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Angustia Adolescente

Summary:

Todo en esta historia es inmoral. Uravity es una heroína profesional de 28 años, Bakugou Katsuki su nuevo pasante de 15 años. Una historia de amor dividida en actos y un relato del primer amor, juventud y que nadie, ni siquiera sus protagonistas, cuestionan.

Notes:

No tengo ninguna justificación para esta historia. Vi una pelicula que inspiró todo esto y solo quería un one shot sin ningún conflicto que no fuera lo desastroso que sería Bakugou intentando ligar con una mujer mayor.

Work Text:

 

Primera impresión:


Uravity pidiendo a la policía que por lo que mas quisieran no subieran a la patrulla a su nuevo interno, no era algo a lo que ella estuviera acostumbrada. Mucho menos era un plan que quisiera para su viernes.

La pesadilla adolescente rubia que se atrevía a llamarse a si mismo héroe, o prospecto de héroe, llevaba dos semanas con ella, en su día número quince estaba envuelto en una acalorada discusión (pelea) con la policía. Uravity ya ni siquiera quería saber la razón, solo sabía que su interno ya estaba siendo esposado y forzado a entrar al auto.

-¡Quítame las manos de encima! Estoy salvando la puta ciudad, agradéceme ¿Qué carajos crees que haces arrestandome?- gritaba Bakugou Katsuki, la pesadilla adolescente que era a su vez, su interno.

-Oficial, se lo pido, no volverá a pasar, le ruego lo deje ir, mi agencia se hará cargo- decía la heroína mientras el oficial se calaba la gorra del uniforme y miraba con reproche pero también con un dejo de remordimiento a Uravity.

-Uravity-san, sabes que todos en la zona te respetamos, los vecinos te quieren y eres un ejemplo para los niños pero este joven...-

-Yo sé que Bakugou-kun causó problemas pero es solo por su inexperiencia en el campo, mi agencia y yo correremos con los cargos y los gastos, solo por esta ocasión. Me lo debe de aquella vez en que lo salvé de la furia rampante que era su esposa con su particularidad activada- pidió Uravity juntando las palmas de sus manos en un ruego.

-Uravity-san, eso...-

-¡Por favor! Le regalaré manjus de edición especial a toda su familia, solo por favor no puedo terminar con un alumno de la U.A. en la comisaria- 

El oficial la miró, Uravity ya casi podía ver la resignación del policía en toda su cara, tenía esa batalla ganada y una deuda de manjus; el oficial que solo había estado haciendo su trabajo se sacaba ahora la gorra y se pasaba las manos por el cabello mirando en rededor como para cerciorarse de que su superior no lo observaba y cuando ya estaba por dar el suspiro que dejaría libre a Katsuki, un grito de dolor y la voz atronadora de ese mocoso rompieron con todo.

-¡Te dije que me soltaras maldición!- la voz de Katsuki se escuchó incluso por encima de las sirenas y Uravity vio sus años de carrera y su lugar en le top 10 yéndose al demonio junto con el tabique nasal del policía que intentaba detenerse la hemorragia con las manos. 

Una nariz rota por un cabezazo. 

Uraraka Ochako, 28 años. Heroína profesional con mas de diez años de experiencia en el campo, ni una sola falta civil en su expediente. Esperando en la salita de espera de la comisaria a que dejaran en libertad a su interno en turno de quien acababa de pagar una obscena fianza, y un extra para que aquello no se filtrara a la prensa. El gasto corría por su cuenta, si su agencia se enteraba no le renovarían el contrato ni de chiste.

Debería estar en casa en ropa interior con una cerveza, no ahí. No con ese mocoso.

-Ey, estoy libre, vámonos de este maldito lugar ¡Deberían arrestar villanos, no héroes!- gritó por ultimo Bakugou mientras le entregaban de nuevo sus efectos personales y los accesorios de su traje de héroe.

 

Ya había perdido la cuenta de cuantas disculpas había tenido que dar tan solo en el transcurso de quince días y ahí en su oficina con Bakugou desparramado en la silla frente a su escritorio, Uraraka se masajeaba las cienes tratando de respirar hondo hasta que finalmente con su mejor sonrisa, esa que le encantaba a los niños, al fin se enfrentó a Bakugou.

