cerca —. Estás destruyendo la ciudad que protejo. Es mejor que te vayas de una vez.

Valir no contestó inmediatamente, sino que volteó para mirarlo. Sus ojos, antes dorados, eran ahora completamente violetas, del mismo color antinatural que el fuego. A Vale le había aterrorizado la idea de que no lo reconociera, pero fue justo lo contrario; él sonrió, como quien sonríe con un viejo amigo. Y fue casi peor, porque Vale no podía encontrar algo familiar en esos ojos llenos de maldad, ni en ese cabello, ni en esas ropas, ni en esa corona. Sólo el rostro era el mismo. Casi deseaba que no lo fuera.

— Vale — dijo Valir, examinándolo con los ojos entrecerrados. Se llevó un dedo a la mejilla en un gesto pensativo y Vale se estremeció al notar que tenía garras en las manos. Al menos no podía estremecerse por su voz, habían pasado tantos años que con esfuerzo apenas la recordaba; no podría decir si también cambió —. ¿Quién…? Ah, son las memorias del humano.

— ¿Humano? — inquirió Vale. Apagó el micrófono de su intercomunicador, pues no quería que ni Esmeralda ni Chou se enterasen de lo que diría —. Valir ¿Qué estás haciendo? Tú nunca fuiste una mala persona ¿porqué de repente vienes a quemar y destruir la ciudad? ¿Qué pasó contigo?

Él observó a Vale durante unos momentos, mientras su sonrisa cambiaba a una mueca burlona. Una pequeña llama violeta se encendió en sus dedos, al mismo tiempo que el aro metálico en su muñeca empezaba a girar.  

— ¿Vienes a retarme? Me encantan algunos retos. Y ya que eres lo suficientemente estúpido como para pensar que puedes contra mí, al menos te daré el honor de saber a quién te enfrentas realmente. A quién llamas “Valir” — pronunció el nombre como si fuera alguna clase de insulto despectivo— no está más por aquí. Yo soy el rey de los demonios. Mis súbditos se alzarán conmigo, y un puñado de humanos no bastará para detenerme

¿No está más por aquí? ¿Qué se supone que significa eso?

Como fuere, el rey demonio no estaba interesado en charlar, por sus palabras probablemente quería quitarse de encima a Vale antes de continuar con lo que sea que estuviera haciendo ahí. Ventisca sintió el calor antes de ver las llamas violetas, que habrían quemado su rostro de no ser por la ráfaga de viento cortante que consiguió convocar justo a tiempo.

“Valir” no estaba dispuesto a darle un respiro, puesto que a eso siguieron bolas de fuego y torrentes que Vale pudo deshacer con facilidad.

Ventisca no quería pelear, pero él no le estaba dando otra opción.

Pelearon largo rato, Ventisca con pequeñas ráfagas de tormenta, destinadas no tanto a dañarlo, sino a evitar que el fuego causara más estragos. El señor demonio no fue tan preocupado al respecto; atacaba sin consideración por los daños, de hecho, usaba el entorno a su favor; como Vale podía disipar la mayor parte de las llamas dirigidas a él, a veces optaba por lanzar bolas de fuego contra los edificios de manera que Vale no sólo tenía que evitar el fuego, sino también los escombros.

“Esto no puede alargarse más”

Se impulsó tan rápido que el demonio no le dio tiempo de apartarlo, pero sí vio venir el puño que se dirigía contra su rostro… mismo que esquivó con la misma facilidad con la que había evitado todos los demás ataques.

Fue una finta de Vale, pues ahora estaban lo suficientemente cerca como para que el demonio ya no pudiera esquivar otra vez sus ataques, convocó una ráfaga de viento cortante que le dio de lleno al demonio y… habría atacado por segunda vez, pero el grito de dolor de Valir lo detuvo. Tenía la tela del brazo izquierdo manchada por la sangre. Y durante un solo momento, el violeta desapareció de sus ojos, y sólo quedaba el dorado, mirando a Vale con una expresión de dolor y miedo.

