Work Text:
Judith es una artista.
Ocupa su lugar en el suelo, selecciona cuidadosamente un pincel entre tantos, y esparce algunos colores sobre la paleta.
Samira no comprende mucho lo que hace, pero la observa de todos modos.
Judith mueve su mano con velocidad y gracia, haciendo magia ante los ojos de Samira.
Ella no comprende cómo es que convierte unos pocos trazos en una imagen que va tomando forma. Se percibe ajena a lo que presencia, pero lo disfruta igual, especialmente porque es Judith quien está pintando.
Mientras da breves pinceladas, su rostro se encuentra en paz, como las aguas del vasto océano en ausencia de Eolo.
Samira la observa crear, y percibe lágrimas queriendo presenciar la escena justo cuando descubre que los colores en el lienzo, poco a poco, están formando su rostro.
Poco tiempo después, la imagen se vislumbra con más detalle, y Samira se conmueve. Las tonalidades, los trazos, las pinceladas y la expresión en su rostro pintado sólo expresan una cosa.
Amor.
Samira debe darse vuelta; no cree que sea momento para llorar, y sin embargo no puede evitarlo. El amor que emanan esos colores es algo difícil de ignorar, y siente su alma sacudirse por completo.
¿Cómo es posible que alguien tiña de puro sentimiento un lienzo vacío? ¿Cómo es posible que alguien deje obsoletas todas las palabras del mundo escogiendo comunicarse de manera pura a través de la pintura?
Samira no cree que alguna vez olvide la fuerte oleada de amor que la golpeó cuando vio la pintura en proceso, y se convence de ello conforme observa a Judith trabajar en ella, elaborando habilidosamente una imagen cargada de magia, expresándose, pintándola.
Se pregunta si es así como Judith la ve. Se pregunta si será fácil amarse a sí misma, porque eso sugiere la obra frente a ella: que amar a Samira es la cosa más sencilla del mundo, es lo correcto, lo único en el mundo que tiene sentido.
Y Samira vuelve a preguntarse si es así como la ve, conforme busca una excusa para darse vuelta nuevamente, y desahogar unas lágrimas con discreción.
¿Cómo haría para hacerle saber a Judith lo que produce su arte?
Samira siente que tiene sentido que un ser tan rebosante de belleza se exprese de esa forma tan hermosa.
Tiempo después, Samira aún busca la manera de expresar, mediante endebles y pobres palabras, la manera en la que sus trazos le aseguraron que el corazón que Judith le había sabido robar, ahora le pertenecía completa e irremediablemente.
Pero Samira no podría estar más agradecida. Si Judith quisiera, también le entregaría su alma, y más.