-Bakugou-kun ¿Porqué me elegiste a mi para tus pasantías? Soy una heroína de rescate, tú claramente eres un héroe que busca la acción en el campo en la primera fila de combate contra los villanos ¿No crees que te has equivocado de lugar?- preguntó ella escuchando como Bakugou chasqueaba la lengua y ella tras su sonrisa sintió verdaderas ganas de convertirse a la villanía y arrancarle esa lengua, pero su sonrisa se mantuvo imperturbable.

-Es lo mismo que yo dije, pero el profesor Aizawa insistió con esa estupidez de que tenía que sensibilizarme y que solo lo lograría en misiones de rescate. Si, una idiotez, soy sensible, soy un puto héroe, me importan las vidas humanas y esa basura cursi- escupió Katsuki con el ceño fruncido.

-¿El profesor Aizawa?... Dios, ¿Qué tiene contra mi? no recuerdo haber hecho nada en contra suya durante mis años de escuela- Uraraka se lamentó en voz alta pero cuando vio como el chico frente a su escritorio alzaba una ceja como recordándole que aun seguía en su presencia, ella volvió a sonreír como siempre hacía para las revistas y enlazando sus dedos frente a su escritorio y ladeó suavemente su cabeza.

-Si fue una decisión de tu profesor creo que no se puede hacer nada al respecto aunque la agencia en general se especializa en rescates y te habrás dado cuenta que tú y yo... no somos tan ¿Compatibles? ¿No te interesaría cambiar de héroe a cargo?- preguntó Uravity sin querer parecer debil pero ¿A quien engañaba? No podía con niños rebeldes, ella era la heroína de los niños con sonrisas soñadoras y corazones puros, los rebeldes insufribles con problemas de actitud y narcisistas eran para Deku, el número uno, el que inspiraba a la gente.

Escuchó un gruñido gutural venir directamente de la garganta de Bakugou y como la miraba como si le hubiera ofendido hasta a su misma madre en persona.

-Detente ahí Uravity ¿Pretendes mandarme con alguno de los blandengues que tienes por compañeros? ¿Estás jodiendo conmigo acaso? El profesor Aizawa eligió esta agencia para mi porque cree que tengo problemas de empatía pero yo decidí bajo las ordenes de quien trabajar, eres la única heroína aquí de la que vale la pena aprender, no me vas a cambiar con alguno de esos extras- espetó el adolescente y eso si que Uraraka no se lo esperaba, tanto que incluso se quedó pensando que debería decir al respecto.

-Eso... eso no lo sabía y aunque mis compañeros no son ningunos blandengues... ¿Puedo saber porque dices eso de mi? Digo, no me ofende pero sinceramente no creí que un muchacho como tú precisamente diría algo así sobre mi- cuestionó algo insegura la heroína y Bakugou se encogió de hombros.

-¿De qué hablas, mujer? Levantas toneladas de concreto de edificios y escombros solo con tu particularidad mientras peleas y salvas gente al mismo tiempo; te he visto en televisión pateando culos y que manera de patearlos, estás en el top 10, conoces al número uno y ¿Ya mencioné lo de los culos? A eso se le llama tener bolas- dijo Bakugou.
Uravity parpadeó un poco aturdida por el ultimo comentario.

-¿Bo... bolas?-

-Si, bolas, testículos, ovarios en tu caso, lo siento, a las mujeres no les cuelgan pero entiendes lo que digo, las tienes bien puestas- 

-Ah... bueno pues ¿Gracias? Pero en realidad no se trata de tener bolas, se trata de disciplina, entrenamiento y experien...-

-Bolas, es tener bolas. Fin y no me vas a cambiar, que te quede claro- con esto dicho Bakugou se levantó y salió de ahí.

Uravity se quedó ahí.

Tenía 28 años, y mas de diez en el campo del heroísmo. Nadie nunca le había dicho que tenía bolas.

Uravity pensó que tener a Bakugou como interno después de todo no era tan malo. 

 

Rival.

Tener a Bakugou como interno no era tan malo porque pese a sus notables problemas de actitud era un héroe en toda regla. No se amilanaba bajo el peligro, mantenía la cabeza fría (si, Bakugou Katsuki con la cabeza fría), reaccionaba en el instante y pensaba rápido. 