Aquello fue efímero, pues el violeta no tardó en regresar, pero fue suficiente para que Ventisca no pudiera dar un segundo golpe. No quería herir a su amigo, pero ¿tenía opción?

— Eres débil. Tu cariño por “Valir” te hace débil —. La voz del demonio y su forma de pronunciar el nombre como un insulto sacó a Vale de su desconsuelo. No estaba luchando contra Valir. Estaba enfrentándose a un señor demonio y tenía que recordarlo—. ¿Crees que siendo tan débil podrás vencerme?

Estar herido pareció despertar la ira en él, atacando de una forma más violenta de lo que había estado haciendo hasta ahora. Bolas de fuego seguidas de torrentes de llamas. Era como un infierno, dónde sólo podía ver violeta y escuchaba edificios cayendo, cuando las vigas de acero no soportaron más el calor.

— Suerte para ti que los humanos sean tan frágiles. Son desechables, sí, pero éste tiene un talento innato con las llamas y sería un desperdicio que muriera —. El rey de los demonios se sujetaba el brazo herido con una mueca de dolor. Vale había logrado herir a Valir, y por su expresión era algo que el demonio también sentía —. Terminemos con esto rápido. Ríndete, humano. De lo contario te mataré.

La respuesta de Ventisca fue otra ráfaga de viento cortante.

“¡Bro! ¿Qué está pasando allá arriba?”. Era Chou. Vale se maldijo internamente por haberse olvidado de él. ¿Y dónde estaba Esmeralda? Ojalá que le hubiera hecho caso y se hubiera ido con Lancelot y Bruno.

— ¡Este no quiere atender a razones! — Respondió, una vez que volvió a encender el micrófono—. ¿Ya sacaste a la gente de aquí?

“Eso intento, pero se me complica un poco cuando hay escombros cayendo del cielo. No sé qué estarás haciendo pero más vale que termine pronto. Todavía queda mucha gente”

El demonio atacó de nuevo, con un gran torrente de flamas y Vale respondió con un gran tornado. En lugar de apagarlo, el vórtice se fusionó con las llamas y pronto se tiñó de violeta. La súbita subida de temperatura rompió los pocos cristales de los edificios que todavía estaban intactos.

— Mira este poder, tanta destrucción en sólo segundos — dijo el demonio, extendiendo elegantemente la mano sana hacia el tornado violeta, mismo que Vale se apresuró a desvanecer. Cuando ya no hubo más viento, las llamas también desaparecieron—. Entiendo ahora porque ustedes dos eran tan buenos amigos. Habrían podido conquistar naciones enteras si se lo hubieran propuesto.

— No se trata de conquistar nada. No se trata de destruir — respondió Ventisca —. Yo vivo para salvar gente, para evitar que locos como tú arruinen sus vidas. No para aniquilar.

— Nada de eso importa — le respondió Valir o, más bien, el rey de los demonios.

— ¿Por qué?

— Porque nadie sobrevive.

Apenas le dio tiempo a Vale de convocar una corriente de vientos lo suficientemente fuerte como para desviar la mayor parte de las llamas violetas. A pesar de ello, sintió como el fuego le quemaba la piel del brazo, dañando la tela de su traje. A ello le siguió una poderosa explosión que lo arrojó contra la pared derruida de un edificio e inevitablemente cayó al suelo. Escuchó vagamente a Chou gritar por el intercomunicador, pero no pudo distinguir las palabras exactas. De repente no podía escuchar más que ruido blanco. Chou estaba gritando algo sobre el fuego y el humo. Parpadeó, en un intento por despejarse, pero estaba viendo doble y no podía enfocar bien la vista. Sin embargo, todavía podía ver a Valir a la distancia, un destello borroso color rojo en medio de toda la oscuridad.

A pesar de su lamentable estado, Ventisca luchó por ponerse de pie. Valir se estaba alejando, debía de impedir que se fuera. Creyó que todavía podía detenerlo.

Pero cuando el demonio se percató de que se estaba poniendo de pie otra vez, hubo otra explosión violeta y Vale ya no pudo levantarse por segunda vez.

 

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