En su desempeño en el campo Uravity no tenía ninguna queja, y de hecho llegaba un punto en que a veces su equipo de trabajo quería tener una queja para despachar bien lejos a ese niñato engreído pero Uravity, podría decirse que incluso se divertía.

Otro día de trabajo, las sirenas de las ambulancias ya llegaban y Uravity entregaba al ultimo niño traumatizado a los brazos de un paramédico, su madre iba con ellos y la heroína podía dar por terminado otro día de honorable labor.

Viendo el edifico que se había desplomado por una falla en la tubería de gas, y con todos los civiles evacuados y el fuego controlado, se estiró intentando relajar los músculos.

-Cero bajas, Bakugou-kun ¿No te hace sentir eso bien?- preguntó aun estirándose viendo al adolescente que llegaba con cara de fastidio.

-Me haría sentir bien no tener civiles llenando de mocos mi traje, a eso no se le llama gratitud- se quejaba el rubio pero Uravity para ese punto ya solo sonreía, y sin nada mejor que hacer ahí se lo podían dejar a protección civil y retiarse.

-¡Uravity!- en cambio una voz llamó.

La mencionada y Bakugou voltearon y ahí estaba el número uno, con su traje verde y la raída capa amarilla ondeando, Deku se acercaba. 

El puto número uno. En palabras mentales de Bakugou.

Uraraka sonrió casi como un reflejo instantáneo de los músculos de su cara.

-Deku-kun ¿Qué te trae por aquí? Esta no es tu zona usual- La castaña sonreía y sus mejillas casi siempre sonrosadas, se iluminaban un poco mas.

-Estaba cerca cuando vi la columna de humo y decidí desviarme para ver si podía ayudar, pero creo que ya tienen todo bajo control, como se esperaba de ti, Uraraka-san- 
Bakugou levantó una ceja por el uso del apellido y no del nombre de heroína viendo como Uravity pestañeaba y sonreía.

-Me das demasiados créditos Deku-kun, solo hago mi trabajo- dijo entre risitas Uraraka jugando con sus dedos que tenía enlazados detrás de su espalda

-Que asco, son un par de ñoños insufribles- criticó sin ningún tipo de pudor ni consideración Bakugou tomando por sorpresa al número uno que al fin reparó en él y sin saber si se había dirigido a ellos prefirió mirar a Uraraka.

-Ah, este es Bakugou-kun, mi nuevo interno, es tu fan Deku-kun- presentó Uraraka con una sonrisa para shock de Bakugou

-Oh ¿En serio? Me siento alagado, mucho gusto Bakugou-kun- saludó Deku con esa sonrisa que aun guardaba tantos tintes infantiles.

-No soy tu fan, te odio- espetó el adolescente mirando a Deku de arriba a abajo con verdadero asco.

-Escúchalo, solo quiere ocultar el hecho de que vive hablando de ti, incluso eligió mi agencia para sus prácticas porque sabe que tú y yo somos amigos de generación.- Continuó Uraraka.

-Ya veo, no hay porque ser tímido, además Urara... quiero decir Uravity-san es una increíble heroína, no soy nada a su lado-

-Es obvio que no eres nada a su lado, perdedor- La sonrisa de Deku se congeló sin saber si era algún tipo de chiste nuevo y Uraraka si que se rio.

-Míralo, todo adorable sin saber como reaccionar a su ídolo, siempre es así, todo el tiempo es Deku esto y Deku lo otro ¿Porqué no le das un autógrafo?- insistió Uraraka.

-Eh pues si tanto insistes.-

-Inténtalo y te vuelo la cara en mil pedazos, nerd, te lo advierto estoy al nivel del número uno.- amenazó Bakugou viendo a Deku sacar el marcador que siempre llevaba con él porque nunca sabía cuando habría algún fan deseoso de un autógrafo en medio del caos y era el trabajo del número uno cumplir cada humilde sueño de sus admiradores.

Uravity estaba de espaldas cubriéndose la boca y casi doblada de la risa.

Bakugou la veía ahí riéndose sin siquiera intentar esconderlo; esa perra en serio estaba poniéndolo en ridículo a propósito.

-Perdona Deku-kun, tengo que ir a firmar algunos formatos, gracias por venir y conocer a Bakugou-kun, puedes estrechar su mano su mano si quieres- decía Uraraka aun riéndose mientras se alejaba y ambos varones la vieron irse.

Deku volvió al rubio y estiró su mano.

-Ni se te ocurra, nerd- siseó Bakugou a punto de seguir a Uraraka pero regresó sobre sus pasos a Deku que no sabía que había hecho mal pero volvió a sonreír al ver a Bakugou dirigiéndose a él otra vez.

-Mantente alejado de mi mujer- amenazó el rubio ahora si yéndose llamando por Uravity porque tenía puta hambre.

Deku parpadeó varias veces en su mismo lugar.

-¿Su mujer?- preguntó en voz alta y después intentando pensar en lo que eso quería decir pero al final por el bien de su propia estabilidad mental y por el bien de la carrera de Uraraka decidió pensar que era un nuevo tipo de chiste que él ya no entendía, y mejor se alejó.

 

Cena.

Era tarde pero no lo suficientemente tarde como para irse directo a casa. 

Ser heroína y salvar al mundo estaba muy bien, pero cuando se quitaba el traje era solo una mujer pensando que hacer con sus horas libres cuando no había ni amantes ni amigos llenando su agenda.

El trabajo heroico no le dejaba muchas chances de hacer vida social fuera de su propia agencia por lo que ahí estaba mirando a su interno que también tomaba sus cosas.

-Vamos- dijo Bakugou.

-¿En serio vas a invitarme a cenar? No tienes que hacerlo, en serio, mejor guarda ese dinero, a tu edad es mejor gastarlo con tus amigos o en algo que te guste, tal vez usarlo para alguna cita con la chica que te gusta- pidió avergonzada Uraraka viendo esa mirada pesada que Bakugou ponía siempre que alguien decidía decir algo con lo que él no estuviera de acuerdo; ósea lo que era siempre pero esta vez estaba cargada con un poco mas de fastidio.

Uraraka estaba empezando a cuestionarse su propia autoridad sobre la de ese niño cuando ya iban por la acera buscando un restaurante para cenar, 

-¿Qué te parece si vamos juntos pero yo pago? Soy tu superior en el trabajo y la adulta a cargo de tí- intentó convencer Uraraka pero Bakugou ya gruñía con un sonido que salía directamente de su estómago y volteaba a verla.

-Oye ¿Acaso te da miedo cenar con un hombre de verdad?- escupió Bakugou mientras le sostenía la puerta de un discreto local de ramen a Uraraka que se detuvo antes de entrar.

La castaña soltó una risa involuntaria e incluso echó sus hombros un poco hacía atrás para mirar de arriba a abajo al rubio que aun sostenía la puerta. 

-¿Un hombre de verdad?- repitió mezclando sus palabras con otra risa, esta vez completamente a propósito.
Katsuki prácticamente la empujó dentro del local y mientras se sentaban y los atendían el muchacho dejó resbalar un poco su espalda en el respaldo de la silla mientras se miraban.

-Estoy seguro que soy mas hombre que Deku- remató Bakugou retomando la conversación haciendo reír de nuevo a Uraraka que recargó su mejilla en la palma de su mano y miraba a Katsuki con esos ojos medio adormilados pero con la sonrisa que formaba esos encantadores hoyuelos en sus mejillas. 

Y Katsuki la miraba con ese gesto altivo, engreído, autosuficiente y soberbio hasta que Uraraka pestañeó con esos parpados y pestañas como abanicos que podrían crear ventiscas.

-Estoy segura de que Deku-kun podría pagar algo mas caro que esto- comentó finalmente la heroína haciendo girar su dedo índice como señalando el discreto local.

-Espera unos diez años cuando sea yo el número uno y tú vas a ser la que pague para cenar conmigo. No, hazlo cinco años, no pienso tardar tanto en arrebatarle el puesto a ese nerd. Jodido marica está hecho- masculló entre dientes Bakugou y Uraraka volvía a reír con esa risa fresca que no escondía nada, solo lo divertidos que encontraba los comentarios de Bakugou. 

-Hablo en serio, cinco años, el título de número uno y tú de nuevo frente a mi cenando aunque obviamente irás mejor vestida ¿Quién carajos te viste? No te hace justicia ese suéter- criticó Bakugou frunciendo su nariz. 

Cuando algo no le gustaba fruncía su nariz, así Uraraka podía saber cuando Bakugou era sincero con lo que decía.

Pero la castaña entrecerró un poco sus ojos, se inclinó sobre la mesa recargando ahora sus brazos en ella como intentando compartir un secreto con Bakugou quien no cambió para nada su posición desenfadada sobre la silla pero sí que siguió la misma dirección de los ojos de Uraraka.

-Bakugou-kun... ¿Me estás coqueteando?- preguntó en voz bajita Uraraka.

Bakugou la miraba desde arriba juzgando la sonrisita que dejaba bien claro que no se lo estaba tomando en serio, a él o lo que sea que estuviera haciendo con todo eso pero Katsuki solo se encogió de hombros.

-Sé que vas a elegirme-

Uraraka abrió sus ojos un poco mas, por un momento escondió su cara entre sus brazos que seguían sobre la mesa, volvió a levantar la cara sonriendo con un cierto cariz de condescendencia. 

-Sé que eres un niño-

-¿Eso es lo que te preocupa? Que eso no te robe el sueño Uravity, los dieciséis es la edad legal para el consentimiento.-

-Exacto, y tienes quince- se reía Uraraka algo nerviosa pero sin poder evitar encontrar eso divertido.

-Espera unos meses y eso se puede arreglar- negoció Bakugou con una media sonrisa tan presumida que Uraraka esta vez tuvo que llevarse una mano a la boca para acallar la risa que intentaba salir mas fuerte.

Sabía que tenía que ofenderse, que necesitaba corregir a Bakugou, detener en seco sus pretensiones, darle un largo sermón sobre el verdadero el consentimiento, e incluso debería dejarlo ahí e irse a su casa muy ofendida y pedir a la U.A. un cambio en su interno pero Uraraka solo pudo reírse mas.

-Tengo 28 años ¿Lo recuerdas? Casi te doblo la edad-

-Por favor Uravity, he visto mas corrupción en un mes de residencia que dejaría en pañales que tú y yo tuviéramos algo. Además ya te lo dije, cinco años y vivirás como reina apenas me nombren el número uno-

Uraraka miró a Bakugou incrédula, no sabía si lo sorprendente de ese niño era que estuviera diciéndole esas cosas a una mujer trece años mayor que él, o peor aun, que pareciera totalmente serio en su cortejo.

De nuevo, Uraraka se dijo que debería cortar en seco; la mujer adulta y recto miembro de una sociedad civilizada se lo gritaba así, en cambio su inmadurez y hasta podría arriesgarse a decir, que su vanidad, le pidieron lo contrario.

-¿Y si yo quiero ser la número uno entonces que haremos?- 

Bakugou negó con su cabeza dejando salir un sonido gutural mirando a la castaña y al fin recargó su codo en la mesa para quedar en la misma cercanía de la heroína, en un espacio mas intimo, esta vez como si ambos compartieran el mimo secreto.

-De ser ese el caso tendremos que vernos las caras en serio, no seré blando solo por tratarse de ti- 

Uraraka alzó ambas cejas mientras abría la boca en un exagerado y teatral gesto de sorpresa.

-No durarías ni cinco minutos contra mi, ni-ño- retó Uraraka separando las sílabas a propósito al hablar y Bakugou hizo mas larga su media sonrisa.

Katsuki se acercó un poco mas, ambos recargados en la mesa, lo unico que los separaba era el especiero y las servilletas. Uraraka no había dejado de sonreír viendo los ojos de Bakugou que clavaba sus carmín en los castaños, sostuvieron el silencio y ese secreto, la momentánea tensión hasta que Katsuki también bajó un poco la voz.

-¿Estás coqueteando conmigo, Uravity?- 

Uraraka le puso una mano en la cara al chico y lo empujó con toda su fuerza para alejarlo de ella haciendo que casi se fuera de espaldas en la silla pero él era muy hábil y se agarró al filo de la mesa antes de caer.

-No seas altanero Bakugou-kun, a la próxima vez sabrás porque estoy entre los diez mejores, ahora pide ese ramen antes de que se llegue tu hora de dormir.- 

Uraraka se reía mientras Katsuki sonreía a medias con el ceño fruncido como si fuera incapaz de formar una sonrisa que no fuera esa mueca extraña medio enojada, medio divertida, medio incómoda y medio avergonzada de su propia osadía.

Uraraka encontraba divertido a su nuevo interno.

 

Madrugada.

Los criminales de poca monta brotaban siempre en la noche.

Las madrugadas se sentían como si fueran en realidad el portal a un mundo alterno, a una versión onírica de la ciudad; con sus luces neón que iluminaban los callejones abismales y los peatones que a cuenta gotas se dirigían a sus casas con paso desgarbado apoyándose en los muros para no caer de lo ebrios que estaban.

El ultimo tren de la noche que dejaba las vías silenciosas, el trajín de los centros nocturnos que albergaban todo tipo de vicios y también el escenario perfecto para una fuga.

Uraraka se había hecho ligera para poder seguir el paso de Bakugou que la llevaba de la mano mientras corrían y se impulsaba con sus propias explosiones. Ella se reía viendo las franjas fluorescentes de los escaparates mientras el estómago le dolía de la risa, las mejillas le ardían por el ejercicio y el cabello se le pegaba a la cara por el viento al correr, apretando la mano de Bakugou que la sujetaba mientras iba pasos adelantes.

-¡Bakugou-kun, sabes que esto está mal!- aunque Uraraka lo reprendía apretaba sus dedos alrededor de los de Katsuki para no soltarlo mientas daba saltos y levantaba la cara sintiendo la brisa de la noche con su ligera mezcla de aromas, a la lluvia que había caído esa tarde, el alcohol y tabaco y el ligeramente dulzón del sudor de Bakugou.

-¡Que se jodan todos!- gritó Bakugou dando un salto impulsado por otra explosión que levantó a ambos por encima del suelo, sumado a la particularidad de Uraraka se mantuvieron suspendidos en el aire un momento.

Uraraka se sentía en medio de un sueño febril de adolescencia al que era arrastrada sin poner demasiada resistencia.

En medio de lo efímero que era esa noche sabía que el hechizo no duraría por siempre.

-¡Llévame a un lugar lejos de aquí!- ordenó Uraraka embriagada con su propia risa y Bakugou volteó a verla con una sonrisa, esa sonrisa que había tomado aquello como un reto.

-¡No me des ordenes!- fue su única respuesta mientras la seguía llevando con él.

Terminaron en una azotea de un edificio en plena construcción, Uraraka aun se reía.

-Dejamos a un villano desnudo esposado a un poste de luz. Habrá consecuencias- señaló Uravity dejándose caer en el piso mirando las luces rojas de un avión que sobrevolaba el cielo.

-Un poco de humillación le enseñará a dejar de cometer crímenes tan patéticos- respondió Bakugou sentado a su lado mirándola a ella.

La heroína puso sus manos sobre su estómago cerrando los ojos escuchando el eco del avión cuando cruzó por encima de sus cabezas, el rugido del motor y del viento que cortaba a su paso.

-Bakugou-kun ¿Pensarás en mi cuando te conviertas en el número uno?- preguntó de la nada.

-¿De qué hablas? Tú vas a estar ahí cuando me convierta en el número uno-

-No estaré-

-Estarás-

Uravity volteó a verlo, siempre estaba tan seguro de todo. Estaba seguro de que ella estaría así que no tuvo como contradecirlo de nuevo pero su seguridad le hizo sentir bien.

-Recuerda que serás mi mujer- agregó Bakugou y Uraraka le mostró el dedo medio y esta vez Bakugou fue quien rio con su voz rasposa y ese gesto que era mas un gruñido que una risa.

Comenzaba a amanecer.

 

Mirko.

Los villanos no habían durado ni cinco minutos bajo la furia de las piernas de Mirko, la heroína número 5 en el top.

Uravity y Bakugou se habían quedado a un lado mirando como niños de primaria en una presentación de adultos de verdad trabajando.

La heroína conejo ondeó su larguísimo cabello y sonreía triunfal ante su brutal y violenta, pero no por ello menos gratificante, victoria.

La nube de polvo en la que se había convertido el concreto a su paso sucumbiendo al poder de sus patadas seguía envolviendo la escena y con ello a Mirko que parecía digna de una novela gráfica.

Un par de fotos por aquí y por allá, dos que tres autografos para los niños que la miraban con ojos brillantes de admiración y Mirko se despidió con la misma sonrisa viciosa e indestructible.

-Carajo, esa es una heroína de verdad- solo pudo decir Bakugou. Él era un presumido de mierda, su ego rayaba en el narcisismo sin embargo reocnocía a esos que despertaban su admiración por las cosas que él no podía hacer (aun).

Mientras la veían alajearse de ahí, Uravity ladeó su cabeza y puso sus manos en la cadera.

-¿Alguna vez te has preguntado como sería... que te hiciera una llave con esas piernas?- preguntó con tono distraído a lo que Bakugou aspiró aire llenando sus pulmones también con las manos en la cadera y volteando a ver a Uravity al fin contestó.

-Demonios Uravity, eres una mujer de cultura- 

Uraraka sonrió con una confianza que solo Katsuki se había ganado mientras se encogía de hombros.

-Solo digo lo que pienso, es decir, es Mirko-

-Demonios si, es Mirko-

Ambos coincidieron como si se leyeran la mente sobre el tema de Mirko y los pensamientos que eso evocaba en ellos.

Había una suerte de complicidad que acababa de formarse entre ambos, una casi camaradería que no era propia entre dos personas tan distintas o con una brecha generacional como la suya. Pero contra todo pronóstico ahí estaba haciendolos sentir cómodos en presencia del otro, fantaseando con las piernas asesinas de Mirko y sentir que todo en eso estaba bien.

 

 

Celos.


El patrullaje era una de las partes favoritas de Uravity, y tiempos que valoraba mas que nada de su trabajo. Caminar por las aceras saludando era mas un trabajo de autopublicidad que de verdadero heroísmo pero le gustaba la calma que esas patrullas traían con ella.

Solo Uraraka con sus pensamientos en largas caminatas; cuando no tenía tiempo para una vida personal, esas patrullas eran lo mas cercano que tenía a un baño largo de burbujas con una copa de vino.

Respiró el aire veraniego que traía consigo el aroma a lluvia, suspirando agradecida por toda esa tranquilidad.

Pensó un momento en cuando había sido la ultima vez que todo alrededor de ella había estado así de sereno, posiblemente desde antes de que Bakugou se convirtiera en su interno. No pudo reprimir la sonrisa que se le formó en los labios ante este pensamiento y siguió con su camino pero casi como si lo hubiera invocado, escuchó la voz atronadora de Katsuki.

Volteó a todos lados pensando que su mente le estaba jugando malas pasadas, sin embargo ahí estaba Katsuki, en la acera de enfrente a punto de doblar la esquina con un grupo de muchachos que apostaba eran sus amigos que iban a cada uno de sus flancos riendose al hacer enojar al rubio.

Uraraka revisó los dos lados de la avenida para poder cruzar y saludar. El flujo de los autos no se detenía por lo que levantó su mano a punto de llamar por Bakugou-kun para que la viera.

Apenas estaba poniendo su mano junto a su boca para llamarlo cuando una enérgica jovencita apareció saltando y colgándose a la espalda de Bakugou que casi se caía de bruces ante el repentino peso.

El rosado de la piel de la muchacha brillaba bajo el sol y se presumía saludable y juvenil en esos pantaloncillos diminutos de mezclilla raída.

Se enganchaba al cuello de Katsuki riendose de su propia travesura, pegando su cabello como de algodón de azucar a la mejilla del adolescente que se la sacudía queriendosela sacar de encima pero ella ya le abrazaba la cintura con esas piernas brillantes y se permitía ser llevada a cuestas contra la voluntad del rubio que ya la sostenía a regañadientes para que no se fuera a caer. Era el verano en una sola imagen de jovial travesura.

Uraraka bajó la mano y se dio media vuelta.

¿Qué pensaba saludando a un niño de quince años como si fueran amigos?

Se sacó eso de la mente y siguió con su patrulla.

 

Uraraka tendía a obsecionarse por las cosas mas irracionales; el objeto de su obsesión mas reciente en esa ocasión eran sus piernas,, tal vez porque no podía dejar de pensar en las bonitas piernas de aquella muchacha rosada.

Juventud, divino tesoro; recitaba Uraraka pensando en sus propias piernas marcadas con cicatrices, las que cada vez costaba mas trabajo mantener así de firmes.

Se permitió un lamento en el vestuario calzandose el traje de cuerpo completo procurando no ver con demasiada atención sus propios muslos subiendo el traje hasta su pecho soltando suspiros letárgicos.

-Ey, Uravity ¿Cuánto mas puedes tardar cambiar...- Bakugou dejó la frase a la mitad cuando vio la espalda desnuda de Uraraka que se abrazó el pecho.

-¿¡Qué crees que haces entrando así al vestuario de mujeres!?- Espetó la heroína con la cara escarlata de vergüenza.

Bakugou se recuperó casi al instante e ignorando su propio sonrojo chasqueó la lengua como si el ofendido fuera él.

-Tranquila, no es como si fuera la primera vez que veo un par de tetas-

Uraraka aun fuertemente abrazada a su pecho frunció sus cejas.

-¿En serio?-

-Bueno, tal vez si sea la primera vez... ¿Puedo verlas?- Preguntó Bakugou esta ocasión, pidiendo verdadero permiso a lo que Uraraka movió la boca sin producir ningún sonido.

-¡No!- gritó finalmente.

-Pero tú siempre ves las mias- reclamó Katsuki poniendo sus manos sobre sus pectorales.

-¡Largate de aquí, virgen!- gritó finalmente Uravity tocando la fila de casilleros frente a ella para arrojarlos contra Bakugou el cual antes de que impactara, los hizo explotar y se fue riendose con esa risa rasposa y arrogante que creaba eco en el pasillo.

 

Despedida.

Era el utlimo día de la pasantía y Uraraka no estaría a tiempo para despedirlo.

Se trataba de trabajo, no podía hacer nada al respecto.

Mientras aseguraba que otro civil llegara a salvo a la ambulancia se decía a si misma que habría muchas otras oportunidades para verlo.

Quitó los escombros que tenían mas posibilidad de desplomarse, aligeró el peso de las estructuras dañadas mientras pensaba que no era el fin del mundo ni una despedida defintiva. No era como si no pudieran mantener contacto después de eso.

Entonces mientras Uraraka se aseguraba que toda la zona estaba resguardada y segura, suspiró viendo todo a su alrededor; sus colegas acabando el trabajo, dando indicaciones a la policia y ambulancias, dictando los daños ocurridos a la policia, manteniendo el orden entre los testigos y civiles.

Ella debía poner en orden su vida. No podía estar suspirando de tristeza por un interno de quince años que se iba.

Uraraka volvió a suspirar, mirando la ciudad recordando los sueños nocturnos y los secretos en un restaurantes de ramen.

Bakugou crecería y la olvidaría, y ella se quedaría a seguir con su vida.

-Uravity, todo aquí está listo, ya puedes seguir con tu siguiente llamado- Número 13 le dio permiso a retirarse y Uravity asintió con la cabeza algo distraida, totalmente desenfocada.

Bakugou se iría y ella sería solo un llamado de auxilio tras otro.

¿Pensará en mi cuando se vaya?

Este pensamiento le hizo llenar el pecho de aire antes de echar a correr.

Usó de nuevo su particularidad sobre si misma para hacer sus pasos mas ligeros, corría  y se impulsaba para flotar unos metros antes de volver a poner los pies en le suelo para volver a seguir corriendo porque quería mas sueños de madrugada y secretos tomando ramen, quería confesiones y complicidad.

Así que corría mas rápido, por un momento sobrevolando, escuchando el palpitar de su corazón contra sus tímpanos, riendose como una idiota cuando divisó a Bakugou cruzando una esquina, derrapando y levantandose para seguir corriendo hacía ella, finalmente... colisionando en un abrazo mientras Uraraka aun flotaba y era atrapada en el aire.

Amabos jalaban oxigeno por la boca con las caras encendidas por la sangre que les bombeaba gracias al ejercicio.

Y entonces los brazos de él alrededor de la cintura de ella que aun tenía sus pies en el aire, con sus narices que se rozaban intentando respirar al tiempo que se reían y Uraraka le tomaba la cara bañada en sudor y Katsuki se aprovechaba de su ligereza.

Por fin el beso que esperaban, salado pero con el sabor de la juventud, entremezclado con la inexperiencia y el deseo sincero de no querer ser olvidada.

Si separaron sus labios un segundo fue para mirarse y para que Uraraka volviera a tierra firme aun con sus manos sobre el rostro de Katsuki que tomó una de ellas para agarrarla fuerte y echar a correr de nuevo, esta vez juntos, riénose de todo. Antes de que la vida y la realidad los alcanzase.

Fin.